Hola y gracias a todos por seguir leyendo este fic. Me he esforazado un poco en este cap. puesto que los exámenes finales están ya sobre mi cabeza y a pesar de que exente todos, he tenido otras cosas que hacer, que no puedo dejar para otro momento. Ahora, sólo espero que sea de su agrado.

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Paso a Paso

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Ella, una joven que tenía el don del baile. Él, un engreído chico que creía ser mejor que todos. ¿Podrán vencer sus diferencias, para convertirse en los mejores?¿ O simplemente su orgullo será mayor y lucharan para triunfar por separado?

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-….- (Lo que dicen los personajes)

"-…-"(Lo que piensan los personajes)

::::… (Separación)

(…) (Jeje, anotaciones o aclaraciones de la autora)

Disclaimer: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, sino a la genial y única Rumiko Takahashi. Aunque últimamente he estado planeando un secuestro en contra de esos dos hermanos ;3

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Cáp. 03: Carreras Callejeras. (Parte 01)

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Si le hubieran dado a escoger, en este mismo momento se encontraría envuelta en sus suaves cobijas, pero no, debía de preparar una parte de la coreografía, pero con un volumen moderado para que sus padres no se dieran cuenta de lo que sucedía. Todo estaba perfecto, hasta que una fuerza que ni ella misma conocía, hizo que el radio se apagara, seguido de un apagón por toda la ciudad.

-¡Maldición!—gritó muy molesta.

-¡Kagome, duérmete!—respondió su madre, mucho más molesta que la pelinegra.

-¡Mamá!-

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Se movía inquieto en las sábanas, llevó sus brazos tras su cabeza para recargarse mejor en ellos. Estaba un poco inquieto respecto a la carrera del día siguiente. Estaba seguro que su contrincante tenía algo planeado en contra del equipo o por lo menos en contra de él. Refunfuñó mientras se levantaba, sintiendo como el frío le calaba los huesos. Maldijo, antes de caminar hacia su guardarropa y sacar una chamarra azul marino. Cerró la puerta del armario, sólo para dirigirse a la entrada y salir del cuarto.

-Khe, espero no despertar a Sesshoumaru, tiende a ponerse de muy mal humor.

Bajo la gran escalinata en silencio, y caminó a la cocina, donde estaba una de las entradas a la cochera familiar. Buscó en la estantería un juego de llaves y abrió la puerta.

Con el tacto busco el interruptor y al encontrarlo apretó un poco de él. Las luces parpadearon un poco, antes de encenderse por completo, dejando ver una cochera de unos treinta metros, con cinco autos diferentes.

Se acerco a un Mitsubishi blanco con finas rayas azules; lo acarició con lentitud, antes de salir tendría que checar todo respecto al automóvil. Escucho un ruido tras él y volteó rápidamente.

-Oh, eres tú.

-¿Qué demonios haces despierto?—preguntó Sesshoumaru tallándose su ojos izquierdo.

-Estoy revisando mi auto, no quiero ningún tipo percance durante la carrera.

-Estás preocupado.

-También deberías estarlo.

-Sé cuan peligroso es Naraku, pero no creo que intente nada con una audiencia, además ya le hemos ganado las veces anteriores.

-Pero esta vez, no es sólo una carrera callejera, sino también implica algo relacionado con la competencia.

-¿Crees que intente herir a alguien?-

-Estoy completamente seguro.

-Como digas hermanito, pero yo deseo descansar, lo que menos querría es dormirme a media carrera—decía ahogando un bostezo—Y tú también deberías descansar.

-Sí, está bien.

Se dio la vuelta, y salió del garage, no sin antes de apagar el interruptor, viendo por última vez en ese día su hermoso auto.

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Eran poco después de las siete de la mañana, y ya estaba despierta, recién bañada, arreglada y sentada frente al estéreo, esperando a que su padre arreglara el pequeño problema eléctrico que tenían. Miró por la ventana, esperando que su padre siguiera trabajando en la caja de los fusibles, y así era.

-¿Falta mucho?-

-No, ya casi, dime si funciona—decía moviendo un poco los fusibles con las pinzas.

