¡Hola! He regresado con un nuevo capítulo de esta locura extraña. La verdad que ni yo se por dónde va a salir. En fin.

Lo primero de todo es agradeceros la aceptación de la historia. Tantos RR con el primer capítulo. Gracias.

Probablemente este os decepcionará, pero ¿no os pasa que hay temporadas en losque la inspiración siempre te encuentra lejos del ordenador y cuando llegas a él, te has olvidado de lo que habías pensado? (memoria de pez que se le llama).

Gracias de nuevo y espero que no os durmais leyéndolo.


Capítulo dos

-¡Y salía la cara de mi madre! No puedo creerlo. Me voy a volver loca -Ginny pestañeó un par de veces para disimular que en absoluto estaba escuchando la disertación de Tonks. Ella permanecía sentada sobre el sofá de su casa, en pijama y recién levantada, mientras que Tonks recorría en círculos el salón gesticulando.

El hecho de que Ginny no la hubiera matado por aparecer en su casa a las siete y media de la mañana, sabiendo que el día anterior había tenido turno de noche en el trabajo, pasó desapercibido para Tonks. Necesitaba desahogarse y a esas horas Ginny era la única que estaba libre.

-Lo peor es que mi madre tenía razón¡soy una pervertida! -Se agarró la cabeza con ambas manos como queriendo quitarse los recuerdos del sueño. Ginny bostezó y removió el café que tenía entre las manos con la mirada fija en una pelusa del suelo -Una ninfómana, una... una...

-Eres una histérica -La pelirroja la interrumpió desde el sofá después de salir de sus pensamientos y ubicarse en el espacio-tiempo -Es un sueño. Punto. ¿Desde cuando crees en la interpretación de los sueños?

-Y no creo -Tonks se hizo la ofendida. Ginny alzó una ceja escéptica consiguiendo que Tonks claudicase -Vale sí, me leí el Libro de los Sueños que me regaló Luna por mi cumpleaños, a escondidas.

-¡Ajá!

-Fue por no hacerle el feo -Se defendió.

-No deberías hacer caso a esos libros. Está claro que lo del otro día en el ginecólogo te afectó -Ginny hizo un pequeño esfuerzo por no reír -y tu mente lo ha recordado mientras dormías. Es muy normal.

-Llevo dos días así. Mi mente me está avisando de que soy una persona retorcida y sin la más mínima moral. ¿Quién se excita en la consulta de un ginecólogo? Nadie. Sólo yo que soy rara de narices.

-Bueno, eres artista. A otros les da por colgarse del techo con anzuelos en una exposición -Ginny intentó quitarle hierro al asunto. Cuanto antes la calmara, antes se iría y podría volver a sus problemas. Tonks simplemente bufaba de pie en medio del salón -Sigo pensando que no es preocupante. Incluso podría decir que a Remus le parecería divertido si se lo contaras.

-¿Qué? Estás loca. Ni una palabra. A nadie. Ginny...-La pelirroja puso cara de santita inocente e incapaz de desobedecer una orden directa. Tonks chasqueó la lengua disgustada. Ya se conocía esa cara y en cuanto le diera la espalda hasta Luna sabría lo que pasaba.

-Cuanto menos importante te parezca, más te relajarás y te reirás de todo esto.

-O eso o me vuelvo esquizofrénica -Ten una amiga negativa, añádele dos gotas de espíritu de artista y mézclala vigorosamente con un poco de inseguridad y dos trazas de negar la realidad. Tendrás a Tonks. Obviamente ella no lo admitiría todavía, ni Ginny pensaba empezar una pelea, pero estaba claro que los dedos del doctor Lupin habían hecho mella en el corazón de Tonks. Ginny soltó una carcajada delante de la cara sorprendida de su amiga.

OoOoOoOoOoO

Hay días en los que una sale de su casa dispuesta a comerse el mundo, camina erguida por la calle, la gente parece que te sonríe al pasar, los perros mueven la cola con tu presencia y las baldosas mal puestas no te salpican de barro cuando las pisas, manchándote los pantalones recién estrenados. Otros días la vida va al revés y desearías que el mundo dejara de girar hasta que volvieras a ser dueña de ti misma. Pero, como el mundo no para, simplemente esperas que las largas veinticuatro horas que quedan por delante pasen tan rápido como el día en un anuncio de desodorante.

