Todo esto pertenece a Nintendo y al excéntrico de Shigeru Miyamoto, a excepción de unos personajes que agregué.

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Capítulo VIII.

La Historia de una Guerra.

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En rasgos simples, la gran cordillera de la Montaña de la Muerte constituía de miles de aspectos diferentes en términos geográficos. El resultado de gran variedad de cimas, sierras y montañas fundidas en un mismo eje, una falla abrupta de la morfología terrestre, un mero lugar tan letal para el humano, lleno de frondosa vida oculta y mítica aun para la legendaria tierra de Hyrule. Aquel era el lugar de descanso de infinidades de seres y fenómenos climatológicos que hacían sus propias leyes por el menor capricho de mandanza. De la cordillera, sólo un ínfimo pero crucial extremo caía sobre el regazo de la Tierra Prometida; y digo ínfimo, porque en comparación con lo que no se veía del más allá, era pequeño, pero también crucial, ya que descansaba tal vez el volcán más alto y antiguo del magnífico monumento, testigo desde la misma creación de las tierra, donde se cree celosamente que fue el culpable de formar toda aquella extensa parte del reino desde sus cimientos. Una especie de cúspide milenaria, guardando en su interior, según la leyendas olvidadas de los viejos, el antiguo templo donde alguna vez hallase vivido el respectivo Saga del Fuego, con el mito de que el desventurado joven que asomase la cabeza desde la cima del cráter, observaría a pro sin fa las existente ruinas, que guardan en su interior una de las mayores y bestiales criaturas nunca antes existidas.

Pero tan sólo aquello era ligeramente un pedazo del contesto singular del lugar que muy poca gente extranjera tiene la osadía de pisar.

El recorrido, según las antiguas magnitudes, eran de seis horas de la llanura más próxima al cráter del volcán desde la salida de al Villa Kakariko, seis horas de un campo batalla siempre en ristre para la supervivencia, donde el monstruo habitante en los huecos de las rocas está cabreado hasta los dientes con la menor señal de movimiento, o la lejana arpía, que con sus garras cruje en dos la columna de su presa, para su rápida cena. El camino, si es que se puede llamar camino a un sendero que con dificultad era estable pues en metro en metro desaparecía sin rastro continuando apenas perceptible en las altas esferas escondidas en las paredes, si acaso el visitante tenía buena suerte, era tan estrecho con sus pedazos incompletos que estaba desigualmente equilibrado, ocasionando la escasez considerablemente de oxígeno, a propósito, con la mala maña de marear al infortunado caminante a precipitarse en su último viaje en los cientos de kilómetros vía abajo por los acantilados.

De ese tipo de lugares era la famosa Montaña de la Muerte.

Muy apropiado para el nombre¿no?

Hacia cuatro horas que Link y Navi se habían enfrascado a la escalada, o lo posible de esta, cuando hacía menos media hora éste primero sentía los primeros síntomas del efecto de la subida. Atolondrado por la falta de oxígeno, yacía recargado a un lado del camino, deshidratado y respirando con dificultad. Navi, hay que admitirlo, le daba cierto pavor aquélla imagen, percibiendo un pequeño comiendo de una futura y fuerte calentura, a juzgar por el extenso rubor que se dibujaban en los pómulos debajo de los ojos y el ardor excesivo de la nariz.

— Aun no me cabe en la cabeza que no hayas traído agua —le reclamó, hace unos minutos.

Aprovechando aquello como excusa, él reanudó la caminata, luego de una ligera mirada herida, indescifrable el hada.

De haber estado en el bosque... ¡Diosas, pero no lo estaban! Dijo sarcástica. Miró provocativa al cielo, como retando a la alfombra carente de pelusa donde descansaba cómodamente Apolo en sus lapsus de hacerles una broma, quemándolos en vida bajo su juguetoso astro. Por una novena vez, ella lamentó la carencia de un Munin a que fuera y avisase a Odin para su auxilio. Sí, estaba perjudicada ¡Sí, estaba harta! Bufó asqueada mirando a su acompañante que caminaba como si nada le sucediera, evitando que sus tambaleante piernas lo discriminasen, y el sudor frío que empezaba a brotar en peligrosas cantidades desde la parte superior de la coronilla, escurriéndose por la frente, detenida justamente por la pequeña murallita de cabello, centímetro arriba de los ojos. Sí, ella también podía ver todo los malestares del ahijado que por causas del destino le tocó, pues su aura mágica la protegía sin muchos contrademanes.

Evitó auto culparse por su cobardía, pero al observar cuando aquel pequeño niño de diez años trastabilló peligrosamente cerca de un provocativo acantilado, aguardó la respiración, pensando una fracción de segundos que si caía no sería su culpa, pero por suerte a que el rubio, con un rápido aunque débil reflejo, se empujó al lado contrario, estabilizándose con el contrapeso de la espada y del escudo.

Miró con ojos críticos al muchacho. Aquel suicida era demasiado¡Que se quisiera muerto es otra cosa¿pero esmerarse tanto era necesario?

En mas de una ocasión se sorprendió a si misma dialogando cosas insulsas sobre dar retirada, abandonar la dizque misión de conseguir una maldita piedra para una extraña que en su vida habían visto, y regresar a casa, al bendito bosque, el único lugar donde ellos pertenecían. ¡Suicida! El infeliz chamaco casi pierde el sentido cuando el sol dio un peculiar giro de 25° posándose bajo sus hombros, calentando con sorprendente rapidez la tierra y roca bajo sus pies, que chocaba sin sutileza con la corriente glacial de las montañas, terminando tosiendo tan desgarradoramente que daba la sensación de que en cualquier momento a otro se le saliese los pulmones en pedazos.

¿Por qué tantas molestias¿qué lo motiva¿qué lo hacía continuar? A ese paso terminaría matándose a si mismo ¡Se odiaba! Era claro¿pero por qué tantas penalidades por una extraña que en términos simples sólo mandó una orden desagradable, implorando a que las Diosas les ayudara¿por qué¿por qué¿¡por qué?!

— ¡Responde! —gritó de repente, en medio del silencio.

Link le miró confuso, perdiendo el hilo de sus pensamientos.

— ¡Respóndeme! —reclamó otra vez, observando penetrante la mirada azulada de su compañero.

— ¿Qué cosa? —incitó, sin entender qué era lo que decía el hada.

— El por qué haces esto.

El rubio, como si aquélla pregunta lo hubiese previsto vario tiempo antes, frunció el seño, dándole el beneficio de la duda, haciendo como si no hubiese entendido.

— ¿El qué? —invitó otra vez.

— Bien sabes de qué hablo.

— ¿Parece que sí? —jugó, un poco a la defensiva.

— Con esta contestación es obvio que sí. Dime por qué.

— Lo siento, Navi, pero si vas a ir con aquella vaguedad, te recomiendo que lo hagas con otro¿no soy acaso el Retrasado de la aldea que tú tanto llamas? Me duele mucho la cabeza para hacer que soy el buen niño entendible, predispuesto a contestar cualquier niñada de la niña que me tiene que cuidar.

— Sin rodeos¿por qué demonios haces esta misión, por una desconocida que no se prestó ni a darte de comer?

Tomó aire pensativo, con una mirada que revelaba todo, menos eso.

— Una larga historia —se limitó a decir, continuando con el camino.

— ¡Ni siquiera la conoces! —recalcó otra vez, empezando a irritarse por la actitud de su amigo.

