Preguntas sin respuestas
El sol apenaba despuntaba por encima de los bosques y prados que rodeaban Konoha. Naruto estaba sentando, con los ojos hinchados por el sueño y el cabello revuelto, en la mesa de la cocina, removiendo sin mucho interés los posos del café con la cucharilla. El cielo era de color añil, pero en el horizonte se empezaban a ver destellos verdes, rosas y naranjas, que daban un toque de alegría a la aldea dormida.
Naruto recordaba la conversación que se había mantenido en el despacho de la Hokage, en la mayor de las privacidades. Él, junto a Tsunade, Hinata y Hiashi, habían intentado encontrar la mejor solución al problema.
Hiashi quería mantener en control al clan, pues estaba en un momento sumamente delicado, pero su expresión austera no podía engañar a los presentes. Todos sabían que el duro y exigente líder del clan Hyuuga apreciaba y quería mucho a su sobrino, como hijo de su difunto hermano y pupilo suyo que era. Pero los sentimientos no podían interferir; la integridad de Konoha estaba en juego.
Tsunade estaba furiosa, puesto que tras años de luchas por seguir adelante, el sol volvía a ocultarse tras nubarrones de guerra. Los años de enfrentamientos con Akatsuki, más una lucha que se mantuvo con la Aldea Oculta de la Lluvia, principal aliada de la banda criminal, había desangrado a Konoha y a la Arena por los cuatro costados y muchos valientes ninjas habían caído defendiendo su tierra y sus hogares. Konoha no estaba moral ni militarmente preparada para una guerra entre clanes.
Hinata había permanecido callada y, por primera vez en su vida, Naruto había visto a la chica de ojos plateados con expresión impenetrable, casi fría. No era propio del carácter de Hinata, y este cambio preocupaba al joven rubio.
El chico suspiró y, tras marear un rato más al café, se levantó. Apenas había dormido unas horas y se sentía aún más cansado que cuando se fue a dormir.
Dejando los restos del desayuno en la mesa, el chico se vistió con unos vaqueros y una camisa, cogió las llaves y decidió ir a buscar a Hinata. Aunque era muy temprano, sabía que ella no habría pegado ojo y quería comprobar que estaba bien.
Al abrir la puerta, el frío aire del amanecer azotó su rostro y terminó por despertarlo. Refunfuñando, Naruto cogió una chaqueta y se subió la cremallera, cerró la puerta y se marchó calle abajo, pensando en cuántas guerras más por la paz tendrían que librar.
La suave hierba del césped se mecía bajo la caricia del viento, y las límpidas aguas del estanque lamían el viejo y crujiente puente de madera y las orillas, mientras los árboles se inclinaban, como intentado tocar con sus ramas su reflejo en el agua.
Hinata suspiró y apoyó la cabeza en el tronco del árbol bajo en el que estaba sentada. Su pelo le hacía cosquillas en la nariz, pero en esos momentos en lo último en lo que pensaba era en echarse a reír.
Abrió los ojos y contempló el bello panorama que le ofrecía el jardín de la mansión Hyuuga.
"Un escenario demasiado bonito para problemas demasiados serios", pensó la chica.
Las palabras de la noche anterior aún resonaban por su cabeza. Aún se asombraba en parte por su reacción ante la noticia. Al principio miles de pensamientos, imágenes y sentimientos se agolparon en su interior. Y luego, todo se enfrió, como si le hubieran echado un cubo de agua helada. Ni lágrimas, ni preocupación, ni angustia. Nada. Simplemente, sintió la necesidad de encerrarse, de construir una muralla que le separara de los demás y le permitiera pensar.
Pero el verdadero peligro se hallaba dentro de esas murallas. Otra vez, por enésima vez en lo que llevaba de mañana, el remordimiento llamó a su conciencia y sintió cómo el estómago se le encogía dolorosamente y un sabor amargo inundaba su boca. Las escenas de la noche del nombramiento de Neji se sucedían en su memoria, como fotogramas de una película, atormentándola.
Recordaba las palabras de su padre. Mentiría si dijera que no se sentía avergonzada. No había cumplido las expectativas de su padre. Ella era y seguiría siendo la que ostentara el título de la heredera del clan Hyuuga. Sin embargo, Neji sería quien mandara, quien velara, quien pensara y quien actuara. Ella simplemente sería un icono, una actriz cumpliendo su papel en una obra. Acudiría al Consejo, sería anfitriona junto a Neji en los banquetes y celebraciones. Sin embargo, nunca sería la base del clan. Sería la tapadera que ofrecería protección al clan y a sus gestiones y cambios internos. Para que los cambios no fueran muy radicales.
