Antes de hacer cualquier otra cosa, me gustaría dar las gracias a Lilith Hastelin, sakurass y Nay-san, quienes se han tomado la molestia de dejarme reviews expresando sus opiniones. Me alegro de que os gustase el primer capítulo del fanfic y espero que este segundo capítulo también os agrade. Debo recordar que los dos primeros capítulos forman el prólogo de la historia, con lo cual puede que se os hagan un tanto pesados; pero tened paciencia: a partir del tercer capítulo, los personajes ya serán mayores y empezará la auténtica trama del fanfic. Dicho esto, aquí os dejo el segundo capítulo, en el que se nos hablará principalmente sobre la traumática infancia de Naruto.
Disclaimer: En el capítulo anterior se me olvidó comentar que los personajes de este fanfic no me pertenecen, pues son originales del gran Masashi Kishimoto.
A lonely childhood
Al día siguiente, la pequeña Sakura se dirigió hacia las tierras del clan Uchiha en cuanto hubo terminado de comer. No había tenido una muy buena mañana: Iruka, su sensei, le había echado la bronca por volver a llegar tarde a clase. Lo cierto era que, cada vez que sus padres se ausentaban durante largos periodos de tiempo (cosa que pasaba con bastante frecuencia, pues los señores Haruno eran vendedores ambulantes que viajaban constantemente de villa en villa para conseguir que sus productos artesanales se distribuyeran por todo el País del Fuego), la pelirrosa se quedaba dormida (al hallarse sola en casa, nadie le despertaba) y llegaba tarde a la Academia de Ninjas. Por este motivo, ya estaba ligeramente acostumbrada a que Iruka le riñese por sus retrasos. Lo peor de todo era que la muchacha sabía que la tarde no le iba a ir mucho mejor de lo que le había ido la mañana, pues el simple hecho de tener que volver a estar delante de los ojos oscuros de Sasuke Uchiha ya le producía escalofríos. La Haruno, además, seguía todavía sin saber dónde estaba el despacho en el que se tenía que presentar a las cuatro. Al menos, creía tener claro que el despacho en cuestión debía encontrarse dentro de las tierras del clan; así que, de momento, no llevaba el camino equivocado. El problema vino cuando se encontró delante de las imponentes puertas por las que se accedía a las pertenencias del prestigioso clan sin saber exactamente hacia dónde debía dirigirse.
"¿Qué hago? ¿Debo avisar a alguien para que me abra las puertas?" pensaba la pelirrosa, que se había quedado de pie delante de la entrada, con sus grandes ojos de color esmeralda muy abiertos por si Sasuke se encontraba por allí.
Si algo tenía claro Sakura era que no tenía intención de volver a colarse a escondidas en las tierras del clan, pues no quería que el pequeño Uchiha se volviese a enfadar con ella por aquel tema. Pero, si no se colaba, ¿qué se suponía que debía hacer entonces? Le daba vergüenza llamar a la puerta, pues sentía que iba a hacer el ridículo. La mejor opción que veía de momento era quedarse allí de pie, casi sin osar moverse.
"¿Buscas algo, pequeña?"
La voz que había pronunciado aquellas palabras no le resultaba a la Haruno demasiado familiar, cosa hizo que se asustase un poco. Sin embargo, al girarse y encontrarse con el rostro amable y tierno de un joven adolescente que, sorprendentemente, tenía unos rasgos fisonómicos bastante parecidos a los de Sasuke hizo se calmó al instante. Pese a que la reconfortante sonrisa del chico le decía a Sakura que aquel joven no era una mala persona, la pelirrosa se puso algo nerviosa cuando fue a contestarle. Al fin y al cabo, era un desconocido.
"Estaba... Estaba buscando el despacho de Sasuke Uchiha..." dijo la pequeña, tímidamente.
"¿El despacho de Sasuke Uchiha?" el joven abrió mucho los ojos y, pese a que siguió mostrando un rostro de lo más dulce, en su cara se dibujó momentáneamente una expresión de incredulidad "¿Tú eres amiga de Sasuke?"
Aunque la palabra "amistad" no era precisamente la más adecuada para definir la relación que había entre Sasuke y la pelirrosa, Sakura asintió después de dudar durante varios segundos. La cálida sonrisa del chico se agrandó al escuchar las palabras de la Haruno.
"Espera un momento."
Después de decir esto, el joven se colocó enfrente de las puertas que conducían a los terrenos del clan Uchiha y, con decisión, golpeó una de las piezas metálicas que colgaban de ambas puertas para llamar. Pasaron menos de quince segundos desde que el chico soltó el picaporte que había utilizado para llamar a la puerta hasta que ésta se abrió haciendo un molesto chirrido que provocó que la pelirrosa se estremeciese ligeramente. Detrás de la chirriante puerta, apareció un hombre moreno de mediana edad que, por las vestimentas que llevaba puestas, debía ser uno de los muchos criados del prestigioso clan Uchiha. Al ver al joven que acababa de llamar a la puerta, el criado se inclinó elegantemente para hacerle al chico una reverencia a modo de saludo.
"¿Ya está de vuelta, Itachi-sama?" dijo amablemente el criado, una vez su reverencia hubo terminado.
El asombro que la pequeña Haruno sintió en su interior al ver que aquel criado se había dirigido hacia el tal Itachi con tanto respeto se exteriorizó con un leve rubor en sus mejillas.
"Sí, la misión ha durado menos de lo que pensaba." en ese momento, Itachi se giró hasta que sus ojos negros se clavaron el rostro desconcertado de la pelirrosa "Sígueme, pequeña."
En cuanto se hubo percatado de que aquella cría de siete años de edad acompañaba a Itachi, el criado la saludó también con una reverencia. Sakura, por unos momentos, no supo cómo reaccionar: era la primera vez en su corta vida que alguien le saludaba con tanta educación y respeto. Tratando de no parecer demasiado torpe, la Haruno se inclinó modestamente para devolverle el saludo al criado y, a continuación, se apresuró para poder seguir el paso de Itachi, quien ya se había adentrado en las tierras del clan Uchiha.
El lugar al que Sakura llegó después de estar durante varios minutos siguiendo a Itachi por los hermosos y bien cuidados jardines del clan era una lúgubre torre que estaba bastante apartada del resto de pertenencias de los Uchiha.
