- ¿Dónde está Remus? ¿Alguien lo ha visto? - repetía la voz de Tonks, que corría esquivando maldiciones por los pasillos de Hogwarts.
- ¡Remus, nooo! -
¡Avada Kedavra!
Un periódico cayó sobre la cabeza de Cooper, que se despertó sobresaltada y le pagó a la lechuza. Otra vez el mismo sueño: Tonks buscando a Remus, él cayendo al suelo y el rayo de luz verde atravesando el pecho de la joven bruja...
Cuando Cooper llegó, el Atrio estaba más desierto que de costumbre. Comprendió, entonces, a que se refería Percy cuando hablaba de "la monotonía del Ministerio". No encontró a ningún conocido mientras iba camino a su oficina y tampoco a Igal, una vez allí abajo. Todo estaba tal como la había dejado el día anterior, a excepción de una pila de documentos que atestaba su escritorio, una lechuza posada junto a la soleada ventana y dos memorándums que flotaban encima de su silla. Se reclinó en su asiento con toda tranquilidad y la lechuza voló hacia ella.
Cooper: siento dejarte sola pero ayer tuve que capturar a un cangrejo de fuego y me quemé gravemente una mano. No te preocupes, estoy alojada en San Mungo; solo tengo que descansar y dejar que los sanadores hagan su trabajo. Volveré en dos semanas, Igal enviará a mi reemplazo mañana. Relájate y disfruta tu nuevo trabajo. Gwen
Cooper escribió una rápida respuesta, deseándole suerte con su mano y enviándole saludos, y la mandó con la misma lechuza. Cogió uno de los memorándums y lo abrió.
En el día de la fecha a las 9 de la mañana, se celebrará una audiencia contra Mundungus Fletcher, por venta de huevos de doxy. La audiencia tendrá lugar en la Sala del Tribunal nº 4. Se requiere su presencia.
Atentamente, Amelia Bones.
Miró el reloj, eran las ocho y media; abriría el último memorándum y se iría. Lo último que quería era llegar tarde a una audiencia donde habría gente tan importante.
Cooper, si tienes un rato libre sube a tomar un té conmigo. No tengo mucho que hacer hoy, espero que tu día esté igual de tranquilo que el mío. Evans
Cooper garabateó algo en el reverso del memorándum y lo mandó a volar a través del pasillo, mientras caminaba hacia el ascensor.
El ascensor la llevó, fluctuante, hasta el Departamento de Misterios, donde Cooper bajó. Un frío en el estómago le recordó que ahí, hacía cinco años, le había visto la cara a la muerte por primera vez. Mientras bajaba las escaleras, recordó cuanto había temido por Harry ese día. La sala del tribunal no estaba completa todavía, a pesar de que faltaban cinco minutos para la hora.
- Buenos días, Ministro. - saludó cordialmente Cooper, estrechándole la mano a Percy.
- Buenos días. -
Cooper avanzó con la cabeza erguida y una expresión respetable, cargando una libreta y tomó asiento a la derecha de Gregory Igal. Odiaba ser tan formal y estructurada, pero la ocasión lo requería. Comenzó a tomar nota de los presentes en la Sala del Tribunal.
- Mundungus Fletcher, se lo acusa venta de huevos de doxy a magos extranjeros. Conociendo la ilegalidad de esta práctica ¿Qué tiene para decir en su defensa?. - dijo, Percy.
Mundungus ocupaba una silla en el medio de la sala, tenía una expresión apática. Estaba seguro de que sus jugarretas lo harían salir intacto de las acusaciones del Ministerio.
- Bueno, señor ministro, el trabajo escasea en estos días y ahora que la magia oscura parece haber desaparecido, uno debe ganarse el pan de cada día. Como los calderos de aquella vez o las joyas de la familia Black. - respondió, con voz socarrona.
- ¿Aún si tiene que recurrir a prácticas penadas por la ley, señor Fletcher? - interrogó Cooper.
Las palabras escaparon de su boca, estaba invadida por la ira que le provocaba recordar todas las cosas que Mundungus había robado de la casa de Sirius y cuanto mal le había hecho a Harry. Él no contestó, permaneció sentado observando a Percy, a la espera de su respuesta.
- ¿No va a contestar la pregunta? - indagó Amelia Bones, con un gesto de reprobación.
Mundungus no se inmutó, se limitó a reír ligeramente con un dejo de excentricidad. Cooper estaba indignada, abandonó el asiento que ocupaba junto a su jefe y se arrojó sobre Mundungus, sujetándolo del cuello.
- Eres tan despreciable, pedazo de...
Las manos de Hermione, salidas de quién sabe donde, la sujetaron de los hombros y la arrastraron fuera del recinto. Cooper estaba roja de la ira, había puesto en peligro su puesto de trabajo por una rata inmunda, que ni siquiera merecía ser golpeada.
- Cooper, por Dios, contrólate. - le dijo, Hermione.