Volvió su vista al estéreo, que prendió por unos instantes antes de volver a apagarse. Suspiro resignada, al ritmo que iba, terminaría la coreografía a las nueve.

-No funcionó.

-Si esta vez no funciona, llamare a un electricista.

-Pero es Domingo.

-Oh, entonces, tendrás que esperar querida.

Abrió su boca, un día completo sin luz, televisión, computadora¡Sin música! En pocas palabras estaban escribiendo su sentencia, ella juro no hacer nada indebido, no era justo lo que le hacían.

-Cruza los dedos, nena.

Comenzó a orar a todos los dioses que conocía, escucho un "clic" y poco después su cuarto se iluminó. Grito de alegría, saltando levemente para dejarse caer de rodillas y hablar de la forma más dramática.

-¡Gracias, señor!-

-Nena, exageras mucho…--decía su padre cerrando la caja de los fusibles, aún escuchando todos los gritos que su joven hija decía.

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Abrió los ojos con un poco de dificultad, se sentía muy cansado, y como no estarlo, si sólo había dormido cuatro horas. Se revolvió en las cobijas, intentando dormir unos cuantos minutos más, pero ya le era imposible, y más con el escándalo que su hermano mayor hacía al despertar. ¿Quién en su sano juicio ponía la radio a todo lo que daba a las siete de la mañana?

-¡¡Sesshoumaru, apaga esa maldita porquería!!-

Silencio, como detestaba ese estúpido aparato. No sólo no le dejaba dormir, sino que hacía que su hermano no escuchara ninguna de sus quejas. Cuando se descuidara entraría, lo tomaría y lo lanzaría por la ventana. Oh, que bello sería escuchar como se hacía añicos en el jardín.

-¿InuYasha, estás despierto?-

-Madre, con el escándalo que hace el idiota de mi hermano, es difícil estar dormido.

-Nene, sabes que él siempre despierta así.

-¡Pero por una vez en su vida podría tener consideración por los demás!—grito lanzándose contra la almohada y poniendo otra de ellas sobre su cabeza, intentando aplacar el ruido.

-Iré a pedirle que guarde silencio.

-¡Que Dios te bendiga madre!—exclamó agradecido.

-Oh, esa la única forma en la que me habla de buena manera—murmuro caminando hacia la habitación de su hijo mayor—¿Sesho?—preguntó tocando la puerta.

-¿Sí?-

-Dice InuYasha, si podrías bajarle un poco al volumen al estéreo.

-Claro.

Gruñó contra el colchó, como odiaba cuando se comportaba tan santo con su madre, en cambio, cuando se lo pedía él. Lo mandaba al diablo o al infierno.

-Listo, fue muy fácil Inu.

-Como digas mamá.

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-¿Cuánto tardara Kag?-

-No lo sé—respondía Rin mirando su reloj—Ya van quince minutos

-Es tan raro en ella.

-De hecho.

Vieron a un grupo de muchacho pasar cerca de ellas, automáticamente su instinto las obligó a voltear a verlos, y a la vez escuchar parte de su conversación.

-¿Te enteraste sobre la carrera entre los Taisho y Himura?—preguntaba uno de ellos.

-Sí, los hermanos Taisho y su equipo-decía otro haciendo memoria--y Naraku y su equipo.

-¿En dónde dijiste que era?-

-Cerca del almacén de la calle REY.

-¿Quieren ir?, empieza en una hora.

-Claro, no tenemos nada que hacer.

Y así, poco a poco se fueron perdiendo de sus miradas. Ellas, por su parte de miraron entre ellas y sonrieron¿Por qué no tomar un día de descanso? Iba a encaminarse, cuando escucharon la voz de su capitana, ahora iba la parte más difícil.

-Kag¿Y si vamos a la carrera?-

-¿Eh¿Cuál carrera?—pregunto desconcertada.

-Entre los hijos del empresario Taisho y… ¿Quién era, chicas?-

-Naraku Himura, creo.

-¡Ah! Sí, ese.

-Pero, el ensayo…

-No te preocupes, además, dudo mucho que haya podido avanzar mucho, con el apagón.