"Aquí está el despacho de Sasuke." dijo cordialmente Itachi mientras abría la puerta por la que se entraba a la torre en cuestión.
El aspecto de la tétrica torre por dentro no se diferenciaba mucho del que presentaba de cara al exterior. La pequeña Haruno tragó saliva y se preguntó durante unos segundos mentalmente si de verdad aquél era el lugar en el que se hallaba el despacho de Sasuke Uchiha o si simplemente se trataba de una broma pesada de aquel desconocido al que había estado siguiendo desde que había atravesado las puertas que llevaban al interior de las tierras del clan. Hubo dos motivos que hicieron que la pelirrosa descartase al instante la segunda opción que se había planteado mentalmente: el primero era que aquel tal Itachi no parecía ser tan mala persona como para pretender hacerle pasar un mal rato sólo por pura diversión y el segundo era que, en el fondo, no le parecía tan extraño el hecho de que alguien con la personalidad de Sasuke Uchiha hubiese elegido una torre tan siniestra como aquella para establecer su despacho. Intentando no tropezar con nada por culpa de la oscuridad que había en el interior de la torre, Sakura siguió de nuevo a Itachi, quien había empezado a subir por las escaleras que se encontraban situadas en el centro de la sala a la que acababan de entrar.
Las escaleras parecían interminables, cosa que a la Haruno no le sorprendió demasiado después de haber estado contemplando desde fuera la altura de la torre. Por suerte para Sakura, quien estaba empezando a cansarse de tanto subir escaleras sin saber muy bien hacia dónde se dirigía, no subieron hasta lo alto de la torre; pues se detuvieron a mitad del camino. La pelirrosa se percató de que Itachi se había agachado delante de una puerta de madera que tenía un pequeño postigo situado aproximadamente a la misma altura del suelo que se encontraban los ojos de la Haruno. A la pequeña le hizo bastante gracia el hecho de ver a Itachi en cuclillas, pero estaba demasiado pendiente de no pisar nada que hiciera que se resbalase como para reírse. Sin modificar aquella posición tan cómica, Itachi utilizó sus nudillos para llamar a la puerta.
"¡Sasuke! ¿Estas ahí?"
Ruido de objetos y muebles moviéndose de un lado a otro fue lo único que se oyó del otro lado de la puerta. Al cabo de unos segundos, el postigo de la puerta se abrió y, detrás de él, apareció una mirada asesina que Sakura al instante asoció con la mirada de Sasuke Uchiha. El pequeño, que había clavado sus ojos en los de Itachi (puesto que era lo único que veía a través del postigo), tardó bastante en hablar.
"Por si tu ignorancia no te había permitido darte cuenta de ello hasta ahora, te informo de que no eres bien recibido en la torre de Sasuke."
La voz fría y a la vez descarada del Uchiha hizo que a la pelirrosa se le pusiera la piel de gallina. Itachi, en cambio, se limitó a esbozar otra de sus tiernas sonrisas.
"Hay una amiga tuya aquí conmigo que me ha dicho que quiere verte."
Los ojos de Sasuke se abrieron bastante al escuchar aquellas palabras.
"¿Qué porras estás diciendo?"
En medio de la oscuridad, Sakura vio cómo Itachi le indicaba con un pequeño gesto que se acercase hasta donde él estaba. La muchacha obedeció sin rechistar mientras observaba cómo Itachi se ponía de pie. Agarrando delicadamente a la pequeña por el hombro, la colocó delante del postigo; de manera que los ojos de color esmeralda de la cría quedaran justo enfrente de los ojos de color azabache de Sasuke, los cuales, al reconocer la mirada de la pelirrosa, cambiaron su expresión de enfado por una expresión de sorpresa.
"Esta niña es una amiga tuya, ¿no, Sasuke?" Itachi, que todavía sujetaba a la Haruno por el hombro, parecía estarse divirtiendo con aquella situación.
Se oyó un gruñido procedente de detrás del otro lado de la pared justo antes de que Sasuke cerrase el postigo y abriese la puerta con cierta desgana.
"Pasa, anda." dijo el pequeño Uchiha, señalando con la cabeza a Sakura.
Sin saber muy bien por qué tenía la extraña sensación de que había hecho algo mal, la pelirrosa obedeció la orden de Sasuke. Al atravesar la puerta, se encontró con una sala redonda llena de estanterías y de libros en el centro de la cual se hallaba un elegante escritorio repleto de pergaminos y de papeles. Enfrente del escritorio y dándole la espalda a la única ventana que existía en aquel desordenado despacho, había una majestuosa butaca sobre la cual Sakura dedujo que se debía sentar Sasuke cuando se encontraba trabajando en "vete-tú-a-saber-qué". Al otro lado del escritorio se encontraban dos sillas de madera no tan vistosas como la otra butaca, pero igual de cómodas que ésta (al menos, a primera vista).
"¿Es que ahora te ha dado por entrometerte en asuntos ajenos que no te incumben para nada?" la Haruno se giró sobresaltadamente pensando que aquellas palabras de Sasuke iban dirigidas a ella; pero se equivocó: el pequeño Uchiha estaba hablando con Itachi "¿Se puede saber qué haces todavía aquí de pie como un espantajo? ¿No tienes nada más provechoso en lo que invertir tu penoso tiempo o qué?
Todavía con aquella expresión divertida en su rostro que daba a entender que se lo estaba pasando en grande contemplando la escena, Itachi dio media vuelta y se dirigió hacia las escaleras por las que había subido hasta el despacho del heredero del clan Uchiha. Sasuke, quien no parecía estar pasándoselo tan bien, no cerró la puerta hasta que se hubo asegurado de que Itachi realmente se había ido. Sakura, por su parte, se limitaba a observarlo todo en silencio, como si tuviese miedo de intervenir. Después de cerrar la puerta, el pequeño Uchiha fulminó a la pelirrosa con la mirada en cuestión de pocos segundos.
"¿Se puede saber dónde narices has perdido el cerebro, Haruno?"
La sensación de que había hecho algo mal volvió a aparecer en el interior de Sakura. El problema estaba en que aún no sabía qué era lo que había provocado que el moreno se molestase esta vez.
"¿Qué...?"