— ¡Ya sé que es así! —y luego de una pausa— ¡Pero eso no difiere a que jamás la haya visto!

— ¿Qué diablos dices? —demandó por la incoherencia ¡Y para colmo, él tomo una expresión similar, como si fuese la mirada de un moribundo perdido!

— Si me lo explicas tú, te estaré profundamente agradecido —rió nervioso, como si ni él mismo lo entendiese.

Navi, sin entender la extraña actitud de ese niño, miró al frente, que era como una especie de callejón sin salida.

— ¿Me vas a responder? —demandó más que impaciente, intentado analizar las acciones de él, si así era posible entender algo. Pero se asustó, cuando esta cambió de ser alocada, a algo muy próximo a la hiel, mirándola extremadamente irritado, sobreelevándose más que ella, para su sorpresa.

— No importa —masculló.

No tuvo de otra que dejar aun lado el tema.

Si ésta es la única manera de saber cómo y por qué soñé con ella antes... está bien...

Pensaba en aquello al momento de que Navi sobrevolaba la zona, porque chocaron con una pared sólida que cortaba drásticamente el camino. Ni adelante, atrás, izquierda o derecha le continuaba. Era camino pedregoso, hecho a la suerte de una última erupción que debió de haber sido hace siglos.

Hacía mucho calor también allá arriba, se dijo, vagando la mirada a todos lados, sin mucho interés, como si aquello fuese lo peor del mundo que pudiese pasarle, y estar condenada a cumplirlo, a pesar de caer seguramente dormida en el intentó.

Fue justo en el último pensamiento que abrió los ojos observando algo con toda sorpresa y fijación. Entre las altas rocas, sobre una pequeña llanura escarpada, estaba clavada al suelo un viejo y largo palo de madera carcomida por el sol, ondeando imperturbable una larga cinta roja con signos de desgasto, desde su extremo superior.

Ondeaba felizmente, como si fuese su saludo a los nuevos visitantes de la montaña, tan sólo para ellos, y nadie más. Link, luego de tomar su tiempo en escalar la trabajosa pared, tocó incrédulo la gran bandera frente así, con nula inscripción grabada.

Navi estaba más que pensativa ¡Una bandera! Definitivamente, deberían de estar en el camino que llevaba, o se alejaba, de una inteligente civilización, y aquello era una especie de punto de observación o identificación rápida del camino.

— Mira ahí —apuntó el chico un lugar a unos 50 metros de él, aproximadamente.

Una gemela idéntica a su hermana les llamaba, y no le hicieron esperar. Saltaron y evitaron ciertos baches de la pedregosa llanura, hasta quedar frente a ella. Por el radillo del ojo, Navi observo algo brilloso bajo el sol que se movía como serpiente, divisando así, una tercera bandera.

Bajaron la abrupta falla, divisando justo sobre sus cabezas, entre una alta cumbre, la cuarta bandera, que aunque no tal vez igual de ondeante como las otras, era definitivamente enigmática.

Subieron, bajaron, bajaron y subieron otra vez en el juego de la Serpiente y Escaleras, teniendo serios problemas en seguir el paso de las méndigas trabajosas, que de momento en momento desaparecían, algo que ni la vista panorámica desde el cielo a veces lograba vencer. Puede que Link estuviese en la borde del entusiasmo, a un a pesar de haber caído varias veces rendido por el extremo agotamiento físico que fregaba su cuerpo por la falta irremisible de oxígeno.

Puede que se haya levantado, y puede que las simples banderas que al principio eran más fáciles y poco numerosas fuesen en aumento en lugares literalmente imposibles de cruzar, como si estuvieran ahí con un propósito parecido a las armas de doble filo, que el conocido puede ser guiado, y el forastero puede ser perdido.

En un momento vago el camino cambiaba de forma asombrosa, donde la abruptas que cientos de metros vía abajo había desaparecido, para compensarlo con un camino inclinado en forma directa a no más de un kilómetro y medio del cráter del volcán, y una bifurcación totalmente invisible, a no ser por la traicionera bandera color ruby que se ondeaba al lado, entre ella y el precipicio, entre el camino más estrecho y angosto desde el inicio del viaje...

Link miró en forma significativa a Navi, juzgando la anchura de aquel montículo. Para su desilusión, negó con la cabeza. Era imposible aun para él cruzar tal camino tan largo en un alfeizar que no medía máximo de 5 centímetros.

Observó significativamente el camino que se levantaba sobre ellos, que era dirección al cráter... Link parpadeó cuando su vista divagó accidentalmente de una súbita aunque pequeña metida al suelo que estaba justo al otro lado de ellos. Sin esperar palabra del hada, que por cierto, no había notado en lo más mínimo la nerviosa vista del otro, escaló gracias al primer impulso una serie de metros inclinados, llegando a saltar justo enfrente de la pequeña metida, al mismo segundo cuando sentía que las rocas bajo sus pies se iban a separar aventándolo como resbaladilla hacía el peligroso y gigantesco acantilado.

A Navi le dio un infarto, cuando escuchó el sonoro golpazo del rubio al caer casi de espaldas.

Adolorido, él intentó levantarse, notando con algo de pánico de tener entumida casi la mayor parte del cuerpo de la cintura para abajo, recobrándola a los pocos minutos, al hacer esfuerzo de levantarse. Navi le gritó una sarta de groserías por hacer algo tan estúpido y peligroso, que con algo de calma ignoró.

Pero todos olvidaron el enojo, al voltear y observar que, totalmente imposible de ver al otro lado del "pequeño hoyo en el piso" estaba un hermoso y simple recodo de roca, con un hueco gigantesco, el justo centro de una entrada, donde una larga y trabajosa lista de dibujos y colores simples y primarios tenían incrustados dibujos y letras aun para Navi difícil de leer, suponiendo que era de la época de los Antiguos Sagas (los de las leyendas, por supuestos).

Alrededor de la entrada descansaban también una hilera larga de banderas sólo que en mejor estado, armoniosos y felices como si estuviesen gritando a gritos su recibimiento a la gran ciudad frente a ellos que les dio un tanto de miedo, considerando lo que acababan de pasar.

Entraron, no sin antes de buscar un letrero que revelara a qué parte conducía ese túnel pero no lo encontraron.

Antes de que avance otro paso, quiero dejar en claro que en ningún momento de la historia (original, o no) Link y Navi conocían antes a los gorons, o al menos la apariencia de uno, ya que es la primera vez que abordan una civilización parecida, aparte de los Gerudos y los Zoras; y quizá también el primero juego de la reciente aparición de estos últimos tres.

Así que eso se atribuye muy bien que, apenas tener la ligera visualización de una ciudadela subterránea divida en subniveles muy bonita y circular, diesen un grito tal alto capaz de haber alertado a todos, sin excepción, de su llegada, cuando la piedra que estaba en la entrada se irguió unos dos metros con en cuerpo desnivelado en grandes proporciones.

Enorme a comparación con ellos, de un extraño color café como el de una roca, jorobados, con pigmentos azabaches en varias partes del cuerpo y de la espalda, calvos y con unos brazos desigualmente grande casi del tamaño total de sus cuerpos, hinchados y nervudos, de esos brazos que nunca jamás te gustaría que te estamparan su puño en medio de la cara.

El goron les miró de a hito a hito, primero, por el terrible sobresalto que se llevó por tal grito espantado de ellos, y luego por notar que no eran gorons, si no a simple vista un hylian... ¡y más adelante un kokiri!

¡Un kokiri...¿Quién en su vida habría creído posible ver un kokiri fuera de su bosque? Nadie ¡Nunca, nunca!

