¡Holas! ¡Ya regresó la desaparecida! Jejejeje… bueno, espero que los problemas técnicos y el tiempo que me tomó en subirla no les hayan quitado los ánimos de leer mi fic… ¡ojalá lo disfruten! Trate de hacerlo más largo para compensar mi ausencia… ¡así que disfrútenlo!

Capítulo 3:

Mitzuko seguía llorando como una Magdalena. Zuko solo podía escuchar como se ahogaba ligeramente al reprimir sin éxito los sollozos que brotaban de su garganta. Le dio unas cuantas palmaditas más en el hombro, como para transmitirle una calma que no sentía.

-Vamos… vamos, Mitzuko… ya no llores más por eso… fui un idiota, ¿está bien? Tienes razón…

Ella, con voz tomada, luchando contra los sollozos, le respondió lentamente:

-Yo…snif… yo no estoy llorando solo por…sob… solo por eso…

Zuko, sorprendido, posó su mano en el hombro de ella y la apartó un poco para poder verla a la cara. Ella veía al suelo, aún llorosa.

-¿Qué? ¿Entonces que es? ¿Por qué lloras?

-Hay… hay algo que no te he dicho, Zuko…

-¿Qué no me has dicho? ¿De qué se trata?

La chica se limpió con la muñeca las lágrimas de la cara, y al fin volteó a verlo, aunque algo titubeante.

-No es una casualidad que… que me hayan asignado esta nave.

Zuko no dijo nada. Después de todo, él lo sabía, ¿o no? Sabía que Zhao deseaba información del Avatar, pero no comprendía por qué tal cosa la hacía llorar así. Mitzuko supo interpretar su silencio, porque añadió:

-Es obvio que Zhao quiere información del paradero del Avatar, pero hay algo más… algo que quería que yo misma te dijera…

-¿Qué es?- el asunto no pintaba para nada bien. Ella hizo una pausa larga antes de decir con voz muy queda, apenas audible:

-Es que estoy comprometida… estoy comprometida con el almirante Zhao.

Si una bola gigante de acero lo hubiera golpeado en la frente en ese momento, de seguro ni la habría sentido. El príncipe se quedó totalmente estupefacto, con la boca abierta.

-¿¡Qué cosa?

-Lo que oíste- el volumen de voz de Mitzuko seguía siendo muy bajo- Es por política… pidió mi mano a través del señor del Fuego, y mi padre no pudo negarse… él, mi padre, me dijo… me dijo… que eso sería el fin de mis problemas en la corte, que… que sería ventajoso. Así que…- sonrió con amargura- no hubo pero que valga. Ni siquiera madre pudo disuadirlo. Él… fue muy astuto, Zhao… al pedirla a través del tu padre, el señor del Fuego… él sabía que no podría ser rechazado.

Zuko guardó silencio. Muy bien, aparte del repentino mareo y de las nauseas no parecía haber más complicaciones. Reunió energía suficiente para hablar.

-Pues… no entiendo por qué te complicas tanto. Es algo muy favorable para ti, sabes…- su tono era el del amigo que dice "que sea lo mejor para ti", aunque en el fondo odiara al tipo como al infierno mismo- Te… te felicito…

-¡¡¡No seas estúpido!- le gritó ella indignadísima, sobresaltándolo- ¡Preferiría cuidar puercos en cualquier pueblucho del Reino de la Tierra antes que tener que casarme con ese… ese… ni siquiera hombre es, es un engendro!- las últimas lágrimas de furia rodaron por sus mejillas.

Zuko calló por un momento, perturbado. Las llamas en las lámparas del recinto habían alcanzado de nuevo una altura muy alarmante.

-Entonces…- pensó que sería una idiotez preguntar "¿no te quieres casar con él?". Se rió un poco, ¿qué mujer se querría casar con él?- ¿qué piensas hacer?- ella suspiró.

-En cuanto a apelar no tengo muchas opciones, porque es por conveniencia política. La posición de mi padre lo ayudaría para congraciarse aún más con la realeza y le daría más libertades en el ejército y en el Consejo. Pero… no pienso resignarme, sabes…- Zuko lo sabía.

-¿Cuál es tu idea?

-He pensado en seguirle el juego… por un rato- la mirada interrogante del muchacho la instó a seguir hablando- En este preciso momento yo no puedo hacer nada. Ni tú tampoco. Pero entre los dos podemos frenar a Zhao.

-Explícate mejor, mujer- le dijo, intrigado. Mitzuko sonrió, recuperando los ánimos al pensar en su plan.

-Pues es sencillo. Dejar que piense que soy la "linda y delicada muñequita híbrida" para conservar mis privilegios y a mis informantes en el palacio. Así, yo te ayudaría a llegar al Avatar mucho más rápido y a evadir las posibles redadas de Zhao. Y cuando tú regreses a casa y… recuperes todo lo que por derecho es tuyo- lo dijo muy convencida- podré zafarme fácilmente de él. Un príncipe tiene más categoría que un almirante, y más aún un próximo señor del Fuego- en este punto ya estaba francamente emocionada. Los últimos vestigios de lágrimas se perdieron entre su amplia sonrisa- Nos ayudaremos mutuamente, como en los viejos tiempos, porque encontrar al Avatar es la salvación de ambos. ¡Es un plan maestro!

