VI

Novia indócil

El taller de Alberich estaba atestado de trabajo. Las máquinas que llegaban al taller se reparaban y almacenaban en un profundo y angosto desfiladero que no permitía la visión desde el aire, logrando así ocultar las naves aún cuando ya superaban la veintena y aquello se sumaba al servicio habitual a los clientes, por lo que la jornada se había extendido casi al doble. Aún con el cansancio, los mecánicos trabajaban entusiasmados al saberse "defensores de Dandara", como les habían hecho saber desde el centro de coordinación del grupo, liderado por el mismo Marduk, un hombre ejemplar del que oían hablar constantemente a su patrón.

Pero aquello no era lo único que preocupaba a Alberich. Con la revolución tan cerca y él tan involucrado en ella, comenzó a temer seriamente por la seguridad de sus hijas. Hasta el momento, nunca había considerado la posibilidad de separarse de ellas puesto que el paraíso en medio del desierto que construyó durante todos estos años no tenía otra finalidad que ser un hogar para sus hijas y los nietos que ellas le dieran. Muchas veces sus amigos le aconsejaban casar a sus hijas con los suyos, pero él siempre desviaba el tema de una u otra forma.

Cielo no paraba de trabajar un solo minuto. A sus quince años vividos en la maravillosa burbuja que era su hogar no lograba dimensionar los horrores que se sufrían en Dandara, ni mucho menos el significado de lo que estaba por venir - ¿Cree que el señor Sebek vuelva por aquí?- le había preguntado a su padre mientras cambiaban el panel de un crucero GF-15.

- No volverá, no es bienvenido y lo sabe.

- ¿Por qué dice eso, padre?

- Escucha, Cielo, él es un noble y nosotros somos defensores. Desde ahora pertenecemos a bandos diferentes, ¿te queda claro?- respondió tajantemente el padre.

- ¿No se supone que queremos salvar la nación? ¡Entonces por qué tenemos que dividirnos! No puedo entenderlo, padre.

- La nación ya está dividida, hija. Ahora sólo hay que afrontar los hechos y pelear.

La respuesta intransigente de su padre le había bastado para no poner el tema sobre la mesa otra vez, pero en lugar de apartar de su mente al joven noble, ahora sentía que su partida sin regreso tenía un motivo de peso y que Sebek no había jugado con sus sentimientos, como creyó en un principio. A pesar del difícil panorama, no perdía las esperanzas de volver a encontrarle.

Las noticias del grupo de Marduk eran un aliciente para la gente del taller. Cielo alternaba el trabajo de mecánico con las pruebas de vuelo, junto a su hermana menor, Liesserl, quien a pesar de sus escasos doce años se distinguía entre los pilotos de la zona. Ambas tenían el privilegio de acompañar a su padre cuando salía a hacer encargos al mercado, única excursión que hacían fuera de su casa, donde las personas volteaban a verlas como si se tratase de una aparición angelical, siendo aquella la mejor ocasión para hacerse conocidas entre los jóvenes de otras familias.

Fue tal vez por ello que, a pesar de ser casi la menor, la reunión que sostuviera Alberich con un conocido de la familia y su hijo durante una calurosa tarde girara en torno a la joven mecánico, quien estaba tan sumida entre las máquinas que no se había percatado siquiera de lo que sucedía en su casa.

- ¿Aún estás aquí?- preguntó la tercera de las hijas, Lía.

- ¿Cómo es que aún llevas puesto ese overol?- agregó Freija, la segunda- Ven rápido y ponte tu mejor vestido.

Cielo no comprendía nada, pero sus hermanas no esperaron a que lo hiciera para arrastrarla fuera del taller. Para ellas no era grato saber que, siendo mayores, su padre no arreglara un matrimonio para alguna de ellas en primer lugar, pero aquello no era motivo para perjudicar a su hermana, por lo que procurarían que la muchacha resultara agradable a los ojos de su posible suegro.

- ¿Podrían explicarme qué sucede?

