¡Hola de nuevo! He regresado con un nuevo capítulo, para el que me costó encontrar la inspiración. Mi impresión es que el tono divertido ha disminuido, espero que no mucho. De todas maneras no quedó del todo mal para la situación que le toca pasar a Tonks.
En este tiempo de espera, habreis desesperado. Lo siento de todo corazón, pero cuando sea presidenta del Gobierno instauraré los días de 48h, con vacaciones de seis meses obligatorias.
¡Gracias por esperar pacientemente y a leer toca!
Capítulo tres
-¡Pelandrusca¡Calientabraguetas!
-Ginny, cariño, no...
-¡Marimacho!
-Chang¡cierra la boca!
Harry Potter empezaba a perder la paciencia. No sabía cuánto tiempo había pasado desde el espectacular puñetazo de Ginny en el ojo de Cho, pero desde luego aquello había evolucionado hasta parecerse a una batalla campal en un Saloon de una película antigua de cowboys. En el momento en que lo pensaba, una de esas bonitas sillas de diseño del bar volaba por encima de la cabeza de Draco, muy concentrado en despegar a Cho de Ginny.
Si alguien no paraba aquello, la noche iba a terminar muy mal. Y, estaba claro, que él no iba a ser el que pusiera paz cuando ni siquiera era capaz de coger a Ginny por la cintura y alejarla de la asiática. Hay que ver la fuerza que tenía la pelirroja. Entre los forcejeos, se tomó un momento para mirar a su alrededor sin poder evitar un momento de congoja por la muestra de amistad del resto del grupo. Al estilo Banzai, la apacible Luna repartía manotazos a diestro y siniestro contra toda mujer de más de una ochenta y cinco C de pecho. Neville y Ron se ocupaban de que no se hiciera daño a si misma. Hermione propinaba certeras patadas en las espinillas, agradeciéndole al cielo aquel novio futbolista que tuvo unos meses atrás. Incluso creyó observar el rosa chicle del pelo de Tonks en algún momento de la pelea.
-¡Maldita cara plana de ojos rasgados¡Vuelve a tirarme del pelo y te arranco los ojos! -Ginny gritaba como loca en brazos de Harry, que al fin había conseguido separarlas ayudado por Draco, al que no le gustaba desaprovechar la ocasión de dejar volar sus manos por las cinturas femeninas.
-¿Tu y cuantas más como tú, intento de mujer?
-¿Serás golfa? Ya verás que no necesitas pasar por quirófano para agrandar esos ojos. No los vas a necesitar -Y Ginny se lanzó de nuevo sobre la cara de Cho arrastrando a Harry, que la retenía por la cintura, sin darle un momento de respiración. La mirada de verdadera angustia desesperada de Draco no tuvo desperdicio. O alguien paraba aquello o terminarían todos en la comisaría más cercana.
Sin embargo, el hombre que debía poner fin a todo aquello, el dueño del local y uno de los más ricos de Londres; Sirius Black, de los Black de toda la vida, aquel cuyo éxito con las mujeres era su mejor trabajo, el hombre elegante del año según la revista "Vanities", no parecía tener el menor interés en parar lo que el consideraba el mejor espectáculo de peleas entre mujeres de todos los tiempos desde aquel festival de Miss Camiseta Mojada en una playa perdida del sur de Cádiz.
Situado en un discreto segundo plano, acompañado del único hombre conocido hasta la fecha capaz de ser tan expresivo como el papel de celofán mojado, observaba la escena a cámara rápida. Si la hubiera rodado Riddley Scott, ahora formaría parte de la película de "Gladiator", cámara de 8mm y rodada por un director de fotografía con el baile de San Vito.
Unos metros alejado de él, su "adorado hermano", Regulus, se movía de un lado para otro desesperado, inquieto y algo asustado, intentado poner paz entre los violentos. Cuando comprendió que él solo no podría recurrió, como siempre, a su hermano mayor.
-Habrá que hacer algo -Aquello nada tenía que ver con una petición o un consejo, fue una orden que Sirius ignoró.
