Regresé. Mejor tarde que nunca¿no? Tengo mil excusas válidas y verídicas para la tardanza, pero no os las creeríais. Principalmente le echaré las culpas a la falta de inspiración.

Este es un capítulo de transición mientras pienso cómo se desarrollarán los acontecimientos, porque se me está alargando la historia.

No os doy más la lata. ¡A leer!


Capítulo cuatro

Interludio

El Catedrático del departamento de "Arte Mitológico y Pagano", en opinión de todos los colaboradores y profesores asociados, tenía doble personalidad. O al menos el carácter que podría indicar su físico no concordaba su verdadero temperamento. Era tan gordo, sonrosado y parecido a un cerdito bien cuidado como frío y calculador en todo lo respectivo a su cargo o trato con las personas. Tenía la figura de un cocinero bonachón y el carácter de un déspota frustrado. Una de esas personas que despistan en la primera impresión, porque -y sobre esto había teorizado múltiple veces Neville cuando llevaba dos copas de más- ¿por qué un gordo tiene que ser simpático? No tiene ningún sentido en una sociedad que alaba a los esqueletos andantes y ningunea la grasa mal o bien colocada. En resumen, aquel hombre podría erigirse en el líder de un movimiento de personas con sobrepeso realmente cabreadas con el mundo y no sería ninguna locura.

Aquella mañana, detrás de su lujosa mesa de despacho, el Catedrático se inclinaba sobre el primer borrador de la tesis de Tonks, dejando a la vista su frente despejada que incluía la coronilla. En toda la cabeza sólo había una única zona de pelo rubio pajizo mezclado con algunas canas que le unía una oreja con la otra. Tonks observaba los brillos de la calva con la mente en blanco ajena a los ojos entrecerrados bajo las gafas de pasta de su jefe.

Un repentino y brusco gesto del hombre le hizo darse cuenta de que tenía bigote. Bueno, no exactamente, Tonks sabía que el Catedrático tenía bigote, pero no había caído en la cuenta de que en él no pintaba nada. Es decir que, con mostacho o totalmente afeitado, la imagen final del hombre no variaría. Una explicación sencilla: imaginad a Cantinflas sin sus tiernos pelitos en las comisuras de los labios. O a Hittler sin el bigote perfectamente cortado (quizás la historia se contaría de otra manera); el carisma de ambos ya no sería el mismo; al contrario que aquel mostacho rubio desabrido.

Centrada en analizar el bigote de su jefe, Tonks no notó como él, a su vez, la observaba. Sus ojillos tenían la viveza de un tipo que no se limita a ver a una persona de manera superficial. El Catedrático, cuando tenía a alguien delante, lo despedazaba en partes del tamaño perfecto para ser estudiadas con calma y saber, así, cómo enfrentarse a él. Sin embargo, el hombre, conocedor de su poder, había ideado la manera perfecta deque nadie se percatara: unas gafas chiquitillas y anticuadas que, parapetado detrás de ellas, le permitían disimular su afilada mirada. El Catedrático era un verdadero espía camuflado.

-Cuando te dije que quería el borrador lo más pronto posible, no me refería a cuatro días después -Tonks no parecía estar escuchando y el catedrático carraspeó. Tonks continuó absorta con la vista fija en el bigote -¿Nymphadora, me oyes?

Tonks parpadeó de regreso a la tierra -Mil bigotes, señor... ¡Oh! Mil perdones -El catedrático no se permitió liberar la carcajada que se le alojó en la garganta, pero no le faltaron ganas. Tonks, azorada, se inclinó hacia delante en la silla para hacerle ver que ya estaba despierta y atenta a su palabras -Le escucho.

-En primer lugar, Nymphadora, no deberías estar aquí si no en tu casa. Durmiendo, o relajándote -El catedrático no utilizó su habitual tono duro, hecho que sorprendió a Tonks. El hombre señaló el borrador -La velocidad con la que has hecho esto no es normal, ni siquiera para ti. Y yo no soy muy dado a los confesionarios, pero si me cuentas que has hecho el borrador de doscientas páginas de tu tesis en tres días y además, has terminado cinco cuadros más para la próxima exposición del departamento...Sólo se me ocurre una pregunta: Nymphadora¿estás bien?

El catedrático se quitó las gafas, en un gesto de acercamiento inusitado en su persona. La verdad es que no lo aceptaría nunca en voz alta, pero las ganas y la alegría de Tonks por hacer su trabajo, le recordaban a él con cuarenta años menos. Sin las desilusiones que tendrían que venir. Por eso, la trataba con una sutil condescendencia, perfectamente estudiada para que ni ella se diera cuenta.

Tonks contuvo la respiración y el nudo en la garganta dispuesta a negar tener algún problema todo lo que pudo hasta que, la mirada insistente de su jefe, la hizo resoplar y venirse abajo.

-¡No! No estoy bien. Pero usted es mi jefe y no mi confesor. Ni siquiera mi madre intentaría sonsacarme de una manera tan descarada -El catedrático se apresuró a contradecir a la joven, pero Tonks no se lo consintió -Cualquiera vería que no estoy bien a la legua. Soy consciente de mis ojeras y de los pelos de loca desatada. Llevo la ropa de hace dos días llena de óleo. No he comido, no he dormido y estoy fatal -El director de su tesis volvió a abrir la boca intentado entrar en el monólogo. De nuevo le fue imposible - ¡Cómo quiere que esté si me han dejado a medias¡Oh, sí! A medias. No hace falta que ponga esa cara. En mi casa y en mi propia cama. No debería contarle esto a usted, pero ya que me está sonsacando -En aquel momento, el catedrático se dio cuenta de su propia cara alucinada al escuchar al a chica y corrigió la boca abierta acompañada de los ojos sorprendidos hasta recuperar su gesto adusto con una ceja escéptica levemente arqueada hacia la frente. Como Tonks ya no lo miraba a él, sonrió divertido, como hacía tiempo no lo estaba -Una está sola. Llevo un largo tiempo sola. Y no está mal, usted ya me entiende. La soledad deseada es buena: llama a la inspiración y a la amistad. Porque al fin y al cabo es lo que queda, la amistad. Pero¡qué curioso!, siempre llega un momento en el que los amigos no son suficientes. Un tiempo en el que las películas de autor checoslovacas ya no llenan tus vacíos y que las buenas cervezas están mejor compartidas...

