Alma Rota

No podía creer, no quería creer lo que estaba viendo, ella se encontraba recostada sobre la cama con "Sei" encima de ella recorriéndola por completa, ella tenía la expresión vacía, miró hacia él rompiéndole el alma sin que el otro interrumpiese su trabajo. No pensó, no controló, se acercó empujando al otro a un lado de la cama y la agarro a ella de la muñeca tirando de ella, sacándola de esa habitación desnuda, llevándola por los pasillos cruzándose con los demás sin importar que mirasen o que dijesen, a mitad de camino se desprendió de su capa cubriéndola con ella y alzándola a modo nupcial continuando con el camino, ella no sabía que decir ni como reaccionar, su interior había muerto en el mismo instante en que lo vio en la puerta del cuarto, en el segundo en que su piel contactó con la de él.

Entraron al cuarto y él la depositó con sumo cuidado en uno de los sofás, quedando de cuclillas frente a ella observándola directamente a los ojos, haciendo que esta le observase de igual modo a pesar de sus intentos por evitar ese contacto visual con él. Él alzó su mano para acariciar con el dorso aquel rostro que tembló ligeramente ante el contacto. Los ojos de ella permanecían inexpresivos, cristalizándose por momentos mientras unas lágrimas se derramaban desde ellos siguiendo un delicado recorrido por su rostro hasta su cuello. Él no podía resistirlo y acercó su rostro al de ella, lamiendo de forma delicada aquellas lágrimas realizando su mismo recorrido hasta el cuello de ella. Está inclino un poco la cabeza hacia el lado del cuello en que este dedicaba pequeños besos, él se separó de ella y la observó las lágrimas habían cesado y un sonrojo algo notorio se reflejaba en el rostro de la kunoichi que pronto lo alejó de ella con las manos, pidiéndole que se alejase de ella.

Él, precisamente él había tenido que ser quien apareciera en la puerta, no quería que él supiera de ello, no quería que supiese de su pasado, él no, era la única persona en demasiado tiempo que había sido amable con ella y no quería que supiese aquello, y muchísimo menos de aquel modo.

Él sabía que seguía sin saber nada de ella, pero tampoco consideraba de importancia saberlo pues ni siquiera él le había contado nada sobre sí mismo, en realidad sabía más de ella que ella de él. Pero verla así, desecha, no, no podía verla en ese estado, cuanto más la observaba regresando aquellas lágrimas a bañar su rostro y él no poder acercarse más se rompía su alma.