Nymphadora Tonks estaba en unos de esos horribles días de bajón. No era de esas mujeres cuyos altibajos son tan peligrosos como un terremoto de siete sobre la escala de Ritcher. Ella se enorgullecía de ser alegre, vivaz, emocionalmente estable y con recursos. Pero, esta vez, no tenía recursos que le ayudaran a saber qué pensar de su problema con el ginecólogo.

Era consciente de que estaba formando una montaña de un grano de arena. Tenía muy claro que era ella la única que tenía un problema con aquel hombre y, aunque lo achacaba al hecho de que el único espécimen masculino que la tocaba en unos cuantos meses, no estaba segura de qué le pasaba con él.

Haber ido a hablar con Ginny no le había ayudado en absoluto. Claro que esto no era una serie americana en la que tu interlocutor tiene la frase perfecta para el momento gracias a un simpático guionista. No, en todo caso aquello era un mal capítulo de una serie británica para adolescentes con unas escritora loca detrás ¡Se estaba comportando como una adolescente!

Con esos alegres pensamientos Tonks esquivaba a los transeúntes que ocupaban la calle mojada por las típicas lluvias londinenses. Miraba al suelo con el ceño fruncido, una mano cargando un pesado cuadro bien envuelto para evitar accidentes y la otra aferrada a una gruesa carpeta con los datos de su tesis. Siete meses de duro trabajo de investigación iban ahí dentro. Esa carpeta, después de la de los papeles de la beca eran sus tesoros más preciados en esta vida.

Una señora dos cabezas más pequeña que ella y con un gesto de asco similar al de estar apunto de vomitar la bilis, estuvo a un tris de arrancarle un ojo con el paraguas. No contenta con eso se paró en mitad de la calle y le gritó de muy malas maneras que qué clase de juventud era esa que atropellaba a las personas decentes por la calle.

Tonks se detuvo bruscamente profundamente cabreada, cambió de dirección para perseguir a la anciana y explicarle unas cuantas cosillas sobre la juventud. ¡A ella, a ella le decía que no tenía cuidado con la gente. A Nymphadora Tonks, a la hija de Andrómeda Black, férreamente educada en la conciencia cívica. ¡A ella, que se levantaba del asiento del autobús cuando había una embarazada o un anciano cojo¡A ella, que ayudaba a los ciegos a cruzar la calle! Maldita sea, era la ciudadana perfecta para todos sus conocidos cercanos menos para su casera. Pero eso era resultado de una historia muy larga.

Sin embargo, en su brusco cambio de dirección, no calculó la longitud del cuadro que llevaba en su mano. Uno de los lados se enrolló en sus piernas y el otro en las de un inocente peatón que pasaba por allí en el momento justo.

El primer impulso de cualquier persona es empujar con fuerza cuando algo se atasca y Tonks era una persona, así que empujó del cuadro. El resultado fue que ella dio con su lindo trasero en suelo mojado y el peatón resultó proyectado hacia delante. Por suerte el hombre atinó a sacar sus manos de la gabardina para amortiguar el golpe contra el suelo.

Tonks lo observó todo a cámara lenta. Se vio a si misma caer hacia atrás, sintió el culo dolorido, el suelo mojado y vio la cara de pavor del inocente peatón al verse empujado hacia delante. Pero nada de eso le importó, porque su atención se enfocaba en su totalidad al cuadro, que libre de agarre se bamboleó vacilante en el aire unos momentos para empezar a caer lentamente sin remedio hasta el suelo mojado. De repente, una mano salida de la nada agarró el cuadro justo antes de que cayera al suelo y se echara a perder.

El suspiró de alivio de Tonks no llegó a ser tal porque, paralizada ante el horroroso espectáculo, no había prestado atención a la carpeta de su otra mano y ahora se encontraba tirada en la calle con una de sus puntas tocando un enorme charco.