- El señor Jacob, aquél comerciante de refacciones está aquí con su hijo Bruno para conocerte - informó Freija- el joven es muy guapo y le ha dicho a nuestro padre que te ha visto muchas veces en el mercado.

- Tal vez nuestro padre le permita visitarte- comentó Lía.

- Y yo sé lo que significa eso- dijo Cielo secamente. Era claro que la idea de casarse no la emocionaba tanto como a sus hermanas.

Aún viviendo en medio de la rudeza del taller, e incluso trabajando en él desde pequeña, Cielo había heredado como sus hermanas, la delicada feminidad de su madre. La joven se preparaba frente a su peinador con la emoción de sentirse el centro de atención en su casa, aunque nada convencida de la idea de casarse. Pese a ello, jamás había cuestionado una orden de su padre y estaba decidida a hacer lo debido para no decepcionarle. Arreglar los matrimonios de las hijas era la costumbre local y ella no avergonzaría a su familia oponiéndose a la autoridad parental. Terminó su ritual de belleza asistida por su hermana menor, con quien tenía mayor cercanía y sin más que una expresión digna se encaminó al salón principal.

- ¿No te emociona que se esté arreglando tu matrimonio?- interrogó la pequeña Liesserl al notar la seriedad de su hermana.

- Estoy nerviosa, Lies- confesó sinceramente- Me pregunto si esto me hará feliz. Yo… yo no me imagino lejos de mi papá y de ti.

- Nuestra hermana mayor está casada y vive aquí mismo. ¿Por qué contigo va a ser diferente?

- Tú conoces al señor Jacob. Su negocio es grande y el hijo lo heredará todo, así que su destino es dirigir su oasis como nuestro padre ha hecho con este. Si me caso, no tendré más opción que irme con él.

- Pero si es tan rico, hasta yo me casaría con él.

En ese instante se abrieron las puertas del salón, donde su padre compartía con el señor Jacob y el joven pretendiente, quien atrajo instantáneamente el interés de la muchacha, pareciéndole en aquél primer encuentro, más atractivo y gentil de lo que imaginaba. Apenas le miraba se encontraba con la sonrisa encantadora del joven, lo que le hacía sentir los nervios a flor de piel y los deseos cada vez más intensos de conocerle.

- Muy bien, amigo mío, yo no tengo oposición alguna a que mi hija se una en matrimonio con su hijo, a pesar de ser una de las menores - dijo Alberich para cerrar el acuerdo nupcial- pero mis niñas nunca han salido de las faldas de su madre. Se de varias familias que han permitido a la novia permanecer junto a la familia del novio durante un período prudente para conocerlo y acostumbrarse a su nuevo ambiente, y será la única condición que le pediré al amigo.

- No es parte de la tradición, pero comprendo que debe ser difícil para usted separarse de una hija tan joven- respondió el futuro consuegro- Si le parece bien, la joven podría visitarle cada tarde hasta que la boda se lleve a cabo.

- Entonces está todo arreglado. Como dicta la tradición, en cuarenta días a contar de hoy oficiaremos la unión de nuestras familias.

Así, Cielo se retiró a sus aposentos con un nudo en el estómago y el futuro resuelto por dos hombres que seguían brindando en el salón. Por más guapo que su novio le pareciera, le horrorizaba pensar que su vida entera era un tema para decidir entre copas y, peor aún, si que nadie pidiera su opinión. Sin embargo se la había educado para cerrar la boca y obedecer, algo que hacía muy bien desde que tenía memoria, convirtiéndose en la predilecta del padre. No tendría el valor de oponerse a él.

Dos días más tarde la muchacha volaba rumbo a su nuevo hogar vestida como una princesa y sus ojos azules cegados por las lágrimas, sin creer que el hombre a quien más amaba en el mundo la hubiera entregado con tanta facilidad, y sintiéndose una niña pequeña una vez más, con el único deseo de aferrarse al regazo de su madre, quien lloraba en casa tanto o más que su pequeña.

