II

El niño en el infierno

Cualquier habitante de Dandara que hubiese nacido cien años atrás no habría tenido oportunidad alguna de conocer la libertad. Habría nacido con la deuda vital, que implicaba que debía pagar con servidumbre perpetua por el derecho a habitar la tierra de sus señores. Pero probablemente, dada la situación actual, le habría parecido mejor que desangrarse por un pedazo de pan.

Los esclavos lucharon por su libertad y, tras conseguirla, se instalaron en la tierra que llamaron Dandara, por la cual también se derramó mucha sangre. Pero valía el esfuerzo. Dandara era la tierra de su esperanza, y debía ser el país de los sueños cumplidos. Pero una vez obtenida y reconocida como nación, la unión se fue diluyendo. Quienes antes fueran esclavos comenzaron a abusar de su libertad, dejando de lado el trabajo y la cooperación. Frente a ello, hubo también quienes se aprovecharon y, fingiendo buscar el bien común, se hicieron con el incipiente gobierno para robar descaradamente lo poco y nada que Dandara poseía. Se convirtieron en "la nobleza", un nido de corrupción que, dada la desunión del pueblo, parecía indestructible. Existía un desinterés y una desesperanza institucionalizada que impedían cualquier tipo de movimiento ciudadano, así, Dandara se revolcaba en la agonía.

El pueblo se instaló en una explanada y creció rápidamente, dado el aumento de los libertos y los nacimientos en la ciudad, por lo que algunas comunidades se separaron, formando las ciudades de Thot y Fayul. Sin quererlo, lo que nació como una ciudad se transformó en nación, pero esta última mantuvo el mismo nombre, de modo que el nuevo país de Dandara se conformó de tres ciudades principales más una creciente cantidad de pequeños pueblos.

Fayul fue la ciudad más profanada. Por su cercanía a Dandara, se convirtió en blanco de saqueos y principal enemiga de la capital. Si llegó a haber una guerra interna declarada, fue entre estas ciudades. Pero el que los "nobles" pertenecieran a la capital no sólo marcó el inicio de las disputas, sino también su fin, y Fayul pagó las consecuencias de ser la más débil. Muchos de sus habitantes murieron, otros tantos migraron hacia las aldeas. Sólo quedaron los huérfanos, los enfermos, los que enloquecieron ante la crudeza de la situación, los ancianos sin esperanza y los más fuertes, aquellos escasos que podían sobrevivir a punta de agresividad ante cualquier circunstancia. De todo el panorama nacional, Fayul era lo más infernal, más mísero y más violento. Allí nació Set, de entre todas las bestias, el demonio.

A pesar del rostro sereno y su crónica inexpresividad, tenía en la mirada un fuego que parecía consumirle el alma, reflejando la tormenta interior que le movía a desatar su violencia contra quien se le acercara. Y tal vez, careciendo de todo, su agresividad era lo único que poseía y le acompañaba. Era difícil ver su rostro, y quienes lo hicieron rara vez vivieron para contarlo, por eso las gentes le imaginaban como algún antiguo héroe que enloqueció víctima de los horrores de las matanzas. Temido y respetado como a una deidad, los lugareños adoptaron la costumbre de ofrendarle alimentos para saciarle, y evitar así sus ataques de furia contra sus vidas. Al anochecer, dejaban viandas cerca de los lugares que frecuentaba y nadie se atrevía a retirarlas, así, a la mañana siguiente podían respirar tranquilos. Extrañamente, las personas se sentían protegidas con la presencia del asesino, como si fuese su demonio guardián, pues desde su aparición los saqueos a Fayul disminuyeron notoriamente.

