Tenía intención de subir este capítulo ayer, pero al final no pudo ser... En fin, supongo que no os quejaréis, pues esta vez no he tardado tanto como con el séptimo capítulo xP. Muchas gracias a sakurass y a PuLgA, que fueron rapidísimas a la hora de dejarme reviews para el capítulo anterior. Respecto al review de katsura-chan Uchina, me alegro de que te hiciese gracia eso que se inventó Sasuke de que Kakashi es homosexual nOn (debo reconocer que me costó mucho ponerlo, ya que yo a Kakashi siempre lo he visto bien machote xD; mas era una de las mejores opciones que tenía para conseguir que Sakura dejase de estar enamorada de él al instante... ToT).

Mejor dejo de enrollarme para que podáis leer tranquilamente el octavo capítulo de Frozen Heat, ¿no?

Disclaimer: Los personajes de este fanfic no me pertenecen, pues son originales del gran Masashi Kishimoto.

The ceremony

En la mansión de los Hyuga, todo eran preparativos y cambios decorativos de última hora. La vivienda tenía que estar perfecta el día de la celebración del vigésimo quinto aniversario de la boda de Hiashi y su esposa. Todavía faltaba medio día para que las puertas de la mansión de los Hyuga se abriesen con la intención de recibir a los que estaban invitados al evento, mas era esencial cerciorarse con tiempo de que nada iba a fallar. Ningún detalle podía pasar por alto y no debían surgir imprevistos de ninguna clase. No era de extrañar que el ir y venir de los sirvientes fuera incesante, pues todos tenían mucho trabajo por hacer. Una de las criadas, la cual llevaba ya muchos años al servicio del clan Hyuga, se encontraba en el dormitorio de la mayor de las hijas de Hiashi. La sirvienta se estaba asegurando de que las medidas del kimono que habían diseñado los sastres del clan para la joven Hinata habían sido tomadas correctamente. Se notaba que el kimono en cuestión había sido diseñado para un miembro de la alta aristocracia, ya que era una prenda de vestir suntuosa. En conjunto no era demasiado llamativo, puesto que tanto el color amarillo del traje como el color granate del obi eran bastante apagados; pero aquello todavía le daba más elegancia. Después de hacer que la heredera del clan Hyuga estuviese dando vueltas de un lado a otro del dormitorio con el kimono puesto durante veinte minutos, la criada decidió que no hacía falta llamar a los sastres para que le diesen un retoque al traje: las medidas de Hinata habían sido tomadas a la perfección y el kimono le quedaba estupendamente.

Una vez la sirvienta se hubo marchado por la misma puerta por la que había entrado, la kunoichi se quitó aquella prenda de vestir tan pesada, se puso un vestido de color blanco de lo más informal y se estiró en su cama al tiempo que esbozaba una pequeña sonrisa. Estaba contenta. Muy contenta. Había logrado convencer a su padre hacía ya un par de días para que invitase a los Uchiha a la ceremonia que aquella misma tarde se iba a celebrar en la mansión de los Hyuga... y lo más importante era que además había conseguido que Hiashi le hiciese saber a Fugaku que los cuatro Chuunins que formaban el equipo de Sasuke Uchiha también estaban invitados. Hinata no podía sentirse más feliz; ya que, desde que su primo y ella habían regresado de la Villa Oculta de la Arena, no había dejado de pensar en Naruto, uno de los miembros del ejército de Sasuke. Todavía recordaba el rubor que había aparecido en sus mejillas cuando el rubio le había dado la mano para ayudarla a que se levantara del suelo. Aún sentía cosquilleos en el estómago cada vez que en su mente aparecía la cara del joven. Por suerte, no iba a tener que esperar mucho para verle: dentro de unas doce horas el Uzumaki iba a obsequiarle con su presencia. ¡Sí! ¡El chico que ocupaba sus pensamientos desde aquel absurdo enfrentamiento contra el ejército del heredero del clan Uchiha iba a estar presente en la ceremonia y la joven Hyuga iba a poder verle de nuevo! Hinata notaba que se estaba empezando a sonrojar y que un nerviosismo algo molesto se iba apoderando de ella. Lo cierto era que aún no sabía cómo reaccionaría delante de su amado Naruto, pero tenía bien claro que aquella tarde iba a tener la oportunidad de expresarle sus sentimientos y que no debía desaprovecharla.

La puerta del dormitorio de Hinata se abrió repentinamente y detrás de ella apareció el rostro serio y desagradable de Neji. La joven Hyuga se sobresaltó bastante, puesto que su primo no acostumbraba a entrar en su dormitorio casi nunca... y mucho menos sin llamar antes a la puerta.

"Oniisan..." susurró Hinata, que se había puesto en pie velozmente.

"Buenos días, Hinata-sama. Lamento haber entrado con tan pocos modales en su dormitorio, mas necesito hablar con usted cuanto antes." Neji parecía tener ganas de ir directo al grano.

"Cla... Claro, oniisan... ¿Sucede algo?"

"¿Es cierto que ha sido usted la que ha convencido a Hiashi-sama para que invite a los miembros del clan Uchiha al acontecimiento de esta tarde?" preguntó el joven, mirando a su prima fijamente a los ojos.

Aunque Neji no tenía su Byakugan activado, Hinata se sentía de lo más incómoda al notar los ojos de su primo clavados en ella. Al fin y al cabo, el chico casi siempre lograba adivinar los pensamientos de la Hyuga con tan sólo mirarle a los ojos.

"Yo... Pensaba..." Hinata cada vez se sentía más nerviosa "Pensaba que era... Una buena oportunidad para... Para olvidar nuestras diferencias y..."

"¿Dónde tiene la cabeza, Hinata-sama?" el joven Hyuga no pudo evitar echarle una dura reprimenda a su prima "¡Estamos hablando del clan Uchiha! ¡Las diferencias entre ese clan y el nuestro son abismales! ¡Y, desde luego, individuos como el engreído de Sasuke Uchiha no ayudan a que el asunto mejore!"

"Por eso... Por eso precisamente, oniisan... Pienso que sería conveniente..."

"Lo conveniente es no acercarnos a esos impresentables, Hinata-sama. Eso es lo conveniente." Neji interrumpió a la chica sin demasiados miramientos.

"Pero... Oniisan..."

"Estamos cediendo a demasiados caprichos suyos, Hinata-sama. ¿Qué me dice de lo sucedido en la Villa Oculta de la Arena durante el enfrentamiento contra ese estúpido Uchiha? En esa ocasión, usted no toleró que lucháramos contra él. ¿Tantas ganas tiene de que la relación entre nuestro clan y el clan Uchiha se estreche... o es que hay algo más que nos está ocultando a todos?"

Era más que evidente que Neji sospechaba algo. Hinata notó que estaba volviendo a sonrojarse y bajó la cabeza a la velocidad de la luz para que su primo no se percatara del brusco rubor que se estaba extendiendo por sus mejillas. Por desgracia para la Hyuga, a aquel par de ojos tan intimidadores no se les escapaba ni un simple detalle.

"¿No será que...?" aunque parecía incapaz de terminar la pregunta, Neji se esforzó por continuar hablando "¿Acaso siente usted algo por Sasuke Uchiha?"

La mirada de Hinata se alzó hasta toparse con el impasible rostro de su primo casi de forma inmediata.

"¡No!" contestó la chica, con una seguridad algo impropia de ella.