"¡¡Silencio!!" la interrumpió Sasuke "¿¿Cómo se te ocurre pedirle a mi hermano que te traiga hasta mi despacho??"
"¿Tu... hermano?"
El enigma del parecido físico entre aquellos dos morenos acababa de resolverse en aquel mismo instante para la Haruno. De todos modos, le costaba creer que alguien tan dulce, amable y servicial como Itachi pudiese ser el hermano de alguien con un carácter tan difícil y detestable como el de Sasuke.
"¡Sí, mi hermano!"
"Pero... no lo entiendo... ¿Qué hay de malo en que le diga a tu hermano que te estoy buscando?" el desconcierto de la pelirrosa parecía ir en aumento.
"¿A ti no se te ha pasado por tu miserable cabeza que quizás yo no quiera que nadie sepa que vas a trabajar para mí?" al ver la expresión de confusión que se había dibujado en el rostro de Sakura, el moreno prefirió no esperar a que ésta respondiese "No, claro que no. ¡¡Qué pregunta más estúpida por mi parte!! Eso sería exigirle demasiado a alguien con un grado tan alto de torpeza como el tuyo."
"Entonces... ¿Cómo pretendías que entrase en los terrenos del clan sin hablar con nadie que me pudiese ayudar?"
"¿Cómo entraste la última vez que lo hiciste?" replicó Sasuke, burlonamente.
Así que se trataba de eso: lo que el Uchiha había pretendido era que la pelirrosa se volviese a colar sin que nadie la viera, como una ladrona. Definitivamente, estaba claro que aquel crío cada vez desconcertaba más a Sakura. Además, había algo que todavía no acababa de cuadrarle a la pequeña Haruno.
"Pero... Tú me dijiste que me ibas a esperar a las cuatro en tu despacho... ¿Es que también se supone que debía averiguar dónde estaba este despacho tuyo sin preguntárselo a nadie?"
Ante aquella última pregunta, el moreno no debió saber encontrar una respuesta que fuese demasiado convincente, pues permaneció durante unos segundos meditando mientras seguía asesinando a Sakura con la mirada. Pese a que la pelirrosa estaba deseando recibir una contestación, la respuesta a su pregunta no llegó nunca; pues, justo en aquel momento, la voz de un crío al que la Haruno ni siquiera conocía interrumpió la conversación.
"¿Puedo salir ya, Uchiha-sama?"
Como si en aquel preciso instante se acabase de acordar de que había un muchacho escondido en algún lugar del despacho, Sasuke apartó la vista de Sakura y la dirigió hacia una de las estanterías.
"Sí, Uzumaki."
Para sorpresa de la pequeña Haruno, la estantería en la que el moreno había posado su mirada se movió unos cuantos centímetros hacia delante. Detrás de ella apareció un muchacho rubio, de ojos azules y de aspecto algo desaliñado que aparentaba tener la misma edad que tenían Sasuke y Sakura. Por unos momentos, la pelirrosa se sintió bastante tonta: mientras ella no tenía ni la más remota idea de qué hacía aquel crío rubio escondido detrás de la estantería, el muchacho en cuestión no parecía estar demasiado sorprendido por la presencia de la Haruno. Cuando el tal Uzumaki hubo colocado la estantería en el mismo lugar en el que se encontraba antes de que él la arrastrase para poder salir de su escondite, Sasuke se aclaró la garganta.
"Uzumaki, te presento a Sakura Haruno: tu nueva compañera de trabajo." el Uchiha giró levemente el cuello hasta encontrarse con el confundido rostro de Sakura "Haruno, te presento a Naruto Uzumaki: tu nuevo compañero de trabajo."
"Encantado, Sakura-chan.- dijo Naruto, mientras le dedicaba una cordial sonrisa a la pelirrosa.
"Igualmente, Naruto..." la muchacha se alegró de que el crío al que debía considerar su "compañero de trabajo" fuese más simpático que Sasuke (cosa que, por otra parte, tampoco era tan difícil).
"Bien, después de estas irrelevantes presentaciones que no tengo ninguna intención de alargar, vamos a centrarnos en lo que de verdad importa: la misión que os he asignado para hoy." anunció el heredero del clan Uchiha, mientras se dejaba caer sobre la butaca que ya Sakura había supuesto previamente que debía ser su asiento.
Al ver que Naruto se sentaba tranquilamente sobre una de las dos sillas de madera que había al otro lado del escritorio, la Haruno decidió imitarle y, con cierta timidez, se sentó en la silla de al lado. Sasuke, que estaba enfrente de ellos, había sacado unos documentos de uno de los cajones del escritorio. Mientras el moreno hojeaba los papeles que tenía en sus manos, Sakura no pudo evitar romper el incómodo silencio que se había producido en aquel despacho.
"Estooo... Sasuke..."
De nuevo, la sensación de que había hecho algo mal se apoderó de la pelirrosa cuando el pequeño Uchiha le dedicó otra de sus miradas asesinas.
"¿Cómo me has llamado, Haruno?"
"Mmm... ¿Sasuke?"
"Me temo que has olvidado los modales en tu casa."
Un silencio volvió a apoderarse del despacho mientras Sakura no podía dejar de pensar que era de lo más irónico que alguien que no parecía haber tenido modales en toda su vida le llamase la atención por carecer de ellos.
"¿De qué hablas?" la pelirrosa no pudo evitar sentirse violenta al interrumpir de nuevo el silencio.
"Repite conmigo, Haruno: Uchiha-sama."
"Uchiha-sama..." refunfuñó la muchacha entre dientes.
"¿Cómo dices?" pese a que había escuchado las palabras de la pequeña Haruno a la perfección, Sasuke parecía estar disfrutando humillándola.
"Uchiha-sama." la voz de Sakura esta vez fue alta y clara.
"Eso está mejor. Y aprende a tratarme de usted a partir de ahora, Haruno. Recuerda que soy tu superior."
Dando la conversación por terminada, el Uchiha apartó la mirada de la pelirrosa para poder volver a centrarse en sus documentos. La pequeña Haruno, en cambio, todavía tenía algo más que decir.
"Aún no me ha dicho en qué consiste mi trabajo, Uchiha-sama..."
"Espionaje." dijo el moreno sin desviar la mirada de los papeles que sujetaba en sus manos y dando por hecho que con aquella palabra todo quedaba explicado.