OoOoOoOoOoOoO

-...y a mi ya me conoces, Regulus. Siempre he pensando que era mejor estar solo que mal acompañado -El aludido resopló sin disimulo, pero Remus lo ignoraba y hablaba realmente con el vaso de güisqui que giraba entre sus manos. El pequeño de los Black intentaba ignorar al doctor acodado en la barra y concentrarse en los voluminosos tomos con las cuentas del nuevo bar sin conseguirlo -Quizás haya sido muy exigente, pero desde que se fue Melinda no he encontrado mujer como ella -Regulus olvidó que existía la paciencia y dejó con violencia su pluma en la mesa. Remus contrajo la cara en un gesto de dolor; uno nunca debía tratar así a una bonita pluma "Montblanc" de las más caras del mercado.

-Recuérdame una cosa, Remus, por curiosidad¿cuál fue la causa de que Melinda te dejara? -Regulus era un hombre que se caracterizara por su falta de tacto cuando le hinchaban las narices. Si eso se sumaba al detalle de que las narices de Regulus eran fácilmente inflamables (cuestión de herencia familiar), se obtenía el bonito resultado de la cara de Remus: una mezcla entre dolor y rabia. La misma que se te pone cuando te hurgan con el dedo en la herida.

-Ya la sabes, mamón -El doctor Lupin, y este es un dato a tener en cuenta, olvidaba los modales a la segunda copa (al contrario que con la cerveza). En toda la noche no había tomado más que cuatro cervezas, tres y media exactamente, la cuarta bailaba entre sus manos; sin embargo, cedía como un niño ante las maldades de Regulus.

Si bien, Sirius y él eran el ejemplo perfecto (y con peste a ñoña) de cómo se lleva una verdadera amistad; con Regulus era todo lo contrario. Lupin lo soportaba por ser el hermano de Sirius y aunque no se metía en las eternas peleas fraternales, sentía que con su presencia debía poner calma entre aquellos dos. Tal vez en otro momento, en otras condiciones, no estaría teniendo esta conversación con Regulus Black. Quizás nunca, pero estaba tan borracho y desmoralizado que bien servía el más oscuro de los Black como confesor.

-Entenderás que nunca me has caído bien -Remus sonrió cínico y murmuró un "¿de veras?" -Van ya tres noches que vienes por aquí, te bebes tres copas y acabas contándome tus penas, como si me importaran.

-Vengo en busca de Sirius, no vayas a creer que es por ti. Estoy viendo crecer tu ego.

-Remus, por favor, beber disminuye tus habilidades como orador incisivo. No tienes ni idea de las ganas que tengo de que te marches y me dejes tranquilo. Es más, tal vez deberías aparecer por el apartamento de Sirius.

-Ya lo he hecho -Remus se frotó la frente con torpeza intentando aliviar un incipiente dolor de cabeza.

Regulus retomó su quehacer con las cuentas del bar, pero ya sin concentración alguna. Golpeaba nerviosamente la pluma de marca contra la barra, mientras Remus seguía el movimiento con los ojos, hipnotizado. Al final, el menor de los Black optó por dejar los libros de cuentas y acercarse al ginecólogo -Dame dos razones de peso para que te escuche o lárgate -Le amenazó. Pero a estas alturas del relato un mosquito llamado curiosidad había picado a Regulus. Tres noches rondando y al final había caído como mosca en miel. Pandora tardó más en abrir su caja.

Remus lo miró con rencor, calculando que, posiblemente, hablar con Regulus no era la mejor idea del mundo. Había que estar muy desesperado o ahogado en pena o muy solo. Exactamente eso, tres condiciones que eran, contrariamente a lo que se pudiera pensar, aditivas. Remus era el resultado de la suma. A falta de Sirius -maldito amigo que se iba con la primera que veía-, bueno era Regulus. Así que, pensando todo esto, con un peor vocabulario y algún tartamudeo, Remus inspiró y se tiró a la piscina.

-Dos razones. La primera: Me he enamorado... -Regulus se relamió como el lobo antes de tragarse a Caperucita. ¡Un enamorado! Eso es carne de cañón, el conejillo de indias perfecto para un cínico escéptico y ególatra despiadado como él. No existe mejor enamoramiento que el que te provoca tu propia imagen reflejada en el espejo, todo lo demás es pura noñería made in Hollywood.

-¿De quién?

-No te voy a dar todos los datos -Gruñó Remus. Regulus se alejó de él para volver a sus libros fingiendo ofensa.

-Entonces el consultorio sentimental de R.A.B. se cierra -Amenazó. El doctor Lupin cedió de nuevo.

-Es una chica que...

-¡Espera, espera¿Es esa monada del pelo rosa? -Remus asintió con recelo, nunca es bueno que Regulus piense que la chica que te gusta es una monada -¡Vaya! Pues sí eliges bien. Los vaqueros se le ajustaban bien a su...

-¡Estupendo! Ahora que hemos aclarado el punto de quién es ella, pasemos a hablar de mí -Remus cortó oportunamente a Regulus antes de que terminara su expresivo gesto que acompañaba a la apreciación del culo de Tonks enfundado en los vaqueros. Remus ya se había dado cuenta de cómo le quedaba la susodicha prenda. Es más, lo había palpado.

-Procedamos, entonces -Concedió, Regulus, falsamente aburrido, todo aquello se estaba poniendo interesante -Me falta la segunda razón

Remus suspiró tres veces, y metido en sus pensamientos, negó otras tres veces la cabeza. Los segundos pasaron sin que dijera nada ante la mirada ansiosa de Regulus. Por fin, un pelín antes de que Regulus le gritara, Remus reunió el valor suficiente para confesarse.