Pese a que no acababa de creer a su prima, Neji no tuvo más remedio que fingir que se había quedado satisfecho con aquella respuesta; ya que le parecía que seguir con aquel interrogatorio hubiese sido un gesto de muy poca educación por su parte. De todos modos, el joven no quiso dar la conversación por terminada sin antes añadir algo más.

"Espero que sea así, Hinata-sama. Tenga usted por seguro que ese desgraciado no le conviene en absoluto."

Como si con aquello ya hubiese quedado todo dicho, el Hyuga salió del dormitorio de la chica con toda la calma del mundo. Hinata, por su parte, reflexionó durante unos instantes sobre lo que su primo acababa de decirle. Se suponía que debía sentirse aliviada: al fin y al cabo, Neji no había logrado averiguar que estaba enamorada de Naruto. Pese a ese detalle, la joven no sentía demasiado alivio en aquellos momentos; pues su primo creía que estaba enamorada nada más y nada menos que de Sasuke Uchiha, cosa que a la chica no le hacía demasiada gracia.

Intentando apartar de su mente la conversación que acababa de tener con Neji, la Hyuga se volvió a tumbar sobre su cama y se quedó observando el kimono que se había quitado hacía escasos minutos, el cual se hallaba colgado en la pared, justo al lado del guardarropa. Aquella prenda de vestir colaboró a que Hinata recuperase el buen humor, puesto que al instante le hizo recordar que cada vez quedaba menos para poder ver de nuevo a cierto rubio que le volvía loca.

--------------------------------------------------------------------------------------------

"¿¿Cómo?? ¡¡¡Haz el favor de repetir eso, Sakura!!!"

"Naruto y yo no podemos ir esta noche a cenar con Shikamaru y contigo..."

"¡¡No, eso no!! ¡¡Lo otro!!"

"No podemos ir porque tenemos que asistir a un acontecimiento que se celebra en la mansión de los Hyuga..." repitió la Haruno, cansinamente.

Tanto la pelirrosa como Chouji se encontraban en el jardín del clan Nara, junto con Naruto y Shikamaru. Habían quedado allí después de comer al mediodía para comentar cómo les estaban yendo las misiones con sus nuevos equipos de Chuunins. En medio de la conversación, el Akimichi había invitado al Uzumaki y a Sakura a que fueran con Shikamaru y con él aquella noche a cenar al local de Ichiraku; mas parecía ser que los dos jóvenes tenían un compromiso al que no podían faltar.

"¿¿Vais a ir a la mansión de los Hyuga?? ¿¿¿Por qué no nos lo habíais dicho antes???" vociferó Chouji.

"Porque no había salido el tema..." respondió Naruto, quien estaba jugando a una partida de shogui contra Shikamaru.

"Pero, ¿os dais cuenta de lo que eso significa? ¡¡Vais a estar rodeados de gente importante y os vais a poder codear con personas de alto linaje como si estuvierais a su altura!!" gritó el Akimichi, emocionadísimo.

"No te embales, Chouji... La verdad es que vamos sólo porque formamos parte del equipo de Chuunins de Sasuke Uchiha: no creo que nosotros vayamos a ser tratados como lo que tú denominas "gente importante"... Supongo que únicamente nos habrán invitado para reírse un rato nuestras vulgaridades..." daba la sensación de que aquel día la kunoichi no se sentía demasiado optimista.

"¡¡Pues pobre del que se ría de mí!! ¡¡¡Me da igual quién sea: me liaré a puñetazos con él si hace falta!!!" de repente, los ojos del rubio se clavaron en el tablero de juego, donde el Nara acababa de mover una ficha con la que le había capturado al rey "¡¡No!! ¡¡¡Ya es la cuarta vez que me ganas en lo que va de día, Shikamaru!!!" Naruto ni siquiera se molestó en ocultar su disgusto.

"Pues claro... Es muy problemático jugar contra ti cuando tú parece que estés más pendiente de la conversación entre Sakura y Chouji que de la partida... No te concentras, Naruto..." murmuró Shikamaru, tras dejar escapar un bostezo.

"¡¡¡¡Mierda!!!! ¡¡¡Juguemos otra partida!!! ¡¡¡¡Esta vez, ganaré yo!!!!"

"Ya me he cansado de jugar contra ti, Naruto..." el Nara se puso en pie y se acercó hacia el lugar donde conversaban la pelirrosa y el Akimichi "¿Qué era eso tan problemático que estabais diciendo sobre los Hyuga?"

"¡¡¡Sakura y Naruto van a ir esta noche a la ceremonia que se celebra en la mansión de los Hyuga con motivo del vigésimo quinto aniversario de la boda de Hiashi y su esposa!!!" exclamó Chouji, radiante de felicidad.

"¿Aniversario? ¿Boda?" el rubio, que se había acercado también para escuchar mejor la conversación, se sentía algo desconcertado.

"¡Por supuesto, Naruto! ¡¡No me digas que ibas a acudir al evento sin ni siquiera saber lo que se celebra!!" ahora era el Akimichi el que parecía estar confuso.

"En realidad, Sasuke Uchiha no nos ha querido dar muchos detalles sobre la celebración..." aclaró la Haruno.

"¿Tú cómo sabes qué es lo que se celebra en la mansión de los Hyuga?" le preguntó Naruto a Chouji.

"El otro día, durante una misión, Maito Gai comentó algo sobre ese tema. Empezó a quejarse porque no entendía cómo podía ser que a él, la Gran bestia verde de Konoha, el mejor de todos los Jounins, nunca le inviten a los eventos de categoría que se celebran en la villa." explicó el Akimichi.

"Ahora que lo dices, creo que recuerdo algo sobre eso." musitó Shikamaru "No sé cómo puede pretender que inviten a un tipo tan problemático como él a los acontecimientos importantes..."

"¡¡Por cierto, todavía tenemos pendiente ir a ver a estos dos durante alguno de sus entrenamientos con el equipo de bichos raros, Sakura-chan!!"- el Uzumaki le dio un codazo amistoso a Sakura.

"¡Es verdad! ¡¡Algún día les haremos una visita!!" al tiempo que dibujaba una sonrisa pícara en su rostro, la kunoichi le guiñó un ojo al rubio.

Al cabo de unos diez minutos, Sakura y Naruto se despidieron de sus dos amigos y se dirigieron hacia su casa, ya que debían prepararse para la ceremonia a la que iban a asistir aquella noche. Según las invitaciones que Sasuke les había dado el día anterior, la celebración iba a dar comienzo a las nueve de la tarde; pero ellos habían quedado un cuarto de hora antes con Kiba y con Shino enfrente de las oficinas de la Godaime para ir juntos a la mansión de los Hyuga.

En cuanto entró en su dormitorio, la Haruno clavó su mirada en el tradicional kimono de color azul acuoso que yacía sobre su cama. Aquel era el traje que Hana, la hermana mayor de Kiba, le había prestado hacía unas cuantas horas para que pudiese asistir a la celebración vestida de un modo más o menos decente. El kimono no estaba demasiado usado, pues Hana sólo se lo había puesto una vez en toda su vida: el día en que su familia había decidido celebrar una cena en su honor por haber ascendido a Chuunin. Dado que, cuando se convirtió en Chuunin, la Inuzuka tenía la misma edad que Sakura tenía en aquellos momentos, el traje era más o menos de la talla de la pelirrosa. Tal vez fuese cierto que le quedaba un poco ancho por la parte de las caderas, pero apenas se notaba. Los ojos de la kunoichi inspeccionaron cuidadosamente aquel kimono de seda tan rico en bordados antes de ponérselo. Se trataba de un traje bastante sencillo de manga larga y de cuerpo entero cuyos tonos azulados no combinaban nada mal con la blanquecina piel de la Haruno.