Zuko sonrió, pero no del todo convencido. Sonaba tan fácil… tan ingenuo… tenía que ser realmente una buena actriz si planeaba engañar a Zhao.

-No creo que sea tan fácil- Objetó- ¿cómo enviarías los mensajes?

-Es sencillo. Con halcones mensajeros, uno diferente cada vez. Y procuraría enviarlos más que nada a los puertos que tienen en su itinerario. Sí, cuento con el itinerario- sonrió- es una de las ventajas de mi deber- Zuko inclinó la cabeza, como para meditar.

-No sé… podría funcionar… pero…

-Oye, mejor guárdate los "peros". Así, cuando ya los tengas todos me los das en una lista. No quiero que me interrumpas cada vez que se te ocurra uno- el príncipe sonrió. Por una parte era un alivio ver que su sarcasmo, y por lo tanto su humor, había vuelto, pero era difícil callarse ante tal situación.

-Déjame la parte técnica a mí – le dijo ella- Y solo preocúpate en recibir las cartas. Ahora volvamos con la tripulación antes de que empiecen a preguntarse que tanto estamos haciendo- Zuko sonrió y asintió. Cerró la puerta del camarote después de que ambos la cruzaron y se dirigieron en silencio hacia la cabina, como si nada fuera de lo estrictamente necesario hubiera ocurrido. Y en ese momento él podía aparentar muy bien. Pero sabía que en la noche, mientras se revolvía en su cama llamando al sueño, muchos de los ya previstos "peros" se presentarían para empezar su lista.

La noche ya se había cerrado. La embarcación estaba quieta y silenciosa a esas horas. Ya todos dormían. El cielo y el mar tenían el mismo reflejo de ébano. Solo las estrellas podían orientar a los marineros entre tanta negrura. A los lejos, podía verse, como si fuera un lucero más, la lucecita de un faro. Se estaban acercando a un puerto, donde, según el itinerario, debían parar por provisiones y a hacer reparaciones. Sin embargo, aún faltaban varias horas para tocar tierra, y el timonel, acurrucado en la cofa, dormitaba un poco. Por eso no vio una sombra que se movía con ligereza sobre cubierta. La figura se movía con cuidado, para no hacer ninguna clase de ruido. Miró hacia ambos lados al llegar a babor… y se arrojó al mar, saltando limpiamente. Pero nunca se escuchó el denunciante "¡PLAF!" Ni ningún sonido parecido. Y es que la figura había hecho agua control. Luego, un leve destello indicó un fuego control. Ahí si se escuchó un rumor muy leve, el que hace el vapor de agua cuando nace, pero no lo suficientemente alto como para despertar a nadie. Pronto también ese leve rumorcillo se fue alejando y la nave quedó sumida en tranquila calma de nuevo.

-¡Miren! ¡Ya estamos llegando a un puerto!- exclamó un niño calvo con una flecha tatuada en sus manos y cabeza.

-¡Que bien!- exclamó su amigo, el guerrero Sokka- ¡Al fin podremos tener un desayuno decente!- los otros dos rieron. El bisonte volador en el que estaban, Appa, destacaba mientras volaba en el cielo del alba. No es que no destacara de cualquier forma, claro. El pequeño puerto se acercaba a una velocidad constante. Del otro lado de la isla, del contrario al que aterrizarían, se podía contemplar el faro, rústico, pero bello a pesar de todo.

Tocaron tierra en una cañada, a poca distancia de la aldea, algo cenagosa ya que la cruzaba un riachuelo. Al descender del enorme transporte y dar unos pasos, algo entre los juncos se estremeció.

-¿Oyeron eso?- preguntó Katara, volteando, al tiempo que Momo movía sus orejitas.

-De seguro es solo una ardilla- opinó su hermano, ansioso por llegar al poblado y comer.

-¿Una ardilla chapoteando?- preguntó Aang, prestando más atención a aquel sonido- No lo creo- Katara ya estaba abriéndose paso entre los juncos para averiguar de que se trataba. Ya esperaba encontrarse a algún aldeano o algo por el estilo, cuando la vio. Y se quedó muy quieta. Cuando su hermano y el monje la alcanzaron, ellos también se quedaron boquiabiertos.

En el pequeño río, llenando un jarrón con líquido vital, estaba una muchacha. Lo cual no hubiera tenido nada de raro de no ser porque lo estaba llenando con Agua Control. La chica hacía suaves ondulaciones con sus manos, como las que solía hacer Katara, y conducía el agua hasta la boca del recipiente, que se iba llenando poco a poco.

Tampoco se vestía como alguien del Reino Tierra. De hecho, su kimono era bastante parecido al que usaban en las tribus Agua, solo que con los colores invertidos, blanco con detalles en azul cielo. Se veía muy concentrada en su tarea, hasta que volteó a verlos ligeramente sorprendida, y les sonrió después.