Puso pose maniaca al tener ese descubrimiento ¡Un kokiri! Hacía años... ¡años! De que no veía a uno ¡Qué alegría¿Y por qué estaba un kokiri entrando por aquella entrada, la cual es prácticamente imposible para un hylian, y totalmente cerrada para un kokiri? No sé por qué no se paró ese goron en ése detalle, ya que estaba muy distraído en devorarlo con los ojos, al tiempo que otros gorons, extrañados por el ruido, asomaban sus cabezas de todos los tamaños por el umbral de sus casas, que estaban conectadas directamente con aquel nivel circular.

Link se atragantó al notar que casi todos los demás gorons se acercaban curiosos a ellos (unos con su prudente distancia eran para ellos, los jóvenes, él era un nuevo ser que veían primera vez) los mayores parpadeaban incrédulos murmurándose entre sí con tales exclamaciones que para las orejas largas de Link fueron capaces de escuchar.

— ¡No puedo creerlo!

— Diosas...

— ¡Un kokiri, ay, santos, hay que hacer fiesta!

— ¿Qué hará aquí¿Cómo fue posible que haya escalado la montaña?

La sangre se le agolpó en la cara, incapaz de moverse en una postura un tanto incómoda para sus músculos. Ni siquiera se atrevió hablar cando los jóvenes reían divertidos "¡Es muy bajito!" "¡Es muy lindo!" "¿Ya viste sus orejas?" "¿Ya viste su traje?" "¿Ya viste su pelo?" "¡Una hada!" Link se sobresaltó al escuchar esto último. Volteó la cabeza donde Navi, quizás casi tan ruborizada como él (su aura había cambiado a un tono semejante al carmín).

Por un breve instante, Link no se atrevió hablar, hasta que algo en su sangre fría le hizo articular estas palabras:

— ¿Ustedes... ustedes son gorons?.

— ¡Por supuesto que sí!

— ¡Bienvenido a la Ciudad Goron!

Haciendo esto, el goron de la puerta posó su enorme mano en la espalda de él con brusquedad mas en forma paternal, no notando que del choque casi pierde el equilibro. Lo guió hasta el desfiladero para poseer una vista clara y amplia de la ciudad, aun siendo rodeados por el resto de curioso.

No pudo evitar una sonrisa cuando un pequeño goron se le acercó menos de un metro, descansando sus gigantescos ojos negruscos sobre la hada, que perdió brillantes, dejándose caer en su hombro, como si así no llamase de igual manera la atención.

Qué raro es que, sin siquiera tener invitación aparente, identificación como lo habían exigido sus anteriores escalas o una buena excusa razonable para invadir tan imprevistamente su comunidad, lo resivieron con los brazos abiertos, más de la mitad encantados de su llegada. Hicieron, sí, de la nada conforme el goron que lo había estrujado hasta la clavícula, hicieron una pequeña y rápida explicación de los lugares de la ciudadela conformen bajaban a los niveles inferiores por unas escaleras con descansillos en el interior de la pared.

— Así que, Link —dijo el goron en las mismas, como si no notase que los demás los seguían— ese es una residencia. Y esta es otro ¡y esa es otra! Bajamos la escalera...

— ¡Una tienda! —prosiguió feliz, mientras que Link hacia lo posible para no caerse de lo abrazado que lo tenía— y acá... más residencias ¡pero con un bonito panorama desde arriba!

No se había fijado, pero en la parte superior y centro del enorme espacio cilíndrico descansaba, sostenida con varias cuerdas y cadenas una plataforma de roca puntiaguda, y suponiendo de que si por causa del destino se llegase a caer, se destrozaría justamente en el centro de aquella sección.

Bajaron seis niveles más, notando como, entre las escaleras del nivel 4-5 se dividía la escalera en dos bifurcaciones. Aquella segunda, daba a otra parte de la ciudad, demostrando que no sólo eso era el habitad real de la colonia, si no que continuaba por debajo, en el interior de la montaña.

— ¿Cómo llegaste aquí? —le preguntó otro goron que se había cercado por la parte de atrás.

— ¿Qué eres, un hylian? —preguntó al mismo tiempo uno de los chiquillos, que lo empezaron a interrogar a la vez sonando un firme coro sin tener definición clara de ninguna de sus cuestiones.

Ya estaban por llegar a los últimos niveles, cuando uno de los gorons que estaban en el último extremo de la muchedumbre (dos niveles más arriba, aproximadamente) bufó molesto por no poder verlo, y se lanzó por la orilla, aterrizando son dureza frente al guía y al hylian en escasos metros.

— ¡Wow¡Eres más bajo de lo que pensé! —exclamó sonriente, mirando con diversión la expresión del niño.

— ¡No molestes, Kal! —dijo un goron pero con voz femenina desde una parte perdida de la escalera.

— ¡Hola, soy Kal! —se presentó ignorando a los otros.

— ¡Hey, no te metas! —renegó uno de los pequeños gorons que estaban a trote junto con Link.

— Yo... —murmuró tímidamente este, no sabiendo qué hacer.

— ¿Estás cansado? —preguntó su guía, que estaba en medio de la explicación de una especie de plantas bombas o algo así—¡pues claro! Después de subir toda la montaña un kokiri... ¿quieres que te cargue?

Link dio un grito cuando las dos manos poderosas de su guía lo montaron sobre su cabeza como si no pesara nada.

— ¡Yo quería hacer eso! —gimieron en coro los demás gorons encimosos, acercándose, pensando que así, el rubio saltaría a cualquiera de esas cabezas.

Más rojo que un tomate y tan caliente por la sangre amontonada en sus mejillas, hizo un intento de querer bajarse, pero las dos manos del guía lo retuvieron ahí. Tuvo que agachar la cabeza para que el tope del techo de las escaleras no lo tumbaran. Para entonces, ya habían llegado a la planta más baja de aquel sector de la ciudadela, que era enorme, circular de un aproximado 100 metros de diámetro.

— ¡Dumby¡Suéltalo, yo quiero cargarlo!

Link miró con sorpresa al goron que saltaba junto a ellos.

— ¡Cena especial esta noche! —gritó uno de los jóvenes que también se había reunido con ellos en el centro, donde por fin, el goron llamado Dumby lo dejó. Él y Navi se encogieron cuando una de las mujeres (pues traía pintado los labios) le dio un fuerte zape en la nuca.

— ¡No seas imprudente...!

— Lo siento...

— ¿Qué es todo ese ruido? —exclamó alguien.

Otro goron, pero más bajo y con una provinente joroba salió recargado de un bastón de la única puerta que comunicaba aquel nivel, observando con sorpresa como todos estaban reunidos.

Dumby carraspeó sonoramente, y señaló a Link, aun paralizado de la impresión.

El anciano dio un gemido.

— ¡Por las Diosas...! es... es...

— Un kokiri... —terminó Navi, mirando de soslayo a Link a que siguiera el rollo.

— ¡Diosas, Diosas...!

— Seguramente al Gran Hermano le interesará ¡acá está esta preciosa criatura!

— Sí... avisar a Darunia... sí, sí... ¡espera, mi querido! —dijo el anciano moviendo su mano con artritis a todos lados—. Ya voy por el Hermano... espera ahí...

— Será mejor que lo sigas —susurró el guía a las orejas elfinas de él y de la hada— con lo que se mueve... no creo que ni en una hora llega al cuartón del Gran Hermano.