-¡Maldita sea! -Tonks reaccionó. No podía dejar que siete meses de su vida acabaran en papel mojado, nunca mejor dicho. Se levantó con una velocidad inusual en ella y recogió la carpeta analizando concienzudamente los daños. Después comprobó el estado del cuadro todavía sujetado por la mano extraña y pidió perdón al transeúnte perjudicado -el hombre huyó asustado, pensando que aquello era una cámara oculta y saldría por la tele, lo que le demostraría a su jefe que no estaba enfermo -. Después, y ya con curiosidad, se dedicó a observar al dueño de la mano salvadora. Ahora sí suspiró aliviada. Informe de daños del desastre: un cuadro en perfectas condiciones, una carpeta en estado grave, un trasero dos glúteos mojados y un moreno adonis salvador mirándola con preocupación.

OoOoOoOoOoO

Un trasero humedo y el peligro inminente de que una cistitis de caballo la tuviera sentada en el inodoro durante tres días, le resultaba una nimiedad comparado con la suerte que había tenido al toparse con semejante hombre. No sólo se había ofrecido a llevarla en coche hasta la facultad de Bellas Artes, si no que consiguió no violentarla por tener que poner una toalla en el asiento del copiloto, al contarle una graciosa anécdota sobre porqué un hombre como él llevaba toallas en el maletero del coche. Ya ni siquiera se acordaba de cuál era, porque Tonks no era capaz de escucharlo, simplemente lo miraba embelesada.

Era tan guapo, suspiró. No, no, guapo no. Era hermoso. Hermione la habría tachado de exagerada. Para ella no había hermosura en un hombre: o estaban buenos, o eran sus amigos y punto. Los amigos de mis amigas son mis amantes, era su lema preferido. Debería presentárselo para que aceptase que hay hombres hermosos. Por ejemplo, el David de Miguel Ángel, si la escultura era así, imagínense al modelo. Para Tonks, ahora mismo, el conductor del Alfa Romeo que la llevaba amablemente hasta la facultad, el mismo que con movimientos suaves había metido su cuadro en la parte trasera del coche; era la reencarnación del modelo que siglos antes había utilizado Miguel Ángel.

-¿Te encuentras bien? -Le preguntó amablemente, le dirigió una breve mirada para luego volver a fijar la vista en la carretera. Tonks suspiró descaradamente¡pero que dulce!

-Sí, sí, gracias -Tonks miró una vez más la evolución de la humedad de su carpeta, preocupada.

-Ahora lo pones en un radiador y ya verás que se seca. ¿Es muy importante? -Se interesó el desconocido.

-Más o menos todo lo importante que pueden ser las conclusiones, datos y bibliografía de la tesis -Contestó Tonks sorprendida de no haber balbuceado como en presencia de Remus. Después se riñó por ser tan confiada -¿Será un violador? -La mirada sorprendida del hombre y su posterior carcajada le indicaron que aquella pregunta no había sido sólo un pensamiento.

-En el caso de que lo fuera, ya no tendría remedio¿no crees? -Tonks se tensó con todos los sentidos alerta. Eso no había sido una respuesta tranquilizadora -De todas maneras, no necesito forzar a ninguna chica para que esté conmigo -Comentó el conductor con autosuficiencia. Tonks sólo pudo estar de acuerdo con él. La reencarnación del David no necesitaba la violencia para ligar.

-¡Vaya! No sé qué me intimida más -Se atrevió a bromear Tonks. Esbozó una pequeña sonrisa encogiéndose en su asiento repentinamente tímida. El hombre sonrió mostrando sus dientes blancos bien alineados, pero no le dirigió ni una sola mirada. Buscaba un sitio dónde aparcar en el campus universitario.

-Ni lo intentes, -Le aconsejó tonks - es imposible encontrar aparcamiento a estas horas. No quiero molestarte más. Mejor me dejas en esa acera y ya me las arreglo yo.

-¿Segura? -Paró el coche donde le decía Tonks después de verla asentir con firmeza. Cualquiera podría pensar que estaba deseando deshacerse de ella, que se podría haber arrepentido de llevarla. Nada más lejos de la realidad. Al parar, con toda la amabilidad del mundo, se bajó (creando un atasco enorme en la calle de acceso al campus), la ayudó a descargar el cuadro y, antes de meterse en el coche de nuevo, le tendió una tarjeta -Inauguro un local de copas está noche. La verdad es que cuanta más gente vaya mucho mejor. Y si son chicas preciosas, la mejora aumenta exponencialmente -Tonks miraba alternativamente a la tarjeta y al hombre con curiosidad, sin entender nada -Si no tienes nada que hacer esta noche, pásate a las nueve por allí -Ya dentro del coche sacó la cabeza por la ventanilla para gritarle -¡Puedes llevar compañía!

