Bueno, sé que muchos querrán matarme, por no actualizar antes…pero es que no he podido… Pero en fin, supongo que como no me lee mucha gente…tampoco habrán echado de menos este fic… Y bueno, jeje, sé que ella también se va a enfadar…pero a pesar de que mate por no actualizar antes, le dedico este capítulo. Nany, va por ti :P Y bueno, también para todos los que me leéis. Bueno, allá va!
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-¡Harry!-el chico se giró-¿Puedes prestarme a Hedwig? Es para mandar la carta que escribí esta mañana.
-¡Por supuesto! Y si ves que no te hace caso, dímelo
-No te preocupes, soy capaz de domar a cualquier animal-dijo ella con un gracioso guiño-"Hedwig, ¿puedes venir? Necesito que me mandes una carta"
La lechuza se sorprendió, nunca había escuchado a un humano hablar su idioma, pero se acercó, más por curiosidad que por otra cosa.
Ada le acarició el lomo, y el borde de las alas, memorizando cada pluma, cada hueso, ya que esa información podría servirle en un futuro. Mientras, le hablaba, y le explicaba la situación, y la lechuza escuchaba con atención. Ada le ató la carta después de besarla para darle las gracias, y Hedwig respondió con un picotazo cariñoso en uno de los dedos de la chica. Ada sonrió, y la lechuza en vez de dirigirse a la ventana, que se encontraba abierta, se dirigió a las escaleras y subió por ellas. Mientras en el rostro de la chica, se dibujaba una mueca de preocupación, Harry, que había observado la escena, le pasó una mano por el pelo, removiéndolo y la tranquilizó:
-No te preocupes, le gusta emprender el vuelo desde sitios altos.
-Malfoy, responde, ¿eres tú?
En ese instante una bonita lechuza blanca se posó en el regazo del interrogado, levantando la pata que sostenía un sobre. Draco sabía perfectamente qué era aquello, y antes de que a Hermione le diera tiempo a preguntar de nuevo, ya había desatado la carta y la estaba guardando en su baúl.
-Granger, por favor, ¿puedes dejarme solo? No me encuentro bien y me convendría descansar un poco.
-Está bien, y no te preocupes, no le diré a Ada nada de lo que sé-dijo la joven saliendo por la puerta y dejando al rubio tan sorprendido que le era imposible moverse del sitio. ¡Le había descubierto! Si no se hubiera decidido a mostrarle ningún sentimiento a la hija de Dumbledore, no estaría pasando eso.
Sumido en sus pensamientos, se puso la cazadora muggle de nuevo y salió a pasear por Hogsmeade, se detuvo después de un largo rato caminando, en la ventana de las Tres Escobas. Ella estaba allí, y, ¡por los fundadores de Hogwarts!, estaba sonriendo, alguien había dicho algo gracioso, y sus labios estaban entreabiertos formando esa sonrisa de la que se había prendado cuando todavía era un niño. Nada le atraía más que esa sonrisa dulce que tenía, parecía que le estuvieran ofreciendo una fruta madura, después de no haber comido durante semanas. Se sorprendió pensando lo mucho que le apetecía besar esos labios…
-Es preciosa, ¿verdad?
-¡Padre!
-Hijo, su padre la separó de ti, por tu destino, no luches contra él, únete a nosotros.
-¿Por qué? Mi des tino no está escrito, ella…ella…
-¿qué vas a decirme? ¿Que no significa nada para ti? Te he visto mirarla año tras año, ¿de verdad piensas que el Lord Oscuro no lo sabe? ¿De verdad pensabas que el viejo de Dumbledore no conocía tu destino, y solo es que no te quería como novio de su única hija? ¡Draco, no pensé que fueras tan iluso!-dijo Lucius Malfoy con una sonrisa cínica.
-¿Sabes qué padre? Me da igual lo que creáis tú y el capullo ese del Lord Oscuro al que sirves.
¡PLAAAAF!
Lucius Malfoy era un hombre frío y calculador, jamás se había rebajado a pegarle a su hijo, pero en ese momento temía tanto por su propia vida, Voldemort le había amenazado con la muerte si no lograba que Draco se uniera a los mortífagos, que no había podido escapar de su temor visceral, y había golpeado a su único hijo, pero no pudo prever, lo que pasaría después.
Draco, por fin había comprendido lo que significaba tener un hogar, ser querido y no pensaba olvidar eso a la fuerza, así que se rebeló contra su padre, y justo en el momento en que rozó el suelo, después del golpe de su padre, se levantó con una furia que solo le había atisbado a Potter cuando peleaba contra él.
