Bueno, aquí subo un nuevo capítulo, para continuar algo la historia. Los capitulos son cortitos, pero espero que os gusten y me dejéis muchos reviews!

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AZKABAN

Todo estaba preparado, dentro de poco Dumbledore se trasladaría a Azkaban donde realizaría los hechizos oportunos para conseguir su objetivo: darle una segunda oportunidad a Voldemort y cambiar ciertos aspectos y recuerdos de los demás mortífagos.

Todos los profesores habían trabajado mucho en ello, se habían esforzado de verdad, aunque, ahora que lo pensaba, había tenido que vigilarlos muy de cerca porque algunos, como Severus Snape estaban haciendo de las suyas "¡Anda, pero si me he confundido!" le dijo cuando lo pilló in fraganti, sí, como si él alguna vez se confundiera vamos.

Las pociones estaban listas, todo revisado, sólo esperaba la escolta del Ministerio que le conduciría a Azkaban.

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Mientras, en Azkaban, donde Voldemort y sus secuaces mortífagos estaban retenidos, el ambiente era muy distinto. La prisión no era demasiado horrible, los dementores ya no suponían ningún problema desde que se habían unido al Señor Oscuro en la guerra, ya no formaban parte de Azkaban, por lo que la prisión se basaba en una mera retención, sin ningún tipo de castigo psicológico.

En una oscura celda, un hombre de largo cabello rubio y fría mirada gris estaba sentado en el suelo, recostado contra la pared mirando melancólicamente el cielo a través de los barrotes. Recordaba amargamente a su hijo, su pequeño Draco, y a su esposa. Su familia sufría por su encierro, él lo sabía, pero, a pesar de todo, debía agradecer que ellos no hubieran sido apresados, que continuasen en libertad. Nunca se habría perdonado no poder salvar a su hijo, tan joven y prometedor. Nunca jamás haría nada que pudiera ponerle en peligro, nunca confesaría que Cissy y Draco también estaban involucrados en aquello.

Lucius Malfoy se levantó y comenzó a deambular por la limitada y húmeda estancia pensando en lo que había sido su vida, a lo largo de sus cuarenta años había sido feliz, recordaba aún el día en que conoció a Narcisa, su sonrisa, su desdeñosa falta de interés y como él la había conquistado. Fueron tiempos felices. Después, el nacimiento de Draco le había hecho más feliz de lo que nunca hubiera pensado, su pequeño vástago y, al recordarlo, no pudo evitar que una lágrima rodara sobre su perfecta y pálida mejilla.

De repente, tomó conciencia de donde se encontraba. Estaba en Azkaban por apoyar al Señor Oscuro, por seguir sus ideas, por orgullo… por…. Ahora no importaba, lo que realmente importaba estaba fuera de alcance. "Lo sabías, Lucius, no te mientas, siempre supiste que este era uno de los finales. Toda tu vida destrozada, tu posición, tu reputación…toda tu maldita sangre limpia pisoteada y vejada, ahora no te hagas el sorprendido", le decía su conciencia, la única y más cruel de sus compañeras.

Se levantó lentamente y comenzó a deambular por la reducida estancia de un lado a otro tratando de pensar con claridad. Lucius era muy apuesto, alto y bien parecido, sus ojos eran inmensos pozos helados en los que sumergirse y su desdeñosa sonrisa aún era capaz de vencer cualquier obstáculo, como antaño. Pero él no era el mismo: parecía derrotado e indefenso.

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La Luna llena iluminaba una pequeña celda en la que una hermosa mujer de largo cabello oscuro lloraba amargamente. Bellatrix Lestrange intentaba no pensar, de nuevo se veía recluida entre aquellos muros donde ya estuvo en otros tiempos, por doquier se veían las marcas de entonces, pero ahora algo había cambiado: los dementores no estaban recordándole una y otra vez sus más ocultos temores y los peores momentos de su vida., aunque eso ya no importaba, muchos de ellos se habían hecho realidad.

