Capítulo 4.
Los rayos del sol caían verticales sobre las gotas de sangre, arrancándoles destellos carmesíes que iluminaban las frágiles hojas verdes que cubrían el suelo. Justo donde terminaba el rastro de sangre, en el lugar en el que el desgraciado académico había desaparecido, el aire temblaba mientras, de la nada, aparecía la forma monstruosa de un hollow.
El hollow era algo distinto a los que había visto Aiolos. Su tamaño era bastante menor y su máscara estaba partida. Entre los dos trozos blancos se vislumbraban, en las sombras, unos ojos rojos llenos de hambre y maldad. Su reiatsu surgió en ese momento, sorprendiendo a los académicos, algunos de los cuales cayeron al suelo como si acarreasen una pesada losa.
Esto es malo. No he podido sentir su energía espiritual hasta que ha decidido liberarla. ¿Qué es?
- ¿Quién va a morir primero? – preguntó el hollow sacando la lengua para relamerse -. Mmm, tu reiatsu huele de maravilla – dijo dirigiéndose a Aiolos -. Tú serás el último.
- Eso no te lo crees ni tú – contestó el joven shinigami, que desenvainó la zanpakuto apuntándola hacia el ser -. Aquí el único que va a morir eres tú.
- Ja, ja, ja. Eres valiente. Pero no te servirá de nada contra mí.
El hollow desapareció de nuevo y con él su reiatsu. Aiolos se movía a ciegas por el terreno intentando percibirlo. Los académicos se revolvían nerviosos mirando para todos lados.
- No os alejéis de mí – les dijo Aiolos -, y estad muy atentos.
- Es inútil.
Otro shinigami, uno de los que estaba más alejado, voló hacia atrás, arrastrado por el hollow sin que Aiolos pudiera evitarlo. Más sangre manchó la alfombra verde y nuevos gritos resonaron en el espacio abierto.
¿Qué puedo hacer? No puedo adelantarme a sus movimientos. Así no podré mantenerlos con vida. Al menos Hanataroü y Kris pueden liberar su zanpakuto, aunque no la tengan totalmente controlada y esta es su última misión antes de ingresar en una división. Pero yo…Mierda, necesito ayuda.
Un golpe tremendo lanzó a Aiolos por los aires mientras en su pecho tres heridas surgían por arte de magia y la sangre corría por su barriga manchando su uniforme. Con un ruido sordo aterrizó en el suelo golpeándose la cabeza con una piedra. Los gritos de otro shinigami acompañaron a Aiolos a la inconsciencia.
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Una vez más ella tendía sus brazos hacia él, acogiéndolo en el seno de su luz dorada y cálida.
- Ya está bien, maldito crío estúpido – una voz femenina surgió en su mente mientras Aiolos abría los ojos al espacio vacío que tantas veces había visitado ya, hasta ahora siempre infructuosamente. La voz sonaba bastante enfadada. Pero Aiolos aún lo estaba más.
- ¿Qué ya está bien? Por tu cabezonería todos esos shinigamis están muriendo. Por no darme tu poder yo no puedo hacer nada. ¡Me oyes! – gritó con las lágrimas derribando la barrera de sus párpados -. ¡Nada!
- No tienes mi poder porque no eres merecedor de él – le dijo ella fríamente -. Al menos hasta ahora.
- ¿Y eso por qué? – le preguntó indignado -. Aún no he sufrido lo suficiente. No he perdido todo lo que tengo que perder. ¡Vas a dejar que maten a todos mis compañeros porque soy un inútil! Creo que eres tú la que no merece el poder que me quieres otorgar.
- Eso ha dolido Raijin – le dijo ella -. Sin embargo, creo que ya es hora de que te ceda mi poder. Pero que quede claro que lo hago por ellos. Aún has de demostrarme que lo mereces.
- …Tonta – susurró Aiolos que había entendido lo que se escondía tras esas palabras cortantes -. Gracias. No te decepcionaré.
Lo sé…
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El hollow se acercaba a otro shinigami. Cuatro cuerpos yacían en el suelo, dispersos por la hierba, más roja que verde. Aún estaban con vida aunque pronto su energía espiritual se extinguiría.
