Hola, hola! Me alegra estar de vuelta con otro chap! Ojalá lo disfruten!
Capítulo 2:
Recorrieron el pasillo en silencio, ella callada pero sonriendo ligeramente; él, con su misma cara huraña de siempre. La miró de reojo antes de decir:
-¿Es verdad que Zhao te envió, Mitzuko?
-Claro que sí, Zuko. No me hubiera venido a dejar el teniente si hubiera venido por mi cuenta, ¿estás de acuerdo?
El príncipe hizo una mueca ante ese comentario, pero solo por costumbre. Y es que algunas cosas, como las costumbres, tienden a desplazarse unas a otras… y él ya había olvidado como reír, pero sobre todo, como reír junto a ella. Y Mitzuko lo notó.
-Supongo que es una impertinencia de mi parte- comentó, observando como si nada un gigantesco tapiz con una flama que colgaba de la pared cuando doblaron a la derecha para continuar por el pasillo hacia cubierta- pero debo decirte que has cambiado mucho- y lo miró a la cara. Zuko le devolvió la mirada hasta que desistió, avergonzado, ocultándole de esa manera la parte chamuscada de su rostro.
-Así que lo notaste- dijo con cierto sarcasmo, pasándose ligeramente un dedo por los alrededores de su ojo.
-Por supuesto- asintió ella, inclinándose un poco para lograr captar su mirada- antes te reías más- sentenció con una sonrisa, mirando directamente a los ojos dorados del muchacho- te dije que te iba a terminar por ganar ese genio que tienes- las comisuras de los labios de Zuko lograron la proeza de curvearse ligeramente; pero pronto volvieron a su posición normal.
-No me digas ahora que no se nota, Mit- dijo, moviendo la cabeza con desagrado- creeme que ya me he pasado las suficientes horas frente a un espejo para convencerme de que así fue, y de que así seguiré- comentó, apesadumbrado, pues esa marca le recordaría para siempre, pasara lo que pasara, la clase de "amor" que su padre sentía por él… si es que Ozai era capaz de sentir algo. La chica lo miró, perdiendo su sonrisa durante unos momentos; pero se recuperó pronto.
-Sí, tienes razón- le dijo, poniéndose frente a él- pero creía que me conocías lo suficiente como para saber que eso no tiene mucha importancia para mí. No todo cambia tan rápido, Zuko- le dijo, sonriendo con sinceridad- ya que con- puso su mano derecha frente a su propio ojo del mismo lado, para crear un ángulo ciego y que solo se viera la mitad del rostro del príncipe- o sin lo ocurrido- retiró su mano, para ver todo el rostro de Zuko- sigues siendo tú. Y sigues siendo mi mejor amigo.
La curvatura en los labios del príncipe duró un poco más aquella vez, mientras los ojos de Mitzuko, de un raro tornasolado dorado- azuloso, lo miraban, asegurándole que cuanto había dicho era cierto. Continuaron caminando, callados. Pero sintiendo que un poco de esa barrera, creada por el año pasado por el príncipe en el mar, caía. Pero solo un poco.
-Bueno- dijo el general Iroh, sentado en la mesa de Pai-shoh, con la tripulación escuchando atentamente- Mitzuko solía vivir en el castillo del señor del fuego junto con nosotros, ya que como saben, su padre es el tercer consejero de mi hermano. Ella y Zuko solían jugar juntos cuando eran niños, y se entendían muy bien. Se conocen desde que ella nació, prácticamente. Su padre tiene mucha influencia en la corte, es por eso que se le permitían ser tan cercana al príncipe. Y es por eso que también se le encomiendan esta clase de cosas, como la supervisión de un barco, aunque ella sea una mujer, ya que es hija única de Aoshin. Y sólo por eso se le perdona su mayor defecto, según los cánones de nuestra tierra- los marineros lo miraron, consternados.
Después de dar la vuelta al barco, con ella comentando cosas como "Deberían ampliar esta parte de la proa" o "que bien organizado está el sistema de defensa", fueron a la parte baja, donde estaba la bodega y los camarotes. El almacén estaba bien aprovisionado y ella no tuvo más que aprobaciones para esa parte. Unos cuantos metros y pasillos más adelante de la bodega estaban los camarotes. Los de la tripulación se agrupaban en un solo pasillo, pues eran de tamaño mediano. Luego doblaron a la izquierda, hacia el camarote del general, y de ahí, a la derecha al camarote de Zuko.
-No te puedo mostrar los camarotes sin el permiso de sus dueños- había dicho él- sólo el mío.
-Supongo que será suficiente por hoy- afirmó ella, sonriente- sólo espero no encontrarme con nada… ajem… fuera de su lugar- no pudo reprimirse y se rió. Zuko, que estaba a punto de girar la manija, se quedó helado y, sin decir nada más, se introdujo de golpe antes de dejarla pasar. Lo cual, por supuesto, le dio más risa a la muchacha. Zuko le abrió la puerta con un suspiro de alivio. Lo primero que vio al entrar fue los dos sables colgados en la pared. Se acercó a ellos.