Su señor había caído, y ella con él, pero no importaba, había conseguido estar al menos unos años más con él, "si en este momento muriera, sería feliz, al menos pude tenerlo" pensó observando la lúgubre sala en la que se encontraba y pensando que él estaría a pocos metros. Bellatrix había amado a Tom Riddle desde el mismo momento en que le vio, había estado enamorada de él durante todos estos años y se había conformado con el amor que él le había dado. A pesar del tiempo transcurrido, no podía olvidar el momento en el que Tom le confesó sus planes, cuando su amado se convirtió en el terrible Voldemort y ella se vio obligada a seguirlo. Desde entonces su única preocupación había sido estar a su lado, incluso a pesar de cometer los peores crímenes, pero nunca, NUNCA le había abandonado. Cuando se vio obligada a contraer matrimonio se juró a sí misma guardar su amor donde nunca nadie pudiera destruirlo, hasta el día en que su espíritu fuese libre para seguirlo.

Tras su matrimonio, su mundo no tardó en hundirse cuando Voldemort cayó la primera vez, pensó que lo había perdido para siempre, que la muerte se lo había arrebatado, pero en su interior crecía la esperanza de que no fuese así, de que él, tan inteligente y astuto hubiera planeado vencer a la muerte y así fue. Cuando regresó era más poderoso y ella le amaba más aún después de haberlo perdido, realmente era feliz. Pero ahora, recluida allí volvía al punto de partida.

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Se oían unos gritos sobrehumanos, gritos desgarradores de rabia e impotencia y golpes en las paredes. Los carceleros, a pesar de llevar su varita mágica y de que el prisionero estaba desarmado aún temían acercarse a aquella celda. En su interior un hombre alto y delgado, de ojos rojizos gritaba y maldecía mientras golpeaba con los puños cerrados las paredes como si quisiera destrozarlas. Su piel era totalmente pálida y este rasgo se acentuaba a la luz de la Luna.

"¡Yo… yo - gritaba- soy Voldemort! El mago más temido del mundo, y nadie me detendrá", tenía accesos de rabia incontrolada, este era uno de ellos. Durante el último habían tenido que hechizarlo para poder administrarle un calmante ya que la población de la prisión le temía. De repente, unos pasos se apresuraron por el corredor que llevaba hasta su celda y varios magos armados con varitas aparecieron en el umbral.

- Señor Riddle, cálmese, no nos obligue a…. –comenzó uno de los empleados a hablar.

- ¿Qué no le obligue a qué? –Voldemort estaba mirando hacia la ventana y, al sentir el ruido de la puerta se había girado poco a poco provocando que a todos se les helara la sangre. Tenía una mirada asesina y una sonrisa cínica se había dibujado en sus labios.

- Señor Riddle –habló otro de los carceleros, más alto y fornido que el anterior- no queremos tener que emplear otros métodos…. –continuó haciendo hincapié en la palabra otros. Si en ese momento hubiera sabido lo que estaba a punto de ocurrir, nunca hubiera pronunciado aquellas palabras.

Voldemort se volvió a girar como si nada hubiera ocurrido lo que devolvió algo de confianza a los guardias. De repente se giró y gritó "Accio", una varita voló hacia sus manos provocando el pánico entre los magos que allí se encontraban. "Petrificus totalis" gritó y todos quedaron petrificados, observando con auténtico terror como estaban a merced de aquel ser depravado. Voldemort comenzó a reírse como un loco, miró la varita que tenía en sus manos y se dispuso a gritar "Avada Kedavra" sobre sus víctimas, sin embargo algo se lo impidió.

- ¡Cruciatus! –Voldemort cayó al suelo entre grandes gritos y aspavientos retorciéndose en el suelo de dolor.

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En fin ¿qué os ha parecido? Espero que en los próximos capítulos pueda avanzar un poco más, lo que ocurre es que quería mostar un poco como habían quedado los mortífagos pero no me lio más...Besos