Ligeras Confesiones
Alguien llamó a la puerta y él fue a abrir sin demasiado interés, estubo unos minutos en la puerta mientras ella observaba el suelo con un falso interés hasta que volvió a sentir aquella mirada carmesí cargada de ira sobre ella, se encogió ligeramente y fijo más su mirada en aquel suelo del mismo color. Él se acercó con pasos acelerados a ella y le agarró las muñecas elevándola unos cm. del suelo, los ojos de ella temblaron ligereamente al hacer contacto con aquella mirada.
Él la mantuvo así unos instantes hasta que, con fuerza, la lanzó sobre la cama llendo él tras ella colocándosele encima, la besó con rudeza sin siquiera mirarla hacíendole una leve herida en el labio inferior degustando el sabor de esa sangre en sus labios. La miró unos segundos, se veía tan increíblemente apetecible bajo él... Su mente no procesaba nada, su cuerpo actuaba solo. Besó esa piel dorada por la zona del cuello mientras una ágiles amnos la desprendían de las pocas prendas que la "cubrían" realizando un recorrido desdendente mientras ella simplemente se mantenía como una muñeca, inmóvil a aquel contacto tratando de no mostrar alteración alguna, sin embargo se traicionaba a si misma pues su cuerpo acabo reaccionando solo a las atenciones que le empezó a brindar su compañero con suma exactitud. As manos de él mantenían un cuidado especial para otra zona del cuerpo de la kunoichi y ella ya no pudo resistirlo más, sus labios liberaba sus reacciones a pesar de sus esfuerzos por no hacerlo.
De nuevo el levantó la mirada y la observo, observó ese cuerpo que reaccionaba a sus atenciones, a aquellos ojos que le miraban sin expresión alguna y él se detuvo, apartándose a un lado enfadado consigo mismo por lo que acaba de hacer.
"Shu": ¿Por qué? ¿Por qué no dices anda? ¿Por qué no me detienes?
"Kaze": (incrporándose y abrazándolo por detrás, estando de rodillas quedando algo más elevada que él) ¿Por qué? No lo sé, fue lo que me indicaron, la razón por la que se te entregó mi vida no fue otra que para que una vez ocurriese algo así los demás pudiesen hacer lo mismo, porque de mi mente no se borra el momento que por primera vez te vi, el instante en que te encontré, el modo en que has cuidado de mi. Porque en algún lugar de mi corazón siempre anelé que ocurriese algo así...
él escuchaba a pesar de fingir no haceerlo, traba de hacer como si no oyera esas palabras tan suaves en su oído, notando los pechos de su compañera contra su espalda mientras sus manos hacían una expedición por su torso descendiendo en su trayecto. Trtando de no atender a esa mano que ladeo su rostro hacia el de ella, evitando pensar en esos labios que se fundian de nuevo con los suyos mientras poco a poco quedaba recostado sobre la cama mientras ella no dejaba de besarle.
