Muñeca de Cristal

Cuando finalizó el masaje se metió al baño, sinceramente aquello me estaba resultando bastante excitante, oí el agua de la tina cuando se lavaba el pelo y antes que empezar a espiarla, que sería lo más normal en caso de algunos.., decidí vestirme un poco más y liberarme de esa toalla humedad antes de coger un constipado. Tardo menos de diez minutos en salir del baño con la toalla ceñida al cuerpo, observé su yukata doblado cuidadamente junto a su ropa de miembro, con eso no podría dormir, me acerqué a uno de los armarios y le di una de mis camisetas negras, de sobras era evidente que le iba a quedar grande y ella lo supo en cuanto la desdobló, me miró un instante antes de volver a meterse al baño para ponérsela encima y volver a salir. Bueno, el resultado no fue muy.. relajante… con toalla ya había sido difícil mirarla, pero ahora, la camiseta casi mostraba más de lo que tapaba. Tenía la cara relajada ajena a lo que esa escena podía resultar, bueno… eso iba a ser complicado, lo que más me refrenaba era el pensar que era como unos diez años, mínimo, menor que yo.

Puesto que tenía sus cosas en la parte derecha de la cama decidí tumbarme en el lado izquierdo de espaldas a el lugar que ella ocuparía, sin embargo no la noté tumbarse en la cama. Abrí los ojos y me la encontré de pie como si estuviera pensándose si tumbarse o simplemente sentarse, no le de más importancia y volví a girarme, casi inmediatamente la noté tumbarse y ya me relaje por completo hasta que noté sus manos aferrándose a mi camiseta y acurrucándose en mi espalda. Abrí un poco los ojos y la oí rogarme con la voz quebrada que la dejase permanecer así, un nudo se me formó en la garganta, aquel contacto estaba empezando a desquiciarme aunque al oír su voz apagada y arrimarse un poco más todo se desvaneció, me giré quedando cara a cara con ella y sin mirarla con los ojos cerrados la abracé juntándola más. Antes de dormirme ya por completo oí un suave y dulce "gracias".

Debían de ser las seis de la madrugada cuando noté como una mano me acariciaba la cara, era una sensación tan agradable que no me atrevía a abrir los ojos, mas, finalmente, decidí hacerlo, observé el rostro más bello que hasta ahora hubiese podido vislumbrar, lo único que impactaba y rompía esa paz eran unas lagrimas cristalinas, la observé más detenidamente, estaba completamente dormida, sin embargo aquellas lágrimas… no eran solo por un sueño, algo más debía de estar oprimiéndola para que llorase aún dormida, mientras veía como caían esas cristalinas lágrimas notaba como se aferraba más a mí, como si tratase de que aquello que en sus sueños aferraba de igual modo fuese a separarse de ella y ella no quisiera que algo así sucediese.