CAPÍTULO 37. Canuto
Finalmente, Adrien no se había puesto enfermo. A pesar de haber consumido una cantidad de dulces considerable durante la noche anterior, el niño había amanecido en perfecto estado de salud, ansioso por dar un nuevo paseo por Hogwarts y buscar a alguno de los murciélagos que invadieron el castillo unas horas antes. Severus había gruñido un par de veces, pero cuando Albus Dumbledore se apareció en las habitaciones que Snape poseía en las mazmorras, el profesor no pudo evitar que su colega se llevara al niño para dar una vuelta por ahí.
El día había amanecido soleado otra vez. Severus hubiera querido acompañar al director y a Adrien durante su pequeña excursión, pero, justo cuando se disponía a seguirlos hacia la salida, se encontró con una pelea entre un Slytherin y la mitad de los alumnos de primer año de las otras casas. Con un suspiro desesperado, dos gritos furiosos y un par de miradas intimidatorias, puso fin al y siguió con su camino, no sin antes quitar diez puntos a todos los alumnos implicados, exceptuando al Slytherin, por supuesto. Definitivamente, era mucho mejor pasar el tiempo libre alejado de aquel horrible hervidero de hormonas. Hacía algún tiempo que no tenía ocasión de enfrentarse a peleas de ese estilo, y no las echaba de menos. De hecho, estaba planteándose la posibilidad de volver a casa en ese mismo momento. Severus suponía que se estaba haciendo demasiado mayor para que le importaran los conflictos entre los estudiantes de Hogwarts, aunque seguiría beneficiando a los Slytherins siempre que le fuera posible. Era un vicio al que no pensaba renunciar.
A pesar de que su vida había cambiado sustancialmente en los últimos meses, Severus aún recordaba ciertos momentos de su pasado con tristeza, impotencia y rabia. Convivir con su familia nunca había sido fácil. Snape procuraba, día tras día, alejar el recuerdo de su padre de su memoria, aunque no siempre le resultaba sencillo. Pretendía que Adrien creciera de una forma totalmente opuesta a la suya; aunque el niño había perdido a su madre, él no consentiría que el pequeño tuviera carencias afectivas de ninguna clase. En un principio, no le resultó fácil exteriorizar sus sentimientos respecto al pequeño, pero las cosas cambiaron con el tiempo. Ahora no le importaba demostrarle a Adrien lo mucho que lo quería; el niño necesitaba recibir cariño día a día, y Severus estaba dispuesto a dárselo. Quería que el niño se sintiera constantemente seguro y protegido, que confiara en él cuando estuviera en problemas y, ante todo, que no le viera con los ojos que, el pequeño Severus, solía mirar a su progenitor.
Si su niñez fue complicada, las cosas no mejoraron en su adolescencia. El hecho de llegar a Hogwarts sabiendo más maldiciones que el resto de sus compañeros, no le ayudó a granjearse demasiadas amistades. Aunque, claro, ninguno de los otros niños conocía a su padre... Lo que para Severus era, simplemente, una forma de preservar su seguridad, para los otros era una seria amenaza y, durante toda su estancia en el colegio, no logró tener siquiera un amigo. Habían sido años duros, repletos de peleas, insultos y humillaciones, algunas de las cuales le llevaron a tomar decisiones erróneas. Decisiones que, desgraciadamente, marcaron su existencia de forma definitiva.