Felices de que una mujer llegara a integrar el clan, dado que el novio era hijo único, la familia de Bruno la recibió con un banquete, flores y regalías de todo tipo, en los que la joven intentó infructuosamente hallar consuelo. Pese a ello, conservó la dignidad en su rostro sonriente y su comportamiento perfecto, tal como le habían educado.

Al correr los primeros días de su mudanza, el corazón de Cielo comenzó a cambiar el miedo y el dolor de dejar su hogar por la expectativa y ansiedad por su cercana boda. Hasta entonces sus encuentros con el novio habían carecido de la privacidad que precisaban para conocerse, por lo que la joven buscaba incesantemente la oportunidad de hablar con él a solas. Además, comenzaban a intrigarle ciertas cosas en su nueva familia, asuntos que necesitaba que él le aclarara. Uno de ellos venía de una prima del joven, quien mostraba una odiosa actitud con la muchachita.

- ¿Qué edad tienes?- Le preguntó en una ocasión.

- Quince.

- Eres una mocosa- sentenció cuan despectivamente le fue posible- Me pregunto qué haces casándote con un hombre como Bruno, cuando apenas debías estar jugando con los infantes de tu edad.

Era cierto, su novio era ocho años mayor que ella, un hombre con la mente ocupada en dirigir el negocio de su familia junto a su padre, algo que la distanciaba totalmente de él. Se sentía tan pequeña, apenas una niña que jamás en su vida se había enfrentado a una verdadera decisión y que en tan sólo unos días comenzaría una vida de adulta.

La ocasión de hablarle llegó curiosamente proporcionada por él, quien apareció sorprendiéndola mientras tarareaba

- No sabía que tuvieras una voz tan privilegiada- le halagó Bruno sentándose a su lado.

- Mi voz es sencilla, nada especial- respondió Cielo rechazando el halago como le era habitual- Pero es verdad, creo que no sabemos casi nada el uno del otro.

- Si… lamento que desde que llegaste no hemos tenido tiempo de hablar. Supongo que estás enterada de los rumores de rebelión que recorren el país. Eso ha generado mucha agitación y bueno, todo termina por afectar al negocio. Por eso no he podido estar contigo, ¿te sientes molesta?

- No, no…- se apresuró en corregir la muchacha- Mi intención no ha sido reclamarte nada, además tu madre me ha tratado muy bien, como a una hija. Es sólo que deseo saber más de ti porque, bueno…

- Te entiendo- dijo él asintiendo con la cabeza. Después de todo, la joven que tenía enfrente en menos de un mes sería su esposa, y él mismo sentía curiosidad por saber qué había detrás de su sonrisa casi permanente. Sonrió a abrió los brazos en un gesto de confianza - Pues bien, me entrego a tu curiosidad… ¿Qué quieres saber?

- ¿De qué lado estás?- La pregunta era frontal, nada amable y hasta un poco fuera de lugar, pero Cielo sabía que las oportunidades para hablar con él serían pocas, por lo que debía aprovecharlas bien.

Bruno, por su parte, supo de inmediato a qué se refería la muchacha. Por lo que recobró la seriedad y respondió:

- Aunque mi padre y yo no tomaremos parte tan activa como tu familia en esta guerra, nos hemos declarado aliados y aportaremos con material en caso de que sea necesario. La verdad es que no me convence del todo utilizar más violencia, pero ¿sabes cuánto cuesta un pedazo de pan en lugares como Fayum o Sara? La vida, Cielo, sea porque mates o mueras tú, pero en esos lugares la gente llega a esos extremos por llevarse algo a la boca y aún así, hay quienes duermen tranquilos conociendo esa realidad.

- Eso es horrible- La joven estaba impactada con las palabras de su novio- Mi padre siempre dice que la situación está mal, que hay que luchar contra los nobles, pero nunca pensé que era así de grave.

- Es así y peor… pero no creo que quieras hablar de Dandara ¿o si?

