Mil gracias a sakurass, Mikapunzel, Lilith Hastelin, Dyelbi, bri-mai y haruno: vuestros reviews me motivan muchísimo para seguir con Frozen Heat. Me alegro de que por ahora el fanfic os esté gustando y espero que el tercer capítulo no os defraude.
Antes de que empecéis a leer este nuevo capítulo en el que ya se ha terminado el prólogo y empieza lo que es la trama propiamente dicha, debo advertiros unas cuantas cosas sobre cómo funciona lo de los rangos ninja en esta historia: una vez los estudiantes de la Academia de Ninjas se convierten en Genins, no se dividen en grupos de tres tal y como sucede en Naruto, sino que siguen yendo a la academia con el mismo sensei pero con la diferencia de que de vez en cuando (una o dos veces a la semana) se les permite salir de ésta para llevar a cabo misiones no demasiado complicadas; es una vez se han convertido en Chuunins cuando ya sí que abandonan definitivamente la Academia de Ninjas y pueden escoger entre seguir entrenando en grupos de cuatro con la ayuda de un Jounin que les dirigirá durante las misiones o bien conformarse con el rango de Chuunin y hacer de senseis en la academia. Este capítulo comienza con Naruto, Sakura, Shikamaru y Chouji, los cuales acaban de convertirse en Chuunins y todavía no saben cuáles serán los equipos en los que se les distribuirá.
Ya no os molesto más y os dejo de una vez por todas con el tercer capítulo. Aunque, antes de eso, quisiera aclarar otra cosa más (¡qué rematadamente cansina, por favor!)...
Disclaimer: Los personajes de este fanfic no me pertenecen, pues son originales del gran Masashi Kishimoto.
Ten years later
De las oficinas de la Godaime salía un grupo de jóvenes ninjas que debían tener unos diecisiete años. Por la sonrisa de los cuatro muchachos se podía deducir que algo bueno les acababa de suceder sin duda. Uno de ellos incluso iba paseándose por las calles de Konoha dando saltitos de ilusión y sin preocuparse por el hecho de estar llamando la atención de casi todas las personas que pasaban cerca de él. El ninja saltarín se detuvo de repente y, radiante de felicidad, abrazó con fuerza a sus otros tres compañeros.
"¡Sí! ¡Lo logramos! ¡Somos Chuunins! ¡Chuunins!" Naruto se separó de sus amigos y alzó dos de los dedos de su mano derecha en señal de victoria.
"Qué problemático... Por tu culpa, Naruto, todo el mundo nos está mirando..." murmuró Shikamaru, pese a que él también se sentía bastante contento por haber sido de los pocos que habían superado el examen de acceso a Chuunin aquel año.
"¡Seguro que mi padre hoy me invitará a un gran banquete para celebrarlo!" para Chouji, por supuesto, lo más importante era tener el estómago lleno.
"¡Con esto nos despedimos ya de las aburridas misiones que nos han estado encargando hasta ahora!" exclamó el rubio.
"¡Es cierto! ¡Ahora nos dividirán en grupos de cuatro y haremos misiones de rangos más elevados bajo la supervisión de algún Jounin!" el Akimichi se quedó pensativo durante unos segundos "Me pregunto a quién nos asignarán como Jounin que se encargue de dirigir al grupo..."
"Bah... Mientras no sea alguien demasiado problemático, estará bien..."
"Aún es demasiado pronto para preocuparse por eso." Sakura trató de disimular lo mucho que le inquietaba el no saber quién se iba a ocupar de ellos a partir de ahora "Después de todo, tal y como Tsunade-sama nos acaba de decir, hasta la semana que viene no se nos informará ni de los grupos en los que nos van a dividir ni del Jounin que nos van a asignar."
"¡¡Seguro que el Jounin que dirija mi grupo será alguien muy enrollado y muy fuerte con el que aprenderé un montón de jutsus nuevos!!" la euforia que sentía en aquellos momentos el Uzumaki era incontenible.
"Pues a mí me gustaría que nos pusieran a los cuatro en el mismo grupo..." musitó la pelirrosa.
"Sí, estaría bien. ¡Como ya nos conocemos, trabajaríamos mejor!" Chouji estaba de acuerdo con las palabras de su amiga.
"Así sería todo menos problemático..."
"¡Claro que sí!" con el mismo énfasis de antes, Naruto volvió a abrazar a sus compañeros "¿Qué equipo puede haber mejor que el nuestro?"
"Naruto... Me ahogas..." el Nara parecía tener dificultades para respirar.