- Lo siento, no sé por qué reaccioné así. Me dejé llevar por la situación. -
- A mí también me molestó su comentario pero no creí que ibas a reaccionar así. -
Cooper no respondió, se quedó con la vista clavada en el suelo, Igal y Percy la iban a reprender duramente. Ahora estaba en problemas. Volvió a ingresar, más calmada, y solo se limitó a tomar notas sin volver a emitir ningún comentario o pregunta.
La audiencia terminó a las diez de la mañana y Mundungus fue sentenciado a permanecer bajo orden y supervisión del Ministerio durante cuatro meses. Cooper fue por las escaleras, quería evitar a cualquier persona que le preguntase qué había pasado en la audiencia. Conociendo el Ministerio, ya debía saberlo todo el mundo. Se encerró en su oficina, esperando que Igal jamás abriera la puerta que la separaba del pasillo, para comunicarle que estaba despedida.
A golpe de varita fue ordenando cada uno de los documentos en un archivador oxidado, hasta que llegó la hora del almuerzo. Cooper meditó un momento, mientras los papeles se acomodaban por sí solos. ¿Cómo había sido tan estúpida de perder el control por el idiota de Dung? ¿Qué iba a hacer si se quedaba sin trabajo? Percy jamás perdonaría su comportamiento.
Se sintieron tres golpes suaves en la puerta y un par de ojos verdes se asomaron, preguntando tímidamente:
- ¿Puedo pasar? -
Cooper asintió, incorporándose, necesitaba hablar con alguien. Harry entró, cerrando la puerta tras de sí, y ella lo abrazó sin decir una sola palabra.
- ¿Qué pasó? Hermione me dijo que estás en problemas. Dime que no es cierto. -
- No aún, pero espera y verás. - respondió ella, acariciándole el cabello y retirándose a su silla.
Harry hizo aparecer un taburete, con un giro de su varita, y se acomodó. Lentamente, Cooper le explicó en detalle todo lo que había sucedido en la sala del tribunal.
- ...y supongo que si Percy no me despide, Igal lo hará. Soy una idiota. - concluyó, bajando la cabeza.
- ¿Puedo preguntar por qué ese desprecio contra Mundungus? -
- Me molestó su comentario sobre las cosas de Sirius. -
- ¿Sólo por eso? -
- Se portó mal contigo robando cosas de Grimmauld Place y no me gusta que traten así a la gente que... a mis amigos . - vaciló, Cooper.
El cartel mágico que Cooper tenía colgado en la pared cambió la inscripción Almuerzo, por una que decía ¡A trabajar!.
- Bueno, Harry; no quiero que sientas que te estoy echando pero, lo menos que quiero es recibir otra reprimenda, y tengo mucho que hacer. - dijo Cooper, haciendo un ademán hacia los papeles que le quedaban por acomodar.
- Entiendo, yo también tengo cosas que hacer. Tengo que escoltar al padre de Ron a una redada. - se excusó Harry, despidiéndose.
Harry avanzó pero se detuvo antes de girar el picaporte.
- ¿Olvidaste algo? - preguntó Cooper, observando a su alrededor en busca de algún objeto.
Harry meditó un momento, avanzó valeroso y la besó. Ella le echó los brazos al cuello, respondiendo con entusiasmo. ¡Por fin! Tantos años esperando a que el otro diera el primer paso, habían terminado por enloquecer a Harry; que había apostado a la suerte y se había animado a tomar la iniciativa.
Volvieron a golpear la puerta y a los muchachos les costó bastante despegarse uno del otro.
- Harry... Harry, espera, alguien viene... Un momento. - dijo ella, apartándolo de sí.
Harry la miró, como esperando algún tipo de instrucción.
- Métete ahí. - le dijo, señalando abajo del escritorio.
- Cooper, no... -
Volvieron a golpear la puerta y está vez con más fuerza.
- Rápido. -
Harry se encogió bajo el escritorio y Cooper se sentó.
- Adelante. -
Su jefe entró y se sentó, estaba rojo de la ira. Como si estuviera controlándose para no hechizar a alguien.
- ¡Cómo se le ocurre presentar un comportamiento semejante al de una salvaje! ¿Ha perdido la chaveta? - le gritó, casi escupiéndola.
- Señor, yo...
- ¡Es vergonzoso que una empleada del Ministerio demuestre ese tipo de actitud y, peor aún, frente a miembros del Wizengamot! -
- Lo sé señor, lo siento. - murmuró ella, con la vista clavada en el piso.
Al parecer, Harry estaba evaluando la posibilidad de delatar su paradero solo para golpear a ese mago tan grosero. Cooper negó, disimuladamente, con la cabeza y Harry guardó su varita.
- Y pensar que estaba verdaderamente asombrado por la forma en que usted había combatido a esas doxys, realmente su actitud me supera...
Cooper estiró la manga de su suéter, cubriendo la marca de una mordida. El estómago se le retorcía, si Igal descubría a Harry...
