No, todavía no soy JK Rowling; me he teñido el pelo de rubio y estoy aprendiendo inglés, pero creo que no me parezco mucho a ella... En fin...
Muchas gracias a todos por seguir el fic y por vuestros reviews; realmente me sorprende recibir tantos, pero estoy encantada de la vida...
Espero que os guste el capítulo.
OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOCAPÍTULO 22: Primer día de clases
El día amaneció soleado aquel lunes del mes de septiembre; la actividad en el castillo de Hogwarts comenzó muy temprano, sobre todo en las cocinas, donde los elfos domésticos se esmeraban por preparar el primer desayuno escolar después de que se retomaran las clases.
Severus Snape había madrugado, como siempre; se despertó antes de que los primeros rayos de sol aparecieran en el horizonte, pero no se levantó de la cama como era su costumbre. Esa mañana se quedó acostado, contemplando el rostro sereno de Adrien quien, a juzgar por su expresión casi sonriente, debía estar teniendo un bonito sueño; tras vaguear durante unos minutos, el profesor de Pociones se metió en el cuarto de baño y se dio una reconfortarte ducha, mientras el niño de pelo negro que se quedó en la cama se removía inquieto, estirándose entre las sábanas y bostezando ruidosamente.
Al principio, Adrien se asustó al no encontrarse a su padre al lado, pero inmediatamente escuchó el ruido del agua en la habitación contigua y supo que todo estaba bien; quizás hubiera sido conveniente dormirse un rato más, pero el pequeño estaba tan impaciente por empezar a explorar el castillo que, como movido por un resorte, dio un bote y se puso en marcha. Saltó un par de veces en la cama, comprobando que los muelles eran lo suficientemente silenciosos como para que su padre no lo descubriera cuando le apeteciera jugar allí (a Severus no le gustaba que saltara en la cama, siempre le regañaba cuando lo hacía) y se bajó de ella con agilidad, intentando poner en orden sus pensamientos. Había un montón de cosas que quería hacer ese día, pero lo principal era mostrarle a su padre el dibujo que hiciera la tarde anterior en el Expreso de Hogwarts; por la noche estaba tan cansado que se durmió sin dárselo, pero esa mañana fue directo a su mochila y sacó el trozo de pergamino de su bolsillo superior. Lo observó detenidamente para ver si era necesario hacerle algún cambio y, cuando decidió que estaba bien así, corrió de nuevo a la cama, acomodó la espalda en el cabecero y decidió esperar a que su papá regresara al dormitorio. Severus tardaba bastante y Adrien empezaba a aburrirse; ¿qué estaría haciendo su padre? No es que fuera un hombre que se acicalara demasiado, como solía hacer su mamá; ella solía pasar mucho tiempo en el baño peinándose, echándose cremas, maquillándose y haciendo otras cosas de mujeres que él no alcanzaba a entender, pero su padre no parecía dedicar demasiado tiempo a peinarse, echarse ungüentos en la cara ni, mucho menos, maquillarse, así que Adrien no entendía.
Y entendió mucho menos cuando su padre salió con el pelo negro mojado y cubriéndole una buena parte del rostro, vestido con una de esas túnicas negras que le daban aspecto tétrico; irremediablemente Adrien frunció el ceño, pero cambió el gesto por una sonrisa cuando su padre lo miró, sorprendido al verlo despierto, y se acercó a la cama, sentándose a su lado.
-¿No tienes sueño, Adrien? Es muy temprano.
-No, he dormido mucho. Además, quería darte algo –extendió el trozo de pergamino y Severus lo cogió con curiosidad- Quería dártelo anoche, pero me dormí... Es que en el tren me aburrí y pude hacer muchos dibujos –Adrien se levantó sobre la cama, apoyándose en el hombro de Severus, y señaló las figuras en el pergamino –Mira, esa es nuestra casa, ese es el río y ese es el molino... –Severus sonrió; realmente había cierto parecido –Este es "Athos", que viene de Hogwarts con una carta del abuelo... Este soy yo –Adrien frunció el ceño –No estoy muy guapo, pero bueno... Y este eres tú... –señaló una sombra negra –Creo que la nariz me ha salido un poco grande –Adrien observó a su padre con ojo clínico –Bueno... –y puso carita maliciosa –Quizás no sea tan grande...
-¡Oye! –Severus rió, haciéndose el ofendido -¡No tengo la nariz grande! ¡Es aguileña!
-Ya –Adrien chasqueó la lengua.
-Y, ¿quién es esa mujer, Adrien? –Severus señaló un rostro femenino que se veía entre las nubes, haciéndose una idea de su significado.
-Es mi mamá –explicó el niño como si nada –Me está cuidando desde el cielo... Ella tampoco me ha salido muy guapa...
-¡Claro que está guapa! –Severus abrazó al niño, notando la tristeza que había enturbiado un poco su mirada –Te ha salido muy bien, Adrien; seguro que a ella le gustaría mucho el dibujo.
-¿De verdad? –Adrien cogió el pergamino por un extremo, mientras Severus sostenía el otro.
-Por supuesto –Severus se levantó, cogiendo al niño en brazos –Ahora será mejor que te des un buen baño y te arregles para ir a desayunar; te quedarás con el abuelo toda la mañana ,¿qué te parece?
-Bien... –Adrien se mordió los labios; había unas cuantas dudas que quería resolver –Anoche también te quería preguntar unas cosas, pero no tuve tiempo.
-¿Qué cosas? –Severus se dirigía al baño mientras hablaban, y preparaba todo lo necesario para arreglar a Adrien.
-Cuando vinimos al castillo había unos caballos muy raros. El señor Remus me dijo que se llamaban thestral y que eran especiales, ¿por qué?
Severus se sintió incomodado ante esa pregunta, pero algo le dijo que podía responder con total tranquilidad; si Adrien había sido capaz de entender una parte de su pasado como mortífago, posiblemente no le sería difícil comprender porqué eran especiales esas criaturas mágicas.
