A diferencia de lo que esperaba ver, su hija no estaba en la sala; pero si lo estaban Trunks y Vegeta con sus miradas lo decían todo, exigían una explicación, una buena, que les aclarara quien era ese sujeto, que quería, como era posible que ella fuera la única que no se preocupo cuando raptaron a Bra, era como si ella supiese lo que pasaría; pero se negara a compartirlo con ellos.
-Al fin llegas- el príncipe estaba al lado de la ventana de la sala, con su expresión impávida, de brazos cruzados y su porte varonil que no perdía aun con el paso de los años.
-Si tanto necesitaban localizarme- contesto mientras se sentaba en uno de los muebles- pudieron llamarme al celular
-Lo tienes apagado- le esgrimo su hijo, sentando frente a ella, con los codos sobre las rodillas y las manos entrelazadas, compartía esa misma forma de mirar que su padre, tan fría y penetrante.
-¿Dónde esta Bra?
-Ahora si te interesas por ella- le dijo el príncipe con ironía
-¿Dónde esta?- insistió Bulma sin tan siquiera inmutarse, no deseaba pelear
-Arriba en su habitación, no quiere salir de ahí, solo quiere que la dejen pensar…eso fue lo que dijo-contestó Trunks, ella entendió el significado de esas palabras, Bra tenía ese enredo de emociones que ella misma tuvo siendo una adolescente también, entre el sentido de protección, la empatía¿amor? Un amor distinto; sin saber en que forma, solo que era diferente –mamá- le sacó Trunks de sus recuerdos, de la primera vez que vio a su remoto descendiente- queremos saber todo
-¿Todo de que?
-De él, de McKee- pronunció su nombre con un halo de resentimiento que a Bulma le dolió en cierta manera; pero para Trunks, él tenía derecho de hablar de esa manera, era el hombre en cuyo pensar se le iba la noche, era quien una vez quiso matarlo y recientemente raptó a su hermana poniendo en peligro su vida, no entendía porque su madre tomo ese rostro sombrío cuando dijo su nombre con desden…¿Quién era Trevor McKee para merecer que su madre lo reprendiera con esa mirada dura?
Capitulo 7- Nunca me olvides, Nunca me perdones
-Tengo frió- Cuatro años, habían pasado cuatro eternos años desde la última vez que hizo un fallido viaje en el tiempo, desde la noche en que se puso a pensar en que tenía que conseguir los planos de la maquina del tiempo si no quería ver muerta a Bulma Brief en manos de la sádica Kay Fisher. Fallar en esta ocasión equivalía a entregársela para que dispusiera de ella como le diera la gana, posiblemente con una muerte lenta y escalofriante…no…a ella jamás la tocaría, haría hasta lo imposible para conseguir esos planos, había trazado un plan: buscar a Bra y raptarla, incluso pidió los mapas de cómo lucia el mundo antes de la liberación del monstruo y decidió que el punto de entrega sería la villa de los hongos gigantes, justo al centro, donde, según las fotografías, estaba el hongo más grande de todos que permaneció ahí por varios siglos antes de la llegada de la bestia, bajó él, a seis metros de profundidad enterrarían los planos y todo lo relacionado con la maquina del tiempo, él estaría cerca vigilando con Bra dormida a su lado gracias a ese preparado de insulina ultrarrápida que tenía que inyectarle con cuidado, ya que, en exceso, podría llegar a matarla. –Tengo frío- repitió a unos oídos sordos, solo importaba que él buscara los planos, la información sobre la maquina del tiempo. Llevarlo en algún momento entre los años 768 y los años finales de Bulma Brief.
Este sería el quinto viaje, todo comenzaba a prepararse, la micromáquina del tiempo estaba siendo sincronizada con su control cronológico, McKee no sabía como funcionaba, solo que ese artefacto del tamaño de un ladrillo era el que hacía funcionar a la micromáquina que llevaba injertada en el pecho. Su presión arterial, sus latidos, su temperatura e inclusive sus ondas cerebrales eran monitoreados antes de mandarlo a su misión.
Tenía que estar tranquilo, era parte vital de una vasta lista de instrucciones, estar totalmente calmado, con la mente en blanco y los ojos cerrados. En ese momento solo podía hacer lo último, lo demás le era sumamente difícil, no podía dejar de pensar, una y otra vez, en el destino de Bulma Brief si no conseguía esos planos, le llenaba de rabia pensar que le dieran la misión a Kay Fisher.
-Tranquilízate- ordeno unos de los "astronautas" con su voz que sonaba metálica y profunda por el efecto de ese horrible casco polarizado- tu ritmo beta ha ascendido a 90 Hertz, alteraras la maquina si sigues así
-…No le entiendo- dijo confundido por palabras que nunca en la vida había escuchado
-Significa que estas estresado, y eso puede afectar severamente a la maquina del tiempo, tienes que calmarte o puedes causar severos daños al mecanismo- le increpó con severidad. Calmarse, tenía que guardar la compostura, esta misión iba a salir a la perfección, la vida de Bulma Brief estaba de por medio- Así es mejor, ha bajado- se interno en un mundo en blanco, donde ni siquiera él existía, un mundo que carecía de forma, solo era la nada- cambió a ondas alfa 12 Hertz, es momento de iniciar sincronización- un mundo en paz, sin dolor, sin sufrimiento, sin misiones, un mundo que talvez fuera una alusión a la muerte- sesenta y ocho latidos por minuto, presión arterial en 100 sobre sesenta- voces metálicas que hacían eco en una cabeza libre de pensamientos, libre de sentimientos y resentimientos, libre…era libre - no hay problemas de recepción, la señal es fuerte y clara…Trevor, levántate- automatizado, como si fuera un robot, obedeció, se incorporo de la camilla aun con todos esos aparatos monitorizando su corazón, su presión y sus ondas cerebrales, aun con la mente en blanco. Los astronautas le quitaron aquellos artefactos y señalándole una muda de ropa sobre una mesa le pidieron que se vistiera.
