¡Hola a todos¡Sí, resuenen los timbales¡Fiesta en la aldea! Un nuevo capítulo de la historia. No, no me había olvidado de la historia. ¿Excusa? Está es buena, la llevo preparando mucho tiempo: Falta de tiempo. Y para que no vuelva a pasar meses entre capítulo y capítulo, ahí va la mala noticia, este será el último capítulo. La buena noticia es que tiene un pequeño epílogo.
Sin más os dejo leer esta extraña construcción.
Capítulo cinco
Un débil, matutino, rayo de sol y un espectacular dolor de cabeza la hicieron despertar. Sintió su cabeza hinchada y aplastada, la boca pastosa, legañas en sus ojos. Un gruñido grave salió de su garganta confirmando la afonía más importante de su vida. Con esfuerzo movió su dolorida cabeza e intentó enfocar la hora digital que brillaba en su despertador. Las diez y media no era una mala hora para empezar el día si supiera en cuál de los trescientos sesenta y cinco se encontraba. Incluso, mejor aún, si pudiera recordar por qué se levantaba todos los síntomas de la mayor resaca de su vida. Movió las piernas debajo de la sábana que la tapaba hasta la cintura y sólo entonces se dio cuenta de que estaba completamente desnuda. Una terrible revelación la sacudió como un terremoto cuando, al darse la vuelta en la cama, se topó con la masculina belleza exótica de Martin N´dour y su increíble sonrisa blanca flotando en los labios.
Como buscando la salida a la peor pesadilla de su vida, Tonks miró a su alrededor, incrédula, buscando una salida. No habló, no quiso saber nada que no mantuviera a Martin como el espectro que era; simplemente volvió a la posición inicial en la que había abierto los ojos y esperó a que la aparición de Martin se disolviera como una aspirina efervescente en un vaso con agua. Pero mucho antes de que su cabeza dolorida mandara la orden a sus músculos, el espectro de Martin la saludó y le retiró un mechón de pelo de la cara. Sólo entonces Tonks supo que había caído en picado más bajo de lo que cualquier telenovela barata podría hacer caer a su protagonista. ¡Se había acostado con su ex-novio¡Aquel que la abandonó un mes antes de su boda para casarse con otra!
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En otra zona de la cuidad y por coincidencias irónicas de la vida, -sabiendo como sabemos que la vida es una perra callejera-, Remus John Lupin se despertaba en las mismas condiciones resacosas que nuestra dulce pintora becaria. Mismo dolor de cabeza, misma boca pastosa, misma ausencia de orientación y percepción de sí mismo e incluso pérdida leve y transitoria de la memoria. Remus se despertaba para chocarse de bruces con la realidad de haber dormido al lado de su mejor amigo que lo miraba como si hubieran cometido la peor tropelía posible.
Como lectores inocentes podríais pensar en un giro espectacular de la trama. Desearíais que, por obra y gracia de una mente retorcida, nuestro elegante y sexy ginecólogo despertara al lado de la becaria precaria creyendo, por efecto de los restos de alcohol en su sangre, que a su lado se despertaba Sirius Black; del mismo modo que Tonks vería a Remus transformado a su antiguo novio. Y sin embargo, las cosas fueron tal y como una servidora les cuenta. Porque nada en esta vida es como uno quiere. Ni siquiera cuando su mente imagina, aunque al imaginar el deseo ponga todo su empeño en cumplirlo. Una servidora se disfraza de señorita Rottenmeyer para amonestarles por su ligera imaginación: "señoritas, silencio. Esto es la vida real y en ella no hay magia". Pobre ingenua, aunque en esta ocasión tenía razón: Remus Lupin se despertó en una cama desconocida al lado de Sirius Black que se inspeccionaba en busca de señales reveladoras y Tonks, en otro punto alejado del ginecólogo, balbuceaba en busca de una explicación delante de la mirada penetrante de Martin.
Ya desde el comienzo de aquella mañana de abril del gris Londres en el ambiente flotaba un regusto a desconocimiento, rareza. Un olor a novedad, lejano y débil, que luchaba contra la rutina de la ciudad sin vencer. No conseguía que sus ciudadanos ricos, pobres, honrados o arrastrados percibieran su matiz de extrañeza flotando en la mañana. Y, sin embargo, ahí estaba la prueba: una cantidad apreciable de jóvenes trabajadores estaba desaparecida de sus puestos rutinarios un miércoles cualquiera. En la sala de espera de la consulta privada de un joven, pero respetado, ginecólogo, las mujeres resoplaban enfadadas por el doctor que no llegaba. En esa misma consulta, la enfermera se armaba de argumentos para defenderse ante el inminente motín. A su vez, un déspota dueño de un café juraba y perjuraba contra los jóvenes irresponsables mientras se ponía él mismo el delantal que debía llevar el camarero al que esperaba. En otra punta de la ciudad, alejada de la casa de Tonks y la cama desconocida de Remus, la redactora jefe del periódico de mayor tirada en la ciudad gritaba a su inexperto becario que buscara a Luna Lovegood si no quería terminar siendo repartidor de correo. El teléfono móvil de Hermione Granger vibraba y se deslizaba por la mesita de cristal situada enfrente de la televisión desesperado porque su dueña atendiera a las llamadas y a sus múltiples negocios. Malfoy padre juraba enfrente de la señora Malfoy que esa iba a ser la última oportunidad para Draco después de media hora de retraso sobre el horario previsto.
Muchos detalles como esos en los que adultos maduros, jefes, padres, clientes; pasaban desapercibidos ante la rutina general. A caballo entre ellos y los jóvenes, la única mujer menor de treinta y con un importante puesto en su trabajo pasaba revista a su cuadrilla de bomberos. Ginny les echaba el vistazo reglamentario con la mente ausente y gruñidos.
Contenta debería estar por ser la única persona que tenía los trozos de la historia completos y bien colocados de lo que pasó en las últimas doce horas. Sin embargo, eso no la hacía feliz, al contrario, le recordaba el hecho de que ni una sola gota de alcohol había pasado más allá de su garganta en la mayor fiesta de la historia celebrada en Londres, que un crío ocupaba ahora una parte de su útero. Que se pondría gorda, fea y que, posiblemente, aquellos serían los últimos días de trabajo como bombera. Con un gran pesar, Ginny Weasley siguió con su trabajo, al igual que la inercia de la ciudad se tragó las ausencias.
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"¡Dime que no ha pasado nada!" Al fin, tanto Tonks por un lado como Sirius y Remus por otro pudieron hablar. Pero mientras los dos hombres llegaron a la conclusión de que simplemente había dormido juntos pero no revueltos (alivio generalizado), Martin se rió ante la expresión esperanzada de Tonks. Desnudos, en la misma cama y con el cuerpo cansado no sólo de la resaca. Ella debería saber lo que era el sexo con Martin, pero se negaba a reconocerlo. Intentó recordar las últimas doce horas, buscando una prueba más, pero el alcohol había hecho su efecto y no encontró en su mente más que algunas imágenes inconexas que no tenían relación con Martin. Un resorte en su culo la hizo levantar de un salto de la cama arrastrando la sábana consigo, apurada y vergonzosa -y siempre más aterrorizada por el cariz que tomaba su vida en los últimos tiempos-, juzgó prudente no mostrarle nada más sabiendo como sabía cómo se las gastaba su ex.