La relación fraternal entre los dos nunca había sido un camino de rosas, si bien se aguantaban en un estado de tensa calma. A ciertas edades la peleas a base de pellizcos, patadas e insultos que incluyen el "eres como la luna y todas las estrellas juntas de tonto", "pues, tú más"; ya no quedan muy bien. De modo que sus diferencias las resolvían compitiendo en todos los aspectos de su vida: A ver quién es el más guapo, a ver quién es el que más mujeres tiene en su cama (un día Sirius rompió la cama por la mitad al intentar meter veintidós mujeres en ella), a ver quién gana más dinero...
Ninguno se daba cuenta pero ambos estaban de acuerdo en un punto básico y elemental para resolver el misterio de aquella enconada inquina fraternal: echaban la culpa de su situación a los señores Black. Cada uno en una vertiente distinta, pero la conclusión era que tanto papá, como mamá habían potenciado en ellos el ansia de ser mejor que el otro. Por tradición familiar, en cada par de hermanos de la famosa familia Black los progenitores potenciaban la competencia, la ambición y el ansia ilimitada de poder desde el mismo momento en que el bebé recién nacido se chupaba el pulgar en la cuna. Consecuentemente Regulus creía que a Sirius lo querían más que a él y, por el contrario, Sirius creía que beneficiaban a Regulus porque era mejor hijo, mientras que los padres se sentaban a observar como sus hijos se despedazaban en el nido familiar.
Regulus parecía aceptar aquella situación con la resignación de quién no puede elegir otra vida. Él era un Black y como todos los varones de su estirpe era su deber llegar a ser una de las personas influyentes de la ciudad le pesara a quien le pesara. Sin contar, que manipular, amenazar, amasar fortunas y retozar con bellas mujeres ligeras de cascos no le parecía una vida tan mala.
Desde hacía algún tiempo para Sirius las cosas ya no eran así de sencillas, aunque vivió sus primeros años de juventud años cegado por el brillante porvenir que implica pertenecer a la familia,. Ni creía pertenecer a aquel grupo social, ni tener el tipo de madera necesaria para ser un desalmado sin escrúpulos. Él era mucho más que el heredero de una famosa estirpe familiar famosa por los asuntos secretos. En su mente existían otras vidas, otras maneras de tratar a la gente y la libertad.
Sirius volvió a mirar el panorama del bar, alucinándose por un momento de que a ninguna de aquellas chicas se les saliera uno de los pechos, tan precariamente recogidos en esos minitops, a pesar de tanto movimiento. Escuchó un gruñido doble de frustración a ambos lados de su cabeza; uno de su hermano y otro del portero que ansiaba entrar en acción.
-Está bien -El suspiro de Sirius dejó bien claro que hubiera mantenido la fiesta de no ser por la silla lanzada por los aires y que casi da en la cabeza de Elton John a pesar de estar parapetado detrás de uno de sus guardaespaldas -Cálmalos, Goyle -El portero se marchó feliz -Regulus, saca de aquí al Vip -Elton John se agarraba frenético a los hombros del guardaespaldas.
-¿Por qué no lo haces tú? -Se quejó el aludido sin disimular su malhumor.
-Porque lo mando yo y tú eres el pequeño. Además, eres el relaciones públicas -Entre la muchedumbre apareció Remus de repente inusualmente sonriente. Señaló con la cabeza a la chica de pelo rosa que intentaba esquivar sin mucho éxito el puño de una amiga de Cho Chang. Sirius frunció el ceño al verla, porque a parte de reconocerla como la chica del cuadro, justo detrás de ella, descubrió un par de figuras conocidas: una pelirroja con muy mala leche que golpeaba con su bolso a Goyle y un chico despeinado con gafas intentaba retenerla por la cintura sin mucho éxito.
-¿Ginny... y Harry? -Regulus los miró sin mucho interés, casi con desagrado. Pero Sirius, no le hizo caso. Claro que eran ellos y si estaban allí, Hermione Granger no podía estar mucho más lejos.