-No todo el mundo puede ver a los thestral, Adrien –dijo Severus, acariciándole el pelo y metiéndolo en la bañera –Sólo aquellos que han... visto morir a alguien.
-¡Oh! –Adrien bajó la mirada un segundo –Yo vi morir a mi mami –Severus apretó la mandíbula al escuchar eso –El señor Burns me dijo que sólo se había dormido, pero yo sé que se había muerto –Severus lo miró fijamente, sin saber qué decir –El señor Burns se enfadó mucho conmigo, ¿sabes? Siempre me llevaba al hospital y me dejaba meterme en la cama con mi mami, pero ese día me dijo que debía esperar en la sala de las enfermeras y yo me escapé... Me gritó y luego me abrazó muy fuerte... Creo que yo le daba pena...
-No debiste escaparte, Adrien –Severus le pasó una mano por la carita y su voz casi sonó a reproche –Pero seguro que al señor Burns no le importó que desobedecieras.
-Sí... –Adrien agachó la cabeza; su baño había terminado y Severus lo envolvió en una toalla, sacándolo de la bañera y preparándose para ayudarle a vestirse –Se portó muy bien conmigo, ¿sabes? Me gustaría poder verlo alguna vez... Era muy bueno y me compraba muchos regalices...
-Quizás algún día podamos ir a hacerle una visita. Seguro que está encantado de volver a verte...
-Sí... –Adrien alzó la cabeza, dispuesto a cambiar de tema; no le gustaba hablar de su madre, siempre se ponía triste -¿Tú puedes ver los thestral, papi?
Severus se irguió, tensándose levemente; teniendo en cuenta que su vida no había sido un lecho de rosas, era más que evidente que podía ver los thestral, sí.
-Así es, enano –le pasó una mano por el pelo, ayudándole a ponerse una camisa azul marino –Los vi el día que entré en Hogwarts por primera vez, igual que tú.
-¡Oh! –Adrien entornó los ojos –Y, ¿a quién viste morir?
-A mi madre... –dijo con gravedad. A su madre y a unas cuantas docenas de personas más –Igual que tú...
-¡Oh! –Adrien sonrió; había notado que su padre se puso triste y no le gustaba verlo así –A mí me gustaría no tener que ver a los thestral; son muy feos.
-Estoy de acuerdo –Severus colocó al niño frente al espejo, aplastándole el pelo en la cara -¿Qué vamos a hacer con estas greñas?
-¡Cortarlas! –Adrien dio un saltito, aparentemente olvidando el tema de los thestral y la muerte de su abuela -¡Porfa, papi, córtame el pelo! No me gusta llevarlo tan largo; cuando se me seca, me molesta en los ojos y me da calor...
-¿No te gustaría llevarlo como yo? –Severus se acarició su propio cabello y la mueca de Adrien fue del todo significativa; Severus chasqueó la lengua, dándose por vencido, y dejó que Adrien empezara a peinarse igual que el día anterior –Está bien; le pediré a Albus que te lleve con los elfos domésticos para que te corten el pelo esta tarde; ellos sabrán hacerlo mejor que yo.
-¡Bien! Pero, papi... ¿Qué es un elfo doméstico?
Severus sonrió misteriosamente y no respondió, insinuando que eso sería una sorpresa. Adrien quiso protestar, pero al parecer su padre tenía ganas de bromear y él no era nadie para quitárselas; de todas formas, la tarde estaba muy cercana ya.
Severus lo llevó fuera de la habitación; Adrien observó las mazmorras de aspecto tétrico y se acordó de cómo era su casa al principio, antes de pintarla y cambiar los muebles. Sin embargo, esos pasadizos le gustaban tal y como estaban; el ambiente, subyugante y misterioso, lo incitaba a soñar despierto, imaginándose un montón de aventuras que podrían tener lugar en un sitio como aquel. El niño miró a su alrededor y se acordó de algo que le había preocupado la noche anterior.
-Papi –Severus lo miró de reojo –Anoche, cuando todos esos chicos fueron a Slytherin, los demás no aplaudían fuerte y parecían enfadados, ¿por qué?
-Porque Slytherin no es una casa precisamente popular, pequeño –dijo Severus tras un breve momento de reflexión -¿Recuerdas a aquel mago malvado del que te hablé?
-¿Voldemort? –Adrien habló con voz chillona y su padre se estremeció visiblemente, aunque logró hablar con total normalidad.
-Exacto –Severus detuvo su marcha, se colocó a la altura de su hijo y habló con gravedad –Muchos de los seguidores que tuvo ese mago malo fueron miembros de la casa Slytherin, por eso todos los demás desconfían de ellos y los tratan con tanta frialdad.
-¡Oh! –Adrien agachó un momento la mirada, entre triste y decepcionado, pero no tardó en sonreír de nuevo, buscando algo bueno en la situación que su padre acababa de describirle –Pero no todos los que han estado en Slytherin son malos. ¡Tú no eres malo!
Severus sonrió ante aquellas palabras; si cualquier alumno de Hogwarts escuchara aquel comentario tomaría a Adrien por un loco. Claro que era malo, o al menos lo había sido en el pasado, pero le gustó oír esa información de labios de Adrien. Nunca antes le había parecido tan acertada.
-Claro que no lo son, Adrien.
-A mí me gustaría mucho estar en Slytherin –aseguró el niño, notando el tono levemente amargo de su padre y buscando alguna forma para hacer que se sintiera mejor.
-Y a mí me gustaría que fueras allí –Severus sonrió y cogió al pequeño en brazos para ir más deprisa –Y ahora será mejor que vayamos a desayunar antes de que el Gran Comedor se llene de alumnos curiosos.
-¿Alumnos curiosos? –Adrien alzó una cejita -¿Por qué?