Martin N´Dour podría ser lo que quisiera en esta vida sólo con sonreír y mostrar esos dientes blancos perfectos. Podía conseguir cualquier cosa con sacar a paseo su galantería y su aplastante cultura. Martin era uno de esos hombres a los que apodaban "self-made". Llegó a Londres de un poblado perdido de Burundi con una mano delante y otra detrás, unos vaqueros raídos, una camiseta sucia, los pies descalzos y la fortaleza necesaria para hacerse de oro en la gran ciudad. Fue trabajador ilegal en la construcción, albañil en reformas de casas de ricos, chico-para-todo en un periódico local en un pueblo a quince kilómetros al que iba andando por no gastarse ni un centavo de más, carpintero, fontanero, cartero, guardia de seguridad en un banco, cajero del mismo, amigo fiel del viejo y ajado director del banco y, por fin, después de demostrar que no era ningún hombre sin estudios, si no un tipo al que en su país le había ido mal, en ese mismo banco le hicieron un préstamo para un negocio. Mandó el dinero ahorrado en tres años de trabajo ininterrumpido a su familia en África con dos prioridades: dar de comer a sus diez hermanos y reunir todo un almacén de café entre la gente de su poblado. Conforme café de Burundi llegaba, una parte la vendía a grandes empresas y otra parte destinaba al local que había montado con el dinero del préstamo. "Café Burundi" lo llamó y tuvo éxito. Abrió otro más, volvió a tener éxito. Un negocio detrás de otro hasta convertir al inmigrante en un hombre respetado en las tierras londinenses.
Tonks lo conoció una noche en casa de Harry en la época en que Martin luchaba por el préstamo. A la segunda mirada se enamoró perdidamente de él intuyendo que estaba frente a un luchador y no necesitó más que tres cervezas para hacerle caer en sus redes. Para Tonks, N´Dour era el ejemplo del valor, la lucha y la cabezonería. Todas las cualidades que había admirado desde niña reunidas en una única persona. Además, Martin era un enorme negro de dos metros con unas espaldas que hacían suspirar hasta a la mujer más fría. Lo tenía en un pedestal. Allí subido podría haber estado durante años de no ser porque Martin cambió con el éxito, como suele pasar y Tonks cegada no lo vio hasta la semana antes de su boda. No lo vio venir y él la dejó tirada con el corazón pulverizado.
-Claro que ha pasado -Martin se divertía y con su voz grave insistió en ese punto. Había pasado y de qué manera, parecía decir. Tonks le echó una mirada de odio tardío después de que una fugaz imagen de lo que habían hecho la noche pasada le iluminara la mente. Martin se recostaba sobre los almohadones de su cama, desnudo, provocándola como sólo él sabía hacer, que para eso tenía experiencia con los gustos de Tonks. Tentándola, pero ella fue más fuerte. Tonks no sacó pasear su lado sarcástico, no gritó, ni echó a voces a Martin de su casa. Un escueto "me voy a duchar, cuando salga no te quiero ver en mi casa" antes de cerrar la puerta del baño en las narices de Martin.
Efectivamente, la ducha sirvió como una limpieza general de cuerpo y mente, aunque no de Martin. Cuando salió del cuarto de baño, el hombre ya no estaba, pero había dejado su huella en la cama perfectamente hecha y el desayuno sobre ella. La alarma sentimental de Tonks chilló, gritó y volvió a vocear cuando su dueña sonrió melancólica mientras cogía una tostada untada al milímetro con mantequilla preparada por él. La alarma fue acallada por el suave, pero constante ronroneo de la nostalgia. El regreso de un ex siempre es así, la añoranza y el fuego avivado. El calorcito de una cama ocupada por dos viejos amigos.
¿Cómo reapareció Martin en su vida¿Con qué motivo¿Qué fue de la "otra"? Nada de eso era relevante mientras Tonks se mecía suavemente entre los recuerdos.
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Quizá debería haberlo meditado antes. Pasarse un segundo a pensar en lo que estaba haciendo, de otro modo no estaría enfrente de un portal por el que había jurado no volver a pisar, esperando a Ginny. Pero¡qué le arrancaran los pelos del bigote -es una metáfora- con pinzas si en el último mes tenía alguna idea de lo que estaba haciendo! Haciendo un resumen muy resumido y atendiendo al punto exacto, al quid de la cuestión, la culpa la tenía su primera visita al ginecólogo. No había mucho de inteligencia al darse cuenta de aquello, pero Tonks no tenía el día para pensamientos brillantes. Aunque podría matizarse que la culpa de sus problemas residía en enamorarse de su ginecólogo desde el mismo momento en que con su impecable bata de médico, su voz de autoritaria médico y su sonrisa de potencial médico salido le indicó que se quitara la ropa interior. Como un preludio de algo mejor. ¡Psé! Algo mejor, su reflejo en los cristales del portal pareció reírse de ella. Todo había ido, desde entonces, cuesta abajo, sin frenos y unos molestos añadidos baches con nombre propio: Martin N´Dour.
Para empezar, el haberse acostado con Martin, a parte de ser una fuente inagotable de comeduras de coco largo tiempo atrás olvidadas, le producía tanta frustración como la marcha apresurada de Remus sin llegar a enrollarse. Y estaba frustrada no porque el sexo con Martin hubiera sido malo, pondría las dos manos en el fuego apostando a que había sido espectacular, si no porque ¡no se acordaba! Nada, salvo unas tristes imágenes en penumbra mezcladas. Sucio, tenía pinta de haber sido sucio, y ése era el mejor. Se lo había perdido por estar borracha como una cuba. Aunque, también es verdad, por haberse bebido toda la cerveza del mundo había terminado en la cama con Martin.
Ahogándose en ese remolino mental se encontraba Tonks cuando Ginny apareció en el portal de acceso al edificio donde Remus John Lupin tenía su consultorio. Otro tema que Tonks empezaba a reprocharse, el haber terminado, en contra de su voluntad, en la consulta de su ginecólogo favorito; pero el manojo de nervios que era Ginny la convenció de que una amiga en apuros era más que una noche loca ausente de sexo o una noche loca de sexo amnésico.
-¿Subimos? -Ginny, la fuerte, terca y gritona Ginny era ahora una pequeña mota roja aferrada a su gorro de lana verde. Como siguiera mordiéndose el labio inferior de esa manera compulsiva no iba a quedar carne para reconstruírselo. La vocecilla tímida resultaba tan extraña en ella que Tonks no dudó en ceder a sus deseos. Es decir acompañar a la pelirroja al ginecólogo para hacer un test de embarazo como está mandado. Nada de palitos de farmacia con orina y colores engañosos. Tonks agarró a Ginny por los hombros con gesto amoroso y juntas empezaron a subir las escaleras hasta el piso del doctor.