-¡Alcánzame ese micrófono! -De nuevo Hermione. No hacía ni dos días que volvía otra vez a Londres y ella reaparecía en su vida. Ahora sí debía parar esa pelea -¡Quietos todos¡Salid todos de mi bar o llamo a la policía!
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…Acuario. Amor: Si no tienes pareja debes acudir a cualquier evento nocturno al que te inviten. …
"Woman, Horóscopo, Abril 2006"
Para que luego digan que los horóscopos, y esos tipos que se hacen llamar adivinadores, nunca aciertan. Tonks jamás volvería a creerse esa leyenda urbana que circula por la ciudad de que, en realidad, la sección de los Horóscopos está escrita por el becario de turno. Ese que necesita sacar unas libras para pagarse la matrícula del segundo curso de periodismo. Aunque Luna le explicara una y mil veces que la leyenda era cierta (ella misma, tragándose todos sus principios, había claudicado en algún momento de su carrera periodística), Tonks tendría ahora un nuevo argumento para discrepar.
¿Qué fue lo que llevó a Hermione a leer el horóscopo de todos, aquella noche en su apartamento¿Qué tipo de piruetas del destino llevaron a Ginny a comprar una de esas revistas de mujeres? (Neville estuvo inspirado cuando apuntó que aquellas revistas no eran para mujeres, ni feministas; sino una de las armas masculinas para minar la autoestima femenina y seguir subyugándolas a su poder machista y fanfarrón) ¿Cómo fue posible que Hermione decidiera leerles el horóscopo? Fuera lo que fuera, Tonks estaba decidida a mandar una carta de felicitación al acertado astrólogo.
Profundizar en la persona de Remus Lupin, no era ni mucho menos la idea que tenía de la relación ginecólogo-paciente. Y por supuesto, después de su pequeño incidente en la consulta, no pretendía estar cerca de él lo suficiente como para mantener una conversación.
La cuestión era que aquella noche, ahora que la analizaba sentada en el coche de Remus, con un enorme filete en el ojo morado y una botella de cerveza en la mano acompañada por una bolsa de frutos secos, le había deparado muchas sorpresas.
Entre ellas el comportamiento de la rubísima Luna, la que siempre pareció ser un ente pacífico, atolondrado y bastante preocupado por su propia seguridad. Sin embargo, Luna no huyó ante la primera adversidad, sino que defendió a capa y espada a Ginny.
Se sentía bastante culpable por haber dejado a sus amigos abandonados en aquel bar, pero cuando Remus apareció entre la muchedumbre y la cogió por la muñeca, estaba demasiado atontada como para reaccionar. La pelea desde dentro resultaba una mala pesadilla a cámara lenta que no le impidió esquivar el derechazo de una voluptuosa morena en pleno ojo. Concentrada en su ojo dolorido, Tonks se dejó arrastrar a la salida sin protestar.
-¿Qué tal ese ojo? -Remus dejó la botella de cerveza sobre el salpicadero en un precario equilibrio y se acercó a su cara para observar el morado del párpado con ojo clínico. Tenía una de esas típicas caras que ponen los médicos cuando te miran las anginas y descubren que sí, que tienes placas con pus y que el siguiente paso es una inyección de caballo en tu delicado glúteo -¿Te duele mucho?
-Sólo cuando me río -Masculló Tonks. Intentó tragar el garbanzo tostado que había encontrado en la bolsa de frutos secos, pero, a parte de ser seco de verdad, la cercanía de Remus había conseguido dejarla sin aliento.
-No sé por qué no me has dejado darte el calmante y ponerte una pomada contra los morados -Remus se volvió a acomodar en el respaldo del asiento del conductor. Tonks miró el letrero de la farmacia donde Remus había aparcado a través del cristal del parabrisas.
Después de sacarla del bar, la había llevado a la farmacia, pero Tonks se había negado a ponerse una de esas pomadas engañabobos y había jurado y perjurado que únicamente aceptaría un buen filete congelado como tratamiento para su ojo. Era una chica de principios, nunca usaba productos que pudieran haber utilizado animales como experimento.
-Ya te lo he explicado, Doc -Repuso después de tragar el garbanzo. Remus chasqueó la lengua y sonrió con verdadera cara de mala leche.
