Transformers Desarmados
Deathbringer
por Kyonides
¿Desde cuándo el universo ha dejado de ver como se crea o se destruye? Todo lo que él se encuentra, nace, se desarrolla y se desgasta hasta que no queda ningún rastro de su efímera existencia. Ni los Autobots ni sus contrapartes, los Decepticons, se podrían escapar de la crueldad de una ley inquebrantable, indolente. Sin embargo, ellos por poco se creían el cuento de hadas de Primus, que solo él sabía cuáles serían sus destinos. De entre todos los Transformers solo uno tenía dudas al respecto. Era el nuevo líder Autobot, Rodimus Prime. Este androide tenía claro que nadie, ni Primus mismo, podía tener una certeza absoluta en lo que se refería a si él dejaría de combatir sus propias inseguridades y de tomarse todo muy a la ligera. Imposible sería prever cosas tan simples como que si a este novato, que no contaba con el respeto de ciertos compañeros de lucha, podía tomar el mando de su facción con la debida firmeza y devolverle a Cybertron o siquiera a la Tierra la paz que les hacía falta.
La eternidad casi no se tardó nada en hacer entrega de una llave capaz de abrir ese cerrojo que les impedía abrir la puerta del ignoto porvenir. Esa llave tenía una figura humanoide, justo del mismo tamaño de Rodimus o de Galvatron, y no por casualidad le molestaba de manera infinita el que le atrasaran. Nadie tenía un solo motivo por el cual debieran forzarlo a alterar las anotaciones de su ajustadísima agenda. El grupo de Rodimus fue el primero en horrorizarse, ya que no tenía la más remota idea de por qué ese ente hecho a la imagen de ellos portaba consigo un microchip capaz de reproducir tan bien la emoción humana de la ira.
"Enter the Deathbringer"
—Todos los guardias del laboratorio acudan pronto al recinto L13 —repetía el mensaje de alerta pregrabado con una banda sonora que captara el artificial timbre de voz del viejo Wheeljack.
—Detente ahí, intruso — le ordenó First Aid —. No permitiremos que ningún Decepticon se acerque a la cámara donde mantienen en vigilancia a nuestro entrañable líder, Optimus.
—Aquellos que traten de detenerme, la pagarán aún más caro que el individuo al que debo visitar. ¿Todavía deseas ser un mero estorbo en el magnífico esquema del universo?
—No seas tan engreído. A estas alturas del ciclo cibertroniano ya todos han sido avisados. No hay forma de que lleves a acabo tu perverso plan. A estas alturas del ciclo cibertroniano ya todos han sido avisados —reiteró First Aid ante la persistencia del enemigo que pronto liberó su brazo articulado con extrema facilidad—. Mis compañeros Autobots están por llegar. Corrijo, ya están aquí.
—Ya puedes retirarte, First Aid. Sabemos de sobra que esta no es tu lucha.
—Han llegado a tiempo, Rodimus Prime y mis compañeros Protectobots. No permitan que le ponga una mano encima a Optimus.
—¿Has dicho Rodimus Prime¿Es el mismo que solía llamarse Hot Rod¿Podrá ser ese alocado corredor que no estaba contento si no dejaba marcas del derrape sobre el asfalto? Solo por esta vez creo que mis registros me exigen que confirme de inmediato la presencia del nuevo líder Autobot.
—¿Qué estás diciendo, intruso¿Por qué no comienzas por identificarte? No me gusta tener amistades que se reservan espacio para guardar secretos —aclaró Rodimus.
—De momento eso no tiene necesidad de ser, Prime. ¿O debo decirte Hot Rod? Por solo el hecho de llevar el título de Prime, oh Rodimus, amerita que estés entre aquellos que estén por siempre en mi lista negra.
—Discúlpame —dijo Rodimus Prime con arma en mano—. Es que me gusta tener bien en claro lo que me obliga a desactivarte de un solo disparo. ¿Acaso tratas de decirnos que de repente cualquiera de nosotros, los Prime, te caemos mal? Créeme cuando te digo que en ese caso prefiero darte una razón para que así sea.
—Vamos, inténtalo cuanto antes. Yo no me quejaré. Quizás seas tú quien termine realizando mi labor en este rudimentario recinto, el cual acabará siendo puros escombros.
—Tiene razón, Rodimus. Optimus puede salir seriamente dañado si el tiro no da en el blanco.
—Sin duda alguna, First Aid, el disparo dará en el blanco, aunque al final no sea el que se tenía previsto en el en la simulación del procesador...