"¡Tengo una idea!" justo en aquel momento, el rubio soltó a sus tres compañeros "Chouji, no hará ninguna falta que tu padre te invite a un banquete... ¡Ahora mismo los cuatro nos vamos a poner las botas para celebrar que somos Chuunins! ¡Os invito a comer!"
"Son las cinco de la tarde, Naruto... ¿No crees que es un poco tarde para invitarnos a comer?" la Haruno señaló en dirección hacia el reloj que había colgado en la pared de la librería que tenían delante.
"¡Por supuesto que no, Sakura-chan! ¡Un buen tazón de ramen siempre es bien recibido!"
"¡Opino lo mismo que Naruto! ¡Vamos a saciar el apetito!" al Akimichi no le podían haber dado en aquellos momentos una noticia mejor que aquélla.
Tras soltar un suspiro, Sakura le dedicó una mirada llena de complicidad a Shikamaru, quien se limitó a encogerse de hombros y a poner cara de resignación. Los dos muchachos siguieron con toda la calma del mundo a Naruto y a Chouji, que ya se habían metido en el interior del restaurante más cercano.
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La torre que se había convertido prácticamente en el habitáculo del heredero del clan Uchiha se encontraba tan apartada de la mansión central como siempre. El exterior de la torre en cuestión apenas había cambiado en diez años: seguía teniendo aquel aspecto tétrico y siniestro de siempre. En cuanto al interior de la torre, si bien era cierto que conservaba la misma oscuridad, también lo era que se había producido algún que otro cambio: el pequeño y sucio calabozo que siempre se había situado bajo el dormitorio de Sasuke y que éste había estado utilizando durante un año como escondite para el Uzumaki se había convertido ahora en una salita en la que el joven Uchiha guardaba sus trastos viejos. Después de todo, ¿qué sentido tenía conservar un lugar para esconder a sus subordinados cuando ya no tenía subordinados? Además de aquel detalle, el interior de la torre también había sufrido cambios en lo que a limpieza se refería: el despacho de Sasuke, el cual siempre había estado completamente desordenado y lleno de papeles por todos los rincones, ahora era un lugar en el que daba gusto entrar gracias a lo limpio y bien cuidado que el propio heredero del clan lo mantenía.
Precisamente en el interior de su despacho era donde se hallaba aquella nublada mañana el joven heredero. Pese a que tenía un montón de documentos por revisar, Sasuke se encontraba mirando por la ventana, concentrado en las preciosas nubes que cubrían el cielo de Konoha. Hacía tan sólo unos días que había llegado el otoño, pero daba la sensación de que el sol y el calor del verano ya habían desaparecido por completo en el País del Fuego; cosa que al moreno, por supuesto, le agradaba muchísimo. El ver cómo las familias que habían planeado ir a un picnic o a alguna excursión por la montaña tenían que suspender sus planes por culpa de las posibles lluvias con las que amenazaban cada vez más aquellos nubarrones grisáceos era más que suficiente para arrancarle una sonrisa al Uchiha, quien, como siempre, disfrutaba bastante con las desgracias ajenas.
En lo que a él se refería, el repentino mal tiempo que había llegado a la villa no modificaba en absoluto sus planes; pues la rutina diaria de Sasuke consistía en no salir nunca de los terrenos del clan Uchiha. Tan sólo de vez en cuando y muy a su pesar se veía obligado a salir de las tierras del clan para acudir a eventos como el cumpleaños de la que aún, por desgracia, seguía siendo su prometida o como las importantes reuniones que se producían al menos una vez cada dos meses entre la Godaime, los consejeros de ésta y los clanes importantes de Konoha. Aparte de para acudir a este tipo de actos sociales a los que su propio padre le obligaba a asistir, el heredero del clan también había tenido que salir de las que algún día iban a ser sus pertenencias para poder pasar el examen de acceso a Chuunin a los doce años y para poder pasar el examen de acceso a Jounin a los quince. Ahora que ya contaba con diecisiete años de edad, se había marcado el objetivo de entrenarse al máximo para lograr vencer a su rival personal, Sabaku no Gaara, quien también había logrado ascender a Jounin el mismo año que Sasuke.
"¿Puedo pasar, Sasuke?"
La voz de Itachi Uchiha al otro lado de la puerta del despacho interrumpió los pensamientos del joven heredero del clan, quien ya se había cansado de repetirle a su hermano mayor que no podía entrar en su torre sin su permiso. Con cierta desgana, Sasuke se dirigió hacia la puerta de su despacho y, muy despacio, abrió el postigo que se encontraba a la altura de sus ojos de color azabache. Había sido el propio Sasuke el que se había encargado de ir colocando anualmente un postigo nuevo en la puerta de su despacho. Cada año, el postigo nuevo se encontraba situado unos cuantos centímetros por encima del postigo anterior; lo cual evitaba que el moreno se tuviese que agachar a medida que creciese para poder averiguar quién se hallaba al otro lado de la puerta.