Cuando Marduk se enteró de su existencia a través de unos aliados que vivían del comercio con dicha ciudad, definitivamente algo le pareció inexplicable. Si se trataba de un luchador decrépito venido de guerras pasadas, debía tener los años suficientes para mermar su capacidad de lucha: si peleaba cuerpo a cuerpo, ya no tendría tanta fuerza ni agilidad, y si se trataba de un temible francotirador, su pulso ni su puntería podrían ser aún infalibles. Entonces, ¿cómo podía ser invencible?, ¿cómo podía moverse por la ciudad con tal sigilo? Pero era cierto que, para tales cualidades se requería un gran dominio y experiencia, por lo que dedujo que, si bien era imposible que se tratara de un veterano de guerra, el sujeto habría participado en diversas revueltas en el país hasta que decidió establecerse en una lo suficientemente agitada como para mantener su estilo de vida. ¿Quién sería ese agitador? A Marduk le interesó el efecto que su presencia causaba en la gente de Fayul y, pensando en lo útil que sería tenerle de su lado, no vaciló en intentar llegar a él.

- Está loco, amigo- le dijo un lugareño- Antes de que el demonio quiera escucharlo le habrá atravesado el corazón. En su lugar, yo no lo intentaría.

Para Marduk, esas palabras eran un aliento aún mayor. Había que arriesgarse, pues era el precio por el arma más poderosa; la deidad capaz de mantener la confianza de los aliados.

Set no había atacado a nadie en meses. No lo necesitaba; la gente de Fayul había aprendido a respetar su espacio y no molestarle. Además le alimentaban, lo cual le ahorraba la molestia de interactuar con alguien en busca de comida, con el significado que "interactuar" tenía para él. No sentía ninguna emoción, la soledad había terminado por llevarse hasta la furia, lo único que recordaba sentir, por lo que caminaba tranquilo, recogiendo entre escombros lo que pudiera servir para su refugio, el cual debía acondicionar para el invierno que se avecinaba. No necesitaba demasiado, con un pequeño espacio sólo para él y su fogata bastaría, por lo que aquella jornada de recolección ya casi terminaba. Entonces, le divisó a lo lejos. Una figura masculina observándole de pie, inmóvil. Rió para sus adentros. ¿Qué clase de ingenuo de presentaría así ante él? Decidió esperar. No le agradaba la idea de que las personas creyesen que podían acercarse a él, por lo que no tenía contemplado dejarle vivir, pero le dio curiosidad saber el motivo de tal osadía. Ahí se quedó, sentado en la ventana de una antigua casa, de la cual sólo quedaba el muro frontal.

Marduk tomó su actitud como una invitación y, cautelosamente comenzó a acercarse. Set estaba incrédulo de lo que veía: la intrépida acción del sujeto empezaba a incomodarle. Se puso de pie sobre el mismo marco que le sirvió de asiento y abrió su chaquetón en busca de su daga, lentamente, como queriendo advertir al intruso del fin que le esperaba. Marduk se detuvo y, como nunca antes, sintió un frío recorrer su espina. Era sólo un hombre, contrario a lo que había llegado a imaginar en una de sus hipótesis sobre el asesino, cuando supuso que se trataría en realidad de una banda. Pero era un hombre y, aunque no lograba ver aún su rostro, casi podía percibir su mirada sobre él, intimidándole como nunca antes alguien lo hizo. Ese ser tenía el aura de la muerte y ahora podía sentir en carne propia el efecto que el Demonio causaba.

- ¡Tú eres nuestro mesías!- exclamó Marduk, en un desesperado intento de que su viaje no resultara en vano. Al menos debía lograr que el sujeto le oyese.

Set quedó perplejo ante sus palabras. Ya era demasiada idiotez que alguien se presentara así ante él, pero que encima de todo le llamaran "mesías" precisamente a él. Echó a reír como un enajenado.

- Yo no soy quien buscas, imbécil. No tienes idea frente a quién estás parado.

- El Demonio de Fayul- sentenció Marduk, tratando de imprimir la mayor seguridad posible.-Se quién dicen que eres- continuó adelantándose a Set- y se del terror que has sembrado. Es por eso que he venido a pedir tu ayuda.