No le atraía la erótica del poder. Sin embargo, algo en su alma se había resquebrajado dolorosamente. Había luchado con desesperación por ser mejor, por mejorar notablemente. Y lo había hecho. Pero no tanto como se esperaba. A pesar del dolor que le había producido el rechazo y la vergüenza que su familia había sentido por su culpa, ella quería ocupar el lugar de heredera y demostrarle a su familia que podían confiar en ella. Que podían sentirse orgullosos de ella. Que podía ser una verdadera Hyuuga.
Sin embargo, se había sentido muy contenta por su primo y la rama secundaria. Neji se merecería un destino mejor que ser su guardaespaldas personal. Sería un desperdicio para su talento. Y eso supondría un poco de justicia y unión en un clan tan fracturado como el suyo.
Pero los remordimientos seguían allí. Aunque Hinata intentara escapar de la pregunta, una voz en lo profundo de su cabeza le decía: "¿Y si hubieras sido más fuerte?". E, involuntariamente, respondía: "Neji no estaría ahora en peligro".
Hinata volvió a suspirar, intentando expulsar ese dolor que le quemaba. Y sobre todo, tenía miedo, un miedo que le hacía sentir peor. ¿Y si por culpa del incidente había guerra entre clanes?.¿Y si la estabilidad que empezaba a lucir, como una débil luz entre las tinieblas, desaparecía de un fogonazo? Miles de preguntas inquietantes sin respuestas mareaban a la joven kunoichi.
"Necesito a alguien. Alguien en quien refugiarme, alguien con quien compartir mis miedos, alguien con quien desahogarme…"
Pensó en Kurenai. Su profesora y mayor confidente se encontraba ahora mismo durmiendo pacifícamente, tal vez levantándose de vez en cuando para velar por la criatura que dormía, en un mundo de sueños y fantasías, sin preocupaciones, cerca de su cama. Se preguntó cómo había soportado Kurenai el dolor de perder a Asuma.
Pensó en Shino y en Kiba. Shino era una persona callada, pero sabía escuchar y estar ahí para sus amigos. Sin embargo, el clan Aburame no era simpatizante de la jerarquía Hyuuga y, además, debían de callarse ante otros clanes. Sólo los clanes Inuzuka y Akimichi eran partidarios del clan Hyuuga puesto que tenían negocios o viejos matrimonios en común. Por eso Chôji y Kiba habían sido elegidos para ir a buscar a Neji. El resto de los clanes, o eran demasiado poco importantes para tener actividades económicas o políticas de peso o habían sido partidarios del clan Uchiha. "Tal vez ahora sigan siéndolo, puesto que Uchiha Sasuke volvió" pensó la kunoichi.
Hinata se preguntó qué tal habría ido todo. Puesto que tenían que ir a pie, aún les faltaría una hora al grupo para llegar a la vieja casa de la playa del clan Hyuuga.
Entonces¿quién podría consolarla en esos momentos? Se sentía tan sola…
Entonces, como una respuesta del cielo, sus pupilas blancas se fijaron por casualidad en la espesa arboleda del jardín, donde una figura andaba entre la cuidada vegetación del jardín, y todas sus preguntas encontraron un lugar donde refugiarse hasta hallar respuesta.
Naruto, con el pelo revuelto y su sonrisa radiante de siempre, avanzaba hacia ella a paso ligero.
Aunque Hinata ardía en ganas de llorar y desahogarse, no quería ser más débil de lo que ya era. No quería dar una mala imagen. Era hija del clan Hyuuga. ¿Cómo iba a llorar? Sin embargo, se preguntó si podría no ser ella misma frente al rubio. Él era la única persona que le entendía y con la que se sentía a gusto, a pesar de que durante muchos años se había sentido terriblemente avergonzada cuando coincidían en un pasillo, en una calle, en un lugar.
Naruto caminaba a paso ligero pero con cuidado. No quería perturbar a Hinata. Su rostro pálido y sereno era traicionado por la perturbación que se veía en sus preciosos ojos, y se preguntó cómo se sentiría Hinata.
Al llegar junto a ella, el chico se paró, sin saber qué hacer. Ella examinaba su rostro, como intentando vislumbrar algo. El chico sonrió, entre nervioso y contento.
-Buenos días, Hinata- le saludó.