-Es verdad, tu eras el mejor en la clase de manejo con espadas- dijo ella- supongo que lo seguirás siendo…
-Claro- afirmó él- mi tío me ha seguido dando lecciones, tanto de esto como de Fuego Control.
-Sí… lamenté mucho que ya no me pudiera enseñar… él es un gran maestro… tuve que seguir aprendiendo con Padre, que no es tan paciente como él- rió ligeramente avergonzada- Realmente tienes suerte de que Iroh-sensei haya venido contigo. Es una de las mejores personas que me ha tocado conocer.
-Si…- Zuko lo sabía. Su tío era para él la figura paterna más representativa, más simbólica incluso que ese hombre poderoso que se la pasaba en reuniones de guerra, que de padre para él solo tenía el título sanguíneo. Se acercó a Mitzuko, que seguía observando las armas, como evocando recuerdos. Las miró con cariño y con cierto temor de que la chica fuera a asociar estas espadas con los rumores que ya corrían sobre el Espíritu Azul. Pero al estar ya cerca de ella, pudo ver un reflejo en el frío acero. Un reflejo que vio por una fracción de segundo pero que bastó para traerle una fuerte sensación agridulce.
Flashback
-Oye, Mit- preguntaba un pequeño y feliz Zuko, con sus hermosos ojos ambarinos aún intactos- ¿qué significa perplejidad?- la pequeña, alzando la vista de su propio libro, le dijo:
-Es algo así como "sorpresa" o"incredulidad"- le respondió, pues ella leía mucho y tenía un vocabulario bastante respetable para su edad.
-OH- exclamó Zuko, releyendo la oración de su libro- Gracias. Me has dejado… uh… "perplejoso"
-¡Perplejo! – Corrigió ella, riéndose- Ay, deberías de leer un poco más, Zuki- el niño la miró ceñudo.
-¡Ya te he dicho que no me gusta que me digas "Zuki"!- exclamó, indignado- ¡Suena ridículo! ¡Parece nombre de niña, o de perro!- ahora a ella le tocó fruncir la expresión.
-Bueno, ¿¡pues que tienes en contra de las niñas y los perros, eh!- los dos se miraron, enfadados… hasta que rompieron a reír juntos, viendo el gesto del otro.
Fin del Flashback
Sí… los mismos ojos tornasolados que veía en su infancia seguían ahí, mirándolo desde el acero, con más aire de madurez pero a pesar de todo, iguales… pero él no podía decir lo mismo. La frustración que de vez en cuando lo golpeaba regresó con una fuerza arrolladora. Se alejó de ahí, sujetándose las sienes. Mitzuko volteó, asustada.
-¿Qué te…?- en eso, ella detectó también su reflejo en las espadas, y comprendió a medias lo sucedido- Zuko… vamos, Zuko…- le puso una mano en el hombro- no es para…
-¡No me digas que no es para tanto!- explotó el príncipe, soltándose con brusquedad- ¡Ya quisiera ver yo que dijeras lo mismo si te pasara algo similar! ¡No sabes lo que es ser despreciado en tu propio hogar! ¡No lo comprendes!
La chica, que primero parecía asustada, reaccionó diferente ante esas palabras. Parecía debatirse entre la furia y la compasión. Pero la furia ganó.
-Que… ¿Qué no lo sé? Zuko… ¡en este asunto creo que yo tengo mucha más experiencia que tú!- le gritó, indignada- ¡Yo sé más que nadie lo que es que tu propia gente, en tu propio hogar, no te acepten! ¡Que te rechacen por que creen que no eres digno, y que desprecien lo que más quieres! Yo tuve que soportarlo mucho antes que tu, "principito"… ¡ASÍ QUE NO TE ATREVAS A DECIR QUE NO LO ENTIENDO!- los dos se miraron, alterados y furiosos. Pero la posibilidad de que fueran a estallar en risas ahora, como alguna vez lo hicieron al ver sus rostros así, no era ni remotamente posible.
-¿Un defecto imperdonable?- preguntó el contramaestre, sorprendido- ¿qué clase de defecto tan terrible podría tener una muchacha de su edad?
