Capítulo 6.

Unas semanas después del incidente en el que Aiolos al fin consiguió liberar su espada y, una vez repuestos todos de sus heridas; Kris, Hanataroü y él, recibieron por fin la noticia de su ascenso a shinigamis por parte del capitán Ailios de la primera división.

Después de darles la buena noticia los instó a informarse, para ver en que división querían solicitar la entrada. Ellos tres, junto a unos cuantos más ex-académicos que habían conseguido pasar las pruebas se dirigieron al lugar donde el capitán les había indicado que se encontraban los responsables de tramitar las peticiones.

Sin embargo, los tres sabían bien a que división solicitarían la entrada. Justo antes de entrar en la habitación donde esperaban los trece shinigamis de cada una de las divisiones, se desearon suerte y se separaron para dirigirse cada uno hacia su división predilecta. Kris hacia la shinigami de la octava, Hanataroü hacia el de la séptima y Aiolos hacia la de la decimotercera, que resultó ser una shinigami que aún no había conocido. Una vez estuvo frente a ella se detuvo un momento sin saber que decir, hasta que ella reparó en él.

- Hola, soy Shiru, cuarta oficial de la decimotercera división. ¿Estás interesado en entrar en esta división? – le preguntó mientras le miraba con unos ojos de color azules oscuro y le sonreía.

- S- Sí, me gustaría entrar.

- Bien, me alegro. Justo hoy pensaba que no iba a tener suerte pero mira tú por donde, al final resulta que sí que quiere alguien entrar en nuestra división. Ay, si es que somos los mejores…Mmm perdona, creo que se me ha ido el santo al cielo – le dijo al recién nombrado shinigami que le miraba con cara de pensar que estaba loca -. Bien, dime tu nombre, por favor.

- Raijin Aiolos. Al parecer…

- ¡Ah! ¿Eres tú? – le interrumpió ella mientras lo miraba fijamente, cosa que molestó un poco a Aiolos -. Ya me han hablado de ti. No se porque has venido por aquí. ¿La capitana no te dijo que ingresarías en la división una vez de licenciases?

- Sí, pero yo pensaba que…

- Bah, da igual. No te preocupes ya te puedes considerar miembro de la decimotercera división. De todas formas rellenaré el formulario y se lo llevaré a la capitana para que lo firme. No querrás que tengamos problemas con los de la primera división, ¿verdad?

- Eh,…no, claro que no – dijo Aiolos confundido por tanta verborrea.

- Muy bien. Pues ya puedes irte – despidió a Aiolos con una sonrisa y un movimiento de cabeza que hizo mover su pelo castaño que destelló con los rayos de luz que lo alcanzaron.

- Vale. Adiós – se despidió y se dio la vuelta alucinando con la arrolladora personalidad de Shiru.

Ya en la puerta se encontró con Kris y Hanataroü, que habían terminado sus respectivas solicitudes y estaban hablando con un shinigami de ojos marrones y cabello castaño oscuro.

- Hola, Aiolos – le saludó Kris -. ¿Has hecho ya la solicitud?

- Si. De hecho ya estoy dentro de la división.

- ¿Sí? ¿En cuál? ¿Y por qué ya lo sabes? – le preguntó el joven shinigami desconocido.

- ¡Ah! Este es dbssdb. Acaba de solicitar su entrada en la décima división – le informó Kris.

- Puedes llamarme db, es más fácil – le dijo mientras le tendía la mano.

- Vale.

- ¿Y bien? – le interpeló de nuevo db -. ¿Cómo es que ya sabes que te aceptan?

- Me lo ha dicho la capitana Kuroikawa – le explicó Aiolos no sin reticencia -. Al parecer quiere que ingrese en su división, la decimotercera. De todas formas pretendía pedir el ingreso en esa división aunque no existiese ese interés.

- ¿Y qué hiciste para que se interesase tanto en ti? – preguntaron db y Kris, que no sabía nada de eso tampoco. Incluso Hanataroü parecía un poco intrigado.

- Bu- bueno. No se, yo tampoco me lo explico – les dijo el shinigami un poco agobiado por tanta atención -. Yo solo hice un kidoh más poderoso de lo normal.

- Pues que suerte – le dijo db mientras le palmeaba la espalda -. Yo espero entrar en la décima división.

- Seguro que todos lo logramos – le dijo Kris con una sonrisa, mientras Hanataroü asentía.

Y así fueron alejándose de allí, dirigiéndose al edificio en el que se alojarían mientras esperaban la resolución de su petición.

