¿Un Ángel? ¿Una Diosa? ¡No! Eres la Chica a la que Quiero
Regresábamos de una misión cuando un ruido entre los árboles nos alertó, pero antes de que pudiésemos darnos cuenta para hacer algo una sombra cayó sobre nosotros. Mi compañero que fue el que se libró de casi todo el peso de lo que nos habóa cogido encima, al notar cómo venían más hacia donde nos encontrábamos lo agarró y tirando de mi nos alejamos rapidamente de ese lugar buscando alguna zona oculta donde poder escondernos y estudiar lo que nos había caído encima.
Por fin encontramos una gruta escondida en un barranco, allí aún quedaba algo de agua de lluvia almacenada, mi compañero se marchó un rato para asegurarse de que estaríamos seguros allí. Mientras, yo, me encargaba de aquella figura, en seguida me di cuenta de que se trataba de una kunoichi, su ropa estaba bañada en sangre, tenía heridas por doquier y sus reservas de chakra estaban al mínimo, rasgué un poco de tela y la empañé en el agua con el fin de que me sirviese para quitarle la sangre de la piel. Tal y como iba eliminando la sangre medio seca iba descubriendo una piel dorada, de vez encuando soltaba algún gemido cuando rozaba alguna de las heridas, pero parecía que se encontraba demasiado exhausta como para despertarse completamente, y aunque lo hiciese, estaría completamente indefensa.
Cuando por fin la sangre había sido limpiada encontré de nuevo aquel aroma a Iris, muy ligero, distorsoniado con el olor a sangre, dirigí mi vista hacia la mujer, si, ese aroma provenía de ella, sin embargo cuanto más la observaba me parecía más niña, su rostro estaba endurecido por la soledad y el miedo, su pelo recogido de modo infantil, su cuerpo demasiado bien para que fuese una niña, pero aún no era el de una mujer. Ligeramente pude ver el color de sus ojos cuando despertó fue como ver el mar en sus ojos, la misma inmensidad, la misma sensación de vacío. Parecía que aun estaba demasiado débil, demasiado dolorida y falta de chakra, cuando poso sus ojos en mí tenía una expresión tranquila, daba la sensación de estar resignada a una muerte retrasada ligeramente. No dijo nada, volvió a cerrar los ojos y giró ligeramente el rostro hacia el lado opuesto al que me hayaba.
Mi compañero no tardó en regresar y confirmó la seguridad en ese lugar, al menos durante unas cuantas horas, parecía ofuscado por habernos desviado para "rescatarla" de sus perseguidores y estar ahora en esa situación. Como si yo estuviese feliz por esta situación, a veces no sé como somos compañeros, aunque luchar con él a mi lado es mucho más sencillo que si fuese cualquier otro. Tratamos de ponernos de acuerdo sobre la joven, dejarla ahí era como abandonarla a su suerte, llevárnosla con nosotros demasiado complicado y llevarla a alguna aldea demasiado arriesgado. No entendía porque conseguir que sobreviviese nos parecía a ambos algo fundamental, me preguntó si él también conoció a alguien como ella a partir de aquel lago.
Finalmente acordamos llevarla con nosotras hasta las inmediaciones de la base, hablaríamos con el jefe y allí su destino sería elegido, fuese cual fuese sería así.