Pero los gorons, aun deseosos de querer cargarlo, se vieron decepcionados cuando el guía, es decir, Dumby levantó la mano empujando a las escaleras todo ser que intentaba acercársele.

Estaba rojo, y no sabía que hacer. Asintió torpemente y caminó despacio donde el anciano se arrastraba con la velocidad de un caracol.

— Déjeme ayudarle... —murmuró, y el anciano le miró con ojos llorosos, embozando una sonrisa.

— ¡Qué amable eres, kokiri! Hace mucho que no veía a uno... ¡qué alegría que al fin los vuelvo a ver...!

No queriendo preguntar aun, puesto que seguía impresionado con aquella inesperada hospitalidad, el anciano se recargó con la mano que no sujetaba al bastón; Navi, por otro lado, evaluaba el caso. Desconocía por completo cómo es que los Gorons sabían reconocerlos por su apariencia, deduciendo de que antes debieron de tener una especie de relación de no hace muchos años, considerando de, si la edad de vida promedio de un goron son de 120 años, varios de los más viejos les tenían cariño. Pasaron una gran manta tejida a mano con fibras de paja color canela que tenía una especie de insignia real de su casta, como simulando una flor de lis roja, gruesa y ancha que en varias ocasiones se repetían en las paredes de la ciudadela. Aquél pasillo era oscuro, casi sin fin y algo estrechoso, donde la luz al final estaba sobre un tripie soportando una pequeña vasija de roca con una generosa cantidad de grasa quemándose; muy bonita y elegante, si me lo preguntan.

Link dejó sólo al viejo a que se presentara a la sala, lento pero seguro bajo el bastón, con un curioso pelo marchito y grisoso sobresaliendo en su espalda y la cabeza, que chocaba y volaba en su labio hinchado.

(NdA: Si han jugado el Majora's Mask, reconocerán a este personaje, que es el padre del Goron que te da su espirito en forma de máscara, y el que te enseña la primera mitad de la canción de cuna.)

— Gran Hermano —dijo cuando se hubo puesto en el centro de la espaciosa sala, que intimidaba con sus grandes colecciones de armas, lanzas y escarpelos junto con unas cabezas de bestias colgadas como trofeos en las paredes— ¡Gran Hermano! Las Diosas se han apiadado de nosotros y ha ocurrido un milagro.

Link junto con Navi, que estaban escondidos aun en el pasillo, vieron de soslayo a un gran e imponente goron con mirada penetrante, coronado por una cabellera natural del color del fuego, cayendo como cascada por su espalda.

— ¿Se largaron los dodongos? —fue lo que dijo, con tono aburrido desde un trono de piedra.

— No, no esa clase de milagros... ¡pero ha llegado a la ciudad un kokiri!

El "Gran Hermano" levantó una ceja consternado, que rápido se enderezó interesado en el cuento chino del viejo.

— Imposible. La entrada está bloqueada desde hace años por la magia del Árbol Deku y la mía.

— Lo sé. Sin embargo, este kokiri entró por la entrada este.

— Llegaría muerto —sonrió Darunia.

— ¡No, es en serio! Mira... mira que... ¡Hey, muchacho, vente acá, no seas tímido!

Link, algo desconfiado, entró a la habitación posándose junto al anciano que le hacía un espacio en el centro, con Navi sobrevolando en su cabeza. Se hizo silencio, con el único crespipar de las llamas quemándose. Darunia era imponente en esa pose, con sus grandes ojos azabaches posados directo sobre él como si intentase todas sus fracciones; por fin, luego de que el viejo, algo extrañado, dijo un sonoro "Ejem, ejem", Darunia dijo:

— ¿Cuál es tu nombre?

— Link, señor, y ella es Navi.

— ¿Son kokiris? —dijo en un extraño y sombrío tono.

— Sí, señor.

— Ya veo; ¿y se puede saber por qué... tú, estás aquí?

— En realidad, señor, somos enviados desde el Castillo de Hyrule —dialogó la hada.

— ¿Y por qué, díganme, unos kokiris están de carteros de la Familia Real? —preguntó curioso el Gran Jefe haciéndose para delante.

La pregunta no les tomó de sorpresa; Link se inclinó como si fuera en realidad una especie de mensajero y recolector, lanzando una mirada de soslayo a la hada, que hacía todo lo posible para verse presentable por los dos.

— Los kokiris son seres pacíficos, sin pretensiones que odian ser comandados, libres espíritus y conservadores al extremo, como bien sé, y no me cabe creer de que uno saliese de su bosque, no con el Guardián del Gran Árbol Deku custodiando día y noche sin descanso —prosiguió Darunia un poco más brusco sin ser descortés, poniendo un delicado énfasis en "pacíficos" y "Guardián".

El Jefe lanzó una mirada al anciano que estaba confuso por la tensa armonía. Sin siquiera avisar o algo parecido caminó y se fue por el pasillo.

Eso dio algo de más liberación al ambiente, y Link explicó lo de la petición de la princesa Zelda y la historia de la segunda piedra espiritual. Al terminar, Darunia, que se había levantado y caminaba encorvado por la sala, se detuvo lentamente.

— Conmovedor tu acto, Link, sin embargo sé de la piedra que tanto hablas.

— ¿Cómo?

— No sé de qué cosa estás hablando —repitió—, y no puedo ayudarte.

— Pero... —bajo la cabeza, intentado hacer memoria— según la historia, acá está la segunda piedra de fuego.

— Y ahora dime —dijo altanero el Gran Jefe, poniéndose frente a él por pocos pasos— ¿sabes la historia?

Navi se le adelantó al niño:

— ¡Claro que sí! El Gran Árbol Deku nos contaba eso todo el tiempo y recientemente también la princesa nos reveló el resto de la leyenda.

— Mmm... no, no lo creo... —murmuró despacio—, al menos¿saben para qué son las piedras?

Link vaciló por un momento.

— Sabemos para qué tenemos que recolectarlas...

— ¿Pero saben para qué son? Los mitos detrás de ellas? Quienes los forjaron y dónde? Los Sagas? Los Mártires y la historia de la Espada Maestra o la Flechas Sagradas? Saben algo de eso? Ahora me dirán —sonrió ante las miradas perplejas de ellos— que no tienen ni idea del Secred Realm ni del futuro Rey de los Ladrones... ¿tengo razón? Claro que la tengo: no saben nada.

— Pero... verá... nosotros estamos en una misión...

— De una niña de cual su padre no tiene ni un dejo de confianza o poder sobre nosotros —finalizó Darunia.

Los dos se callaron, sin fundamentos para seguir con la discusión.

— Lo siento por ustedes, sinceramente, pero no puedo ayudarles. Y mentí, sí, sí conozco la piedra y sí, la tengo justo ahora en mi poder —movió la cabeza hacia un lugar arriba del trono de piedra, donde estaba incrustada una joya ruby en una columna de arcilla y mármol magmático negro—, pero quería estar seguros de que hablaban de ella.

— ¿No hay ninguna forma de obtenerla?

— No lo creo —dijo el goron directo, como el golpe de una daga en el corazón—. Es una reliquia y no pienso dársela a unos niños por el capricho de alguien.

— ¿Está seguro? —suplicó Navi.

— Tan seguro como sé que no son kokiris.

Link embozó una sonrisa.

— Pues creo que ha pasado mucho tiempo para que ya no reconozca a uno.

Darunia soltó una risita.

— Eres uno legítimo, espero.

— Así es —contestó igual de risueño.

La entrevista todavía continuaba.