"¿Qué quieres ahora?" preguntó el joven Uchiha al encontrarse con la mirada dulce y amistosa de su hermano.
"Ya han llegado los informes con los datos sobre los que acaban de ascender a Chuunin."
Tras soltar un pequeño suspiro, Sasuke volvió a clavar sus ojos en los de Itachi. Parecía que su hermano mayor no se daba por vencido. Desde que el heredero del clan Uchiha había ascendido a Jounin, Itachi no dejaba de mantenerle informado (por orden de Fugaku, el patriarca del clan) sobre todos los ninjas que iban logrando convertirse en Chuunins, con la intención de que Sasuke se decidiese de una vez por todas a encargarse de liderar un grupo formado por cuatro Chuunins que él mismo debía escoger. El joven Uchiha ya se sabía de memoria los argumentos que le daba su padre sobre por qué debía encargarse de dirigir a un grupo de Chuunins: aquello le daría más prestigio, le ayudaría a poder enseñar a desenvolverse bien en las misiones a los recién ascendidos,... Por supuesto, ninguno de aquellos argumentos era suficiente para convencer a Sasuke; pues él ya tenía bien claro que prefería actuar de manera individual.
"¿Cómo porras debo decirte que no tengo intención alguna de hacer de niñera?"
"Esta vez es importante que al menos te lo pienses un poco, Sasuke."
"¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?"
"Deja que pase y te lo explicaré."
Aunque tenía clarísimo que no pensaba ni siquiera hojear los informes de los Chuunins entre los que se suponía que debía escoger para formar un equipo, Sasuke decidió cerrar el postigo y abrirle la puerta a su hermano. Al fin y al cabo, cuanto antes se quitase de encima el tener que escuchar los motivos que su padre le había pedido a Itachi que le diese para convencerle de que haber dirigido a un equipo de Chuunins era esencial para la buena reputación de un Jounin, mejor.
"Sé breve. Tengo cosas más importantes que hacer que perder mi valioso tiempo charlando contigo." dijo el joven heredero, que cerró la puerta en cuanto su hermano mayor hubo entrado en el despacho.
"Dos de los ninjas que han aprobado el último examen de acceso a Chuunin son miembros del clan Hyuga." resumió Itachi, como si aquellas palabras lo aclarasen todo.
"¿Y...?"
"Estos dos nuevos Chuunins son Hinata y Neji Hyuga. Supongo que estarás al tanto de la importante posición que tiene Hinata Hyuga dentro del clan, pues es la hija mayor de Hiashi, el patriarca; lo cual la convierte en la heredera del clan Hyuga. En cuanto a Neji Hyuga..."
"Ahórrate la explicaciones: te he dicho que seas breve. Sé de sobras quiénes son Hinata y Neji Hyuga..." Sasuke parecía estar impacientándose cada vez más.
"Está bien. La cuestión es que, como bien sabes, padre ha estado intentando desde hace ya varios años estrechar la tensa relación que existe entre el clan Hyuga y nuestro clan, el clan Uchiha. Parece ser que a padre se le ha ocurrido la idea de que aceptes a Hinata y Neji en tu equipo de Chuunins para así tener contento a Hiashi." Itachi sonrió amablemente "Yo no lo veo tan mala idea, pues, ya que pertenecen al clan Hyuga, ambos son fuertes y..."
"No recuerdo haber pedido tu opinión." le cortó el joven Uchiha.
"Padre piensa que ésta es una muy buena oportunidad para mejorar la relación que existe entre el clan Hyuga y el clan Uchiha; así que sería conveniente que lo meditases un poco antes de tomar una decisión, Sasuke."
"¿Desde cuándo el hecho de que nuestro estúpido padre esté tratando de hacerle la pelota a ese clan de traidores ha tenido algún tipo de importancia para mí? Mientras yo pueda impedirlo, no habrá un solo Hyuga trabajando conmigo." antes de que su hermano pudiese abrir la boca para decir cualquier idiotez, Sasuke se le adelantó sin perder un segundo más "Créeme: no necesito meditarlo."
