he aqui el cuarto cap. Espero poder hacer más largos los que vienen; mientras tanto disfruten de este.
CAPÍTULO 4
MALOS ENTENDIDOS
"Ren, espero que nada malo te haya pasado."
-disculpe¿donde está el hospital? No puedo esperar más para saber que te pasó
Arranca de las manos de la recepcionista el folleto con la dirección, lo cual la deja exaltada pues no parecía que Horo Horo fuera tan grosero. Antes de reclamarle, sintiéndose autoritaria por haber cruzado palabras con él, se escucha el tintineo de la campana colgada en la puerta. Al notar que ya no hay quien escuche sus reclamos vuelve a su lugar, no sin antes percatarse de que hay un gran girasol y una caja de chocolates recargados en el mostrador.
Creyéndose dueña del corazón de nuestro hokkaideño en un segundo se encuentra al lado de estos tomando la caja de chocolates, luego, como retractándose por su elección, regresa por la flor para ponerla en un florero junto a muchas otras menos bellas desde luego. Ahora sí, a comer chocolates, pero… la puerta se abre de nuevo, entrando esta vez un chino de carácter fuerte.
No pensé que ese baka se tardaría tanto, espero encontrarlo aquí.- ¿ha visto al chico que venía conmigo?
-claro, estuvo aquí hace un momento, me dejó esto –señala la flor y los chocolates-y luego se fue.
Maldito ainu, me dejo buscando el camino de regreso mientras él coqueteaba con una chica, lo peor de todo es que COQUETEABA CON UNA CHICA, siento que la sangre me hierve. Además eso de regalar chocolates es una cursilería. No, la verdad es que solo estoy molesto, porque esos chocolates no son para mí. Que rabia.
-itadakimas- la chica pone uno de esos deliciosos chocolates en sus labios
-Oye, Rei, te habla el jefe
-parece que nadie va a dejarme disfrutar mis chocolates.
La caja queda nuevamente en el mostrador, pero debajo de esta hay una nota, un pequeño papelillo verde.
Con la curiosidad de un gato, Ren se desplaza hasta donde se halla el papelito y mientras nadie lo ve lo toma con discreción. Sin dudarlo un instante comienza a leer.
"De: Horokeu
Para: Re…"
-parece que lo dejó inconcluso
Ese momento en la confitería, antes de cerrar con un pliego de papel llamativo la caja, Horo Horo escribió en la envoltura verde del dulce que se compró aquellas palabras; para darle un toque de formalidad pensó, luego, por la velocidad en que era envuelto lo colocó sin haber terminado. "¡Bah!, es solo una letra, que puede cambiar una letra" se dijo sintiéndose satisfecho.
Que cruel es el destino y que mala jugada le esperaba a Ren, pues dio la coincidencia de que tanto su nombre como el de la recepcionista empiezan del mismo modo.
¿Cómo voy a saber para quien eran? Quizá, después de todo sí eran para mí. No seas tonto Ren, como podría él regalarte eso. No debo hacerme ilusiones, además, soy un chico y ella es una linda señorita; no sé que le vio.-apretando los puños fija la mirada en el suelo- voy a seguir mi camino, no me importa si me pierdo de nuevo, que él se quede aquí, con su amada recepcionista, como si tuviera buen cuerpo, la lonja se asoma de su blusa y además…
-Ren¡que gusto que estés bien! –unos brazos se apoderan de la cintura del chino tan rápido que no le da tiempo de reaccionar-no podría imaginarme que haría sin ti.
Horo Horo, no me abraces¿por qué no puedo moverme¿por qué me gusta tanto tenerte así? Maldito, primero le coqueteas a esa, y luego…luego, no acaricies mi espalda, no voy a poder… es como si empezara a olvidar todo a mí alrededor. Horo Horo, esos chocolates…
-¿te gustaron?
-después de todo sí eran para mi- dice recargando su cabeza en el pecho de su amigo, dejando por un momento de ser Ren, convirtiéndose en una persona totalmente desconocida incluso para él mismo, en alguien capas de sentir afecto, capas de dejarse abrazar.
-¿de que hablas?- lo separa
-de nada. Pero…¿ por qué pareces tan alterado? Por fin, una conversación normal, es como si un frasco dentro de mí se hubiera estado llenando, cada que pasabas junto a mi mostrando tu encantadora sonrisa, cada vez que te acercabas para tratar de hablar, quedando tus labios sellados por mi frialdad; en cada ocasión desee, desee con todas mis fuerza no ser yo, ser alguien a quien pudieras amar; por eso viví siempre disfrazando mis actitudes para no tener que pasar algún día por esto, pero al fin, se ha roto aquel frasco, y ahora tengo más miedo que nunca, aunque tu no lo notes mis rodillas tiemblan.
-escuché que estabas en el hospital es extraño, platicar abiertamente contigo, pensé que costaría más trabajo, pero desde hace un rato te noto muy diferente, fue un cambio repentino que se dio con un solo roce de nuestras almas, nunca había sentido tu presencia tan cercana, y ahora aunque no te abrace siento aún tu piel cálida y el vaho que exhalabas sobre mi hombro. Sería estupendo pensar que siempre será así.
- solo fui por un jarabe para la tos no sé que debería hacer ahora; durante un largo tiempo nunca mis palabras fueron escuchadas con tanta atención, me siento torpe, no sé que se diría en una conversación normal la mirada perdida entre el techo y las paredes, para evadir un par de ojos profundos que le miran curiosamente; ¿pero que más hacer cuando los nervios te consumen desde dentro¿Cuándo el miedo te dice "corre" y el corazón replica "espera"?
-ahora…no sé que decir,¿ será un buen momento para confesarle lo que siento? Pero no es un lugar romántico, bueno, no creo que todo deba ser tal cual, digo, después de todo hay que ser original.
-vallamos a buscar el camino de regreso lo lamento, lo siento realmente Horo Horo pero soy un cobarde, lo que pasó hace un momento, espero que pronto sea solo un recuerdo guardado tan profundo que cueste trabajo recordar. Nunca he podido escuchar esa vocecilla que viene del sentimiento, lo intenté realmente traté pero me es imposible ser alguien que no soy. Aún con este inmenso dolor que siento al saber que nunca más algo así se repetirá y mis palabras volverán a ser sordas y vacías proclamadas al viento, no puedo derramar una sola lágrima, por eso será mejor que nos olvidemos de esto, mereces estar con alguien capas de llorar.
-claro, pero…tu actitud es nuevamente fría, no entiendo que pasa por tu cabecilla, pero tus rodillas que temblaban ahora te sostienen con firmeza, supongo que una conversación contigo no es algo que se valla a repetir. pensé que ya lo habrías encontrado, después de todo eres el gran Ren Tao- el tono de burla disfraza la confusión.
-¿Qué insinúas?
Ya por la calle se ven venir un par de jóvenes acalorados por la discusión que sostuvieron apenas momentos atrás. Caminan juntos pero sin voltear a verse; uno de ellos se hunde en sus pensamientos, atormentándose con ellos, sintiendo cada vez más ganas de echarse a llorar; el otro absorto en la belleza del pueblo, en las pintorescas casas con sus pintorescos habitantes, sonrisas, gritos, llantos de niños; es el ruido que se escuchaba apenas la noche anterior como distante, como bullicioso; ahora es alegre y entretenido. Y unas palabras al fin son pronunciadas por el segundo, siendo parte mas del barullo, sin embargo, las únicas, de entre todas que tienen significado y valía para quien escucha.
-ya nos perdimos ¿verdad? Deberíamos parar a pedir indicaciones
-ya te dije que no Hoto Hoto.