-Hola Naruto…- saludó la chica, fijando la vista en el suelo. Hinata encogió las rodillas hasta la altura de la barbilla, y el kimono azul con bordados plateados quedó desparramado en torno a la chica.
"¿Dónde está el "-kun"?" pensó, desilusionado, el rubio.
-¿Qué haces levantada tan temprano?- dijo el chico, por sacar tema de conversación.
Naruto se fijó en que, a pesar de su buen aspecto, había unas pequeñas arrugas entorno a los ojos de la chica.
Naruto sabía que Hinata estaba enfadada consigo misma y preocupada por el destino de Neji. Algo en su interior le dijo que eso era injusto, que ella no tenía por qué pagar las consecuencias de las decisiones del clan.
Respiró fuertemente, intentando controlar esa rabia que le inundaba cuando veía a alguien sufrir innecesariamente. Y más si ese alguien era Hinata.
El chico se sentó junto a la muchacha. Las gotas de rocío que pendían de las hojas le empaparon el cabello.
-Hinata… ¿te apetece dar un paseo?- preguntó.
La muchacha quedó callada. La chica no se sentía con ánimos de paseos, se sentía demasiado triste, pero pensó que andar le despejaría un poco la cabeza y haría que se olvidara de Neji, de sus remordimientos y de los problemas del clan.
-Está bien…-dijo la muchacha.
Naruto se levantó, con su sonrisa radiante de siempre, y tomó a Hinata de las manos y la levantó. Luego, tomándola de una mano, la guió por el camino que conducía fuera del enorme jardín.
Hinata seguía a Naruto por el camino, callada. El chico respetó su silencio mientras caminaban por las solitarias calles. Cuando habían cruzado varias calles, se paró y le dijo a Hinata, con un brillo de alegría en los ojos:
-Voy a llevarte a un lugar muy especial.-
Y ambos siguieron caminando, Naruto esperanzado de alegrar a la chica y Hinata con curiosidad de saber adónde la llevaba.
Entonces, Hinata comprendió adónde la llevaban. Cerca de ellos, elevada sobre Konoha, se encontraba la imponente montaña donde estaban esculpidos los rostros de fría piedra de los Hokages, antiguos líderes de Konoha.
Naruto y Hinata subieron la estrecha y empinada escalinata que conducía a un enorme cenador, donde se podía contemplar toda Konoha y sus alrededores.
Naruto condujo a la chica hasta un banco. Los dos se sentaron. Durante unos segundos, nadie habló. Hinata contemplaba con aire ausente la multitud de casas silenciosas, salpicadas de luz y sombras a esas horas de la mañana, y Naruto, mientras pensaba con tranquilidad las palabras que iba a decirle a Hinata, contemplaba el rostro de piedra de Yondaime. Entonces, comenzó a hablar.
-Hinata...-comenzó. La chica miraba al suelo, pero asintió, dándole a entender que le escuchaba.- Sé que es difícil pero…no puedes rendirte ni dejarte llevar por la tristeza. El clan Hyuuga necesita ahora una líder que sea fuerte en estos momentos en que su existencia pende de un hilo. Hablé con Tsunade y están haciendo lo imposible para que los demás clanes no sepan nada sobre la desaparición de Hyuuga Neji. Tsunade ha dicho que lo ha mandando a la Arena en una misión, así que nadie sospecha nada en los cuarteles ANBU.-
Hinata habló despacio.