-Como si matar una vaca, trocearla y congelarla, después de haberle dado hormonas para su engorde; no fuera un acto desconsiderado hacia los animales -Tonks abrió la boca para replicar, pero Remus la cortó volviendo a sonreír -Palabras textuales tuyas.
-Oportunista.
Llevaban ya un buen rato, sentados en el coche. Además del filete, Lupin había comprado las cervezas y algo de comida como si supusiera que a Tonks le gustaría la idea de quedarse con él en el coche lo que quedaba de noche. Pero nada tenía sentido ya. Tal vez fuera por los mullidos asientos del pequeño Citroen o el golpe en el ojo que la había vuelto loca. Quizá fue la predicción de aquel astrólogo en la revista para mujeres, no lo sabía. El caso es que mientras hablaban, Tonks decidió que debía conocer al único hombre del mundo que no se extrañaba por su tendencia a comerse los garbanzos tostados de una bolsa de frutos secos y para mayor misterio, el único hombre, masculino y singular, capaz de perder diez minutos de su vida buscando el maíz más gordo.
-¿Puedo preguntarte por qué eres ginecólogo?
-Ya lo has hecho -Remus sonrió de nuevo y le pegó un trago largo a la cerveza -Mis padres quería que fuera neurólogo y yo para revelarme, me hice ginecólogo.
-No -Aseguró Tonks mirándolo incrédula -¿De verdad?
-Exacto. Además siempre me gustó traer niños al mundo.
-¿Y esa es tu historia¿Un pequeña rebeldía y eres ginecólogo? Traer niños al mundo se puede hacer de otras maneras -Remus soltó una carcajada, mientras rebuscaba el maíces grandes por toda la bolsa -Yo pensaba que observar los bajos de las chicas respondía a tus instintos más masculinos.
El ambiente distendido se ensombreció por unos breves momentos tras aquella afirmación, pero enseguida Remus recuperó su sonrisa.
-Pero es bonito traer niños al mundo. Quiero decir, yo no podré...
-A ver como sacas cuatro kilos de carne por ese tubito que tenéis los hombres, casi no podemos nosotras... -Le interrumpió Tonks. Remus puso cara de asco al imaginarse la escena.
-Ehm... ¿Siempre eres tan gráfica? -Tonks asintió enérgicamente aplastándose el filete casi descongelado contra el ojo dolorido. Un par de gotas de sangre cayeron sobre su vaquero.
-¡Oh! Vaya... - Tonks miró apesadumbrada el estropicio en su pantalón .
-¡Estupendo! Ahora que el filete no sirve y está claro que no ha bajado la hinchazón, vas a hacer caso al médico, por una vez en tu vida -Sin miramientos le arrancó el filete de las manos y sacó una pomada del bolsillo. Con suavidad la extendió por el ojo, conteniendo la respiración, al igual que Tonks.
La mente de la chica comenzó a volar, mientras Remus le ponía la pomada. Solamente dos veces en su vida se había sentido así: alucinada y babeante, esperanzada y con el corazón a punto de salírsele por la boca. Dos veces. Una era esta y la otra casi termina en boda.
Tonks se conocía lo suficientemente bien como para saber que se estaba enamorando. No necesitaba más mensajes subliminales. La pierna le temblaba, sentía escalofríos, una pequeña gota de sudor cayéndole por la nuca muy cerca del lugar por el que Remus la había agarrado para que no se escapara del tratamiento. Por un momento pensó en besarlo, pero se contuvo. Con Martí no se controló y después el dolor fue demasiado profundo.
-Quizás debería ir a casa -Tanteó Tonks cuando Remus terminó de ponerle la pomada.
-Podrías esperar a terminarnos la cerveza y te llevo a tu casa, después -Y sin más presiones aceptó. Todo parecía sencillo cuando Remus lo proponía. Te ofrecía una noche en su coche con acompañamiento de cervezas con la misma naturalidad y suavidad que en la consulta te indicara que abrieras las piernas y te relajarás.