La idea de Tonks al llamar a Ginny Weasley después de recuperarse de su crisis melancólica por la marcha de Martin no había sido caritativa. Ni para preguntar por la salud de su amiga, ni por preguntarle qué tal la vida, qué tal Harry, no. La llamada se reducía a un único punto importante, tanto que todo este párrafo y el anterior hablan de él, además de las hojas anteriores. Se resumía a: "¿qué leches había pasado la noche anterior?". Exactamente esa pregunta escuchó Ginny al descolgar sin dejar sonar el segundo ring. Sin holas, ninguna fórmula cordial de esas que mejoran tus relaciones sociales. Nada, directa al grano. Lo que Tonks no tuvo en cuenta es que la pelirroja tampoco estaba en uno de sus mejores momentos y, desde su recién estrenado despacho de Jefa de Bomberos, colgada del auricular, Ginny respondió con un lloriqueo impropio de ella. El corazón de Tonks se ablandó, se hizo un bonito corazón de plastilina roja moldeable hasta el límite de hacerle regresar al único sitio de la tierra al que había jurado no volver: la consulta de Remus Lupin.
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Podría concluirse, gran error, que por ser enfermera, la cara bondadosa y el buen humor van incluidos en el paquete. Al menos Remus lo creía así. Pero estaba claro que una enfermera enfadada no ocultaba su disgusto detrás de una enrome sonrisa con dulces comentarios de ánimo hacia el jefe, doctor Lupin en este caso. Es posible que la próxima jubilación de su enfermera consiguiera liberar los instintos de la misma, pero estaba claro que aquella mujer no tenía ninguna intención de dejar de gritar. En un punto el doctor Lupin estaba de acuerdo con su enfermera: también gritaría como un descosido si hubiera un motín en la sala de espera de la consulta y él solito se las tuviera que arreglar. Aunque por mucho que le diera la razón la enfermera no dejaba de gritar. Con lo que le dolía la cabeza.
-¿Entiende? -Remus volvió a asentir sin tener ni idea de lo que la mujer le espetaba y ella volvió a empezar con el sermón -No se puede desaparecer tres días del trabajo. Ni un número donde localizarle, ni una dirección. ¡Nada! Lo único que ha conseguido es que sus pacientes se estén tirando los trastos a la cabeza, literalmente, en la sala de espera. ¡Es una irresponsabilidad! Un médico reputado... -La cara de Remus se contrajo de dolor por los gritos de la enfermera, pero no dijo nada. Tenía toda la razón del mundo. Había hecho el loco tres días por culpa de una mujer, casi dos, y su mejor amigo -Así que ahora sale usted del despacho y arregla este desaguisado porque una servidora se va a casa a alimentar a sus nietos. Que esa es otra, no sólo trabajo si no que encima hago de niñera -Se quejó, por aprovechar el momento. Remus tomó aire y se levantó de la silla del despacho dispuesto a seguir al pie de la letra las órdenes de su enfermera. Otra punzada en la sien. Bueno, si le dejaba su resaca -Y tómese una aspirina, por dios.
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-Podíamos haber subido en ascensor -Tonks no respondió inmediatamente a la leve queja de Ginny. Ambas, paradas frente a la puerta del consultorio del ginecólogo, miraban las vetas de la madera sin que ninguna se atreviera a tocar el timbre. La gran puerta de madera, el muro infranqueable, cerrado a cal y canto como Troya. Como las hordas griegas, pequeñas y asustadas, frente a la ciudad encerrada, Tonks y Ginny luchaban contra sus ganas de huir de aquel lugar.
-Eran sólo dos pisos -Contestó, al fin, Tonks buscando el valor necesario para llamar al timbre en algún punto entre la uña del dedo gordo de su pie y el nudo que apretaba su garganta. Ginny pareció encontrar las fuerzas para llamar al timbre, pero se quedó a medio camino, lo que consiguió que Tonks reaccionara tomando ella la iniciativa. Antes del primer "ding dong" la puerta de madera se abrió y por ella salió el cuerpo y el alma de una enfermera cabreada. El tiempo de un parpadeó tardó la mujer en desaparecer escaleras abajo, dejándolas extrañadas. Ahora la puerta de la consulta ginecológica aparecía abierta frente a las dos mujeres, sin ningún pudor, obligándolas a entrar aún cuando ninguna quería. El rechazo de Tonks era evidente y Ginny no quería asumir que un pequeño Potter se desarrollaba en su vientre.
Sacando fuerzas de flaqueza, mirándose de reojo, entraron las dos en la consulta. Caminaron por todo el pasillo ya conocido, flanqueado por jarrones y pintado con colores pastel hasta la sala de espera de la cual se escuchaban las airadas voces de la revuelta femenina. Lentamente, como en una película de terror, Ginny atravesó el marco de la puerta que comunicaba el pasillo con la sala de espera sin saber qué esperar de la escena que vio: Remus Lupin intentaba calmar los ánimos entre el motín femenino haciendo el papel de enfermera sin resultado.
Sin girarse, mucho antes de que nadie notara la presencia de las dos mujeres en la sala, Remus supo que Tonks estaba allí. Algo cambió en el ambiente con su entrada. Quizás la imperceptible brisa al abrir la puerta, el cambio de presión, el quejido de las pisadas sobre el parqué, el leve olor a Nymphadora Tonks, el hecho de continuamente deseara que la chica apareciera para hacerle olvidar todos sus temores. El deseo, tal vez, por verla de nuevo. Para eso se había enamorado de ella, aunque lo negara. Aunque hubiera metido la pata hasta el fondo en todos y cada uno de los momentos que había pasado con la artista. Tuvo que ser Sirius el que le ayudara a verlo.
Con una mirada de Remus, Tonks reafirmó su teoría de que aquel era el peor lugar dónde pasar una resaca. Tampoco el doctor tenía buena pinta con las oscuras ojeras debajo de los ojos y el pelo desordenado. Las patillas seguían igual, poderosas, pero una incipiente barba propia de una noche de juerga asomaba quitando protagonismo al ceño fruncido por el cansancio. Efecto final -a ojos de mujer enamorada hasta el tuétano y con sentimiento de culpa -: perfecto. Nunca una perfección como la de su amigo Sirius Black. Eso eran palabras mayores. La perfección de Remus incluía a todos los hombres normales del planeta, aquellos de los que nos enamoramos, esos que puede que tengan la nariz desproporcionada, poco pelo, incipiente barriguita o exceso de vello en el cuerpo. Todos aquellos hombres a los que sus defectos los hacen tan atractivos e irresistibles como lo pueda ser un adonis publicitario. También es cierto que Tonks estaba enamorada, he de insistir.