Así desapareció dentro de su lujoso Alfa Romeo, tan elegante como él. Dejando a una Tonks incapaz de reaccionar y entender lo que había pasado. Estaba parada en medio de la acera, con el culo mojado todavía cargada con sus cosas y una tarjeta en la mano, pero no se sentía una perdedora. Miró la tarjeta del hombre: "Black is Black, bar".

No, definitivamente, no. Aquel día pintaba bien.

OoOoOoOoOoO

-¡Tíos! -Siete cabezas se giraron al tiempo para mirar a Tonks quitarse el abrigo y dejarse caer sobre un sofá del bar -¡No os vais a creer lo que me ha pasado!

-¿Tu sueño con el doctor Lupin se ha hecho realidad? -Exclamó Hermione. Tonks la fulminó con la mirada unos segundos. Después desintegró a Ginny por bocazas.

-Estoy tan contenta que no te voy a sacar los ojos por eso, Ginny querida -Tonks sonrió falsamente a su amiga. La chica prosiguió, entusiasmada, con su explicación -¡Me he tropezado con la reencarnación del David de Miguel Ángel!

-¡Aivá¡A mí me pasó lo mismo con Danny DeVito!

-Luna, Danny DeVito está vivo -Dijo Draco antes de pegarle un mordisco a un bollo relleno de chocolate.

-¿Me vais a dejar continuar? -Los demás asintieron intimidados por el tono enfadado de la voz de Tonks -Bien, me he topado con un tío guapísimo. ¡Qué digo! Hermoso. Sí Draco, más que tú -Se adelantó a la protesta del chico. Hermione torció el morro, eso era imposible -La cuestión, es que me ha invitado esta noche a la inauguración de su bar.

-¿Un desconocido? -A pesar de toda su modernidad y la cantidad de hombres con los que había salido, Hermione era desconfiada por naturaleza. Probablemente fuera la causa por la que coqueteaba con dos de sus amigos. Malo conocido, ya se sabe.

-No es un desconocido -Se defendió Tonks.

-¿Ah, no¿Cómo se llama? -Tonks abrió la boca para contestar, pero tuvo que cerrarla porque no tenía ni idea de cómo se llamaba.

-¿Y bien? -Neville al ataque, siempre al acecho cuando alguien se resistía a responder un interrogatorio. Hermione se sintió apoyada por su compañero de piso.

Para ser sinceros, salvo para Neville por su interés continuo en la vida de los demás y Hermione por su desconfianza general, la historia de Tonks no estaba resultando nada emocionante. Otro cantar habría sido si el tema hubiera tratado del ginecólogo.

Por eso Harry y Ginny se hacían mimos en una esquina del sofá escuchando, a medias, la conversación, Draco hacía conjeturas sobre las posibilidades de que existiera alguien más guapo que él (más guapo, elegante, caballeroso, inteligente, etc. Era tan improbable que pronto se quedó tranquilo y pasó a enumerarse otra vez todas y cada una de sus virtudes), Ron con la mirada fija en los posos en el fondo de su taza de café tenía la mente en blanco como sólo él sabía hacer y Luna meditaba sobre la muerte de Danny DeVito.

-El caso es que no me lo dijo -Al final Tonks tuvo que confesar que no sabía nada de aquel hombre. Rápidamente buscó en su bolso la tarjeta que le había dado -pero tengo una tarjeta de su nuevo bar -Alargó la mano para enseñársela a Hermione.

-¡Por todos los dioses griegos! -Chilló la chica al leer la tarjeta. Los demás la miraron asustados. Hermione señaló la tarjeta visiblemente sorprendida y emocionada -¡Ha conocido al dueño del "Black is Black"!

Tonks observó sorprendida como se hacía un silencio entre sus amigos y la miraban fijamente como descubriéndola de nuevo. Una nueva dimensión desconocida por ellos hasta ahora. Una cara oculta donde, Tonks siempre ausente y con tendencia a frecuentar bares raros llenos de bohemios, era invitada a la inauguración del pub más moderno, chic e importante de todo Londres.