... tiene suerte de que Broody esté lastimada, no puedo permitirme otra baja en mi departamento. Por esta vez, no tomaré medidas; pero estaré vigilándola. - concluyó, el mago.
Cooper se sintió aliviada, accidentalmente pateó a Harry que dejó escapar un quejido y ella tuvo que toser para disimularlo.
- ¿Qué espera? Quiero que archive los documentos que faltan, ahora. -
- Sí, señor. - asintió Cooper.
Su jefe salió echo una furia, gritando a todos los que encontró camino a su oficina.
- ¿Quién es para hablarte de esa manera? - protestó Harry, incorporándose.
- Es mi jefe y tiene razón, es por lo de Mundungus. Tengo suerte de que no me haya corrido, deberías estar agradecido. -
- No me gusta que te trate así, si vuelves a tener otro altercado con ese... viejo gruñón, avísame. -
- Harry... - lo reprendió con la mirada.
- Bueno, no me avises pero, ten cuidado. -
- Tendré cuidado pero ahora debes irte. Si te ven aquí nos meteremos en problemas. -
- Cinco minutos más. - le dijo, dándole un beso.
Cooper le echó los brazos al cuello, nuevamente pero se contuvo.
- Harry... tienes que irte... vamos. -
Volvieron a golpear, ambos se sobresaltaron, ella lo empujó tras la puerta y abrió, asomándose por una rendija.
- Sí... -
- Necesito que le lleve esto a la señora Bones. Luego, pase por la oficina del ministro y entréguele estos documentos. ¡No se vaya a equivocar!. - dijo Igal, entregándole un fajo de papeles y marcándole cuáles eran para Percy y cuáles para Amelia.
- Sí, señor. - respondió, permaneciendo apoyada en el marco de la puerta y empujando a Harry para que no se lanzara contra su jefe.
Cuando el pasillo estuvo desierto, Cooper sacó a Harry y ambos bajaron en el elevador.
- Tengo que llevar esto a lo de Amelia Bones, así que voy contigo. - le dijo, apretando el número dos.
En el pasillo, encontraron a Ron discutiendo con un mago japonés, aparentemente no entendía una palabra de lo que le estaba diciendo.
¡Langulo Linguolo! Dijo Cooper, apuntando al muchacho; que le explicó al mago en que piso estaba el Club de Gobstones, hablando un japonés fluido y natural.
¡Finite incantatem!
- ¿Cómo hiciste eso? - le preguntó Ron, palpándose el cuello.
- Hermione me enseñó. ¿Sabes dónde está la oficina de Amelia Bones? - dijo Cooper, leyendo el nombre del documento.
- La última oficina, del lado izquierdo. ¿Venían juntos en el ascensor? -
- Asuntos laborales, Weasley. - le dijo Cooper, alejándose.
- No pensarás que Cooper y yo... Ron, por favor. - le dijo Harry, guiñándole un ojo.
- ¡Claro que no, Harry! Leí en El Profeta que los Chudley Cannons tienen posibilidades de salir campeones este año. - respondió él, en un tono burlón.
La puerta, que había indicado Ron, se abrió justo antes de que Cooper tocara.
- ¿Señora Amelia Bones? -
- Sí. - respondió, sin levantar la vista de lo que estaba leyendo.
- Vengo de la Agencia Consultiva de Plagas, Gregory Igal me pidió que le entregara esto. - dijo, tendiéndole el expediente
La bruja lo hojeó, revisando que todo estuviera en orden, y lo guardó en un cajón.
- De acuerdo, dígale que mañana le entregaré el informe pertinente. Puede retirarse. -
Cooper le hizo un gesto con la cabeza, saliendo de la oficina. El corredor estaba desierto, excepto por una persona que avanzaba hacia ella, en zigzag, cargando una pila de papeles que le impedía ver. Cooper se apresuró hacia ella y tomó la mitad del cargamento.
- Gracias. -
- Evans, eres tú. ¿Adónde ibas tan cargada? -
- Tengo que llevar todo esto a la oficina del señor Weasley, un encargado se enfermó y me tienen de aquí para allá; llevando cosas a todos lados. Las piernas me están matando. -
- ¿Quieres que lo lleve? -
- ¿Me harías ese favor? -
- Claro que sí, tu ve a descansar un rato. Dame eso. - dijo, extendiendo los brazos para recibir el resto de los papeles.
Luego de la oficina de Aurores, estaba el Departamento Contra el Uso Indebido de Artefactos Muggles, era muy pequeño y no tenía ventanas, las paredes estaban tapizadas con recortes de El Profeta y algunas fotos de objetos muggles.
- Buenos días, señor Weasley. -
- Cooper, que gusto verte por aquí. - le respondió el mago, estrechándole la mano.
- Ahora trabajo en aquí, estoy en el segundo piso. Evans me pidió que le diera esto, no sé que es exactamente pero...
- ¡Oh, sí! Los informes de las últimas incursiones. Gracias, ya sabes que puedes visitarnos cuando quieras. -
- Enterada, señor Weasley, nos vemos. -