A la hora de sujetar el kimono con el obi de color añil que también le había prestado Hana, Sakura no tuvo más remedio que pedirle ayuda a Naruto; ya que aquella especie de faja tan ancha y pesada le estaba dando serios problemas. La pelirrosa también tuvo que ayudar al Uzumaki con su obi, pues para el chico estaba resultando de lo más complicado envolver su cintura con aquel accesorio que Kiba le había prestado el día anterior. Cuando ambos estuvieron listos en lo que a ropa se refería (tarea que les llevó más de una hora por culpa de la falta de práctica que tenían a la hora de sujetar el kimono con el obi), se dedicaron a arreglarse un poco el pelo y la cara. En este aspecto, la kunoichi tardó mucho más que el rubio; puesto que la joven se pasó casi tres cuartos de hora metida en el cuarto de baño maquillándose, recogiéndose el pelo en un moño de lo más formal y escogiendo los pendientes que mejor combinaban con el color del traje que llevaba puesto (al final, se decidió por unos preciosos aretes dorados que su madre guardaba en uno de los cajones que había debajo del lavamanos).

"¡¡Ya estoy lista!!" canturreó alegremente la Haruno, nada más salir del cuarto de baño.

"¡¡¡Al fin, Sakura-chan!!! ¿¿¿Sabes que Shino y Kiba nos están esperando enfrente de las oficinas de...???"

Pero el rubio no pudo seguir con la pregunta, dado que acababa de girarse y se había percatado del aspecto que tenía su amiga en aquellos momentos. Si no hubiera sido porque sabía que no podía tratarse de ninguna otra persona, Naruto no se hubiese creído que aquella joven que tenía delante era Sakura. El Chuunin no sabía muy bien cómo definir aquel cambio que se había producido en la pelirrosa, mas estaba claro que la chica presentaba una imagen mucho más adulta y mucho más... atractiva. Los mechones de pelo que normalmente le caían graciosamente por la cara estaban ahora recogidos hacia atrás con unas cuantas horquillas y su cara juvenil ahora daba la sensación de ser la de una persona más madura gracias al estilo tan apagado que había usado a la hora de maquillar su rostro. Puesto que llevaba el pelo recogido en un elegante moño, las orejas le quedaban del todo descubiertas, dejando así a la vista los brillantes pendientes que se había puesto.

"¿Qué te parece, Naruto? ¿Estoy guapa?" la kunoichi se sonrojó ligeramente al notar que su amigo no apartaba los ojos de ella.

"Sakura-chan... Estás guapísima..." Naruto no podía estar más embobado.

"¡¡Gracias, Naruto!!" exclamó Sakura, llena de entusiasmo "¡¡A ti también te queda muy bien el kimono que te prestó Kiba ayer!!" de pronto, la Haruno pareció recordar algo "Por cierto, ¿qué estabas diciendo sobre Shino y Kiba?"

"¿Shino y Kiba?" el rubio todavía estaba algo atontado "Shino y Kiba..." en aquel preciso instante, dio la impresión de que el joven acababa de recuperar la memoria "¡¡¡¡¡Shino y Kiba!!!!!"

"¡¡Sí, Naruto: Shino y Kiba!!" vociferó la pelirrosa, quien estaba empezando a perder la paciencia.

"¡¡¡Rápido, Sakura-chan!!! ¡¡¡Ya son casi las nueve!!! ¡¡¡¡Esos dos se van a ir a la celebración sin nosotros!!!!" el Uzumaki había agarrado a la chica por el brazo y ahora la estaba arrastrando hacia la puerta por la que se salía a la calle.

"¿¿Qué??" los ojos de color esmeralda de la kunoichi se posaron en el reloj que había colgado en la pared del recibidor "¡¡¡¡Es cierto!!!! ¡¡¡Faltan unos dos minutos para las nueve y hemos quedado con Shino y con Kiba a las nueve menos cuarto!!! ¿¿¿Cómo he podido pasar tanto tiempo metida en el cuarto de baño???"

Por suerte para los dos amigos, tanto Shino como Kiba todavía les estaban esperando enfrente de las oficinas de la Godaime. Cuando Naruto y Sakura llegaron al lugar, les costó bastante reconocer a sus dos compañeros. Kiba parecía otro al no llevar a Akamaru encima de la cabeza o metido dentro de la cazadora y, además, el tradicional kimono oscuro que vestía (el cual era prácticamente igual al del Uzumaki) hacía que no quedase ni rastro de su aspecto salvaje de siempre. Shino, por su parte, llevaba un traje muy formal que estaba confeccionado con un material rústico y que le dejaba al descubierto la parte inferior de su cara (una parte que el chico siempre se empeñaba en ocultar con el cuello de la chaqueta que acostumbraba a ponerse).

"¡¡¡Llegáis tarde!!! ¿¿¿Dónde narices os habíais metido???" el Inuzuka parecía estar a punto de explotar por culpa de los nervios.

"¡¡¡¡Bueno, pues ya estamos todos!!!!" Naruto fingió no haber oído el comentario de Kiba "Vamos tirando, ¿no?"

Por el camino, la pelirrosa mostró bastante interés por las elaboradísimas vestimentas que Shino llevaba puestas. El Aburame explicó que aquél era el traje que su padre se había puesto el día en que se había casado con su madre. Fue entonces cuando todos comprendieron el motivo por el cual Shino había dejado claro desde un buen principio que no necesitaba que le prestaran ningún kimono, puesto que él ya había decidido sin necesidad de meditarlo dos veces cuál era el traje con el que se quería vestir. De todos modos, aunque no lo dijese en voz alta, Sakura no podía dejar de pensar que aquellas misteriosas gafas que siempre tapaban los ojos del Aburame no pegaban para nada con sus vestimentas.

"Estooo... Tengo una preguntita sin importancia: ¿alguno de vosotros sabe dónde se encuentra la mansión de los Hyuga?" murmuró súbitamente el rubio.

Fue tal el asombro que le causó aquella pregunta a Kiba que el joven estuvo a punto de desmayarse allí mismo.

"Menos mal que os hemos esperado..." musitó Shino, al tiempo que un repentino rubor aparecía en las mejillas de Naruto y Sakura.

Algo avergonzados por el hecho de no tener ni la más remota idea de dónde estaban situados los terrenos de la segunda familia más prestigiosa de Konoha, el rubio y la Haruno siguieron a sus dos compañeros por unas calles que ellos nunca habían pisado. Tanto Naruto como Sakura sintieron por unos momentos que aquel barrio lleno de mansiones lujosas y de jardines majestuosos quedaba demasiado lejos de las zonas de la villa por las que ellos siempre acostumbraban a pasear con Shikamaru y con Chouji. Definitivamente, les iba a resultar complicado el aparentar estar habituados a aquel ambiente tan distinguido y selecto.

Finalmente, los cuatro Chuunins llegaron a la imponente mansión de los Hyuga. Un par de criados que se hallaban a ambos lados de las puertas principales les dedicaron a los chicos varias miradas llenas de desprecio al ver que los cuatro se habían detenido delante de ellos.

"¡¡¡Venimos a la ceremonia que celebran hoy los Hyuga!!!" anunció el Inuzuka, muy seguro de sí mismo.