-Contaré hasta tres y empezareis a respirar -Advirtió Tonks al ver que nadie reaccionaba -No pienso hacer el boca a boca a nadie.

-Esto es alucinante, Tonks -Balbuceó Draco. Hermione a su lado asintió emocionada, mordiéndose el labio inferior.

-Una pasada -Apoyó Ginny.

-Es el sitio más exclusivo de la ciudad -Tonks miró a Luna con cara de "tú también" -Lleva tres meses de reformas y han invitado a los personajes más importantes de la sociedad inglesa.

-¿Quién eres tú y qué has hecho con Luna? -Ron zarandeó suavemente a Luna para hacerla volver a su atontamiento natural.

-Bueno, ya -Tonks intentó poner calma en al revuelo que se había montado -¿Me estás diciendo que me han invitado a la inauguración de un bar de pijos integrales?

-Pijos de pensamiento, palabra y obra. Sí -Neville asintió para reforzar sus palabras.

-Genial -Comentó Tonks, desilusionada. Entre muchas otras cosas la artista luchaba por la igualdad de clases y la revisión de las capacidades intelectuales de las rubias (ella tenía el pelo rosa, pero pensaba que le debía un favor a Luna). De modo que la idea de asistir a una fiesta donde los únicos pantalones rotos bien vistos eran los de Gucci, le hacía tanta gracia como pasar una tarde de consulta en compañía del doctor Lupin.

Pero qué injusta era la vida con ella. Conocía al ser más hermoso del mundo, aquel al que desearía pintar desnudo (era el plan B, el plan A tenía que ver con el sexo) y resultaba que era rico. Meditó un momento, atravesada por doce pares de ojos ansiosos tan abiertos que podrían salirse de las órbitas y rodar libremente por el suelo del bar.

¡A la mierda los principios, se dijo. Iría allí con sus vaqueros rotos previamente aderezados con una G enorme bien visible, se pintaría el ojo y después de un whisky bien cargado buscaría al David reencarnado para... para lo que surgiera.

-¡Está bien¡Voy a ir! -Tonks se incorporó como un muelle de su asiento, dispuesta a marcharse a su casa a embellecerse. El resto la imitó con la misma velocidad y entusiasmo.

-¿Va a ir? -Se dijeron.

-¡Voy a ir! -Respondió ella, aunque la intensidad de su afirmación disminuyó.

-¡Va a ir! -Gritaron sus amigos con alegría, sin tener en cuenta la cara desanimada de Tonks. Ya esperaban acompañarla a la fiesta y tener una buena historia que contarles a sus nietos. Tonks se volvió a sentar perdiendo esa decisión que la había llevado a levantarse con energía.

-No puedo ir -El resto del grupo se miró con preocupación y la rodearon dispuestos a convencerla sutilmente de lo beneficioso que sería para todos asistir a la inauguración.

OoOoOoOoOoO

Hacía frío a las puertas del "Black is Black". Tonks miraba con fijeza el charco a dos centímetros de distancia de la punta de sus zapatos esperando que por arte de magia el agua se expandiera hasta mojárselos. Hermione se enfadaría mucho al ver sus zapatos recién comprados empapados, pero Tonks tendría la excusa perfecta para pedirle que se fueran de allí. No pintaban nada en esa fiesta.

Todavía no sabía cómo la habían convencido de nuevo, ni si quiera sabía qué hacía con esa estrecha camiseta de tirantes debajo de su abrigo y los zapatos de Hermione en sus pies. Mucho menos entendía por qué tenía las pestañas a lo Betty Boop y olía a hembra en celo.

-¿De verdad tenía que ponerme este perfume? -Se quejó Tonks de repente. Hacían cola para entrar en el bar. Parecía que era una inauguración muy deseada por los londinenses y todos hacían cola ansiosos por entrar. Hermione, detrás suya, torció el morro ofendida dispuesta defenderse -Huelo a mujer desesperada.

-Perfecto, entonces -Draco como siempre dando en el clavo. Pero nadie le podía reñir porque con una sonrisa encantadora lo arreglaba todo.