-¡Uhm...! –Severus sonrió, sabiéndose en un pequeño aprieto. ¿Qué por qué alumnos curiosos? Pues porque a más de un pobre alumno le iba a dar un infarto si veía a su profesor de Pociones acompañado por el mismo niño dos días seguidos –Digamos que no mucha gente podría imaginarme siendo padre.
-¿No? –Adrien rió por lo bajo con aire burlón y entornó los ojos -¿Por qué no? Tú eres mi papi...
-Sí, pero...
Severus se detuvo; a juzgar por el brillo malicioso presente en los ojos del niño, el mocoso quería ponerle en un aprieto haciéndole esas preguntas. Parecía encontrar muy divertido verlo titubear, así que Severus se detuvo en mitad del pasillo y miró a Adrien con solemnidad.
-¿Te estás burlando de mí, enano?
Adrien no respondió; se limitó a soltar una leve carcajada que confirmaba las sospechas de Severus. Todo parecía indicar que ese pequeño estaba empezando a soltarse de verdad y realmente daba un poco de miedo imaginarse lo que podría llegar a ser.
OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOHarry estaba seguro de que existían mil y una formas de empezar aquel último curso en Hogwarts pero, definitivamente, le había tocado en suerte la peor de todas: clase doble de Pociones con el profesor Snape.
El joven Griffindor se levantó muy temprano aquella mañana y bajó directamente al Gran Comedor sin esperar a nadie; la mayoría de sus compañeros aún dormía y Harry encontraba cierto bienestar en desayunar solo. Eran muchos los que habían notado que el salvador del mundo mágico se estaba volviendo un solitario y muy pocos los que lograban imaginarse un por qué; sus amigos más próximos, Ron y Hermione, intentaban ayudarle como buenamente podían y Ginny Weasley se esforzaba para que su relación no continuara resquebrajándose, pero Harry seguía distanciándose. Quizás su acción de esa mañana fuera insignificante, eso de bajar solo al comedor a primera hora del día, quizás no significara gran cosa, pero cuando sus amigos se dieran cuenta de su ausencia iban a preocuparse muy seriamente.
Harry esperaba encontrar el Gran Comedor vacío; sabía que Dumbledore y la profesora McGonagall solían bajar los primeros y, efectivamente, allí estaban, sentados en sus respectivos lugares, pero no eran los únicos: Severus Snape untaba una tostada con mantequilla y mermelada de fresa y se la tendía al niño que se estaba tomando un enorme zumo de naranja y ubicado entre el director y el profesor de Pociones, como la noche anterior. Harry se quedó parado en la puerta; unos pocos estudiantes de primer año ya estaban dando vueltas por allí, quizás nerviosos en su primer día de clase, y no parecían extrañados por la presencia de Adrien, quizás porque aún no tuvieron la ocasión de conocer al padre de la criatura. Harry, sin embargo, dudó un segundo y terminó por entrar al Gran Comedor; Adrien le saludó con una mano alegremente pero él, tan obstinado como la noche anterior, fingió que no veía al niño y se sentó dándole la espalda a la mesa de los profesores.
Severus había notado la decepción de Adrien cuando el cretino de Potter no respondió a su saludo y lo taladró con sus ojos negros, ansiando verdaderamente que llegara la primera clase de Pociones. ¿A quién se le ocurría hacerle un desplante de esas características a su hijo estando él presente? Era arriesgado hacerlo aún cuando él no estuviera, así que Potter debía estar volviéndose más estúpido y arrogante que antes.
Por lo demás, los acontecimientos transcurrieron con relativa calma; Severus abandonó el Gran Comedor antes de que llegaran los demás estudiantes y Adrien pareció encantado de quedarse al cuidado de su abuelo Albus. El director le había prometido durante el almuerzo que lo llevaría con los elfos domésticos para que le cortaran el pelo y otra cosa que a Adrien le hizo aún más ilusión: iban a visitar la lechucería. Seguramente "Athos" estaría allí, quizás un poco incómoda al ser la única águila entre todas las lechuzas, pero era muy probable que se las arreglara perfectamente, por algo era un animal independiente. Además, Adrien tendría la ocasión de hacerle una nueva visita a Buckbead durante la hora libre que tendría Hagrid a media mañana y el niño podría aprovechar ese momento para agradecerle que le regalara la escoba voladora; aún no tuvo ocasión de hacerlo y ya se moría de ganas. Definitivamente, Albus había planeado un día de lo más emocionante y, aún antes de que el desayuno se diera por concluido, cogió a Adrien de la mano para llevárselo a dar un paseo por los terrenos antes de empezar su excursión. Adrien daba saltitos junto a su abuelo, sintiéndose inmensamente feliz y compartiendo su alegría con "Oso", como siempre; el director se disponía a sacarlo del Gran Comedor cuando Adrien reconoció un rostro que le resultaba agradable. Se llevó una pequeña decepción cuando Harry Potter le volvió la cara con desprecio (por más que su padre le dijera que ese chico no lo había visto, Adrien sabía que no había querido saludarle), pero eso no significaba que no pudiera acercarse a Draco Malfoy, que desayunaba en silencio a unos pocos pasos de distancia. Seguro que él no le rechazaba, no después del dibujo tan chulo que le hizo el día anterior.
Pidiéndole permiso a su abuelo con la mirada, Adrien correteó hasta donde estaba Draco y se plantó a su lado con una sonrisa enternecedora en el rostro, esperando a que el chico lo mirara. El rubio giró la cara y se sobresaltó ligeramente cuando vio al niño allí; había visto a Zabini alzar una ceja y se preguntó por qué: ahí estaba la respuesta.
-Adrien –musitó, un poco incómodo; algunos Slytherin lo miraban con extrañeza, aunque ninguno parecía querer burlarse de él o ponerse violento.
-¡Hola, primo Draco! –dijo el niño alegremente; Zabini alzó más su alzada ceja, Nott casi se atraganta con su zumo de calabaza y Pansy Parkinson pareció molesta. Draco no les hizo mucho caso, pero tampoco le alegró que Adrien le pusiera en evidencia de una forma tan brusca -¿Qué haces?