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Algo más tarde, de noche ya, los cuatro shinigamis se despedían en la sala común y cada uno se dirigía hacia al dormitorio que le habían asignado. Aiolos, sin embargo, no fue a su dormitorio. En lugar de eso salió fuera del recinto y con un par de ágiles saltos llegó hasta el tejado. Allí se sentó y se quedó un rato observando el cielo, tumbado sobre las frías tejas. Su zanpakuto se encontraba en su habitación, pues les habían prohibido portarlas mientras no les dijeran lo contrario. Así pues, por una vez en mucho tiempo, se encontraba sólo. Una leve sonrisa surcaba su cara mientras recordaba todo lo que había ocurrido durante las últimas semanas. Todos los compañeros que había conocido, las misiones que habían realizado juntos.

De repente, como surgidas de la nada, una serie de nubes negras, cargadas de lluvia, aparecieron por el horizonte, presagio de tormenta. Poco después, todo el Seireitei se encontraba bajo esas nubes. Las estrellas ocultas y la luna luchando por brillar entre los escasos resquicios que encontraba. Y entonces un trueno sonó a lo lejos. Luego otro más cerca. Y la lluvia empezó a caer, liberándose de su prisión, acompañada de relámpagos y truenos, cada vez más cercanos.

La lluvia caía sobre Aiolos, que seguía tumbado en el tejado, pero no parecía importarle. De hecho desde que la primera gota cayó sobre su piel, dejó ya de sentir nada. Sus ojos se desenfocaron y su alma voló a otros tiempos. Tiempos de dolor que siempre intentaba olvidar, pero que, como la lluvia, siempre regresaban…

…Un agujero en la tierra mojada. Un relámpago surcando el cielo negro, cubierto de nubes de tormenta, cargadas con el lamento que él no puede expresar. Con las lágrimas que él no puede derramar.

Abajo un niño rodeado de las grises sombras de los adultos que lo intentan reconfortar cuando lo que él quiere es gritarles que lo dejen solo. Solo con ellos. Solo con la lluvia que moja su pelo negro y surca su cara imitando esas lágrimas imposibles. Solo con el agujero que se ha abierto en su alma.

Las palabras del sacerdote llegan como ecos a sus oídos, no las entiende, ni quiere hacerlo. Finalmente el sonido de los ataúdes descendiendo hacia el seno de la tierra resuena en su interior agrandando el agujero de su alma, llenándolo de dolor, ira, miedo, desesperación. Pero nada de esto se refleja en su cara. Con un sonoro golpe los ataúdes llegan al fondo. Luego, el sonido de la tierra al caer sobre la madera. Los jadeos de los enterradores al esforzarse por rellenar de nuevo el agujero. Las lágrimas de alguna amistad de los difuntos. Todo resuena en su interior, hiriéndole aún más.

Finalmente, todo termina. El agujero está colmado de la tierra húmeda. Todos abandonan poco a poco las tumbas, alejándose del niño que se mantiene inmóvil frente a lo que queda de su vida:

Dos lápidas. Dos nombres escritos.

Un sentimiento.

Venganza…

Aiolos abre los ojos, tumbado en el tejado. Las gotas de lluvia le entran en los ojos, provocando que se yerga con un sobresalto. Se restriega los ojos con las manos, mientras sigue lloviendo, y no hace más que empeorar la molestia que le provoca el agua.

De repente, la lluvia se detiene y deja de caer sobre él. Pero, extrañamente un poco más allá, sigue cayendo. Gira la cabeza y al levantar la vista se encuentra con que alguien se ha detenido a su lado y lo cubre con un paraguas. Alza un poco más la vista para ver quien es y se encuentra con una joven que no conoce.

- ¿Qué haces aquí arriba con esta lluvia? – le pregunta suavemente, sin mirarle.

- Podría hacerte la misma pregunta – contesta él a la defensiva.

- Pero, yo la he hecho primero, Aiolos – le contesta ella con una lógica aplastante -. Así que, espero tu respuesta, si eres tan amable.

La joven vestía un traje de shinigami, con una chaqueta por el frío que se había levantado. Su pelo parecía negro pero cuando los relámpagos surcaban el suelo, se revelaban unos destellos morados. Sus ojos brillantes de color miel le miraban divertidos, esperando una respuesta.

- Es- esto… Estaba pensando.

- ¿Con esta lluvia? Pues vaya momento para quedarse aquí sin abrigo.

- Bueno, es que la lluvia nunca me ha molestado. De hecho me gusta mojarme.

- ¿En serio? Bueno cada uno tiene sus preferencias.

- Por cierto, ¿como es que sabes mi nombre? – le preguntó Aiolos, cayendo en que le había llamado por su nombre, pese a que él no se lo había dicho.

- Bueno, todos los de la división te conocemos ya. Cuando me lo comentaron me dijeron: "Busca a un joven con el pelo negro y bastante melancólico". Y aquí estoy. Creo que he acertado, ¿no?