Era ropa liviana, un pantalón de mezclilla azul oscuro, una playera blanca y una chamarra destintada casi gris oscura, al parecer en algún momento fue negra. Fue cuando se puso la chamarra que noto algo que no debería de estar ahí, rompía con las normas de seguridad, era producto del descuido de alguno de los astronautas, una caja de fósforos que yacía por debajo de esa mesa de acero, a Trevor se le hacia conocida, se agacho a tomarla, tenía la foto de unas montañas y al abrirla se encontró con cerca de 50 fósforos. Era la misma caja que conservo todo ese tiempo y siempre llevaba consigo, la que Smith le arrojó con odio en su primera misión, lo único que la diferenciaba era que estaba completamente llena y la que guardaba en el bolsillo de su pantalón estaba completamente vacía. Decidió quedársela por eso, por estar llena, la guardó en uno de los bolsillos de su pantalón sin decir nada a los astronautas, de hacerlo se la quitarían sin discusiones; en su lugar, dejo la vacía por debajo de la mesa tan sigilosamente como pudo.
Le mandaron a pararse en "el lugar de lanzamiento" mientras los astronautas continuaban captando y asegurando alguna señal de la cual no tenía ni la más mínima idea de que significaba o que era en realidad.
Con la foto de las montañas regreso el recuerdo de Smith, el odio que tuvo que tragarse, las humillaciones, el dolor, la risa sarcástica y burlona, las amenazas, los golpes, las patadas, las costillas rotas, los moretones, la sangre, su rostro rojo y energúmeno pregonando su venganza cuando él no había hecho nada, era ahora él quien quería vengarse, sus ojos se llenaron de odio, su cuerpo se estremecía clamando la venganza por todo lo que ese hombre tan adverso le hizo.
-Comenzando…debes de aparecer entre los años 777 y 780, en ciudad del oeste, aquí esta el estuche con las capsulas que contienen las inyecciones de insulina ultrarrápida por si te enfrentas a un saiyajin- venganza, todo era claro, si tenía algo que cumplir era resarcir su orgullo herido, su misión ya no solo consistía en encontrar los planos y eliminar a los saiyajin de la línea Brief, se impuso otra: vengarse de Isaac Smith-…¡Cálmate!- no se necesitaba ningún aparato para saber que Trevor estaba alterado, el temblor de su cuerpo y su profuso sudor lo delataban- ¡Tranquilízate, vas a afectar la maquina!...¡detengan!...¡el viajero tiene una crisis!- gritó uno de esos astronautas desesperado, corriendo hasta el otro que sostenía el control; pero ya era tarde, aquel dispuso todo para mandar al viajero al pasado, no podía detener la transmisión.
Era un 31 de diciembre del 765 y él tenía que trabajar, que más hubiera querido que celebrar el cambio de año al lado de su esposa; pero el deber era primero. Esa tarde se puso su nuevo uniforme azul, lustro sus zapatos negros y le saco brillo a su placa. Le tocó vigilar los barrios bajos de Ciudad del Oeste, un lugar peligroso que hasta el más fiero policía evitaba; pero no él, ordenes eran ordenes y tenía que obedecer, además era un representante de la ley preparado en todo tipo de defensa personal, no tenía porque preocuparse de nada, con esa actitud, su conducta intachable y pasando un examen pronto sería detective como su padre.
Isaac Smith, estaba decidido a seguir sus pasos, descendía de una larga línea de ascendientes que habían dado su vida para servir y proteger, todos ellos fueron policías, su padre fue el primer detective en la familia y el sería el segundo, era casi un hecho.
Preocupada por aquel peligroso lugar, su esposa le rogó que tomara todas las precauciones posibles.
-No te preocupes- le dijo antes de salir de su casa, tratando de sosegarla- los maleantes no se meten con uno si tú no te metes con ellos, no pretendo hacerlo, a menos que causen disturbios…estaré bien, sabes que no me gusta meterme en problemas de ese tipo- su esposa se tranquilizo, era cierto, su marido no era un hombre violento, era de carácter amable y templado, podía confiar en que estaría bien.