Si de un contacto místico visual pudieran saltar chispas, Ginny habría jurado que en el centro de la trayectoria de ambas, miles de fuegos artificiales explotaron cuando se miraron. Sin embargo, no sólo chispas erotico-festivas saltaron, de entre las doradas, aparecieron unas azules muy relacionadas con la memoria. Y ambos protagonistas se vieron transportados a un momento siete horas antes, en un bar oscuro muy parecido al de Sirius Black. Risas circundantes, copas, el suelo se mueve, apesadumbrados por un sentimiento al que no se le puede poner nombre. Ambos levantan la cabeza de la copa en el momento en el otro aparece en escena. Tonks recuerda levemente a Remus guiñándole levemente el ojo, al doctor le quiere sonar un pelo rosa coronando un cuerpo de bailarina moviéndose al ritmo loco del pinchadiscos. En único movimiento, los dos intentan acercarse al otro. El alcohol desinhibe eso es conocido por todos, nade mejor que unas copas demás para aclarar algunas cosas. Después, nada. El recuerdo se pierde y el final de la historia queda en un misterio para ambos. ¿Por qué no terminaron juntos esa noche?, se preguntan.
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-¿Tenéis cita? -Suspira Remus evitando mirar a Tonks, el resto de la sala se ha quedado en silencio, a la espera de los acontecimientos.
-No, pe-...
-¡Ah! Pues te tocará esperar tu turno, bonita -Gruñó una de las señoras dando un paso al frente, quizá la cabecilla de la rebelión. No sabían muy bien por qué pero daba la impresión de que aquellos tres eran amigos y permitiría que, por colegueo, se colara a nadie -Aquí todas teníamos cita -Le echó un vistazo reprobador al doctor que se pasaba una mano por el cabello cediendo a la desesperación de nuevo -desde hace tres días.
-Pero si...
-Y no vale la excusa de "solo vengo a preguntar" -La advertencia procedía de otra señora, tan arreglada como repipi. Y como si fuera el pistoletazo de salida para el concurso "a ver quién grita más" todas se pusieron a discutir sobre los criterios de selección del orden de entrada.
-Vamos a ver...- Musitó Remus, está vez sí miró a Tonks en busca de ayuda. Ella se limitó a desarrollar su depurada técnica de mimetizarse con la pared. Ninguna de las presentes escuchó al doctor. Él volvió a intentarlo -Señoras, así no... -Ni caso. Remus perdió los pocos papeles que tenía -¡Señoras! -Vociferó, el silencio volvió a ser el protagonista. Remus saboreó ese momento de paz, apretó el puente de su nariz con el índice y el pulgar y habló antes de perder el control de nuevo -El orden está definido por la cita -Las tranquilizó -Si Minerva McGonagall tenía su hora a las diez del lunes y Dolores Umbridge a las doce, Minerva pasara antes que Dolores¿bien? -Las aludidas asintieron imitadas por sus compañeras un poco intimidadas por el sorprendente porte autoritario del doctor -Estupendo, señoras, entonces esto será fácil y rápido. Según el libro de citas, la primera en pasar será la señora McGonagall. Adelante -Le cedió el paso a la mujer visiblemente perturbada por el hecho de ser ella la primera. Ya se había olvidado a qué iba y ahora era consciente de que estaba en el ginecólogo. Remus hizo el además de seguirla, pero Ginny lo paró antes de que desapareciera por la puerta.
-¿Y nosotras? -Todas las mujeres de la sala observaron la resolución del conflicto.
-Os tocará en el último lugar. No tenéis cita -Las pacientes suspiraron aliviadas y las chicas resignadas.
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Tres horas y media de espera después en la sala quedaron dos mujeres de cabello: una pelirroja que observaba insistentemente su barriga como si esperara que de un momento fuera a hincharse como un globo o que un niño asomara su cabeza por el hueco de la vagina atreviéndose a llamarla mamá sentada al lado del eterno pelo rosa de Tonks. Esta última era incapaz de mantener dos segundos la misma postura en la silla. Las paredes color pastel parecían juntarse y disminuir el espacio por el simple hecho de aumentar la angustia de Tonks. Y aunque en anteriores visitas el color de las paredes le había parecido infumable, ahora le resultaba torturador. Porque aquella sala empezaba a ser el escenario de sus peores pesadillas.
Exactamente un cuarto de hora desde que la última señora con cita previa, Remus apareció por la sala aún más cansado, fatigado y ojeroso de lo que se había marchado tres horas antes, aún tuvo la fuerza necesaria para indicarles que lo siguieran con una leve sonrisa. Si por Tonks hubiera sido, con un silbido y una mirada insistente al techo habría obviado la llamada; pero Ginny, con un muelle en el culo, se levantó presurosa, aún más rápido corrió al lado de Remus y tuvo tiempo de apremiar a Tonks a la que sólo había podido mirar al techo. Resignada, dispuesta a no hacer ningún movimiento en falso que pudiera llamar la atención del doctor sobre ella, Tonks los siguió por el pasillo hasta el despacho del doctor. Deseó que el tiempo pasara deprisa, que los resultados fueran rápidos y que Remus no se diera cuenta de su presencia. No hace falta decir que todo ocurrió exactamente al revés.
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Bum, bum. Bum, bum. -¡Wow! -Ginny desvió su vista fija en la pantalla del ecógrafo para posarla en un Remus sonriente conocedor todas y cada una de las reacciones de la futura mamá -Eso... ¿eso es?
-Sí -Incluso Tonks, olvidándose de su promesa de no llamar la atención, miraba el puntito negro oscuro que centraba la imagen de la pantalla del ordenador con los ojos como platos. Agarradas de la mano, las dos amigas se habían dejado de respirar con la visión en blanco y negro de lo que en algún momento sería una personita. Cierto es que lo que más impresionaba a Ginny eran los latidos, porque el punto negro le decía bien poco.
-Es increíble -Y los tres volvieron al silencio de los extraños latidos de corazón que reproducía la máquina. Remus concentrado inspeccionaba el resto del útero de Ginny confirmando que la chica estaba embarazada y que todo iba bien.
-Ese punto negro de ahí crecerá y por un mecanismo complejo, aparecerán de ahí los bracitos, las piernecitas... -Les explicó Remus cuando creyó que la impresión había pasado y pareció que a él mismo se le caía la baba al pensar que saldría un tierno bebé del punto negro -Durante nueve meses. En fin, estás en perfectas condiciones para seguir con el embarazo, Ginny -La aludida parpadeó en un regreso rápido a la realidad. Caída libre y sin paracaídas. Embarazada y Jefa de los Bomberos, ambas condiciones eran irreconciliables. Remus recogió todos los trastos del ecógrafo dando por terminado el reconocimiento, le tendió a Ginny un papel para que se limpiara los restos de gel repartidos por su barriga y se detuvo un momento a mirar a Tonks, pero esta estaba perdida en un momento de inspiración artística después de ver aquel punto negro en la pantalla.
-¿Qué haré ahora? -Los tres regresaron a la sala principal del despacho y se sentaron frente a la mesa de Remus. Ginny era incapaz de pensar con perspectiva. Remus suspiró dispuesto a enfocar los pensamientos de Ginny.