"Esta ceremonia es privada. No pueden entrar." informó uno de los criados, poniendo cara de malas pulgas.

"Disculpe, pero es que resulta que estamos invitados..." la pelirrosa dio un paso al frente y se colocó delante del sirviente que les había dicho que no podían entrar.

Completamente desconcertado, el criado al que la kunoichi se acababa de encarar le dirigió una rápida mirada a su compañero, quien se limitó a decir:

"En tal caso, muéstrennos las invitaciones."

Sin dudar ni por un segundo, Sakura, Shino y Kiba le mostraron sus invitaciones al sirviente que había hablado en último lugar. Después de examinar las tres tarjetas detenidamente para asegurarse de que no eran falsificaciones, el hombre asistió con lentitud y, sin demasiado entusiasmo, les devolvió sus respectivas invitaciones a los Chuunins.

"Todo en orden. Pueden pasar."

Estaban los tres jóvenes ya cruzando las enormes puertas por las que se accedía al interior de las tierras del clan Hyuga cuando, de pronto, la Haruno dio media vuelta y miró en dirección hacia el lugar donde se hallaba Naruto, quien se había quedado completamente paralizado en cuestión de segundos.

"¡Vamos, Naruto! ¿A qué esperas para enseñarle tu invitación a este tipo?" la kunoichi no comprendía el motivo por el cual la cara de su amigo se estaba descomponiendo por momentos.

"Yo... Sakura-chan..." susurró el rubio con un hilo de voz.

"¡¡¡No me digas que no te has acordado de coger tu invitación antes de salir de casa!!!" gritó una Sakura de lo más escandalizada.

"¡¡Lo siento mucho, Sakura-chan!! ¡¡¡Con tantas prisas y...!!!"

"¡¡¡¡¡NARUTO, TE VOYA MATAR!!!!!" la pelirrosa interrumpió a su amigo al tiempo que se abalanzaba sobre él para estrangularle.

"Supongo que no hay ningún inconveniente en dejar que Naruto pase." el Aburame, que había estado observando la escena desde una distancia bastante prudente, se estaba dirigiendo en aquellos momentos al criado que se había encargado de examinar las invitaciones.

"No sabe cuánto lo lamento; mas, sin invitación, la entrada no está permitida." pese a lo que acababa de decir, daba la sensación de que aquel hombre no lamentaba en absoluto el tener que prohibirle la entrada al Uzumaki.

"¿¿Por qué?? ¡¡Si viene con nosotros!!" Kiba no pensaba quedarse callado.

"Simplemente nos dedicamos a cumplir órdenes... y una de las órdenes que nos han dado es que sólo dejemos pasar a los que nos muestren su invitación." parecía que el sirviente se lo estaba pasando en grande al ver cómo la impotencia se reflejaba en los rostros de los cuatro Chuunins.

Justo cuando parecía ser que la discusión entre los chicos y los dos criados estaba a punto de convertirse en una pelea seria, una voz fría hizo que todos se callasen al instante.

"¿Qué porras está pasando aquí?"

La voz que había pronunciado aquellas cinco palabras fue rápidamente reconocida por los Chuunins: se trataba de la voz de Sasuke Uchiha.

"Es el pequeño de Fugaku Uchiha..." murmuró uno de los sirvientes, que se había girado hasta que sus ojos se hubieron topado con el rostro malhumorado de Sasuke, quien se encontraba en el interior de los jardines del clan Hyuga.

"¡¡¡Uchiha-sama!!! ¡¡¡¡Este par de gorilas no quieren dejar pasar a Naruto!!!!" vociferó el Inuzuka.

En aquel preciso instante, el joven Uchiha pareció comprender la situación. Antes de que se volviese a originar otra discusión, Sasuke decidió poner fin a aquel espectáculo.

"Dejad que pasen." ordenó el heredero del clan Uchiha, que había clavado sus oscuros ojos en el rostro de uno de los criados.

"Pero..." el criado en cuestión no parecía estar muy conforme con aquella orden "Uno de ellos no..."

"Da igual. Vienen conmigo." le interrumpió Sasuke.

Dando por zanjada la conversación, el joven heredero dio media vuelta y se alejó de allí justo después de hacerles un pequeño gesto con la cabeza a los cuatro Chuunins para indicarles que quería que le siguiesen. Naruto, Sakura, Shino y Kiba fueron tras el Jounin sin ni siquiera despedirse de los sirvientes, los cuales parecían estar de lo más confundidos. Sasuke no se detuvo hasta que llegaron a un lugar bastante apartado de los jardines, los cuales estaban de lo más adornados con motivo del acontecimiento que se celebraba aquella noche. El rincón en el que los cinco chicos se detuvieron estaba idealmente iluminado por uno de los muchos farolillos chinos de color rojo que colgaban en una parte del porche por el que se accedía a la puerta trasera de la mansión de los Hyuga. Gracias a la luz de aquel farolillo, los cuatro Chuunins pudieron contemplar mejor al Uchiha, quien iba vestido con un traje que se notaba que sólo podía pertenecer a alguien de alta alcurnia. Además de su impecable kimono (el cual tenía bordado un abanico que simbolizaba el clan Uchiha), llevaba puesto un pantalón holgado con varios pliegues que, pese a no ser exageradamente formal, resultaba muy elegante. Por si aquello fuera poco, las tonalidades oscuras de sus vestimentas le sentaban estupendamente. Encima del kimono, se había colocado un chaleco algo pesado que le llegaba hasta las rodillas y que era completamente negro. Estaba claro que el traje de Sasuke era capaz de eclipsar a cualquier otro que le pusieran al lado.

"¿Se puede saber qué narices entendéis vosotros cuatro por no hacer el ridículo?" el joven heredero se encargó de romper el silencio que se había producido entre los cuatro Chuunins y él sin pensárselo dos veces.

Abochornados, los chicos que formaban el equipo de Sasuke bajaron lentamente sus respectivas cabezas hasta que sus miradas se toparon con el suelo. Al fin y al cabo, la escenita que acababan de montar delante de las puertas principales no era algo de lo que se sintieran precisamente orgullosos.

"¡¡¡Procurad por vuestro bien no volveros a involucrar en un espectáculo tan lamentable!!! ¡¡¡Tened por seguro que, la próxima vez que se repita algo por el estilo, los cuatro seréis expulsados de mi ejército de forma inmediata!!! ¿¿¿Lo habéis comprendido???" parecía que de un momento a otro iban a salir chispas de los ojos del Uchiha.

Antes de que los Chuunins pudieran responder, alguien interrumpió la conversación con un molesto grito que provocó que Sasuke diese un respingo. En un abrir y cerrar de ojos, una joven rubia de lo más escandalosa que acababa de salir del porche abrazó con tanta fuerza al Jounin que por poco consiguió que se cayese de espaldas. Sin comprender nada de lo que estaba pasando allí, Naruto, Sakura, Shino y Kiba observaron la escena con los ojos abiertos como platos.

"¡¡¡Sasuke-kun!!!" gritó la chica, sin separarse ni un milímetro del Uchiha "¡¡¡Me habías dicho que ibas un momento al baño!!! ¿¿¿Qué haces en el jardín??? No estarás huyendo de mí, ¿¿¿¿verdad????" en aquel preciso instante, la rubia se dio cuenta de que no estaba a solas con su amado Sasuke, tal y como ella había creído en un principio "¿¿¿Quién es esta gentuza de aquí???" preguntó de repente la joven, al tiempo que clavaba sus grandes ojos azules en las caras de los cuatro Chuunins, los cuales estaban presenciando la embarazosa situación en primera persona.