La primera charla entre los novios se extendió durante un par de horas, breves para conocer al hombre con quien se compartirá el futuro, pero a Cielo le bastaron para que las emociones se arremolinaran en su corazón, en una tormenta de memorias, sueños y sentimientos que se debatían entre sí. La imagen de aquél noble que la hiciera soñar por vez primera volvió a su mente con la fuerza de aquellos días que compartió con él y se dio cuenta de lo incomparable que le resultaba aquella ilusión intensa y romántica con su actual noviazgo, llena de expectativa, pero carente de afecto.

Dos semanas transcurrieron desde entonces, tiempo que comenzó a hacerse incómodo para Cielo, quien no se acostumbraba a la rutina de su nueva casa, ni mucho menos a la permanente presencia de la insoportable prima. Aunque tenía claro que no amaba a su novio, la cercanía de aquella mujer le producía un escozor irrefrenable, siempre tan encima de su futuro marido y con ese gesto tan vulgar con el que la miraba. Como todas las tardes, acudió a trabajar en el taller de su familia. Pese a lo cansador que resultaba hacer el viaje todos los días, Cielo se sentía profundamente feliz cada vez que tocaba el suelo de su casa, vistiendo con mayor gusto que antes su gastado overol. Era como recuperar su antigua vida, aunque sabía que pronto se acabaría.

- No se que haré cuando te cases- le dijo Liesserl abrazándole – ¡Ya te extraño mucho aunque vengas todos los días!- Ciertamente la relación entre las menores del clan era especialmente estrecha. Ambas habían heredado la afición de su padre por las máquinas por lo que se comprendían muy bien. Fue por eso que Cielo confiaba en su hermana todas sus cavilaciones.

- ¿Será correcto casarme con alguien a quien apenas conozco?

- Nuestros padres se conocieron el día de su compromiso y no volvieron a verse hasta la boda, y hasta ahora son felices.

- Pero Lies… ¿no te gustaría casarte por amor?- preguntó con un dejo de tristeza en su voz.

- ¿Qué sucede hermanita? ¿No crees que llegarás a amar a tu novio? Yo no se nada del amor, siento no poder ayudarte como quisiera.

- Tal vez… si no hubiera conocido a Sebek, si no hubiese sentido jamás esa sensación cálida e intensa tal vez…

-¿Hoy no estarías sintiendo esas dudas?

- Si, puede ser. Lo cierto es que veo a Bruno como alguien admirable, un hombre inteligente y bueno, pero mi corazón no se agita como con el recuerdo de Sebek.

- ¡Pero si apenas estuvo unos días acá!

- Suficientes para mostrarme lo que significa el amor.

Los días a partir de aquél se sucedieron uno tras otro como una letanía, una lenta marcha que a cada paso sentía más agraz, hasta que la incomodidad de Cielo comenzó a hacerse patente, lo que sumó una nueva preocupación a sus suegros, ya muy ocupados con la organización de la boda. Aquello no fue visto con buenos ojos por Bruno, por lo que muy temprano antes de salir al mercado la buscó en su habitación con el fin de reprenderla por afligir a sus padres.

Golpeó la puerta, pero al no recibir respuesta prefirió entrar y despertarla a esperar otro día más para hablarle, pero la halló profundamente dormida, despojada de las sábanas producto del calor del desierto. Fue una visión celestial aquella en que creyó que quien dormía no era sino un ángel reposando su perfección en esa cama, visión que se volvía cada vez más perturbadora a medida que se acercaba a ella, atraído por su esbelta figura apenas cubierta por el ligero camisón. Sus pies, sus piernas extensas, todo se convertía en una invitación a descubrir la textura de su nívea piel. ¿Qué importaba su comportamiento cuando tenía tanto que ofrecer? Era hermosa, joven, virgen, sencillamente perfecta… Y sería suya.

Se acercó unos pasos hasta quedar junto a la cama, desde donde la observó inmóvil mientras la tentación de sentirla luchaba contra su razón, pero mientras más lo pensaba, el deseo se acrecentaba más y más.

La joven reaccionó al roce de su piel moviéndose sutilmente entre sueños, provocando el desenfreno en su novio. En un arranque de lujuria aprisionó el cuerpo de la joven contra la cama mientras besaba su cuello con pasión.