Esa furia se había transformado en impulsos, y esos impulsos en una lluvia de golpes contra su padre, que los devolvía de manera continuada. Uno de esos golpes partió el labio inferior de Draco, y otro fue a parar a su estómago, haciéndolo caer al suelo, y en un último intento, dirigió su varita contra su padre y pronunció el hechizo que un curso atrás había dicho Potter en su contra, mas su padre son un simple cabeceo y un hechizo no verbal y sin varita, lo repelió y se alejó, dejando a un desmayado Draco en el suelo.
Ada estaba en la Tres Escobas, y se divertía, pero a pesar de que Hermione ya les había advertido que Draco se encontraba mal y que no iría con ellos, la joven sentía una extraña sensación en la boca del estómago, así que aprovechando la ocasión de que sus amigos eran parejas y ella estaba sola, se disculpó, y se dirigió hacia la casa, pero para disfrutar del buen día que hacía, decidió dar un paseo por el camino más largo.
Llevaba un rato caminando cuando descubrió un cuerpo tirado en el suelo, en el momento en el que reconoció a Draco, le dio un vuelco el corazón, porque creyó que los mortífagos lo habían matado. Temía acercarse y descubrir que su corazón no latía, pero el valor que el Sombrero Seleccionador había calificado como Gryffindor, la obligó a acercarse y tomarle el pulso. Cuando descubrió que, aunque débil, seguía teniéndolo, dejo escapar un suspiro de alivio tan fuerte que despertó al chico.
-Ada, ¿qué haces aquí?
-¡Shh! No hables y tampoco te incorpores. Te voy a llevar a la casa, y voy a curar tus heridas.
-No,…no lo entiendes….yo…no puedo…tengo que alejarme de ti…
-Tonterías. ¡Movili corpus!-Ada transportó a Draco lo más rápido que pudo a la casa, donde le tendió en su cama-. Ahora, cuéntamelo todo.
-No puedo…
-Malfoy.
-No puedo.
-¡Malfoy!
-¡Qué no puedo!
-¡Draco Malfoy! Como amiga tuya que soy te obligo a que me cuentes todo lo que ha pasado-él sonrió amargamente y procedió lentamente a contárselo.
Cuando finalizó su relato, a ella todavía le duraba la sorpresa inicial, y en ese momento sintió que sobraban las palabras, simplemente, se levantó y lo abrazó.
-¡Auch!-exclamó Draco mientras una mueca de dolor crispaba su rostro.
-¡Perdón!-se avergonzó ella y, rápidamente, se separó de él, dirigió su vista a las magulladuras que poblaban el cuerpo del chico que tenía delante y añadió-: ¿Sabes? Mi padre siempre decía que las heridas se curan mejor si se besan, y voy a utilizar ese método para que tus heridas se curen, ¿vale?-él no respondió, pensaba en lo que iba a suceder, ya que la chica no se había percatado del labio inferior que su padre había golpeado. Mientras ella comenzó a besarle las manos, los brazos, el estómago, el pecho, y todas las magulladuras y heridas fueron desapareciendo. Cuando la chica estaba mirando como una de las heridas que cubría el brazo de él se desvanecía, se incorporó y descubrió, con toda su sangre acudiendo a sus mejillas, que el último corte estaba en su boca.
-¿Qué pasa?-preguntó Draco abriendo los ojos, que hasta ese momento había mantenido cerrados debido al cosquilleo que le provocaban los labios de ella sobre su piel
-…umm…pues…-Ada siempre había odiado esa vergüenza innata que tenía en los momentos menos indicados-…esto…verás…
-¿Sí?-inquirió él, sabiéndose conocedor de la causa del sonrojo de ella.
-Pues que el último corte esta en tu labio inferior-dijo Ada de carrerilla.
-¿Y eso es un impedimento para que me cures?-¿qué le ocurría? ¡Tenía que alejarse de ella, no incitarla a besarlo!
-…es que…es que…yo nunca…
-¿Nunca has besado a nadie?-ella negó con la cabeza-. Entiendo-¡mejor, así no se lanzaría!
-¡¿Qué pasa?! ¡¿Vas a burlarte?! ¡Adelante! Sí, tengo diecisiete años y…-nadie supo nunca qué quería sumar Ada a sus diecisiete años, porque Draco la había acallado juntando sus labios a los de ella.
Él quería protegerla, quería alejarse de ella para que no le hiciesen daño, para que su padre no la usase como moneda de cambio para que él se hiciera mortífago. En el instante en que la besó supo, sin embargo, que eso no iba a serle fácil. el olor del cuerpo de ella, lo embriagó, en ese momento se sentía más humano, querido por alguien, pero aún así su cerebro seguía advirtiéndole el peligro al que la exponía.