- Si, lo has hecho – reconoció él imaginándose quien había hecho esa descripción de él. Aunque en realidad, se ajustaba bastante a la realidad, pensó -. ¿Puedo preguntar tu nombre?

- Claro. Soy Yoruichi, quinta oficial de la división trece – le dijo ella con una sonrisa -. Encantada, Aiolos.

- Igualmente.

- Será mejor que vuelvas a tu habitación o cogerás un resfriado – le recomendó ella y, antes de que pudiera decirle nada, había desaparecido, llevándose con ella el paraguas.

Mientras regresaba a su habitación, la lluvia volvió a caer sobre él. Y los recuerdos volvieron. Como siempre que llovía.

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- Bien, ¿estáis todos ya? – preguntó Ailios, capitán de la primera división -. Parece que sí. Bueno, las resoluciones de aceptación para las divisiones ya están listas. Aquí están las listas de las divisiones a las que perteneceréis de ahora en adelante. Espero que hayáis cumplido con vuestro objetivo y que aportéis algo a vuestra división. Eso es todo.

Mientras el capitán se marchaba, los shinigamis se fueron acercando, algunos poco a poco, otros rápidamente hacia las listas, para ver si habían entrado en la división en la que solicitaron el ingreso. Aiolos se acercó con Kris, Hanataroü y db tranquilamente, al menos él. Una vez llegaron, se pusieron a buscar sus nombres y los cuatro vieron con grata alegría que habían entrado en la división que querían.

- Esto hay que celebrarlo – dijo db mientras se marchaban de allí -. Kris, ¿crees que podríamos ir a tu división a por algo de sake?

- ¿Eh?, hombre pues no se yo – le contestó Kris -. Que me hayan aceptado no quiere decir que el primer día antes de presentarme ante el capitán pueda ir a pedir sake para celebrarlo, creo yo.

- Sí, bueno. Puede que tengas razón – reconoció db con cariacontecido, mientras los otros tres se reían.

- Bueno, yo creo que iré a mi división a conocerla un poco – dijo Aiolos -. Nos veremos otro día.

- Sí, eso será lo mejor – dijo Hanataroü mientras también se alejaba -. Hasta luego.

- Adiós – dijeron los demás, y cada uno se fue hacia su división.

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Aquí estoy otra vez. Nada ha cambiado. Se respira el mismo ambiente que entonces, claro que tampoco ha pasado tanto tiempo. En fin, vamos allá…

Un paso tras otro Aiolos entró por la puerta de la división trece. Titubeando se detuvo un instante tras el umbral, pensando que dirección debía tomar para ir al despacho de la capitana. A pesar de que no había pasado mucho tiempo, aquel día iba mirando la espalda de la capitana sin parar, de modo que no pudo fijarse en el camino.

- ¡Hey!

- … ¿don- ?

- ¡Eh, aquí arriba! – la voz provenía de una figura que movía una mano llamando su atención hacia el tejado de uno de los edificios más cercano a la entrada -. ¡Ven con nosotros!

- ¡Voy! – dijo el shinigami y se dirigió hacia allí mientras observaba a la figura que estaba levantada. Era Mizu y en su otra mano sostenía una botella de sake -. Mmmm, ¿qué querrá?

- Sube aquí, vamos. No seas tímido – le dijo Mizu cuando se hubo acercado hasta la base del edificio -. Te estamos esperando para tu celebración.

- ¿Celebración?

- Sí, claro. La de tu entrada en la división.

- Pero, si ya lo sabías – dijo él imaginándose que esto era sólo una excusa para emborracharse y no quedar mal ante la capitana -. No hay necesidad de celebrar nada.

- Claro que sí, Aiolos – dijo otra voz, detrás de Mizu, que al hacerse a un lado dejo ver a su dueña.

- ¡Taicho! – se sorprendió Aiolos -. Usted también…

- ¡Por supuesto! Esto hay que celebrarlo – lo interrumpió ella llena de entusiasmo, con el pelo rubio atado en dos coletas -. Trae acá ese sake, Mizu.

- ¡Eh! ¡Taicho! Ahora me tocaba a mí – protestó Chiffi que estaba un poco más atrás, acompañado de Shiru y Yoruichi -. No se cuele.

- Y después iba yo – dijo otro shinigami de cabello grisáceo, que conocería como Jaripeich.

- ¿Qué dices? Iba yo – le replicó otro shinigami, pelo y ojos oscuros, al que llamaban Manta-kun.

Un poco más atrás había más shinigamis riéndose, parecía que toda la división estaba allí, en el tejado, compartiendo sake para celebrar su llegada, si había que creer a la taicho.

-…pero, ¿dónde me he metido?

Fin del Capítulo 6.