— Sin embargo... noto inquietante que, hace pocos meses, vino también un hombre preguntando por la Ruby Goron —murmuró pensativo Darunia, más para si que para él.

— ¿Un... hombre... preguntando por el ruby? —dijo incrédula el hada mirando la hermosura escarlata que despendía fugaces rayos ellos.

— Dudo mucho que lo conozcan, me lo dice mí sentido común; pero era un hombre que no me agradó para nada. Apenas entró a este aposento, con varias tardías por mis Hermanos gorons, si me lo preguntas, la observó como el más valioso e imperioso tesoro del mundo, aunque más que nada se propuso muy curioso sobre su historia y orígenes. Un completo letrado, un Rey Bastardo de Oriente y con más razón en Occidente... ¿sabes que esas combinaciones nunca, nunca se llevan bien?

— Me doy una idea, señor, aunque me cuesta algo de trabajo seguirle el rollo...

— Je... lo siento, me dejo llevar, estoy algo apasionado sobre esos temas en especial porque ya nunca se platican entre nosotros por ciertos sacrificios que cometimos por nuestro error... meses antes de la última Guerra entre la tribu Gerudo y la Familia Real.

— ¿Guerra? Escuché que hubo una pero desconozco por completo por qué inició o qué pasó —confesó Link, al igual que Navi, que tampoco estaba enterada en absoluto.

Darunia le dio la espalda, con una expresión curiosa, como de remordimiento y pesadez.

— Y mejor así, Link, mucho mejor así... son pocos quienes saben la causa verdadera... muy pocos...

— ¡No importa! —exclamó súbitamente— ¿y ahora¿qué tal un paseo por la ciudad? Me parece que he sido descortés pero quiero saber por qué está un kokiri acá, si no te molesta.

— Jaja ¡si sería un placer!

Platicaron, de cómo esta antigua raza junto con los kokiris coexistieron juntos durante siglos en la más absoluta armonía y fidelidad, gracias a que, si se veía por un rango del mapa geográfico de Hyrule, la montaña junto con toda la cordillera de la Muerte era el vecino más unido y cercano con el Bosque Mágico donde su guardián era un antiguo y milenario bosque. Eso comprobaba que, tan unida estaban, que hacía muchos, muchos, muchos años, tanto las dos razas crearon un camino subterráneo (fuera de peligros) desde el corazón de la profunda ciudadela, a una entrada oculta y ofuscada en alguna parte de Lost Woods.

Darunia le mostró a Link (el cual estaba siendo acosado por un gran grupo de pequeños gorons) la entrada de la susodicha entrada. ¡Así, pensó Navi, llegarían rápido a sus casas, una excusa perfecta a que el crío dejase de romperse el lomo! Sin embargo, notó para su completa decepción de que una gigantesca roca volcánica la sellaba en su totalidad, siendo doblemente reforzada por unas traicioneras enredaderas ponzoñosas, que los tres sabían muy bien de qué eran capaces.

Darunia no se atrevió a continuar más, y clavó su mirada en la roca, como en trance.

— Los kokiris son seres muy... muy pacíficos... —murmuró más para si que para él, mientras lo tocaba con uno de sus gigantescos miembros— son extremadamente pasivos y reservados... que hacen todo... todo para mantener aquella casi artificial paz.

Link miró sin entender aquellas palabras, librándose del último niño goron con un ademán desesperado.

— Sabrás, Link, que existen gran cantidad de razas en esta tierra¿no es así? —musitó tranquilo—. De los cuales, cinco son las más famosas por su mayor número, características y localizaciones: Los hylian, los gerudos, los zoras, los gorons, y por último, los kokiris. Existen más, por supuesto, pero serían mestizos o alguna pequeña comunidad elfina, mágica o etérea que están rezagados en algunas zonas desérticas o cerca de lagos o en los lindes de los bosques y campos; pero estas, estas cinco razas son las que más destacan.

Espero su asentimiento par proseguir.

— Hace diez años explotó una guerra; una guerra a consecuencia a un gigantesco error años antes por parte del rey de los hylians contra el heredero al trono gerudo...

— Pero... que yo sepa, fue un golpe de estado de los gerudos al rey hylian...

— No. No fue así. Así estará en los libros de historia actuales, pero la verdad, la verdad pura es otra cosa, pero no quiero darte mucho detalles al respecto, resulta hasta vergonzoso y repulsivo...

— Como decía, aquella Gran Guerra, como se le conoce ya que arrastró a todas las razas consigo a enemistarse y pelearse entre sí, fue hace exactamente diez años. Los hylians y los gerudos son polos opuestos, el occidente contra el oriente. Como el occidente poseía más territorio sobre nosotros, tanto zoras como gorons peleamos de su parte, resultando miserablemente victoriosos.

— Si ganaron... ¿por qué lo dice en tono como si hubiesen sido derrotados?

— Porque aquel fue el punto en la historia donde nosotros y los kokiris rompieron lazos, tal vez para siempre.

— Yo fui el general comandante de los Gorons en ese tiempo, puesto que acá dividimos a los líderes, no por descendencia, si no por pelo. Notaras que el anciano poseía algo de cabello marchito, y yo tengo abundante en mi espalda, como los demás son calvos totalmente, eso significa, que naces con cierto poder innato para ser saaaa... —suprimió la palabra— "guardianes natos" y bien, como fui general y los de tras razas nos reunimos a discutir me sé por eso toda la historia... aunque el general de los hylians renunció a participar por ciertos "criterios" que para él resultaron meros insultos y fue relevado... pero como no teníamos mucho que ver, pero aprecio que era grande... terminada la guerra, nosotros dejamos aun lado a la Familia Real, y jamás nos llevamos con los Zoras, pero los kokiris es otra cosa.

— ¿Por qué tanto problemas con nosotros?

— Porque los kokiris son pacíficos —exclamó—. Ellos se negaron rotundamente en poner pie en la grilla, ni siquiera permitieron a los embajadores hylian en dar negociaciones o cualquier tipo de los casos; se forjaron una muralla, y como había estado durante siglos, dieron la espalda y siguieron sus vidas sin preocupaciones. Pero como nosotros los gorons participamos también, tuvimos que retirarnos ya que causó cierta inestabilidad a sus vidas; el Árbol Deku y yo (que entonces éramos los mejores amigos, pues iba de vez en cuando) formamos un pacto y nos despedimos, cortando todas nuestras comunicaciones, y así, sellando para siempre aquella entrada.

— Es muy triste la historia. Yo no la sabía —murmuró sincero Link, no ubicando las palabras. Navi tampoco corroboro mucho, puesto que tampoco sabía, ya que sólo tenía alrededor de nueve años.

— Es lógico, puesto que deberías tener pocos meses de vida entonces, creo. Pero fue lo mejor. Ustedes sólo tienen como protector al viejo Deku, un gran ser poderoso como invulnerable. No se podían permitir entrar en la guerra, simplemente no podían. Y siendo técnicos... tampoco harían mucha diferencia con barras y nueces en manos —le dedicó una sonrisa, clavando sus ojos azabaches en él.

Así, Link y Navi miraron aquella coraza de piedra protegida con enredaderas de una manera muy diferente que la primera vez.

— Pero ya basta de mí ¿qué es de ustedes?

— ¿Qué?

— Ya les conté la historia base que no sabían¿qué me dicen de ustedes? No crean que soy un tonto: sé cómo es Deku y no dejaría que dos de sus hijos se fueran del bosque. ¿Cómo llegaron al castillo y consiguieron esa misión por parte de la princesa?