Ella, en cambio, se sorprendió de la delicadeza con la que el chico, supuestamente arrogante que tenía delante, la estaba besando. Pero lo que más la atrajo de aquel beso fue lo extrañamente familiar que le resultaba aquella fragancia que en esos momentos la envolvía, y que provenía del cuerpo del rubio.
Aquel beso no era pasional, tampoco puro y casto, simplemente era la demostración del amor que, inconscientemente, sentían esas dos almas que ahora se encontraban unidas por los labios. No duró mucho, tampoco fue un beso corto, simplemente duró lo que tenía que durar
-…-Ada no tenía palabras, tenía demasiados ovillos de pensamientos que deshacer.
-Pues parece que tu padre no tenía razón-dijo Draco tocándose el labio todavía partido-. No me has podido curar el corte
-No creo que pueda curarlo
-¿Por qué?
-Porque…no puedo...no puedo… ¡no puedo concentrarme!-respondió Ada tan nerviosa que comenzó a temblar. Por toda contestación, Draco la estrechó entre sus brazos, y le susurró en el oído:
-Yo te enseñaré a curar-Ada se giró y observó el perfil de Draco, se sorprendió pensando que el chico era bastante atractivo. Él estaba pensando lo mismo de ella.
-¿cómo?-la voz de ella llegó directamente a la conciencia de él, mientras su aliento rozaba su cuello y provocaba un dulce estremecimiento por parte del chico.
-Así-murmuró Draco poco antes de volverla a besar, esta vez el corte de su labio empezó a sanar, mientras ella aprendía besar. Él abrió los labios de ella con un roce de su lengua, al igual que una llave en una cerradura, y mediante ese tímido juego, ella se lanzó en busca de la lengua de él, iniciando así una lucha en la que no existían bandos, maldad ni bondad, solo ese sentimiento en estado puro, un enfrentamiento de lenguas sedientas de la saliva del otro.
Este segundo beso fue más pasional, y cuando se separaron ambos tenían las mejillas sonrojadas y los labios más rojos y más húmedos de lo normal. A los dos les brillaban los ojos, los de ella tenían el color de una hoja después de la lluvia, y los de él, ahora, parecían una piedra sobre la que se estaba fundiendo la nieve del invierno.
En ese momento, Ada tuvo una visión de un recuero, bastante diferente de cómo lo recordaba antes.
Flash back
-¿ves como no? La masa del bizcocho no se hace así-decía un niño rubio de unos diez años.
-Pero es que a mí no me gusta el bizcocho con chocolate en la masa-replicó con timidez una chica con un mechón azul en el pelo y que parecía tener la misma edad.
-Ada…el bizcocho de chocolate… ¡no se puede hacer sin chocolate en la masa!-gritó él en broma agitando la tableta de chocolate para fundir, delante de las narices de ella.
-Ya…bueno…¿qué te parece si con ese chocolate…preparas unos brownies y yo te hago unas tortitas?
-Mmm…¡está bien! Pero sólo porque haces las tortitas mejor que nadie.
-¡Sabía que aceptarías! Es que me encantan tus brownies.
-Lo sé, cocino mejor que tú-dijo el chico manchándole la nariz con el chocolate que estaba fundiendo.
-¡Draco Malfoy! ¡Te arrepentirás del día en que me manchaste la nariz con chocolate!
Flash back
-Draco…hueles a bizcocho-sólo pudo decir esas cuatro palabras antes de desmayarse.
"¿Por qué ha recordado esa escena? El viejo de Dumbledore me borró de sus recuerdos, pero ahora acaba de recordarme, y lo peor de todo es que ha recordado que me encanta cocinar…¡como alguien se entere en Hogwarts!...¡Draco, cálmate! Sólo ha sido un accidente, lo ha recordado por algún defecto en el hechizo de su padre…"-se mentía, pues sabía que Albus Dumbledore era un gran mago y que era imposible que un hechizo suyo fallara-. "Además tienes problemas más graves de los que preocuparte... ¡Como el hecho de haberla besado!-ahora sí tenía un problema… ¡No podía salir con ella! Si lo hacía era exponerla a un grave peligro.
La chica tardó una media hora en despertarse y en el momento en que recordó lo que había pasado, se sonrojó como nunca. Draco la abrazó, pues la chica lo había asustado, y este acto provocó que ambos se sonrojaran aún más, algo un poco imposible, ya que ambos tenían el rostro del mismo color que el pelo de los Weasley.