-¡Buenos días!- saludó como si nada- ¿qué los trae por aquí?

-Tú… tú…- balbució Aang

-¿¡Tu también eres Maestra Agua?- saltó Katara, abalanzándose sobre la otra muchacha, sonriendo como debe de haber sonreído algún arqueólogo ante el descubrimiento de su vida- ¡que bien! - zarandeó "cariñosamente" por los hombros a la chica, que parecía muy desconcertada- ¿¡dónde lo aprendiste! ¿De donde vienes? ¿Qué haces aquí?

-Katara, contrólate- le susurró Sokka, entre apenado y enfadado. La muchacha siguió sonriendo con indolencia, aunque parecía estar desarrollando cierto temor hacia su colega water bender.

-¿Por qué no los invito a desayunar?- dijo- Así podremos platicar a gusto.

Seguían en las afueras de la aldea, pero ahora sentados alrededor de una fogata, calientitos y cómodos, mientras sentían como el calor del fuego les evaporaba la humedad en la ropa que habían recogido durante el vuelo entre las nubes. Un extravagante estofado comenzaba a despedir ricos olores y a borbotear ligeramente sobre las llamas. El agua recogida en el cántaro había servido para preparar un raro té de hierbas que ahora humeaba en cuencos de madera frente a cada uno. Tenía buen sabor, pero algunas veces la lengua se tropezaba con alguna hojita que se había colado. Al principio no hubo ninguna conversación (sobre todo por influencia de Sokka), ya que se dedicaron a desayunar con entusiasmo, aunque varias veces Katara notó que la muchacha veía furtivamente a Aang, como si inspeccionara sus tatuajes. Éste no se daba cuenta, por supuesto, pero su amiga se inquietó un poco. "-Bueno, deben de llamarle la atención- se dijo- ya que no hay ya maestros Aire…". Pero seguía intranquila, no sabía por qué. Y es que había notado sus ojos. No eran del verde de la Tribu tierra, ni azules como los de ella y Sokka, sino de un extraño tornasolado que por alguna razón, a pesar de sus atenciones y sonrisas amables, la hacían sentirse preocupada. No por ella, sino por Aang.

Después de que se hubo acabado todo, la chica tomó un largo sorbo de té y comenzó, sonriente.

-Bien, ahora que ya estamos satisfechos, puedo empezar a contestar sus preguntas- Sokka arqueó la ceja como para dar a entender que TODAS eran dudas de Katara- Mi nombre es Mitzuko- sus ojos tornasolados centellearon al decirlo- Aprendí el Agua Control de mi madre, por supuesto, ya que mi familia salió del Polo Norte hace ya mucho tiempo- los otros tres asintieron, emocionados- y estoy en este poblando en espera de mi prima, ya que nos reunimos una vez al año para vernos y que ella me cuente del resto de la familia, ya que no nos podemos ver en persona.

-¿Por qué?- preguntó Aang, apoyado en el inmenso costado de Appa, que estaba echado, descansando.

-Porque mis padres tuvieron unos cuantos problemas con el Señor de la ciudad- dijo secamente Mitzuko, bajando la vista. Al parecer el tema le incomodaba, así que cambiaron rápidamente el tema.

-¿y a que hora llegará tu prima, Mitzuko?- preguntó Katara.

-Cerca del anochecer- le contestó con un tono un poco más alegre- Por eso me alegro mucho de haberlos encontrado- continuó con un tono más jovial cada vez- y que fueran personas tan amables… yo no suelo hablar mucho con la gente de por aquí y… bueno…- junto sus índices en señal de ligera vergüenza- me alegra haber podido compartir el desayuno con ustedes, para ya no sentirme tan sola- los miró a los cinco (pues incluyó a Appa y a Momo) con unos ojos de cachorrito abandonado difíciles de igualar. Sus interlocutores se ablandaron como mantequilla ante la flama.

-Podemos acompañarte lo que queda del día- dijo como sin darse cuenta Aang.

-Si, es verdad- apoyó Katara, olvidando sus recelos anteriores- al fin que ya estamos cerca del Polo Norte…

-Y podremos cargar provisiones- agregó Sokka. Mitzuko sonrió enormemente. De no ser porque los otros sonrieron de la misma manera, hubieran notado que por un momento, sólo un segundo, su sonrisa fue más de un depredador ante una codiciada presa. Pero solo duró un efímero momento, y no llegó a alterar la tranquilidad de sus nuevos… amigos.

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¡Vaya! Hasta que al fin me aparezco, eh? ;D Espero les haya agradado y noten bien el rumbo de la historia. ¡Y por cierto! ¡Mil gracias por sus reviews a Rhuw-chan, a Red Night, María Teresa-chan, Nino-san (¿te molesta si te digo Nino-chan?) y Andy-chan! ¡Ustedes y sus lindos comentarios son los que me inspiran! ¡Cuídense! ¡Matta ne!

P.D. Ahora sí ya no tardaré tanto en actualizar.