Bueno…que llevaba mucho tiempo sin escribir…y bueno creo que este es un capitulo bastante largo, pero aún así espero que os guste. Gracias por leerlo!
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-¡¡¿¿QUÉEEEEE??!!-exclamaron seis voces al unísono.
-Sí, chicos-confirmó Tonks-.No pensareis dejar a Malfoy aquí solo, ¿verdad?
-Pues hombre, la verdad es que no me hace mucha gracia tener que pasar el fin de semana con él-dijo Harry, pues el moreno siempre tenía presentes los insultos del rubio hacia él y sus amigos.
-Potter-replicó el chico de los ojos grises-, ¿te piensas que yo tengo de aguantarte a ti, y a tus amigos durante dos días? Pues va a ser que no y como comprenderás pienso hacer lo posible para que este fin de semana pase rápido, volvamos al colegio y no nos veamos las caras mucho más, ¿te parece?-dijo extendiéndole la mano derecha. El ojiverde lo pensó unos segundos y aceptó, estrechando la mano de su némesis. Ambos decidieron que si, obligatoriamente, tenían que convivir juntos, pues entonces tendrían colaborar juntos para que esa convivencia fuera más llevadera.
-Así está bien-exclamó Arthur Weasley-. Os divertiréis mucho en la Casa de los Gritos, podríais incluso hacer una fiesta…
-¡Arthur Weasley, no les des ideas!-gritó la señora Weasley ocasionando varias carcajadas por los seis chicos y de la pareja que los escuchaban
-…pero Molly…
-Ni Molly ni porras, si le destrozan la casa a Remus, será culpa tuya.
-Molly, no te preocupes, hemos puesto un par de hechizos de auto limpieza, para que eso no ocurra-dijo Remus sonriendo.
-¡Buaaaaaaaah!-se escuchó un bostezo proveniente de la parte en la que se encontraban los chicos, Ron, que tenía el estómago lleno, empezaba a tener sueño, con lo que la señora Weasley los mandó a todos a la cama, yéndose ellos también a la suya, no sin antes despedirse de los gemelos, que se iban a su piso, y de Tonks y Remus, que dormirían en el apartamento de la metamorfomaga.
Después de una media hora, una desvelada Ada bajaba silenciosamente las escaleras hacia el comedor para no despertar a sus compañeras de habitación, en sus manos llevaba una manta, la que debería arroparla en su cama, y un libro para leer. Una vez hubo llegado al comedor, se sorprendió porque no estaba vacío, un rubio con los ojos grises estaba sentado en el sofá mientras escribía en lo que parecía un diario, de hecho el chico ni la había oído llegar, pero eso también podría ser debido a que la joven castaña tenía la gracia de un gato a la hora de andar, con lo cual era casi imposible escuchar sus pasos.
-Parece que los Malfoy también padecen insomnio-susurró la chica, provocando que el mencionado se sobresaltara al escuchar su voz.
-No menos que los Dumbledore-siguió la broma, haciendo que la chica sonriera, y que él se embobara mirándola.
-…foy…Malfoy… ¡Malfoy!-exclamó la chica, ya impaciente, por la inesperada sordera del ojigris.
-¿Qué?-preguntó él saliendo de ese extraño trance
-Te estaba preguntando que qué haces aquí a estas horas y no estás en la habitación durmiendo.
-Bueno, pues lo primero es que antes de dormir siempre escribo algo en este cuaderno que me regalas… ¡regalaron! cuando era pequeño y segundo, en Slytherin tenemos habitaciones individuales, por lo que estoy acostumbrado a dormir solo, ¿satisfecha heredera de Rita Skeeter?-eso volvió a provocar una carcajada por parte de Ada, que esta vez, inexplicablemente, sonrojó al rubio.
-Más o menos-dijo ella y de repente cambió el semblante sonriente, por uno bastante más serio-. No me iré de este comedor hasta no saber tu color favorito, tu comida preferida, el número de novias que has tenido, el motivo que te impulsa a comportarte así de distante con todo el mundo y a qué sitio te gustaría ir a pasar las navidades este año-enumeró Ada mientras iba alzando sus dedos, viendo la cara de sorpresa del chico cuando acabó, añadió-: Era una broma, no soy Rita Skeeter, ni de lejos, jeje.
