Este capi seguramente me ha salido un tanto tonto pero espero que al menos sea divertido. Que lo disfruten.

Los personajes de Saint Seiya pertenecen a Masami Kurumada y aquellos que pagaron los derechos yo solo los uso para divertirme escribiendo sin ningún tipo de lucro.

5. En Casa

Al día siguiente, Ariel ya estaba como siempre. No desbordaba la energía habitual en ella, pero ya se le había pasado su crisis menstrual. Ariel procedió a enseñarle la casa. Era una casa de dos apartamentos situado encima de las oficinas. Abajo se encontraba un amplio recibidor con una sala para visitas, el pasillo llevaba a un gran salon comedor que seguidamente daba a una gran terraza, la cocina estaba a la derecha del salón y en la izquierda encontrábamos un baño. Subiendo unas escaleras se daba a la zona de los dormitorios, en total había cuatro, cada uno con su baño. Luego se hallaba al fondo a la derecha un gimnasio, a la izquierda un estudio biblioteca que daba a otra terraza y en el centro una misteriosa sala que estaba cerrada con llave. La casa era muy luminosa, toda ella estaba pintada de blanco, decorada con muebles modernos y algún ocasional mueble chino.

La habitación de Shaka era enorme con grandes ventanales, una cama de matrimonio con una mesita de noche a cada lado. Debajo de la ventana había una cómoda y en frente de la cama había un escritorio. A la izquierda de la cama había un gran armario empotrado seguido de la puerta que daba al baño, en el disponía de una gran bañera con masajes, dos lavabos , el bidet y un vater. Las paredes estaban pintadas de un rosado muy suave que daba un ambiente de mucha paz.

Ariel procedió a darle un juego de llaves de la casa, nunca se sabía si lo iba a necesitar.

Ariel había decidido tomarse el día entero para recuperar fuerzas, eso significaba que no iba a la oficina ni recibía llamadas pero eso no le quitaba que tenía trabajo que hacer. Shaka le había dicho que se iba a su cuarto a meditar, cuando se enteró que no tenían que salir. Cuando fue a mirar la nevera vio que estaba vacía, así que decidió ir a comprar al super de al lado. No quería molestar a Shaka por una hora y pico que iba a tardar. Llamó a su secretaria para ver si podía llevarle a la casa una nota en braile diciendo en seguida vuelvo. En la oficina, tenía contratado a un ciego, aunque parezca mentira le había resultado muy útil, sobretodo cuando tenía clientes que no veían y necesitaban enviarles cartas. Cuando le trajeron la nota la dejó justo al lado del teléfono y le indicó a su secretaria que si el joven llamaba a la oficina , le dijera que había salido un rato, que enseguida regresaba. Y se marchó.

Al cabo de un rato, Shaka estaba meditando, pero notaba la casa muy tranquila y le costaba percibir la presencia de Ariel, por eso mismo salió de la habitación buscando ala chica, pero después de dar vueltas por toda la casa, no la encontraba. En ese momento, ni se le pasó por la cabeza preguntar en la oficina, salió de la casa en su busca y captura. Cuando la cogiera, tendría que hablar seriamente con ella, el un santo de Atena, el hombre más cercano a dios no era una niñera. Estaba empezando a hartarse, la verdad es que ya le había advertido. Estaba sumido en lo que le iba a decir cuando se la encontró. Iba cargada con un carrito y unas cuantas bolsas.

- Hola Shaka,veo que has salido a dar una vuelta. Creía que estabas meditando si no te hubiera dicho que vinieras. Tendrías que ir con cuidado, no conoces las calles y sin bastón puedes caerte o pasarte algo.

- Bastón??!!

- Claro, para ir por las calles. Entiendo que no te guste usarlo, pero si no conoces la ciudad puede ser peligroso.

- No intentes esquivar el tema, la que ha salido sin decir nada has sido tu. Si alguien intenta hacerte daño como voy a protegerte.

- Solo he ido a comprar. No quería molestarte. Ya te he dado suficientes quebraderos de cabeza en Venezuela.

- Pero no puedes desaparecer sin decir nada.

- Pero si te dejé una nota, a parte si hubieras llamado a Nina, mi secretaria te hubiera dicho que ahora venía.

- Me dejaste una nota? No la vi. Pero aun así si...

- Shaka, aun no he recibido ninguna amenaza, a parte Rob ni siquiera sabe que voy a encargarme del asunto. Ostras!! Se me olvidaba. Hoy he quedado con Evans. Venga vamos a casa, tenemos que preparar la comida.