-Lo tuvo desde antes de nacer, me temo- comentó el general con una triste sonrisa- Simplemente por ser mestiza- todos se quedaron fríos. Iroh continúo- Su padre una vez fue a la gran ciudad Agua del Norte para revisar puntos débiles, pero fue recibido por los poderosos maestros agua. Se entabló la lucha, por supuesto. Pero, como más tarde me contó Aoshin, entre todas las olas y los témpanos de hielo, así como las ráfagas de fuego, pudo ver algo. A una mujer de aquella tribu, curando a los heridos con el agua. Se quedó tan atontado viéndola que fue una suerte que algún Agua Control no le diera en plena cara. Obviamente, la ciudad resistió, así que nuestros barcos se retiraron de ahí, llevando solo algunos prisioneros. Entre ellos, a esa mujer. Parece que, al irlos a interrogar en su barco, le confesó a ella lo que le hacía sentir. Y aunque al principio ella mostró desprecio hacia él, terminó por enamorarse también. Cuando llegaron a casa, Aoshin pidió permiso al señor del Fuego para contraer matrimonio con ella. Sólo porque Ozai tiene en muy alta estima a su consejero se lo permitió, siempre y cuando ella mantuviera sus orígenes en secreto para el pueblo. Así, Aoshin se casó con Mizui, que, aquí entre nos, es una excelente persona, y tuvieron una hija, Mitzuko. Pero lo que ellos no sabían era que la que lo iba a pasar peor no eran ellos, sino su hija. Aún lo recuerdo…- suspiró- las damas de la corte, desde que ella era pequeña, aprovechaban cada momento que la veían sin sus padres para señalarla y reírse, y prohibían a sus hijos e hijas intimar mucho con ella, pues "quien sabe que costumbres bárbaras tendrá en la sangre", decían. Por eso sus amigos eran contados. Y los varones, cuando empezó a hacerse cargo de los encomiendas de su padre, la despreciaban también… pero nunca se deja llevar por eso, como han visto es una muchacha muy alegre, a quien tengo en gran estima, ya que les enseñé a ella y a Zuko.
-Así que lo único que hizo mal fue…- el capitán no pudo terminar la frase. Iroh asintió, sin decir nada más, porque, ¿qué más se podía decir? Esa intolerancia se daba en todas partes, desde el principio de los tiempos, por más estúpida que fuera, y seguía prosperando. La tripulación, perpleja, tampoco dijo nada más, y se quedaron sentados a la mesa, con la vista baja y cada cual perdido en sus propios pensamientos.
-¡NO ES LO MISMO!- gritó Zuko
-¡CLARO QUE SÍ! ¡A ti, te desprecian por haber defendido tus ideales, por no concordar con tu padre! ¡Y a mí, sencillamente por que mis queridos madre y padre no son de la misma raza! ¡Porque mi sangre es "diferente"! ¡Malditos idiotas!- exclamó, pero sin dirigir el insulto a Zuko, si no más bien a las personas que debían de estar apareciendo en su mente- ¡cómo si no fuera roja también! ¡Como si no me doliera, no sintiera igual que ellos!- en los ojos de la chica, de color híbrido del dorado y el azul, se iban acumulando lágrimas de furia - ¡Sé perfectamente lo que es vivir así! ¡Que te desprecien a ti, como si no fueras de su misma especie! ¡Aguantar que se metan con tu madre, con la decisión de tu padre, con lo que más amas en el mundo!- las lágrimas comenzaron a correr, y, teñidas de la rojiza iluminación del camarote, parecían de sangre, resaltando en la blancura del rostro de Mitzuko.
Zuko la miró, anonadado. El verla tan alterada, tan furiosa, lo había amilanado un poco. Ahora se sentía como un idiota. No supo que decirle. Aún recordaba el haberla consolado cuando sucedían esta clase de cosas cuando eran niños, y cuando se hicieron adolescentes… pero parecía un tiempo tan lejano… parecía que había sucedido a años luz de ese momento, y ya había olvidado como consolarla, qué decirle… odiaba esa sensación… lo único que supo hacer fue pasar un brazo por sus hombros, mientras ella seguía llorando. Llorando como si se hubiera guardado todo lo ocurrido en ese año que no se habían visto, que había cambiado las vidas de ambos, para desahogar su sufrimiento en el único hombro que la escuchaba, el de su mejor amigo. Pues ella detestaba, él lo sabía, hacer sufrir a sus padres con esas historias…
Las flamas de las lámparas que iluminaban la habitación, después de haberse elevado hasta lamer el techo por la furia de los dos Firebenders, ahora titilaban despacio, ya aplacada su ira, como tratando también de ayudar al príncipe a consolar a la muchacha…
---------------
¡Wai! Bueno, pues, ¡fin del chap 2! No es por nada, pero a mi me encantó este capítulo… ¡Y espero que a ustedes también! Por favor, sus comentarios son súper importantes para mí, así que no olviden dejarlos ¡Mil gracias, Andy Minamino-chan, por dejarme tu review! (creo que tuvimos el mismo viaje astral, entonces ;D Sí, en definitiva Zuko y Katara, a mi punto de vista, no hacen "clic"… creo que Katara queda mejor para Aang… :P). En verdad te lo agradezco, espero tu comentario sobre este capítulo . ¡También 174200000 de gracias a Azka-chan, por tu review! Y tu advertencia sobre los reviews, jejeje. Ojalá te haya agradado este segundo capítulo Cuídense, gente bonita! Matta ne!