Encapsulo la patrulla y decidió caminar por el lugar, al menos no era el único policía, eso lo tenía tranquilo, miraba con lastima tanta miseria, hombres durmiendo bajo periódicos en calles sin salida, niños buscando comida en los botes de basura, mujeres que disimuladamente se vendían al mejor postor en las puertas de sus casas, aunque quisiera no podía detenerlas, estaban dentro de su propiedad privada donde podían hacer lo que quisieran. Mirando tan escabroso paisaje siguió caminando hasta llegar al centro del barrio, le extraño ver a un hombre de un poco más de treinta años que no parecía ser de los bajos barrios del Oeste, miraba por el escaparate de la vieja tienda de empeños un televisor encendido, vestía pantalón de mezclilla, playera blanca, suéter de tela viejo quizás alguna vez fue negro, estaba cruzado de brazos y se le notaba algo perturbado, se acercó a él para preguntar si podía ayudarle en algo, en lo que fuera
-10…9…8…7…6…5…4…3…2… ¡FELIZ AÑO 766!- apenas escucho aquello y estuvo a punto de darle un puñetazo al escaparate con tal fuerza que pudo haberlo destruido en miles de pedazos, mas su puño fue detenido por una mano que le paralizó por la muñeca
-Espera…la violencia no resuelve nada- viéndolo más calmado, el oficial Smith le soltó- ¿Por qué ibas a romper ese vidrio?
-Se equivocaron- dijo fuera de sí- ellos se…equivocaron…
-¿Quiénes?- pregunto Smith con interés
-…No importa- su voz se le hacía conocida, al igual que su rostro- ¿Te conozco?
-No lo creo, lo recordaría, tengo una memoria privilegiada- respondió el oficial con orgullo-…Anda a tu casa, hace frió y este es un lugar peligroso
-No tengo casa- y se cruzó de brazos con fuerza por una corriente de aire que parecía helarle hasta los huesos.
-Siguiendo esta misma acera, dos esquinas más hay un refugio para indigentes, puedes pasar la noche ahí y con suerte talvez tengan algo para que puedas comer- McKee se extrañó con aquel trato de ese hombre, era singular que alguien, sin incluir a Bulma, fuera amable con él, mucho menos se lo esperaba de un representante de la ley
-¿Cómo te llamas?
-Isaac Smith- y su nombre resonó en su cerebro a gritos, como si una multitud lo pronunciara a todo pulmón. Lo miro detalladamente, era él, más joven, con menos peso, sin ese poblado y espantoso bigote, ese era Isaac Smith, una bestia en potencia
-¿Isaac Smith?- tenía que asegurarse, talvez su mente jugaba con él
-Si… ¿Por qué?
-Solo me cercioraba si escuche bien, tengo un problema en el oído…iré al refugio que me dijo oficial Smith- y aquel sonrió amablemente- gracias- y mientras caminaba hacia ese refugio por algo de comer, todo su ser le exigía venganza, no importaba que este no fuera malo, ni que no le hubiera golpeado ni insultado, un día se convertiría en ese hombre funesto, esa noche iba a vengarse.
Eran casi las cinco de la mañana del primer día del nuevo año, en una hora más, Isaac estaría de nuevo en casa, sano y salvo
-Solo voy a la comisaría a dar un Informe y regreso a la casa - le llamó a pesar de ser las 5:10 AM porque sabía que su esposa no durmió en toda la noche, solía preocuparse por él cuando salía a la calle, al cerrar la puerta de la casa la dejaba con un presentimiento vago de que algo iba a ocurrirle; pero esa noche de año nuevo era aun más fuerte, era una seguridad de que algo malo le pasaría a su marido- deja de preocuparte, por favor- colgó, estiro los brazos hacia arriba y repentinamente sintió como era sacado violentamente de la cabina telefónica y arrojado con fuerza al piso, su mente se quedo estirando los brazos en la cabina telefónica, su cuerpo era el que sufría toda esa serie de golpes y patadas, finalmente Isaac Smith pudo reaccionar, pateo a aquel individuo al cual no reconoció en un principio, aquel hombre se fue de bruces contra el suelo, asustado y frenético, Isaac tomo la macana de su cinturón, la única arma con la que contaba, mas sus nervios lo traicionaron dejando caer la macana al lado de aquel sujeto, quien la tomó de inmediato, se levanto sin perder tiempo, y fue ahí donde lo reconoció, alto, de unos 30 años, con su suéter destintando, era el mismo hombre que vio frente el escaparate de la tienda de empeños.
-¿Por… qué?- fue lo único que pudo preguntar, con las palabras saliendo de su garganta con dificultad, con ese sabor a sangre que llenaba su boca, con el dolor que abrasaba todo su cuerpo, tan ardiente como si lo consumiera el mismo fuego- no te he hecho nada- y escupió sangre, su rostro era una masa inflamada y enrojecida, sus ojos se inyectaron en sangre; pero él no le contesto, le miraba colérico con la macana en la mano derecha, lo iba a matar…presentía que lo iba a matar, que el coraje que tenía en contra suya venía desde hacía mucho tiempo atrás, guardado por años y años.
McKee se dirigió hacia él golpeándolo con fuerza, tirándolo al piso, con la macana rompió sus costillas, golpeaba una y otra vez con saña, haciendo añicos cada hueso del tórax, pensando únicamente en la forma de hacerle sufrir tal y como él sufrió. Consumado en ese frenesí de violencia, Trevor alzó al malherido y semi inconciente Smith por el cuello de su camisa teñida de sangre, y le golpeo en la cara con un fuerte puñetazo, como si en él viera a los científicos, a Kay Fisher, al mismo Smith envejecido. Le arrojo contra la cabina telefónica rompiendo el vidrio al contacto y viéndolo ahí, tendido, indefenso, tratando de respirar, le pateo en la cara con tanta fuerza que le rompió la mandíbula
-No puedo olvidar nada de lo que me hiciste- dijo perdido en el éxtasis de su cólera, sin razonar que ese Smith en particular no le había hecho nada aun- ni un solo golpe, ni una sola patada, ni tu risa…así que ve lo que soy capaz de hacer. Nunca me olvides, soy Trevor McKee- y le dejo ahí a su suerte, sin arrepentirse de lo que hizo, de cualquier manera, Smith iba a convertirse en ese hombre cruel, altanero y bestial, solo le dio su merecido de una manera adelantara.