A medida que habían ido pasando los años, el heredero del clan Uchiha cada vez había estado más convencido de que los Hyuga estaban intentando hacer algún tipo de pacto con la villa que más envidia y odio sentía hacia Konoha: la Villa Oculta de la Arena. Las continuas visitas con las que el Kazekage obsequiaba a Konoha muy de vez en cuando tenían que tener algún significado a la fuerza. Sasuke, evidentemente, no estaba dispuesto a asociarse con un clan que podía traicionar a Konoha en cualquier momento.
"Sasuke, aunque sólo sea por una vez, piensa en intentar darle una satisfacción a padre." la dulzura con la que Itachi acostumbraba a pronunciar todas y cada una de sus palabras se había convertido esta vez en un tono de voz bastante suplicante.
La expresión burlona que apareció en el rostro de Sasuke le dio a entender a su hermano que, como siempre, al joven heredero le importaba un pimiento lo que su padre pensase de él. De todos modos, en la mente de Sasuke Uchiha se estaba produciendo una especie de debate interior en el que se discutía si debía tragarse su orgullo y pedirle a su hermano aquellos informes con la excusa de mirárselos un poco por encima o, simplemente, limitarse a hacer lo mismo de siempre: decirle a Itachi que no tenía intención de formar ningún tipo de grupo de Chuunins y que ya podía retirarse. Lo cierto era que al joven moreno le interesaba bastante ver el informe que hacía referencia a Neji, pues desde hacía ya varios años le consideraba como a un ninja a tener en cuenta. Aunque Neji perteneciese al Bouke, había llegado a oídos de Sasuke que era un auténtico genio muy superior a miembros pertenecientes al Souke, la rama principal del clan Hyuga. Al heredero del clan Uchiha le interesaba bastante recaudar información acerca de aquel miembro del Bouke tan habilidoso, pero no podía permitir que su hermano mayor se diese cuenta de ese detalle.
"Déjame ver esos informes aunque tan sólo sea para reírme un rato al comprobar lo mediocres que deben ser las habilidades de los nuevos Chuunins de Konoha." murmuró Sasuke, fingiendo desinterés.
Sonriendo de oreja a oreja, Itachi le entregó a su hermano pequeño los papeles que había estado sujetando durante tanto rato. Sasuke se sentó en su butaca tranquilamente y, tras mirar de reojo el rostro divertido de su hermano, quien continuaba de pie, empezó a hojear informes hasta llegar al que estaba buscando. Al heredero del clan Uchiha no le sorprendió en absoluto el hecho de que Neji Hyuga fuese el número uno de todos los que habían ascendido a Chuunins en aquel último examen. Aquella información le sirvió al moreno para corroborar lo que ya se había imaginado desde hacía años: si Neji no se había presentado hasta entonces al examen de acceso a Chuunin, no era por falta de poder; sino que era porque prefería esperar a que su prima Hinata (a la que, según tenía entendido Sasuke, debía proteger incluso a costa de su propia vida) estuviese lo suficientemente preparada como para aprobarlo y así poder presentarse con ella.
"¿Qué te parece, Sasuke? Neji Hyuga es el que ha ascendido a Chuunin con las mejores notas. Tenerlo en tu equipo supondría todo un privilegio." Itachi, que se había acercado hasta el escritorio de su hermano pequeño para fijar su mirada en el informe que éste estaba observando con tanto detenimiento, volvía a hablar tan dulcemente como siempre.
"No es más que un inútil del montón." dijo Sasuke, con una pequeña mueca dibujada en su rostro.
Para tratar de disimular delante de su hermano mayor, el heredero del clan Uchiha se olvidó por completo del informe de Neji Hyuga y se centró en otros dos informes que escogió al azar. Sin ningún tipo de interés por saber de quién hablaban aquellos dos informes, Sasuke empezó a leer con desgana el primero de ellos. El Chuunin del que hablaba aquel papel era alguien con grandes cualidades como ninja médico, con un perfecto dominio sobre el chakra y con una fuerza monstruosa. Según aquel informe, el Chuunin en cuestión no era muy bueno a la hora de utilizar Taijutsu y ni siquiera tenía técnicas "barrera de sangre", pero se le daba bien detectar Genjutsu y poseía una inteligencia bastante por encima del promedio. El joven Uchiha se detuvo al leer el nombre del Chuunin al que correspondía aquel informe en cuestión: Sakura Haruno. Sasuke tuvo que leer aquel nombre dos o tres veces más hasta acabárselo de creer.
"Vaya, vaya... Así que, diez años después de la humillación y la traición que sufrí por tu parte, el destino me va a dar la oportunidad de vengarme de ti, Haruno." pensó el moreno, mientras dibujaba una sonrisa maliciosa en su rostro.
