Capítulo 5.

El río discurría turbulento incrustado entre dos acantilados. En la orilla norte se encontraban Kris y su grupo de académicos. La shinigami se mantenía delante de ellos en un intento de protegerlos. Venían huyendo unos cuantos kilómetros de un hollow que los había sorprendido apareciendo en medio del bosque y atacando a uno de los shinigamis más rezagados. El herido iba ahora acarreado por dos de sus compañeros. Habían conseguido detener la hemorragia pero el rastro de sangre que habían dejado atrás no dejaba lugar a dudas de la gravedad de las heridas. Las garras afiladas del hollow habían desgarrado la espalda del joven académico, dejándole cuatro heridas muy graves.

El cansancio y el terror se mezclaban en las caras de los académicos que respiraban trabajosamente entre Kris y el precipicio que los llevaría a una muerte segura en el río. Estaban acorralados pero ella no tenía pensamiento alguno de rendirse. No iba a morir ese día sin haber podido cumplir ninguno de sus objetivos. Se lo debía a quien le había dado a Noirâtre.

La calma llegó en un instante al bosque. Los pájaros callaron y el viento se detuvo. Hasta el ruido del río, tan estruendoso y cercano momentos antes, había cesado.

¿Qué está pasando? Es como si estuviéramos dentro de algo que nos aísla del exterior. Pero, ¿qué puede tener un poder así?

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- Refleja, ¡Kagami Satsujin! – Hanataroü liberó su zanpakuto que comenzó a brillar con un resplandor verdoso. Cuando se apagó la luz la hoja de la espada tenía un aspecto muy parecido al de un espejo. Por lo demás era idéntica a su forma sin liberar.

El shinigami alzó la espada, colocándola frente él, para detener el ataque del hollow, que vio como su brazo, un instante antes directo al corazón de Hanataroü rebotaba contra una pared invisible que se había alzado entre ambos.

- ¿Qué significa esto?

- No vas a poder tocarme con esa fuerza. Ni siquiera rozarme.

El shinigami estaba furioso. Sus ojos verdes relucían llenos de odio hacia aquel monstruo. Un poco más atrás, varios académicos atendían a dos de sus compañeros que habían sido atacados por el vacío sin que pudiesen evitarlo. El monstruo había aparecido de la nada y al intentar huir se habían dado cuenta de que estaban encerrados en una especie de burbuja transparente.

El hollow volvió al ataque. Justo cuando iba a alcanzar a Hanataroü desapareció para caer sobre él desde arriba.

- Es inútil. Ahora sí puedo detectarte y soy bastante más rápido que tú – le dijo mientras interponía, de nuevo, el escudo entre ambos -. Ahora es mi turno.

El shinigami desapareció y menos de un segundo después estaba al lado del hollow, que permanecía en el aire. Le sonrió sarcástico y le embistió con su espada. El vacío detuvo el ataque, pero era tal la fuerza de éste, que salió despedido hacía abajo y se estrelló contra el suelo. Cuando se levantó Hanataroü ya estaba allí y volvió a lanzar una estocada, que esta vez acertó en el pecho del hollow. Luego se retiró a su posición inicial, desde donde seguía sonriendo al vacío.

- Eres bueno, maldito shinigami. Pero has cometido un error.

- ¿De veras? ¿Cuál es ese error si puede saberse?

- No haberme matado justo hace un momento.

La presión espiritual del hollow se incrementó mientras con sus manos asía la máscara de hueso que tapaba su cara y la retiraba hacía abajo dejando a la vista unos ojos negros como el abismo. Hanataroü retrocedió un poco sorprendido por el poder que revelaba ahora el hollow.

- Ahora vas a morir, shinigami.

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Todo era distinto ahora. Era una sensación extraña. Podía ver, oír, tocar, hablar, mover sus brazos y piernas, pero lo sentía todo como si en realidad su cuerpo no le perteneciese. Al abandonarse al control de su zanpakuto su voluntad se había dividido en dos mitades complementarias que formaban un todo. Un todo que controlaba ahora su cuerpo gracias a ambos.

Se sentía descansado otra vez. Listo para el combate. La fuerza de Shippûjinrai corría por su cuerpo llenándole de calor y eliminando el cansancio.

El vacío lo miraba desde lejos. El aumento de reiatsu de Aiolos lo había sorprendido pero aún no se había dado cuenta del alcance de ese hecho y en su cara solo se reflejaba confianza y seguridad.

"Sigue pensando que estás débil. Eso es algo que te favorece"

Así es. Aprovechémoslo.