Una cerveza siguió a otra y con los primeros rayos de la mañana se dieron cuenta de que la parte trasera del coche tenía un significativo acumulo de cascos no retornables de cerveza barata y que las bolsas vacías de frutos secos ocupaban una gran parte del salpicadero. Sin embargo, ninguno se quería marchar a casa.
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Ginny lloraba. Uno de esos llantos interminables con lágrimas gruesas e hipidos que incomodan a los hombres. Ginny lloraba desconsolada en un sillón del despacho de Sirius Black y Harry se desesperaba a su lado.
-Lo...lo siento tanto, Si-rius...-Entre hipidos y trompeteos intensos en el pañuelo que amablemente le había prestado el mayor de los Black, Ginny intentaba desarrollar el discurso de disculpa que tenía en mente -No... no sé qué me pasó... -Miró de reojo a Cho que intentaba ligar con Draco con éxito y el llanto se calmó de repente -Bueno sí sé lo que pasó¡maldita furcia insulsa!
-¡Ginny! -Harry era un hombre paciente con la pelirroja, pero ahora mismo no resultaba la Ginny de siempre y eso lo sacaba de quicio. Primero se pelea, luego llora como una magdalena, luego vuelve a gritar y ahora estaba llorando otra vez. Harry la volvió a acurrucar entre sus brazos -Ginny qué te pasa, pichoncito -Ella lo miró con los ojos acuosos tremendamente apenados y sin decir nada volvió a llorar desconsolada.
-Podemos estar así toda la noche -La falta de tacto de Regulus no fue bien recibida entre los presentes, principalmente porque todos eran amigos de la pelirroja llorona. Únicamente Cho sonrió como aprobación a lo que Regulus había dicho. No sólo le aburría esperar el veredicto de Sirius si no que con un empujoncito más esa noche tendría un acompañante rubio y elegante.
-Vuelve a decir algo sobre mi hermana y te parto la boca -Ron nunca había tragado al hermano de Sirius. Todos lo sabían y ninguno lo disimulaba. En realidad, según el pensamiento general del grupo, su mala leche debería ir en contra de Sirius por el simple hecho de haber conseguido de Hermione más que él. Pero Ron reconocía a los buenos competidores cuando los veía, Sirius lo era. También sabía cuando su competidor era inconstante, exactamente como Sirius. Por otra parte, Regulus nunca tuvo mucho interés en tratarlos bien, es más, rechazaba por completo la tendencia de su hermano por juntarse con aquellos simplones.
-Regulus tiene parte de razón.
-¿Ah, si? -El aludido miró a Hermione tan sorprendido como orgulloso por haber ganado un poco más a su hermano.
-Aquí ya no pintamos nada -Orgullosa, altanera y con mala leche. Así era Hermione cuando le preguntaban por Sirius Black. Multipliquemos eso por mil si el susodicho estaba presente. Los dos se miraban fijamente retándose -Black ha decidido no denunciarnos y la fiesta ha terminado. Mejor nos vamos a casa, Ginny se tranquiliza y a otra cosa mariposa.
-Siempre has sabido resolver los problemas fácilmente -Replicó Sirius con toda la intención. Todos se quedaron en un silencio tenso, hasta Ginny paró de golpe sus lastimeros sollozos.
-Si es para no tener que tratarte, agudizo mi ingenio. ¿Nos podemos ir o esta tortura continuará mucho rato más? -La chica no se amilanó. Recogió su bolso con fiereza y se dirigió la puerta de salida.
-La verdad es que preferiría que este reencuentro hubiera sido más...amable -Confesó en tono suave Sirius. Posó su mirada un par de segundos más en Hermione, pero la frase iba dirigida a todos. Ginny reanudó el llanto, asegurando en voz alta que ella no quería haber sido un problema. Sirius se acercó a ella -No, Ginny, no. No te preocupes. No tienes culpa de nada.
-¿Estás diciendo que la tengo yo? -Cho se sintió aludida.
-¡Está claro, golfa! -Ladró Ginny.