-La cagué...-Y Regulus gritó desesperado.

-¡Maldita sea Remus John Lupin¡Deja el dramatismo y cuéntame lo que te pasa o lárgate de mi bar antes de que aplaste la cabeza con el bidón de Heinneken!

-Caray, qué humor gastamos -La sonrisa maliciosa de Remus dejaba bien claro, que le había gustado fastidiar al Black.

-¡Largo! -Regulus señaló la puerta del bar indicando claramente la salida. Erguido sobre su silla y con el ceño fruncido parecía una novia herida en su dignidad (y con razón) al saber que su "churri" le había puesto los cuernos.

-Pero no he terminado...

-¡Ni lo harás, maldito matasanos! Los Black no damos oportunidades.

-¡Pero estoy desesperado!

-Y a mi me está aumentando la jaqueca.

-¡Está bien! Te lo cuento de golpe y me das tu opinión -Sin darle tiempo a aceptar o declinar la invitación, Remus habló, esta vez serio. Tan serio y sobrio que hasta Regulus tuvo que ceder y escucharlo.

OoOoOoOoOoOoO

Susan Smith era una mujer normal con una vida normal. La normalidad la acompañaba en cada uno de sus pasos. Normales resultaban sus comidas y en el sexo la nota máxima que alcanzaba era un "normal". No era mediocre, ni espectacular. Ni mala, ni buena. Susan Smith era una de esas personas de las cuales nunca se haría un libro. A menos que en una conspiración mundial se quisiera matar a la gente de aburrimiento.

Susan tenía un don: seguía las normas al pie de la letra. Al nacer, su madre le ordenó no llorar y ella nunca lloró. Sus juegos de infancia estaban llenos de normas que definían exactamente el propósito de juego. Su adolescencia resultó ser paso a paso la descripción que aparecía en la enciclopedia médica. Como estaba mandado estudió, terminó su carrera, encontró marido. Uno perfecto. Trabajador, constante, tierno y muy macho. Susan se convirtió en la perfecta ama de casa, madre amante de sus hijos y no hubo un día en el que olvidara ponerle la comida caliente en la mesa a su familia. Exceptuando aquella tarde.

Parapetada tras las cortinas de la ventana del salón, unas cortinas preciosas de gasa cosidas por ella misma, observaba atónita los gritos de una pareja afuera, en la calle. Hacía un rato que había descolgado el teléfono dispuesta a llamar a la policía para denunciar a aquellos dos por escándalo público. Pero dentro de su rectitud y sus ganas de mantener la normalidad, algo se quebró en el mismo momento en el que la chica castaña de pelo revuelto sin pudor alguno vació una bolsa de basura encima de un coche aparentemente lujoso y, a la vista de la reacción histérica de él, perteneciente al guapo, moreno e hiperfamoso chico Black.

-¡Cariño, ya estoy en casa! -Fue todo lo que pudo decir el señor Smith antes de que el delantal de su mujer le diera en la cara y esta le espetara un "no soy tu criada". Susan salió a la calle liberada de una carga que no creía haber tenido nunca, dispuesta a comprarse un corsé rojo y un látigo.

OoOoOoOoOoOoO

-¿Tres días más tarde vienes pidiendo clemencia, eh, Neville? -La humillación era un tema tan conocido por Neville Longbottom que a veces jugaba a ponerle puntuación a los pobres ingratos que pretendían hacérselo pasar mal. Puede parecer soberbia, incluso puede que su actitud lo fuera. Pero Neville tenía muy claro que no el haber estudiado y el cambiar de trabajo cuando le apeteciera, no era para él ningún problema. Si trabajaba era porque la vida lo requería, no porque tuviera ningún interés en ello. Vivir no significaba estar quieto en un único lugar, haciendo siempre lo mismo. Si ahora volvía a retomar su antiguo trabajo en la cafetería era porque los perros y él no podían estar juntos. Incompatibilidad de especies, parece. De modo que, mientras buscaba una nueva idea en la que poner todas sus energías, volvió a pedir trabajo allí -Tendría que dejarte tirado igual que tú a mi. Pero yo tengo más corazón. ¡Ponte detrás de la barra y que no te vea rechistar!

-Si, bwana -la burla murmurada de Neville iba dirigida a su jefe que se alejaba muy orgulloso de sí mismo. Con parsimonia se colocó el delantal y apoyó los codos en la barra del bar cerca de la cafetera. A esas horas de la mañana en el bar había tres personas y media. A saber: él, su jefe, un hombre negocios que miraba el reloj con nerviosismo sentado delante de un café frío y la señora de la limpieza que por ser enana hacía media persona (en altura. Tenía un carácter tan fuerte que la hacía valer por veinte. ¡Cuidado de aquel que le pisara el piso recién fregado!).

Todo hacía prever una larga y aburrida mañana, pero enseguida llegó Tonks para arreglarlo. En un principio, Neville se entusiasmó previendo que con su amiga a la que hacía tres días no veía, la mañana mejoraría, pero bastó un leve vistazo para comprender que, ni por asomo, era la mejor compañía.

-¿Un café? -Aun sin ganas de hacer de hermano confidente, Neville le tendió una sonrisa amiga a la becaria artista.

- Y un vaso de güisqui al lado -De un gruñido embarró la sonrisa de Neville y se sentó en uno de los taburetes de la barra. Después se rectificó arrugando la nariz en un gesto de incomodidad -Olvídate del café. Que sean dos güisquis. Bien llenos -Y dejó caer la cabeza sobre la barra, desesperada y sin remedio posible.

Sin miramientos, Neville le plantó un café bien cargado delante de su cabeza de pelo rosado. Tonks no movió un pelo ni en ese momento, ni cuando Neville le tocó indeciso el hombro con la punta de su dedo. En vista del éxito obtenido, le dio la espalda a su amiga, decidido a encontrar algo divertido que le ayudara a pasar el rato hasta la hora de comer.