En el momento en que los ojos de la rubia se posaron en su rostro, la Haruno supo que la conocía de algo. No tardó demasiado en saber de qué le sonaba: aquella joven tan ruidosa no era otra que Ino Yamanaka, la misma muchacha que había intentado hacerle la vida imposible con sus burlas y sus bromas pesadas en la Academia de Ninjas. El motivo por el cual le había costado tanto reconocerla era porque hacía ya bastante tiempo que no la veía, pues Ino se había marchado de la academia a la edad de diez años y, desde entonces, tan sólo se la había encontrado alguna que otra vez por las calles de Konoha. Sakura se fijó en el kimono que llevaba puesto la rubia y al instante notó que el corazón le daba un vuelco: Ino estaba realmente deslumbrante. Su colorido y llamativo kimono de color rosa, que estaba sujetado por un ancho obi de color rojo chillón, contaba con varios dibujos ornamentales, la mayoría de los cuales consistían en flores de colores cálidos y alegres. Para perfeccionar todavía más su estética, la Yamanaka había utilizado una base blanca a la hora de maquillarse que no tan sólo le cubría la cara, sino que se extendía hasta por debajo del cuello. Si, en vez de recoger su larga melena rubia en una trenza que le llegaba hasta la cintura aproximadamente, Ino hubiese optado por hacerse un moño alto, la Haruno hubiese jurado que se hallaba delante de una auténtica geisha. Sintiendo que todos los esfuerzos que había hecho por intentar estar a la altura de un acontecimiento de tanta categoría como aquel habían sido en vano, la mirada de la pelirrosa se entristeció.

"¡¡Vaya, vaya!!" exclamó de pronto la Yamanaka, sacando así a Sakura de sus pensamientos "¡¡Mira quién está aquí!! ¡¡¡Resulta que es nada más y nada menos que Sakura, la frontuda!!! ¡¡¡¡Veo que has cambiado mucho, Sakura!!!! ¡¡¡Aunque tu frente sigue siendo tan grande como siempre!!! ¿¿Se puede saber qué hace una cucaracha como tú en un sitio como éste?? ¿¿¿Te has perdido??? ¿¿Quieres que te guíe hacia la salida??" después de hacer esta última pregunta, la rubia dejó escapar una sonora carcajada.

"Ino..." la Haruno se sintió incapaz de seguir hablando, ya que notaba que le temblaba bastante la voz.

"No hace falta que la guíes hacia ningún sitio, Ino..." murmuró el Uchiha, quien había logrado al fin escapar de los brazos de su prometida "Haruno está invitada a la ceremonia."

En la cara de la Yamanaka apareció una expresión algo extraña que parecía una mezcla entre un rostro asombrado, un rostro confuso y un rostro lleno de incredulidad.

"¿¿¿CÓMO???" los ojos de Ino se acababan de trasladar de la figura de Sakura a la de Sasuke.

"Por cierto, aprovecho este momento para presentarte al equipo de Chuunins que está a mi cargo." el Jounin pensaba que, cuanto antes se quitara de encima aquella tarea, mejor.

"¿¿¿¿Equipo... de Chuunins???? ¡¡¡Un momento!!!" vociferó la rubia, que estaba empezando a tener la sensación de que le estaban tomando el pelo "¡¡¡¡Esto tiene que ser una broma!!!! ¿¿¿Cómo va a estar la frontuda en tu equipo de Chuunins???"

"Veamos..." Sasuke estaba ignorando por completo los gritos de la Yamanaka "Ése es Aburame, éste de aquí es Inuzuka, el de allí es Uzumaki y, finalmente, está Haruno, a la que parece que ya conoces..." la mirada del Uchiha se posó en los rostros de sus subordinados "Bien, para terminar con las presentaciones, ésta es Ino Yamanaka, mi prometida."

La palabra "prometida" hizo que los cuatro Chuunins se quedasen de piedra en cuestión de unas cuantas décimas de segundo. ¿Sasuke Uchiha estaba comprometido? Era evidente que ninguno de los miembros del ejército del joven heredero se esperaba una noticia de aquel tipo. No había revelación alguna que pudiese dejarles más boquiabiertos que aquélla. La rubia, por su parte, todavía estaba intentando asimilar el hecho de que Sakura Haruno formara parte del equipo de Chuunins que lideraba su prometido.

"¿Por qué? ¿¿¿Por qué tiene que ser precisamente esa frontuda tan detestable la que esté en el grupo de Chuunins de mi Sasuke-kun??? ¡¡¡Con la cantidad de Chuunins que hay en Konoha y ha de ser justamente ELLA la que ocupe ese puesto!!!" pensaba Ino, quien le estaba dedicando miradas llenas de odio a la pelirrosa.

El incómodo silencio que se había producido tras las presentaciones provocó que los seis jóvenes se pusieran más tensos de lo que ya de por sí estaban.

"Bueno... Podemos ir entrando, ¿no?" Kiba fue el único que se atrevió a romper el hielo.

"¡¡¡Me parece una buena idea!!!" opinó la Yamanaka, al tiempo que agarraba bruscamente el brazo de Sasuke y tiraba de él con fuerza para arrastrar su cuerpo hacia el porche del que ella había salido unos minutos antes.

Los dos comprometidos se perdieron entre la gran multitud de gente que había en la mansión de los Hyuga, con lo cual los cuatro Chuunins no tuvieron más remedio que espabilarse solos para moverse por los numerosos pasillos y las ingentes salas que formaban el interior de aquella inmensa vivienda. Para colmo, Naruto, Sakura, Shino y Kiba no dejaban de toparse con nobles que paseaban altivamente por delante de ellos y que les echaban miradas cargadas de desprecio. Cansados de irse paseando de un lado a otro siendo conscientes de que lo único que estaban haciendo era perder el tiempo, los cuatro chicos se metieron en una habitación que tenía varias mesas en su interior y se sentaron alrededor de la única mesa que estaba vacía. Al cabo de unos minutos, una muchacha que debía ser unos cinco años más joven que ellos entró en la habitación y, después de pedir silencio a todos los allí presentes utilizando un tono de voz de lo más educado y respetuoso, anunció en voz alta y clara que el baile iba a dar comienzo dentro de una hora en el salón de actos.

"¿Baile?" susurró un extrañado Naruto, justo después de que la muchacha se hubiese marchado de la habitación "¡Nadie nos había dicho nada de un baile!"

"En este tipo de eventos, siempre suelen haber bailes." informó el Aburame.

"¡Pues también podría haber comida! ¡¡Me suenan las tripas por culpa del hambre que tengo!!" esta vez, el rubio utilizó un tono de voz algo más elevado a la hora de hablar.

"¡Vayamos al salón de actos! ¡Tal vez allí haya algo para comer!" sugirió la Haruno.

"El problema es que no sabemos dónde está el condenado salón de actos..." refunfuñó Kiba.

"Podemos seguir a la muchacha que ha venido a anunciar lo del baile y preguntárselo a ella." las propuestas de Shino, como casi siempre, sonaban de lo más convincentes.

"¡¡Está bien!! ¡¡¡Vamos allá!!!" el Uzumaki ya se había puesto en pie.

