Capítulo 7.

A la mañana siguiente Aiolos se despertó al comenzar a entrar los rayos del sol por la ventana de,… ¿su habitación? Eso parecía, aunque no recordase como había llegado allí. Con un suspiro se levantó para cerrar las cortinas y se volvió a tumbar en la cama mientras intentaba recordar lo que había ocurrido la noche anterior, en el tejado de la división. La cabeza le dolía bastante y sino recordaba como había llegado hasta allí, estaba claro que a pesar de sus reservas iniciales, había acabado compartiendo el sake con sus nuevos compañeros.

Y este sólo es el primer día. Espero que todas las noches no organicen estas juergas porque sino no sé como voy a sobrevivir.

A pesar de eso, tenía que reconocer que lo había pasado muy bien la noche anterior conociendo a todos los shinigamis de la división, sin trabas por su timidez, que tras el tercer vaso de sake estaba más que olvidada. Pero tenía muy claro que la próxima vez que lo invitaran a sake debería aprender a controlarse antes de aceptar la proposición.

Con un gruñido se levantó otra vez de la cama, incapaz de volver a dormirse una vez despierto, cosa que siempre le pasaba. De pie y totalmente despeinado examinó la habitación sin fijarse mucho en nada en concreto. Era bastante espaciosa y aparte del lugar donde estaba la cama y algún que otro armario, había una puerta detrás de la cual descubrió el baño.

Una ducha es lo que necesito ahora. Luego iré a investigar algo y a intentar encontrar algún sitio donde comer algo.

Ya en el baño, se quitó el uniforme de la academia, con el que había dormido esa noche y se metió en la ducha. Primero abrió el grifo del agua fría y dejo que el agua recorriese su cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Eso le ayudó a despejarse la mente y a terminar de despertarse. Una vez totalmente despierto pudo empezar a ducharse. Cuando terminó salió y cogió una toalla que encontró al lado del lavabo y se secó con ella. Se la anudó a la cintura y salió del baño. El agua aún le goteaba desde el pelo mojado, que se le pegaba a la frente. A los pies de la cama descubrió, en una pequeña banqueta, un uniforme negro de shinigami y su zanpakuto encima de él. El traje de shinigami se componía de un hakama negro – pantalón -, un haori negro también, debajo del cual iba el oyori blanco. Cogió su zanpakuto, preguntándose como había llegado allí y empezó a vestirse. Justo en el momento en que se quitó la toalla y estaba totalmente desnudo, ante de poder empezar a ponerse el uniforme, Shippûjinrai decidió aparecer ante él.

- Buenos días – dijo la zanpakuto, una mujer de cabellos largos y rubios y ojos dorados, dotada de unas enormes alas blancas. Una ligera luz emanaba de su cuerpo que iba enfundado en un traje negro, muy parecido al de los shinigamis pero mucho más recto y estrecho, con un cuello alto que encuadraba su cara de facciones delicadas. Sus ojos tenían un brillo juguetón mientras contemplaba al shinigami desnudo.

- ¡Tú! – dijo un muy sorprendido Aiolos - ¿Cómo es que estás aquí?

- ¿Por qué no iba a poder estarlo? – le respondió ella con un mohín en los labios y una mirada muy picarona, que hizo que Aiolos, al fin, se percatase de su situación.

- ¡Ah! Mierda… - dijo avergonzado mientras se tapaba con el uniforme y se ponía colorado - ¡No mires!

- ¿Por qué no? – preguntó ella haciéndose la inocente -. No es para que te pongas así.

- ¡Me pondré como me de la gana! – le respondió más enfadado ahora que avergonzado - Date la vuelta¡YA!

- Está bien, tranquilo. No hace falta que me grites – accedió ella con una sonrisa brillante y se dio la vuelta para que él se vistiese -. …¿Ya?

- Sí. Ya he terminado.

- Respondiendo a tu pregunta de antes – dijo ella mientras se volvía hacia él -, estoy aquí porque mientras estés cerca de la katana, puedo materializarme ante ti.