-…yo…esto…quería decirte…-ambos comenzaron a hablar al mismo tiempo.
-Tú primero-susurró Ada con voz queda.
-No, mejor comienza tú-Draco no quería arriesgarse a hablar de un tema diferente al de ella.
-mmm..es que…yo verás…sé que mi padre me borró a mí la memoria, y que por eso no recuerdo a mucha gente, como a la señora Weasley, pero nunca hubiera imaginado que tú también estuvieras en esos recuerdos, Draco, ¿por qué no me lo dijiste?
-Tu padre me informó, pero pensé que el hechizo no iba a fallar, de hecho me advirtió que si me acercaba a ti era posible que éste fallara-bajó la mirada con sentimiento de derrota-. Pero no he podido hacerlo, Ada, el mechón azul, la apuesta, tú y yo somos esos niños.
-Eso ya lo sabía, cuando anoche lo recordaste, lo vi en mi mente, pero aún así me era difícil reconocerte en mis recuerdos.
-Pues sí, tú eres, o mejor dicho, has sido mi mejor amiga desde siempre-dijo él acariciando la curva de su mentón, ella cerró los ojos con el primer roce de su mano. Draco la atrajo hacia sí, y se acercó lentamente hasta que el olor a manzanas le inundaba los sentidos. Ella entreabrió los ojos, y vio que Malfoy estaba concentrándose en grabar cada esencia que le llegaba del cuerpo de ella. En ese momento, Ada tuvo una idea fantástica, o eso le pareció a ella, lo abrazó. Pero Draco lejos de responder a aquel abrazo, la apartó y murmuró unas palabras que se marcaron en el alma de la chica.
-Ada, jamás voy a estar cerca tuya-la cara de derrumbamiento de la joven, le partía el corazón al rubio, pero no podía hacer nada para remediar lo que acababa de comenzar.
-… ¿por qué?-susurró la chica con las lágrimas asomándose al balcón que en ese momento eran sus ojos. Estaba decidido, él ya no podía echarse atrás, si lo hacía corría peligro la integridad física de ella, y era eso lo que no quería precisamente, no quería que ella perdiera su preciosa vida y toda la alegría que le faltaba por sentir. Endureció todavía más su expresión; a pesar de que interiormente lloraba y sus ojos denotaban su tristeza, algo que la chica, con los ojos inundados no pudo notar, y él le contestó:
-¡¿Qué por qué?! ¡Mírate! Eres sólo una niñata, tonta y depresiva, por la muerte de su querido papaíto, y ahora encima llorica. ¡Ah! Y no te preocupes, el problema de las camas está solucionado, me vuelvo a ir a dormir abajo, así no hará falta que te impidas el lagrimeo cada noche que estés aquí-Draco cogió su baúl y lo bajó mágicamente por las escaleras, lo apartó a un lado del salón, y se sentó en el banco del piano.
"Soy incapaz de hacerte daño por mi voluntad, pero mira lo que soy no soy quien tú crees, soy el reflejo distorsionado del espejo. Nunca mereciste estar con alguien tan malvado y cobarde como yo. Debía protegerte y el primero de tus golpes lo envié yo. Perdóname vida mía, jamás quise hacerte llorar, cada lágrima tuya derramada es un puñal, bien merecido en mi corazón, pero fui yo quien causó tu dolor. Aún así, prefiero este daño a que te sea imposible lograr la felicidad dentro de unos años y todo por no saberte protege. Te quiero hasta encima del Sol, más allá de la Luna, y siempre que las estrellas se queden a nuestras espaldas. Te he querido desde los veranos infantiles, hasta más allá de lo que recuerdan tus ojos verdes. Te quiero desde tu boca de fresa, hasta la sencillez que te caracteriza, pasando por tu pelo chocolate salpicado de azul. Vida mía si alguien merece una alegría, esa eres tú."
En la habitación, Ada escuchaba los acordes del piano, unos acordes tan tristes y melancólicos, que creyó que Draco lo estaba dedicando a su madre, pero de haber podido escuchar la letra que mentalmente le dedicaba el chico de su infancia, hubiera llorado con más ganas, y entonces no hubiera sido de tristeza, si no de rabia. Rabia por conocer que los sentimientos del rubio eran mucho más grandes de lo que ella había creído en un principio. Aún así, los suaves acordes finales, consiguieron hacerla dormir, como si de una nana mágica se tratara.
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Bueno quinto capítulo terminado, espero que os guste, y que dejéis muchos reviews para que yo lo sepa, jejeje muchos besos lectores/as.