En cuestión de pocos segundos, los cuatro Chuunins encontraron a la muchacha paseándose por un largo pasillo. La joven en cuestión, que, por los ojos que tenía, pertenecía sin duda alguna al clan Hyuga, se mostró de lo más amable con los chicos e incluso se ofreció voluntaria para acompañarles hasta el salón de actos, el cual se encontraba en la planta baja de la mansión.

Tal y como la pelirrosa había supuesto, en el salón de actos se servía comida. Dos largas mesas que iban de un lado a otro de la sala y que se encontraban pegadas cada una a una pared distinta hicieron que a Naruto casi se le salieran los ojos de las órbitas, pues estaban repletas de manjares que tenían una pinta exquisita. Tras percatarse de que todos los allí presentes comían de pie, sujetando en una mano el plato y en la otra los cubiertos, los cuatro Chuunins decidieron imitarles para no llamar demasiado la atención. Mientras Naruto, Sakura, Shino y Kiba estaban llenando el estómago, Hiashi y la esposa de éste obsequiaron a todos los que se encontraban en el salón de actos con su presencia. El patriarca del clan Hyuga se colocó encima de un majestuoso pedestal que se alzaba a uno de los cuatro lados del salón y, a través de un micrófono que había sido puesto allí previamente, lanzó un discurso que hablaba sobre el matrimonio y el gran valor que él le daba. El discurso en cuestión duró al menos quince minutos. Parecía que todo el mundo menos los subordinados de Sasuke estaba prestando atención a las palabras de Hiashi. Una vez el patriarca del clan hubo terminado de hablar, el salón de actos se llenó de aplausos y de elogios hacia el Hyuga.

"Pues a mí me ha parecido un discurso aburridísimo..." murmuró el Uzumaki, quien no terminaba de encontrarle sentido a todos aquellos aplausos.

"¡¡¡Un poco más de respeto, Naruto!!!" le regañó la pelirrosa, pese a que ella también opinaba que aquella charla había sido un auténtico tostón.

Faltaban ya tan sólo diez minutos para que diese comienzo el baile cuando los cuatro Chuunins sintieron que ya no podían comer nada más o, de lo contrario, iban a terminar reventando. Fue entonces cuando algunos sirvientes empezaron a pasearse entre la gente con bandejas sobre las que llevaban varias copas de cristal que contenían licor en su interior. Aprovechando que uno de los criados que en aquellos momentos estaba ejerciendo de camarero se había detenido a su lado, Kiba agarró cuatro copas con cuidado para que no se le cayesen y las repartió entre sus compañeros y él. Poco después de que Shino, que fue el que más tardó en vaciar el contenido de la copa, hubiese terminado de beberse aquel licor, un grupo de sirvientes se colocaron encima del pedestal sobre el cual Hiashi había realizado su discurso casi tres cuartos de hora antes. Cada uno de ellos llevaba consigo un instrumento. Empezaron a distribuirse por el pedestal y, en cuestión de unos dos minutos, la música empezó a sonar. El patriarca del clan Hyuga y su esposa, los cuales eran los encargados de abrir el baile, se colocaron en el centro del salón de actos y se dejaron llevar por la lenta melodía de la canción que estaba sonando en aquellos momentos. Varias parejas se fueron colocando a su alrededor, haciendo así que poco a poco el centro del salón de actos se convirtiese en una pista de baile.

"¡¡¡Hey, mirad!!!" exclamó al cabo de varios minutos el Inuzuka, que había bebido bastante más de la cuenta "Ésa es la muchacha que antes nos ha acompañado hasta aquí, ¿¿verdad??" añadió, señalando hacia un punto en concreto que se hallaba en medio de todo aquel gentío "¿¿¿Cómo ha dicho que se llamaba??? ¿¿¿Hanabi??? ¡Bah! ¿Qué más da? ¡¡¡Voy a preguntarle si quiere bailar conmigo!!!"

Tras soltar una copa de cristal vacía encima de la mesa que tenía más cerca, Kiba se fue tambaleando hacia el lugar donde él mismo había señalado hacía tan sólo unos segundos. El Aburame, que se había quedado observando a su amigo con cara de preocupación, les dirigió una rápida mirada a Naruto y a Sakura.

"Me temo que voy a ir a detenerle antes de que haga alguna locura."

Aquellas fueron las palabras que Shino soltó justo antes de ponerse a perseguir al Inuzuka, quien parecía que se fuese a caer al suelo de un momento a otro.

"Vaya cogorza lleva Kiba encima..." murmuró el rubio, después de pegarle un sorbito al licor que había en el interior de la copa que sostenía en su mano derecha.

"Pues tú sigue bebiendo y pronto estarás igual que él, Naruto..." la Haruno también acababa de pegarle un sorbito al licor que contenía su copa.

"¡Mira quién fue a hablar! ¡¡Seguro que has bebido el doble de lo que he bebido yo, Sakura-chan!!" Naruto estaba señalando acusadoramente a su amiga con el dedo índice.

"¡¡De eso nada!! ¡¡Yo sé controlarme!!"

Estuvieron los dos amigos bromeando y riéndose entre ellos durante un buen rato. Parecía que, después de todo, iban a poder pasárselo bien los dos solos, sin necesidad de más compañía. Se encontraba el Uzumaki a punto de contarle un chiste a la kunoichi cuando una dulce voz les interrumpió tímidamente.

"Naruto-kun..."

Nada más oír su nombre, Naruto se giró hasta quedar cara a cara con la persona que acababa de dirigirse a él. El rubio se encontró delante de una figura bajita que vestía un oneroso kimono de color amarillo. La corta melena oscura de la joven, el inconfundible rubor que aparecía en sus mejillas prácticamente cada vez que tenía que hablar y el hecho de que no se había maquillado demasiado (solamente había remarcado sus finas cejas con un carboncillo especial y se había pintado los párpados) ayudaron a que el Uzumaki no tardase mucho en reconocerla: se trataba de Hinata, la prima de Neji, el chico contra el cual Kiba, Akamaru y él se habían tenido que enfrentar hacía ya algunos días en la Villa Oculta de la Arena.

"¡Hola, Hinata!" saludó el sonriente rubio.

"Ho... Hola... Yo... Quería preguntarte... ¿Lo... estás pasando... bien?" parecía que a la joven Hyuga le resultaba imposible dirigirse a Naruto sin tartamudear alguna que otra vez.

"¡¡Pues sí, bastante bien!! ¡¡¡Aquí estoy, con Sakura-chan, vigilándola para que no beba más de la cuenta!!!" bromeó el Uzumaki, mientras Sakura le dedicaba una mirada asesina por el comentario que acababa de soltar.

"Ah..." Hinata se acababa de percatar de la presencia de la pelirrosa "Ho... Hola, Sakura-chan..."

"¿Qué tal?" dijo amistosamente la Haruno a modo de saludo.

"Bien..." notando que se estaba ruborizando cada vez más, la Hyuga se animó a seguir hablando con los chicos "Su... Supongo que... Vo... Vosotros dos sois... Pareja de baile..."

"¿Pareja de baile? ¡Nada de eso, Hinata! ¡Sakura-chan y yo pasamos de bailar!" el rubio no se daba cuenta de que Sakura le estaba dando codazos disimuladamente, como para ordenarle que dejase de hablar.

"Cla... Claro..." daba la sensación de que el rostro de Hinata se había entristecido por completo "En fin... Yo... Ten... Tengo que... Hacer unas cosas..."