-Estoy desayunando... ¿Y tú?
-Me voy de paseo con el abuelo Albus –y Adrien señaló al director; Zabini, Nott y Pansy miraron a Dumbledore y a Draco, a Draco y a Dumbledore, y parpadearon como bobos –Me va a llevar a la lechucería. Seguro que "Athos" está allí... ¿Te acuerdas de "Athos"?
-Eh... Sí, sí –evidentemente, Draco se sentía un tanto incómodo en esa situación, pero no se le pasó por la cabeza la idea de ser desagradable con el niño, entre otras cosas porque pronto tendría clase de Pociones con su padre y eso no le favorecería demasiado.
-Luego los elfos domésticos me van a cortar el pelo –y Adrien se tiró de las puntas con desagrado, mostrándoselas a Draco y arrancándole una sonrisa genuina –Mi papá quiere que lleve el pelo largo como él, pero a mí me gusta más como me lo cortaba mi mami, así que lo he convencido y esos elfos me van a cortar las greñas –Adrien dio un pasito adelante y habló en voz baja -¿Qué es un elfo doméstico, primo Draco?
-Eh... Son... –Draco frunció el ceño y, puesto que no se veía capaz de dar una explicación, cambió de tema –Seguro que saben arreglarte bien, no te preocupes.
-Ya... –Adrien chasqueó la lengua; al parecer, nadie le iba a hablar de los dichosos elfos –Después iré a ver a Hagrid y jugaré un rato con Buckbead –de forma repentina, Adrien alzó la cabeza -¿Sabes que tengo una escoba voladora?
-¿De verdad?
-Hagrid me la regaló. Es muy bueno conmigo y me la compró porque sabía que mi papi no querría. Cuando vaya a visitarle, llevaré mi escoba para poder volar un rato –Adrien dirigió sus ojos a la mesa de Griffindor y pareció entristecido –Me enseñó a volar un chico muy simpático, pero estaba mañana le he saludado y él no me respondió, así que no creo que quiera volar conmigo nunca más...
-¿Qué chico te enseñó a volar, Adrien? –Draco miró a los leones, imaginándose la respuesta.
-Se llama Harry; es el dueño de Buckbead y me dio permiso para jugar con él –Adrien frunció el ceño –Pero si está enfadado conmigo, no creo que me vaya a dejarme...
Draco apretó la mandíbula; estaba dispuesto para iniciar un ataque verbal contra Potter, pero en ese momento Albus Dumbledore se acercó gentilmente a Adrien y puso una mano sobre su hombro sonriendo con afabilidad.
-Vamos, Adrien, tenemos muchas cosas que hacer y Draco tiene que ir a clase.
-¡Oh, claro! –Adrien se aferró a la mano de su abuelo y se despidió de Draco con alegría; parecía muy contento y algo de su alegría había sido transferida al propio Draco, pues sonrió como un estúpido durante unos segundos, hasta que se dio cuenta de que todo el mundo lo estaba mirando.
-¿Qué os pasa imbéciles? –escupió con su frialdad habitual -¿Alguien quiere que le lance un maleficio?
Diez minutos después, el almuerzo terminaba y los estudiantes se dirigían con cierta emoción a sus primeras clases del año; Draco caminaba junto a Zabini y Nott, aunque sin dirigirles la palabra, mientras hacía un esfuerzo sobrehumano para no hechizar a Pansy, que le hablaba como si el joven rubio realmente estuviera interesado en algo de lo que pudiera decir la cabeza hueca esa. Cuando ya enfilaban el pasillo que llevaba a las mazmorras, se cruzaron con Ginny Weasley, que le saludó como si fueran amigos de toda la vida; Draco se limitó a ignorarla, pero Harry Potter, que se había dado cuenta de lo que parecía un claro coqueteo de su novia con Malfoy, enrojeció de ira y se contuvo para no iniciar una nueva pelea. Hermione y Ron caminaban a su lado, hablando sobre el molesto hijo de Snape (cómo no) y Harry estaba cada segundo un poco más enfadado, sobre todo cuando vio a Malfoy andando delante de él con su misma soberbia de siempre. Definitivamente no se sentía con fuerzas para soportar todo aquello, no era justo y, por primera vez en su vida, sintió deseos de provocar una pelea, así que se acercó a Malfoy, ignorando que estaban junto a la puerta del aula de Pociones, y lo arrinconó contra la pared cogiéndole por el cuello de la túnica, sorprendiendo a sus amigos y a todos los que les rodeaban.
-Deja de intentar ligarte a mi novia, mortífago de mierda –le escupió sacando su varita; durante un segundo Malfoy pareció atónito, igual que sus compañeros, hasta que logró esbozar una de sus clásicas sonrisas indiferentes y burlonas.
-Ya te dije que debías cuidarla bien, Potter –dijo con sarcasmo, echando mano de su varita disimuladamente; todo el mundo le había advertido que no debía pelearse con nadie mientras estaba en periodo de prueba, pero Potter lo provocaba y él reconocía que no sabía templar sus nervios cuando se trataba de ese cretino. Posiblemente lo que Harry trataba de hacer era lograr que lo expulsaran: que un ex-mortífago se peleara con "El Elegido" no sería visto con buenos ojos por nadie, pero no pensaba quedarse callado mientras lo insultaban y amenazaban –No es culpa mía si Ginny busca en otros lo que tú eres incapaz de darle.
Harry se mordió los labios y alzó su puño dispuesto a descargarlo sobre el ya magullado rostro de Draco, pero en ese momento la puerta de la mazmorra se abrió y Severus Snape salió al pasillo para presenciar esa escena con cierto grado de asombro.