"Me gusta tu cambio de actitud"

Aiolos sonrió y liberó algo más de poder. Los relámpagos a su alrededor surgieron de nuevo y comenzaron a girar cada vez más rápido. Alzando la espada con ambas manos hacia el cielo cerró los ojos, localizó el lugar del que provenía la energía del hollow y bajando la zanpakuto apuntando en dirección al vacío liberó un rayo desde la punta que se dirigió raudo cortando el aire hacia su objetivo. Entonces desapareció.

El hollow esquivó el relámpago con facilidad pero cuando fue atacar al shinigami, éste ya no estaba allí. Sin apenas percibirlo, un instante después se lo encontró justo delante suyo. A costa de otro de sus brazos, consiguió detener el ataque dirigido a su máscara.

Justo cuando el vacío intentaba alejarse del radio de acción de la katana, Aiolos expandió su cuerpo y su espíritu, en un movimiento fluido como el curso de un río, en el que la espada acompañó a su cuerpo consiguiendo cortarle, lentamente, en el torso, hundiendo la hoja y ocasionándole graves heridas.

Un instante después, se revolvió sobre sí mismo, para detener con la zanpakuto el ataque desesperado del hollow, cortándole un brazo más. Antes de que pudiera recuperarse, Aiolos aprovechó la situación para soltar el brazo en una parábola ascendente, con la que destrozó la máscara del vacío.

Aiolos recogió la funda de la zanpakuto y la envainó, tras limpiarla de la sangre con su uniforme, mientras le daba la espalda a los restos del hollow. Se dirigió hacia los académicos, sangrando por varias heridas y siendo de nuevo él mismo.

- Ya ha acabado todo – dijo sonriendo.

Acto seguido se desplomó, inconsciente, ante las caras alucinadas y aliviadas de los miembros de su grupo.

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- ¡Cuidado!

Demasiado tarde. El académico salió volando hacia atrás, rozando sus ropas los dedos extendidos de Kris, que había intentado salvarle del ataque del hollow. La sangre le salpicó los brazos y la cara mientras el académico la miraba aterrorizada desde el aire.

Ya iban tres. En cada uno de los ataques Kris no había podido predecir donde surgiría el vacío. Éste tenía una capacidad de ocultar su reiatsu increíble. La furia iba llenando a Kris, hasta que parecía que iba a reventar. El maldito hollow estaba intentando desconcentrarla atacando a todos excepto a ella.

- Se acabó. Ya estoy harta – dijo la shinigami -. Ahora te vas a enterar.

Asió con fuerza su zanpakuto de empuñadura azul y amarilla y hoja casi negra. La puso delante de ella y acercándosela un poco le susurró unas palabras.

- Desperézate, Noirâtre – inmediatamente el bosque alrededor se llenó de un tremendo rugido y la espada se transformó en un sable, de estilo árabe, con la hoja fina y larga, que cortaba por ambos lados. Del final de la empuñadura surgió una media luna unida a una cadena, ambas de plata pura.

Se puso en posición de combate, con la espada hacia abajo e intentó localizar al hollow. Múltiples restos de reiatsu flotaban por el área cercana, incluso detrás de ella, sobre el abismo. Con su zanpakuto liberada los sentidos de Kris se magnificaban, gracias al poder de la pantera que residía en ella. Así pues, en este estado si podía detectar al vacío, incluso antes de que atacase. Además su agilidad y sus andares sigilosos se incrementaban, convirtiéndola en una temible adversaria. Pero todo esto, claro está, el hollow lo desconocía. Y como todos los vacíos, éste no destacaba precisamente por ser muy cuidadoso.

De repente, Kris lo detectó al final. Estaba delante de ella, a unos diez metros, expectante. No parecía decidir que hacer. La actitud de la shinigami lo desconcertaba. Su falta de instinto asesino. Su aparente calma.

Puesto que el vacío no parecía querer moverse, Kris decidió tomar la iniciativa y haciendo gala de su capacidad para desaparecer, se desvaneció de repente, para reaparecer justo detrás del hollow y asestándole un corte en la espalda, antes de que este pudiera siquiera percatarse de la presencia de la joven. Luego giró sobre si misma, en el aire, de manera que el colgante impactó en la cabeza del vacío lanzándole hacia un lado por la fuerza del golpe.

Cuando el hollow se incorporó, ocultó su reitasu para evitar otro ataque y se dispuso a contraatacar. Kris volvía a estar en la misma posición que al inicio, como si nada hubiera pasado.

El vacío se abalanzó sin pensarlo sobre la shinigami, que no se movió ni un milímetro hasta que lo tuvo casi encima. Cuando el hollow alargó el brazo, dispuesto a hundirlo en el cuerpo de Kris, y lanzaba ya un grito de triunfo, la joven sonrió levemente y desapareció, ante la sorpresa del monstruo, que solo sintió el lacerante paso de la espada por su espalda y seguidamente por su pecho, cuando apenas si había podido recuperarse del anterior golpe.

