Hola a todos!!! Muchas gracias por esperar :P Aquí les dejo el sexto chapi ¡Gócenlo!

Capítulo 6:

Mitzuko llegó de nuevo a su habitación y cerró la puerta con un golpe seco. Luego, con los puños apretados, fue a sentarse de nuevo frente al tocador, arrojándose con tanta fuerza al banquillo que por poco se cae. Su respiración agitada mostraba un mal disimulado disgusto, que trató de controlar poco a poco. Pasados un par de minutos, se atrevió a alzar la vista y contemplar su reflejo. No había cambiado en los escasos veinte minutos que había estado fuera del cuarto, pero al ver como el espejo le devolvía la mirada de ojos tornasolados, apenas si los reconoció. Se sentía horrible; un desprecio enorme inundaba su pecho, pero no era para el almirante que había visitado hace poco, si no para ella misma. Pasó largo rato sin moverse, solo observando su mirada en el espejo, queriendo saber qué se escapaba a través de ella. Mantener la vista tan fija durante tanto rato provocó un ligero desenfoque, y en esos instantes le pareció ver como su reflejo se partía en dos.

No se asustó; ella vivía sintiéndose así, dividida en mitades irreconciliables. Por una parte, estaba toda la herencia de su madre, la fuerza de la Luna palpitando dentro de ella; por otra, estaban los antepasados de su padre, el legado del Sol y esas herencias peleándose en su interior en todo momento. Fuego y agua… ying y yang…

Pensó en su capacidad de domar ambos elementos; en una parte era muy bueno, pero por otra… jamás llegaría a tener toda la capacidad de un Maestro Agua o de un Maestro Fuego, puesto que al ser mestiza, un elemento obstaculizaba de cierta manera al otro… Ni a la luz de la Luna ni a la del Sol se sentía ella plena de poder; solo sentía esa reconciliación en esos escasos amaneceres, o atardeceres, en que los dos cuerpos celestes se juntaban en el Cielo, dejando por breves instantes su rivalidad para compartir la bóveda azulada, que se iba tiñendo poco a poco de rojo.

Su pálido rostro también se le hacia espectralmente desconocido… pensó que al ayudar a su amigo de la infancia, tendría esa claridad mental que tanto le hacía falta en esos momentos de guerra, pero no había sido así, puesto que había llegado a encariñarse con el Avatar y sus compañeros. Se reprochó esa debilidad, pero sabía que en el fondo no lo lamentaba. Ahora que se miraba en la cristalina superficie, vio su faz inexpresiva y tuvo ganas de gritar, de llorar con fuerza y de romper todo lo que la ligaba a ambas culturas. Tenía ganas de ser solo ella, de no tener que escoger siempre un lado en el que estar; ya había visto que tratar de estar en ambos no traía nada bueno. Pero no hizo nada, solo seguir observando. Su rostro había pasado a ser algo desconocido para ella… ¿y si no era más que una máscara que se había construido a través de los años? Extrañó de súbito esos tiempos de la infancia en los que había gozado de total inocencia, que podía vivir perfectamente con lo que había dentro de ella. Ahora tenía tantos antifaces puestos que el verdadero rostro de Mitzuko le parecía que estaba totalmente oculto, que el rostro que lloraba y se desesperaba no podía más que sentirlo como un leve eco en lo más recóndito de su mente.

Una máscara de confiada seguridad para Zuko, otra de frío encanto para su futuro esposo, otra de amable misterio para Aang, Katara y Sokka… otra de inocente calma para sus padres… Todos esos pensamientos le dolían como cuchilladas y sin embargo el rostro reflejado en el espejo seguí impasible. La única señal de lo que sufría, que pudo atravesar todas esas máscaras incrustadas en su piel, fueron un par de lágrimas cristalinas, que escurrieron por sus mejillas. Las sintió cálidas y casi acariciantes contra su cutis. Cerró los párpados y sintió, es más, casi escuchó algo quebrarse en su interior, con un estruendo ensordecedor que solo ella oía.

Comenzó a llorar con desesperación, por fin crispando el rostro neutro que hasta entonces había estado contemplando. En el pasado, en días así, había sentido el deseo de dejar de existir, o mejor aún, de no haber nacido; pero ahora comprendía que si esa inusual unión se había dado, creándola a ella era por algo, y averiguaría que era. Pero de momento, prefirió desahogarse apoyada contra la mesa del mueble, sollozando. De momento no podía hacer más para calmarse. Y aun así sintió sus venas llenas de esos opuestos, borboteando a todo lo que daban, recorriendo su cuerpo. Eso era ella.

Fuego y agua. Ying y Yang.

-----------------

¿Qué tal¿Les gustó¡A que pensaron que ya me había olvidado de esta historia¡Pues no! Quiero agradecer mucho mucho los reviews de Dely, Radika-chan, G-i-S-aY y mi amiga Andy-chan!!! Espero con ansias sus comentarios. ¡Nos vemos!