Link miró inseguro al hada, la cual pensaba como decir las cosas. Darunia tenía un extraño brillo en los ojos casi maniacal al pronunciar el nombre de su amigo.

Lo había dicho como si esperara tener noticias suyas. Lo había nombrado como si aun siguiera vivo...

Darunia, por supuesto, parpadeó de forma peculiar cuando escuchó a la hada con voz algo insegura, así que insistió de que continuara. Pero ella, inteligente, le comunicó a Link que él lo tenía más relación con el Jefe, y se hizo a un lado.

— Disculpe, señor... pero... esto no será fácil... —murmuró, y llenándose de coraje, le miró directo a los ojos—. El Gran Árbol Deku falleció hace pocos días.

— ...

— ¿Señor...?

— ¡No...! ... es una broma ¿verdad? Muy buena! Pero ya, di la verdad... ¿cómo está él?

— Él murió, y no es ninguna broma, señor.

Darunia miró rápidamente de Link a Navi, como si así descubriera un juego muy calculado, pero Link negó de nuevo. Fue como si se colapsaba todo el mundo sobre él llevándose una mano a la boca. Link nunca pensó ver ese feo estado de control en ese gran sujeto mientras murmuraba incoherencias, hasta el grado de indecentes. Tornó su mirada otra vez en el rubio mientras se formaba un silencio ensordecedor sobre ellos.

— ¿Cómo murió? —murmuró Darunia— ¿Qué le pasó?

— Un gohma lo mató —dijo Link—, entró en él una noche cuando estaba deambulando por el bosque desde La Montaña de la Muerte; era muy viejo y pues... lo puso enfermo y no resistió el día siguiente.

— No tienes ideas del dolor que me causa escuchar eso... pero... ¿un gohma? Cómo es posible qué...?

— Parece que iba moribundo y entró a este reino. Yo estaba ahí cuando ocurrió —dijo Navi— y cuando el Gran Árbol Deku lo quiso ahuyentar, se puso colérico hasta intentar crearse un nido en sus entrañas.

— Pero... ¡no es posible! Él... Deku... ¡No pudo morir así! Yo lo conozco, no se merecía ese tipo de tortura! Y... sufrió mucho? Qué pasó con eso "nido"? Qué... ¡Qué pasó!

Link se propuso narrarle con cada detalle que fue capaz de recordar sobre lo sucedido en ese día. También narró la misión que el Árbol Deku le hizo prometer en su preludio sobre la Esmeralda Kokiri, aquella joya que iba destinada a un lugar seguro hasta el Castillo, donde quedó en manos de la misma princesa. No encontró incomodidad en decir qué pasó una vez con ella, relacionado con el curioso sueño y prosiguió hasta el final, con la recolección de las dos gemas restantes, puesto que una estaba momentáneamente vulnerable, las otras estarían desequilibradas por el cambio brusco de magia que inhalaban, recelosas de que un tercer ser extraño se las apoderara.

Fue ahí donde entró por casualidad el Jinete Negro de Oriente que por casualidad llegó el mismo día que él al castillo, pero sólo por casualidad y mero comentario del hada.

Darunia quedó mudo, reflexionando palabra por palabra lo que le decían, rastreando en la mirada clara del rubio algún dejo de mentira o inseguridad, pero no encontró.

— Te lo vuelvo a repetir, Link, pero no puedo entregarte nuestra Ruby. Como fue igual de importante para Deku es también valiosa para todos nosotros. Yo no puedo entregártela así como así; sin embargo, reconozco lo valioso de tu misión, y agradezco que intentaras vengarte de la muerte de mi viejo amigo, sin embargo, ya pasó. Lo único que puedo desearte es que ya dejes tranquilo su nombre, pues tú ya le cumpliste.

— Sin embargo, también tengo en pie la palabra de la princesa.

— ¿Pero le debes algo? —preguntó Darunia.

— Siento que sí —levantó la cara—. Si el Gran Árbol Deku me pidió que a ella se lo entregara, será porque es el mejor lugar donde mantenerlas seguras, ya que están inestables (es lo que entiendo) y tengo como deber protegerlas como me dijo él. Por eso hago ésta misión, en su nombre como también el de la princesa.

— Confío en ti, y reconozco que tienes razón¿pero cómo se yo de que esa princesa sea la correcta para ser la guardiana? —encaró con algo brusco en su voz, como si le reclamase al aire, como si estuviera frente a su amigo Deku personalizado en cuerpo y alma en el de Link— ¿cómo? No pienso dejarle parte de nuestro legado en manos de una chiquilla que ni siquiera conozco.

— Pues yo la veo muy fuerte y confiable.

— ¿Tanto para mantener tres llaves de esa calibre en sus simples manos?, ocultas debajo de su cama?

¿Llaves?

— Tendrá que confiar en la selección del Árbol Deku, justo como lo hago yo. Él dijo: "busca en el Castillo, para encontrar según tu juicio a la persona indicada que las mantendrá seguras de cualquier mal".

— ¿Y si se refería a otra persona, Link? Se te ocurrió eso?

El aludido se calló, impactado de tal cuestión.

¿Y si se había equivocado?

No... no es posible... la princesa lo había soñado ¿verdad? Él y a la piedra, pero ¿y si sólo fue casualidad? Y ¿si fue sólo un dejavú? No ¡ella tiene que ser la persona que le dijo el Árbol! Tenía que ser... Tenía que serlo ¿no?

— Estoy seguro de que ella es la indicada.

— Seguro o no, Link, siempre hay errores. Y no, no pienso arriesgar la Ruby Goron. Lo siento mucho, kokiri, pero esa es mi respuesta.

Link se sentía frustrado ¿cómo discutir esa resolución? Darunia era de esos sujetos firmes que estar seguros de sus decisiones en aquél momento, aun consiente de las consecuencias. Era imposible intentar cambiar esa morfología que lo hacía digno de ser líder de aquella grandiosa raza que es muy conocida por ser todo tipo de cosas: decididos, amistosos y guerreros natos, capaces de enfrentarse a todas las dificultades de la vida en estar felices en lugares tan extremosos y peligrosos como la Montaña de la Muerte.

Suspiró rendido, sin embargo, esto jamás fue notado porque en ese instante un brusco temblor lo hizo caer de espaldas. Hubo gritos en toda la ciudadela de terror, mientras grandes trozos del techo se rompían en cientos de pedazos volando sus restos por todas partes. Darunia, que no se veía sorprendido de eso, si no más molesto que otra cosa, tapó con sus grandes brazos un pedazo peculiarmente amenazador que iba en dirección del rubio y de la hada como si no fuera ningún problemas.

Varios gorons chiquitos que estaban por ese nivel (más al otro lado por respeto al Gran Hermano) se abrazaron y gimieron un poquito, regresando a sus casas para estar seguros ahí.

El temblor finalizó tan rápido como llegó y Link miró alrededor dudoso, sin levantarse por si la madre tierra intentara hacer otro.

— ¡Gran Hermano, Gran Hermano, a pasado otro, a pasado otrooo!

— Ya me di cuenta —masculló Darunia al anciano que 'corría' desde el pasillo del salón con la gema.

— ¿Qué fue eso? —preguntó asustada Navi.

— No fue nada —murmuró Darunia regresando a su trono, tocándose las sienes.

— ¡Esos dodongos... malditas bestias...! —chilló escandalizado en anciano.