Severus procuraba olvidar todo lo relacionado con los mortífagos. Esa había sido, con diferencia, la peor etapa de su vida. Aunque en algunos momentos se dejó subyugar por la sensación de poder, aunque hubo un tiempo en que disfrutó causando dolor en los demás, intentado resarcirse por todo el daño que le habían hecho a él, ahora sólo podía sentir remordimientos por todas sus acciones. Si bien había encontrado una pequeña redención trabajando para Dumbledore, cada vez que miraba a Adrien y pensaba en su pasado más oscuro, no podía evitar sentirse realmente mal. Veía a su hijo, tan frágil y susceptible, y pensaba en aquellos niños que habían sido torturados y heridos durante la guerra, en ocasiones por su propia varita, y no se sentía merecedor de la felicidad que ahora era suya. Luego, se daba cuenta de que había ayudado a salvar las vidas de muchos otros pequeños, y podía acallar su conciencia. No era fácil convivir con su pasado, pero al menos tenía un buen motivo para seguir adelante y demostrarse así mismo que, realmente, había cambiado,
Afortunadamente, Severus no dejaba que esos pensamientos invadieran su mente demasiado a menudo. Debía reconocer que Adrien le absorbía casi todo su tiempo libre, así que pasaba el día trabajando, investigando y cuidando del niño. Constantemente tenía la cabeza ocupada, aunque era un alivio contar con Albus cada vez que sus demonios internos salían a la luz. Severus sabía que algún día tendría que contarle a Adrien más cosas sobre su pasado. Le hablaría sobre sus padres y su infancia desgraciada. Sobre Hogwarts y sus constantes enfrentamientos con los Merodeadores. Sobre su etapa de mortífago y todas las atrocidades que pudo llegar a cometer. Sólo esperaba que Adrien pudiera llegar a entenderlo todo y, ante todo, perdonarle. Aún faltaba mucho para que ese momento llegara, pero Severus ya comenzaba a tenerle miedo. Si, al menos, pudiera contar con la ayuda de Albus cuando Adrien tuviera que conocer todo aquello...
Casi sin darse cuenta, Severus había alcanzado los corredores principales de Hogwarts. Estaba a solo unos pasos del castillo cuando vio a Harry Potter asiendo por las solapas de la camisa a un chico de segundo. Tenía los ojos inyectados en sangre y parecía realmente enloquecido, aunque bastante feliz. Severus pensó que aquello era un poco extraño, pero no pensaba dejar pasar la oportunidad de quitar unos cuantos puntos a Gryffindor. Además, si Potter era el afortunado, sería más divertido para él. Así pues, Severus esbozó una sonrisa cruel, y se acercó a los dos estudiantes. El más joven parecía estar realmente asustado, mientras Harry lo sacudía insistentemente, con las manos temblorosas y la voz más chillona de lo normal.
-¿Hacia dónde iba el perro? –Decía, ignorando la presencia del profesor. Severus alzó una ceja. ¿Se habría escapado Fang? Normalmente, ese animal era muy vago, pero nunca se sabía.
-A... Afuera –Tartamudeó el chico, que estaba entre asustado y complacido porque, el gran Harry Potter, lo estaba zarandeando.
-Señor Potter –Siseó Severus. El chico se puso en tensión de forma inmediata, con los huesos agarrotados y la mandíbula apretada -¿Se puede saber qué está haciendo? ¿Tanto le molestan sus admiradores, que los amenaza en los pasillos?
-¡Cállate, asqueroso grasiento!
Tras decir esas palabras, y consiguiendo que Severus se quedara totalmente paralizado por la impresión, Harry salió corriendo hacia el exterior. Snape tardó unos segundos en reaccionar y, cuando lo hizo, ya era demasiado tarde para reprender al mocoso insolente. Por supuesto, eso no quedaría así. Nadie le llamaba grasientos y quedaba indemne. Iba a atrapar a Potter y le... Aunque, antes, podría bajar su frustración utilizando al niño ese de segundo.
-Veinte puntos menos para... -¿Slytherin? No, Severus no estaba tan frustrado. Aún no se había vuelto loco –Lárguese de inmediato –El niño dio un bote, sorprendido por la reacción de Snape –Y haga el favor de aprender a defenderse.
El muchacho salió corriendo, suponiendo que se había librado de una buena. Severus gruñó airadamente y, tras pasarse una mano por el pelo (a él no le parecía que estuviera tan sucio), decidió perseguir a Potter, por medio colegio si era necesario. Pensaba quitarle todos los puntos que Gryffindor tenía en su marcador, soltarle un par de verdades, y castigarlo durante lo que quedaba de curso. Sería genial tener al Potter destripando gusarajos hasta julio. Aunque, pensándolo mejor, si hacía tal cosa, perdería bastantes tardes al lado de Adrien. Bueno, ya se le ocurriría otra forma de hacerle la vida imposible al muchacho. A veces, tenía imaginación para esas cosas.
Severus llegó a los terrenos del colegio. Desde su posición, podía ver la cabaña de Hagrid. Precisamente allí estaba Adrien, correteando por la hierba junto a un enorme perro negro. Severus tuvo que entornar los ojos un momento. A pesar de la distancia, podía distinguir perfectamente la figura del animal, que daba vueltas alrededor de su hijo, dejando que le acariciaran las orejas y dando lametadas en la cara del niño. Severus tenía la sensación de que había visto al perro en alguna ocasión, muchos años antes, y pasó un par de minutos mirándolo fijamente. De forma repentina, el animal detuvo sus juegos y miró hacia donde él estaba. Sus ojos grises brillaron siniestramente, y un nombre vino a su cabeza.