Aquel visitante no consideraba que la inmensa pérdida de tiempo le favoreciera de una u otra forma. La impaciencia era algo que en su chispa tenía una buena recepción. Su programación por demás detallada no se podría alterar y de ahí surgiría la necesidad de presentarse ante su cautiva audiencia.
—He decidido que la única forma de apresurar las cosas es que yo me presente cuanto antes, porque solo la intriga los hará entrar en acción o en el más allá. Sepan ya que mi nombre es repudiado por toda forma de vida artificial. Me llaman Deathbringer, soy lo que en el mundo de los humanos se conoce como el Ángel de la Muerte. Es un hecho que con nuestros sensores ópticos siempre nos veremos las caras.
—¿No podrías postergar nuestro encuentro por algún tiempo? Es que me hace falta aprender a tener ánimos de enfrentar nuevos retos... Y es por eso que no podemos dejar que Optimus se vaya de viaje —declaró Rodimus.
—Bueno —decía Streetwise—, creo que eso descartaría que él formara parte de los Decepticons... ¿Alguien sabe desde cuándo la Muerte es un robot como nosotros?
—Streetwise... No nos olvidemos de cuáles son nuestras necesidades más inmediatas —aclaró First Aid.
—Claro que tu compañero de fórmula, First Aid, tiene razón en lo que dice. De otra forma no tiene caso que actúen cuando yo haya podido poner una de mis manos sobre la chispa de su legendario líder. Una de mis tareas es terminar de escribir su historia. Elegí un par de frases singulares: "Y Deathbringer notó que el fruto de su chispa estaba lista para la siega y no dudó en llevársela ni por un segundo. He ahí el final de un gran androide que alguna vez se creyó que se podía burlar de la muerte."
Prácticamente todos los Autobots ahí presentes se quedaron estupefactos por lo que decía el mensajero de la muerte. Aún más impresionante fue visualizar el momento justo en el que la mano oscura hacía reaccionar algo similar a una chispa Transformer de manera realmente brusca. Rodimus no se podía quedar quieto ni en silencio.
—Yo, Rodimus Prime, cambiaría esas frases por estas: "Ni notó si el fruto estaba listo, pues salió huyendo sin pensarlo ni por un segundo. He ahí el final de un androide cobarde que creyó que era digno rival de un legendario líder."
"Por si te interesa saber qué lo hizo cambiar de parecer, aquí tengo un cañón láser que sabe cómo dar buenas explicaciones a los infiltrados.
En esa ocasión, Rodimus ya no "parpadeó" y jaló del gatillo. Un disparo logró que la armadura externa del invasor se resquebrajara a la altura de los falsos "cuadritos" del abdomen. Deathbringer titubeó sin que pudiera ocultar otra de sus debilidades y optó por liberar la chispa de Optimus. No obstante, todavía tenía algo que decir sobre ese suceso tan inesperado.
—No es el tiempo. Esta chispa aún no está lista para abandonar esta dimensión por demás obsoleta. Ahí se las dejo, de todas maneras tanto su cuerpo físico como su chispa solo pueden continuar decayendo hasta que llegue el punto de que esa amalgama de partículas se separe por sí sola y yo solo deba venir a recolectarla.
Lo que una vez fuera un androide temerario que se autoproclamaba la personificación de la Muerte, terminó siendo un aparato más inservible que una radio vieja y descompuesta. De poder sentir que sus nervios se apoderaban de sus capacidades analíticas, los Transformers lo hubieran mostrado en su máxima expresión aquel día. La chispa flotante que salía del recinto no era la de Optimus, el que alguna vez fuera el simple bodeguero Orion Paxx. En realidad era la del mismo Deathbringer, quien en vez de usar una hoz para llevarse un laser core ajeno, fue reducido a eso, una chispa incorpórea. Al confirmar la permanencia de la del antiguo líder en su cuerpo, todos los Autobots pasaron a un nivel inferior de alerta. Rodimus pensó que debía ser precavido y dobló la guardia en el sitio y en sus alrededores. Alguna cadena de bits perdida le hacían considerar el retorno de ese macabro ángel como una posibilidad que no debía dejar de lado.
—Para mí es toda una dicha —dijo Rodimus Prime— que nadie se molestara en comentar por qué fallé el tiro. Lo de la destrucción espontánea de Deathbringer fue todo un golpe de suerte. De otra manera me reclamarían por haber hecho algún daño a las computadoras.
De manera inesperada y por culpa de una falla en el sistema de vigilancia Decepticon llegó una humana común y corriente donde estaban los Decepticons de más alto rango y se dirigió a Galvatron con toda la familiaridad de un subordinado como Soundwave luego de no ser silenciada a tiempo por esos mismos subalternos.