Y aquello no era todo: el otro informe que había elegido al azar correspondía nada más y nada menos que al otro individuo del que Sasuke Uchiha había estado deseando vengarse durante tantos años: Naruto Uzumaki. El Uchiha no se podía creer la suerte que había tenido. Volviendo a sonreír maliciosamente, Sasuke se puso en pie con los dos informes todavía en su mano y detuvo su mirada en Itachi, quien se había vuelto a alejar del escritorio y, lleno de curiosidad, había empezado a hojear uno de los muchos libros que su hermano pequeño tenía colocados en las estanterías.
"Deja eso donde lo has encontrado y atiende." ordenó el joven heredero.
Una vez hubo dejado aquel enorme libro que contenía los mapas de todas las villas del País del Fuego en su sitio, Itachi le dedicó una cordial sonrisa a su hermano.
"He cambiado de opinión. Quiero que estos dos Chuunins formen parte de mi equipo." Sasuke le entregó a su hermano mayor los dos informes que había estado observando hacía escasos segundos.
"¿Al fin has decidido obedecer por una vez a padre?" preguntó amablemente Itachi, que todavía ni siquiera había leído los informes que su hermano le acaba de entregar.
"No digas estupideces. Ya te he dicho antes que no pienso trabajar con ningún Hyuga mientras pueda impedirlo."
Fue entonces cuando el hermano del heredero decidió fijar su mirada en los papeles que Sasuke le había dado. Al leer los nombres de Sakura Haruno y de Naruto Uzumaki, Itachi sintió que no comprendía nada; pues, según los informes, no eran unos ninjas excepcionales que se pudieran denominar "genios" o algo por estilo: sus cualidades estaban por encima de la media en muy pocos aspectos y, además, no parecían pertenecer a ningún clan que fuese muy prestigioso o, al menos, conocido. Pese a que no acababa de comprender los motivos que podía tener su hermano para querer trabajar con aquel par de desconocidos, Itachi prefirió no oponerse a la decisión de Sasuke. Al menos, había logrado algo que hasta entonces parecía del todo imposible: conseguir que el heredero del clan Uchiha accediese a encargarse de dirigir a un grupo de Chuunins. De todos modos, a aquella decisión aún le faltaba algo.
"No puedes formar un grupo de Chuunins con tan sólo dos Chuunins." le recordó Itachi a su hermano.
Como si acabase de acordarse de aquel detalle, Sasuke empezó a rebuscar entre los informes que había colocado encima de su escritorio. Le daba exactamente igual cuáles fueran los otros dos componentes del grupo siempre y cuando no fuesen miembros del clan Hyuga, así que agarró dos informes al azar y se los entregó a su hermano sin ni siquiera leerlos.
"Bien. Entonces, ¿quieres que Sakura Haruno, Naruto Uzumaki, Shino Aburame y Kiba Inuzuka formen tu equipo de Chuunins?" dijo Itachi, revisando todos los informes para asegurarse de que no pronunciaba mal ninguno de los nombres.
"Exacto. Ya puedes marcharte y dejarme tranquilo." a Sasuke en aquellos momentos tan sólo le apetecía dar por finalizada la conversación antes de que su hermano se interesase por saber qué era lo que le había empujado repentinamente a querer formar un equipo de Chuunins.
Todavía algo extrañado, Itachi abandonó el despacho de su hermano pequeño. Una vez se hubo quedado solo, Sasuke volvió a sentarse, todavía pensando en lo redondo que le había salido todo. Debido a lo poco que salía de los terrenos del clan Uchiha, el moreno hacía ya bastante tiempo que no se relacionaba socialmente con otras personas que no formasen parte de su familia. Había algunas excepciones como los miembros del clan Yamanaka o la Godaime, con quien Sasuke de vez en cuando debía relacionarse por orden de su padre. Pero, por lo general, apenas quería relacionarse con nadie; lo cual había provocado que no hubiese vuelto a tener noticias de aquel par de traidores que habían osado humillarle hacía ya diez años. De cualquier manera, el hecho de no haber vuelto a verles el pelo, no había querido decir en ningún momento que el joven Uchiha se hubiese olvidado de ellos.
"Haruno y Uzumaki, ser un Chuunin va a ser mucho más duro de lo que ambos podéis imaginar..." pensó Sasuke mientras esbozaba otra de sus maliciosas sonrisas.
