Capítulo 2.

- ¿Aún siguen hablando? – preguntó un shinigami de cabello castaño y ojos del mismo color.

- Sí, Dead – le respondió Mizu.

- Ya llevan mucho rato. Él sólo es un académico – razonó Dead -. No entiendo que puede querer Ela de él.

- Dead, pudo realizar un hechizo sin invocarlo – le dijo Chiffi.

- Bah, eso no es para tanto – dijo el shinigami con un tono de pretendida indeferencia.

- ¿Estás celoso? – le acusó Mizu mirándole con esa sonrisa picarona que tanto usaba.

- Claro que no – repuso el aludido y se marchó ofendido.

- No te enfades – le gritó Mizu mientras se marchaba -. Sólo era una broma.

- Déjalo Mizu – le dijo Chiffi que estaba con ellos -. Ya sabes que el tema de la capitana es especial para Dead. Además, sabes que siempre ha querido ser fukutaicho, y es muy sensible ante las bromas que le haces. Tú, mejor que nadie, deberías saber como tratarlo.

- Lo sé. Pero tampoco es para tomárselo así, digo yo – respondió ella haciendo un puchero -. No es culpa mía que Ela me eligiese a mí.

- No, no lo es – dijo Chiffi mientras se alejaba también, dando un suspiro.

- Pero, ¿qué he dicho ahora? – se lamentaba Mizu, cuando un grito surgió de la habitación a su espalda, seguido de un ruido parecido al paso de un vendaval. Rápidamente se dio la vuelta y entró mientras desenfundaba su zanpakutou y la liberaba, de forma automática, con el grito de ¡¡Haz temblar los cielos, Koetatsu!! E hizo bien en liberarla.

La katana desapareció en un brillo metálico, mientras la luz tomaba la forma de un triangulo y se colocaba en su brazo, como si de un escudo se tratase. Gracias a las habilidades de defensa de la zanpakutou pudo esquivar un relámpago que se dirigía justo hacia ella, como si de forma deliberada quisiera atacarle, desviándolo hacia arriba. El relámpago chocó contra el techo de la estancia, arrancando un trozo y levantando una nube de polvo. Dos personas tosían en la estancia pero, había una más tendida en el suelo, entre los escombros. Una figura que no se movía ni parecía respirar.

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Aiolos miraba al paisaje que se veía desde la ventana detrás de la capitana Ela, mientras esperaba a que ella comenzase a hablar. No se atrevía a mirarla directamente. Demasiadas historias sobre su poder corrían por la academia, como para que se encontrase a gusto en su presencia. Se sentaba tensó y alerta en la silla, mientras aguardaba. Durante unos minutos que le parecieron eternos, ninguno de los dos se movió. Finalmente, no pudo aguantar más y se decidió a mirarla a los ojos. Esos mismos ojos, verdes como la esmeralda y muy grandes, de la capitana lo miraban con curiosidad y se dio cuenta de que parecía hacer grandes esfuerzos para acallar la risa. Eso hizo que Aiolos, se sonrojase, lo que provocó que al final, sin poder contenerse, ella empezará a reírse, suavemente.

- No debes temer nada, Aiolos – le dijo ella con una sonrisa -. No voy a comerte ni nada de eso.

- …

- ¿No me crees? – le dijo ella aparentando disgusto, y como comentándolo a otra persona siguió hablando mientras miraba al techo -. No sabía que tuviera tan mala reputación en la academia.

- Eh,…capitana, no es eso – dijo Aiolos muy apurado -. No era mi intención el ofenderla. Es sólo que estoy un poco nervioso.

- Ya veo. Lo comprendo – dijo ella. En ese instante la sensación de que había sido engañado para que hablase, inundó a Aiolos, que volvió a sonrojarse -. Bueno, ya está todo aclarado, ¿no?

- Sí, capitana.

- Bien, pues vamos a lo que nos ocupa.

- …

- Ya veo que no eres muy hablador – le dijo ella inclinándose un poco hacia él -. Bueno pues hablaré yo. Me encanta hacerlo.

- …

- Veras, quizá no te lo parezca, pero el hecho de que Mizu estuviese allí cuando te atacaban aquella vez, no es por casualidad.

- …

- ¿Sorprendido? Me imagino que si – dijo ella al ver la cara que ponía el joven -. Pero es así. La causa del interés que tenemos en ti es a causa de tu poder.

- … ¿poder? – pudo articular al fin Aiolos, muy nervioso.

- Sí. ¿Por qué te sorprendes? - dijo ella -. Estás en la academia de shinigamis y ya has visto lo que puedes hacer. Es obvio que posees poder.

- Lo sé. Pero no creo que sea para tanto – dijo él.

- Creo que eso no lo puedes decidir tú.

- …

- Verás. No sólo tienes poder, sino que tienes bastante poder. Debes aceptar ese hecho y volverte más fuerte. Tan fuerte que puedas proteger a las personas que te importan de…

- Yo no tengo a nadie – le cortó él, con un extraño brillo en la mirada.

- ¡Oh! Ya veo – dijo ella -. Lo siento.

- No se preocupe. No es culpa suya – dijo Aiolos restándole importancia, mientras desaparecía el brillo de su mirada. Al volver a mirar a la capitana vio que los ojos verdes de la mujer lo miraban de una manera extraña, que lo incomodaba hasta tal punto que tuvo que saltar -. ¿Qué ocurre?

