Disclaimer: Definitivamente NO soy jotaká. Ni pienso como ella, ni me pertenecen los personajes. Ella da los ingredientes y las indocumentadas como yo escriben cosas así.
Rating: R, quizás. Es corto, pero si tienes imaginación...
Aquellas afortunadas que hubieran podido compartir una noche entre las piernas de Sirius, siempre dirían (pasaran los años que pasaran, corrieran los tiempos que corrieran, fueran de la orientación sexual que fueran) que era El Dios. Una leyenda, como Elvis con el rock o Miguel Ángel en la escultura. Las malas lenguas siempre afirmarían que es debido a la práctica (que, como Sirius nunca se cansará de repetir, "¡no fueron tantas, coño!"), otros dicen que lo lleva en los genes. A decir verdad, nunca sabremos si es cosa del apellido Black o no, pero aquellos últimos quizás sean los que probablemente se acerquen más a la realidad. Y eso que no conocen todo.
Cuando Sirius ha estado con chicas, en su "etapa loca de la juventud", apenas dio una milésima parte de sí mismo. Porque no se entregaba, no hacía uso de sus plenas capacidades, era simplemente para pasar el rato. Algo que ha descubierto con Remus es que, dios, si hubiera querido follar a alguien de verdad, hubiera sido capaz de romper y recomponer a esa persona tantas veces como hubiera querido y sin despeinarse. Tal vez sea una bendición de los cielos aquello que surgió con Remus; supondría un peligro menos para el mundo y un arma menos de destrucción masiva en el universo. Sirius no es un Dios del Sexo, es el maldito Apocalipsis de la cordura.
Aunque no es que lo haga cuando quiere. El componente genético del asunto sale porque, si él quisiera demostrar cuánto vale, no podría, a petición. Con el paso del tiempo (y de las lunas, de las estaciones, de las transformaciones y de los cambios) se ha convertido en un mecanismo de defensa. Aquello que aparece cuando no sabes qué hacer, qué decir, si tu presencia es bien recibida o si eres la última persona que debería estar allí. Y se da cuenta con Remus, cuando está en "sus días", y sabe que el mundo se les viene abajo (porque Sirius siempre estará con él, ante cualquier cosa) y que, si ni Lily ni James ni el maldito jazz han podido arreglar la situación¿qué va a poder hacer él?
Pero lo acaba haciendo. De cualquier forma, en cualquier lugar, el resultado es el mismo. Empieza con un "esto se me da mal" ("no tienes por qué hacer nada"). "Eres mi jodido licántropo, no intentes mentirme" ("no puedo evitarlo"). "Vamos a superarlo" ("¿Tú también? Ni que mi desequilibrio sentimental te incumbiera"). "Pues claro que lo hace, capullo, por algo te quiero" (""). "Vamos" ("no digas cosas que no sientes solo por animarme"). "No me vengas con mamonadas, Lupin, si te lo digo es porque lo siento. En mis 17 años de existencia, NI UNA VEZ le he dicho eso a mi madre, ni a mi padre, ni a mi abuela, ni a Dios. Joder, Lupin, sabía que eras un capullo, pero¿subnormal también? Andas despachado, hijo" ("¿pretendes subirme la moral a base de insultos?"). "No, a base de insultos intento hacerte entender que te quiero, pedazo de marica sin autoestima" ("...Sirius"). "Dime" ("eres gilipollas").
Es en esas ocasiones, cuando ni si quiera sabe si un "te quiero" funcionaría, cuando lo hace. Cuando lo aprisiona, con la mirada vidriosa y sin su sonrisa característica, le coge las caderas y vierte su alma por la boca. Con un beso así, un beso de "voy hacerte esto porque no sé hacer otra cosa", si no fueras Remus Lupin (que lo ha acabado consiguiendo mediante la dura práctica), te correrías antes de cinco segundos -y hasta Remus a veces cree que no puede contenerse-. Sientes que se vuelca en ti, que te da la vuelta y que, tras vender su alma al diablo para poder hacer cosas como esa con la lengua, aún tiene fuerzas suficientes para sostenerte, con una mano en la cintura (para que no te vayas) y con otra en el cuello (para que no te rompas). Solo un beso y quedarías atado a ese cuerpo, entregado a ese ser, de por vida. Remus tiene práctica en besos así, y tampoco es que temieran demasiado la perspectiva de quedar malditos el uno con el otro.