-¡SIRIUS!
Snape dio un bote. Potter estaba a su lado otra vez, aunque no era consciente de otra cosa que no fuera el perro. El animal, soltó un ladrido y comenzó a correr en dirección a Harry, que había tropezado un par de veces. Severus, sin terminar de creerse lo que estaba ocurriendo, decidió seguir a Potter. Tenía que castigarle, aunque su estúpido padrino ahora fuera un perro vuelto del Más Allá.
-¡SIRIUS! –Harry había llegado a la altura del gran perro negro. El canino había saltado sobre el chico, tirándolo al suelo para proceder a saludarlo de forma efusiva. Mientras tanto, Adrien también se había acercado a los dos Gryffindors, contento por haber encontrado un nuevo amigo. Fang le caía bien, pero era un perrote perezoso y aburrido.
-¡Potter! –Vociferó Snape, sin prestar atención a la escena -¡¿Cómo se atreve a hablarme en ese tono?!
-¡Oh, déjame en paz, Quejicus! –Harry no dejaba de reír. Severus enrojeció, mientras Adrien observaba todo con curiosidad.
-¿Cómo...?
Severus temblaba de ira. Hubiera sido capaz de sacar su varita y atacar a ese cretino en ese instante, pero una fuerza sobrenatural lo contuvo. Aunque, era posible que, el hecho de que el perro negro, fuese ahora Sirius Black, ayudara a enmudecerle.
-¡Deja al chico, Snape! –Black se puso en pie, pareciendo mucho más grande que nunca, y señaló con el dedo a Severus. ¿Por qué tenía el mismo aspecto que a los diecisiete años? Todo era demasiado extraño, y a Snape empezaba a dolerle la cabeza –Sigues siendo el mismo grasiento imbécil de siempre. Aléjate de James.
-Pero qué... –Severus soltó un bufido. De forma inmediata, miró a Harry. ¿Siempre había tenido los ojos marrones? Instintivamente, buscó a Adrien con la mirada. El niño siempre lo había tranquilizado. Aunque ahora no fue posible -¿Qué demonios estás haciendo aquí, Black? ¡Estás muerto!
-¡Ja, qué más quisieras! –Sirius sonrió, agitando su cabello seductoramente. Todo comenzó a dar vueltas alrededor de Snape –James y yo hemos vuelto. Buscaremos a Remus y Peter, y seremos los mismos de siempre.
-¿Qué estupideces estás diciendo, Black? –Severus sacó su varita, apuntando al chico con ella –Tú moriste. Te caíste tras el Velo. Y, además, James...
-¡Oh, esa es la magia del Velo! –Sirius rió, mirando a Snape cómo si fuera más idiota que un troll –Gracias a Harry, James y yo hemos vuelto a la vida, pero con el aspecto que teníamos a la misma edad que aquel que nos ha invocado. Remus será más viejo que nosotros y, en cuanto a Peter, debe estar por ahí –Severus abrió la boca, sin saber qué decir. Tenía la sensación de estar reviviendo la peor de sus pesadillas –Esta vez no dejaremos que se una a tu señor. Cuidaremos de él.
-¡Oh, Merlín! –Severus se tapó los ojos con las manos. Aquel era un buen motivo para castigar a Harry Potter. ¿A quién demonios se le ocurría traer a los Merodeadores de vuelta? -¡Vosotros no debéis estar aquí! ¡Estáis todos muertos!
-Sí, ya. Deja de repetir eso. Ya lo sabemos –Dijo ¿James Potter? Lacónicamente -¿Dónde está Harry? Tengo unas ganas de verlo... Seguro que tiene unas ideas grandiosas para saltarnos las reglas del colegio. Quizá, podamos organizar alguna escapadita a Hogsmeade.
-O al Londres muggle –Sirius sonrió, pasando un brazo sobre los hombros de su amigo –He oído que hay unos bares de lo más divertidos... Ahora que somos mayores de edad, podemos pasárnoslo en grande.
-¡Uhm...! Te recuerdo que soy un hombre casado –James sonrió a su vez, con la misma expresión pícara de su amigo.