-Está bien, basta ya las dos -Harry perdió realmente la paciencia - Cho Chang -La china se acercó a él melosa -Espero que te quede bien clarito que no quiero volver a tenerte cerca de mi, ni de Ginny por los siglos de los siglos. No me interesas, no me gustas y punto. ¿Entendido? -Cho asintió con los ojos bajos falsamente arrepentida y sin más teatro volvió a su lugar al lado de Draco. Harry se volvió a Ginny a la que le brillaba la mirada de emoción -Cielo, has estado estupenda. Mi leoncilla peligrosa. Pero no quiero una escenita de estas nunca más o tendré que pedirte que te cases conmigo -Ginny torció el morro.
-¡Oh, no¡Que no se te ocurra hacer eso Harry James Potter o nuestra relación terminará en el preciso momento en que me lo pidas! Que manía con tenerme atada -Ginny se levantó del asiento verdaderamente enfadada -Tú no me pidas matrimonio y yo no te montaré escenas.
-Hay que ver los cambios de humor que tiene está chica -Le comentó Goyle a Regulus por lo bajo. El menor de los Black asintió pensando que era mejor no verla en un mal día.
Ginny se volvió hacia Sirius para pedirle de nuevo perdón, con el consecuente puchero e intento de lloro que Harry cortó de raíz llevándosela del despacho, no sin advertirle antes a Sirius que volverían a verse un día de estos. Draco se despidió de Cho, dejándola con un palmo de narices. Había sido divertido jugar un poco, pero su sentido de la amistad, extraño pero bastante leal, le impedía liarse con la enemiga de Ginny. Todos empezaron a salir lentamente del despacho.
-¿Sería posible que te quedaras un poco más, Hermione? -Si en algún lugar del mundo existiera la magia, aquella frase hubiera sido el conjuro más parecido a un hechizo paralizante. Todos giraron sus cabezas lentamente hacia Sirius que parecía haberse parapetado detrás de su mesa de ejecutivo y sonreía con la desfachatez propia de su familia. Y como en un partido de tenis, en una repetición, las cabezas giraron igualmente hacía la cara entre sorprendida y desconfiada de Hermione. Sin decir una sola palabra, Hermione les abrió la puerta a todos para dejarles salir, incluyendo a Goyle y a Regulus. Después la cerró de un golpe, quedándose sola con Sirius en el despacho. No volvieron a saber nada más de ella hasta dos días después.
-¡Por cierto! -Neville abrió la boca por primera vez en toda la noche una vez metido en el coche de Draco -¿Alguien sabe dónde está Tonks?
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Tonks estaba en el cielo. Un vuelo directo desde la puerta de su apartamento hasta las puertas del cielo donde San Pedro la esperaba tintineando las llaves. El cielo sería una gozada, estaba segura, si San Pedro tenía la cara de Remus y los angelitos del cielo esas manos suaves que viajaban por debajo de su top.
No sabía cómo había llegado desde la puerta de su pequeño estudio hasta la cama aún desecha de la mañana anterior. Podría haberle avergonzado no tener un poco ordenada la casa, pero a mal tiempo buena cara, no tendría que preocuparse por deshacerla. Tampoco Remus parecía darle tregua.
De quién fue la idea de acercarla a casa, no estaba segura. Probablemente la culpa era de Remus que a estas alturas de la película se había revelado como el hombre más tierno, sensible y amable del mundo. Una joya, vaya. La cuestión era que ella no se había negado, porque en el fondo estaba deseando que pasara.
De lo que sí estaba segura, era que fue ella misma la que le ofreció pasar la noche en su estudio. Un impulso en un principio tremendamente inocente. Lo había hecho muchas veces con sus amigos, y Remus le inspiraba muchas cosas entre ellas la confianza de una buena amistad.
En casa de Tonks siempre había existido la costumbre de tener un cepillo de dientes desechable para los invitados y un pijama de emergencia. La hospitalidad del sur en algunos casos podría llegar a ser agobiante, pero siempre bienintencionada. De tanto vivirla, Tonks la había adoptado cuando voló del nido materno a la gran ciudad. Neville había aceptado varias veces su hospitalidad e incluso Draco, aunque con él, eso representaba un peligro.