-Señor Potter –susurró con el tono de voz más desagradable que encontró, consiguiendo que Harry se detuviera y se sintiera más enfadado aún. Estaba rodeado de las dos personas a las que más odiaba en el mundo, su cólera era inevitable –Si piensa que el ser un... "héroe" –y dijo esa palabra con retintín, ganándose unas cuantas miradas airadas –le da derecho a hacer lo que le venga en gana, está muy equivocado. Suelte al señor Malfoy en este momento y, para empezar, creo que serán... uhm... Treinta puntos menos para Griffindor –los tres leones presentes en el pasillo fueron a protestar, pero Severus los interrumpió con un leve movimiento de muñeca –Y cierren esas bocazas si no quieren que sean otros cincuenta puntos menos; no toleraré berrinches ni faltas de respeto en mi clase –miró a Potter fijamente –Si alguien se siente incapaz de aceptar mis normas, que desaparezca de mi vista ahora...
Severus estaba tan enfrascado en sus regaños, estaba disfrutando tanto de ese momento, contemplando los rostros indignados de los Griffindor, que no se percató de que otro muchacho se acercaba corriendo torpemente por el pasillo. Neville Longbottom resbaló a unos metros de distancia y se deslizó por el suelo hasta toparse con Ernie McMillan, que a su vez se chocó con el propio Snape, que enmudeció de repente. El Hufflepuff retrocedió a toda velocidad, temiéndose lo peor, pero Snape no le miraba a él, sino a Longbottom, que se había puesto pálido; a pesar de que ya no quedaba mucho del chico asustadizo que fue durante la guerra, su miedo hacia el profesor seguía siendo tan intenso como siempre.
-Vaya, vaya, aquí tenemos a la torpeza personificada –dijo con desprecio y, para sorpresa de todos, no quitó ningún punto ni a Griffindor ni a Hufflepuff. No todavía -¿Qué demonios hace en mis mazmorras, señor Longbottom? Creí que no alcanzó la nota mínima en sus TIMOS de Pociones, no veo la necesidad de que esté aquí.
-Pero, señor –Neville carraspeó y, sacando valor de algún lugar desconocido, le tendió una nota –La profesora McGonagall me dio esto para usted.
Severus leyó aquel pedazo de pergamino; su ceño cada vez estaba más fruncido y, cuando terminó, miró a Neville con un enfado tan grande que incluso los Slytherin se asustaron.
-Así que quiere ser medimago –susurró, y Neville se encogió de nuevo. Severus soltó aire, recordándose a sí mismo que debía matar a Minerva por lo que le había hecho nada más verla –Está bien, pase a clase, pero haga el favor de no destrozar mis calderos o tendré que enviar una lechuza a su abuela para que los reponga.
Dicho eso, Severus se dio la vuelta haciendo ondear su túnica con su característico "frú-frú" y, tras él, todos los estudiantes entraron al aula. Siempre era bueno volver a esa clase de rutina aunque, para Severus, tener que soportar la presencia de Neville Longbottom no sería tarea fácil; si bien era cierto que el chico parecía tener cierto talento para la Medimagia, por lo que debía tener un conocimiento mínimo sobre Pociones, Severus no creía que fuera a aprobar el curso. Ese chico siempre había estado excesivamente desatinado en sus clases y el profesor lo aceptaba porque.
Un momento, Severus no tenía la menor idea de por qué aceptaba enseñar a Longbottom de nuevo, después de pasarse cinco años añorando poder deshacerse de él. La nota de Minerva era de lo más amable, no había amenazas ni nada parecido, simplemente se limitaba a pedirle que le diera clases de Pociones Curativas a Neville y él aceptó a las primeras de cambio. Algo no estaba bien y sus alumnos parecían haberlo notado, pues lo miraban con cara rara mientras se acomodaban en sus pupitres; Severus se quedó parado un momento y se maldijo internamente por esa muestra de debilidad.
Todo era culpa de Adrien; el mocoso, con sus mimos y sus palabras cariñosas le estaba ablandando el corazón y su posición como profesor se resquebrajaría en poco tiempo. Si Adrien no estuviera...
Pero, ¿qué estaba pensando? Adrien era lo más importante que tenía, no podía culparlo por haber bajado la guardia. Lo que debía hacer era recuperar la compostura y resarcirse quitándole puntos a algún Griffindor en cuanto tuviera la ocasión. Sí, eso estaría bien.
-Señor Longbottom –Severus habló justo en el preciso instante en el que el chico se acomodaba junto a Hermione, que se ofreció voluntaria para ayudarle –Puesto que su presencia en esta clase es absolutamente extraordinaria, se sentará en ese pupitre –y, con su varita, movió una de las mesas hasta colocarla justo al lado de la suya con la intención de poder vigilarlo de cerca –En cuanto a los demás, durante este curso no toleraré las parejas, así que siéntense en pupitres separados y empiecen con su primera poción, las instrucciones están en la pizarra...
-Profesor Snape...
-¿Sí, señorita Granger?
Severus chasqueó la lengua, irritado, y esperó a que esa Griffindor sabelotodo dijera lo que le viniera en gana; todos los años era lo mismo, en todos los cursos siempre tenía uno de esos, así que debería estar acostumbrado, y no enfadado.
-La Poción de los Muertos en Vida pertenece a la rama de la... Magia negra –Severus alzó una ceja; Hermione poco a poco bajaba el tono de voz –No está permitida...
-Preséntele sus objeciones al director Dumbledore –dijo con frialdad el hombre, acomodándose en su viejo butacón de cuero negro. ¡Lo había echado tanto de menos –Al fin y al cabo fue muy útil durante la guerra y es una poción muy avanzada. Dudo mucho que alguien pueda hacerla correctamente –"Malfoy y Granger, tal vez", pensó el hombre, viendo como Hermione abría la boca para seguir protestando –Al próximo que hable le quitaré veinte puntos, así que líbreme de sus constantes impertinencias, señorita Granger.
Hermione no dijo nada más; Harry y Ron miraron a Snape con furia, pero se pusieron a trabajar en sus pociones. Draco, que se había acomodado al final de la clase, podía vigilar a todos sus compañeros y Neville, que temblaba al lado del profesor Snape, leía el pergamino que el hombre le había tendido segundos antes.