-Tienes dos opciones, Ginny, ya lo sabes -Y al hablar, el médico actuaba, dejando a un lado la inmensa emoción de ser tío, tío falso, pero tío al fin y al cabo -Una es seguir adelante con todo lo que ello conlleva. Eres una mujer adulta y tienes trabajo estable -Ginny hizo una mueca de descontento - Tú me entiendes, en cuanto a mantenimiento, el crío no tendrá ningún problema. Cariño no le va a faltar, eso es seguro. Pero si todo eso no os vale, todavía estás de dos meses. Aunque creo que lo que deberías hacer es hablar con Harry.
-¡No! -Remus se asustó por la rotunda negativa en estereo que recibió su última propuesta. No pudo evitar observar a Tonks con el ceño fruncido y no entendió nada.
-No, qué. ¿No le dirás a Harry que estás embarazada? -Hablaba con Ginny pero la reacción de Tonks era la que más le extrañaba.
-Pues no, a preguntarle a Harry qué hacer. La embarazada, la que pare, la que da de mamar y la que se encargará del niño será ella -Tonks contestó por su amiga. Su enfado estaba fuera de lugar teniendo en cuenta que con ella no iba el asunto -Se pondrá gorda, le saldrán varices, por no contar los vómitos, mareos y dolor de riñones -Conforme la descripción avanzaba, Ginny lo iba sintiendo todo en su propio cuerpo -Sin contar el parto, las estrías en el pecho por el amamantamiento, el adiós a la piel tersa, las noches sin dormir y lo peor, lo más horrible de todo es que, siendo una mujer bombero, no podrá trabajar en los nueve meses de embarazo. Es una decisión que tiene que tomar ella.
-¿Ah sí¿Y por qué? -Remus se había levantado de su protegido y estudiado asiento detrás de la mesa de despacho para apoyarse ya sin disimulo en la mesa al lado de Tonks, en un arranque intimidatorio que a la chica le trajo sin cuidado. Ginny los dejó pelearse porque ya tenía ella bastantes problemas como para imponer paz en la habitación -¿Acaso Harry no tuvo parte de culpa en esto?
-No me vengas con esas, Doc. ¡Claro que participó! Pero para él no habrá tanto cambio, ni tendrá que sacrificar nada. Si vosotros vierais peligrar vuestro empleo por el mero hecho de tener un hijo, hace siglos la especie humana se habría extinguido sin remedio -Tonks paró a tomar aire para soltar su frase lapidaria final -Los hombres sois unos cobardes -Le espetó.
Remus supo, aún sin que Tonks dirigiera conscientemente la frase contra él, que lo acusaba directamente y ella, segundos después, se dio cuenta de la doble intención de su comentario. En ese momento, un flash en su cabeza y ambos vieron claros ciertos momentos de la noche anterior. Les hizo olvidar la discusión anterior. La borrachera, el acercamiento, la repentina aparición de Martin; se impusieron sobre todas las cosas. Apremiantes, los dos miraron a Ginny en busca de explicaciones.
-Voy a ser mamá -Musitó la pelirroja.
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Pocas veces se alinean los astros para que una noche de borrachera apoteósica termine en una noche de sexo apoteósico principalmente por dos poderosas razones: Una de ellas la sufría la propia Tonks en sus carnes, carnes mentales por acotar el campo de carne; y era la amnesia que provoca el alcohol, otra era la posibilidad de que tu hombre o tú o los dos, incluso una parte vital de la anatomía masculina, se duerma antes de la faena.
Poco importa que la borrachera que tienes te libere de timidez y al ver a una Tonks preciosa como nunca decidas acercarte a ella. Da igual que la luz tenue y los fogonazos de las luces del bar casi te cieguen, te hagan chocar contra la gente porque allí está ella. Tiene la sonrisa más maravillosa del mundo y¡oh sí! una mirada que asegura un éxito rotundo en tus intenciones. Los fogonazos volvían a la mente de Remus a medida que Ginny relataba, como buenamente podía, los detalles importantes de la noche anterior.
Por su parte Tonks recordaba su propia desinhibición y como tuvo la sensación de que con una mirada al doctor este decidió acercarse, la llamada de la selva. Feromonas en el aire. Recordó como Remus se acercaba a él con lo que podría ser un paso seguro en un barco en un mar con fuerte marejada. Pero no le importó su paso vacilante, porque el serio doctor Lupin lucía una sonrisa digna de lista de los diez hombres más atractivos del planeta. Su aspecto travieso no se limitaba sólo a su mirada, si no que atrapaba la barba de tres días y la camiseta media talla más pequeña de la que le convendría. Tonks recordó que en ese momento suspiró.
Como bien explicó Ginny, cuando Remus llegó a la altura de Tonks, a los dos les entró una timidez fuera de lugar que al resto de espectadores, borrachos también, que miraban la escena les dio risa y entre las carcajadas, por pudor, todos se dieron la vuelta para dejarles una intimidad imposible en un bar repleto de gente. Ambos estaban dispuestos a arreglar el malentendido y a tirar para delante. Ginny no pudo evitar volver a mirar a la pareja de tortolitos en el momento de la reconciliación, de las explicaciones. Lo que, entonces, vio ya no fue una pareja. Ahora eran un trío, un mal trío.
Remus y Tonks se miraron, otro flash y la cara de Martin saludando a Tonks con demasiada efusividad para un ex. El gesto incrédulo de Remus y la estupidez de Tonks al ceder a los encantos de Martin en lo que él desplegaba su impactante sonrisa de dientes blancos. En ese instante, lo que había sido un momento mágico y prometedor del comienzo de una nueva pareja quedó en nada al verse, Remus, derrotado por un dios de ébano con el que no podría competir. Era un hombre con complejos, propios y traumáticos.
Tonks simplemente no entendió la retirada de Remus, Martin encandilaba sí, pero no hasta el punto de hacerle olvidar quién estaba en su punto de mira. De modo que la chica observó con rencor como Remus, con su paso vacilante, se alejaba de nuevo hacia la barra para pedir una copa de lo más fuerte y, molesta con el doctor, se dejó caer en las redes de Martin.
La mirada de reproche de Ginny a Tonks ahora que mencionaba a Martin le dolió a la pintora. Al fin y al cabo, muchas veces habían hablado de lo que no tenía que hacer si lo volvía a ver. Pero¡ya querría ver la entereza de la pelirroja si en algún momento Harry se convertía en su ex! Donde hubo fuego... y qué bien queman las brasas después. Remus también le reprochaba su elección, aunque con la mirada baja y el orgullo en el ceño fruncido. Recordaba cómo, a la segunda copa después de la batalla perdida, una voz conocida, muchas veces olvidada y otras tantas recordaba se acercaba a él con tono meloso. Melinda, recordó como balbuceó su nombre. La mujer sonrió conciliadora y se sentó a su lado sin invitación previa. Remus rememoró una hora de su vida perdida en una charla inútil que terminó como solo podía terminar el reencuentro después de cinco años. Y recordó el dolor de verla desnuda en su cama con aquel antiguo gesto de reproche que la caracterizaba. Se marchó de la habitación antes de terminar nada.