-No estoy desesperada -Aseguró Tonks y para no empezar una discusión sobre su largo periodo de abstinencia sexual volvió a fijar la vista en el charco. Detrás de ella, todos sus amigos parloteaban emocionados por su buena suerte: Estaban en la inauguración del bar más moderno de todo Londres y eso no pasaba todos los días.

Se podría analizar todo el proceso desde que una amiga marca tu número de teléfono para invitarte a una fiesta hasta que apareces en la puerta de su casa (o del bar que sea) con el mismo aspecto que utilizarías para un disfraz de pendón en carnavales. No tenía ningún sentido tanta energía gastada por la simple posibilidad de que Gordon Nopterp, el pipiolo de turno, te mirara dos segundos más de los usuales en él.

Porque estaba claro que una vez colgaras el teléfono, correrías a la ducha. Una ducha rápida aunque esa misma mañana te hubieras lavado, repaso de la depilación, desesperación por disimilar ese mínimo grano invisible en la zona trasera de la oreja izquierda (no fuera que a Gordon le diera por fijarse en esa parte del cuerpo). Después sacarías toda la ropa del armario para desperdigarla por la cama y al soniquete de "esto no¡uh qué horrible¿a dónde voy yo con esto?". Para, al final, acabar tirada en el suelo suspirando porque no tienes nada en el armario para ponerte.

Tonks, como cualquier chica, lo había sufrido en su juventud. Tal vez no tan exagerado, ni con esa crisis existencial que produce el no saberse Giselle Bunchen; pero lo sufrió. Suponía haberlo superado, pero aquella tarde la sensación volvió a ella. Tres chicas nerviosas invadieron su habitación y el baño insistiendo en que tenían que estar guapísimas, sobretodo ella si quería ligarse al guapo David reencarnado. Hicieron que se duchara, que se repasara cualquier imperfección en su cuerpo, desparramaron su ropa por encima de su cama para después llegar a la conclusión de que absolutamente ninguna de las prendas de su armario valía para la ocasión.

Y, como empezaba a ser habitual en su vida, Tonks asistió a todo ese despliegue de medios como mera espectadora zarandeada por sus amigas de un lado a otro de la casa. El resultado: estaba ahí, en ese momento, a las puertas del pub delante del portero del bar, al que después de media hora de espera en la cola, habían conseguido llegar.

-Invitación -Gruñó el portero sin mirarlos. Tonks buscó la tarjeta que le había dado el dueño, se la enseñó al hombre que la cogió sin mucho interés. Estaba claro que los aspirantes a porteros pasaban por duras pruebas de selección en las que era elegido aquel que era capaz de sobrevivir a la película de Titanic sin soltar una lagrimita. Además, ser portero de discoteca implica tener músculos desarrollados hasta en los lóbulos de las orejas y sentido nulo de la elegancia¿o acaso no son horribles esas camisetas de rejilla ajustadas hasta el alma?

Todos aguantaron la respiración ansiosos como principiantes por saber el veredicto del portero. Los miró de arriba abajo después revisar varias veces la tarjetita y tras unos segundos interminables les dio su visto bueno. Todos, incluida Luna, suspiraron. Un suspiro de alivio general, exceptuando a Tonks que resignada entró en el local dispuesta a arrasar con la barra libre y conseguir que el tiempo pasara rápido.

-¡Entramos! -Gritaron todos nerviosos y emocionados.

-¡Yupi! -Los imitó Tonks con falsa alegría dando pequeños saltitos -¿Creéis que nos venderán alcohol sin pedirnos el carné?

-Habló doña madura, la de los sueños eróticos con su ginecólogo -Le replicó Ginny. Tonks bufó sabiéndose la perdedora de la discusión y se alejó de sus amigos con pasos decididos hasta la barra. Dos copas después el mundo le resultó más agradable. Chispeante al menos. Agarrada al borde de la barra para mantener el equilibrio, decidió observar el local en busca del guapo dueño sin nombre.

El pub cumplía todos los requisitos para ser el más moderno del momento. Decoración minimalista, taburetes de diseño e incomodísimos, algún cuadro imitando el pop-art y un DJ negro como la noche con una sonrisa blanca a juego con su gorra que pinchaba música ambiente salpicado con algunos éxitos del momento. Todo tan perfecto y predecible que rozaba el aburrimiento.

