Capítulo 3.
- Bien, que podéis contarme de la misión – les preguntó Ela a los tres shinigamis -. ¿Lo habéis encontrado?
- No. Ni rastro del Menos – le respondió Teia mientras caminaba a su lado.
- Pero los de la doce dijeron que estaba allí.
- Sí, eso dijeron – replicó Jaripeich -. Pero ya sabe, taicho, que a veces no son muy de fiar.
- Eso es verdad – reconoció la capitana mientras sonreía para si misma recordando múltiples situaciones.
- Lo que si hemos visto, es un gran movimiento de Hollows de bajo nivel – le informó Manta Kun -. Tuvimos que enfrentarnos a varios de ellos.
- ¿De verás? – dijo la taicho -. Contadme que ha pasado.
Y eso hicieron mientras se alejaban del despacho.
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Mizu llegó rápidamente a la cuarta división y entro rauda, con el cuerpo inerte de Aiolos en sus brazos. Al principio no vio a nadie, así que se adentró aún más en la división, hasta que se topo con un grupo de shinigamis.
- ¡Hey, vosotros! –les dijo y se volvieron para ver quien les llamaba -. Necesito que me ayudéis. Ha sufrido un accidente y está inconsciente – les dijo mientras alzaba un poco a Aiolos para que lo vieran.
- Ven por aquí. Rápido – le dijeron ellos mientras entraban en una sala a su izquierda -. Ponlo aquí – le dijeron mientras uno de ellos señalaba una cama. Mizu lo deposito en la cama y se alejo un poco para que los shinigamis pudieran examinarlo sin problemas.
- Será mejor que salgas de aquí – le dijo uno de lo shinigamis mientras la empujaba hacia la puerta.
- Pero, es que…
- Nada de peros. Ya mandaremos un mensaje a su división. No se preocupe no parece grave – y la echó de la habitación cerrándole la puerta en las narices.
- Será posible – suspiró y se marchó a su división.
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De nuevo esa luz que le envolvía. Cálida y protectora.
De nuevo esos ojos dorados en los que se pierde.
De nuevo esas manos rozando su piel, descargas de energía recorriendo su cuerpo.
De nuevo esa voz, llamándole, suave como el terciopelo.
Abre los ojos a un espacio vacío, negro como sus ojos. Flota en un mundo de tinieblas, que le resulta muy familiar.
- ¿Qué es este lugar?
- Ju, ju. ¿No lo reconoces? – pregunta una voz que proviene de todas direcciones y de su interior a la vez.
- ¿Quién eres?
- Me decepcionas Aiolos – le reprochó la voz con un atisbo de burla -. Pensaba que ya habrías notado mi presencia.
- ¿Tú presencia? ¿Por qué iba a hacer eso?
- Tsk, pues porque estoy dentro de ti. Formo parte de tu alma y sobre todo porque últimamente no hago más que ayudarte – le respondió enfadada.
- … ¡Tú!
- Yo.
- ¿Eres quién me está ayudando?
- En efecto. Es mi poder el que usaste cuando te enfrentaste a esos ladrones. Y fue mi poder del que te valiste para esa gran invocación y…
-…también es tu poder el que casi hiere a Mizu y a la capitana.
- En realidad sí. Pero eso fue culpa tuya, por no saber controlarlo – dijo a la defensiva la voz.
- Ya veo. Pretendes que pueda controlar algo de lo que no sabía que estaba haciendo uso – dijo Aiolos bastante cabreado.
- Bueno, eso es agua pasada – dijo la voz cambiando de tema -. Ahora es hora de que me permitas despertar.
…Aiolos…
- ¿Qué es eso?
- Te están llamando. Debes despertar.
…Aiolos…
- Pero, no olvides que yo estoy aquí. Debes ser capaz de invocarme. Mi nombre es…
- ¡Aiolos!
Abrió los ojos y se encontró con la cara del instructor justo delante de sus ojos, llamándole mientras le zarandeaba.
- ¡Ah! Ya estás despierto – dijo mientras dejaba de moverlo -. Siento haber sido tan brusco pero parecías estar soñando algo no muy agradable.
- No era nada – dijo con voz cansada todavía entre el sueño y la realidad, mientras se incorporaba -. ¿Qué ha pasado?
- Has vuelto a perder el control – le empezó a explicar el anciano shinigami -. Parece ser que la capitana Kuroikawa te forzó demasiado y perdiste el control de tus poderes. El techo del despacho se desprendió y te golpeaste con algunos cascotes.
- Pero, ¿ella está bien?
- Claro que sí – le respondió con una sonrisa.
- Menos mal – suspiró Aiolos y se dejó caer sobre la almohada.
- Bueno, ahora que he visto que estás bien, me marcho y te dejo descansar. Adiós.
- Adiós.