-Eras. Porque, desgraciadamente, Lily no ha vuelto con nosotros. Tú eres joven. Podrás encontrar a alguien...
--¿De qué puñetas estáis hablando? –Severus se puso a gritar, mareado por aquella conversación, y sin poder asimilar lo que estaba ocurriendo -¡Estáis muertos!
-¿Habéis visto a mi mamá?
Tres pares de ojos se giraron para mirar al niño que acababa de formular la pregunta. Severus, que por un momento se había olvidado de la presencia de Adrien, se puso blanco como la cera y dio dos zancadas hacia el pequeño, dispuesto a protegerle de los dos energúmenos chiflados que tenía delante.
-Uhm... ¿Quién es tu mamá? –Preguntó James, como si aquella pregunta fuera lo más natural del mundo. Curiosamente, Adrien se había acercado a él con total confianza, ignorando el descompuesto rostro paterno.
-Se llamaba Mariah Bellefort –Explicó Adrien, sin darle importancia al hecho de estar hablando con dos muertos recién resucitados (o lo que fuesen exactamente esos dos)
-¿Mariah? –Sirius miró a James. El chico negó con la cabeza –No conocemos ninguna bruja llamada así.
-¡Oh! Pero mi mamá era una muggle...
-Pues, en ese caso... –James frunció el ceño, golpeándose la barbilla con un dedo –Quizá estaba en la parte de los padres de brujos... ¿Recuerdas a alguien de los que vivían por allí?
-No sé... Quizá, ocupe el espacio correspondiente a Adrien –Severus arrugó la nariz. ¿Quién le había dicho a ese tipo el nombre de su hijo -¿Cuál es tu apellido, chico?
-Bellefort-Snape.
Se produjo un breve instante de silencio. James y Sirius intercambiaron una breve mirada y, a continuación, se pusieron a reír como histéricos. Severus quiso protestar, pero la garganta se le había secado de repente y no logró pronunciar palabra.
-¿Snape? –Sirius se acercó al niño, colocando una mano sobre su hombro -¿Quejicus es tu padre? –Adrien afirmó con la cabeza, aunque no se le vio tan orgulloso como otras veces -¡Oh, pues vaya!
-Espera –James detuvo las frases de su amigo, que amenazaban con convertirse en insultos –Creo que me acuerdo de ella... Aquella chica que algunas veces tomaba el té con Lily. No se cansaba de hablar sobre su hijo. ¿Te acuerdas, Canuto?
-¡Oh, sí! –El Merodeador dio un bote –Llegó hace poco tiempo. Era bastante simpática... –Sirius miró fijamente al pequeño Snape –Así que tú eres Adrien...
-Sí.
-¿Te gustaría irte con tu madre? –Sirius le tendió una mano, ofreciéndole confianza y protección. Adrien miró un momento a Snape, que seguía mudo, sin poder intervenir en la escena –Nosotros te llevaremos con ella, a un lugar mejor.
El cabello de Severus se erizó. Aquello no podía estar pasando. Esos dos cretinos ya le habían quitado muchas cosas. No podía ir allí para robarle a su hijo. No podía dejar que llevaran a Adrien con Mariah. Ahora era suyo.
-¡Sí! ¡Quiero ir con mi mamá!
-Pero, si vas con ella, no podrás ver a tu padre nunca más –James intervino, mirando seriamente a Adrien. Parecía sentir cierta lástima por Snape, a juzgar por la forma que tenía de mirarlo –Tú irás con tu mamá, y él se quedará aquí, solo, lejos de ti para siempre.
Severus pensó que el niño correría a sus brazos, pero no fue así. Adrien lo miró despectivamente y, encogiéndose de hombros, se aferró a la mano de Sirius Black.
-Me da igual. Mi papá es muy malo –Afirmó. El corazón de Severus se rompió en mil pedazos –No me deja tener perrito, no se enamora de Carole y ha matado a un murciélago. Además, es un mortífago. No quiero estar con él. Prefiero a mi mamá. Ella sí era buena.
Severus quiso protestar, quiso decir que todo aquello no era verdad, pero no pudo. Ahora, no sólo estaba mudo. Sus piernas estaban paralizadas y, aunque estiraba los brazos hacia Adrien, el niño no le prestaba atención. James y Sirius se lo estaban llevando, alejándolo para siempre de su lado. Aunque, a Severus le quedaba el consuelo de saber que estaría con Mariah. Ella adoraba al niño, lo cuidaría bien. Adrien estaría a salvo.