"¿Espionaje?"
"Si tu escaso vocabulario no recoge el término "espionaje", no es asunto mío." las palabras del Uchiha volvieron a sonar de lo más burlonas.
"No es eso... Lo que pasa es que yo... Yo nunca he hecho de espía ni..."
"Pues ya va siendo hora de que hagas algo provechoso para la sociedad, Haruno." la interrumpió el moreno, sin demasiadas contemplaciones.
"No te preocupes, Sakura-chan: yo te acompañaré durante esta misión y te ayudaré." dijo Naruto, que parecía estar del todo familiarizado con aquel tipo de trabajos.
"Dejaos de cháchara y atended." ordenó Sasuke mientras colocaba los papeles que había estado examinando encima del escritorio de manera que Naruto y Sakura también los pudiesen ver "He aquí el sujeto al que debéis espiar." el dedo índice del heredero del prestigioso clan Uchiha se posó sobre la fotografía de un crío que debía tener la misma edad que ellos tres y que poseía unos pequeños ojos de color azul verdoso rodeados por unas ojeras de lo más marcadas.
"Sabaku no Gaara..." el Uzumaki ya parecía conocer la identidad del niño de la fotografía.
"Efectivamente, Uzumaki. Según los documentos que yo mismo me he encargado de sacar del despacho de mi querido padre, Sabaku no Gaara, mi rival personal desde que tengo uso de razón, ha llegado esta mañana a Konoha con su padre, el Kazekage, y sus dos hermanitos. En este informe se os detalla cuál es la pensión en la que se hospedan y dónde está situada." tras decir esto, el moreno le entregó a Naruto un papel lleno de anotaciones que tenía un mapa de Konoha dibujado en la parte inferior "Vuestra tarea es simple y concisa: debéis averiguar cuáles son los motivos que han hecho que los traidores de la Arena se desplacen hasta aquí." los ojos de Sasuke se clavaron en el rostro atento del rubio "Como ya te he comentado en más de una ocasión, Uzumaki, tengo la ligera sospecha de que están intentando hacer un pacto con los Hyuga; cosa que, evidentemente, yo, como futuro patriarca de este clan, no puedo permitir que suceda."
"Lo sé, Uchiha-sama." dijo Naruto, tras asentir levemente.
Sintiéndose algo desplazada al no tener ni la más remota idea de en qué consistía todo aquel juego de espías en el que, al parecer, también estaba involucrado el clan Hyuga, Sakura se limitaba a observar y a escuchar en silencio.
"Está bien. No tiene sentido que os retraséis ni un minuto mas. Quiero que me traigáis noticias sobre los movimientos del inepto de Gaara y su papaíto antes de las ocho de la tarde. ¿Ha quedado claro?"
A través del rabillo del ojo, la Haruno observó cómo Naruto asentía velozmente, muy seguro de sí mismo. La muchacha también optó por asentir, pese a que no tenía muy claro de qué iba la cosa. Todo aquel asunto de trabajar como espía para Sasuke Uchiha no dejaba de parecerle del todo absurdo.
Justo en el momento en el que se levantó de su silla, dispuesta a salir por la misma puerta por la que había entrado al despacho, la pequeña se percató de que el Uzumaki se había aproximado hacia la única ventana que había en la sala y la había abierto sin dudar por un instante. Con aquel aura tan amistosa que le rodeaba, el rubio se giró y posó sus grandes ojos azules en la cara de la Haruno.
"¿Vamos, Sakura-chan?"
"¿Por... la ventana?" Sakura estaba convencida de que aquello no debía ser más que una broma de mal gusto.
"¿A qué porras esperas, Haruno? ¡Muévete!" el pequeño Uchiha no se había levantado de su butaca y se había puesto a analizar otros documentos que había sobre su escritorio.
Sin demasiada convicción, la muchacha se acercó hasta el rubio y esperó a que éste hubiese saltado a través de la ventana para hacerlo ella. No le resultó demasiado complicado conseguir que sus pies se quedasen pegados en los ladrillos de la torre para poder descender a toda velocidad hasta el suelo, pues ahora la pelirrosa ya era consciente de que concentrar chakra en la planta de los pies no era un ejercicio nada difícil (al menos, no lo era para ella). De todos modos, Sakura no estaba muy acostumbrada a desplazarse de un lado a otro de aquella manera; con lo cual a la pequeña le costó bastante seguir el ritmo del Uzumaki cuando éste empezó a saltar de tejado en tejado una vez hubieron abandonado las tierras del clan Uchiha sin que nadie les viera.
Mientras seguía al rubio con toda la rapidez que podía, la Haruno no podía evitar hacerse ciertas preguntas sobre aquel crío mentalmente. Al fin y al cabo, lo único que conocía por el momento de él era su nombre.
"Naruto..." la pequeña trató de ser todo lo prudente posible al dirigirle la palabra al Uzumaki por primera vez desde que habían abandonado el despacho de Sasuke.
El hecho de que Naruto se hubiese detenido sobre el tejado de una frutería para examinar con mayor detenimiento el mapa de Konoha que Sasuke le había entregado hacía tan sólo unos cuantos minutos había ayudado a que la pelirrosa pudiera alcanzarle. Apartando la vista de la hoja de papel que sujetaba con su mano derecha, el muchacho le dedicó una mirada llena de preocupación a Sakura.
"¿Ocurre algo, Sakura-chan?"
"No, no es nada... Sólo que... Bueno, Sasuk... Es decir, Uchiha-sama y tú hace mucho que trabajáis juntos, ¿no?"
"Sí, hace aproximadamente un año que trabajo para Uchiha-sama." la mirada del rubio se había entristecido de repente, hecho que no pasó desapercibido para la Haruno.
"Y... ¿por qué?" pese a que sabía que tal vez era demasiado grosero por su parte el mostrarse tan cotilla cuando apenas conocía al crío con el que a partir de ahora debía trabajar, la pequeña no había podido evitar que aquellas tres palabras salieran de su boca.
"¿Qué quieres decir?"
"¿Por qué trabajas para él?" al ver que la mirada del muchacho se había entristecido aún más, Sakura no pudo evitar sentirse culpable "Bueno, si no quieres hablar de ello, no pasa nada... Yo... solamente quería saber más sobre ti..."