- Ya veo. Pues la próxima vez, espera a que termine de vestirme – le ordenó él cabreado. Terminó de vestirse poniéndose los tabi –calcetines blancos con el dedo gordo separado – y las geta – sandalias de esparto-.

- Como quieras.

- Bueno, voy a salir a ver si encuentro el lugar donde se come – le dijo a su zanpakuto. Dudo un instante, como eligiendo las palabras adecuadas y finalmente le dijo – Quédate aquí.

- ¿Dónde quieres que me quede sino?

- Adiós – y se fue irritado por el tono que ella había usado en esa última frase.

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Salió por la puerta y apareció en un largo corredor. Enfrente de él había una puerta y a ambos lados de esta, y de la suya, había más. Mientras decidía hacia que dirección ir, escuchó unos ruidos de voces y pasos que se acercaban desde la derecha. Se detuvo esperando a ver quien aparecía doblando la esquina. Pronto pudo entender lo que decían, aunque al principio dudaba de que fuera verdad lo que estaba escuchando. La conversación, llevada por tres voces masculinas era bastante rara.

- …No, no, no y no – iba diciendo una de las voces bastante irritada -. Ya te he dicho mil veces que eso no es así.

- ¡Qué sí, hombre! Te juro que me lo han dicho – le contestó otra -, y mis fuentes son siempre muy fiables.

- Mmm¿igual que aquella vez que te dijeron que las tías de la división iban a hacer una fiesta de pijamas con las de la ocho? – inquirió la tercera voz.

- Eso no fue culpa de mis fuentes – replicó el segundo obcecándose en su posición -. Quién iba a pensar que ellas cambiarían el lugar en el último momento porque los de la once ya estaban allí entrenando.

- Hola – saludó Aiolos a los tres shinigamis, Benji, Momo y Dead -. Etto…por casualidad no iréis al comedor¿verdad?

- Pues la verdad es que sí – le respondió Benji, alegrándose por la irrupción del shinigami en una discusión que tenía pocas opciones de poder ganar -. ¿No sabes dónde está?

- Pues la verdad es que ni siquiera sé como llegué anoche aquí – dijo el joven un poco avergonzado -. Anoche bebí demasiado.

- Todos lo hicimos – le cortó Dead con un tono bastante brusco -. Lo que no quiere decir que no sepamos llegar a nuestras habitaciones.

- Pero es que yo…

- No pasa nada – intervino Momo -. Ven con nosotros.

- Gracias – dijo Aiolos sin comprender el comportamiento de Dead.

Los cuatro shinigamis caminaron en un silencio bastante tenso mientras se dirigían al comedor. Antes de entrar en él, ya se escuchaba el ruido de todos los shinigamis, excepto algunos que estaban de misión. Pero cuando traspasaron las puertas, el volumen se incrementó bastante y pudieron ver la sala llena de shinigamis. Había cuatro mesas alargadas, puestas perpendicularmente a una quinta, algo más pequeña, en la que estaban sentadas la capitana Ela y la teniente Mizu acompañadas de Shiru, Yoruichi y una tercera que la noche anterior recordaba haberla conocido por el nombre de Yuffie. Aiolos supuso que las otras tres shinigamis serían oficiales de más alto rango que los demás que se sentaban en las otras mesas.

Aunque estaban separados, se podía observar perfectamente que el trato entre todos los shinigamis, fuera cual fuese su rango era el mismo para todos. Las bromas y conversaciones volaban desde las cinco mesas, entre todos los integrantes de la división. Aiolos siguió a los tres shinigamis y se sentó con ellos en la segunda mesa, justo a la altura de Mizu, que los saludó a todos mientras comía.

- Fola – dijo la teniente con una sonrisa que dejaba ver la comida que estaba masticando.

- Buenos días – le respondieron los cuatro mientras intentaban no reírse, cosa complicada escuchando las risas de las oficiales y de la capitana.

- ¡A comer! – exclamó Benji al ver toda la comida que había ante ellos.

Al parecer no sólo Aiolos estaba hambriento pues los cuatro pronto se unieron a la vorágine de comida y bebida en la que estaban inmersos los demás compañeros, mientras conversaban entre bocado y bocado.