-Vale, entonces veamos… Azul, tortitas con chocolate caliente y nata, ninguna, me han educado así, y me da igual el lugar siempre y cuando sea tranquilo. Eso era todo, ¿no?-preguntó el rubio después de hacer memoria. La chica se sorprendió de la gran capacidad memorística del Malfoy que tenía delante, pero mucho más de que Draco accediera tan fácilmente a responder sus preguntas.
-…mmm… Creo que sí-dijo Ada, lentamente, pues seguí anonadada por lo sucedido hacía un momento. Tal vez Malfoy no fuera tan malo. Pero le apareció la sombra de la duda ante una de sus respuestas, no dudaba de su sinceridad en las otras, pero había una que le era imposible creerse-. Dra… Malfoy, estás siendo totalmente sincero, ¿verdad?-él asintió con la cabeza- Pues entonces, ¿por qué me dices que no has tenido ninguna novia?
-Pues porque no la he tenido nunca…
-¿Y Parkinson?
-Nada.
-¿Y las demás chicas?
-Como mucho un par de besos, pero nada serio-y de repente como si alguien hubiera encendido la luz, preguntó-: Y, ¿se puede saber por qué estás tan interesada en mi vida amorosa?
-No sé, eres un sex symbol, pensé que debería ir rompiendo corazones por ahí, peor ya veo que no-dijo con una sonrisa.
-…a mí…
-¿Qué?
-…que eso que dices…me pasó a mí
-¿Lo de romper corazones?
-Sí, de pequeño estuve enamorado de mi mejor amiga, pero nunca le dije nada y hace un par de años, descubrí que por culpa de nuestros padres…todo era distinto
-Bueno, piensa que al menos pasasteis bueno ratos juntos, ¿verdad?
-Sí-susurró Malfoy con una sonrisa melancólica y la mirada perdida
Había pasado cinco minutos, en los cuales Ada se había dedicado a observar detenidamente a Draco, que estaba recordando algo sucedido hacía varios años…
Flash back
-Vale, si yo pierdo, me pinto el pelo de azul con magia para que no se vaya-decía una niña de unos cuatro años.
-Está bien, y si tú ganas, lo hago yo, ¿vale?-añadió un niño rubio y con unos bonitos ojos grises.
-Trato hecho-dijeron ambos niños a la vez chocando las manos.
Habían apostado a ver quien de los dos lograba cazar más lechuzas, que vivían en el campanario del lugar donde estaban veraneando ambos niños, pero aunque la niña no tuvo ningún problema para comunicarse con ellas, pues podía modificar sus cuerdas vocales de tal forma que pudieran entenderla cualquier tipo de animales, en este caso lechuzas, su amigo había veraneado por esa zona tantas veces que las lechuzas le tenían cariño, por lo que se escapaban del cerco de la chica, y se iban junto al pequeño Draco.
-¿Sabes una cosa? Me alegro de haber perdido, porque tu pelo es muy bonito y no me gustaría que lo estropeases-dijo la niña riendo mientras sacaba la varita de su padre del bolsillo.
-Pero el tuyo también es bonito, me recuerda al chocolate de las tortitas que tanto me gustan.
-Draco…yo no creo que pueda hacerlo… ¿Me tintas tú el pelo?
El chico no quería hacerlo, porque el pelo de ella, le había encantado siempre, tenía ese tono castaño chocolate de su dulce favorito, y además desde que podía recordar, siempre había llevado el pelo largo, lo cual hacía que Draco se arrepintiera por adelantado del hechizo que iba a pronunciar.
-¡Tornate blusi!-mientras el hechizo hacía efecto, la chica comenzó a reír, pues le hacía unas cosquillas tremendas, pero una vez éste hubo acabado, el que se reía era Draco, pues entendía perfectamente que había pasado.
El pelo color chocolate de ella, seguía más o menos intacto, o eso parecía, si mirabas a la niña desde detrás, pero mirándola de frente, se veía un mechón azul que ocupaba su largo flequillo, pero ambos chiquillos hubieron de admitir que quedaba muy bonito.
Cuando él llegó a casa, se encontró una nota de la chica, la cual la había mandado con la lechuza que Draco le había prestado, una lechuza de color negro y con reflejos azulados.