"No importa, Sakura-chan. Es normal que quieras conocer a tu compañero de trabajo." aunque en su rostro había vuelto a aparecer una sonrisa, la mirada de Naruto seguía nublada por aquella repentina tristeza que había hecho que la pelirrosa se sintiese tan mal "Verás... Yo le debo mucho a Uchiha-sama."
"¿A qué te refieres con eso de que... le debes mucho?"
"Es algo largo de explicar. Ven. Sentémonos allí." el rubio señaló en dirección hacia un banco de piedra que había enfrente de la frutería.
Con bastante curiosidad por saber qué era lo que había sucedido entre aquel crío de aspecto indefenso y Sasuke Uchiha, la Haruno siguió a Naruto hasta el banco en cuestión y se sentó a su lado.
"Yo... Yo soy huérfano, Sakura-chan..." el Uzumaki, que había soltado aquellas palabras con cierta incomodidad, no se percató de la expresión de sorpresa que había aparecido en el rostro de la pelirrosa al escuchar lo que el pequeño acababa de decir; pues tenía la mirada clavada en el suelo.
"Naruto... Lo siento... Yo no sabía que..."
"Eso no tiene mucha importancia ahora." Naruto interrumpió a Sakura sin alterarse demasiado "Me he criado en la calle, solo, sin disponer de un techo bajo el que vivir o de una nevera repleta de comestibles. Cuando me acercaba a los críos para poder jugar con ellos en los parques, sus madres los apartaban de mí al ver las pintas de pordiosero que llevaba. Durante los seis primeros años de mi vida, me sentí como un monstruo del que la gente se apartaba de forma casi inconsciente." las duras y tristes palabras del rubio habían hecho que la pequeña Haruno ni siquiera se atreviese a interrumpir su relato "Pero todo cambió aquel día, Sakura-chan." dijo Naruto, alzando la cabeza hasta encontrarse con una boquiabierta Sakura que no parecía saber muy bien qué decir "Todo cambió el día en que conocí a Uchiha-sama."
"¿Qué paso?" se atrevió a preguntar la muchacha con un hilo de voz.
"Uchiha-sama me salvó de aquella miserable situación."
Incapaz de creer que alguien como Sasuke fuese capaz de ayudar a cualquier otra persona que no fuese él mismo, la pelirrosa esperó a que el pequeño continuara con su historia. Al ver que el rubio, que ahora tenía los ojos perdidos en el infinito, no parecía tener intención de seguir, la Haruno decidió hablar.
"¿Cómo te salvó? ¿Qué fue lo que hizo?"
"Todavía lo recuerdo como si fuera ayer." susurró Naruto, tras soltar un suspiro y volver a fijar su mirada en el suelo "Era una tarde muy lluviosa. Yo me había alejado más de lo que acostumbraba a alejarme del puente bajo el que solía dormir. Desesperado por buscar algún sitio que me pudiese proteger de la lluvia, me colé en los terrenos del clan Uchiha. En vez de entrar en el interior de la mansión central para poder escapar de la terrible tormenta que se estaba originando, preferí dirigirme hacia una torre que había bastante apartada pero que seguía formando parte de las posesiones del clan. Aquella torre resultó ser la torre de Uchiha-sama. Cuando descubrió que había utilizado su torre para huir de la lluvia, en vez de echarme de allí de inmediato o de atacarme, me ofreció la posibilidad de pasar la noche en aquel lugar. La sensación que experimenté al escuchar lo que Uchiha-sama me acababa de decir no se puede expresar con palabras: era la primera vez que alguien me trataba con tanta amabilidad aún sabiendo que no era más que un mendigo que no tenía ni siquiera una triste vivienda."
Por mucho que a Sakura le costase creer las palabras del rubio, el muchacho parecía tan seguro de lo que decía que la pequeña prefirió no poner en duda su relato.
"Fue aquella misma noche cuando Uchiha-sama me propuso un trato."
"¿Un trato?" aquello empezaba a sonarle familiar a la pelirrosa.
"Sí. Me dijo que, si trabajaba para él como espía secreto a partir de aquel mismo día, podría dejar que me escondiese en su torre. ¿Te das cuenta, Sakura-chan? ¿Te das cuenta de lo mucho que eso significó para mí? Por primera vez en toda mi vida, no me sentí un monstruo ni nada por el estilo: me sentí alguien útil. El hecho de que alguien tan importante como Uchiha-sama, sin ni siquiera conocerme, me preguntase si quería trabajar para él hizo que me diese cuenta de lo importante que es el saber que puedes ser necesario para algo o para alguien. Y no sólo eso: además, Uchiha-sama me había ofrecido un lugar en el que iba a poder vivir en unas condiciones mucho más humanas; lo cual era más de lo que yo jamás hubiese podido imaginar."
"Claro..." a la Haruno empezaba a cuadrarle todo "Por eso, antes, cuando Itachi llamó a la puerta del despacho, Uchiha-sama tardó tanto en abrir: ése fue el momento en el que tú aprovechaste para esconderte detrás de la estantería."
"Exacto, Sakura-chan... porque nadie sabe que yo estoy viviendo allí a escondidas. Bueno, ahora tú sí que lo sabes; ya que tú también trabajas para Uchiha-sama." en aquel momento, el pequeño pareció recordar algo de repente "Por cierto, ¿por qué estás trabajando tú para Uchiha-sama? Nunca en todo el tiempo que he estado trabajando para él había tenido a un compañero de trabajo."
"A mí también me propuso uno de sus tratos. Dijo que, si trabajaba para él, se olvidaría de que le robé unas flores del árbol de Ipé rosa que hay en el jardín."
"¿Robaste flores del árbol de Ipé del clan Uchiha?" el rubio no parecía acabar de creerse que aquella cría de aspecto inocente y dócil fuese una ladrona.
"Sí, algunas. Fue para que Chouji, Shikamaru y yo pudiésemos llevar los deberes hechos a la Academia de Ninjas."
"Ah, ya... La Academia de Ninjas..." la tristeza volvió a apoderarse de los ojos del pequeño.