Un grupo de chicas que parecían salidas de una portada del PlayBoy bailaban sensualmente en la pista central del bar. A su alrededor unos cuantos hombres, solteros o con sus novias al lado, miraban con los ojos desorbitados. Tonks chasqueó la lengua muy molesta por el espectáculo y giró su cabeza para seguir buscando. Al otro lado del bar vio a sus amigos sentados en unos cómodos sofás, cuchicheaban entre ellos y miraban a un punto fijo en otro lado del local. Siguió sus miradas hasta otro grupo de gente que charlaban alrededor de Elton John. Tonks frunció el ceño ahora desengañada. Menudos hipócritas sus amigos, siempre despotricando del cantante y cuando lo tenían delante lloraban como nenazas.

Se levantó de un golpe dispuesta a cantarles las cuarenta, pero entre las dos copas que llevaba y su habitual tendencia a los tropiezos, trastabilló hacia delante. Se agarró a lo primero que encontró: un fuerte brazo masculino.

-Cuidado, preciosa -Le advirtió el hombre que con una sonrisa se quedó mirando a Tonks. La chica no pudo creer su buena suerte. Allí estaba su Adonis adorado.

En Tonks el alcohol producía el conocido efecto afrodisíaco, pero con una particularidad: ella no se quedaba dormida a la hora de la verdad. Además de conseguir a su presa con una facilidad pasmosa, era capaz de llevársela a la cama, jugar toda la noche y al siguiente, resacoso, día darse cuenta de que había cometido un enorme error. Entonces repetía una serie de frases inconexas que obligaban al inocente de turno a entender que aquello había sido un error. El chico se iba y ella se repetía que no volvería a pasar nunca más. La última vez el corderito inocente había sido Kingsley y desde aquel día Tonks había empezado su periodo de abstinencia con la idea ilusoria de que así encontraría a un hombre con el que de verdad deseara quedarse.

-Gracias, caballero -Respondió con voz sinuosa. Si hubiera estado un poco más en sus cabales, sin sus hormonas de caza disparadas, si no hubiera llevado tantos meses sola; hubiera notado que existían leves diferencias entre el hombre que le sostenía el brazo y la reencarnación del David que la había invitado a esa fiesta. Pero los ojos grises del hombre la confundieron.

-¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este? -Preguntó con ironía el hombre observando sin ninguna vergüenza su pelo rosa.

-Le pongo un toque de color -Rió Tonks al verlo e inconscientemente entornó la mirada con sensualidad y se quitó el abrigo agradeciéndole a Hermione el top prestado. Sin saber muy bien cómo, ambos terminaron sentados en uno de los lujosos sofás del bar metidos en una amena charla.

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¿Qué puede ser más peligroso una mujer que conoce su potencial sexual y lo explota a sabiendas o una mujer que por desconocerlo, inconscientemente desarma al hombre con más recursos?

El doctor Remus Lupin había probado un poco de ambas tipologías y decididamente se quedaba con el segundo tipo. Una especia de mezcla entre deseo y desconfianza tenía hacia las mujeres sutiles como él las llamaba. Tal vez por eso, ahora, presionado por el morbo se obligaba a mirar a la reciente incorporación a su lista de pacientes y su coqueteo con el hermano de su mejor amigo. La despistada chica del pelo rosa, atolondrada y tímida que había entrado en su despacho unos días atrás estaba allí, a unos metros enfrente de él con un mini-top que lograba atraer su atención e ignorar a la despampanante morena asiática que le acariciaba la espalda.

Ya cuando la vio entrar en la consulta con ese aire bohemio, el pelo rosa bajo el gorro y la voluminosa carpeta llena de papeles, se advirtió a sí mismo que debía poner una barrera entre ellos si quería mantener su corazón intacto.

Remus Lupin, a pesar de sus años, era un romántico imposible. Uno de esos pocos hombres que se ven como el protagonista de las historia de caballeros andantes y princesas raptadas. Ya de pequeño tenía esas maneras de abogado del diablo y fueran niñas o no, el corría en ayuda de cualquier inocente en apuros.

Su gesto espontáneo de tender la mano no siempre le había salido bien, pero no había escarmentado del todo. Los desengaños le habían creado una coraza fina de desconfianza que cedía con pocos embistes y era nula ante las mujeres inocentes. Quizá por eso su firme decisión de interponer una barrera y basar su relación con Nymphadora en la estrictamente profesional, se disolvió cuando la encontró en la casa de su amigo Harry.