Sí, era bueno estar de vuelta en Hogwarts.
OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOLos elfos domésticos ya tenían todo organizado para comenzar a preparar el banquete del mediodía; todavía faltaban un par de horas para que llegara la hora de comer, pero desde que Dobby se encargaba de dirigir el trabajo de los elfos del castillo siempre hacían las cosas con mucha antelación, preparándose para cualquier imprevisto que pudiera surgir. Imprevistos como los de esa mañana.
Albus Dumbledore llegó a las cocinas a eso de las doce, acompañado de un niño al que Dobby no había visto en su vida y que parecía muy excitado. Y es que Adrien había pasado una de las mejores mañanas de su vida; Dumbledore conocía Hogwarts como la palma de su mano y lo había llevado por sitios realmente bonitos, muy diferentes a las mazmorras en las que solía pasar el tiempo su padre. La lechucería fue simplemente fascinante y había pasado un buen rato a lomos de Buckbead; el hipogrifo lo había estado paseando por los terrenos colindantes al lago, aunque sin ponerse a volar en ningún momento. Hagrid había estado encantado cuando Adrien le agradeció que le regalara la escoba y, aunque no tuvo tiempo para ver cómo volaba, le prometió que a lo largo de esa semana iban a poder mostrarle todo lo que había aprendido.
Después de eso, Albus se había puesto en plan misterioso; al parecer, los elfos domésticos eran unas criaturas mágicas realmente curiosas, pero el viejo director se ahorró cualquier tipo de explicación, esperando que Adrien descubriera todo aquello por sus propios méritos. Mientras lo llevaba a las cocinas, Dumbledore le explicó que los elfos realizaban todas las tareas domésticas de Hogwarts con ayuda de su magia, consiguiendo que el pequeño se sintiera más intrigado aún.
Una vez parados frente a la puerta, Adrien estaba casi tan intrigado como aquel día en Grimmauld Place, antes de conocer a Buckbead; realmente el abuelo Albus sabía cómo crear expectación y, cuando la puerta de la cocina se abrió, el niño no supo muy bien si reír, llorar o marcharse corriendo directamente.
Ante sus ojos acababa de aparecer el ser más extraño que había visto en su corta vida, un ser más o menos de su altura, con grandes orejas puntiagudas, enormes ojos saltones de color claro, delgaducho y vestido de una forma realmente llamativa, con prendar de muchos colores y con calcetines, muchos calcetines. Adrien dio un pasito atrás, cogiéndose a la mano de su abuelo con fuerza y, entonces, el ser empezó a hablar con una voz chillona que hizo retroceder aún más a Adrien.
-Señor director Dumbledore, amo –la criatura hizo una exagerada reverencia, hasta que su afilada nariz rozó el suelo, y sonrió amplia y sinceramente, mirando de reojo a Adrien -¿Puede ayudarle Dobby en algo, amo?
-Buenos días, Dobby –saludó con afabilidad Dumbledore, ignorando momentáneamente la pregunta del elfo doméstico y entrando en la cocina sin soltar la mano de Adrien -¿Va todo bien?
-Sí, señor director –la criatura afirmó efusivamente con la cabeza; Adrien se percató de que no era el único ser extraño que había en esa estancia: muchos otros elfos domésticos trabajaban afanosamente y dejaban sus tareas aparcadas para saludar a Dumbledore con la misma pleitesía que ese tal Dobby -¿Hay alguna queja, señor director? Dobby cree que está todo bien; todos los elfos hacen bien su trabajo, señor director, ¿ocurre algo que Dobby no sepa?
-No, todo está bien –Dumbledore colocó a Adrien frente a Dobby; el niño volvía parecerse al pequeño tímido y asustadizo que el mago vio por primera vez en casa de Severus Snape y durante un segundo eso le agradó, aunque en cierta forma prefería al niño como era ahora, cariñoso y hablador –Dobby, quiero presentarte a alguien que vendrá muy a menudo por Hogwarts y que debe ser tratado como un invitado especial –el elfo miró a Adrien directamente y, cuando esbozó una ligera sonrisa, el niño sintió que esos seres no le iban a hacer daño y dejó de pegarse a las piernas de su abuelo –Este es Adrien Bellefort-Snape; es el hijo del profesor Snape, así que espero que todos los elfos entiendan que no es un niño cualquiera.
-Claro que no, señor director –Dobby extendió una mano hacia Adrien, sin dejar de sonreírle y el pequeño, aunque al principio se mostró reticente, terminó por aceptar ese gesto –Dobby está aquí para atender al pequeño amo Adrien, ¿quiere algo, pequeño amo?
Adrien alzó una cejita y miró a su abuelo extrañado; no entendía por qué ese elfo doméstico le llamaba "amo" y realmente no le gustaba como sonaba, pero tampoco estaba seguro de sí debía decírselo a ese Dobby. Afortunadamente, Dumbledore entendió perfectamente sus sentimientos y habló con suavidad.
-Creo que le pequeño amo prefiere que todos le llamen Adrien –dijo, y Dobby afirmó con la cabeza.
-Bien, bien –Dobby cogió la mano del niño, que se dejó hacer con algo de desconfianza, pero sintiéndose seguro con su abuelo ahí al lado –Adrien tal vez quiera algo de comer; los elfos podríamos darle lo que quiera. Tenemos muchos dulces que a los niños como el joven Adrien les gustan mucho, ¿quiere probar alguno el pequeño Adrien?
-No creo que a tu papá le haga gracia que tomes chucherías a estas horas –dijo Dumbledore distraídamente antes de que el niño pudiera abrir la boca –Además, no hemos venido aquí por comida, sino para que alguno de los elfos le corte el pelo a Adrien.