La nostalgia que Naruto parecía haber estado experimentando mientras recordaba cómo había conocido a Sasuke Uchiha y cómo éste le había ayudado a escapar de su soledad parecía haberse borrado en cuestión de segundos. La pelirrosa ya se había dado cuenta de aquella felicidad tan forzada que el Uzumaki había tratado de fingir durante su relato.
"No eres feliz trabajando para Uchiha-sama, ¿verdad, Naruto?"
Las palabras de Sakura no sorprendieron demasiado al rubio.
"Sí que lo soy, Sakura-chan. Uchiha-sama ha sido la única persona que me ha valorado como lo que soy: un ser humano."
"Un ser humano que le ha venido muy bien para sus trabajos de espionaje..."
"No sé de qué estás hablando." Naruto no había podido evitar hacer una mueca con la boca antes de hablar.
"Pues yo creo que sí lo sabes, Naruto: Uchiha-sama simplemente te ha utilizado para su propio beneficio. Es exactamente lo mismo que ha hecho conmigo."
Por el silencio del muchacho, la Haruno deduzco que en el fondo el rubio sabía que ella tenía razón. Sakura no podía dejar de pensar en lo muy egocéntrico y aprovechado que podía llegar a ser Sasuke Uchiha.
"Si Uchiha-sama de verdad se hubiese comportado como alguien solidario, te habría ofrecido su ayuda sin pedirte nada a cambio; pero lo único que hizo fue demostrar su egoísmo aprovechándose de las desgracias ajenas para..."
"Basta, Sakura-chan." el pequeño interrumpió a la pelirrosa utilizando un tono de voz que sonó más suplicante que autoritario "Sea el motivo que sea el que haya hecho que Uchiha-sama me acoja en su torre, la realidad es que, si no fuese por él, yo ahora mismo seguiría vagabundeando por las calles de Konoha sin dinero, sin comida y sin hogar."
"Pero... lo importante al fin y al cabo es que tú seas feliz, Naruto..."
"Ya te he dicho que lo soy."
Tan sólo hacía unos minutos que la Haruno había conocido a aquel muchacho, pero ya tenía la sensación de saber cuándo le estaba mintiendo y cuándo le estaba diciendo la verdad. Sakura se dio cuenta de que el rostro entristecido del Uzumaki no se ajustaba para nada a las palabras que acababa de soltar. Era como si expresase una cosa con sus palabras y otra completamente distinta con su cara.
"¿Ah, sí? ¿Eres feliz siendo explotado de esta manera, Naruto? ¡Eres un niño! ¡Lo que deben hacer los niños como nosotros es salir a la calle a jugar y a divertirse con sus amigos en vez de trabajar para un miserable aprovechado y pedante como Sasuke Uchiha!"
El ver a la pelirrosa estallar de aquella manera había hecho que Naruto se asustase ligeramente.
"Sakura-chan..."
"Dime, Naruto, ¿no te gustaría tener una vida que se pareciese mucho más a la de cualquier crío vulgar y corriente de nuestra edad? ¿Acaso prefieres seguir viviendo a la sombra de Sasuke Uchiha mientras él lo único que hace es utilizarte como si fueras una máquina?"
Incluso la misma Sakura se había sorprendido al escuchar sus propias palabras. Ya hasta se había olvidado del dichoso "Uchiha-sama" que tanto le desquiciaba y lo único que le importaba era desahogarse y hacer que el Uzumaki reconociese en voz alta que ella tenía razón.
"Yo nunca podré llevar la vida de un crío vulgar y corriente, Sakura-chan... Nunca he puesto un pie en la Academia de Ninjas y ni siquiera tengo amigos..."
Al escuchar las palabras del rubio, la Haruno prefirió dejar su histeria a un lado y tranquilizarse un poco. Sintiéndose apenada por la lastimosa niñez que había vivido el crío que estaba sentado a su lado en aquellos momentos, la pequeña se aproximó un poco más hacia él y le agarró la mano con ternura. Sonrojado a más no poder, Naruto contempló la mano de Sakura como si fuese la primera vez que veía una.
"Te equivocas: aquí tienes a una amiga." susurró la pelirrosa, también algo colorada.
Pese a que sabía que aquellas palabras le habían salido del corazón, la Haruno no pudo evitar sentirse extraña al considerarse a sí misma como la "amiga" de aquel niño al que apenas conocía. El rubio, por su parte, intentaba alargar aquel silencio que se había producido todo lo que podía; pero no pudo evitar romperlo al recordar de nuevo cuál era la cruda realidad.
"Gracias, Sakura-chan..." dijo el muchacho, esforzándose por dibujar una sonrisa en su rostro "Por desgracia, las cosas no son tan simples... Yo debo continuar trabajando para Uchiha-sama si quiero seguir teniendo un techo bajo el que vivir... Y tú también deberías seguir trabajando para él si de verdad quieres..."
"Mira, Naruto: tú puedes hacer lo que te dé la gana, pero yo no pienso volver a poner un pie en el despacho de ese desgraciado... y menos aún después de todo lo que me has contado." le interrumpió Sakura, muy seria.
"Está bien... Es tu decisión..."
"En cuanto a ti, Naruto..." la Haruno no parecía saber muy bien cómo continuar.
"Dime, Sakura-chan."
"Tú... no tienes por qué seguir trabajando para Sasuke Uchiha..." una sonrisa apareció en el sonrojado rostro de la pelirrosa.
"¿Cómo?" el Uzumaki no parecía entender muy bien cuál era el punto al que quería llegar su nueva amiga.
"Estooo... Si quieres... podrías vivir... en mi casa..." al ver el confundido rostro del rubio, Sakura se apresuró a añadir algo más "¡Sólo si tú quieres, claro!"
Por un momento, el pequeño Uzumaki pensó que la muchacha estaba bromeando.
"¿Lo dices en serio?"
El rostro de la Haruno se iluminó al ver que a Naruto parecía interesarle el asunto.
"¡Por supuesto que sí, Naruto! ¡¡Puedes venir ahora mismo, si así lo deseas!! ¡Iremos a casa de Chouji para que te preste ropa!" la pequeña se quedó en silencio durante unos segundos que aprovechó para observar al rubio más detenidamente "Mmm... No, será mejor que le pidamos la ropa a Shikamaru: la de Chouji te irá demasiado grande..."
"¡Un momento, Sakura-chan!" el Uzumaki tenía la sensación de estar algo perdido.