Shaka se quedó con estas palabras "tenemos que preparar la comida"??.Pues el no sabía cocinar. Lo suyo era la meditación. Ariel le miró y sonrió para sí misma, lo suponía no sabía cocinar.

- Me puedes llevar unas bolsas. Hoy me encargo yo de cocinar, mañana ya veremos que haremos.

Shaka cogió las bolsas sin decir nada. De repente, se dio cuenta que lo había despistado. Siguieron caminando hacia la casa. Al haber dejado las bolsas en la cocina. Ariel fue a buscar la nota, luego se acercó al Santo para dársela, diciéndole:

- Ves como te dejé la nota?

- Está en blanco.

- Pasa los dedos. Está en braile.

- Pero yo no soy ciego.

- Y porque cierras los ojos?

- Forma parte de mi entrenamiento.

- A que te dedicas?

- Enseño y aprendo técnicas de combate.

- Vaya, esta no la esperaba. Por que no me dijiste antes que no eras ciego?

- No preguntaste -Shaka sonrió y abrió los ojos. En ese momento se sintió como un niño pillado en una travesura. Debería habérselo dicho pero así se ahorraba explicaciones de porque cerraba los ojos.

- Supongo que es gracioso, yo creyéndote ciego y cogiéndote del brazo para guiarte. Esta me la guardo.

Shaka volvió a sonreír, ella nunca se enfadaba, en los pocos días que había estado con ella, había sonreído más que en años desde el Hades. Si hubiera sido al revés el si se hubiera enfadado.

- Sabes Shaka, creo que te tocó picar la cebolla.

- Dijiste que cocinabas tú.

- Y pienso cocinar pero por ayudarme no te vas a morir. Anda vamos, se empieza a aprender con lo sencillo y luego se va a más.

Ariel comenzó a indicarle. Shaka solo la miró, por lo visto ya había intuido que la cocina no era su fuerte. Sus miradas estaban muy próximas. Los ojos de Ariel vistos de cerca eran extraños. Parecían de cristal. Tenían motas verdes y blancas en un fondo azul grisáceo. Ella al sentirse observada, le sonrió dulcemente. Shaka se sonrojó. Su vida la había pasado la mayor parte del tiempo, meditando solo o con sus alumnos y las mujeres que había conocido eran Amazonas o las de su país. No estaba habituado a tratar con ellas.

- Por cierto, este viernes por la noche salgo con mis amigas. No te espantes. Es que hay alguna un poco ligona. Te lo digo porque yo no pienso quedarme en casa e imagino que si por salir un rato de casa ya te pones neurótico perdido imagínate por ahí a las tantas de la noche. Ah!! Y el sábado tenemos compromiso ineludible en París. Así conocerás a Jean.

- Salir??!! - Esto no le hacía nada de gracia. Ese mundo lo encontraba banal y superficial. Pero si ella salía no la podía dejar por ahí sola. No tenía más remedio y encima lo había llamado neurótico.

- Ya verás que lo pasaremos bien. Mis amigas son un poco ligonas. Pero por el resto son muy divertidas. Si alguna de ellas se pasa, acércate a mi.

A Shaka esto no le hizo gracia. Que significaba eso de ligonas? Porque a el que lo dejarán tranquilo, el estaba por encima de esas cosas. Estaba demasiado centrado en asuntos más importantes, como defender a Atena, llegar al Nirvana...

- Shaka te llaman desde planeta tierra.

Shaka salió de sus pensamientos, que demonios que le llaman del planeta tierra??!!Luego lo pilló.

- Eh? Ah! Perdona estaba pensando.

- En lo superficial que es el mundo o en que esperas que mis amigas no sean pesadas?

- COMO???!!! - Ahí lo dejaron cao. Como es posible que hubiera sabido eso. Ariel al ver el desconcierto del Santo se rió por lo bajo. Era muy cómico. Leerle el pensamiento no era difícil, lo hubiera hecho con tan solo verle la cara. Pero prefirió no levantar sospechas.

- No es difícil intuirlo, no se te ve persona de ir a fiestas ni de ser hombre de muchas mujeres. Es normal que hayas pensado esto, si estuviera en tu lugar pensaría igual.

- Pensaba en las dos cosas. Tienes razón, mi vida siempre ha estado centrada en cosas que considero más importantes que salir, divertirme o ir detrás de las mujeres.

- Bueno pues tómalo como una experiencia nueva.