-Sí, pero—intentaba decir.

-Oh vamos, es sólo una inocente carrera, además pueden haber chicos guapos—decía Ayame guiñándole un ojo.

Suspiro, era imposible ganarles cuando se ponían de acuerdo. Miró su reloj, de todas maneras, no podía durar más de dos horas, además, tenían todo el día para ensayar.

-¿A qué hora es?-

-Según lo que escuchamos, en una hora.

-¿En dónde?-

-El almacén, en la calle REY.

-Pues que esperamos, esa calle está del otro lado de la ciudad.

-¡Sí!—gritaron entusiasmadas, abrazando a su amiga.

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Se escuchaban rugir los motores, su madre estaba recargada en el borde de la puerta, mirando a sus hijos calentar los motores de sus veloces autos. Detestaba cada día que los retaban a una carrera, siempre estaba con el Jesús en la boca, y este día no sería la excepción.

-Tengan cuidado.

-No te preocupes madre, lo tendremos—respondió Sesshoumaru chocando todos los controles y tanques de Nitrógeno.

-Recuerden que un par de meses es la competencia.

-Y sólo por eso tendremos mucha más precaución—respondió ahora InuYasha, apretando un poco el volante, esperando a que la puerta eléctrica terminara de abrirse.

Y cuando éstas tocaron el techo, los motores rugieron con fuerza, antes de arrancar levantando una leve nube de polvo y caucho quemado, sin contar la marca de las llantas marcadas en el pavimento. Su madre, angustiada, entró a la cocina, rogando por el bienestar de sus alocados hijos.

-Si algo les pasa, toda la culpa será de Inu Taisho.

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Respiraban agitadas, había corrido todo el trayecto, y ahora se sentía totalmente arrepentidas, pues no recordaron que para llegar al dichoso almacén, debía de subir una gran pendiente. Kagome decía que era un excelente calentamiento, mientras que las otras, bueno, maldecían el no haber traído dinero para subir al autobús.

-Ya casi, vamos, hemos tenido entrenamientos peores.

-Sí, pero tenemos descansos de quince minutos, y aquí no noes hemos detenido en lo absoluto—respondió Sango jadeando.

-No se estén quejando, ya llegamos.

Los ojos de las cuatro se abrieron por la sorpresa, estaba bastante lleno, demasiado para su justo. Inclusive había unas gradas para sentarse. Caminaron entre la multitud, viendo gente de todo tipo, hasta que en el fondo, pudieron distinguir como todos se juntaban para ver algo.

-¿Qué será?-

Se acercaron con cuidado, empujando a una que otra persona, sólo para poder distinguir a medias uno de los autos del equipo de Naraku. Eran hermosos, y se veían bastante veloces.

-No me gustan las carreras, pero los autos son divinos.

Escucharon un abucheó del lado contrario y como algunas personas gritaron. Voltearon buscando el por que de tanto escándalo, hasta que pudieron entender lo que uno de los espectadores decían.

-¡Hay vienen, InuYasha, Sesshoumaru Taisho junto con su equipo!-

Corrieron hacia las gradas, abriéndose paso entre la gente, viendo como esos hermosos autos rompían el aire con la velocidad que habían adquirido. Eran mucho más hermosos que los del otro equipo. Los siguieron con la mirada, hasta que se detuvieron junto a sus competidores.

De uno de los autos bajaron un chico alto, de cabello castaño sujeto en una coleta, vestido de unos jeans y una camisa azul sin mangas con una tenis Puma. Su auto era un Mitsubishi verde, con líneas amarillas. Poco después un chico un poco más alto, su pelo era negro y también tenía su cabello sujeto por una coleta un poco más alta que su compañero, vestido de unos vaqueros negros y una camisa blanca sin mangas y con unos tenis Niké, y su auto, un llamativo Mazda negro con rayas y adornos plateados. Y al final, de los autos que iban al frente, los hermanos. ¿Cómo lo sabía? Eran demasiado parecidos y sus autos eran bastante llamativos..

