Erawon decidió preguntarle más cosas sobre los dragones a Bromo, pues en ese tiempo no existía la televisión y no tenía nada mejor que hacer.

-Oye Bromo, cuentame más cosas sobre los dragones.

-¿Estás loco? Ese conocimiento es muy secreto y además se ha perdido en el tiempo, por no mencionar que el gobierno lo prohibe y...

-Ah, ok entonces...

-Los dragones son seres maravillosos que vuelan, lanzan fuego por la boca, y en general pueden hacer todo lo que se les de la gana. Al principio odiaban a los seres humanos y a los elfos, hasta que hicieron un pacto con ellos: los humanos y los elfos los dominarían (al parecer no leyeron la letra chica). Así se formaron los Jedites, que con sus poderes protegían la galax... digo, la Tierra Medi... no, espera.. ¿Donde demonios estamos?

-Este Bromo, siempre tan senil... ¿Y dime, como sabes tantas cosas que sólo un Jedite sabría?

-Ah, lamentablemente esa información jamás podre decirtela. Lo prohibe el código Jedite.

-Que pena. Otra cosa: pongamonos en el caso totalmente hipotetico y sin ningún asidero en la realidad de que yo tuviera una dragona...

-Ok.

-Y, sólo como un ejercicio mental, para dejar volar la imaginación, que la tuviera escondida en el bosque...

-Te sigo.

-Y bueno, eso.

-¿Cual era tu pregunta?

-Ninguna, sólo presumía...

En ese momento vieron que dos encapuchados bastante desfigurados salían de la carnicería. El carnicero los acompañaba, les señaló en dirección a la casa de Eragon, les indicó un cierto tamaño de joya con las manos, les pasó un par de antorchas y unos sanguches para el camino. Eragon sospechó que algo no andaba bien. Tal vez era que Bromo le había tomado la mano.

-Oye, la verdad yo no te veo de esa forma, prefiero que sólo seamos amigos...

Pero Bromo estaba mirando la marca.

-Sabes muchacho, yo que tu me iría a tu casa inmediatamente, esos tipos eran del gobierno. ¿Viste que andaban de negro?

Erawon estuvo de acuerdo y se largó a correr en ese mismo instante hacia su casa, dejando los obsequios que había comprado en la feria, a Bromo en medio de otra historia, y hasta a su caballo que había estacionado en la otra esquina.

Cuando llegó a su casa (seis horas después, no les había alcanzado el dinero para algo más centrico), sólo encontro un crater humeante.

-Noooooooooooooo. ¡Allí guardaba todas mis cosas!

Se escuchó un gemido cercano. Era su tío (o la mayor parte de este).

-Erawon, no debes culparte por esto...

-¿Seguro? Estos tipos buscaban una gema que me traje a la casa.

-Ah, en ese caso, si es tu culpa. Coff Coff.

El tío se murió y Erawon juró vengarse de ese par de desgraciados, nunca descansaría hasta hacerles pagar por lo que le habían hecho a su colección de Playelfs.