¡Danza con Kodachi!
Parecía que la chica ya se encontraba algo mejor, aunque demasiado débil para llevar sus armas y con el chakra aún algo inestable, mi compañero se cargó todo el armamento de la kunoichi como si tal cosa a pesar de pesar sus buenos veinte y algo kilos, yo me quité capa y sombrero guardándolos en mi bolsa de viaje y me la cargué a corderetas con las manos cruzadas en la espalda para que el trayecto fuese menos pesado para ambos, en caso de que nos atacasen sería más fácil defenderme de este modo a pesar de que parezca algo más complicado, la kunoichi a pesar de ser consciente de todo lo que estábamos haciendo no dijo nada, cuando rasgué su yukata palmo y medio por debajo de sus caderas no soltó ni una palabra. Cuando me agaché para que se subiese lo hizo sin rechistar rodeándome el cuello con delicadeza, su aroma en ese instante me rodeó de un modo embriagador.
Nos movíamos deprisa, a pesar de algunos trompicones ella se ajustaba de tal manera que no molestaba a ninguno de mis movimientos, toda ella parecía acoplarse de forma perfecta, daba la sensación de no pesar absolutamente nada, un par de veces pude notar como apoyaba su cabeza en mi hombro derecho y respiraba con tranquilidad, no lo entendía del todo como podía confiar de ese modo en alguien que no conocía y sabiendo que todo el mundo ninja conocía de la existencia de Akatsuki y la ropa por la cual era fácil identificaros, capas negras con nubes rojas y un sombrero, además del típico anillo. Era deducible que ella sabía que pertenecíamos a Akatsuki, ¿entonces? Noté como se sujetaba un poco más a mi casi en el mismo instante en que varios ninjas aparecieron con la cara cubierta por las típicas mascaras de Anbu y sus armas listas para luchar.
Mi compañero se acomodo el fardo con las armas de la chica y agarró su arma amenazadoramente, yo activé mis propias armas para la batalla, noté como ella se soltaba de mí dejándose caer al suelo y con una habilidad increíble agarraba una de sus armas. Parecía que esos no eran nuestros perseguidores, sino sus perseguidores. Su mirada presentaba su decisión a luchar, mi compañero la miró de reojo mientras controlaba cada ligero movimiento de nuestros asaltantes, él y yo ejecutamos nuestros diferentes ataques mientras ella se lanzaba contra un par de Anbu su rapidez para ejecutar movimientos era impresionante, la forma en que atacaba con sus kodachis era como una danza inimitable. En poco tiempo todos habían quedado esparcidos por la zona, ella nos observaba a ambos, su cuerpo parecía luchar por mantenerla de pie y su rostro se mantenía observando un vacío. La agarramos y nos alejamos de allí más rápido que antes. Las cosas quizás fuesen más entretenidas que de costumbre.