-No soy atractiva...-Un gemido lastimero y ahogado eso fue lo que oyó a sus espaldas. El mensaje no lo captó hasta unos segundos después, cuando Tonks levantó la cabeza de la madera de caoba barnizada y le preguntó directamente -¿Soy atractiva?

La pregunta pilló tan de sopetón al pobre Neville que simplemente balbuceó al tiempo que buscaba una respuesta rápida. Si bien, Neville Longbottom era el hombre que menos se acercaba al estereotipo de la masculinidad, hay ciertas preguntas que no se le hacen a un individuo con cromosoma Y. La sensación de estar delante de un tribunal que juzga tu inocencia o la cadena perpetua y que la decisión dependa de que sepas o no cuál es el resultado de la raíz cuadrada de 3148, se alojó en su cerebro mientras encontraba la mejor respuesta.

-¿Desde cuándo te preocupa eso? -Una pregunta respondida con otra. Bravo, Neville, y dándose esos irónicos ánimos, enfrentó la mirada triste de Tonks con una sonrisa ingenua y los dedos cruzados detrás de la espalda.

Pero Tonks, no estaba en uno de sus mejores momentos. Su amigo camarero no podía saber que toda la ironía, la malaleche y el cabreo monumental acumulados en esos tres días de actividad frenética los había gastado durante la conversación con su jefe, media hora antes. Ahora, Nymphadora Tonks era una masa de cincuenta y seis kilos de carne y vísceras acumuladas en ciento setenta centímetros de altura que deseaba que la tierra se la tragase. Había pasado de tener la mente hirviendo de ideas a un encefalograma plano con un único pensamiento: "¿Es que ya no le resulto sexy a los hombres?

-Tenía que haberme casado con Martin. Ahora sería rica y me habría operado hasta ser la nueva Nicole Kidman. ¡Tiesos estarían todos los hombres al verme! -A la desesperada, Tonks se bebió de un trago el café recién servido. Neville asistió atónito a un momento único en la historia de los cafés humeantes: Tonks no parecía haberse quemado la lengua, laringe, faringe o esófago. Incluso, la artista se quejó -¿Qué tal si me pones alcohol de verdad¡Para emborracharme a base de café mejor me bebo mi colonia!

-Para el carro¿quieres? -Neville retiró la taza -Cálmate y cuéntame por qué después de tres días sin tener noticias tuyas ahora te encuentro despellejándote el esófago con un café hirviendo y cauterizándolo con colonia barata.

-Mi colonia no es barata.

-Tonks, que eres becaria...

-...precaria.

-Sin escaquearse -Tonks lo miró de soslayo. Un gesto que parecía decir "sonsácame, si te atreves" y que a Neville le pareció de lo más tentador. Se limpió las manos con el delantal, le sirvió un vaso de güisqui sin hielo y se acodó en la barra cerca de Tonks.

-Ya era hora de que entrarás en razón -Gruñó la chica refiriéndose al alcohol. Agarró el vaso con fuerza y, de un largo trago, lo vació. Neville la dejó hacer. Una mujer acostumbrada a las borracheras de cerveza, no soporta el güisqui.

-¿Me lo vas a contar?

-Ve a preguntarle a mi jefe... -Tonks se tapó la cara con las manos avergonzada por el espectáculo ofrecido en el despacho del catedrático. Al final el buen hombre, le había preparado una tila (que no había hecho efecto) y la había mandando a descansar a casa una semana entera.

-Vale -Neville decidió cambiar de táctica en vista de que directamente no obtendría ningún dato. Nunca entendería porque todas las mujeres de su vida eran incapaces de contar sus problemas sin rodeos -Vamos a jugar a un divertido juego -Tonks, alzó la vista con un pelín de curiosidad -Yo pregunto, cuestiones al azar, y tu respondes con monosílabos.

Tonks calculó las posibilidades de que aquel juego-interrogatorio se convirtiera en una tediosa manera de pasar el rato hasta que estuviera tan borracha que sus penas no tuvieran más remedio que ahogarse en el alcohol. Un noventa por ciento a favor de la teoría y vio, Tonks, que eso estaba bien -O.k. -.

-¿Ya hemos empezado¡Bien, bien! -Neville no dio palmas y saltitos de emoción porque su mente estaba calculando la primera pregunta. Tonks le hizo un gesto para que rellenara el vaso con la tranquilidad de saber que Neville nunca podría adivinar qué había pasado -¡Lo tengo! Primera pregunta¿Lo que te ha pasado tiene que ver con la noche movidita de hacer tres días?

-Hum -Vaya, sorpresa. Neville había dado en el clavo. La suerte de los principiantes, se dijo. Y contestó con un monosílabo afirmativo.

-Estupendo. Esto va a ser fácil.

-¡Venga ya!

-¡Chitón! Hemos dicho que monosílabos -Neville hizo una pausa para pensar y en seguida le brillaron los ojos con picardía -¿Y tiene que ver con cierto ginecólogo con el que huiste esa noche?

-¡Será posible!

-¿Sí o no?

-Sí...

-¡Genial! Dos puntos Neville -cero Tonks -Con la victoria pintada de antemano en la cara, Neville sonrió, se sirvió a sí mismo un vaso de güisqui con hielo (un poco diluido, al fin y al cabo estaba de servicio) acompañando al de Tonks. Volvió a la carga -De modo que, si unimos pelea, huida y desaparición durante tres días; eso puede significar dos cosas -Hizo un parón para meditar el siguiente paso a dar. Decidió dar un rodeo para llegar al resultado que ya sabía de antemano -¿Tan bien fue la noche con el doctorcito que no salisteis de la cama en tres días?

-Ni siquiera llegamos a meternos en la cama -Tonks cerró los ojos con fuerza al recordar la escena.

-¿Quieres decir...?

-¿...qué soy tan horrible y poco deseable que los hombres pierden sus ganas cuando me ven? Sí, eso mismo.

-¡Ya será menos!

-Está bien. Sólo un hombre me lo ha hecho. Pero¡caray!, este me interesaba de verdad.