"¿Qué ocurre? ¿No te gusta la idea?"
"No es eso... Lo que pasa es que... En fin, Sakura-chan, no sé yo qué dirán tus padres, que ni siquiera me conocen y que..."
"¡Ah, por eso no te preocupes, Naruto!" Sakura interrumpió al rubio con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en el rostro "¡Mis padres no están casi nunca en casa por culpa del trabajo! ¡Además, saben que desde siempre he querido tener un hermano porque detesto ser hija única; así que no se extrañarán de que decida llevar a un amigo a casa! ¡A ellos no les importará en absoluto; al contrario: estarán encantados!"
La determinación de la Haruno hizo que Naruto se diese cuenta de que la muchacha no le estaba tomando el pelo: realmente le estaba ofreciendo la posibilidad de ir a vivir a su casa... ¡y eso que se acababan de conocer! Al rubio le parecía todo demasiado bonito como para que fuese verdad.
"Bien, Naruto... ¿Qué me dices? ¿Vendrás a vivir a mi casa?"
--------------------------------------------------------------------------------------------
Las diez. Eran ya las diez de la noche y todavía aquellos dos incompetentes no se habían pasado por el despacho del heredero del clan Uchiha para informar a éste de cómo les iba ido la misión. Como era de esperar, Sasuke estaba de los nervios. Naruto Uzumaki nunca le había fallado en ninguna de las misiones que le había encargado y siempre había sido de lo más puntual al regresar.
"Esa Sakura Haruno... Seguro que es ella la culpable de este maldito retraso... Se va a enterar de quién es Sasuke Uchiha..." pensaba el pequeño, que tenía la mirada clavada en el cristal de la única ventana de su despacho.
Los minutos iban pasando y el moreno seguía sin tener ni una sola noticia de aquel par de inútiles, lo cual le llevó a pensar que tal vez les había ocurrido algo serio durante la misión que les había obligado a retrasarse bastante más de la cuenta.
"Esto no hay quien se lo crea... Ahora encima tendré que hacer de niñera..." murmuró Sasuke mientras saltaba hacia el exterior a través de la ventana.
La verdad era que al pequeño Uchiha no le apetecía en absoluto tener que salir en busca de sus dos subordinados en vez de estar tranquilamente sentado en su butaca o estirado en su cama, pero el simple hecho de pensar que les podía haber sucedido algo grave había conseguido que el moreno notase que en su interior se estaba empezando a desarrollar un sentimiento de... ¿preocupación? No, más bien era un sentimiento de culpabilidad. Aunque, por supuesto, Sasuke nunca lo iba a reconocer: para él, los remordimientos ni tan siquiera existían.
Ir saltando de tejado en tejado por Konoha mientras ponía sus cinco sentidos en dar con alguna pista que le pudiese llevar hacia el lugar donde se encontraban Naruto y Sakura no resultaba algo demasiado cansado para alguien tan acostumbrado a darlo todo en sus entrenamientos personales como Sasuke Uchiha. Lo único que estaba empezando a hacer que el muchacho se cansara era que, por muchas calles por las que pasase y por muchas personas con las que se topase, los dos críos que buscaba no aparecían por ninguna parte.
Justo cuando el Uchiha estaba comenzando a desesperarse, una voz que le resultaba bastante familia llegó a sus oídos. Cuando esto sucedió, el pequeño se encontraba sobre el tejado de la casa de un clan que, al igual que todos los clanes de la villa (exceptuando el poderoso clan Uchiha, el clan Hyuga y el clan Yamanaka), no tenía demasiada reputación: el clan Nara. La voz que Sasuke había asociado al instante con la de la pequeña Haruno provenía del jardín de la casa del clan Nara. Ocultándose entre las sombras y con una admirable velocidad, el heredero del clan Uchiha bajó del tejado y se dejó caer encima de la rama de uno de los árboles del jardín. Las hojas del árbol en cuestión permitieron que el cuerpo del muchacho quedase totalmente tapado. Sin hacer mucho ruido, Sasuke se agachó y fijó su mirada en la puerta por la que se entraba hacia el interior de la casa. Allí, en aquel mismo portal, se encontraban los dos sujetos que el Uchiha había estado buscando por toda la villa. Con ellos se encontraba un crío moreno y con cara de aburrido que Sasuke reconoció al instante: era uno de los amiguitos ladrones de Sakura Haruno.
"¿Se puede saber qué porras están haciendo aquí Haruno y Uzumaki? He estado empleando mi valioso tiempo en buscarlos como un desesperado y resulta que ellos están aquí, tan tranquilos. ¿De qué va esto?" pensaba el Uchiha, que estaba conteniendo como podía las ganas de bajar del árbol para pedir explicaciones y, de paso, dedicarse a echar algún que otro rapapolvo.
"Muchas gracias por la ropa, Shikamaru... ¡Y muchas gracias también por invitarnos a cenar!" la voz de la pelirrosa, que estaba hablando con el muchacho de aspecto aburrido, sacó a Sasuke de sus pensamientos.
"No es nada... No ha sido muy problemático..." dijo Shikamaru, sin cambiar la expresión de su aburrido rostro.
"Es posible que algunos pantalones te vayan un poco largos, ya que Shikamaru es más alto que tú; pero, de momento, nos servirán." ahora la Haruno estaba hablando con Naruto, quien parecía sentirse bastante contento por algún motivo que el pequeño Uchiha de momento ignoraba.
"¡De acuerdo, Sakura-chan!" la sonrisa del rubio sirvió para terminar de confirmar el entusiasmo que estaba sintiendo en aquellos momentos.
"¿Qué está pasando aquí? ¿De dónde ha salido ese Uzumaki tan alegre y risueño? Durante todo el tiempo que lleva trabajando para mí, nunca le había visto sonreír así." pensó Sasuke, que había fruncido el ceño levemente.
"Entonces... ¿Este crío vendrá a partir de ahora a las clases de Iruka-sensei con nosotros?"
"Sí, Shikamaru. Naruto empezará a asistir a la Academia de Ninjas mañana mismo." los ojos de la pelirrosa viajaron del rostro de Shikamaru al del Uzumaki "¿A que sí, Naruto?"