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Una vez terminado el desayuno todos los miembros se dirigieron hacia la sala de reuniones, donde Ela daba siempre las instrucciones del día.

- Bien, ya que estamos todos – empezó a decir mientras el último cerraba la puerta -, vamos a empezar el reparto de tareas.

Durante un rato empezó a asignar las diferentes misiones, que desde la primera división nos habían encargado, a los shinigamis de la división, atendiendo a rangos y dificultad de la misma. Finalmente le llegó el turno a Aiolos.

- Bueno, como es tu primer día, hoy no habrá misión para ti – le dijo Ela -. Te quedarás en la división. Así la vas conociendo.

- De acuerdo.

- Pues eso es todo. Ya podéis iros – les dijo la capitana a todos los shinigamis, que empezaron a salir comentando lo que les había tocado hacer.

Una vez salieron todos, Ela llamó a Aiolos.

- Yo estaré en mi despacho – le dijo -. Si necesitas algo, ya sabes donde es¿no?

- Sí, gracias taicho.

Aiolos salió por fin de la sala de reuniones. Al doblar la primera esquina se encontró con Mizu. La shinigami le sonrió mientras le hacía gestos para que se acercara.

- Hola – le saludó muy alegremente -. Hoy tengo misión en el mundo humano pero quería decirte que si quieres practicar puedes ir al dojo, allí siempre hay alguien. Seguramente te vendrá bien¿no?

- Si, la verdad es que sí. Tengo que practicar con el kidoh.

- Aaaaah, buena elección. Bueno me marcho. Adiós – y se fue por el pasillo con la melena rubia ondeando de un lado al otro.

- Adiós – dijo Aiolos mientras veía alejarse a la shinigami -. Bueno, pues vamos a ello.

Antes de ir al dojo, el shinigami volvió a su habitación a recoger su zanpakuto para entrenar también con ella.

- ¿Ya estás de vuelta? – la voz de mujer surgió desde la katana, mientras en el aire iba materializándose la figura del espíritu de la espada.

- Sí, ya ha terminado la reunión. No me han asignado ninguna misión – le informó el joven -, así que hoy podemos entrenar un poco.

- Muy bien. Hacía tiempo que no lo hacíamos – dijo con una sonrisa, mientras agitaba levemente las alas.

- ¿Excitada?

- Mucho. Tengo ganas de estirar las alas y aunque un entrenamiento contigo no es nada del otro mundo, es menos que nada – le dijo con una sonrisa burlona esta vez.

- Gracias por el cumplido – dijo con voz cortante Aiolos.

- De nada.

El shinigami recogió la espada y se la colgó al hombro, cerrando el broche con el símbolo del cielo. Luego salió de la habitación, cerrando la puerta antes. Comenzó a andar por el mismo pasillo que había recorrido para ir al comedor y una vez allí intentó recordar como se salía del edificio.

Tras varias vueltas logró encontrar la salida y emergió a un patio lleno de luz, recorrido por una ligera brisa, que movía las pocas hojas caídas de los árboles. Respiró hondo y comenzó a andar hacia donde recordaba que estaban los dojos.

Una vez allí, pudo ver que había varios de ellos. Todos tenían un cartel en la entrada donde indicaba que entrenamiento era el indicado para realizar en cada uno. Eligió el que ponía Artes Kidoh, fácilmente reconocible porque la puerta aún seguía dañada de la última sesión de kidoh de la capitana.

Al entrar pudo ver que el recinto, a partir de unos diez metros no tenía techo y era de forma alargada. Al final se veían algunas dianas para ejercitar la puntería. Además, en el centro pudo ver un extraño círculo dibujado en el suelo. En su interior el suelo estaba oscurecido y parecía muy usado. Aiolos se preguntó para qué serviría mientras observaba los destrozos que había causado la capitana en el interior del recinto.

Vaya desastre montaron el otro día. Debió de ser un hechizo bastante fuerte para producir esto.

En los metros de pared que tenía, así como en el suelo, se veían a simple vista los resultados del hechizo que empleo Ela. Aiolos se adentró en el recinto y fue acercándose al extraño círculo que había en el centro. Mediría unos diez metros de diámetro y lo que lo formaba era un texto inscrito en la piedra del suelo. Buscó lo que parecía el principio y comenzó a leerlo mientras trazaba una circunferencia a su alrededor.