Una vez se hubo marchado el instructor, Aiolos siguió tendido en la cama pensando en lo que había soñado unos instantes antes. Si es que lo había soñado. Tenía la sensación de que todo era cierto. Finalmente el sueño le venció y se hundió en él, agradecido.
Varios días después todo había vuelto a la normalidad y Aiolos siguió asistiendo a la academia, esforzándose al máximo en aprender a escuchar esa voz misteriosa que le hablaba a veces en sueños. Pero los resultados no eran muy satisfactorios en ese tema.
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Unos meses después del incidente en el despacho de la capitana Kuroikawa, los académicos se estaban preparando para una nueva incursión al mundo humano, acompañados de algunos alumnos de cursos superiores. Uno de ellos era Aiolos que pertenecía ya al último curso pese a ser algo más joven de lo que debiera. Sus habilidades le habían permitido hacerlo. Pese a ello, no se sentía orgulloso de si mismo, pues aunque había podido hablar con la voz de su interior, aún no era capaz de conseguir liberar su zanpakuto, que hacía poco había conseguido. Según los instructores era por falta de comunicación.
Tsk, que sabrán ellos. Lo único que ocurre es que alguien que yo me sé no quiere cederme su poder.
Partieron una mañana fría y húmeda en el Seireitei. Los alumnos se agolpaban unos junto a los otros, muchos de ellos tiritando por el frío y, todavía, por ciertas dosis de nerviosismo. Aiolos estaba sentado en el suelo, disfrutando del frío y de un ánimo bastante calmado. La zanpakuto reposaba sobre sus piernas cruzadas y sus manos la rozaban levemente. Una cinta unía los extremos de la zanpakuto y se cerraba con un pequeño broche circular con el símbolo del cielo, ten, grabado en su superficie. Ese broche era algo que había encontrado colgado de su cuello cuando despertó en el Rukongai, pero como muchas otras cosas sobre su pasado, no recordaba que significaba, sólo que era algo importante para él.
- Bien, ya estamos listos – dijo uno de los estudiantes mayores, compañero de Aiolos -. Iros acercando a la puerta e ir entrando de uno en uno después de mí.
El shinigami desapareció por la puerta y los académicos fueron entrando tras él. Cuando el último de ellos hubo traspasado el umbral, Aiolos, con su testaruda zanpakuto colgada en la espalda, y otra estudiante más, cerraron la marcha.
Salieron a una zona despejada. A su alrededor no se veía casi ningún árbol. Bajo sus pies se extendía una superficie de hierba verde y saludable que se movía al son de una ligera brisa.
Es perfecto para los novatos. Aquí es difícil que nos sorprendan.
- Bien. Vamos a dividirnos en tres grupos. Diez de vosotros irán con cada uno de nosotros. ¿Entendido?
- ¡Hai!
Se organizaron los grupos y cada uno se dirigió a una dirección. Aiolos guiaba su grupo en dirección norte.
- Los de la división doce nos han comunicado que por esta zona se han detectado algunos hollows de bajo nivel. Nuestra tarea consiste en encontrarlos y que vosotros intentéis eliminarlos – les iba explicando mientras andaban -. Las Asauchi que portáis no tienen ninguna habilidad como zanpakuto, pero serán suficientes para acabar con este tipo de hollows. En el caso de que haya problemas quiero que regreséis al punto de encuentro sin demora. No os hagáis los valientes. ¿Entendido?
- ¡Hai! - dijeron todos los académicos, por cuyas mentes en ningún momento se les había pasado otra cosa que huir si había problemas.
Siguieron caminando sin encontrar nada reseñable. Ni un resto de energía espiritual de los hollows. Conforme avanzaban la situación era más rara. El paisaje se volvió monótono. La hierba verde lo cubría todo alrededor y en el cielo no había ni una nube. El sol brillaba en todo su esplendor pero, extrañamente, no lo sentían en su piel. Era como si algo lo apantallase. Aiolos empezó a preocuparse cuando reparó en algunos detalles inquietantes. Llegado un momento, la zona por donde caminaban presentaba signos de presencia humana. La hierba estaba aplastada y se observaban, en ella, las huellas de un grupo de personas. Observando dichas huellas se podía deducir que el grupo que las había producido era de…once personas.
Cuando el sentido de ese hecho se reveló claro en la mente de Aiolos ya era demasiado tarde.
- Atención, escuchadme todos – se dirigió al grupo de estudiantes -. Creo que hemos caído en una trampa. Estad alerta.
- Ya es tarde, ju, ju, ju.
De repente, uno de los estudiantes salió volando, entre gritos de dolor, mientras chorros de sangre salían de su cuerpo manchando los uniformes de sus compañeros. Los demás asieron sus espadas y se acercaron unos a los otros para intentar protegerse. Los gritos de agonía del shinigami pronto cesaron cuando desapareció en el aire, dejando sólo un rastro carmesí sobre la verde hierba.
- ¡Maldito seas! Sal de donde estés, cobarde.
- Como quieras.
Fin del capítulo 3.