-El brazo del clan Hyuuga es un brazo poderoso…llega lejos. No habrá demasiados problemas al tapar la desaparición. El problema es el interior del clan. No sólo tememos por Neji y su protección. El problema es la esperanza…-la voz de Hinata se suavizó.- El clan original se fragmentó en el clan Uchiha y el clan Hyuuga, y ambas partes estuvieron enfrentadas durante mucho tiempo por el control de Konoha, y no hay dos técnicas de línea sucesoria más fuertes que las dos. Y luego llegaron el Bouke y el Souke, los sellos, los castigos, los extremos entrenamientos y el régimen firme y autoritario que el jefe del clan imponía como yugo a los demás miembros… y nadie intentaba cambiar nada, porque no hay clan más reacio a los vientos del cambio que el clan Hyuuga…pero entonces, nació Neji. Nunca nadie tuvo semejante don del Byakungan, y el hecho de que era de la rama secundaria hizo que naciera la esperanza en el clan. Konoha se enfrentaba a duros problemas: Orochimaru, Akatsuki…etc. Y, tanto si los afrontábamos como si no, Konoha estaría viviendo una nueva etapa. Y con ella, el clan Hyuuga. Entonces tendrían que elegir a un gran líder que sucediera a mi padre. Estaba yo en la línea pero…-la mirada de Hinata se perdió en un oasis de tristeza y luego, recobró firmeza-…nunca fui lo suficiente dura ni fuerte como para agradar a mis mayores, y decidieron que Neji le sucedería. Pero los clanes podrían aprovecharse. Y además, los miembros más conservadores y extremistas del clan no estaban de acuerdo. Así que intentaron hacerlo todo sin alarmar mucho. Me pusieron de cebo. ¡La nueva heredera! Pero en realidad me sentaba en un trono vacío, todo era una mentira…el clan Hyuuga se basa en mentiras. Teníamos que intentar salir de esos problemas…teníamos…que luchar por intentar sobrevivir. Cambiar o morir, pues las ideas del clan ya no tenían suficiente poder en el Consejo, ni se ajustaban a la forma de pensar y vivir de la Godaime… pero ahora Neji no está, y el clan Hyuuga se ha quedado sin líder y sin esperanzas…y esto puede traer problemas a Konoha con la guerra de clanes, algo que ya sabes…-
Naruto había permanecido durante toda la explicación callado, observando a la chica en silencio. Luego, comenzó a hablar.
-Me has hablado de las esperanzas que el clan Hyuuga tenía sobre Neji. Me has hablado sobre el origen y problemas del clan, algo bastante acertado. Pero el final de la narración has errado en algo: el clan Hyuuga aún tiene un líder. Seas un títere o no, ahora mismo tú eres la única esperanza del clan. Si todos sus miembros se desmoronan, si todos luchan entre sí, nadie conseguirá nunca la paz. Por derecho propio eres la heredera y como Neji no ha llegado a ser reconocido oficialmente como líder. Debes de intentar conseguir tú resultados. Están buscando a Neji, pero nadie asegura que vaya a…volver pronto. Y entonces, entonces el clan te necesita. ¿No hay ninguna manera de que los miembros conservadores del clan puedan aceptar a Neji como líder, a ti como líder?- preguntó Naruto.
La chica estuvo durante un rato callada.
-Hay un juramento…un juramente tan antiguo como el clan Hyuuga. Cuando el clan se dividió en el Bouke y el Souke, todos los Hyuuga, por temor a que el jefe del clan les castigara, hicieron un juramento que aún hoy en día nadie sabe cómo romper, un juramento sellado con nuestra sangre, que obliga a que todos los miembros del clan acepten como líder a la persona indicada…si ésta consigue vencer a todos los miembros que se opongan a él en combate.- murmuró la chica.- Neji aún no era suficientemente fuerte, por eso me pidieron que durante unos cuantos años más, lo suficientes para que Neji desarrollara su enorme potencial con el Byakungan, yo desempeñara el papel en el Consejo y en el clan, junto a mi padre. Por eso sabemos que no fue nadie del clan Hyuuga quien secuestró e hizo daño a Neji. No pueden desobedecer a mi padre, y él dijo que nadie podía hacer daño a Neji, a pesar de que no lo aceptaran como líder.- dijo ella.- Por eso, si Neji…no vuelve…no podremos hacer nada. Los otros miembros jóvenes del clan no son suficientemente fuertes para vencer a los grandes del clan Hyuuga, los conservadores y más antiguos miembros…y yo tampoco lo soy.- murmuró la chica.
No era precisamente lo que le hubiera gustado decirle a Naruto, pero era la verdad. Hinata se mordió el labio inferior, conteniendo las lágrimas, y decidió que ya había pasado demasiado tiempo fuera de casa. Tal vez ya habían llegado noticias del grupo de búsqueda. Y el clan se preocuparía si la heredera desaparecía…además que verla sin escolta por ahí llamaría la atención de los otros clanes.
Se levantó y se dirigió hacia las escaleras, pero en ese momento una mano agarró con delicadeza la suya.
-Hinata…-murmuró la voz de Naruto.-…no vuelvas a hablar nunca así de ti.-
La chica se volvió, sorprendida. Naruto le miraba con esa expresión extraña en su rostro, con una sonrisa tímida en su boca y tristeza en los ojos.