- Lo que dices no tiene sentido.

- La gente dice que eres invencible, que eres como un dios.

- ¿Y por qué piensas que voy a ayudarte?

- Porque cuando mueras los cuervos devorarán tu carne, y ese es un futuro demasiado patético para un dios- Set había sacado sus manos del chaquetón, renunciando a la idea de atacarle. La posición relajada que adoptó, tal vez sin siquiera darse cuenta, le indicó a Marduk que estaba seguro para poder continuar- Cuando la vejez te robe la presición y la fuerza, quedarás a merced de la gente que tanto rechazas. Eso debe ser humillante...

-¿Debo suponer que viajó hasta aquí porque le preocupa mi futuro?- A Set no le gustaba la dirección que estaba tomando la charla que, dicho sea de paso, debía ser la más extensa que había tenido en la vida. Sin embargo, por alguna razón desconocida, la petición del hombre le causaba cierta inquietud- Debería preocuparse más por el suyo, porque puede que no llegue a haber futuro para usted.

-Mi futuro, como el de Dandara completa, depende de lo que tú quieras hacer de él- Dicho esto, Marduk le miró buscando distinguir el rostro bajo la capucha, pero le fue imposible. La voz apagada por las tela que le envolvía el cuello y parte del rostro le resultaba joven; demasiado joven para lo que esperaba, pero no logró comprobarlo.

-Sepa que nada me importa menos- pronunciando esas palabras, Set desapareció entre las ruinas.

Quien sabe qué estrella protegió a Marduk para que su vida fuese perdonada. Sin saber que pensar regresó al lugar en que se alojaba, donde seguiría unos días más mientras organizaba a los aliados de Fayul. Pese a ser una ciudad olvidada por Dios, sus rencores para con los nobles la convertían en el lugar ideal para hallar gente dispuesta a apoyar la causa, y Marduk no podía desaprovechar su estadía.

Los días siguientes estuvieron llenos de revueltas y asaltos. No es que fuera anormal allí, pero parecían haberse intensificado repentinamente. Algunos decían haber divisado al demonio,que habría matado unos cuantos asaltantes, que estaba más sediento que otras veces, pero curiosamente, más selectivo. Marduk sintió que, con tales acciones, el demonio le estaba respondiendo que jamás cambiaría su forma de vivir. Desilucionado, decidió escuchar el consejo de los aliados en sus reuniones, con objeto de definir un plan para su revolución. Aunque nada parecía convencerle si no contaba con su presencia: era como si después de haberle tenido en frente las cosas cambiaran para siempre.

Anochecía y Set se hayaba arrodillado encendiendo una fogata. Desde su encuentro con aquél extraño sostenía una persistente lucha interior. La vida es para los fuertes y era una ridiculez pensar siquiera en ayudar a alguien, ¿Para qué? Bien vivía tal como estaba, y si alguien quería cambiar el mundo, no era asunto suyo. Pero le impresionaba, más allá de que nunca antes alguien se atrevió a hablarle, que las palabras de aquél hombre aún le rondaran en la cabeza.

Jamás pensó en el futuro, pues en el infierno no hay mañana, ni planes, ni ilusiones de ningún tipo. Su vida se parecía mucho a la de un animal salvaje, cuyo objetivo es obtener abrigo y comida, y no hay que pensar demasiado en ello. Ni siquiera se le había pasado por la mente, pero ahora que le habían ilustrado tan certeramente su porvenir, no podía dejar de pensar en ello.

-Aquél hombre venía por ayuda- pensó Set en voz alta- pero no es distinto de los ladrones que viven en Fayul. Me dijo esas palabras desconcertantes sólo para beneficiarse de mí. Los hombres en cualquier lugar sólo quieren su beneficio, sea que se maten o no, y al final nada cambia, la presa es del más fuerte. Ese es el futuro de Dandara.