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Regresaba de ver a una vieja adivina que una amiga le recomendó, aun no podía creer lo que le dijo, que la esfera que encontró haciendo la limpieza en el sótano de su casa era parte de las siete esferas del dragón, que juntándolas todas e invocando a un dragón llamado Shen Long podría concedérsele cualquier deseo y que en realidad, su tan preciado deseo de encontrar un novio se haría realidad si salía en su búsqueda. No lo pensó más, estaba decidido ese mismo día prepararía todo para salir de viaje y buscar esas siete esferas, quería un novio para final de año y lo iba a conseguir. Incluso ya había comenzando a trazar en su mente los planos para construir un radar para encontrarlas. Ese mismo día lo tendría ya hecho, era toda una genio, se felicitaba a si misma mientras encapsulaba su aeromoto, miraba la esfera de dos estrellas preguntándose que aventuras le esperaban ahí afuera, en ese mundo que era totalmente desconocido para ella. Caminaba hasta la entrada de su casa sin despegar la vista de ese preciado tesoro cuando tropezó con otra persona… ¡le hizo tirar su preciada esfera el dragón¿Quién sería el imbécil que no se fija por donde iba? Alzó la cara y vio a un hombre como de unos treinta años o un poco más, tenía toda la pinta de ser un loco
-Ten más cuidado- gruño la joven- mira lo que hiciste…levanta esa esfera- él la miro extrañado, por un momento pensó estar frente a Bra; pero se dio cuenta que la corporación lucía un poco más modesta, que los vehículos se veían un poco más antiguos
-¿Eres Bulma Brief?
-Pues claro que sí- sonrió sin poder evitarlo, esta era, seguramente, la primera vez que ella le veía en toda su vida- y tú ¿Quién eres? Un pervertido que me sigue ¿o que?
-Solo pasaba por aquí- respondió tomando la esfera del pasto-pero me encerré en mis pensamientos, no me di cuenta en que momento llegue hasta aquí- y era cierto, para McKee no hacía ni unos minutos que caminaba por los barrios bajos de ciudad del oeste, y repentinamente sintió una vibración en el pecho, no podía creerlo, la maquina iba a cambiar de lugar o regresarlo a su tiempo; pero no había motivo, solo llevaba un día ahí de los 21 que restaban de energía, cual fue su sorpresa cuando apareció en un lugar tan similar al que apareció en su primera misión, camino tratando de reconocer en donde estaba o si al menos podía averiguar el año, pensando en eso tropezó con la adolescente Bulma Brief quien apenas iba a emprender su acérrima búsqueda de las esferas del dragón. Le dio la esfera naranja- si las juntas todas se te cumplen tres deseos
-No- contesto recelosa, temiendo que él fuera a hacerle competencia- se te cumple uno; pero ¿Cómo sabes?
-Creo que me confundí, mi madre me lo contó cuando era pequeño que si se reunían siete esferas salía un enorme dragón y cumplía tres deseos
- Es uno- murmuro, y le vio a los ojos, en ese momento experimento algo que no pudo describir sino hasta mucho tiempo después, como si quisiera protegerlo, cuidarlo… ¿Qué era eso?...no lo entendía y la confundía sobremanera- ni se te ocurra ir a buscar esas esferas porque no te daré la más mínima oportunidad- le guiño un ojo, de nuevo recobró su aplomo, fingiendo que él no le hizo sentir nada
-No te preocupes, no estoy aquí para buscar esferas- y se marcho de ahí, Bulma le miraba alejarse sintiendo una extraña lastima hacia él, ciertamente era la primera vez que lo veía; pero sentía que había algo conocido en él, algo familiar.
¿Era posible que esa adrenalina que le corría por las venas mientras golpeaba a Smith hubiese afectado a la micromáquina que llevaba en su pecho?
Fue un exceso de energía que recorría todo su ser y le hacia sentirse poderoso e invencible. Comenzaba a creerlo, esa energía había afectado a la pequeña maquina, brincaba a distintas fechas de un momento a otro, bien podía estar en el 743 como en el 753, al menos no se movía de lugar, no hasta ahora, no importaba el desvarió de fechas siempre aparecía en Ciudad del Oeste, se había encontrado a Bulma nuevamente al menos diez veces más, en todas ella le creyó un loco pervertido que venía siguiéndola desde la ocasión que la vio fuera de su casa con la esfera del dragón, incluso una vez hizo que su novio, Yamcha, lo persiguiera por toda la calle, al parecer acababan de regresar del viaje para juntar las siete esferas del dragón y este era su novio prometido por la adivina, casi lo atrapa de no ser porque corrió lo más fuerte que pudo y logro perderse de él, le ayudaba ser en parte un saiyajin.
Finalmente llego al año 780, frente a la Corporación Capsula, era de madrugada cuando, fatigado por todos esos cambios bruscos en el tiempo, colapso en el pasto. El jardinero lo encontró en el patio trasero, corrió a llamar a la jefa de la casa, Bulma Brief.