Remus aceptó la oferta, ante la sorpresa no disimulada de Tonks. Debería haber supuesto que el razonamiento "si bebes, no conduzcas" surtiría un buen efecto en un médico, pero aún así se sorprendió. Subieron los cuatro pisos que llevaban a su buhardilla entre frases absurdas y risas flojas, como dos niños maquinando una travesura. Remus la seguía en la penumbra con una sonrisa traviesa y el paso vacilante. Tonks lo achacó a las cervezas, pero la realidad era que en la mente de Remus se empezaba a formar una idea que lo asustaba y lo emocionaba a partes iguales.
Al intentar meter las llaves en la cerradura de la puerta del apartamento, Tonks recuperó su torpeza habitual y se le cayeron al suelo. El segundo que tardó en agacharse a recogerlas y levantarse de nuevo, le sirvió a Remus para convencerse de algo muy importante. Tonks abrió la puerta acompañada del chirrido característico de las bisagras mal aceitadas, pero no las oyó, porque Remus se había abalanzado encima de ella besándola con pasión.
-Perdona el desorden -Tonks decidió apagar el fuego, lo suficiente como para que durara un poco más y no se quemasen sin remedio. Remus siguió besándole el cuello.
-Ni me he fijado -Se le oyó decir. Una voz ahogada, sin despegar los labios de la piel de Tonks. Un poco después, él también pareció pensárselo y dejó de besarla. Se sentó a su lado con la camisa abierta -Perdona, no suelo ser así de grosero.
-¿Grosero? Remus, ser grosero es eructar después de comer un filete -Rió Tonks, antes de acercarse y besarlo. De repente Remus había vuelto a su actitud vacilante.
-Tal vez -Remus le respondió al beso, para luego pasear su mirada por el estudio -Así que vives aquí
-Exacto. Salón-cocina-habitación. Todo en uno. Treinta metros cuadrados bien aprovechados, pero lo bueno es el pequeño desván que tengo arriba, allí trabajo -Lo abrazó por la espalda con la sensación de estar con un tipo al que conocía de toda la vida. Con la calma de saber que lo conoces todo sobre él, aun cuando no era cierto. Tonks ignoró la contradicción que aquello suponía.
-¿Arriba haces tus cuadros? Nunca pensé que conocería lo opuesto al estricto trabajo de un médico.
-¿Nunca pensaste que conocerías el estricto trabajo de un artista?
-Bohemios, holgazanes, pintamonas decía mi abuelo -Lo recitó de memoria.
-Debió leerse alguna biografía de Picasso -Repentinamente, Remus se dio la vuelta abalanzándose de nuevo sobre ella. Tonks se dejó y el ambiente se volvió a calentar. Cuanto más la tocaba, más se encendía. Sin pudor alguno, Tonks metió la mano en los pantalones de Remus y él la imitó. Todo era perfecto, sin más. La chica suspiró relajada y cometió el error más grande de su vida.
-Existe un estudio... que asegura que un cuarenta y cinco por ciento de...mmm... las mujeres...fantasea con montárselo con un ginecólogo -Bromeó entre suspiros mientras le mordía el lóbulo de la oreja. El ambiente, de pronto, se congeló y Remus se separó de ella con brusquedad. La expresión de angustia de su cara la asustó.
-Lo siento, lo siento, Nymphadora -Remus recogió sus zapatos, la camisa y el abrigo a una velocidad de vértigo -Pensaba que podía... pero... -Se fue alejando hacia la puerta, sin darle la espalda mientras Tonks lo miraba sin entender -Lo siento, Nymphadora -Abrió puerta de entrada y salió corriendo.
Tonks, no reaccionó hasta unos minutos después. El recuerdo de las suaves caricias de Remus por su piel se disolviendo a medida que la pena subía fría desde el estómago hasta la garganta. Semidesnuda, caliente y sentada sobre su cama mirando la puerta por dónde había huido Remus.
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Continuará...
Aprovecho para decir que contesto a los RR en otro RR que dejo para mí.
Un saludo general,
Billie Noir