-¿Y qué miramos con tanto interés? -Remus volvió la mirada hacia el hombre que le había hablado, pero no contestó. Se limitó a beber a sorbos de su copa con aire pensativo.

-Recuérdame cuántos años hace que Melinda se fue.

-Cinco. Tres meses, dos días y cuarenta y cinco minutos -Le contestó como un autómata.

-Es mucho tiempo¿no crees? -La chica asiática que hasta entonces le había estado acariciando la espalda, observó a Remus escéptica sopesando algo. Dos segundos después, sin decir nada, se alejó de ellos en busca de una presa más prometedora y paseando su mirada por el local se topó con alguien realmente interesante.

-¡Harry Potter¡Qué sorpresa! -El aludido observó como la punta de la nariz de Ginny palidecía al escuchar esa voz. Cerró los ojos deseando que aquello fuera una de sus pesadillas, pero Ginny entrecerró los ojos con rabia al ver a Cho Chang acercarse bamboleante a ellos.

Hermione, Neville, Draco, Ron y Luna, que bailaban un poco alejados presintieron un cambio en la Fuerza y se giraron lentamente para observar el panorama. Incluso Tonks, que babeaba ya sin remedio delante de su conquista, desvió la atención hacía sus amigos. Harry Potter, Ginny Weasley y Cho Chang en una misma estancia: alerta roja.

-¿Cuánto tiempo, eh, Harry? -Cho se apresuró a darle un par de besos a Harry, a Ginny le hizo un gesto seco con la cabeza. El resto del grupo hizo fuerza detrás de la pelirroja conociendo las maneras que gastaba Ginny cuando Chang estaba cerca.

La historia de aquel trío era por todos conocida. El típico lío de chica quiere chico, chico está loco por la pelirroja. Todo resultaría más sencillo si Cho no fuera una mujer muy cabezota y Harry consiguiera hacerle entender que no estaba interesado en ella.

-No tanto, no creas -Murmuró Harry con desgana. Ginny respiró un par de veces profundamente buscando su luz interior.

-Un año, querido -Se colgó de su brazo -En aquella exposición de cuadros. Nos lo pasamos tan bien -Cho exageraba, como siempre. Deseaba hacer enfadar a Ginny y que Harry se diera cuenta de la arpía con la que vivía.

-Cho, no fue para tanto. La conversación duró cinco minutos -Harry se presionó el punte de la nariz con gesto cansino mientras hablaba. A su lado notaba que la tensión de Ginny crecía, crecía y crecía; le estaba haciendo la mano polvo de tanto apretar.

-Tienes una conversación tan amena. De todas maneras fue más divertido después -Soltó con picardía. Ginny gruñó amenazante, pero Harry la retuvo antes de dejarla descuartizar a Cho.

-¿Ahora te masturbas pensando en las conversaciones que tienes conmigo? -Ginny abrió la boca alucinada. Por naturaleza, Harry Potter era, por definición, el buen sentido de la palabra bueno. Incapaz de insultar, increpar y humillar a nadie. Pero ahí le tenía, el entrecejo levemente fruncido le mostraba a Ginny la magnitud de su enfado.

Cho palideció aún más sorprendida que la pelirroja, pero ella no tuvo en cuenta que las cosas que menos soportaba Harry Potter eran la mentira y la difamación.

-La verdad, Harry, desde que te juntas con marimachos como esta; te vuelves igual de grosero -La asiática enseguida se recuperó del soponcio y contraatacó con dureza.

-¿A quién dices marimacho, pelandrusca barata? -Ginny había aprendido de su madre dos cosas: A cocinar y a comportarse con educación hasta que el "tocapelotas" de turno se ha excedido.

-A ti, está claro. Sólo un marimacho como tú puede ser Jefe de los Bomberos de Londres -Molly Weasley también había enseñado a su hija la validez de un buen derechazo a tiempo y, sin pensarlo demasiado, Ginny descargó su puño en la bonita cara de Cho como única respuesta.

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Continuará...

P.D.: Vuestros RR serán contestados en otro RR a mi nombre. ¡Un saludo!