-Yo me lo llevaré.
Severus dio un respingo. James, Sirius y Adrien estaban muy lejos, pero aún así salió corriendo. No entendía qué pintaba Lucius Malfoy en todo eso, pero sí sabía que no quería que ese ser tocara a Adrien. El niño le acababa de dar la mano, y Malfoy le acarició el rostro con sus dedos helados. Adrien forzó una sonrisa. Aunque quería ir con su madre, era evidente que no quería irse con el hombre malo. ¿Por qué Sirius y James los dejaban marchar? Él no llegaría a tiempo, y Lucius no llevaría a Adrien con Mariah. Iba a matarlo, por Merlín.
Severus corrió y corrió, pero no los pudo alcanzar. Sirius y James se habían convertido en dos animales, que desaparecieron en la nada, y Snape se había quedado solo, luchando por respirar. Malfoy iba a matar a Adrien. Adrien iba a morir.
-Debí cuidarlo mejor.
Era Jerry. Estaba a su lado y sujetaba el cadáver de un niño pequeño. Severus pensó que era su hijo, pero esa desdichada criatura tenía el pelo mucho más claro. No era Adrien, pero eso no le hizo sentirse mejor.
-No quería soltarlo. Lo siento, Mariah.
-¡ADRIEN!
Severus se despertó bruscamente, sudando copiosamente. El corazón le latía aceleradamente y sentía el sabor salado de las lágrimas en la comisura de los labios. Apenas podía respirar y, el hombre se descubrió llorando con desazón, sintiendo la muerte de Adrien con toda su alma.
Tardó unos segundos en cobrar conciencia de lo que ocurría y de dónde estaba. Acababa de tener la pesadilla más horrible que había tenido en años y, cuando giró la cabeza y descubrió a su hijo plácidamente dormido a su lado, liberó el aire de sus pulmones. Adrien se había removido en la cama cuando su padre gritó, pero pudo seguir disfrutando de sus dulces sueños, sin perder la expresión relajada de su rostro. Severus apretó los ojos, intentando alejar los detalles de la pesadilla de su mente, y se enjugó el sudor con un pañuelo, escuchando la virulencia de los latidos de su corazón. Por un momento, pensó que no lograría tranquilizarse, hasta que comprendió qué era lo que necesitaba.
Procurando no despertar a Adrien, se recostó a su lado y lo abrazó con fuerza, buscando un poco de consuelo en el calor del pequeño cuerpo del niño. Sólo había sido un sueño, pero la angustia que sintió cuando Malfoy se lo llevó, aún le oprimía cruelmente el corazón. Pensar en la muerte de Adrien le destrozaba.
Sólo había sido un sueño, pero Severus tardó un buen rato en controlar los nervios. Cuando lo hizo, no pudo volver a dormirse. Pasó toda la noche en vela, vigilando a Adrien y pensando en las imágenes que habían estado rondando por su cabeza. No perdería a Adrien. Nunca dejaría que nadie se lo arrebatara, aunque tuviera que enfrentarse a medio mundo para tenerlo a su lado.
Hola a todo el mundo. En primer lugar, éste es un capítulo conmemorativo por las "casi" 500 críticas que ha recibido este fic desde que empecé a publicarlo. Llevo casi un año trabajando en él y me alegra un montón que os guste la historia, así que el capi va dedicado a todos aquellos que habéis leído "Papá Snape!". Muchas gracias a todos.
En segundo lugar, decir que, aunque es un capítulo especial, tiene pistas muy importantes para el futuro. La idea de que Sirius y Adrien se encontraran en algún momento de la historia, siempre me ha resultado especialmente atrayente, aunque era imposible poder introducir alguna escena de esas características. Así pues, he utilizado este capítulo especial para ello y, de paso, y para que no fuera trabajo perdido, he metido unas pistillas que tienen que ver con el futuro del fic. La pesadilla de Severus será importante, aunque podría no haber colgado el capítulo, no sé si me explico ;) Quizá, Snape tenga que dedicar algún tiempo a reflexionar, jeje.
Bueno, pues nada más. Procuraré actualizar la historia lo antes posible, a ver si terminamos de una vez :)
Un beso para todos, y hasta pronto. Cris Snape