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Una suave y agradable brisa de aire fresco se coló por la ventana del dormitorio de Sakura, quien se despertó en cuestión de pocos segundos. La kunoichi se puso en pie tranquilamente y cerró la ventana de su pequeño dormitorio mientras se fijaba en la hora que marcaba su despertador: las nueve de la mañana. Todavía algo adormecida, la Haruno se empezó a vestir con aquella ropa a la que ya tanto se había habituado; pues se la ponía casi cada vez que salía a hacer misiones: una camiseta blanca de tirantes que cubría con una fina y ajustada chaqueta roja de manga corta, unos pantalones negros que le quedaban por encima de las rodillas y que se pegaban tanto a sus delgadas piernas que a veces se sentía como si no llevase nada, una falda cortita (aunque un poco más larga que los pantalones) de color carne con unos bolsillos de lo más útiles que le servían para poder guardar algún que otro kunai, unos guantes de color gris que le dejaban al descubierto los dedos pese a que le protegían muy bien las manos y unas sandalias oscuras muy cómodas que ya tenía bastante usadas. Una vez hubo terminado de vestirse, la joven se dirigió hacia el cuarto de baño, que se encontraba al otro lado del pasillo. Allí se lavó la cara, se puso algo de sombra en los ojos y pintó sus finos labios con un color rojo bastante oscuro. Después de peinar su largo y bien cuidado pelo rosa y de colocarse su protector a modo de diadema, Sakura salió del cuarto de baño y se metió en el interior del dormitorio de Naruto, quien todavía estaba durmiendo como un tronco.
Apoyada en el marco de la puerta y con una agradable sonrisa dibujada en el rostro, la pelirrosa se quedó observando a su amigo durante dos largos minutos. Hacía ya diez años que el Uzumaki vivía con ella y la verdad era que había cambiado mucho en todo aquel tiempo. El crío dubitativo, triste y con tendencia a obedecer todo lo que le dijeran sin rechistar que había conocido diez años atrás en el despacho de Sasuke Uchiha se había convertido en un joven risueño, alegre, escandaloso, muy seguro de sí mismo y con una felicidad que incluso lograba contagiar a todos los que se hallaban a su alrededor. Además, la Haruno había descubierto que aquel rubio tan hiperactivo tenía una gran facilidad para hacer amigos. Los que siempre habían sido los mejores amigos de la kunoichi, Shikamaru y Chouji, habían aceptado enseguida a Naruto y se habían hecho amigos suyos al instante. Por si aquello fuese poco, los padres de Sakura no habían tenido ningún inconveniente a la hora de acceder a que el Uzumaki se quedase a vivir en casa. De hecho, lo consideraban prácticamente como a un hijo (de la misma manera que la pelirrosa lo consideraba como a un hermano).
"Vamos, Naruto... ¡Levántate!"
Gracias a la orden de la Haruno, el rubio logró abrir poco a poco los ojos.
"Sakura-chan..." el Uzumaki dirigió lentamente su mirada hacia el despertador que había encima de la mesita de la noche "Ni siquiera son las nueve y media... Déjame dormir un ratito más..."
"¿Es que lo has olvidado, Naruto? Hoy a las diez en punto tenemos que estar en las oficinas de Tsunade-sama."
"¿En las oficinas de la vieja?" murmuró Naruto en un tono de voz tan bajo que la pelirrosa apenas entendió lo que decía "¿Para qué?"
"Para que nos presenten al Jounin que nos han asignado y nos informen de cuáles son los grupos en los que nos han distribuido."
Aquellas palabras sirvieron para que el rubio se pusiese en pie al instante y sin tener que recibir ni una sola orden más.
"¡¡Es cierto!! ¡¡¡Hoy es cuando empezaremos a hacer misiones de verdad!!! ¡¡Ya ni me acordaba!!"
"En realidad, hoy no haremos ninguna misión aún, Naruto... Solamente nos presentarán a..."
"¡¡Tengo que espabilarme!!" Naruto interrumpió a Sakura sin ni siquiera escuchar qué era lo que ésta le estaba diciendo "¡Todavía estoy en pijama!"
"Anda, ve al cuarto de baño a hacer tus cosas... Yo iré haciéndote la cama..." dijo la pelirrosa, poniendo cara de resignación.
Después de coger la ropa que se pensaba poner, Naruto salió corriendo del dormitorio y se metió en el cuarto de baño. Diez minutos más tarde, los dos Chuunins ya se encontraban en la calle y se dirigían hacia las oficinas de la Godaime. Al llegar allí, se encontraron con Shikamaru y con Chouji, quienes les habían estado esperando durante cinco minutos.
"¿Qué hacéis aquí parados como dos estatuas?" preguntó el Uzumaki al verlos "¡¡Ya falta poco para las diez!!"
"Qué problemático... Encima de que te hemos estado esperando, nos echas la bronca..." el Nara puso cara de pocos amigos.