Shaka respiró. De todas formas a partir de ahora procuraría levantar alguna barrera mental por si las moscas. El y Mu habían quedado un poco extrañados de la facilidad de la chica de saber que pensaban, pero el que lo dijera a la cara tan abiertamente les tranquilizó. Este tipo de cosas no se muestran así por así.

Ariel a su vez no se esperaba esa sinceridad. Creía que era una persona más reservada. Se puso a observarle mientras hacía el intento de picar la cebolla. Realmente era hermoso. Sus cabellos rubios llegándole más allá de la cintura. Sus ojos parecían dos cielos, había tenido la oportunidad de verlos cuando los abrió. Sus movimientos eran elegantes. Su tono de voz era suave, pero a pesar de todo sabía imponerse. Todo en el combinaba una especie de mezcla de fuerza masculina y delicadeza femenina . Se le veía alto y delgado, pero se le notaba un cuerpo bien definido. A su memoria vino cuando lo vio morir, una delante de esos árboles y otra delante del muro de los lamentos. Un peso cayó en su corazón, le entristecía que ese hombre hubiera tenido que morir y pasarse cinco años encerrado en esa mazmorra por una injusticia de los dioses. Si no hubiera actuado, seguiría aun en ese lugar. Pero ahora estaba ahí frente a ella, cortándole cebolla, a su disposición. Se sintió culpable, de aquí a poco lloraría, esa cebolla picaba mucho. De repente lo vio tan indefenso, que le inspiró mucha ternura. El Santo mientras no había pasado por alto la mirada de Ariel, que analizaba cada movimiento suyo. De repente sintió las lágrimas que fluían de sus ojos, se giró para enjuagarse los ojos, topándose de pleno con la cálida mirada de Ariel que le sonreía pícaramente. De repente se dio cuenta que Ariel le había devuelto la broma de la ceguera, y él el más sabio había caído de cuatro patas.

- Me has hecho cortar la cebolla a propósito para hacerme llorar.

- Hay una virgen milagrosa cristiana que derrama lágrimas curativas. Pensé que al parecerte a un ángel, tus lágrimas curarían tu ceguera.- Ariel le sonrió como una niña que pillaron en una travesura, le pasó un pañuelo humedecido para que se limpiara los ojos con el. Shaka se lo cogió sin saber que decir. Por una parte el se lo había buscado al no haberla corregido de su error, por otra lo había comparado con un ángel, cosa que lo había sonrojado. No podía enfadarse con ella. Así que volvió a sonreírle.

- Eres rencorosa.

- Nooooo!! Solo he querido ayudarte a recobrar la vista. Desde hoy creo que no volverás a tener problemas visuales, al menos delante mía. JAJAJA

- No me hace gracia, la cebolla picaba mucho.

- Bueno tu eres un hombre fuerte, seguro que lo superarás.- Le guiñó un ojo, poniéndose a picar otras verduras. Shaka pudo decir que era una de las primeras veces que le daban una lección, aunque fuera pequeña. La primera se la dio el caballero del Fénix, cuando lo derrotó en la batalla de las doce casas. Se quedó mirándola, aparentaba tener unos 19 años, cuando la vio por primera vez y se enteró que era la abogada se tuvo que recoger la boca.

- Ariel, Cuantos años tienes?

- Eso no se le pregunta jamás a ninguna chica. Por que me lo has preguntado?

- Bueno es que aparentas tener 19.

- Si tu se pelotero. Pero gracias, eres un ángel al alzarme la moral.

- Yo tengo 25.

- Pues réstale un año y tendrás mi edad.

- Tienes 24? En serio te creía mucho más joven.

- Te he dicho lo mucho que te quiero por ser así? Se acercó a el, se puso de puntillas y le dio un besito en la mejilla. No lo pudo evitar, ese hombre era una tentación. Luego siguió cortando el tomate como si nada, consciente del desconcierto que había provocado en el Santo que estaba como dicha verdura. Este no se esperaba esas confianzas. Cuando la vio tan cerca de el dio un respingo. Solo lo había rozado pero es que era la primera vez que una mujer se le había acercado tanto. Rezaba a Atena para que sus amigas no fueran tan atrevidas.

Cuando la comida estuvo lista, se pusieron a comer en la terraza. Al acabar, Shaka estuvo observando el paisaje. La ciudad se veía linda. En eso Ariel interrumpió su ensimismamiento anunciándole que debían ir a ver a Evans, el arqueólogo.