- Nada, nada. No te preocupes. Bueno – prosiguió Ela, como si nada hubiera pasado -, ahora que ya hemos aclarado esto, tengo una proposición que hacerte.

- …

- ¿No te interesa? – le pinchó ella al ver que no reaccionaba.

- Sí. Me interesa.

- Bien. Así me gusta – dijo sonriendo -. Verás, me gustaría que mientras estés en la academia te esfuerces al máximo para aprender todo lo que puedas y que cuando te licencies, solicites entrar en esta división.

- … ¿me está diciendo que me quiere aquí?

- Así es – dijo ella apoyándose en el respaldo -. ¿Por qué no iba a querer que entrases aquí? Ya te he dicho que creo en tu potencial. Bueno, ¿qué me dices? – le preguntó mientras pensaba en que no quería que ninguna otra división se lo quitase -. ¿Aceptas?

- Sí.

- Muy bien. Me alegro. Además de esto quiero hablar contigo de una cosa más.

- Usted dirá, capitana.

- Quiero que intentes recordar que sentiste antes de realizar el hechizo.

- No se si puedo hacerlo.

- Claro que puedes. Cierra los ojos y concéntrate. Estoy seguro de que hallarás la forma.

- Está bien – accedió el joven no muy convencido.

Cerró los ojos e intentó recordar. Pasaron unos minutos y empezó a sentirse un poco idiota. Su cabeza no podía parar de pensar en cosas de lo más tontas. Al final, harto ya, gritó en silencio para que las voces se callaran. Que sólo quedaran los sentimientos. Desechó los inútiles: sus miedos, su desconfianza, el frío de su alma. Debía encontrar esa calidez que lo había inundado aquella vez. No lo encontraba. El vacío lo rodeaba. La negrura invadía sus ojos, su mente, su alma. Se ahogaba.

De repente sintió como algo le rozaba la mano. Era algo cálido. Sintió como rozaba sus dedos, subía por sus brazos y llegaba a su cara. Con un leve roce, eliminó las tinieblas. Abrió los ojos a una luz brillante, calida. En el centro de aquella luz, una figura de mujer aguardaba. Brillante, alada, vestida de negro. Le sonreía. Le tendía las manos. Aiolos alargó las suyas y rozó la punta de los dedos de la mujer. Y entonces ocurrió. El poder corrió por su cuerpo, llenándolo, abrazándolo, dejándose abrazar. Y abrió los ojos.

A su alrededor los relámpagos surgían de su cuerpo, en todas direcciones. No podía controlarlo. Vio a Ela enfrente de él. Hablándole. Pero él no escuchaba. Los rayos seguían surgiendo de sus manos, de su espalda, de sus ojos. Atacaban a Ela, él intentaba detenerlos pero le era imposible. En sus entrañas la presión de un grito crecía hasta que no pudo soportarlo más y lo liberó, dejándolo huir por su garganta.

De repente a su espalda oyó una voz, no entendió lo que decía pero antes de que pudiera siquiera intentar entenderlo, su cuerpo giró, para encararla. Aiolos sintió como ocurría, pero no podía hacer nada para evitarlo. Vio a Mizu, con un extraño escudo en el brazo, que crecía, protegiéndola. Como en un sueño, vio como alzaba su brazo y liberaba los rayos contra ella. Pero rebotaron en el escudo y golpearon el techo sobre ellos. Luego solo hubo oscuridad.

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- Taicho, ¿estás bien? – le preguntó Mizu a Ela, muy afectada.

- Sí. No me ha alcanzado ninguno - dijo ella -. Es Aiolos quien está herido. El techo de ha derrumbado justo encima de él.

Las dos shinigamis se acercaron al cuerpo inerte de Aiolos. Retiraron unos cuantos cascotes de su cuerpo y se agacharon junto a él. Ela puso su mano sobre el corazón de Aiolos.

- Aún vive – dijo visiblemente aliviada -. Su energía espiritual sigue alimentando su vida. Pero debemos llevarlo de inmediato a la enfermería.

- Sí. Yo lo llevaré – dijo Mizu y lo cogió en brazos mientras desaparecía haciendo uso del shunpa.

- ¿Qué ha pasado aquí? – preguntó una shinigami con el pelo castaño muy largo, acompañada de otros dos. -. Hemos escuchado un estruendo enorme y hemos venido lo más rápido posible.

- Gracias, Teia – dijo Ela, mientras se levantaba -. Ya ha pasado todo. Sólo ha sido un pequeño percance con Aiolos.

- "Pequeño" – dijo uno de los shinigamis, de pelo negro y ojos oscuros -. Más bien parece que hubiera habido una pelea aquí.

- Algo así, Manta Kun. Algo así.

- Cuéntenos que ha pasado, capitana – intervino el último de los tres, de ojos azules y cabello grisáceo -. ¿Ese Aiolos no es el académico que invocó un hechizo sin decirlo?

- Ese mismo, Jaripeich. Al parecer tiene más poder del que yo pensaba. Le he pedido que recordase que sintió aquella vez y lo ha recordado. Eso seguro. Pero ha perdido el control y…, ya veis. Este es el resultado.

- Ya vemos, sí – dijeron los tres a coro.

Fin del capítulo 2.