-Tú no eres débil…eres una gran persona y puedes llegar muy lejos como ninja. El clan te necesita, y si tienes que enfrentarte a todos ellos…pues te enfrentarás…porque ése es tu camino del ninja, y no puedes dejar que nada ni nadie haga bifurcaciones ni zanjas en tu camino…-su voz cobraba energía y sus ojos destellaban vitalidad y fuerza.- Prometí a Neji que no dejaría que el clan Hyuuga siguiera desangrándose, en los exámenes de Chunnin de hace muchos años…y tengo intención de cumplir esa promesa…los Hokages no pueden inmiscuirse en asuntos de los clanes, a menos que las cosas lleguen al punto de asesinatos y cosas así… pero yo aún no soy Hokage…además, Hinata…yo creo en ti. Sé que podrías hacerlo pero necesitas confianza en ti misma.- apretó su mano.- Voy a acompañarte a tu casa y te vas a cambiar de ropa. Nos vamos a entrenar. Necesitas tener fe, y si quieres mejorar como kunoichi… ¡yo te ayudaré! No tienes la culpa de lo que le ha pasado a Neji…pero estoy seguro de que la mejor manera de hacerle feliz…es ayudarle a cumplir con su cometido, y cuando vuelva, vea que su prima se ha convertido en una auténtica Hyuuga- el chico sonrió.- Hinata, nunca, nunca te rindas…-
Hinata sentía como las palabras de Naruto le llegaban al fondo del alma. Sintió como una súbita descarga de energía y el mal sabor de boca desapareció. Sintió cómo una extraña calidez fluía por su cuerpo, y de pronto sintió ganas de echarse a reír, sin motivo alguno.
La chica sonrió y sus mejillas se tiñeron de color rojo. Naruto vio, complacido, cómo la Hinata que conocía y de la cual se había enamorado, la chica tímida que se esforzaba por cumplir sus metas, volvía a asomarse en esos ojos plateados.
Durante unos segundos que parecieron una eternidad, los dos se miraron a los ojos. Entonces, el viento les trajo el aroma del pan recién caliente y las primeras tiendas que abrían sus puertas. Konoha comenzaba a llenarse de gente, de ruido, de vida.
Los dos chicos, como si se hubieran puesto de acuerdo, bajaron rápidamente las escaleras hacia la ciudad recién despierta, y por un momento incluso los rostros de piedra parecieron sonreír.
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Un animal del bosque escarbaba en el suelo rápidamente, levantando la tierra junto a unos matorrales. Recordaba vagamente haber dejado ahí unos cuantos frutos secos, y necesitaba recogerlos para alimentarse.
Entonces, su agudo oído captó la llegada de alguien. Rápidamente, dio un ágil salto y se escondió entre las ramas de los árboles, justo a tiempo para evitar a varias figuras borrosas que, dando saltos arriba y abajo, se desplazaban rápidamente por el bosque.
Kiba iba delante, olisqueando el aroma. Sus pies apenas rozaban la tierra y ya se elevaban por encima de los árboles, con un enorme Akamaru a sus espaldas.
Entonces, el chico, evitando varios árboles, giró la cabeza y dijo al grupo de ninjas que iban tan sólo a unos pasos detrás de él:
-¡Ya estamos llegando! Ya me llega el olor a mar desde hace una media hora.- anunció.
Los ninjas asintieron y continuaron con su camino. De pronto, un estruendo resonó en el bosque.
-¿Qué ha sido eso?- dijo Tenten, agarrando instintivamente su kunai.
Shikamaru hizo un ademán perezoso.
-Nada, Chôji, que no ha desayunado y su estómago reclama mimos.-
Sakura y Tenten miraron a Chôji con reprobación, como si el chico tuviera la culpa de que su estómago no captara la emergencia de la misión.
-Lo siento.- se disculpó.
Ambas chicas suspiraron y entonces, Akamaru dio varios ladridos de alegría.
Al norte se recortaba el comienzo de una enorme llanura de color azul vívido. Ya se comenzaba a ver el mar.
Shikamaru sonrió, y decidió comenzar a despertarse por si tenía que improvisar alguna estrategia. Iban de momento a una misión de exploración pero nunca se sabía.
Delante iba Kiba, que tenía un gran olfato, y Akamaru. Luego iba Sakura, seguido de Shikamaru. Detrás de Shikamaru iba Chôji y detrás, Tenten.
A los cinco minutos dejaron la espesa arboleda detrás y a los diez minutos, los chicos habían llegado a la enorme casa de madera vieja donde los Hyuuga se retiraban de su estresante vida a disfrutar de días de sol, viento y salitre.