A pesar de tener 11 años sin verlo lo reconoció inmediatamente, era Trevor McKee
-Vamos, llévalo a la habitación de invitados- llamó al médico de la familia quien diagnostico un cansancio extremo.
Trevor despertó sin saber a donde estaba, los rayos del sol le pegaban en la cara, se sentó en la cama, era como si antes hubiera estado ahí, recordaba esa misma recamara; pero siendo un niño, y no estaba pintada de amarillo si no de azul, adornada con barcos de vela, porque a él le fascinaba el mar, además estaba llena de juguetes regados por todas partes; si…esa sería su habitación, o lo fue…no importaba ahora los detalles de tiempo, si no que estaba en la corporación una vez más. Escucho el llanto de un bebé… ¿Quién era ese bebé? Trevor salio de la habitación cauteloso, era la primera vez que salía de una habitación con toda libertad sin ser custodiado por un guardia o por un astronauta. Camino siguiendo el llanto del infante, mirando todo a su alrededor, era la corporación, recordaba los pasillos y las puertas de las habitaciones, eso no había cambiado en todo ese tiempo, aunque si había mucha diferencia entre la decoración que recordaba y la que tenía enfrente, aunque no distaba mucho de la que se encontró cuando trato de que obtener los planos tomando a Trunks por rehén. Se detuvo frente a uno de los espejos, hacia tiempo que no se miraba, lucia mas viejo desde la última vez que se vio, tenía 32 años ya.
-Trevor- escucho su voz, un poco más madura a la última vez que le escucho- ¿estas bien?- llevaba en sus brazos a una niña que al parecer tenía un año o estaba cerca de cumplirlo
-Si- contesto bajando la mirada hacia el piso, no merecía verla, no después de lo que hizo al amenazar de muerte a su hijo- ¿ella es Bra?- Bulma asintió, puso su mano derecha sobre la cabeza de su pequeña e involuntariamente retrocedió unos pasos, aun no superaba el recuerdo de McKee apuntándole a su hijo con un revolver. Él lo entendió, parte de su naturaleza humana que no había perdido del todo le decía que una madre protegiendo a su hija de un enemigo era de lo más normal.- Se va a parecer mucho a usted cuando sea grande
-¿La has visto ya mayor?
-Si…y es hermosa, tal como usted, algo voluntariosa; pero no le teme a nada- raptar a Bra, el planeo por 3 años, como secuestrarla y hacer que le llevaran los planos de la maquina del tiempo hasta la villa de los hongos gigantes; pero no sentía con el valor para hacerlo, no quería hacerle volver a pasar por el dolor de ver a un hijo en peligro una vez más, prefirió fracasar en su misión.
Tras acostar a su pequeña en la cuna, llevó a McKee a comer algo a la cocina, pasaba ya las 3 de la tarde y según le dijo había dormido por mas de dos días, demasiado para él.
-Dijo el doctor que estabas exhausto, mi jardinero te encontró en el patio, desmayado… ¿Qué hiciste para quedar en tal estado?
-No lo se, cuando me mandaron en este viaje por el tiempo hubo un problema; pero en realidad no se en que consistió, solo que afecto severamente la maquina, he estado cambiando de época todo el tiempo, normalmente llego a un año y lugar determinado y permanezco ahí por 21 días, pero esta ocasión solo permanezco un día
-Me dijiste que esa maquina esta dentro de ti, en tu pecho ¿no es cierto?
-Si- contesto mientras comía el último pedazo de pan que quedaba en el plato, hacia tanto tiempo que no tenía una comida decente- ¿Por qué?
-Porque posiblemente tu energía le este afectando, aun no se porque pondrían una maquinaria tan delicada dentro de una persona, a menos que…
-¿Qué…?- pregunto intrigado
-Que hayan buscado la manera de usar la energía que tu cuerpo produce, eso explicaría porque con cada salto quedaste tan débil- era posible, un exceso de energía podría estar también produciendo esos saltos, la adrenalina que sintió correr por sus venas al golpear a Smith pudo trastornar a la micromáquina y hacer que cambiara de fecha desatinadamente a cualquier momento. Era tal y como él había pensado-…ahora que lo pienso, cuando yo era una adolescente te veía cada año sin falta, como si me persiguieras…era entonces por este fallo- él asintió
-¿Y su esposo y su hijo?- le era raro no verlos, ya llevaban cerca de una hora y le parecía que las únicas personas ahí eran Bulma, Bra y él
-Vegeta se empeño a llevar a Trunks a un entrenamiento en el desierto, cree que se esta haciendo muy flojo, es un hombre tan terco…-y esbozo una sonrisa, era como si fuese parte de la familia cuando ella hablaba de esa manera, una familia a la que pertenecía y no pertenecía al mismo tiempo, la genética los ligaba; pero varios siglos los separaban- ¿En verdad tienes que matar a los saiyajin?- pregunto sumida en la seriedad
-Eso pedí, es lo que les dije a los científicos; pero solo lo hice para que la ejecutora C no se acercara a esta familia…pedí hacerme cargo de los Saiyajin del lado Brief, en realidad no quiero matarlos ni voy a hacerlo, solo lo dije para que ella no los tocara… ¿No ha tratado de acercarse la ejecutora C a ustedes?