Colorada a más no poder, la joven Hyuga se alejó de allí precipitadamente, como si ya no le apeteciese seguir hablando con Naruto y con Sakura. El rubio notó que su amiga le estaba dedicando una mirada llena de reproche.

"¿Ocurre algo, Sakura-chan?"

"¡¡¡Mira que llegas a tener poco tacto, Naruto!!!"

"¿¿Poco tacto?? ¿¿¿Yo??? ¿¿Qué he hecho ahora??" el Uzumaki se sentía algo perdido.

"¡¡Estaba clarísimo que Hinata esperaba que la invitaras a bailar!!"

"Pero, ¿qué estás diciendo, Sakura-chan? ¡Si no ha dicho nada de querer bailar conmigo!"

"¡¡¡Naruto, no entiendes nada!!!" tras soltar un suspiro, la kunoichi decidió seguir regañando a su amigo "¡¡Sólo hace falta ver cómo te mira para saber que está loquita por ti!! ¡¡¡Y tú vas y le dices que pasas de bailar!!! ¡¡A veces pareces tonto!!"

"¡Para el carro, Sakura-chan! Si es eso verdad, ¿por qué Hinata no me ha dicho nada de todo lo que me estás diciendo tú?"

"¡¡¡Hay que saber leer entre líneas, Naruto!!! ¡¡Deja de hacer el primo de una puñetera vez y ve a invitarla a bailar!!" la pelirrosa parecía estarse desesperando por momentos.

"¡¡Pero yo no quiero dejarte aquí sola, Sakura-chan!!"

"¡¡Deja de preocuparte por mí!!" ordenó Sakura, muy seria "¡¡¡Ya que yo no tengo suerte en el amor, al menos que uno de los dos acabe triunfando en ese aspecto!!!" añadió la joven, al tiempo que esbozaba una pequeña sonrisa.

Puesto que veía a la Haruno convencidísima de sus palabras, Naruto se giró y empezó a buscar a Hinata con la mirada. No tardó mucho en encontrarla, pues se hallaba apartada en un rincón que había a pocos metros del lugar donde los dos chicos se encontraban. Volviendo a dirigir sus ojos azules hacia el rostro de la pelirrosa, el Uzumaki no pudo evitar que en su cara apareciese una expresión algo dubitativa.

"¿Estás segura de que...?"

"¡¡¡Sí, estoy segura!!! ¡¡¡Márchate ya!!!" le espetó la kunoichi, quien no había permitido ni siquiera que el rubio terminase de formular la pregunta.

Después de dedicarle una amplia sonrisa a su amiga, Naruto se dirigió hacia el lugar donde se hallaba Hinata. Sakura observó cómo el rubio le preguntaba algo a la Hyuga, cuya cara se iluminó una vez hubo escuchado lo que el chico le acababa de decir. Unos cuantos segundos después, Hinata y Naruto se habían perdido en medio de la gran cantidad de parejitas que bailaban lentamente en el centro del salón de actos. Justo en aquel momento, uno de los criados que sujetaba una bandeja llena de copas de licor pasó por delante de la pelirrosa. La chica se percató entonces de que ya se había ventilado el contenido de la última copa que había pedido. Con toda la calma del mundo, la kunoichi se acercó hacia la bandeja y agarró una de las copas. Sin apartar los ojos de las parejas que se encontraban bailando las unas enganchadas a las otras, la Haruno le pegó un pequeño sorbo al contenido de la copa que acababa de coger de la bandeja y apoyó su espalda contra una pared cercana mientras hacía grandes esfuerzos por pasar desapercibida.

"Me temo que la noche va a ser bastante larga..." pensó con amargura la pelirrosa, al tiempo que en su cara se dibujaba una expresión de tristeza.

--------------------------------------------------------------------------------------------

¡Por fin! Después de haberla tenido pegada durante casi toda la ceremonia, al fin el joven heredero del clan Uchiha había logrado despistar a la pesada de Ino. La rubia se había empeñado en que la llevara al salón de actos a bailar; pero, obviamente, Sasuke no estaba dispuesto a pasar por aquel ridículo. Además, el moreno tenía cosas más importantes por hacer. No debía olvidar en ningún momento que aquello para él no era una fiesta en la que debía pasárselo bien y disfrutar. El chico había aceptado acudir a la celebración con el único propósito de saber cuáles eran los motivos por los que Hiashi había querido que los Chuunins de su ejército estuvieran invitados al acontecimiento; mas aún no había logrado averiguar nada de nada. Lo cierto era que el Uchiha no se había topado con el patriarca del clan Hyuga en toda la noche, hecho que al chico no dejaba de parecerle sospechoso. Después de todo, si, tal y como Sasuke pensaba, Hiashi tenía intención de hacer un trato con él a cambio de su silencio, lo lógico era que se hubiese espabilado para encontrarle. En la mente del Jounin había empezado a aparecer la posibilidad de que su teoría fuese errónea y de que el patriarca de aquel prestigioso clan no pensase hacer trato alguno ni con él ni con los Chuunins de su ejército. Mas, entonces, ¿para qué les había invitado? La cabeza del Uchiha era un auténtico mar de dudas. Se encontraba el joven heredero paseando por un estrecho pasillo de la segunda planta de la mansión de los Hyuga cuando, de repente, sus ojos se fijaron en una sala que había enfrente de él. La puerta estaba entreabierta y Sasuke pudo observar a algunas de las personas que se hallaban en el interior de la sala en cuestión. Entre aquel grupo de miembros del Bouke, se encontraba Neji Hyuga, quien se había percatado de la presencia del Uchiha y le estaba dedicando una mirada algo intimidante. Sin pensárselo dos veces, el Jounin le hizo un gesto a Neji con el cual quería decirle que necesitaba que los dos hablasen a solas en el pasillo. Para sorpresa de Sasuke, el Hyuga no se hizo de rogar; pues, en cuestión de unos pocos segundos, salió de la sala y cerró la puerta detrás de él.

"¿Qué quieres, Uchiha?" Neji se había colocado delante del Jounin.

"¿Dónde está Hiashi?" preguntó Sasuke, quien no quería andarse con rodeos.

"Muestra un poco más de respeto por Hiashi-sama." el Hyuga parecía estar haciendo todo lo posible por contenerse y no dar pie a una discusión que podía acabar en pelea.

"¿Sabes dónde está o no?" era evidente que el heredero del clan Uchiha no tenía ganas de perder el tiempo.

"Supongo que estará en el salón de actos." contestó Neji, sin demasiado entusiasmo.

La idea de tener que ir al salón de actos hizo que a Sasuke al instante le viniese a la mente el dichoso baile que tanto había tratado de esquivar. Puesto que ya no necesitaba más información por parte del joven Hyuga, el Jounin dio media vuelta y bajó las escaleras que conducían hacia la primera planta. En cuestión de un par de minutos, el joven heredero llegó al salón de actos, el cual estaba repleto de invitados y de miembros del clan Hyuga.

"Perfecto... Buscar a Hiashi en medio de este mogollón de gente será como buscar una aguja en un pajar..." pensó el Uchiha, dibujando una mueca de fastidio en su rostro.