En la puerta de la casa, vestida con un sencillo kimono rojo con el símbolo Hyuuga bordado detrás, y el cabello recogido en un moño, esperaba la hermana menor de Hinata, Hyuuga Hanabi.
El grupo se dirigió rápidamente hacia ella, y se presentaron.
-Somos el equipo de exploración que Konoha manda para investigar la casa.- informó Shikamaru, líder del grupo.
Hanabi asintió y miró a todos, especialmente a Kiba, dado que al ser compañero y amigo de su hermana mayor era el rostro más conocido para ella.
-¿Dónde están los demás?- preguntó Tenten.
-Se encuentran en la cocina, desayunando. Supongo que tendréis hambre – Chôji asintió con la cabeza más fuerte de lo necesario – así que hemos preparado un buen desayuno. Pasad.
La chica hablaba con una suave voz y prácticamente se deslizaba por el suelo. Su rostro infantil, sus grandes ojos plateados y su melena azul le daban un aspecto casi etéreo.
El grupo subió los escalones de madera y cruzaron el pasillo. En una gran cocina de aspecto antiguo, Konohamaru, Moegi y Ukon estaban sentados, en pijama y con el cabello revuelto. En la mesa, había un juego de café con leche, huevos revueltos, tostadas de todo tipo y tortitas. Chôji suspiró y Akamaru dio un grito de alegría.
-¡Sakuuura-chaaan!- saludó Konohamaru, ruidosamente, y corrió a abrazar a la kunoichi.
-¿Qué tal, Konohamaru?- sonrió la chica, revolviéndole el cabello.
-Nos hemos quedado a acompañar a Hanabi, que está muy triste por la desaparición de su primo.- susurró el chico. – Pero ahora no es momento para hablar de eso¡hay que desayunar!
Sakura asintió. Aunque la misión era importante, llevaban toda la noche sin dormir y sin hacer ni una sola parada para llegar a tiempo y necesitaban comer algo. Un montón de ninjas desfallecidos no servían para nada.
Todos se sentaron a comer. Mientras todos se servían, Hanabi arrimó su silla a la de Kiba, que daba trocitos de tortitas bañadas en sirope de fresa a Akamaru.
-¿Qué está sucediendo en Konoha? – Murmuró la chica.- ¿Pasa algo malo con mi clan?
Kiba se sirvió un poco de leche y contestó:
-No lo sé, Hanabi. No he hablado con Hinata. Nada más llegar las noticias de la desaparición de Neji Hyuuga, fuimos inmediatamente mandados a venir hacia aquí y peinar la zona. Sin embargo, ya sabes lo cuidadosos que son en tu clan. – dijo el chico.
No le apetecía hablar de Neji; no era el miembro del clan Hyuuga que más aprecio tenía, aunque no le deseaba ningún mal y sabía que la desaparición de él dañaba mucho a Hinata y a Hanabi.
-El clan Akimichi ha prometido guardar silencio y ocuparse de que nadie haya abierto la boca, al igual que el clan Inuzuka – intervino Chôji – y además, han tapado muy bien la desaparición de Neji. Pero la situación interna del clan es algo que nadie puede saber…supongo que todos estarán preocupados.-
Hanabi asintió. "Menos el lado conservador…tendrá que estar que trina de alegría", pensó. "Neji debió haber sido hijo de mi padre…"
Al finalizar el desayuno, mientras Hanabi y Konohamaru fregaban los platos, el equipo ninja estuvo realizan la búsqueda en toda la casa.
Buscaron huellas, olores, pedazos de tejido, de todo. Examinaron la zona donde se había llevado la lucha, incluso analizaron si quedaban rastros en el ambiente de algún genjutsu utilizado con anterioridad. Nada.
Volvieron a rebuscar en toda la casa, usando al máximo sus habilidades.
-No hemos encontrado absolutamente nada…tan sólo un par de muebles destrozados, un cabello con el ADN de Neji y poco más.- murmuró Tenten, fatigada.
En ese momento, Moegui entró con una bandeja de limonada fresca para el agotado equipo.
-Deberíais descansar. No habéis dormido nada. Necesitáis estar frescos para cuando haya que hacer la expedición por los alrededores.- comentó la chica.
Sakura asintió.
-Debemos descansar. Mi cantidad de chakra empieza a debilitarse y estoy que no puedo acarrear ni mi alma.- murmuró.
Shikamaru asintió.