-Ya podía haber sido Kingsley.

-Ese era infatigable.

-¿Ves? Eres sexy.

-Soy horrenda -Y a la desesperada, Tonks se golpeó la cabeza repetidamente contra la madera del bar. Neville no supo cómo tranquilizarla.

Un remolino de pelo castaño revuelto, aún más de lo que solía estar; mirada furiosa y boca sucia de improperios se sentó al lado de la flagelante Tonks y el impotente Neville. Soltó el bolso encima de la barra con tal furia que el par de vasos de güisqui de Tonks rebotó.

-¡Quiero dos como esos! -La furia, antes llamada Hermione, señaló los restos de la bebida en los vasos -y un voto a favor para castrar a los hombres.

-El mío ya lo tienes -Sin dejar de fruncir el ceño palmeó la espalda de Tonks en señal de amistad y miró furibunda a Neville.

-A mi no me mires, flaco favor me haría si votase -Se disculpó y, aunque tenía razón, Hermione no se la dio. Neville supuso que tal como evolucionaba la mañana de aburrimiento mortal a peligro de muerte, si sobrevivía a las horas que le quedaban por delante, podría ganarse su dinero merecidamente. Y encima, empezaba a vislumbrar un futuro entre los psicólogos de la ciudad.

-¿Dónde has estado estos tres días? -A bocajarro. Con Hermione no tuvo miramientos. De todas maneras, la chica ya venía con las uñas bien afiladas y preparadas para la batalla.

-Espero que no representes el papel de compañero de piso celoso.

-Ni por asomo. Es una manera de sonsacarte el por qué de tu humor de perros.

-Dilo claramente entonces.

-Vale -Y Neville se encogió de hombros como si le diera igual plan A o plan B -Qué te ha hecho Sirius.

-Lo de siempre.

-¿Me hacéis un resumen para becarias precarias desgraciadas y a dos velas? -Al nombre de Sirius, Tonks creyó conveniente adivinar si era el amigo rico de Remus u otro Sirius menos interesante y que le permitiría volver a su agradable desesperación.

Ambos la miraron como si acabaran de notar su presencia. Entre los dos la pusieron al día de lo que se había perdido en los tres días anteriores y en los años antes de su llegada a Londres como artista incipiente.

-En estas mismas fechas, hace dos años y medio...-Y durante un rato, Neville relajó sus sentidos de amigo amable y sensible, de hombro donde llorar.

OoOoOoOoOoO

Sirius Black se plantó delante del piso de Remus y llamó al timbre. Un timbrazo: nada. Dos: sin respuesta. Dejó apretado el botón hasta que se le cortó la circulación del dedo, sin que nadie acudiera a su llamada. Optó por aporrear la puerta, pero la cabeza de la señora Figg, la casera de Remus, apareció por la ventana de la casa contigua antes.

-El señor Lupin no está. Salió ayer por la tarde y no ha regresado - Informó y con una sonrisa desdentada se despidió. La cabeza desapareció muy satisfecha por ser, al fin, de utilidad. Tantos años de desarrollando su técnica en el cotilleo tenían recompensa. Sirius estuvo a punto de preguntarle por su bien formada hija Arabella; pero la imagen de Hermione regresó a su cabeza embobándolo y cabreándolo a partes iguales. Granger, siempre ella. Necesitaba un punto de vista objetivo sobre su problema. Necesitaba a Remus.

Sin pensarlo mucho y disimulando, metió la mano en la última maceta que decoraba la ventana de la casita baja de Remus. Con dos dedos hizo un pequeño hoyo en la tierra y la removió en busca de la potencial llave de emergencia. La encontró sin esfuerzo. Sirius sopló los restos de tierra metidos en las estrías de la llave y la encajó en la cerradura con una sonrisa muy significativa. Remus era tan previsible. El perfecto protagonista de la comedia más aburrida. Bueno, no siempre había sido así. Remus Lupin había llegado a ser el amigo más divertidamente trastornado con el que Sirius había topado nunca. Pero eso había sido mucho antes de sus problemas con Melinda.

La casa de Remus estaba en penumbra. Hecho curioso si tenemos en cuenta que aquella mañana londinense estaba siendo la más soleada desde hacía diez años, pero Remus había pasado una pequeña temporada en España donde descubrió las persianas. Volvió totalmente españolizado de aquel intercambio: adoptó la siesta y mandó poner persianas en su casa.

El desorden reinante le hizo pensar que se había colado en la casa equivocada. En la casa de unos personajes de Bukowsky, sin ir más lejos. La ropa tirada por el pasillo, entre diversos libros de medicina y fotografía, colgando de los cuadros del apartamento de alquiler, botellines de cerveza amontonados a los pies del sofá... Sirius no podía creer que Remus, el hombre perfecto y equilibrado, hubiera llegado al punto de vivir entre tanto desorden sin que le diera un histriónico ataque de limpieza.

Desde algún sitio, entre la enorme montaña de viejas revistas médicas, vinilos desclasificados, álbumes fotográficos y camisetas sucias, el timbre un teléfono sonaba insistente y amortiguado. Tres "rings" se oyeron antes de que Sirius identificara el sonido, tres más para decidir si debía contestar y otros tantos pasaron hasta encontrar el teléfono, justo al lado del "Playboy" (¿Playboy y Remus?)

-¡Maldito, mal amigo¡Desgraciado! -Le espetó la voz pastosa de su amigo, el ginecólogo, desde el otro lado de la línea.

-¿Remus? -Se preguntó Sirius en voz alta.

-¡Pues claro que soy yo¡Tres días buscándote! Ten amigos para que no estés cuando los necesitas...

-¿Desde dónde llamas?

-Desde tu apartamento.

-¿Cómo...

-...he entrado? -Por primera vez Remus se rió -Te has dejado la puerta abierta.

-Mierda -Masculló Sirius.

-He venido a buscarte por enésima vez. Después de dos años fuera de la ciudad y, cuando vuelves, desapareces en el peor momento de mi vida.