De aquella parte de la historia, de cómo había llegado Tonks a su casa con Martin, de cómo Remus salió corriendo de los brazos de Melinda y cómo acabó buscando la amistad de Sirius; nada sabía Ginny. Pero su breve relato les ayudó a recordar y ahora tanto uno como la otra, ponían en orden sus prioridades de nuevo. Remus las tenía muy claras.
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-Bien, señorita Tonks -Remus fue el primero en actuar. La aludida pegó un respingo al oírlo hablar después del intenso silencio que había ocupado la habitación momentos antes -Todavía tenemos un asunto médico-paciente que resolver.
-¿Qué? -En la cabeza de la chica apareció un gran letrero con la frase "¿te has vuelto loco?" -¿Te has vuelto loco? -Que fue exactamente lo que le dijo. Remus sólo la miró con la dureza de un médico tan experimentado como insensible y abrió la puerta de la salita de exploración.
-Si me haces el favor de pasar, serán unos minutos. Dejaremos a Ginny que medite su situación actual -Sin recuperarse de la sorpresa Tonks obedeció la voz autoritaria de Remus. Entró en la sala seguida por el doctor a Ginny le dio igual todo aquello inmersa como estaba en su marabunta de sentimientos encontrados -Túmbate.
-¿No crees que no es momento? -Preguntó Tonks tumbándose sobre la camilla que le señalaba.
-Claro que sí -Remus encendió el ecógrafo y cogió el bote de gel -lo único que nos faltaba de la última revisión es la ecografía, te lo dije. Además, me he tomado la molestia de llamar al laboratorio donde te hiciste los análisis para pedir el resultado. Los tienes perfectos, por cierto.
-Creo que tenemos cosas más...
-Mira, Nymphadora, después de todas las tonterías que hemos hecho -Remus se acercó a su cara mientras hablaba y le desabrochaba el primer botón de los vaqueros para ponerle el gel. Estaba frío y Tonks sintió un estremecimiento quién sabe si del gel o por el botón desabrochado. Remus parecía verdaderamente dolorido al recordar las estupideces cometidas -, no me parece que vayas a querer volver a esta consulta. Yo mismo no volvería... La cuestión es que mejor termino lo que empecé la primera vez que viniste a mi consulta.
-Pero...
-Dos segundos y todo habrá terminado -Sin más le plantó el extraño aparato híbrido entre plátano y etiquetador en la barriga encima del gel frío. La imagen en blanco y negro volvió a la pantalla de la máquina a medida que Remus lo movía en círculos -Vaya.
-¿Vaya? -Desde su postura, Tonks era incapaz de ver con claridad las imágenes, aunque tampoco podría haber distinguido nada. Por eso le asustó el ceño fruncido de Remus.
-Sí, voy a tardar un poco más. Tengo que comprobar algo -Y el doctor la miró pensativo.
-¿Remus?
-Sí, sí. Tendrás que quitarte los pantalones y bajarte las braguitas -Allí estaba de nuevo. La pesadilla se repetía. Tonks no podía evitarlo, pero fue pronunciar la palabra braguitas y ruborizarse toda, por dentro, por fuera. Un leve cosquilleo en la zona a examinar.
-¿Es necesario? -Disimuladamente cruzo los dedos, quién sabe si deseando que fuera realmente necesario o que no.
-Total y absolutamente -Tan serio como nunca, Tonks creyó que algo malo le pasaba y accedió. Remus se puso un guante, cogió otro, lo relleno de gel y metió en él el extraño aparato. Tonks se volvió a tumbar en la camilla, sin pantalones, sin bragas, con la mirada fija de Remus en ella y la extraña sensación de haber vivido aquello -No te va doler -Le aseguró -Tengo que meter esto por tu vagina para ver perfectamente el útero¿vale?. Pero primero voy a comprobarlo con mi propia mano -Un brillo travieso pareció atravesar los ojos de Remus, pero Tonks estaba demasiado preocupada por las reacciones de su cuerpo a las palabras del doctor. Sin más, Remus introdujo uno de sus dedos su interior de Tonks y volvió a ocurrir. ¿Cuánto había pasado desde la primera visita? Parecía que nada, porque Nymphadora Tonks no había aprendido de sus errores y un gemido placentero, uno largo y voluptuoso, salió de su garganta.
El doctor Remus Lupin no ocultó su sonrisa al oírlo, ni siquiera cuando Tonks quiso bajarse de la camilla apresuradamente. Volvió a sonreír cuando la chica, azorada, buscó su ropa interior por toda la habitación sin encontrarla y eso que la tenía al lado sobre un taburete. Sonrió más cuando la agarró por un brazo y le pidió que se calmara. Porque Remus Lupin había ordenado sus prioridades, al tiempo que mitigaba sus complejos, y en el primer lugar de la lista aparecía Nymphadora Tonks.
-Eso ahora ríete de mí, maldito desgraciado -Tonks se agachó para coger un zapato dispuesta a tirárselo -¡Y dame mi ropa interior!
-Espera, Nymphadora, espera -Remus intentó calmarla, pero la chica sólo quería huir del origen de su vergüenza -Espera, tranquilízate.
-¡Qué me tranquilice! -Chilló -Por si no te has enterado Remus, acabo de gemir -El doctor sonrió muy consciente de ello -¡Por segunda vez!
-Lo sé
-¿Lo sabes¡Lo sabes¡Por todos los dioses! -Tonks se alejó lo que pudo de él -¡Lo sabes!
-Pues sí. No te voy a negar lo que me sorprendió la primera vez. He visto miles de cosas en esta consulta, pero nunca una mujer que gimiera durante la exploración.
-Cómo no -Tonks se revolvió el pelo, totalmente convencida de que si no era una pervertida, poco le faltaba.
-La verdad es que resulta halagador.
-¿Halagador? -Remus había adelantado dos pasos hacía Tonks pero la crispación de la pregunta le hizo retroceder uno, atemorizado.
-Pues sí, vanidad varonil, supongo -Titubeó.
-¿Por qué no me has dicho nada? Un "tranquila, no pasa nada". ¿Sabes lo que es plantearse ser una depravada? Y encima has tenido oportunidades.
-Un poquito depravada sí eres -Rió Remus, esta vez sí voló un zapato por la sala -Está bien, está bien. No quería espantarte, Nymphadora, me gustabas...
-¿Te gustaba? -Alzar una ceja con escepticismo y poner las manos en las caderas en un gesto intimidatorio queda bastante deslucido cuando no tienes ropa de cintura para abajo, pero Tonks ni se acordó del pequeño detalle.
-Claro -Respondió Remus como si fuera lo más obvio del mundo -Fue una suerte que Harry me invitara a cenar a su casa, que estuvieras allí, que te olvidaras aquella carpeta de papeles. Fue una suerte que Sirius te encontrara, que te invitara al bar. Realmente fue una suerte.