Aiolos despertó en medio del caos. Los académicos corrían desesperados alejándose de los cuerpos, intentando evadir a la muerte invisible. Dos de ellos estaban arrodillados al lado de Aiolos y suspiraron aliviados cuando lo vieron abrir los ojos. Sin embargo, al mirarle, el brillo en los ojos del shinigami, los asustó. El rayo corría libre por las pupilas de Aiolos y conforme se levantaba un aura relampagueante rodeaba su cuerpo. Recogió la zanpakuto del suelo y la empuñó con fuerza, mientras la electricidad recorría la hoja, haciéndola brillar.
Ya es la hora.
Mi poder es tuyo desde ahora y para siempre.
Yo soy tú.
Tú eres yo.
Somos uno.
El relámpago es tu alma.
Libérala y que corra libre e ilumine las tinieblas.
- ¡Onmitsuka ni kurikaeshi, kurikaesu odomaki e, tuburabu wa tasu to ware wa tou tame. Shippûjinrai! - Repito susurrando, repito, hilvanando mis palabras e inquiero el nombre de quien me visita, Rápido y Violento como un Rayo.
El ambiente alrededor de Aiolos se cargó de estática. En su nuca el símbolo del relámpago surgió, brillante, como la vez anterior. Pero esta vez permanecería allí para siempre.
Nubes oscuras taparon el sol y la tormenta se desató. Un rayo escapó de su prisión y relampagueando bajo de los cielos hasta tocar la punta de la espada, uniéndose a los que surgían de los ojos de Aiolos. La zanpakuto brilló y la hoja se hizo más pequeña y dorada, mientras un topacio aparecía en la empuñadura.
- ¡Kôryûha! – la palabra surgió de los labios de Aiolos espontáneamente, sin que supiese como sabía lo que debía decir. Sin embargo, funcionó. La espada volvió a iluminarse y alrededor de Aiolos se levantó una esfera de relámpagos dorados y luz que giraba en torno al shinigami, cubriendo un área de unos dos metros a su alrededor y ocultándolo de la vista.
- Este será tu fin – dijo Aiolos con una voz muy distinta a la habitual, desde el interior de la esfera de luz. Una voz fuerte y decidida. Sin dudas y sin miedo -. Prepárate a morir.
Mientras Aiolos liberaba, al fin el shikai, el hollow había detenido su avance, sorprendido por la cantidad de reiatsu que desprendía el shinigami. Se volvió hacia él y el sabroso olor de Aiolos lo hizo babear y perdió todo juicio que podía tener. Un rugido aterrador surgió de su enorme boca y embistió contra Aiolos a gran velocidad.
El hollow se acercaba rápido hacia Aiolos que se mantenía quieto, con los ojos cerrados, rodeado por los relámpagos y con la espada apuntando al suelo. Justo cuando el vacío iba a alcanzarle, abrió los ojos y los relámpagos se interpusieron entre ambos, alcanzando al hollow que gritó de dolor y saltó hacia atrás, alejándose.
- Maldito seas shinigami – dijo el hollow que sangraba por varias heridas, que no cicatrizaban por estar electrificadas -. Ahora si estoy furioso. Vas a enterarte de lo que es…
- ¡Shunkou! – gritó Aiolos y un rayo salió despedido de la punta de la espada y alcanzó al vacío antes de que pudiera terminar su amenaza, hiriéndolo en un brazo y haciéndole un corte profundo. Mientras había estado hablando, Aiolos había alzado su espada y creado un relámpago que surgió de su punta.
- Basta de charla. Lucha contra mí.
Con un gesto de la mano, los relámpagos a su alrededor desaparecieron y Aiolos movió hacia atrás el pie izquierdo y asiendo con ambas manos la zanpakuto, movió los brazos hasta colocarla en el lado izquierdo, paralela al suelo. Agachó la cabeza y salió disparado hacia delante, con la zanpakuto siempre un poco atrasada. Cuando alcanzó al hollow movió hacia delante sus brazos para clavar la hoja en el cuerpo del vacío. Este se revolvió y pudo esquivar casi todo el ataque, pero Aiolos contraatacó rápidamente y le hirió en el brazo, cortándoselo de cuajo. La sangre salió a chorro del muñón y manchó al shinigami, que desapareció, esquivando un ataque del hollow, para reaparecer un poco más alejado, adoptando su postura original.
- No pareces muy hábil – comentó el shinigami mirando al hollow respirar trabajosamente y sangrar por múltiples heridas -. ¿Te has dado cuenta ya? No necesito atacarte tan de seguido porque mi espada evita que tus heridas se regeneren. Si fueras algo más poderoso quizá podrías contrarrestar el efecto, pero ese no es tu caso, escoria.