Draco:
¿Sabes? Papá no se ha enfadado por lo del pelo, ni por lo de tomarle prestada la varita, de hecho se ha echado a reír, pero me ha dicho que esto durará siempre,
y, ¿sabes por qué es? ¡Porqué nuestra amistad va a durar mucho!
Me lo ha dicho papá, y estoy segura de que es verdad.
Nos vemos mañana
A fairy
Fin del Flash back
Parecía mentira, peor todavía cuando veía ese mechón azul le entraba la risa, pues desde aquel día, había adornado el pelo de la chica, aún a pesar de que su amistad no hubiera durado o mismo.
Draco miró a la chica que estaba sentada en el sofá de enfrente suyo y descubrió que Ada llevaba un buen rato mirándolo.
-Bueno, y tú, ¿qué?
-¿Yo?-se señaló ella con el dedo-. ¿Qué de qué?
-¿Pues que va a ser? ¿Que qué te cuentas? Ahora es mi turno de preguntar.
-Jajaja, pues la verdad, no sé. No tengo mucho que contar que no sepas. Mi padre murió hace poco, y lo del admirador secreto ya lo sabes también.
-Y, ¿Qué piensas hacer? ¿Vas a responderle a la carta?-Dijo Draco evadiendo el tema de la muerte del ex-director de Hogwarts.
-No lo sé, cuando me choqué con él, sentí algo especial, como si miles de hadas estuvieran anidando en mi interior…
-…te entiendo…-susurró él, y la animó a seguir con un gesto de su mano.
-Y, bueno pues es que me gustaría responderle, pero ¿y si todo es una broma? Porque no me creo que Julius, perdón, el profesor Hidronio vaya detrás de mí, en eso estoy de acuerdo contigo. No creo que sea alguien que conozca.
-¿Y por qué no pruebas a mandarle una carta como si fueras una amiga? Sin sentimientos importantes, me refiero-la chica lo miraba extrañada, por lo que Draco añadió-: Sí, bueno, verás… es que yo siempre he dicho que el mejor comienzo para una relación seria es la amistad, o si no…mira a Granger y a Weasley…
-Ellos no son nada…
-Todavía-dijeron Ada y Draco a la vez, lo que los hizo estallar en carcajadas
-¿Sabes? Tienes razón, mañana, cuando deshagáis las maletas en la casa de Remus, yo escribiré esa carta, ¿vale?
-Me parece estupendo, pero creo que lo mejor ahora, sería dormir un poco, ¿no?-la chica asintió con la cabeza y se acercó para darle un beso en la mejilla a Draco, mientras murmuraba un tímido:
-Gracias.
Cada uno se tumbó en el sofá en el que estaba sentado y se desearon buenas noches. Ada se sumergió pronto en el mundo de los sueños, cuando aún, un sorprendido Malfoy no dejaba de pensar en ese tímido beso de agradecimiento, pero aún así no tardó mucho en dormirse, con su mano apoyada en la mejilla donde había recibido ese beso que olía a manzana.
A la mañana siguiente, Draco se despertó a las seis de la mañana, eso no lo impidió el hecho de que estuviera hablando con Ada hasta las dos, miró hacía donde dormía la chica y la vio totalmente desarropada, como hacía bastante fresco, no pudo evitar acercarse y taparla con la manta, mientras recorría con los ojos el mechón azul que cubría su flequillo, lo rozaba con la mano y se acercaba a besarlo, la chica debió oler su perfume porque en un acto sumamente rápido e inesperado para el rubio, lo abrazó obligándolo a tumbarse en el sofá para no despertarla. Mientras se tumbaba lentamente, Draco sonreía pues sabía que su olor le había resultado sumamente familiar a la chica, sobretodo porque aquella niña de sus recuerdos era la misma que ahora dormía a su lado.
La primera persona que bajó al comedor, se encontró con que la chimenea ya estaba encendida, y toda la habitación caliente, la explicación quedaba clara nada más ver el sofá situado al fondo del comedor cerca de la ventana. Draco y Ada, vestidos (N/A: no penséis mal!! xDD) dormían abrazados enfrente de la chimenea, y arropados con la manta de la cama de ella. La suerte que tuvo Draco fue que quien bajó fue la señora Weasley y conocía el pasado de ambos, por lo que para evitar algún escándalo, despertó al chico y lo guió hasta la cocina, donde le preparó un suculento desayuno a base de chocolate caliente y tortitas con caramelo.