-¿Suerte? No lo veo así, ninguna suerte fue que te largaras esa noche.
-Ah, eso tenía que salir, sí -Ahora Remus fue el tipo pesaroso y triste que mostraba de vez en cuando. Pero tomó aire dispuesto a explicarse -Permite que te cuente cómo es el trabajo de ginecólogo -Por la cara de Tonks, aquella respuesta no parecía ser lo que esperaba, pero se aguantó -Durante cinco días a la semana recibo cuarenta pacientes de las cuales treinta y cinco vienen con sus respectivas vaginas que necesitan ser inspeccionadas. Esta claro que es lo que tiene que ser. Por eso soy ginecólogo. Intento ser atento, cuidadoso, amable y quitarle hierro al asunto. En la consulta lo consigo, pero a casa me llevo el hastío.
-¿Hastío?
-Grandes, pequeños, peludos, depilados, resecos, jóvenes y lustrosos -Tonks se sumó al pesar de Remus entendiendo ahora -He visto tantos, Nymphadora, que pocas mujeres me excitan.
-Deberías ir a psicólogo, no ir probando de chica en chica y dejándolas a medias -Aconsejó Tonks sin reprimir una risita. Vale que aquello estaba empezando a ser gracioso.
-Tonks que soy impotente -Soltó la bomba como si nada, con una naturalidad que no era capaz de sentir y con el anhelo de ser comprendido. Tonks lo miró y luego se miró a sí misma semidesnuda de pie en aquel cuarto. Volvió a mirarlo, de arriba abajo con calma sopesando la situación.
-Vale, eres impotente. ¿Seguro? -Remus lo afirmó con un gesto rotundo de su cabeza. Meditabunda se pasó la mano por el pelo rosa despeinándolo para después señalar un evidente bulto en la entrepierna de Remus -¿Entonces que hace eso apuntándome desde hace un rato? -Ahora le tocó a Remus pasar vergüenza e inconscientemente se tapó con la sábana de las exploraciones.
-También tiene explicación.
-Supongo. Pero en serio Remus, esto es increíble. Primero no me dices que sabes que he gemido. Segundo me dices que te gusto, pero te marchas de mi casa...; ahora me encierras en tu consulta para decirme que eres impotente. Por no comentar la especie de pantomima que me has hecho representar con el chisme ese del gel frío. Empiezas a parecer más desequilibrado que yo, que lo sepas.
-Vale, vale. Te lo voy a explicar más gráficamente -Echó a un lado la sábana blanca que lo cubría -Esto que ves aquí es la tercera erección que tengo en años -La cara de Tonks pasó del "y a mi que me cuentas" al "¿Cuáles fueron las otras dos?" -Tu primera consulta -Tonks musitó un "¡oh!" de sorpresa -y la noche que me llevaste a tu casa.
-¡Ajá¿Y se puede saber por qué te marchaste¿Hice algo mal? -Tonks se acercó a él visiblemente afectada.
-Pues porque por un momento tuve el sentimiento de que para ti era un juego. Lo que tenía sentido. No me mires así. Casi no nos conocíamos y para mí sí lo era -Tonks tuvo asentir dándole la razón - Además, mi antigua novia no fue muy dulce conmigo en ese sentido y, en fin, huyó cuando tuvo oportunidad.
-¡Oh! -Atinó a decir Tonks. De nuevo el tierno Remus aparecía derrotado delante de ella. El hombre serio, el doctor eficaz, el tipo que se atisbaba durante una conversación. El hombre, al fin, del que se había enamorado de aquella manera tan extraña.
-Si te he hecho entrar y pasar todo el trago de la ecografía fue, en parte, porque tenía que dejar terminado tu historial y en parte como comprobación.
-¿Por qué? -Remus no pareció entender la pregunta -Quiero decir¿por qué tanta molestia?
-Porque me he enamorado de ti -Así de sencillo era. Sin florituras, sin edulcoradas frases de amor romántico. Porque así son las cosas en la vida real. Y si no se dice claro, uno pierde el tren, la chica en este caso. Por suerte para Remus, Tonks sentía lo mismo, lo que no disminuía la cara se asombro, estupefacción, alucinación todo esto elevado a la máxima potencia.
-Los tienes bien puestos -Atinó a decir, mientras se acercaba a él. Acaba de olvidarse de la vergüenza, la desconfianza, el miedo y el enfado. Se había olvidado de Martin N´Dour desnudo en su cama, de los recuerdos de un antiguo amor, de las falsas ilusiones, de Ginny sentada en el despacho con un problema creciente... Sólo estaba Remus delante de ella, era real y la esperaba con los brazos abiertos.
-Si no los has visto -Se rió Remus la abrazó cuando estuvo a su altura. Tonks se puso de puntillas para alcanzar su oído.
-Pero los he palpado -Le susurró con suavidad y a Remus se le alteró todo el organismo como hacía tiempo que no se le alteraba.
-Eres un poco guarrilla -Bajó sus manos hasta el trasero desnudo de Tonks y ella se rió.
-Tú tampoco te quedas atrás.
-Tengo que recuperar el tiempo perdido -Aseguró. De repente la puerta del cuarto se abrió y la cabeza pelirroja de Ginny apareció por el marco.
-¡Voy a ser madre! -Gritó. Y después de tres "yupis" consecutivos, de la cara de suficiencia de Remus -típico gesto "sabía que pasaría algo así"-; Ginny torció el morro y se tapo la barriga todavía plana -Tápate pervertida, que hay críos presentes.
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Desnudos sobre la cama de Tonks, Remus todavía respiraba acelerado y ella suspiraba lánguida a su lado. Después de cerrar la consulta, habían dejado a Ginny en su casa planeando su vida futura con un crío a cuestas, pero feliz y contenta como sólo se está cuando el instinto maternal despierta. Por suerte para la pelirroja el instinto se activó pronto. Muy pegaditos Tonks había propuesto al doctor Lupin ir a su casa porque aún tenían que aclarar algunas cosas. Era importante hablar antes de nada, pero Remus no parecía interesado en conversar. Media hora de camino en la que más de un comentario subidito de tono alteró a Tonks. De modo que casi no les dio tiempo a abrir la puerta que ya tenían los abrigos en el suelo del piso. Un nuevo dejá vú los encontró tumbados en la cama, sólo que está vez Remus se quedó hasta el final. Y menudo final, pensó Tonks. Porque Remus había jurado que la bestia llevaba dormida años... Había desbancado a Martin de la lista de los mejores en la cama.
-Nymphadora -La respiración de Remus había vuelto a la normalidad.
-Hum
-El tío que te saludó ayer... -Tonks sonrió desde debajo de las sábanas donde se había metido en busca de aventuras. Sacó la cabeza para encontrarse con la mirada preocupada de Remus -Quiero decir, no creo haber estropeado nada, pero...