-Venga, chicos, cada uno a la habitación que se le ha asignado.-
Shikamaru, Chôji y Kiba dormían en la planta intermedia, en la habitación que había al lado de Konohamaru y Ukon.
Tenten y Sakura dormían en la misma habitación que Moegui, a pocos pasos de ellos. El sol se alzaba, como una enorme bola de fuego, en el cielo azul y el mar lanzaba destellos cegadores. La playa, de arena ardiente, estaba sola y tranquila. Sin embargo, los chicos no se pararon a contemplar el paisaje. A pesar de ser mediodía, decidieron echarse una siesta.
-Os llamaremos para la hora de la comida. Íbamos a ir a la playa pero creo que lo mejor es permanecer en la casa.- dijo Konohamaru.
Los chicos eran ya Chunnin y sabían defenderse. Pero la persona que les había atacado era alguien mucho más fuerte que ellos. Capaz de haber apresado sin apenas mucho esfuerzo a Hyuuga Neji y su Byakungan.
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Tsunade estaba, como siempre, rellenando informes y preparando los pagos de las misiones realizadas cuando llamaron suavemente a la puerta.
-¡Pasa!- dijo la Godaime.
La puerta se abrió y un ninja alto, de mirada afable, la bandana de Konoha ladeada y cabello de color gris entró en la sala.
-¿Qué noticias hay, Kakashi?- preguntó la kunoichi.
-Yamato y yo hemos estado examinando los movimientos de los clanes contrarios al clan Hyuuga. Sin embargo, parece que no hay sospechoso. Sai también nos ha ayudado, tiene buenas relaciones con el clan Yamanaka, y Lee y Gai también han cooperado, pero ninguno de los tres ha podido captar nada. Sin embargo, aquí te traigo informes, por si tú sabes algo.- respondió.
-Kakashi…-murmuró la Godaime- ¿No tienes ni idea de quién ha podido hacer eso?
El ninja negó con la cabeza.
-Tsunade-sama…Konoha ha sufrido mucho. Todos estamos luchando por seguir adelante. Sin embargo, teniendo en cuenta lo reacios que son en el clan Hyuuga para los cambios, cualquier clan con ganas de poder, con ganas de tener ahora en esta nueva etapa más autonomía y control en la ciudad, podría haber intentado atentar contra Hyuuga Neji. Pero nadie ha podido saber que él era el favorito para ser el nuevo líder del clan…así que hay algo que no encaja. Probablemente, los clanes no cuenten sus secretos entre ellos. Si hubiera una alianza entre varios clanes contra el clan Hyuuga, sería demasiado cantoso para ser capaz de ocultarlo y el clan entero iría a por la alianza y la machacaría. Y siempre cabe la posibilidad de la traición. No, quien esté haciendo esto actúa solo. Y tiene que tener muchos medios para enterarse de la política de los clanes.- explicó Kakashi.
Tsunade asintió, pensativa. Lo que le decía el Jounnin era algo que ya se le había pasado a ella por la cabeza.
-Bueno, esperemos a que el grupo de búsqueda haya vuelto con pistas. Si no encuentran nada, no tendré más remedio que apartar el caso durante un tiempo. Konoha tiene demasiados problemas ahora y hurgar más en la herida sería fatídico, pues podría llamar la atención. He dicho que Neji ha sido enviado junto a un grupo de ninjas de la Arena a una misión de unos cuantos meses, de rango S, así que no creo que nadie vaya a preguntar ni husmear en nada…mientras tanto, el clan Hyuuga tendrá que volver a sus tareas como clan y a su política. Mientras Hiashi sea el líder, no va a pasar absolutamente nada.- murmuró Tsunade.
Kakashi asintió. Fuera lo que pasase, no podían permitirse una guerra civil en Konoha.
-Bien…seguiré igualmente investigando en mi tiempo libre.- comentó el antiguo sensei del equipo 7.
-De acuerdo…-murmuró Tsunade.
Unos rápidos pasos se acercaban al despacho del Kazekage de la Arena. Un chico alto, de complexión fuerte, cabello castaño y extrañas marcas moradas en las mejillas iba con expresión hosca atravesaba rápidamente el pasillo principal del edificio del Kage. Los centinelas que había apostados a intervalos se separaban a su paso.
El chico frenó, abrió la puerta y entró al despacho donde, como de costumbre, el Kazekage se encontraba sentado, leyendo sus papeles.
-¡Gaara!- llamó.