- Ju, ju, ju. Aún no me has vencido. Unas cuantas heridas no impedirán que te mate al final.
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Hanataroü caminaba con paso enérgico en dirección al este después de separarse de Kris y Aiolos. Esta era su última misión antes de poder solicitar el ingreso en el Gotei trece. Quería entrar en la séptima división. Y tenía claro que lo conseguiría, aunque luego allí no fuese más que un novato.
Los académicos le seguían nerviosos y mirando a todos lados. Hanataroü miró hacia atrás y observó las caras de los jóvenes, mientras pensaba en todo lo que él había pasado hasta llegar allí. Su carácter reservado le impedía hablar con los académicos y estaba seguro que gran parte del nerviosismo que estos arrastraban era debido a su presencia sombría. Pero era algo que no le preocupaba lo más mínimo.
Volvió la cabeza de nuevo al horizonte y aumento un poco el ritmo, de manera que podía escuchar los jadeos detrás de él. Llevaban ya bastante tiempo andando y no ocurría nada. Era extraño pues les habían asegurado que por allí se encontrarían con varios hollows de bajo nivel.
Siempre igual. Llegará el día en que la doce acierte con alguna de sus predicciones. Pero no creo que esté vivo para verlo.
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Hacía el sur el paisaje cambiaba por fin y la interminable extensión de hierva verde terminaba en una zona de pequeños árboles frondosos. El grupo de Kris se adentró, no sin precaución, en la foresta.
- Estad atentos – les recomendó la shinigami -. En el bosque somos presa fácil para una emboscada. No os separéis.
Los pájaros cantaban sus melodías entre las ramas y los rayos del sol se colaban entre los huecos que estas dejaban, iluminando el suelo. El sonido de un río lejano acompañaba al crujir de las hojas caídas que pisaban los shinigamis. Parecía un paisaje idílico, pero Kris no se fiaba en absoluto de las apariencias. Toda aquella paz le olía a chamusquina y su instinto rara vez le fallaba. Así pues caminaba atenta a cualquier ruido extraño e iba sondeando los alrededores en busca de rastros de energía espiritual.
Sin embargo, no conseguía detectar nada y eso le ponía nerviosa. Ya hacia rato que debían haberse encontrado con los hollows. Estaba segura de que el lugar que les habían indicado había quedado atrás hacía mucho. Y lo peor es que los shinigamis estaban empezando a cansarse.
Espero que al final no nos encontremos con nadie o Noirâtre y yo vamos a tener que ocuparnos de todo.
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- Arf, arf. Mierda, ¿qué está pasando?
- Te lo advertí. Unas simples heridas no suponen nada. Además, ya has visto que una cosa que me sobran son brazos.
Y tenía razón. Ya le había cortado por lo menos cuatro o cinco brazos, pero seguían apareciendo más. No era regeneración por lo que la técnica de Aiolos no podía evitarlo. Los brazos estaban esparcidos por todo el terreno y su sangre manchaba el suelo alrededor de ambos, mezclándose con la del shinigami, que sangraba por varios cortes, alguno de ellos profundo.
La cosa se complicaba pues el cansancio empezaba a hacer mella en su concentración y por ser la primera vez que liberaba el shikai, aún no podía controlarlo bien y sino acababa rápido con el vacío, éste desaparecería, dejándole totalmente indefenso.
Tengo que acabar esto rápido. Pero, estoy tan cansado que no se si podré mantener la liberación por más tiempo.
"Eres tonto, Aiolos"
¡Tú!
"Aún te obcecas en tu comportamiento. Tú eres el que se está limitando a sí mismo"
¿Por qué dices eso? He conseguido liberar la zanpakuto. He utilizado tu poder.
"¿A esto le llamas poder? Yo puedo darte mucho más. Tienes que dejarte llevar por él"
Lo intento.
"Es obvio que no lo suficiente. Si quieres sobrevivir a esto debes dejarme tomar el control esta vez."
¿Estás segura?
"Sí. Es la única solución. Venga, entrégate a mi, como yo me entrego a ti. Se uno conmigo. ¡Hazlo, Raijin!"
¡Lo haré!
"Muy bien. Vamos a enseñarle a este mamarracho quienes somos"
Fin del capítulo 4.