Fueron muchas las cabezas que se giraron para mirar a Adrien en cuanto escucharon eso; muchos elfos parecieron ansiosos por cumplir una petición echa por el mismísimo director Dumbledore en persona, pero estaba claro que era Dobby el que llevaba la voz cantante entre los elfos, pues bastó una leve mirada suya para que todos volvieran a sus tareas. Dobby pareció satisfecho, chasqueó los dedos y, para sorpresa de Adrien, hizo aparecer un pequeño taburete, unas tijeras y un espejo. Y es que el niño había tenido ocasión de ver a mucha gente haciendo magia, pero nunca sin utilizar una varita.
-¡Wow! –exclamó, señalando el taburete con sus deditos -¿Cómo ha hecho eso, señor Dobby?
El elfo se quedó inmóvil cuando ese niño lo llamó "señor Dobby"; era la primera vez que un brujo se dirigía a él utilizando aquel apelativo y se sintió realmente adulado, sin saber muy bien cómo reaccionar. Escuchó la risita disimulada de Albus Dumbledore y supuso que todo marchaba bien, así que mostró todos sus dientes nuevamente y ayudó a Adrien a tomar asiento.
-El pequeño Adrien debe saber que los elfos podemos hacer magia –explicó el elfo, mientras se preparaba para proceder al corte de pelo –Claro que la magia de los elfos no es igual que la de los magos y siempre debe estar subyugada por la de los humanos –Adrien frunció el entrecejo; evidentemente no había entendido ni una palabra. No es que nadie le hubiera explicado nunca que los elfos permanecían atados a las familias como esclavos durante toda su vida a menos que sus amos los liberaran y, claro, las palabras de Dobby le sonaban a chino cuanto menos –Pero los elfos de Hogwarts pueden hacer magia cuando quieran. Dobby y todos los demás están muy agradecidos por ello.
-Verás, Adrien –Dumbledore se sentó junto al niño mientras Dobby ejercía las labores de peluquero, dispuesto a aclararle todo aquello que el pequeño no entendió sobre los elfos, pero antes miró a Dobby de soslayo –Recorta sólo las puntas; si se te va la mano el profesor Snape se enfadará bastante –el pequeño elfo se estremeció y eso a Adrien le pareció divertido, aunque nadie dijo nada al respecto –Los elfos que trabajan en Hogwarts son elfos domésticos libres, por eso pueden hacer magia cuando quieran y tienen el aspecto que tienen, pero la mayoría de los elfos domésticos son... –Albus no encontraba una palabra que no sonara brusca, pero Dobby le "ayudó".
-Esclavos –dijo el elfo distraídamente y Adrien dio un respingo; algo había oído de los esclavos, aunque no sabía muy bien qué eran. Albus frunció el ceño por esa interrupción, pero no dijo nada.
-Los elfos trabajan para una sola familia de magos durante toda su vida –dijo Albus finalmente –No pueden desobedecerles bajo ninguna circunstancia y muchos son... maltratados por sus amos.
-¡Oh! –Adrien bajo la mirada un segundo, entristecido al escuchar aquello –Mi papá no tiene elfos, ¿verdad? Yo nunca los he visto por la casa...
-No, Adrien, tu padre no tiene elfos.
-Y, ¿tú tienes elfos, abuelito?
-Sólo los de Hogwarts –Albus sonrió –En verano cuento con la ayuda de alguno de los elfos del castillo, pero sólo porque ellos quieren...
-¡Ah! –Adrien miró de reojo a Dobby, que parecía concentrado en su trabajo –Y, señor Dobby, usted es un elfo, ¿no?
-Eso es lo que soy, pequeño Adrien.
-Y... ¿perteneces a alguna familia de magos?
-Dobby es libre ahora –el elfo habló con tono casi melancólico –Antes Dobby pertenecía a una horrible familia de magos que maltrataban a Dobby, pero ahora Dobby es libre y vive feliz en Hogwarts –Dobby se alejó del niño y le tendió un espejo –Creo que el pequeño Adrien ya tiene el pelo bien arreglado.
Y, efectivamente, Adrien presentaba un aspecto inmejorable, con el pelo recortado tal y como solía hacerlo su mamá. Ahora podría hacerse aquellas graciosas puntitas hacia arriba, aunque a su papá no le gustara...
OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOSeverus Snape llegó al Gran Comedor ese mediodía bastante satisfecho consigo mismo; esa mañana había tenido clase con tres grupos diferentes de estudiantes y, aunque al principio el hecho de tener que batallar con los Griffindor de séptimo y tercer curso le había parecido lo más horrendo que podría ocurrirle en su retorno a las clases, pronto comprobó que era realmente agradable poder "torturar" a todos esos pobrecitos leones. Durante la clase con Potter y compañía, los Griffindor habían perdido la nada desdeñable cantidad de sesenta y cinco puntos, los treinta iniciales de Potter más otros quince que Snape se tomó la libertad de arrebatarle con excusas tontas (como echar dos patas de araña rotas a su caldero en lugar de dos patas sanas) porque se acordaba del desplante a Adrien, más otros veinte menos gracias a las impertinencias de Granger, las manos temblorosas de Longbottom y las pecas de Weasley. Las cosas no fueron tan bien con lo de tercero, pues se comportaron bastante bien durante toda la clase y tuvo que conformarse con quitarle quince puntos a un niño asustadizo que tiró sin querer un bote de ojos de luciérnaga húngara; en los pasillos había podido desquitarse con dos críos de primero que parecían animados hasta que perdieron los primeros veinte puntos para Griffindor. Sí, fue una mañana bastante exitosa: Griffindor ya iba en último lugar, con casi cuarenta puntos menos que Hufflepuff, todo ello gracias básicamente a las intervenciones del profesor de Pociones y ¡se sentía tan bien al volver a esa rutina tan especial!
Severus ocupó su lugar junto a Remus Lupin; el licántropo hablaba tranquilamente con Tonks quién, al parecer, debía ir a visitar a la señora Pomfrey esa misma noche. Le extrañó que Albus y Adrien no estuvieran por ahí y también le incomodó la mirada asesina que le dedicó "amablemente" la profesora McGonagall, que parecía querer decirle algo, pero sin perder la compostura.