-Martin
-Prefería no saber su nombre. No puedo noquear a un tipo con nombre -Bromeó al ver que Tonks no estaba ni de lejos preocupada. Ella sonrió más.
-Martin N´Dour. Estuve prometida con él¿sabes?
-No, pero quizá eso sea un buen motivo para pegarle -Gruñó.
-No deberías preocuparte. Es pasado. Lo de ayer fue un error completo del que me arrepiento. Además está casado.
-¿Sí? -Tonks volvió a meterla cabeza debajo de las sábanas.
-¡Oh, sí! Me dejó plantada no en el altar, pero sí antes de la boda. Se fue con una tal Melinda -Su voz se oía amortiguada, pero el nombre sonó alto y claro en los oídos del hombre. Levantó una ceja con escepticismo.
-¡Oh! Que cabrón -Remus no pudo decir nada más porque Tonks en una de sus incursiones por debajo de las sábanas había encontrado algo con lo que jugar. Definitivamente, las resacas de campeonato y las visitas al ginecólogo habían pasado a ser los mejores momentos en la vida de Tonks.
Fin
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Epílogo
Ni que decir tiene que jugar a los médicos, jugaron durante mucho tiempo. Unas veces más y otras, menos. Al igual que, unas veces la vida juntos era como un caramelo dulce, un pelín empalagoso, pero que no puedes dejar de comer varias veces por semana. En otras ocasiones el cansancio y el aburrimiento los llenaba. Pero la vida de pareja tiene esas cosas. Bien lo sabían cuando Remus se marchó a vivir al escaso ático de Tonks.
El doctor Remus John Lupin, ginecólogo, ya nunca más lo fue. Cerró la consulta después de una profunda conversación con Tonks en la que salieron a relucir sus verdaderos sentimientos frente a la vida. Aquello obligó a Tonks a ver a Remus como un hombre atrapado en una serie de prejuicios y obligaciones que lo marcaron como la persona triste que se afanó en no mostrar: Unos padres que quisieron ver en él al gran médico que fue, pero nunca se lo reconocieron, una rebeldía inusitada cuando decidió, en vez de hacer cardiología como ellos querían, especializarse en ginecología y el gran error que ello supuso.
Así que la consulta cerró sin remordimientos, ni sentimientos de culpa. Remus decidió ser fotógrafo. Free lance. Y viajaba todo lo que quería haciendo reportajes para revistas de decoración. Se marchaba despedido en la estación por una preciosa chica de pelo rosa que siempre llevaba algún resto de óleo en su ropa o en su cara y volvía sabiéndose bien recibido por esa misma chica en ropa interior, incluso sin ella. Nunca fue más feliz.
Tonks lo vio florecer desde su estudio de pintura. Observó en Remus el cambió que la enamoró para siempre. El hombre que había conocido en la consulta de ginecología resultó ser la mitad de lo que ahora crecía día a día delante de ella y eso la hacía feliz. Alguna vez alguien le había dicho que la admiración no formaba parte de la ecuación del amor, nunca estuvo en mayor desacuerdo. Admiraba a Remus, sin pedestales como le había pasado con Martin. Remus consiguió que la vida de Tonks fuera tranquila. Pintaba con esfuerzo, pero alguna exposición tuvo éxito y la tesis esperaba ser leída en cualquier momento en el que ella se atreviera a volver a mirar a los ojos de su jefe sin morirse de la vergüenza.
Por su parte, Ginny, el día que confirmó su embarazo en la consulta de Remus, entró como un terremoto en la sala donde Harry daba sus masajes y le soltó la buena nueva delante de un cliente. No pudieron por más que invitar al buen hombre a champán para celebrarlo. La felicidad de Harry era innegable y se volvió un aturullado padre primerizo. Ginny en cambio, tenía muy claro lo que iba a pasar desde el mismo momento en que se supiera que estaba embarazada y por eso elaboró un espléndido plan con sus compañeros más cercanos. La idea era dirigir sin exponerse a situaciones peligrosas, delegar sin que ella resultara indispensable. Al final lo consiguió y estuvo ocho meses al mando de la Unidad de Bomberos sin que nadie tuviera una queja. Evidentemente aquello le costó ojeras, noches sin dormir y un esfuerzo superior al normal. Con razón el niño nació un mes antes en un camión de bomberos como no podía ser menos. Después del parto, Harry siguió siendo un atontado padre primerizo y ella aplicó de nuevo su estrategia para poder volver al trabajo. Organizar y delegar. La vida era dura, aún así, eran una bonita familia feliz.
Seguramente la pregunta más importante es: "¿Qué pasó con Sirius y Hermione?". Os responderé: Aquella extraña pareja se casó para decepción de miles de mujeres solteras ciudadanas de Londres. Para desgracia de todas las mujeres en trámites de separación y para amargura de la madre de Sirius. Su chico, el mayor, se casó con la pelandusca gritona. Nadie supo nunca por qué dieron el paso. Según Neville, Sirius tenía ganas de llevarle la contraria a su madre una última vez. Pero en realidad, en aquella mítica noche de borrachera, muchas cosas sucedieron y, entre ellas, el reconocimiento por parte del soltero de oro de Londres de que a Hermione no la había podido olvidar nunca y que el irse de Londres se resumía en un ataque de pánico ante el amor y que sí, Hermione, que sí, que fui un capullo¿me perdonas? El perdón terminó en boda por todo lo alto un tiempo después. De esas que luego salen en la prensa. Con un pequeño James Potter Weasley gorgojeando en el altar apretando una cestita de arras. Con una Ginny llorosa agarrada al brazo de Harry (-No llores, cielo, si quieres nos casamos. -Que no es eso, bobo.). Con un Remus y una Tonks desaparecidos durante breves periodos de tiempo y sospechosamente despeinados. Con un Ron y una Luna bailando pegados. Con Neville como sacerdote y con Draco echándole el ojo a toda niña mona invitada a la fiesta. Tenía el corazón tan grande que podía amarlas a todas.
Como nota al margen, y alguien le puede interesar, a la semana siguiente, Regulus se casó con Cho Chang de blanco, emperifollada, en una boda todavía más opulenta y cara que la de su hermano. La boda de Sirius salió en una revista. La de Regulus en dos revistas y una nota en el periódico de tirada nacional. Son esas pequeñas rencillas entre hermanos.
Y por fin, ya está. Es quizás uno de los finales más rápidos de la historia de los finales. Pero enrollarse solo habría servido para liarlo todo más, dejar pasar otro prorrón de meses antes de continuarlo y algún que otro mensaje amenazador (gracías por el empujoncito)
Os agradezco a todos los que habeis leído esta historia. A los que ops gustó, a los que os empezó gustando y terminasteis odiándola, a los que os horripiló.
Os aseguró que esta historia no tiene nin´guna relación con la relaidad, ni la de la autora, ni la de algún personaje cercano a ella (más quisiera yo que Remus me revisara...). Insisto: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Gracias a todos, nos leemos en la próxima historia.