Así que es eso. Que útil. Quizá Ela y Chiffi deberían haber practicado aquí.

El extraño círculo funcionaba como una especie de barrera absorbente. De esa forma los shinigamis podían hacer uso de los kidoh más avanzados sin miedo a dañar a sus compañeros o al mismo edificio.

Una vez terminó de examinarlo, el joven shinigami siguió hacia delante para llegar cerca de las dianas. Empezaría con algo sencillo para ir calentando. Y lo mejor para eso era practicar con la puntería.

Dejó la zanpakuto a un lado y se colocó en posición. El pie derecho un poco adelantado y el brazo derecho alzado, con el dedo índice apuntando a una de las dianas. Cerró los ojos y concentrándose un poco invocó al hadou.

- Hadou 4. ¡Byakurai! – un punto de luz blanca apareció en la punta del dedo al pronunciar el nombre del hechizo. De repente, un rayo blanco surgió de ese pequeño punto y fue a impactar contra el centro de la diana, creando un agujero en la misma.

- Vaya. Parece que sigues teniendo buena puntería – dijo la voz de su zanpa a su lado -. Pero ese hadou es muy fácil. ¿Serías capaz de igualarlo con otro más alto?

- ¡Cómo te gusta picarme!

- ¿A mí? – dijo con pretendido tono ofendido -. Pero si soy parte de ti. ¿Cómo voy a querer picarte?

- Bah, déjalo – lo dejó estar el joven -. De todas formas, iba a probar con otro más alto.

El próximo era su especialidad. De hecho casi le debía todo lo que había pasado estos últimos años. Por él, se fijó la capitana Ela en un inexperto y joven shinigami.

- Hadou 31. ¡Shakkahou! – el rallo carmesí voló raudo de la punta de su dedo e impactó con fuerza en la misma diana, destrozándola entera - ¿Qué te parece?

- No está mal…

Así prosiguió con el entrenamiento durante un rato. Y así entre sesiones de entrenamiento en las distintas disciplinas, misiones al mundo humano, alguna que otra fiesta y periodos de relativa calma, pasaron los meses y con ellos los años.

Después de él, muchos más shinigamis se incorporaron a la decimotercera división famosa por sus fiestas y las buenas relaciones entre los integrantes, pero también por no ser sólo eso, sino ser una división muy preparada para cualquier eventualidad.

Pronto todos los shinigamis formaban una gran familia. Uno de ellos, Kage, que había ingresado poco después de él, era ahora uno de sus mejores amigos. Al principio, dada la apatía del nuevo, la relación no había sido fácil pero ahora siempre podían contar el uno con el otro y eran el terror de la división en cuanto a diversión, ampliamente apoyados por la fukutaicho Mizu, senpai de primera en esas cosas.

Kage y Aiolos se encontraban en el Senkaimon, a la espera de que se abriera para partir a una misión.

- Con lo bien que estaba yo en el tejado… - se quejaba el shinigami. Su uniforme no tenía mangas y su brazo izquierdo estaba vendado hasta casi el hombro. En la muñeca derecha llevaba una cinta roja, a juego con la bandana que mantenía su pelo castaño hacia arriba. Sin embargo, el detalle más llamativo de su aspecto, era sin duda la cicatriz que atravesaba perpendicularmente su ojo izquierdo.

- No te quejes tanto. Hace tiempo que no tenemos ninguna misión. Es una buena oportunidad para mantenernos en forma – le reprendió con tono jocoso Aiolos.

- Ya, ya… como si tú no prefirieras estar descansando en los tejados.

- Ahí me has pillado…

La puerta se abrió al fin y los dos shinigamis la cruzaron. Aparecieron en Berlín… en pleno invierno.

- Joder, que frío.

- Kage, nosotros no sentimos frío. ¿Lo sabías no?

- Bueno, era para sonar cool tío.

- En fin, vamos allá – dijo Aiolos conteniéndose la risa.