El mayor, al parecer, venía en un hermoso Toyota rojo con líneas negras, que relucía con las luces. Vestía unos jeans algo deslavados, con una camisa de manga larga negra, haciendo contraste con sus extraños cabellos plateados y sus hermosos ojos dorados. Y traía unos casuales mocasines negros.

Y el menor, llamando la atención de Kagome, venía en un Mitsubishi blanco con llamas azules. Venía vestido de unos jeans algo ajustados, haciendo notar su bien desarrollado trasero. Una camisa, Lacoste, color azul claro y con unos Adidas azul marino.

-Wow…--murmuro Ayame viendo aljoven de la coleta alta.

-Doble Wow…--murmuro Sango viendo al chico de la coleta baja.

-Están guapísimos—dijo Rin mirando al hermano mayor de los Taisho.

-Estoy totalmente de acuerdo—siguió Kagome mirando al menor.

Al instante se sonrojaron y miraron para otras direcciones. No debían ser tan obvias. Volvieron a mirar, sólo por que sus contrincantes se les acercaban bastante amenazadores.

-Veo que no se fueron a esconder bajo las faldas de su mamaá¿verdad nenes?-

-¡Cálalte Naraku!—respondió InuYasha en un gruñido.

-Guarda silencio, InuYasha—dijo un chico menor, de cabello blanco y ojos grises.

-Tú no te metas, Hakudoshi—dijo Miroku mirando al joven.

-Basta, lo mejor sería arreglarlo todo como lo teníamos planeado.

-Tan sabio como siempre, Sesshoumaru—dijo un chico de trenza, recargado en uno de los vehículos.

-Bankotsu, creímos que te habías ido de la ciudad después de la vergonzosa derrota que obtuviste.

-No te metas, Kouga.

-Basta, mejor subamos a los autos y arreglemos todo de una buena vez.

-Me parece bien¿Cuál es el trayecto?-

-Dos vueltas a la manzana, sin tomar atajos.

-Me parece bien—decía InuYasha dando la vuelta, para dirigirse a su auto.

-Y cruzar por el puente Liberty—finalizó Naraku con una cínica sonrisa.

-Pero, el puente está en reparación.

-Y eso no es un problema¿Verdad, nenes?-

Lo miraron con desprecio, antes de darse la vuelta y entrar a sus autos.

-Entonces, iniciemos.

Todos despejaron el área de salida, los autos se acomodaron en la calle, mientras que la multitud comenzaba a alborotarse y animar a sus equipos. Las chicas, por su parte, hacían lo posible por tener una buena vista, y entonces vieron un hueco entre la gente de primera fila y no duraron en bajar.

-Ahora, necesitamos a alguien que nos dé el toque de salida—decía Naraku desde el auto.

Se metieron entre la gente, hasta quedar muy cerca de los autos, perfecto, tendrían toda la acción de cerca. Sin lugar a duda, eran los mejores lugares.

-Hey, nena, ven a acá para que les de el toque de salida a estos locos.

Levanto al mirada, debían de estar dementes, ella no iba a hacer eso.

-Vamos Kag, no siempre te piden eso—decía Ayame animando a su amiga.

-Pero, no, están locos.

-¡Nena, no tenemos todo el día!-

-Ve Kag, ándale—dijo Sango empujándola, provocando que quedara a la mitad de la pista.

-Como te odio…--murmuro parándose donde estaba el chico.

-Sólo diles que salgan, preciosa—dijo dándole un nalgada, antes de regresar a su lugar.

Cerró los ojos, antes de levantar las manos, comenzaba a odiar esos lugares. Mientras, dentro de los autos, los motores rugieron con ferocidad, y las llantas rechinaban por los frenos.

-¡Listos!-

Apretaron el volante, su mirada estaba puesta en la pista, aunque, de vez en cuando se desviaba a las bien contorneadas curvas de esa chica. Khe, nadie lo veían, no había forma de comprobar lo que hacía.

-¡Fuera!-

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Continuará…

Los deje en la mejor parte, sí, lo sé, soy muy mala. Bueno, me despido dejando los agradecimientos.

Gracias a:

Bishijo-smc...Izayoi-san

lorena...MarEliBen

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atte: TanInu

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