Cayó al suelo, sangrando por tres heridas graves y rugiendo de dolor y rabia por la humillación que estaba sufriendo y que en ningún momento se le había ocurrido que tendría que soportar.

- Estás muerto – la voz de la oscuridad surgió de delante suyo y al alzar la cabeza para mirar a la shinigami, sólo vio una hoja negra que caía sobre él, partiendo su máscara en cachitos y trayendo, como le habían anunciado, la muerte.

Luego solo quedó polvo. Polvo que se llevó el viento, al entrar de nuevo en ese espacio hasta entonces vedado para él.

- Vamos a buscar a los otros. Debemos regresar rápido a la Sociedad de Almas. Esto no ha sido normal.

Y el grupo, que llevaba a los dos heridos y al tercero, que había muerto casi en el acto, siguieron a Kris, de vuelta al punto de encuentro.

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Um, es extraño. Ahora si puedo sentir el reiatsu de Kris y de Aiolos. Y parece que están heridos. Tengo que darme prisa con esto.

Hanataroü seguía esquivando los ataques del hollow, aunque alguno que otro había logrado alcanzarle. Empezaba a cansarse y el vacío no paraba de aumentar su presión sobre él. Su zanpakuto seguía protegiéndole de la mayor parte de los ataques, pero pese a que estos le eran devueltos al hollow, éste no parecía notarlo.

Desvió un nuevo ataque del vacío y de un salto se alejó de él. El shinigami respiraba trabajosamente. Ya llevaban bastante tiempo peleando y ninguno de los dos parecía prevalecer. Pero el hollow parecía menos cansado.

Una sonrisa malvada recorría la máscara del monstruo que había notado el cansancio de su oponente. Estaba dispuesto a terminar con esto en un solo golpe. De repente desapareció. Durante un rato se mantuvo escondido, ocultando su posición al shinigami, esperando que bajase la guardia.

Hanataroü sentía que le estaban tendiendo una trampa. Ya habían pasado algunos minutos desde que el vacío se oculto.

¿Así qué quieres que me confíe? Está bien. Eso haré.

- Nos vamos. Este cobarde ha huido – dijo el shinigami dirigiéndose a los académicos.

- Hai – fue la respuesta de todos, que empezaron a levantarse y a andar llevando a los heridos consigo.

Y entonces apareció. Hanataroü iba por delante de los académicos, siempre intentando ponerse entre ellos y el hollow. Fue el primero en ver a éste. El monstruo apareció enfrente suya, en el aire. Extendió su mano y de ella surgió un rayo blanco que salió disparado hacia el grupo a una velocidad increíble.

¿Un zero? No, es otra cosa.

- ¡Esto no podrás detenerlo! – gritó el hollow mientras el ataque se abalanzaba contra Hanataroü.

Sin embargo, sí que pudo detenerlo. Hasta ese momento sólo había utilizado la habilidad básica de su zanpakuto, pero Kagami tenía más habilidades. Una de ellas le permitió no solo detener el ataque, sino reflejarlo hacia el vacío con casi el mismo poder.

Con un movimiento fluido, Hanataroü colocó su katana de lado y apoyando su mano libre en la hoja liberó el ataque especial. En décimas de segundo una barrera gigantesca surgió delante del grupo. El ataque del hollow chocó contra ella. Por un momento pareció que la atravesaría pero, con un poco de esfuerzo, Hanataroü aumento la presión sobre la espada y la barrera reflejó el ataque contra el vacío, que miró sorprendido como su propia técnica se volvía contra él, impactando con fuerza contra su cabeza y partiendo su máscara en dos.

Mientras los rayos de sol volvían a entrar en el espacio donde habían estado encerrados todo este tiempo los shinigamis, Hanataroü envaino su zanpakuto sellada e hizo una seña a los académicos para que le siguieran.

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- Veo que vosotros os habéis tenido problemas también – señaló Kris al ver aparecer a sus dos compañeros acompañados de los académicos a su cargo, que cargaban con los heridos -. Y por lo que veo os ha ido peor que a mí.

- Si eso parece – dijo Aiolos, al que se veía muy cansado pero a la vez muy satisfecho -. Nos vamos ya, por favor.

- Sí. Cuánto antes volvamos a la Sociedad de Almas mejor – dijo Hanataroü mientras abría la puerta.

Kris y Hanataroü entraron en la puerta seguidos de todos los académicos que respiraban aliviados mientras dirigían palabras de aliento a los heridos. Aiolos se quedó un poco rezagado, mirando el viento correr entre la hierba.

Algo había empezado a cambiar en él.

Sonrió y traspasó el umbral brillante, hacia su nuevo destino.

Atrás sólo quedaron el sol, la hierba y algunos de los demonios de su alma.

Fin del Capítulo 5.