-No, hasta ahora solo te he visto a ti
-No quiero que ella se atreva a ponerles una mano encima, es…una mujer completamente loca
-¿y el ejecutor B aun no sabes quien es?
-No- contesto apesadumbrado
-¿Ni el monstruo tampoco?- negó con la cabeza- tras 11 años sigues completamente desinformado…aunque, no parece que seas 11 años más viejo ¿Cuánto tiempo fue para ti desde la última vez que me viste?
-4 años…
-…No voy a darte esos planos
-lo entiendo, no pensaba pedírselos, solo quiero dormir un rato más si me lo permite- se quedo taciturno recordando algo, no estaba seguro si el recuerdo era cierto o su mente lo fabrico en ese instante. Era una escena similar a la que vivía en esos momentos, tendría él 3 o 4 años, desayunaba en la mesa y su madre estaba frente a él hablándole sobre algo que no recordaba del todo bien… ¡como se parecía Bulma a su madre! Eran casi iguales.
-Me dejaron a cargo de ustedes…así que no se metan en problemas- solo era la voz de un niño, casi un adolescente, era el primo Tommy- no quiero que me regañen por su culpa- sentado sobre la arena, Trevor, de apenas 4 años, continuo haciendo castillos y fuertes, poniendo barcos de juguete a su alrededor, parte de la gran marina que cuidaba el castillo que pronto seria atacado por el enemigo más grande de todos; al alzar la vista vio a aquel hombre, era un hombre de ojos azules, su mirada y su sonrisa le daban confianza, aun cuando le apuntaba con el revolver, aun cuando quizás lo mataría, él le tenía confianza, porque en ese hombre había un atisbo de esperanza, de que un futuro las cosas saldrían bien. Luego su sangre le daba color a la blanca arena, le vio caer muerto y con él también la esperanza de un mañana mejor. Todo empezaba y terminaba con la muerte de aquel hombre.
Despertó, pasaba más de la media noche, él haber dormido tanto tiempo provocaba que en ese momento no pudiera conciliar el sueño. Se quedo con la camisa amarilla clara y el pantalón azul oscuro que Bulma le dio para que se cambiara de esa horrible ropa, si era un descendiente de la familia Brief, no podía andar en harapos, porque eso eran sus ropas para la señora Brief.
Se asomó a la ventana esperando ver el mismo paisaje que cuando era pequeño, edificios blancos uno tras de otro; mas solo estaban casas en forma de iglú, este era otro tiempo.
Decidió que lo mejor sería caminar un rato, respirar aire puro, pensar que era un ciudadano común de la capital del Oeste que salio a dar un paseo nocturno motivado por su insomnio. Así lo hizo, se calzo unas sandalias, tomo la caja de fósforos y se salio de ahí para caminar por la ciudad.
Tomaba fuertes bocanadas de aire puro, tratando de conservar la sensación de tenerlo en sus pulmones, un aire que no era sintético, ni que estaba bajo la supervisión de nadie. Se dirigió al centro de la ciudad, miraba a su gente reír, hablar con tranquilidad, simplemente viviendo sus vidas sin preocuparse por el horrible mañana que les esperaba, les envidiaba, tomo asiento en una banca de una de las aceras, de tener la oportunidad de quedarse ahí…permanecería de por vida. El futuro no importaba, no había nada en él que valiera la pena. Eran las 2 de la mañana en punto cuando retomo su camino hacia la corporación, esperando descansar un poco más y de nuevo saciarse con tan deliciosa comida.
-Dijeron que volviste- la voz…se le hacia escalofriantemente familiar-que caíste desmayado en el patio de la corporación, que te metieron a la casa y no saliste de ahí en días, supongo que aprovecha que ni su esposo ni su hijo están en casa- era la voz que resonaba en sus pesadillas, que despreciaba y quería apagar a toda costa
-Smith
-Hay una orden de arresto en tu contra, tenemos una cuenta pendiente desde hace 11 largos años.
-¿Espías a los Brief?