— Vas a dejarlos sordos si sigues así, viejo —exclamó Darunia mientras se tiraba en su bella silla de telas y piedra.

— ¡Pero es la decimoquinta vez en esta semana!

— Es la octava y no seas exagerado, viejo quejumbroso.

— ¡Pero ya se han vuelto peligrosas! —volvió a gritar— ¡Y no hemos comido...!

— Sólo quiero que te calles por un momento —pensó Darunia mirándolo con hastío.

— ¿De qué hablan?

Antes de que Darunia le lanzara la palabra el anciano rompió a gritos, como si en eso se le fuera la vida.

— ¡Dodongos, dodongos, estamos siendo acosados por doooodooongooosss...!

— ¿Dodon...gos? —preguntó confundido Link.

— ¡Unas bestiotas gigantes de tamaños de ballenas, que escupen fuego desde sus estómagos comedores de rocas! Dinosaurios ENORMES! Alimañas! PLAGA!

Como si eso fuese una señal, un segundo temblor sucumbió en la ciudadela, quizá más potente que la anterior. Se escucharon gritos por todas partes desde la sala principal reforzados con la comunidad que Link y Navi vieron que se bifurcaba al centro de la montaña, con sonidos de grandes rocas destrozándose tras la caída desde el techo y paredes elevadas. Link cayó de espaldas, mientras que el anciano corría a la pared más cercana. Navi sintió como tierra pulverizada caía sobre su cabeza; Darunia observaba el cerco que formó el temblor en el techo, haciendo que pequeños fragmentos de rocas se desprendieran.

— ¡Es el decimosexto...

— Noveno.

— ... que ocurre!

— ¿Qué es lo que pasa? —preguntó con aprensión el hylian.

— Nada —gruñó el Gran Hermano.

— No. Ya estamos muy metidos para que salga con eso! —demandó Navi imperiosa.

El viejo miró expectante la escena, notando con un alivio el suspiro del Gran Jefe. Éste, luego de un momento, con un ademán, hizo que los dos se pusieran enfrente.

— Hace pocos meses (un poco después de la retirada del Jinete) algo raro ocurrió allá, al otro hemisferio de la Cordillera. Fue como si algo les estuviese perturbando ¿qué fue? no lo sabemos, pero fue algo de tal magnitud que varias de las bestias emigraron a una zona peligrosamente cerca de Hyrule. Una de esta, los "dodongos" pusieron pie a esta zona en particular rodeando el cráter activo del volcán. Nosotros nos alimentamos de rocas ¿sabías? sí ¡rocas! Las más deliciosas y blandas de todas, que sólo se extraen de una parte de la montaña por una parte más al este. Es nuestra fuente de alimento y cada tanto tiempo vamos para suministrarlos, sin embargo, en la última expedición, todos esos gorons, menos uno, fueron devorados por los dodongos. La preciada mina está infestada de esas criaturas, y creemos recelosamente de que el padre de todos ellos (apodado "Rey Dodongo") está escarbando por debajo de nosotros. Eso está poniendo inestable la ciudadela... a este paso creo que muy pronto se va a venir a bajo.

El tercer temblor los agarró desprevenidos. El viejo cayó. Link aprovechó a sostenerse de una columna.

— ¡Cada vez son más frecuentes...! Y fuertes!!

Darunia se levantó.

— No durará la ciudad si seguimos así...

— Jefe... —el anciano miró con terror el ademán del aludido, como saliendo dispuesto a pelea— ¡ESTÁ USTED LOCO!

— Yo soy el guardián de ésta ciudad ¡yo soy el responsable de acabar con esa plaga! —dijo mientras caminaba decidido hacia la salida.

— ¡Se va a matar...! —chilló el viejo, haciendo que media ciudad asomara sus cabezas, sorprendidos por la escena.

— No antes de aniquilar al Rey Dodongo —exclamó mientras volteaba a verlo.

— ¡Se lo va a comer...! Ya no tiene edad para pelear ni correr...! Alto, Jefe, se va a matar...!

Link y Navi intentaban alcanzarles haciéndose paso entre la multitud que empezaba a entender lo que sucedía. Más de uno intentaba dialogar con el Gran Hermano y este sólo le dirigía una oración y seguía imparable. Link, con mucha suerte, saltó entre una madre y su hijo y corrió hasta ponerse frente a Darunia, que no se detuvo, más si aminoró la zancada.

— Link, te recomiendo de que aquí te quedes. Afuera no es muy seguro para un kokiri —le reclamó Darunia haciéndolo a aun lado.

— ¡No puede pensar en serio a enfrentarse con una de esas... cosas!

— Por supuesto que sí. Antes fui general y soy jefe de esta comunidad.

— ¡Pero ya no tiene edad...!

— ¡Claro que sí, anciano!

— ¡Jefe! —Dumby y otros gorons jóvenes les escoltaban— ¿Va a pelear?

— Así es —miró a los demás, deteniéndose un instante.

— Nosotros también estamos dispuesto ¡Lo acompañaremos a la batalla!

— Estoy seguro que serán de mucha ayuda —agradeció. Ya estaban en el penúltimo piso...

— ¡Nada de eso!

Navi miró con ojos abiertos en par en par a un pequeño goron que ya entraba en años de adolescencia. Tenía un pequeño mechón rojizo (¿futuro jefe?) que sobresalía de su pelona cabeza sujetada con una liguita. Sus ojos eran más grandes de lo normal por unos lentes, recordándole a los de un búho y colgaba de un hombro una bolsa con varias hojas de papel y pastas, diferenciando los libros. En una mano agitaba con violencia un pergamino todo tachoneado, y en el otro una pluma.

— Hola, Elder —saludó de largo el Jefe al goron.

— ¡No pueden ir! —por alguna razón, se sonrojó un poco ante el saludo tan simplista— ¡Según estos cálculos ninguno de ustedes tiene posibilidades de...!

— Otra vez con eso —murmuró alguien de la muchedumbre, riéndose con otros compañeros.

— ¡Préstenme atención! —bufó molesto, moviendo con más fiereza el pergamino. El mechón del cabello se movía de aquí y para allá...— según mis cálculos no durarían ni tres horas un goron! Imposible!

— Mejor vámonos... —dijo ese tal Kal pero un ademán imperioso del Jefe le detuvo.

— ¿Por qué dices eso? —preguntó.

Elder se subió los gruesos anteojos, diciendo:

— La ahora "Caverna Dodongo" (mal apodado, por cierto...) está constituido, gracias a nuestro excavado, en forma firme y lisa, con varias áreas abiertas, aprovechando al máximo cualquier falla o hendidura superficial en la circunferencia para arrancar esa capa de roca y así, consecutivamente, formando un nido perfecto y profundo para ellos, siendo un error letal para nosotros —levantó la mirada, consiente de que todos le miraban en medio del silencio— somos lentos, grandes y pesados en dos piernas, y ocupamos inclinaciones y gran viada para rodar y causar siquiera un mínimo de daño a comparación de unos seres tan gruesos y grandes como los dodongos; pero por nuestro error de la siempre "exactitud" estamos en desventaja. Es la posibilidad del 10 por cierto acabar con una cría, y es algo nula a comparación con el Rey Dodongo —estrujó el pergamino y lo colocó detrás de su espalda. Su mirada sólo existía al jefe goron—. Es posible de acabarlo de ser más pequeños, ágiles y ligeros para atacarlos por la espalda y muy, muy rápido para escapar de sus ataques, pero no lo somos. No tenemos muchas posibilidades de atacarlos así ¡y es peor en grupo, por favor! Gran Jefe, razone eso y no haga nada precipitado, pero es lo más exacto que he calculado.