—Discúlpame, mi grandioso líder de los Decepticons. Yo quería enrolarme en su ejército, mi nombre es Adriana y seré fiel seguidora suya. No me deseche por el simple hecho de ser mujer. Eso lo arreglo con solo vestirme de hombre y permitiendo que los demás me traten como a un "compita" más.
—Conque una humana ha llegado hasta aquí con la firme convicción de que será mi súbdita... Bueno, en tal caso te asignaré tu primera misión como premio por tu extrema dedicación —aseveró el ideático líder.
—Lo que ud. diga, mi señor, Galvatron. Sus palabras para mí son la ley.
—En ese caso, lo primero que debes hacer es... Tomar de rehén a esa secretaria con las feromonas por los cielos y agarrar ese cuchillo y pasárselo por el cuello de ella y luego por el suyo, por la parte que uds. llaman la yugular. Exijo completa obediencia de tu parte. De lo contrario conocerás de primera mano lo que es Oblivion.
—Sin duda, Galvatron. Yo cumpliré con lo que me ha encomendado sin que se me escape ningún detalle.
A toda prisa esa humana ejecutó la orden al pie de la letra. Galvatron le daría una última instrucción antes de que ella perdiera la conciencia súbitamente.
—Se me olvidó decirte que esa sería la primera y última orden que recibirás. Ja, ja, ja, ja.
—Tan solo dígame si esa malnacida secretaria era de la Yunai y moriré en absoluta paz sabiendo que cumplí con todos los objetivos que me propuse en mi vida...
—Es lo más seguro, de ser de otra región del mundo, no habrían sido tan idiotas como para dejar entrar a nuestro señuelo, mejor conocido como la carne de cañón por su gran capacidad para explotar —comentó Galvatron con una malévola sonrisa—. Oh, ya veo que le estaba hablando a uno de esos zombies. Ahora sí, Cyclonus, Scourge y Soundwave, quiero que tiren esa mole de carne al mar de inmediato. Si veo que no han dejado de ser tan incompetentes como para no detener a cualquier humano que llegue a nuestra base o a nuestros campamentos temporales, le harán compañía a esa pila de huesos en el cementerio marino. ¿Está claro?
—Sí, señor. No volverá a ocurrir, oh gran Galvatron —dijeron los tres Decepticons.
—Señor, solo falta decirle una cosa más.
—¿De qué se trata, Cyclonus¿No me digas que tan pronto quieres que tus circuitos dejen de funcionar?
—No se trata de eso, oh gran Galvatron. Me acaban de notificar que alguien se infiltró en un laboratorio de los Autobots.
—Semejante maravilla no la puedo dejar pasar por alto. Continúa ya con tus historias y es probable que recuerde cuándo planeé yo eso.
—Soundwave, prepárate para reproducir la cinta.
—Laserbeak, operación, reproducción.
—Oh Galvatron, líder indiscutible de los Decepticons, así fue como estuvo a punto de desactivar a Optimus de una vez por todas, pero fracasó en el intento sin que mediara un solo disparo directo. Se dice que no se trató de ningún Decepticon sino uno tercero, que se hacía llamar Deathbringer antes de que se redujera a una simple chispa que flotara por el espacio.
—No me agrada para nada eso de que no completara su misión, pero creo que eso se debe a que no contaba con la tecnología infinitamente superior de los Decepticons. Por ende, Cyclonus y Scourge, ustedes estarán a cargo de ubicar a ese núcleo láser sideral y lo traerán ante mi magnífica presencia para que le proporcionemos un nuevo cuerpo con el glorioso emblema de los Decepticons encima.
—Sus órdenes serán siempre nuestra mayor prioridad, oh gran Galvatron —dijeron al unísono ambos androides que fueran reformateados por Unicron tiempo atrás.
—Con eso bastará para librarme de una vez de ese molesto Prime cuyos circuitos ya no cuentan con garantía alguna. No tiene por qué permanecer una chatarra tan obsoleta como esa ni un minuto más en este universo. Solo hay espacio para el poderoso Galvatron y todo el que me desafíe terminará como un radio de pilas, ja, ja, ja, ja, ja.
—Soundwave estaba en las cercanías del trono temporal de su magnánimo líder y luego de escuchar esa expresión sintió como un pico en el flujo de la electricidad recorrió sus chips a gran velocidad. Debido a su juramento de lealtad tuvo que hacer borrada esa conversación de su sistema de almacenamiento.