-Solo Bulma Brief esta bajo vigilancia indefinida, siendo tu madre es la que debe de tener más contacto contigo; pero incluso te perdiste de ella. Dime ¿viste a tu hermanita?- sus ojos brillaban por el odio que le tenía a McKee desde aquella ocasión que le golpeo sin cesar, sin misericordia, esperando encontrarlo solo y devolverle cada golpe, cada patada, regresarle el dolor y la humillación que sufrió esa madrugada de año nuevo. El día que todo en su mundo cambio. Desde ese entonces esperaba que un día se lo encontrara solo en la calle para vengarse sin ningún remordimiento, este era el momento perfecto- Te arrestare después de saldar nuestra cuenta
-¿Qué cuenta?- pregunto McKee furioso
-No olvido el año nuevo del 766… ¿No fue eso lo que dijiste? "Nunca me olvides"… ¿A que has regresado después de tantos años? Seguro que a hacerle daño a un miembro de tu familia, como la última vez
-…si, fue precisamente a lo que vine- declaró sin pudor- vine hasta aquí a raptar a Bra, arréstame, golpéame como siempre
-Esta vez, invertiré ese orden- pero esa vez, McKee ya no estaba dispuesto a seguir recibiendo los golpes de esa bestia. Justo cuando Smith iba a darle un puñetazo en la quijada para rompérsela tal y como él lo había hecho años atrás, Trevor lo detuvo, sin comprender como ni querer hacerlo tampoco, surgieron en él unas fuerzas descomunales con el simple hecho de dejarse llevar por la ira. Apretó tan fuerte el puño de Smith que termino por romperle la mano, el detective no pudo evitar dejar salir un quejido por el inmenso dolor, una vez más Smith intento golpearlo, dándole una patada; pero McKee le derribo en segundos, era ese otro hombre distinto al que vio la última vez, se dejaba consumir por la cólera, porque él también quería vengarse. A su memoria, como una avalancha sin control, le regreso todo el maltrato recibido en su primer viaje. Viéndolo tirado en el piso, puso su rodilla en su pecho y dejo caer todo su peso, para el detective era como tener al mundo entero sobre su pecho, apenas podía respirar y sin embargo McKee golpeaba su rostro una y otra vez sin descanso, a mano limpia le fracturo las costillas y rompió un hueso de su brazo como si se tratase de un lápiz, en un grito agónico Smith pedía que se detuviera; pero Trevor no le escucho, las palabras no tenían sentido, solo se dejaba llevar por esa sensación de que era mas poderoso que nadie sobre la tierra, que era su decisión si dejaba vivir o morir a Isaac Smith, al final, con la poco razón que tenía en esos instantes optó por dejarlo con vida
-Nunca…-dijo Smith con dificultad- nunca te perdonare- McKee rió a carcajadas -que años después Smith recordaría como la más grande humillación de su vida-del bolsillo de su pantalón saco la caja de fósforos
-Mírala- y se la mostró a Smith- es para que fumes tu cigarrito- y se la tiro con toda su fuerza sobre el pecho- yo no busco tu perdón, Smith, así que nunca me perdones- fueron las última palabras que Smith escucharía en seis meses, tras decirlas , Trevor le dio una patada en la cabeza haciendo añicos el hueso temporal derecho, dejándolo en una coma profundo.
Corrió, aun más rápido que cuando Yamcha lo perseguía, más rápido que nunca en su vida, corría desesperado pues sintió que su pecho comenzaba a vibrar, un cambio de año era inminente; pero antes de eso quería ver la corporación, quería sentirse protegido, que pertenecía a algo, que tenía una razón para vivir.
-Eh… ¡Tú!... ¿eres el nuevo? Por supuesto, ahora que la Red Ribbon esta a punto de conquistar el mundo todos quieren ser miembros de nuestro gran ejercito…anda ¡levántate de ahí perezoso!- le gritó el sargento al nuevo recluta- Tao Pai Pai regresara pronto con las esferas, el ejercito tiene que estar listo por cualquier eventualidad- McKee, confundido y algo mareado, se levanto del suelo de una habitación blanca con banderas del ejercito Red Ribbon en las paredes ¿Qué era eso? Jamás escucho sobre tal ejército, ni que dominara el mundo…acaso ¿había avanzado hacia el futuro?- ¡Vamos soldado!- grito furioso el sargento- tome su uniforme y su arma repórtese en la base 98- le señalo un armario lleno de playeras blancas con el logotipo del ejercito y pantalones color caqui. Cerca de uno de los catres estaba un baúl rojo repleto de todo tipo de armas de fuego, McKee escogió un rifle de asalto AK 47 que ni siquiera sabía utilizar, únicamente lo escogió entre otros porque le llamo la atención su cargador de forma curva.
Salio del lugar con el arma apuntando hacia delante, buscando la base 98 para reportarse, no le quedaba más que adaptarse a la situación mientras esperaba regresar a su tiempo o a los tiempos de Bulma Brief.
-¡oye idiota!- le grito un tigre de uniforme negro- ¡apunta esa arma hacia abajo¿Quieres matar a uno de tus compañeros?- de inmediato apuntó el arma hacia el suelo- Eres nuevo ¿no es así?
-Si…señor- balbuceo con temor
-Pues repórtate a la base 98 para dar tus datos generales, esta ahí…y señalo un pequeño cubículo de techo rojo que se veía a lo lejos- ¡Ve rápido!
Se veían las montañas, también escuchaba el murmullo de las olas chocando contra la playa a lo lejos. El lugar era grande, casi todas las edificaciones que ahí se encontraban tenían el techo rojo y estaban pintadas de blanco con el logotipo de Red Ribbon en ellos.
-Soy Trevor McKee- dijo en la base 98- de Ciudad del Oeste
-Esta lejos de aquí… ¿Cuándo naciste?- gruño el viejo soldado
-No estoy seguro- el calendario sobre el escritorio marcaba el 12 de mayo del año 750, seguía en el pasado, pero al parecer ya no estaba más en la Ciudad del Oeste
-Lo que faltaba otro vagabundo- repentinamente todas las alarmas comenzaron a sonar, luces rojas se encendían y apagaban en señal de peligro -¡Están atacando el cuartel general!- dijo el hombre con espanto, por la radio de onda corta se escuchaba el clamor desesperado de varios soldados, el sonido de metralletas y balazos sin tregua-¡Nos ataca un ejercito!- exclamo el viejo mientras tomaba su rifle Uzi- Llegaste en buen momento, hoy te toca pelear- y sin decir más salio de ahí frenéticamente en búsqueda de aquella armada que acababa con la suya.