Gaara miró inquisitivamente a su hermano mayor, Kankurou, y sonrió, gesto extraño en él.
-¿Ya has llegado de tu misión?- preguntó.
Kankurou asintió.
-Nada. Ni rastro del bastardo que robó esos pergaminos. Hemos buscado por todos lados y no hemos conseguido absolutamente nada…y lo más desconcertante es que no hay signos de cómo esa persona pudo entrar en la Cámara Acorazada…los centinelas no recuerdan nada de que nadie haya entrado, sin embargo, esos pergaminos han desparecido.-
Derrotado, el chico suspiró y se dejó caer pesadamente sobre un mullido butacón. Su hermano lo observaba atentamente, con una expresión indescifrable en su pálido rostro.
-Esos pergaminos iban a ser estudiados dentro de un año por el Comité Nacional de Medicina…tienen tratados muy valiosos de medicina, genética…una verdadera joya de la ciencia. Y sobre todo, esos pergaminos guardan el mayor arte de la Arena, el del marionetismo…-suspiró otra vez.- Aunque tenga que recorrer todo el desierto de Suna, pienso encontrar esos pergaminos…-
Durante un rato, los dos hermanos permanecieron en silencio, Gaara mirando a través de la ventana, el sol del mediodía jugando con los reflejos de sus cabellos de fuego, su hermano meciéndose en la butaca. Finalmente, Kankurou habló:
-Por cierto, he ido a hablar con Temari. Dice que anoche te buscó porque teníais que ir a cenar con no sé quién, un comerciante que quería hacer negociaciones con la Arena, pero no te encontró. ¿Dónde te habías metido?-
Gaara miró a su hermano, y durante un momento Kankurou creyó ver una expresión extraña en sus ojos, pero al segundo siguiente todo volvió a ser normal. Una ilusión óptica, quizá.
-Estuve dando un paseo por los jardines…aclarando ideas, ya sabes. Esto de ser Kazekage a veces estresa, y volver a respirar el aire de la noche en el desierto es una verdadera bendición.-
Kankurou asintió y se levantó.
-Tengo que ir a deshacer el equipaje, y esta tarde tengo que reunirme con Temari para tratar algunos asuntos, ya te diremos, así que quiero bañarme y descansar un rato. Nos vemos en el almuerzo. Esta vez no quiero escaqueos ni paseítos, hace tiempo que no comemos los tres juntos- sonrió.
Gaara también sonrió.
-No te preocupes, allí estaré.-
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La lluvia que caía del cielo gris y encapotado rebotaba sobre las sucias calles y el acerado mugriento. Los edificios grises, conectados por cables y antenas, parecían llorar cuando las gotas se deslizaban por las paredes.
Una figura encapuchada y empapada avanzaba rápidamente por una calle desierta, trepando por las ventanas traseras para evitar ser visto. Un gato maulló y acto seguido hubo una pelea de gatos callejeros.
La figura encapuchada se deslizó hacia un callejón oscuro. Un montón de cubos de basura a rebosar se apilaban en una esquina, junto a una escalera metálica y oxidada.
La figura subió las escaleras y abrió la puerta con una llave herrumbrosa.
El edificio estaba oscuro y no se podía ver absolutamente nada. Sin embargo, la figura se movía en un ambiente conocido.
Bajó unas escaleras hasta un sótano. Un charco de agua se había formado debajo de una grieta donde caía agua. La humedad se adhería a la piel de manera incomodad y el ambiente era pesado, vicioso.
La figura anduvo hacia una segunda, que se encontraba en el suelo, sobre unos sellos dibujados en las baldosas, formando kanjis y símbolos extraños, que parecían relucir un poco en la penumbra.
La figura comprobó que las cadenas absorbentes de chakra que ataban las muñecas y los tobillos del cuerpo inconsciente estaban en perfecto orden.
Entonces, se sentó en una silla que había junto a la figura, tomó una carpeta que había en el asiento y sonrió.
-Tú y yo vamos a conseguir muchas cosas juntos, muchacho.- dijo, observando cómo las cadenas le dejaban a Hyuuga Neji el chakra suficiente para sobrevivir.
Bien pues éste es el cuarto capítulo n.n el fic promete ser largo y estoy produciendo ideas a montones, así que esto puede salir por cualquier cosa xD desde luego, menuda paranoia que estoy montando…bueno, si os gustó dejad reviews please y bueno, disculpad la mala presentación pero aún soy demasiado primeriza con esto de subir y todo eso...