Cielo despertó sobresaltada y en cuanto asimiló lo que estaba sucediendo luchó por zafarse del firme agarre de su novio, cuyo cuerpo estaba sobre el de ella. Aterrada, gritó y golpeó sin cesar hasta que Bruno, furioso, dio un golpe en la cara de la joven poniendo fin a su ataque.

- ¿Por qué… por qué me haces esto?- gritó la joven en medio de su llanto.

- No se de qué te quejas, ¿acaso no es normal que los novios se amen?

- ¡Yo no te amo! Jamás dejaré que vuelvas a tocarme.

- Pronto nos casaremos y cobraré mi derecho sobre ti- Dicho esto se alejó rumbo a la salida mientras la muchacha escondía el rostro entre las sábanas. Se detuvo justo antes de salir y se volvió para hablarle- Mi prima tiene razón, no eres más que una mocosa.

Cada hora de aquél día fue un suplicio para Cielo. Bruno tardó en llegar esa noche, intentando evitar el encuentro con su novia, ya que con la cabeza en frío tomó conciencia de su acto infame y no sabía como resolver la situación. Había entrado para resolver las cosas entre Cielo y su familia, pero invadir la habitación de la joven sólo sirvió para tensar aún más la relación. Sin embargo, aún cuando llegó casi de madrugada, encontró a Cielo en la sala, esperándole.

- ¿Qué haces despierta a estas horas?

- No necesito una explicación por lo de hoy. No comprendo a los hombres ni su lujuria, ni quiero entender- dijo Cielo seriamente y continuó- Sólo quiero volver a mi casa junto a mi papá.

-Cielo… Yo no quise…

- Ya le dije que no quiero sus explicaciones- el desprecio de Cielo enfadó al joven.

- ¡No! El compromiso está hecho. Si lo disolvemos, deshonraremos a nuestras familias y a su familia le conviene menos que a la mía.

- ¿De qué habla? Mi padre no permitirá que me quede junto a un hombre como usted.

- Si su padre deshace el compromiso, acabará con la reputación de su familia y ningún hombre querrá comprometerse con ninguna de sus hermanas. ¿Está dispuesta a hacerles ese mal?

- ¡Le recuerdo que yo soy la víctima en todo esto!

- No es lo que dirá la gente. Como sea, nadie deseará pasar por lo mismo que yo y tanto usted como sus hermanas se quedarán solteras. Pero, si así lo prefiere, mañana mismo hablaré con mi padre. Piénselo.

La joven se vio acorralada. La credibilidad de una quinceañera jamás podría competir con la de un hombre, mucho menos uno tan distinguido en Lysithea como él. Cuanto deseó en aquél instante que las personas conocieran lo que se ocultaba tras su rostro de honesto empresario. Sólo pronunció una palabra antes de marcharse a su cuarto…

- Miserable

Al día siguiente las cosas siguieron su curso como si nada hubiese ocurrido. Cielo acudió a su casa como cada tarde, pero se encerró a trabajar en el taller, incapaz de mirar el rostro de sus hermanas, pues aún cuando odiaba la idea de seguir en silencio su destino, no tendría el valor de hacerles daño.

Para su fortuna, el trabajo en el taller no daba para el mínimo descanso, no porque aumentase la clientela, sino porque las naves que restauraban ya daban para surtir al menos dos flotas de un pequeño ejército. Hacía casi un mes se habían despachado los primeros cazas, junto a un crucero armado GF-15 que habían refaccionado para convertirlo en nave nodriza para dos cazas. Aquél trabajo titánico, incomprensible en principio para Cielo, después de la primera conversación con Bruno había cobrado sentido. Muy lejos de Lysithea había personas dispuestas a dar la vida por salvar a su país y, por primera vez, ella se sintió parte activa de aquella lucha.

Ya soplaban los vientos de guerra y un hombre joven viajaba junto a su pequeña tripulación rumbo a los confines de Dandara para poner en marcha el plan de los defensores. Diez días faltaban para la boda.

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Continuará…