McKee sin siquiera moverse se quedo escuchando lo que sucedía por la radio- Esta en la terraza 12, Son Gokú, esta en la terraza 12…necesitamos refuerzos cuanto antes en la terraza 12
-Son…Son Gokú- repitió en un bisbiseo, recordaba su nombre…la madre de Kay lo menciono un par de veces, que su familia era descendientes de Son Gokú, este era el tatara tatara abuelo de Kay Fisher y al parecer era un sicótico como ella quien mataba a todo cuanto podía
-Se dirige a la torre 8, alerta máxima, la prioridad es proteger las esferas del dragón- salio de la base 98 con el arma en alto, de inmediato puso el dedo en el gatillo. En el horizonte veía venir una pequeña figura corriendo a toda velocidad, llevaba un traje naranja de combate y sostenía un báculo rojo con la mano derecha, el cabello negro alborotado, la mirada decida y aun así llena de inocencia ¿era este niño Gokú¡Incluso tenía una cola como la de los monos! Guardó su báculo y tomo un radar
-Las esferas del dragón están allá- exclamó el pequeño señalando la que talvez era la torre ocho. Repentinamente un balazo le dio en el rostro sin herirle en lo absoluto, Trevor no podía creerlo, ese niño debió morir con esa bala -¡Me dolió!- gritó furioso mientras protegía la mejilla golpeada con su mano. Trevor se interpuso en su camino, apuntándole con su rifle de asalto, quizás si lo mataba Kay Fisher nunca existiría o tal vez crearía un mundo alterno donde ella nunca existiría; pero eso era mejor a nada- Hazte a un lado- le dijo él con tranquilidad- tengo que tener esas esferas y revivir al papá de Upa-…¿él quería revivir a alguien?...no podía ser malo, un instinto dentro suyo le decía que Gokú no era un villano, desarmado por sus palabras y su actitud, McKee se apartó de su camino, tiró el rifle de asalto al suelo, no servía para nada más.
-Entró a la torre ocho- dijo un cocodrilo uniformado. Aun se escuchaban los balazos, el estruendo de las metralletas disparar contra un enemigo invencible, los gritos de los soldados huyendo despavoridos, sus rostros de pánico, incrédulos por que un chico derrotaba al ejército más grande y poderoso del mundo. Ante tan caótico escenario, Trevor cerró los ojos y por un momento todo sonido ceso.
Abrió de nuevo los ojos; pero no estaba más en ese campo de batalla
-Adiós, Bra- dijo la aguda voz de una chica y al voltear vio a Bra desencapsulando su aeroauto, era este el momento perfecto para ejecutar su plan, el que maquilo en su habitación por tres años, pronto tendría esos planos…saco su estuche de capsulas y tomo una pequeña mochila negra, de ahí saco una jeringa con la adrenalina ultrarrápida, se acercó a Bra cuando ella se estiraba antes de subirse al aeroauto y segundos después ya tenía a Bra desmayada en el suelo. La metió al aeroauto sin perder tiempo, gracias a que estudio una guía de autos y aeroplanos antiguos como los que utilizaban los Brief –por si llegaba a encontrarse en la situación de que tuviera que usar un auto o una nave- quitó el sistema localizador, de la mochila tomo un celular aun mas viejo que el que se manejaba en ese tiempo, en el bulto de la joven busco su celular, apunto el número telefónico de la corporación y el del móvil de su hermano mayor, tras lo cual lo arrojo al suelo.
- La sustancia que Trevor te inyectó hace que tu azúcar baje a niveles casi mortales, es por eso que estas tan débil; este chocolate tiene la cantidad de azúcar que necesitas para restablecerte…
-¿Cómo sabes de esa sustancia?- pregunto con recelo
-…Porque soy parte de lo que McKee es parte, de lo que la asesina de Gohan es parte; pero yo quiero detenerlo y- señalo a Trevor- él también quiere hacerlo; pero aun no lo sabe, por favor come ese chocolate, regresa a casa…este es mi celular- Bra lo tomó- consérvalo, llama a tu familia, diles que vas camino a casa, diles que no hagan nada de lo que McKee pidió, destruyan esos planos y si no se puede, guárdalos tan bien como puedan…Vete- Guiada por una corazonada, algo que jamás se daba el lujo de hacer, comió el chocolate, recuperó sus fuerzas, se sintió con más energía que antes- no te he engañado- dijo aquel hombre al ver la mejoría de la chica- ahora vete y haz todo lo que he dicho…confía en mi- de inmediato subió a la nave, sin decir más, haciendo caso ciegamente a ese hombre quien le dio confianza desde que lo vio pasar cerca de ella, como si lo conociera desde hacia mucho tiempo, sus ojos tenían un brillo especial que estaba segura no era la primera vez que veía en una persona, era algo tan extraño de explicar- Se ha ido al fin
-Doctor Fitzgerald… ¿Cómo me encontró?- pregunto McKee incrédulo
-…Vamos a mi auto
-No…no volveré a la cárcel- contesto amenazante
-Y no lo harás, iremos a mi casa…
-No- temía volver a prisión y ver al viejo Smith quien le golpearía una y otra vez y él respondería de la misma manera, hasta matarlo.
-No me recuerdas ¿verdad?
-Es el doctor Fitzgerald- contesto seriamente
-No, no soy ese hombre…solo tome su lugar- Trevor le miro absorto… ¿Quién era este que tenía enfrente