Un beso y te desarma. Dos, y te empalma. Al tercero no sabes si llorar o gemir o suplicar por que acabe esa tortura, aunque tienes claro que cualquier opción tendría el mismo resultado: nada. Porque con tan solo tres besos y eres suyo, uno más y estás a sus pies. En el quinto cualquier persona corriente se moriría, de forma total e irreversible, pero en eso de sobrevivir Remus es bueno, y digamos que tiene un pacto silencioso con Sirius. 'Si no me matas podrás seguir intentando hacerlo. Todas las veces que quieras'.
Sirius nació para la buena vida. Que te dieran todo hecho, que otros se encargaran de los problemas, que los sentimientos se los quedaran las novelas de tapa rosa. Pero la realidad, pura y dura, duela o no, es que en el momento en el que dijo "Lupin¿eh? Me llamo Black. Sirius. Digo primero mi apellido para que sea lo primero que se te olvide", renunció a todo aquello. La realidad también dice que si uno no tiene ni puñetera idea de sensibilidad, todo lo referente a ella no va a aparecer de la noche a la mañana. Por eso se desnudan con ansiedad, le marca cada centímetro de su cuerpo con saliva que sabe a sangre y a dolor y a, para qué engañarnos, sexo. Lo envuelve, lo posee y con un ritmo pausado, hace que cada célula de su cuerpo baile frenética a su propio son, pero no rompiéndose, sino reconstruyendo poco a poco las heridas que los años han causado en su frágil cuerpo y que nadie se ha molestado en arreglar.
En un principio tenía miedo. Miedo de hacerle daño, miedo de estropearlo, miedo de sus propios sentimientos y miedo del futuro. Todo era "¿duele?" y "¿te hago daño?", "avísame si te molesto" e incluso "si quieres paramos". En un principio eran como niños que aprenden a andar, se sujetan de una barandilla y temen dar rienda suelta a sus pies, no fueran a caerse – ritmos lentos, preguntas innecesarias, preliminares que tal vez no funcionaran (porque sólo se debían al temor), caderas separadas y movimientos torpes. Ahora, si se sujetan a barandillas, es porque follar de pie en una escalera es difícil sin caerse.
- ¿Tanto duele ser marica, o es que me paso de sobreprotector?
- Siento decirte que lo segundo, Sirius.
- Ah… ¿Pero duele?
- Sí. Pero nunca te lo diré en el momento, así que ahórrate saliva.
- Como quieras. El día que te rompas, no me dirás lo mismo.
- No me romperé.
- ¿Lo probamos?
- Inténtalo.
Cuando se dejaron de preliminares, de "¿seguro que quieres?" y "podemos dejarlo" fue cuando descubrió verdaderamente su 'poder'. El momento en que Remus gimió (y él no gime) y gritó (y mucho menos grita) y que se corrió tres veces sin apenas Sirius tocarle. Fue sudor, calor, caderas sin apenas despegarse, embestidas lentas y mordiscos en la nuca. Fue "joder, jodersiriusjoder" y horas de blasfemias entre suspiros y un abrazo eterno. Aquel día, Remus se sintió un poquito mejor consigo mismo, y Sirius lo supo, o descubrió, mientras fumaban a oscuras.
Algunos usan el humor cuando se sienten invadidos; otros, se hunden. Sirius O. Black, en cambio, cuando siente que las cosas escapan de su cauce, se remite a los instintos más primitivos, que son los que suelen funcionarle. Cosas como "comamos chocolate, te encanta", "te quiero, aunque no me creas" y "voy a follarte de tantas maneras distintas que no sabrás dónde empiezas y donde terminas". De momento, le va bien. Se puede decir que es así como ha conseguido que subsistan y que, aún tras años, "siriussirusremus" siga retumbando en distintas paredes por todo Reino Unido. Cuando la Luna o el Destino te hacen una putada, ahí está él, para atacar, marcar territorio y ganar batallas. Por algo se apellida Black.
Notas de la Autora
Este drabble lleva escrito MESES, y debería haberlo publicado hace un montón. Se lo debo a a Noa, patrona de las zorras inspiradoras, que se merece cientos de fics mejores que el mío. Gracias por leer, gente n.n