-Podrías contenerte un poco, Severus –masculló entre dientes la mujer, mientras aparecía un gran plato de guisado de verduras frente a Snape.
-¿Con qué cosa, Minerva? –preguntó inocentemente el hombre; al alzar la mirada, comprobó que todos los Griffindor lo miraban con el odio y desprecio de los buenos tiempos y sonrió para sus adentros. ¡Qué año más maravilloso iba a tener! Él mismo se iba a encargar de que los leones no ganaran la Copa de la Casa, aunque para ello tuviera que hacer trampas.
-No deberías quitar puntos a los Griffindor tan alegremente; dos alumnos de primero llegaron llorando a mi clase porque les habías quitado veinte puntos sólo por sonreír cuando estaban a tu lado –la pobre mujer parecía indignada, pero Severus no le hizo mucho caso. Evidentemente la guerra entre ambos había vuelto, a pesar de todo lo ocurrido y, sobre todo, a pesar de Adrien.
-Yo jamás interfiero en tu criterio para dar o quitar puntos, Minerva –dijo despreocupadamente, llevándose un trozo de zanahoria a la boca –No pretendas interferir en el mío.
-No eres justo, Severus –Minerva se removió inquieta y Remus la miró de reojo; al parecer, Lupin estaba de acuerdo con ella aunque optara por no intervenir en la conversación –Esos niños no habían hecho nada...
-No sé a que viene el drama; ya te encargarás tú de equilibrar la balanza, o quizás lo haga Albus. Y, hablando de Albus –Severus miró a su alrededor con los ojos entornados -¿Dónde se ha metido?
La respuesta del profesor fue respondida cuando dos figuras aparecieron en el umbral de la puerta, dos figuras cubiertas de harina hasta las cejas, dos figuras que centraron la atención del Gran Comedor en ese instante. Severus abrió mucho los ojos, sin entender muy bien qué era lo que habían estado haciendo esos dos, Minerva chasqueó la lengua, reprobando el aspecto poco "digno" del director del colegio y los demás profesores sonrieron. Los alumnos, por su parte, no supieron muy bien como reaccionar, mucho menos cuando el niño, que no parecía más que una pequeña bolita blanca con ojos muy negros, salió corriendo en dirección a la mesa de los profesores. Sostenía "Oso" con una mano; el pobre muñeco había perdido por completo su identidad de oso pardo y ahora parecía más un oso polar, aunque eso no preocupó a Severus. Lo que preocupó al profesor fue que a Adrien no le importaba en absoluto estar en mitad del Gran Comedor y rodeado por todos los alumnos de su padre cuando se acercó a él y se arrojó a sus brazos descuidadamente, manchando su inmaculada túnica negra de harina y abrazándole con fuerza, llenándole la cara de harina irremediablemente.
Los alumnos enmudecieron; el vuelo de una mosca podría haberse oído en el Gran Comedor cuando todos los estudiantes se quedaron mirando a su profesor de Pociones siendo besado por un niño.
¡Siendo besado! Y sin poner objeciones.
¡Por un niño! Que parecía tenerle cariño.
Fueron muchos los que pensaron que los elfos domésticos habían añadido alguna sustancia alucinógena a la sopa de ese día; unos cuantos se frotaban los ojos enérgicamente y otros pocos abrían la boca medio pasmados. La noche anterior les había extrañado ver a ese niño sentado en la mesa de los profesores, pero jamás pudieron imaginar que el niño fuera a darle un beso a Snape.
Pero eso no fue lo más impactante, ni mucho menos. Al parecer, la pequeña bola blanca no era consciente de la expectación creada y empezó a hablar a toda velocidad, causando una estupefacción aún mayor entre el alumnado del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
-Mira, papi –dijo despreocupadamente –El señor Dobby me ha cortado el pelo y después, el abuelo y yo hemos ayudado a los elfos domésticos a hacer pan, ¿no es maravilloso?
Severus Snape parpadeó, sin saber muy bien qué decir; el tiempo parecía haberse detenido y las miradas fijas en él eran cada vez más intensas, aunque a él realmente sólo le interesaba una: la de Adrien.
Los alumnos no daban crédito. ¿Papi? Definitivamente la droga utilizada por los elfos fue muy fuerte. La sorpresa era más que evidente y los chicos sólo reaccionaron cuando una gran bola blanca se sentó junto a Severus y empezó a comerse un gran trozo de pastel de carne.
Aquella comida en el Gran comedor era una de las más extrañas que tenían lugar en Hogwarts en mucho tiempo...
OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOOooOOooOOooOO OooOHola a todos; sí, lo sé, en esta parte es donde pongo el adelanto del siguiente capítulo, pero es que he tenido un problemilla con el ordenador. Habréis notado que he tardado un par de días más de lo normal en actualizar, pero es que el lunes mi ordenador dijo "basta" y un amigo me lo tuvo que formatear, así que se me borraron los capítulos que tenía escritos (éste, el 23 y el 24). Afortunadamente tenía por ahí un borrador y he podido rehacer este capi para colgarlo lo antes posible, pero no habrá adelanto. No quería retrasarme más, así que lo siento mucho, pero os dejo con la intriga XD. Me pondré a trabajar como una loca para recuperar mi ritmo normal y seguir colgando los siguientes capis. Posiblemente tarde quince días en actualizar, puesto que quiero rescribir los capis 23 y 24 y terminar el 25 para que luego no me pille el tren, así que tened un poco de paciencia. Por cierto, Ana María, siento no haberte pasado el capi para que lo betees, pero quería colgarlo cuanto antes; de todas formas, si notas algún error, házmelo saber y editaré el capi, ¿ok?
En fin, me dejo de rollos. Muchas gracias por vuestra paciencia y hasta pronto.
Besos, Cris Snape