-¡Ah¡Por fin! El reproche que esperaba -Sirius apartó las revistas cercanas al teléfono para hacerse un hueco y sentarse en el suelo. La conversación prometía ser larga -Eras tú el único que quedaba por echarme en cara mi huida.

-No seas cínico. Te lo he echado en cara desde que te fuiste a ver mundo. En cada carta y llamada telefónica.

-Por que estoy totalmente seguro de tu heterosexualidad, que si no empezaría a pensar que te vas a declarar -Ironizó Sirius en su estilo.

-Me desencajo la mandíbula de la risa -Ácido. A eso sabía la respuesta de Remus. Y a Sirius le mosqueó tanta mala leche. Contenía un leve matiz bien conocido. Sabía a Regulus.

-Has estado hablando con mi hermano -Le acusó.

-Pues, claro -Como si lo confesado fuera lo más natural del mundo -A falta de pan buenas son tortas.

-Pues con mi hermano debió haber más tortas que pan -Se oyó una carcajada al otro lado del teléfono que mosqueó a Sirius -¿Las hubo?

-El ojo de tu hermano estará morado unos cuantos días, sí -Sirius recibió la noticia con una enorme alegría por dos razones: Regulus con un ojo morado es una fuente de burla gigante y la imagen de Remus pegando a alguien le devolvía al serio doctor su ser natural por tantos años olvidado. El mayor de los Black no perdió la oportunidad de sacarle toda la información posible, pero no entre las camisetas sucias de Remus, si no en algún otro lugar más elegante -¡Espérame allí! En diez minutos estoy en casa y me cuentas todo, todo y todo.

OoOoOoOoOoOoO

-Todo se reduce al hecho de que Sirius es el ser más engreído, desconsiderado y ególatra del país...mundo...universo.

-Y parte de China. Hermione, céntrate.

-Está bien, Nev -Zanjó y girando la cabeza hacia Tonks empezó con una larga historia -La cuestión es que antes de que llegaras a la cuidad. Harry, nuestro Harry. Ese que es incapaz de soportar una orden que no provenga de Ginny, decidió, al terminar sus estudios, inscribirse en la Academia de Policía.

-¡Wow!

-Eso mismo dijimos los que lo conocíamos por aquella época. Ginny puso el grito en el cielo. En aquel momento, la parejita no era tal, sino una especie de perro del hortelano con dos cabezas que ni come ni deja comer. Se querían y tiraban los trastos a la cabeza literalmente a la menor.

-Como ahora -Neville, creyó oportuno el comentario.

-Ahora viven juntos. Tiene más sentido.

-Eso también es verdad.

-Continúa. Que cuando pierdo el interés me dan ganas de abrirme la cabeza con la barra.

-O.k. Ginny, como decía, puso el grito en el cielo...

-Un momento¿va a tardar mucho en salir Sirius?

-Menos tardará, cuanto menos me interrumpas -Neville hizo un ruidito con la boca intentando representar lo cargadita de chispas que andaba Hermione, pero Tonks tenía su propio malhumor y simplemente bufó antes de cerrar por completo su boca -Repito. Ginny dejó bien claro que no le parecía bien la idea de que Harry fuera policía y eso que el uniforme le sentaba estupendamente. Harry hizo como que tomaba en cuenta lo que Ginny le decía, pero al final se inscribió animado por Sirius Black.

-Entonces...

-Exacto, el famoso Sirius Black es amigo de Harry, desde jóvenes. Creo recordar que jugaban en el mismo barrio.

-Imposible. Harry no es rico.

-¡Ah, no! Sus padres trabajaron como chofer y doncella de unos ricos en la mansión al lado de la de los Black. Sirius siempre fue un rebelde y por llevar la contraria jugaba con los hijos de los criados. Ahora también hace lo mismo, pero liándose con cualquier pelandusca que encuentra. Pero conmigo no va a poder, no, no...

-Hermione, al grano.

-¡Tsk! -Hermione se acomodó en el taburete, para después continuar hablando -Sirius ya llevaba un año en la Academia. Sus padres habían decidido meterlo allí en un intento de enderezar una caña torcida. E, increíble, Black estaba muy contento. Gozaba de ciertos privilegios que sólo se pueden obtener sobornando a los superiores. Quiero decir, Sirius se dedicaba a escribir informes, mientras todos sus compañeros de promoción entrenaban duro doce horas al día, se duchaban en minuto y medio con agua fría del Támesis y comían esa triste pasta blanca en un comedor repleto de tíos con el pelo al cepillo como él.

-¡Qué caña el tío este! Esa parte de la historia no la sabía -Neville silbó maravillado.

-Yo tampoco -Hermione se apartó el pelo de la cara -hasta esta mañana.

-Harry en la Academia¿por qué nadie lo ha comentado nunca?

-Porque se montó la gorda y prefieren callar -Hermione se acercó a Tonks como si fuera a revelar el mejor secreto del mundo. Los otros dos la imitaron -El grupo en aquellos años estaba formado por Harry, Sirius, Ginny, Ron, Luna, una menda y Remus.

-¿Remus? -Un pinchazo de dolor en el que no pudo regodearse porque Neville interrumpió.

-¡Eh! Y yo.

-Cierto. Pero tú no cuentas.

-¿Por qué? -Preguntaron simultáneamente Neville y Tonks.

-Porque fue el tiempo en el que te echaste esa novia tuya, la animadora absorbente.

-Ah, ya recuerdo. Absorbente todo lo que quieras, pero la tía era un volcán.

-Lo que sea, era una plasta.

-Pero lo pagaba todo.

-En fin -Hermione dejó a Neville perdido en sus recuerdos y encogiendo los hombros continuó hablando- Harry, Sirius y Remus iban juntos a todas partes. Aunque Harry es bastante más joven que los otros dos, se entienden perfectamente. Y desde que Potter entró en la Academia, Sirius lo protegió con sus muchas influencias de las novatadas. Allí también coincidían con Remus al que le tocaron las prácticas de fin de carrera en la academia.