Los cuatro chicos se metieron en el interior de las oficinas de la Godaime y, después de estar caminando durante un buen rato por varios pasillos, se encontraron con Shizune, la más fiel ayudante de Tsunade.
"Disculpa, Shizune-san..." Sakura trató de captar la atención de Shizune con muchísima educación.
"¿Qué ocurre? ¿Qué estáis haciendo vosotros aquí?" la subordinada de la Godaime parecía acabar de percatarse de la presencia de los cuatro Chuunins.
"¡¡Venimos a hacer misiones llenas de riesgo y de acción con nuestros nuevos Jounins!!" exclamó el rubio.
"¿Perdón?" Shizune parecía estar algo confundida.
"Somos Chuunins recién ascendidos. Tsunade-sama nos dijo que nos presentáramos hoy aquí para saber quiénes son los Jounins que se encargarán de nosotros a partir de ahora y para que se nos informe de los equipos en los que nos han dividido." informó la Haruno mientras le tapaba la boca a Naruto.
"Ah, ya..." la ayudante de Tsunade sacó unos cuantos papeles de la carpeta que llevaba debajo del brazo "Decidme vuestros nombres y vuestros apellidos."
Una vez los Chuunins hubieron terminado de obedecer aquella última orden, Shizune se dispuso a hablar.
"De acuerdo. Nara y Akimichi, vosotros dos debéis ir a la sala 31. Está aquí mismo, en la primera planta."
"¿Y qué pasa con Sakura-chan y conmigo?" preguntó el Uzumaki, cada vez más nervioso.
"Un momento, por favor..." Shizune estaba hojeando los papeles que tenía en la mano tan deprisa como podía "¡Aquí estáis!" la kunoichi se detuvo cuando llegó al último de los papeles que tenía en su mano "Haruno y Uzumaki, a vosotros os toca ir a la sala 72, que se encuentra en la segunda planta."
Bastante aliviados al saber que, pese a que no iban a ir los cuatro en el mismo grupo, al menos conocerían a uno de los Chuunins con los que iban a compartir equipo, los chicos se separaron después de darle las gracias a Shizune por la información. Mientras Shikamaru y Chouji empezaron a caminar en dirección hacia la sala 31, Naruto y Sakura subieron rápidamente las escaleras que llevaban a la segunda planta. Ambos tenían muchas ganas de llegar a la sala 72 para saber quiénes iban a ser sus futuros compañeros de equipo.
"¡Qué bien, Sakura-chan! ¡Nos ha tocado en el mismo equipo! ¿Qué Jounin crees que nos habrán asignado? ¿Quién más vendrá a nuestro equipo?" el rubio parecía incapaz de mantener el pico cerrado.
Cuando ya los dos Chuunins se encontraban delante de la puerta de la sala 72, ambos soltaron un pequeño suspiro. Tras dedicarle una rápida mirada llena de emoción a la pelirrosa, el Uzumaki abrió la puerta sin poder esperar un segundo más. Los dos amigos entraron en la sala 72 con paso decidido. Dentro de la sala, se encontraron con dos chicos que debían tener más o menos su edad y que estaban sentados en un pequeño banco de madera. Uno de ellos tenía un aspecto bastante salvaje y llevaba un perro colocado encima de la cabeza. El otro, en cambio, tenía un aspecto mucho más tranquilo y relajado. Este último alzó rápidamente la mirada (una mirada que ocultaba tras sus oscuras gafas) en cuanto se percató de que acababan de entrar dos personas en la sala. El otro chico también alzó la mirada unos segundos después para saber quiénes eran los individuos que habían terminado con el silencio que había estado reinando en la sala antes de que ellos entrasen. Aquel incómodo intercambio de miradas que se había producido entre Naruto y Sakura y sus dos compañeros de equipo fue interrumpido por un joven moreno que se encontraba de pie, en un rincón de la sala, con su mirada clavada en el cristal de la ventana.
"Vosotros debéis ser Sakura Haruno y Naruto Uzumaki, ¿verdad?" dijo amablemente el joven, mientras apartaba la mirada de la ventana y la dirigía hacia el rostro de los dos Chuunins que acababan de entrar.
Casi del todo paralizado, el rubio observó con detenimiento el rostro de aquel joven que les acababa de hablar. Pese a que las facciones de su cara se habían endurecido ligeramente por el paso de los años, el joven en cuestión seguía teniendo aquella expresión dulce y tierna en el rostro que le hacía fácilmente reconocible. Si a aquello además se le sumaba que las dos cicatrices que tenía debajo de sus grandes y oscuros ojos no habían cambiado en absoluto, el Uzumaki obtenía el rostro de un joven Uchiha al que, al igual que sucedía con el hermano pequeño de éste, no veía desde hacía unos diez años: Itachi.