Draco, durante ese verano, había aprendido lo que era la mágica. Había visto como magos y brujas de todas clases, familias y sangres luchaban contra un enemigo común, además había empezado a apreciar a las personas que visitaban el cuartel de la Orden del Fénix, un ejemplo era la señora Weasley, con la que mantenía una estrecha relación, ya que ella era una de las que más lamentaba la muerte de su madre, y la que más se preocupaba por él. Draco, por fin, se sentía querido en algún lugar, y lo extraño era que había sido con la gente a la que hacía años que repudiaba. Pero aún así por pura costumbre seguía insultando al trío de oro, a Ginny y a Ada.
Cuando Hermione y Ginny despertaron, reaccionaron de la misma manera que Harry y Ron, se sorprendieron de que hubiera una cama vacía en la habitación, aún así se vistieron rápidamente y bajaron a desayunar. Donde se encontraron a un Draco y una Ada muy animados, inclinados, cabeza con cabeza, sobre un trozo de pergamino. La chica todavía estaba desayunando, pero como había visto que sus amigos tardaban en despertar, decidió con ayuda de Draco, escribir la carta para su "sanador particular". Ambos se reían y, a la vista de las chicas, los ojos de los dos brillaban de una manera muy extraña cada vez que se miraban. El cuarteto formado por los dos pelirrojos, la castaña y el moreno, se acercó a mirar qué escribían, de manera que Draco se apartó un poco del grupo, no quería estorbarle esa pequeña felicidad a Ada, pero se detuvo al ver la mirada de reproche de la chica. Ada les explicó lo qué escribí y el por qué lo hacía.
Una vez hubieron acabado todos de desayunar, todos pusieron rumbo al autobús noctámbulo, no sin antes escuchar una larga retahíla de lo que podía y no podían hacer, por parte de la señora Weasley, que después los obsequió a los seis con un beso y un abrazo bastante más fuertes de lo normal.
El autobús noctámbulo, como de costumbre, estaba lleno hasta los topes, pero por raro que pareciera, esta vez estaba repleto de estudiantes de Hogwarts, que sentados por grupos solo dejaban libres asientos por parejas y bastante alejados entre sí. Hermione y Ron se sentaron cerca del conductor, Harry y Ginny en los dos situados al final de la primera planta del autobús, y Ada y Draco al principio del autocar, pero en el segundo piso.
El trayecto se les hizo corto a los seis, quizá porqué lo era, o quizá, y más seguramente, porque todos hablaron de temas que les interesaban, Harry y la menor de los Weasley hablaban de su futuro como pareja. Hermione y Ron… bueno… ellos no hablaban, a pesar de que se comunicaban con los labios, por primera vez, habían podido se sinceros el uno con el otro. Y en cambio, mientras los cuatro jóvenes que se encontraban en la plante inferior se referían de una forma u otra al futuro, los dos chicos que estaban arriba hablaban del pasado, ya que Draco le preguntó a la joven con la que estaba sentado, el motivo del mechón azul que cubría su flequillo. Ada le confesó que solo recordaba habérselo hecho por una apuesta con un amigo, hacía mucho tiempo y que lo había tenido desde ese día, pero extrañamente, o quizá por los hechizos desmemorizantes de su padre, no recordaba a aquel niño.
-¿Y si yo supiera quién es ese niño? ¿Y si descubro quién es tu admirador secreto? ¿Cómo me corresponderías? –la chica se sorprendió y como consecuencia se ruborizó, y lo único que pudo contestar fue:
-¿Que te gustó el beso de anoche y quieres repetir?
-Puede ser, pero creo que te gustaría más a ti besarme.
-Todavía no lo he probado, pero yo creo que puedo vivir sin ello.
-¿Segura?
-Segurísima-él se acercó lentamente a su boca, pero en el momento en que los instintos de ambos los incitaban a cerrar ese espacio que los separaba lo más rápido que les fuera posible, Draco volvió a su sitio diciendo con fingida arrogancia:
-Pues si estás tan segura…-y le sonrió de forma traviesa.