-Hermione te está dando muchos datos que no necesitas -Tonks le dedicó a Neville su cara de "no me había dado cuenta" como contestación. Aunque todos esos datos de Remus le gustaba oírlos -Y no parece querer decirte que en uno de los permisos que les dieron a los cadetes, Harry trajo a cenar a Sirius, Remus y a la novia de Lupin por aquella época.

-¿Novia? -A Tonks ya no le gustaron los datos sobre Remus. Y su pregunta principal era ¿y el sexo con esa novia? Pero Neville o se olió la siguiente pregunta o estaba demasiado metido en su historia como para dejar que se desviara la conversación.

-Ya no me acuerdo de su nombre -Lo apartó del hilo principal como si fuera una nimiedad -Pero lo importante, es que la señorita Granger, aquí presente, cayó rendida y herida de muerte a los pies de Black.

-¿Perdón? -Hermione recobró las ganas de hablar dispuesta a defender su honor -Fue Black quién cayó a mis pies, está claro. No seas tan dramático.

-Lo que tu digas -Neville se dirigió a Tonks -Hazme caso a mí. Black será lo que sea, pero donde pone el ojo pone la bala y Hermione fue su objetivo.

-¿Y qué pasó?

-Que pasé las mejores semanas de mi vida con Sirius Black -Un matiz melancólico en la voz de Hermione.

-¿Y que más?

-Pasar... pasaron varias cosas. Principalmente, sucedió que el hermano de Sirius entró en la Academia también. Una de esas batallas que tienen por ver quién es el mejor de los dos. Regulus decidió que él podía ser el mejor policía, el que más medallas tuviera, etc. Con la llegada de Regulus se crearon dos bandos, a saber: a favor de Regulus y leales a Sirius.

-¡No! -A estas alturas, Tonks estaba tan metida en la historia que se mordía las uñas.

-Sí, y empezaron a gastarse bromas los unos a los otros. En el bando de Sirius, Remus y Harry eran los más afines. Pero Regulus tenía a un compañero novato, igual que Harry. Adivina quién.

-¡William Phineas Fogg!

-¿Qué?

-¡Perdón! Con la tensión del momento fue lo primero que se me ocurrió -El sonrojo de Tonks fue evidente y gracioso.

-¡Draco Malfoy! -Le espetó Neville, tan tenso como si fuera la primera vez que lo escuchaba.

-Wow. ¿Draco policía?

-El mismo Draco que viste y calza. Un capullo redomado de aquella.

-Bueno, ahora no es que la capullez le haya disminuido mucho -Matizó Neville por lo bajo. Hermione ignoró el comentario.

-Las razones de porqué Draco entró en el cuerpo de policía son un misterio para mí -

-¿Qué tal si aceleráis un poco la historia? -Hermione se había quedado en blanco, Neville retomó la narración.

-Nos habíamos quedado en los dos bandos -Tonks asintió -Pues bien, la Academia era una locura. Tanto el lugar físico como la idea de una escuela de policías. Simplemente los cadetes y algunos oficiales con más categoría eran incontrolables. Lo que empezaron siendo unas bromas patéticas, de mal gusto, pero pequeñas; terminaron siendo bombas de relojería -Neville hizo un parón para darle mayor dramatismo -Y en una de ellas, todo explotó.

-Literalmente, delante de la cara del Ministro de Interior -A Hermione le debió parecer muy divertido en su momento, porque ahora todavía se le dibujaba una amplia sonrisa cada vez que recordaba la foto en los periódicos.

-Exacto -El camarero apoyó el dato de Hermione. Tonks tenía la boca abierta. Anonadada como estaba fue incapaz de poner el grito en el cielo. Neville continuó -Resultó que la broma menos malvada, la más infantil de todas, del bando de Sirius. Estuvo en el momento menos oportuno en el sitio menos indicado.

-¿Fue aquella foto del Ministro, pintado de rosa durante el rancho? -A Tonks le vino a la memoria de repente, aquella imagen. Dio la vuelta al país y fue diana de algunas de las mejores parodias televisivas.

-Exacto.

-¿Y fue Sirius?

-La idea fue de Harry -Explicó Hermione -De Harry y Remus. Previendo algún problema, intentaron calmar a Sirius. Cuyas invenciones cada vez eran más violentas y retorcidas.

-Regulus tampoco se quedaba corto.

-Eso también es verdad. Sin embargo, poner un globo lleno de pintura rosa, entre los macarrones del rancho que amablemente (y por puro peloteo) cedió Regulus al Ministro durante la visita, no fue la mejor idea que tuvieron.

-¿Tuvo represalias? -Preguntó Tonks. Hermione sonrió con la pregunta, con un aire de diversión y melancolía rozando apenas sus labios.

-¡Oh! Sí. Sí que las tuvo. Media Academia, entre novatos y altos mandos, fue despedida o suspendida, algunos sin posibilidad de volver. Remus nunca terminó sus prácticas, poco le importó, todo sea dicho. Harry abandonó la academia un poco antes de que le llegara la carta de cese.

-El mismo día que Ginny le dio un ultimátum. O ella o la Academia. Harry eligió a Ginny como has podido comprobar, pero además fue el momento en el que realmente se dio cuenta de que las normas no eran para él. Se apuntó al la Escuela de Fisioterapeutas.

-Menos mal.

-Sí, sus manos son gloriosas.

-¿Y Sirius?

-Sobre Black cayeron las peores represalias. En primer lugar, tuvo que indemnizar al Ministro. Daños morales dijo el juez. Abandonó la Academia, bastante contento. Pero con su familia no fue todo tan bien -Hermione dejó de hablar repentinamente triste. Neville corrió en su ayuda.

-Ya sigo yo, Herms. Sirius se peleó con su familia. Nada de "qué malo has sido, te castigaremos sin salir". Fue algo así como "eras la vergüenza de la familia. Te juntas con pobretones, con pelanduscas. No tienes ningún tipo de amor por tu sangre, bla, bla, bla" -Neville hizo un parón para respirar -Total, que Sirius recogió sus cosas y se marchó de la casa familiar, para luego desaparecer.