Los dos shinigamis tenían una misión muy concreta. Buscar y localizar al máximo número de plus en un periodo de tiempo limitado. Habían sido detectadas señales de un gran grupo de hollows acercándose a la ciudad, debido a la alta concentración espiritual. Otros grupos de shinigamis de las demás divisiones habían sido también enviados.

Localizada el primer plus, se dirigieron hacia él y con rapidez y eficacia, lo mandaron a la Sociedad de Almas. Después de ese, fueron mandando cada vez a más plus, hasta que ambos shinigamis acabaron cansados de recorrer la zona de la ciudad que les habían asignado.

- Bueno esta es la última por aquí – señaló Kage mientras miraba el radar de almas.

- Pues démonos prisa. Estoy cansado de tanto dar vueltas. Creo que no querré volver aquí en una temporada.

- Secundo la moción tío.

Finalmente llegaron al lugar donde estaba el plus. Se trataba de una mujer joven. Su cadena estaba casi consumida por lo que se dieron prisa en acabar con todo. Mientras Aiolos realizaba el funeral del alma, Kage se apoyaba sobre el muro de una casa en ruinas. De repente, se oyó un ruido detrás del muro y este explotó hacia fuera, lanzando a Kage hacia delante, acompañado de los ladrillos y los trozos de cemento. El shinigami impactó contra la pared de enfrente, ante la atónita mirada de Aiolos.

Al acercarse a ver como estaba, constato que se encontraba inconsciente y vio al causante de todo. Era un hollow bastante grande, con forma de primate y una máscara con líneas negras que se cruzaban entre sí. Aiolos lo miró con odio mientras desenfundaba.

- Te vas a enterar cabrón – amenazó mientras adoptaba una postura de ataque. Al instante se abalanzó sobre el monstruo, cortándole en el pecho. La rabia lo inundaba y lo hacía menos atento, por lo que no vio como la cola del hollow se alargaba hasta golpearle y lanzarle hacia atrás.

Cambiando de estrategia, Aiolos junto las palmas de las manos, mientras seguía sosteniendo la espada.

- Huesos de bestia esparcidos. Aguja, Joya roja, y Rueda de Acero. Las alas se mueven, el cielo se para. El sonido de las lanzas recorre el viejo castillo. Raikouhou – gritó mientras en sus manos se creaba una esfera de energía blanca que crecía y se proyectaba hacia delante, formando un gigantesco cilindro que impactó contra el hollow, lanzándolo hacia atrás.

Cuando se levantó la niebla, Aiolos pudo ver como el hollow se levantaba, pero uno de sus brazos había desaparecido, junto con parte del torso. Sólo restaba rematarlo.

Con una sonrisa despiadada el shinigami hizo un shunpo y apareció justo encima del vacío. Se dejó caer y la zanpakuto atravesó la máscara de arriba abajo, terminando con el monstruo.

- Creo que me ha salido bastante bien – sentenció mientras enfundaba la katana. Luego se volvió hacia donde Kage seguía sin sentido. Intentó despertarle pero el golpe había sido muy violento.

- Veo que te defiendes bien – dijo una voz, que provenía del principio de la calle -. ¿Qué tal se te da este? Hadou 70. ¡Lord of Gravity! – conjuró la voz mientras apuntaba a Aiolos conforme se acercaba.

- ¿Qu-…quién eres? – consiguió decir con esfuerzo Aiolos mientras sentía como si una losa enorme cayera sobre su cuerpo, a pesar de que sólo el aire flotaba sobre él. Tanto era el peso que el joven acabó en el suelo, junto a su compañero herido.

El hombre siguió acercándose mientras la presión sobre Aiolos aumentaba. El joven sólo pudo ver como sonreía, y como le decía unas palabras que no pudo oír.

- Te encontré, Raijin.

El hombre cogió el cuerpo inconsciente del shinigami y con un gesto abrió una puerta interdimensional y desapareció con él. En la calle, sólo quedó Kage, quien sería encontrado algo más tarde por un grupo de shinigamis de la cuatro, enviados al no recibir noticias de ninguno de los dos shinigamis.

Fin del Capítulo 7