Cuando la chica estaba a punto de replicarle por ese casi beso, Stan Stunpike les avisó que estaban a punto de llegar a Hogsmeade. Ambos bajaron rápidamente para encontrarse con unos acaramelados Ron y Hermione, y a Harry y Ginny con sus manos entrelazadas. Ese hecho hizo que los dos se sintieran un poco incómodos, pero decididos a pasar un buen fin de semana, no se preocuparon por ello. Ada felicitó a Ron y Hermione, pues se alegraba muchísimo de que por fin estuvieran juntos. Draco, en cambio, se limitó a asentir cuando Ron lo miró, a lo que el pelirrojo respondió con otra inclinación de cabeza. Los seis se apearon del autobús y se dirigieron con sus maletas a la Casa de los Gritos, Harry, que era quien llevaba la llave, les hizo creer que la había perdido, y cuando confesó entre carcajadas que sí que la tenía, se encontró levitando ante la varita de Ron, que le estaba "castigando" por su broma. Todos reían, incluido el castigado, pero en ese mismo instante, Draco sintió una mirada punzante en la nuca, que le hizo girarse muy deprisa, para descubrir a lo lejos a un malhumorado Lucius Malfoy que, con una muda advertencia, le decía que tuviera cuidado. Un escalofrío recorrió la espalda del chico, que para disimularlo, mencionó un hecho en el que ninguno había caído.
-¿Qué tal si entramos?
-¿Por qué? Si nos lo estamos pasando genial-dijo Ginny con un mohín de fingido reprochen sus labios.
-Porque todo el pueblo piensa que esta casa está abandonada y nosotros estamos jugando delante de ella y a punto de entrar, así que mejor entramos deprisa y sin armar mucho jaleo, ¿no?-replicó el rubio sacando la lengua. A lo que todos respondieron con una carcajada.
Harry abrió la puerta de la casa y entraron todos bastante deprisa, y lo que vieron los dejó a los seis con la boca tan abierta que cualquiera que los hubiera visto habría pensado que se les había desencajado la mandíbula inferior. Y es que Remus y Tonks no habían escatimado en ponerles lujos a la casa. Habían ampliado mágicamente el salón y la cocina, que a pesar de la apariencia muggle, tenía un lavavajillas mágico (N/A: imaginaros que recogía él solo los platos, y, por supuesto, los lavaba xDD), la nevera se auto llenaba, y el horno cocinaba según los deseos de los habitantes de la casa.
-Lo han hecho para que no estropeemos la cocina ni la hagamos explotar mientras cocinamos-le dijo Ron, con una sonrisa, a Harry.
Mientras, Ada y Ginny estaban en el baño, disfrutando del grifo automático y se reían porque el agua salía del color, olor y burbujas que quisieran. De pronto, Ada se acordó de una cosa, y salió corriendo hacía donde estaba Harry, para pedirle prestado a Hedwig, que estaba en la casa cuando llegaron.
Draco por su parte había buscado la habitación con su nombre, pues Remus le había indicado que así estarían distribuidos los dormitorios, pero cual fue su sorpresa al descubrir que solo había tres habitaciones y, para horror del ojigris, separadas por parejas. Las fue mirando…Potter y la menor de los Weasley. Granger y Weasley, y Ada y…¡él mismo!
-¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?! ¿Por qué siempre acabo durmiendo con ella? ¡Merlín! ¿Alguien es capaz de explicármelo?
-¿Explicarte qué, Malfoy?
-¿Me has escuchado Granger?
-Por supuesto, no has parado de gritar desde que has entrado en la habitación. Y, ¿se puede saber el por qué?
-Lee el letrero de la puerta-la chica obedeció y sonrió de forma traviesa.
-¿Te molesta dormir con ella?
-No...Sí… ¡No sé! Es que ya sería la segunda vez.
-¿Segunda vez?-Pregunto Hermione extrañada
Draco para responder a su pregunta tuvo que contarle toda la noche anterior, omitiendo algunos detalles un tanto vergonzosos para un Malfoy, como la debilidad después del beso de ella o, simplemente, que ella era la amiga de la infancia de la que había estado enamorado.
-¿Te gusta?
-Granger, soy un Malfoy, ¡no me gusta nadie!-pero la seguridad que él quiso darle a sus palabras se quedó en forma de sangre en sus mejillas.
-¿Eres tú?
-¿Quién?
-Su admirador, ¿eres tú?
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¿Qué tal? ¿Os ha gustado? ¿Será él? Opiniones en forma de review, jeje. Bueno a quien me lea…GRACIAS por leerme!