Un murmullo de insatisfacción se elevó y el pequeño Elder se encogió un poco, pero imperturbable sobre su información. Darunia, a pesar de aquella fatídica noticia no podía dejar así las cosas, imposible ahora, cuando se encontraba en aquel estado de confusión. ¡Sea lo que sea, tenía que hacer un intento, tenía que hacerlo...!

— Yo lo haré.

— ¡Link! —exclamó pasmada Navi ante el repentino silencio.

— ¿Eh? —Elder le miró confuso. Aun no estaba enterada de la llegada de un kokiri a su aldea, y a decir verdad, era el primero que veía.

— Yo iré.

— No, no irás —contradijo Darunia talante.

— ¡Claro que sí! Soy el único que posee todos esos requisitos. Yo iré.

— ¡Demente! —murmuró el hada.

— Un kokiri no hace mucha diferencia en el campo de batalla ¡Morirías! —anunció Dumby, que a pesar de su estado de ánimo, creía inverosímil la decisión del rubio.

— Ya me he enfrentado antes a un gohma. Tengo una idea más clara sobre el poder de esas bestias.

— ¿Un gohma? —fue la pregunta general.

— Bueno, estaba herido... pero muy activo, a pesar de todo.

— ¿Sabes de que lo que estás proponiendo es suicidio?

— Estoy consiente, señor. Pero soy el único que tiene posibilidades, o no es así... ¿Elder?

— ¿Eh...? Sí... sí, pareces más indicado que el resto...

— Señor... —miró al Gran Jefe.

— No irás, punto.

— Eso es lo más sensato... —pensó Navi, sorprendida por la actitud autodestructiva de 'su ahijado'.

— Pero señor...

— ¡Eres un kokiri! De ninguna manera enviaré uno a la boca de un dodongo.

— ¡Es la única posibilidad! —encaró él.

— Suicidio innecesario, diría yo —siseó.

— Si no voy yo ¿quién más podría? Alguien que sea igual de pequeño y silencioso, quiero decir!

— Eso no es lo único que se toma en cuenta. Los dodongos escupen fuego, y somos muy tolerable a él, pero tú no. Sería como entrar a un horno, contarías con muy poco tiempo y concentración para hacerlo bien.

— Pero sin embargo, es lo más cercano al éxito hasta ahora ¿no es así?

Link suplicaba dentro de su mente de que Darunia no le saliese con otro ataque verbal, pensando de que no sería capaz de sostenerse igual de pie, pero fue salvado a tiempo gracias a otro temblor ligero que los hizo temblar. La mayoría gritó, suerte que duró relativamente poco, gracias a las Diosas.

Con una mirada, el rubio le expresó todo el problema al Gran Hermano. Este seguía hosco, con la repugnancia de cometer tal barbaridad ¡siendo él el juez! Pero tuvo que admitir de que era una elección razonable por el lado frío. Y si Deku fue capaz de confiar de él... ¿por qué no darle la oportunidad?

— Está bien.

Se formó un nuevo murmullo, parando las miradas en el pequeño al Jefe. Este primero sacó la sombra de una sonrisa que desapareció de inmediato.

— Te mostraré la entrada de la cueva, y ahí, las instrucciones del gran laberinto dentro, que es muy simple. Acompáñame.

Se hicieron los tres paso entre la multitud. Elder, que efectivamente, parecía ser un futuro líder en crecimiento los siguió, acompañados por Dumby y otros tres gorons que nadie conocía. Fue un instante donde la luz que irradiaba el sol cegó unos instante al rubio. En lo que siguiente que recordó, fue caminar un gran trecho hasta una zona que él no había pasado, debajo del sol que estaba oculto tras las nubes. Tenía clavada una bandera que se movía con delicadeza con la poca brisa caliente.

Era una desembocadura que por sí sólo se habría un camino liso y cuidado, obviamente preparado desde hace años por los gorons, y bajaba hasta perderse entre las colinas, barriéndose paso con una gran facilidad; a comparación con el primer viaje a la cima de Navi y Link al inicio de este capítulo, aquél sendero nuevo estaba a parte, casi al otro lado de la cordillera triunfosamente oculto, casi inexistente para el hylian aventado.

En una gran pared que daba al norte, un descomunal agujero se abría en par en par, haciendo un sonido casi hueco de aire atrapado, dándole una nefasta sensación de vacío.

— El lugar es sencillo. Pasas este largo camino desembocas a la cámara principal, que es enorme y circular y algo sofocante ya que tiene un suelo activo volcánico. Hay un puente de piedra que debería de cruzar en par en par hasta una segunda entrada justo en frente, que tiene la imitación a una boca de pescado. Ahí, según el informe de nuestro único goron que sobrevivió está el Rey Dodongo, en la cámara subterránea que se abre paso. Conociéndolos, aquél dodongo debería de estar escarbando de tal manera que está por debajo de nuestra ciudadela, así que ten cuidado con los temblores. Se han vuelto más frecuentes y peligrosos que la blanda roca que reviste la caverna es quebradiza y si te cae uno... digamos que no será para nada agradable, pues también es filosa al extremo, algo así parecido al cuarzo. Tú tienes que aniquilar al Rey Dodongo. Una vez destruido su pilar los demás están acabados, ya que dependen de él para sobrevivir, estarán confundidos y vulnerable, entonces, aprovecharemos nosotros para acabarlos. Tú eres el único capaz de llegar hasta el rey, entonces no te molestes de sus hijos. Cuidado sí, pero no te molestes mucho.

— Confío de que el Gran Hermano está claro.

— Claro que sí —respondió Link, mirando el agujero de enfrente.

— Mmm... —Elder miró arriba por un momento—. Esa caverna es muy particular ¡contiene sientas de rocas minerales de todo los tipos...! que también posee una peculiar fauna. Ahí crece una especie de flor polvorienta que con el calor es altamente explosiva. Son unas semillitas negras que si sabes usarlas son granadas. Te recomiendo de que si estás en dificultades y acorralado por un dodongo, y tienes una de esas semillas negras, cuando abra la boca para escupir fuego métesela.

Link parpadeó sorprendido.

— ¿En serio?

— En teoría... sí... pero como la temperatura es alta y se intensificaría por tu calor corporal... es más posible que explote en tu mano que a cinco metros lejos de ti...

— Ah...

— Gracias...

— ¡De nada!

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Tarem. Y bueno... asias n.n aun ando apoyada en seguir en pie con el proyecto, como ves. Y también mucha gracias por la observación. Voy a intentar enfocarme más en eso, si puedo, ya que esa fue una de las razones por la cual empecé a escribir el fic. Fijarme mucho en las expresiones (lástima que, si me sale bien o mal, no lo sé xD)

Miko Rowan Farore Tonos. Jeje... claro. De echo… tengo ya muchos, muchos capítulos hechos. Así que será pronto.

Dragon-062. ó.o Creo que debería de hacer un apartado aparte de eso… pero bueno, ojalá estés bien y todo. Y bueh… cualquier cosa, me lo podeís pedir por MSN, que ya sabes sea lo que sea, te lo contestaré lo mejor que pueda. Es cuestión de que alguno empiece… suponiendo, claro está, que no te moleste eso a largo plazo. La gente cambia. Sea para bien o para mal. Pero con el paso todo se enfría y cambia. Ojalá también te vea y lea pronto n.n /kis