"Sí, somos nosotros." dijo la Haruno, que no se había percatado de cómo había cambiado de repente el rostro de su amigo.
Esbozando una amistosa sonrisa, Itachi volvió a posar su mirada en el cristal de la ventana. Naruto aprovechó aquel momento para agarrar por los hombros a la pelirrosa y obligarla a colocarse frente a él.
"¿Sabes quién es ese tipo, Sakura-chan?" el rubio utilizó un tono de voz muy bajo para así evitar que los dos chicos del banco de madera e Itachi pudieran oírle.
"No, no lo sé... ¿Qué te pasa ahora, Naruto?" la kunoichi empleó el mismo tono de voz que había utilizado su amigo anteriormente para hablar.
"Es Itachi Uchiha, el hermano mayor de Sasuke Uchiha." susurró Naruto, de forma casi inaudible.
El rostro aterrorizado de la chica fue suficiente para que el rubio supiese que Sakura había entendido a la perfección lo que acababa de susurrarle. La pelirrosa no se acababa de creer las palabras de su amigo, pero, después de todo, el chico había estado viviendo durante un año en los terrenos del clan Uchiha; así que era imposible que se estuviera confundiendo. Además, desde que aquel joven había dirigido la mirada hacia ellos dos, la Haruno se había percatado de que su rostro le sonaba familiar, como si lo hubiese visto en algún momento del pasado. Ahora ya sabía de qué le sonaba aquel rostro: era la cara del joven por aquel entonces adolescente que había ayudado a Sakura hacía unos diez años a encontrar el despacho de Sasuke Uchiha. Definitivamente, Naruto no se equivocaba: aquel joven era, sin duda alguna, Itachi Uchiha, el hermano mayor de aquel muchacho frío e insensible que había pretendido hacer que la pelirrosa fuese su subordinada después de haber estado explotando al Uzumaki durante un año entero.
"Pero... ¿Qué está haciendo él aquí? ¿Qué...?" la Haruno no sabía cómo expresarle a su amigo la sensación de angustia que sentía por dentro en aquellos momentos.
"¿Os sucede algo a vosotros dos?" preguntó el chico de las gafas, que se había quedado con la mirada clavada en Naruto y en Sakura.
"¡No! ¡Nada!" se apresuró a decir la kunoichi mientras se separaba del rubio con una rapidez no demasiado disimulada.
"Bueno, ya estamos todos, ¿no?" dijo el Chuunin que llevaba a su perro encima de la cabeza.
"Sí, ya estamos todos." dijo Itachi, apartando la mirada del cristal de la ventana y dirigiéndola hacia el chico que acababa de hablar "Ahora vendréis conmigo para conocer al que a partir de ahora será el Jounin encargado de vuestro equipo."
"¿Cómo? Entonces, ¿no eres tú el Jounin que nos ha tocado?" el chico de aspecto salvaje parecía bastante desconcertado.
"Ah, no... Pensaba que ya lo sabíais." Itachi sonrió educadamente a modo de disculpa por no haber aclarado antes aquel malentendido "El Jounin que os dirigirá a partir de ahora será Sasuke Uchiha."
El efecto que provocaron aquellas palabras sobre el chico que llevaba al perro en la cabeza fue muy distinto al efecto que habían provocado éstas sobre Naruto y Sakura: mientras estos últimos sentían que la sangre se les helaba, el otro se había puesto de pie la mar de contento.
"¡Sasuke Uchiha! ¡El Jounin que nos ha tocado es nada más y nada menos que el mismísimo Sasuke Uchiha! ¡Vamos a ser los primeros privilegiados en poder formar parte de su equipo! ¿Lo has escuchado, Akamaru? ¡Se nota que somos unos Chuunins de nivel!" exclamó el chico mientras agarraba a su perro por las patas delanteras y empezaba a zarandearlo de un lado a otro, lleno de ilusión.
Una sonrisa de lo más forzada por parte de Naruto y de Sakura fue la única respuesta que obtuvo el ilusionado chico al preguntarles a ambos si acaso no les parecía genial el poder trabajar a partir de ahora con el mismísimo Sasuke Uchiha.
¿Qué os ha parecido este tercer capítulo? Dejadme algún review con vuestra opinión al respecto y me haréis feliz xD. Intentaré subir el cuarto capítulo lo antes posible, pero creo que no podrá ser hasta la semana que viene...
PD: ¡Cuidaos mucho y hasta el próximo capítulo!