-Desapareció después de que le tirara un jarrón a la cabeza -Comentó Hermione.

-¿Y eso por qué? -Neville se unió a la pregunta de Tonks.

-Porque la pelandusca a la que se referían era yo. Y porque su madre tuvo el descaro de decirme claramente a la cara que no era lo suficientemente válida para entrar en la familia. Es más, me ofreció dinero.

-¿La señora Black¡Venga ya! Eso lo has sacado de una telenovela

-De hecho creo que la idea se le ocurrió viendo una.

-Y lo pagaste con Black hijo.

-Black es un ególatra. Y un, un... idiota

-Bravo, Herms, gran insulto

-No me toques las narices, Neville. El caso es que Sirius se fue sin más explicaciones y lo odié.

-Y ha vuelto.

-Ha vuelto -Y se quedaron en silencio, meditabundos.

OoOoOoOoOoO

Ginny entró en la cafetería donde trabajaba Neville. Había pasado por el piso de Tonks con la ilusión de que estuviera allí dispuesta a ofrecerle un hombro donde llorar. Pero Tonks no estaba y Ginny tuvo que sentarse en los primeros escalones del rellano a pensar el siguiente paso a dar. Al final se decidió a probar suerte en la cafetería y nada más entrar se encontró, no sólo con Tonks (con aspecto de mujer en crisis), sino que también estaba Hermione y Neville. Los tres en silencio mirando al infinito. El ambiente perfecto, Ginny suspiró aún más desanimada y se acercó a ellos. Como antes había hecho Hermione, soltó el bolso encima de la barra sin ningún cuidado asustando a los tres.

-Espero que tengas algo divertido que contarnos -Tal era el ánimo triste de Tonks y Hermione, que Neville estaba embebido en él muy a su pesar.

-Lo peor del mundo es ser recientemente ascendida a Jefa de Bomberos de la Ciudad y tener dos faltas -Soltó a bocajarro Ginny como si aquello fuera de verdad divertido. En un primer momento, nadie escuchó la noticia y pareció un concurso de quién tiene la vida más patética.

-Lo peor del mundo es que Hermione Granger vuelva a caer en brazos de Sirius tres años después de verse abandonada.

-Lo peor del mundo es colgarse por tu ginecólogo, conseguir llevártelo a la cama, que a la menor el huya despavorido dejándote a medias y confesarle todo esto a tu jefe.

-Lo peor del mundo es aceptar un trabajo de camarero que odias, con un jefe que odias y que tres de tus amigas estén tan deprimidas que consigan hacer de tu trabajo normal una reunión de adictos al Avecrem.

-Lo peor del mundo es tener que decirle a Hermione que, como me ha dejado vía libre, Ron y yo estamos juntos.

-¿Luna?

-¡Servidora! -Una sonriente Luna y un tímido Ron estaban de pie plantados a unos prudentes pasos de distancia de Hermione. Cuándo habían entrado en el bar, era un misterio. Todos excepto ella, les levantaron el pulgar aprobando la relación.

-Vaya -La aludida simplemente sonrió después del choque inicial -Es genial, ella te va más que yo, Ron -Pero Ron, que a veces era un poco lento, todavía estaba pensando en lo que había dicho su hermanita pequeña y no le respondió.

-¿Has dicho dos faltas? -Tonks fue más rápida que Ron. El pelirrojo solo pudo abrir la boca. Ginny asintió.

-¿En tu expediente? -Ron deseaba que la respuesta fuera afirmativa y no lo que estaba imaginando.

-Por favor, Ron. Faltas, faltas. De esas de papá pone una semillita en mamá... ¿Me pones una cerveza, Nev? -Pidió Ginny.

-S-s-iiii. ¡No! -Rectificó y le sirvió un agua del tiempo -¿Te has hecho la prueba?

-No. Fui a ver a Remus a la consulta, para preguntarle si era normal, -Tonks se interesó aún más en la explicación y Ginny la miró directamente -pero no estaba. De hecho, la enfermera no sabe nada de él desde hace tres días. Así que fui a tu casa.

-Allí iba a estar.

-No, claro. Ahora ya sé que no. ¿Y de verdad que se largó sin cumplir?

-Palabrita

-Joer, qué plan.

-Un gran momento en mi vida. ¿Y no ha ido a trabajar en tres días dices? -Ginny negó a la vez que se bebía el vaso de agua.

-¿Dos faltas?

-Que sí Ronald, que sí -Gruñó la pelirroja -Es posible que seas tío.

-Voy a matar a Harry.

-Ron, llevan tres años viviendo juntos. ¿Todavía piensas que no se tocan?

-Es una imagen que prefiero no tener. Quiero decir, todos vosotros sois asexuales para mí. Así vivo mejor.

-Espero no pertenecer a ese grupo -Suspiró Luna. A pesar de que cada uno tenía su problema, todos sonrieron ante el comentario de la chica.

-¿Y qué vais a hacer? -Les preguntó Neville a las tres chicas más hundidas de aquel local.

-Buscar a Remus -Respondieron a la vez Hermione y Ginny. Tonks fue la primera en alzar una ceja con escepticismo, pero todos los demás la siguieron en el gesto.

-Necesito un ginecólogo que me confirme la terrible noticia -Se excusó Ginny viendo que Tonks había empezado a marcar el territorio. Hermione se encogió de hombros.

-Remus es un árbitro imparcial en mi relación con Sirius.

-Que no te has dignado a contar.

-Ni haré

-Y sin embargo la que de verdad tendría que hablar con Remus es Tonks.

-¿Yo¿Por qué¿Por qué¿Por qué¿Por qué me haces esto?

OoOoOoOoOoOoO


Continuará...

Los personajes pertenecen a Rowling. Pero las situaciones son mías y la imagen de Remus en mí cabeza también.