"¡Sí! ¡Estoy deseando ir a la academia para hacer amigos y poder aprender mucho!" estaba claro que el rubio se encontraba radiante de felicidad.
Las últimas palabras de Naruto se repetían una y otra vez en la mente del Uchiha, que todavía permanecía escondido. Aquello debía tratarse de una broma a la fuerza. ¿Aquel inadaptado social que hasta hacía poco menos de un año no era más que un simple y pobre vagabundo iba a ir a la Academia de Ninjas? Sí, no había otro remedio: tenía que ser una broma pesada.
"¡Se acabó!" pensó Sasuke, poniéndose en pie y disponiéndose a bajar del árbol de un momento a otro para entender qué estaba pasando allí "¡No pienso volver a permitir que Haruno y Uzumaki trabajen juntos! ¡Está claro que esa ladronzuela maleducada y estúpida está ejerciendo una mala influencia sobre mi más fiel subordinado!"
A punto estaba ya el pequeño Uchiha de descender del árbol cuando alguien le agarró con fuerza por el hombro. El moreno se sobresaltó bastante, pues no se había percatado de que hubiese alguien detrás de él. Asustado pero a la vez dispuesto a pelear todo lo que hiciera falta y más, Sasuke se giró a la velocidad de la luz y, con cara de malas pulgas, empujó el cuerpo del individuo que se encontraba a sus espaldas, logrando así librarse de él. Justo cuando estaba a punto de sacudirle un puñetazo a la persona que había osado asustarle de aquella manera, el Uchiha se detuvo; pues se acababa de percatar de que la figura que tenía delante no le resultaba del todo desconocida: más bien era al contrario.
"¡Tú!" susurró el pequeño, que no quería que Naruto, Sakura y el otro muchacho que se encontraba con ellos oyesen su voz.
"Hola, Sasuke." le saludó cordialmente su hermano mayor, quien también hablaba en un tono de voz bastante bajo.
"¿Qué estás haciendo tú aquí, maldito entrometido?" pese a lo mucho que se estaba esforzando por no alterarse, Sasuke sentía que de un momento a otro iba a perder el control.
"Mientras caminaba hacia tu torre para informarte de que la cena ya estaba lista, vi cómo saltabas a través de la ventana de tu despacho. Me pareció interesante seguirte para saber hacia dónde te dirigías... y aquí estoy." susurró Itachi, sonriendo con aquella dulzura tan propia de él.
"¡Genial! ¡Justo lo que me faltaba: tener un condenado espía siguiéndome a todas partes!"
"Bueno, tú también estabas haciendo la labor de un espía hace unos segundos, ¿no? Parecías muy interesado en la conversación de esos niños." Itachi señaló con la cabeza en dirección hacia el portal donde los tres muchachos ya se estaban despidiendo.
"¡Cierra el pico! ¡Lo que yo haga o deje de hacer no es asunto tuyo!"
Dicho esto, Sasuke decidió ignorar a su hermano y dirigió su mirada de nuevo hacia Naruto y Sakura, que ya se estaban alejando de la casa del clan Nara. El pequeño Uchiha sabía que debía ir tras ellos, pues no podía dejar que se escapasen; pero no era conveniente actuar mientras Itachi permaneciese allí, observando sus movimientos.
"¡Qué casualidad! ¿No es ésa tu amiguita?" dijo Itachi, en un tono de voz mucho más audible.
"¿Mi amiguita?" Sasuke fulminó a su hermano con la mirada.
"Sí, la que ha venido esta tarde a visitarte. Por cierto, ignoraba que tuvieses amigos, Sasuke." el rostro tierno y amable de Itachi no se alteraba dijera lo que dijese.
"¡Y no los tengo, cabeza hueca! ¡Para que te enteres, esa mocosa no es mi amiga!"
"Aaaah... Entonces... ¿Es tu novia?"
Sin poder contenerse más, Sasuke se abalanzó sobre su hermano dispuesto a pegarle una paliza de muerte. Por mala fortuna para el pequeño, los reflejos de Itachi funcionaron tan eficazmente como siempre; lo cual provocó que el mayor de los dos hermanos se apartase antes de que Sasuke cayese encima de él. Aquello solamente logró que el heredero del clan Uchiha se estampase contra el suelo haciendo bastante ruido. Por suerte, ninguno de los miembros del clan Nara se hallaba en aquellos momentos en el jardín. En cuestión de pocos segundos, Sasuke logró incorporarse para poder dedicarle otra de sus fulminantes miradas a su hermano, quien simplemente se limitó a sonreír con toda la calma del mundo.
"En fin, debo marcharme ya: la cena se habrá quedado fría. Nos vemos en casa, Sasuke." dijo Itachi junto antes de pegar un ágil salto que logró colocarle en lo alto del tejado de la tienda que había enfrente de la casa del clan Nara.
"¡No huyas, vil cobarde!" gritó Sasuke, mientras empezaba a correr tras su hermano mayor.
Fue durante aquella persecución (persecución en la que el pequeño Uchiha, muy a su pesar, no logró atrapar a Itachi) cuando Sasuke se mentalizó de que debía olvidarse por completo de aquellos dos traidores llamados Sakura Haruno y Naruto Uzumaki. Después de todo, por muy útil que le fuese el poder disponer de espías para seguir los movimientos de determinadas personas a las que necesitaba tener controladas, si por algo se caracterizaba el moreno era por ser alguien independiente al que le gustaba trabajar en solitario, sin nadie que le estorbase. Lo mejor era dejar las cosas tal y como estaban para así no malgastar su tiempo en chorradas... Aunque, por supuesto, aquello no quería decir que, si en un futuro el destino quería que los caminos de sus dos "ex-subordinados" y el suyo se cruzasen, él fuera a desaprovechar la oportunidad de vengarse...
Aquí termina el prólogo del fanfic. Siento haberos aburrido, pero ya os he dicho que la historia de verdad no comienza hasta el tercer capítulo, que será el siguiente que subiré.
Me resultaría sumamente gratificante el hecho de que me dejárais un review con vuestra opinión sobre este segundo capítulo. ¡Acepto consejos de cualquier tipo que me puedan ayudar a mejorar el fanfic! Si veo que a la gente de momento le gusta cómo avanza la historia, subiré el tercer capítulo muy pronto.