Si algo tenía claro Sasuke era que no iba a situarse a menos de cinco metros de distancia de la pista de baile que se había originado en el centro del salón de actos. Lo que menos le apetecía en aquellos momentos era encontrarse a Ino por allí y que ésta le obligase a bailar con ella. Intentando hacer todo lo posible por esquivar a las personas que de vez en cuando se interponían en su camino, el moreno fue buscando con la mirada el rostro de Hiashi. Por desgracia para el chico, daba la sensación de que aquella noche la suerte no le estaba sonriendo demasiado: por mucho que buscase, el patriarca del clan Hyuga no aparecía por ningún lado. Cansado de ir de un lado a otro sin encontrar lo que buscaba, el Uchiha optó por apartarse un poco de la multitud y apoyar su espalda contra la pared que tenía más cerca de él. Al dirigir su mirada hacia la derecha, Sasuke se percató de que, a pocos metros de él, también con la espalda apoyada en la pared, se hallaba una hermosa joven que vestía un tradicional kimono azul y que llevaba su larga melena rosa recogida en un moño. El Jounin se extrañó bastante al ver a Sakura Haruno tan sola y apartada del molesto gentío. Observó que tenía la mirada perdida en el infinito y que su rostro solamente parecía expresar tristeza. Las manos de la kunoichi sujetaban una copa de cristal, la cual contenía un licor de color amarillento que ayudó a que Sasuke comprendiera al instante el motivo por el cual las mejillas de la pelirrosa estaban ligeramente sonrojadas: era probable que la chica hubiese bebido algo más de la cuenta. Por unos momentos, el Uchiha tan sólo sintió ganas de animar a aquella belleza que tenía delante de sus narices. Olvidándose por completo de Hiashi, el Jounin se acercó disimuladamente y sin demasiada prisa hacia su subordinada.

"Me sorprende verte tan sola, Haruno..." murmuró Sasuke cuando ya se hallaba a menos de un metro de distancia del lugar donde se encontraba la kunoichi "Pensaba que estarías bailando con tu amiguito Uzumaki..."

Las mejillas de Sakura se pusieron todavía más coloradas de lo que ya estaban al escuchar la voz del Uchiha. Girando velozmente su cabeza hasta quedar cara a cara con el joven heredero, la pelirrosa cambió su expresión de tristeza por una expresión de asombro. Era obvio que hasta entonces no se había percatado de la presencia del chico. Pese a que la música del salón de actos y las voces de casi todos los allí presentes no hacían más que colaborar a que la contaminación acústica que se había producido en el lugar fuese en aumento, un relajante silencio envolvió a Sasuke y a la Haruno, los cuales, por unos momentos, se dedicaron únicamente a mirarse mutuamente a los ojos. Al moreno le hubiese encantado poder alargar muchísimo más aquel instante tan agradable; mas, al cabo de unos segundos, la kunoichi bajó de la nube imaginaria sobre la que parecía haberse subido momentáneamente y apartó su mirada de los ojos de color azabache del Jounin para dirigirla hacia la copa que sujetaba con firmeza entre sus manos.

"Pues no es así. Resulta que no me apetece bailar." musitó Sakura, secamente.

Aunque el tono de voz que había utilizado la chica para hablar era de lo más firme y decidido, a Sasuke no le costó demasiado notar que estaba mintiendo. Apartando sus ojos de la figura de la pelirrosa y dirigiéndolos hacia el techo del salón de actos, el Uchiha sintió cómo la sangre se le iba acumulando en las mejillas poco a poco. ¿Se estaría él también ruborizando? Ni lo sabía ni le importaba. Lo único que quería era conseguir que el rostro apenado de la Chuunin se convirtiese en uno mucho más alegre. Fingiendo desinterés y sin apartar su mirada del techo, el moreno decidió romper el silencio que se había producido de nuevo entre ellos.

"Lástima. Yo que pensaba pedirte que bailaras conmigo..."

Volviendo a alzar la cabeza, la kunoichi examinó el rostro de Sasuke con la mirada. Pese a que no podía ver la cara de la chica (pues aún seguía con sus oscuros ojos clavados en el techo), el Jounin dedujo mentalmente que la Haruno acababa de dibujar en su faz una expresión de total desconcierto.

"¿¿Cómo dice??" inquirió la pelirrosa, quien, tal y como el heredero del clan Uchiha se había imaginado, se sentía sumamente confundida.

La mirada de Sasuke se volvió a posar en los ojos de color esmeralda de la guapísima Chuunin que tenía a su lado. En un tono de voz algo reprobatorio, el moreno empezó a regañar a Sakura.

"Vamos, Haruno... No serás tan maleducada como para negarle un baile al mismísimo Sasuke Uchiha, ¿verdad?"

"Yo..." daba la sensación de que la kunoichi no se terminaba de creer que el Uchiha le estuviese invitando a bailar.

"¿Acaso vas a ser capaz de hacer que me rebaje tanto como para tener que suplicártelo?" preguntó burlonamente el Jounin, que estaba comenzando a impacientarse al no obtener una respuesta clara por parte de su subordinada.

De nuevo, los dos chicos estuvieron mirándose mutuamente a los ojos como si con sus miradas como único código a la hora de comunicarse fueran capaces de transmitirse el uno al otro lo que sentían. Sasuke notaba que se estaba derritiendo por dentro al ver que los preciosos ojos de la pelirrosa estaban clavados en los suyos. La Haruno, por su parte, se limitaba a analizar por segunda vez con la mirada al joven que tenía delante, al tiempo que trataba de averiguar si el Jounin estaba intentando gastarle una broma de mal gusto. Sin dirigirle una sola palabra más al Uchiha, la kunoichi bajó la cabeza hasta que sus ojos se toparon otra vez con la copa de cristal que continuaba sujetando como si temiese que se la fueran a quitar. Cabizbaja, la chica se encaminó hacia una de las dos largas mesas que estaban repletas de comida. Algo sorprendido, el moreno siguió con la mirada a Sakura. ¿Realmente iba a ser capaz la chica de rechazarle? ¿Tan mal se había portado con ella que ahora ni tan siquiera se dignaba a aceptar un baile? Notando que empezaba a sentir un fuerte dolor en el pecho, Sasuke trató de conservar la compostura mientras observaba cómo la Haruno dejaba la copa de licor que antes había estado sujetando sobre la mesa a la que se había acercado. A continuación, el Jounin tan sólo logró ver desaparecer a la kunoichi en medio de la multitud. No. Se negaba a creer que Sakura fuera a rechazarle de verdad. Casi sin pensar en lo que hacía, el joven heredero echó a andar tras la pelirrosa intentando toparse con el menor número de personas posible. No quería perderla de vista. Necesitaba intentarlo aunque tan sólo fuese una vez más. Después de estar persiguiendo a su subordinada durante casi un minuto, el moreno observó que la Haruno se había detenido. Aquél era su momento. De forma casi instintiva, Sasuke agarró con fuerza a Sakura por el brazo, haciendo que ésta se girase sobresaltadamente. La chica no pareció sorprenderse demasiado al ver que el Uchiha la había seguido hasta allí.

"Haruno..."

"Si va usted a sujetarme el brazo con tanta fuerza mientras bailemos, Uchiha-sama, más vale que se lo vaya a pedir a otra." la kunoichi interrumpió al Jounin sin necesidad de meditarlo demasiado.

Ahora era Sasuke el que se sentía desconcertado. En el rostro de la pelirrosa se fue dibujando poco a poco una tierna sonrisa que hizo que el Uchiha comprendiese al cabo de unos instantes que la Chuunin no le había rechazado en ningún momento. Sin que el moreno se hubiese percatado de ello, había seguido a Sakura hasta el centro del salón de actos, el lugar en el que casi todas las parejas de la sala estaban bailando. Al tiempo que notaba que en su rostro también se estaba empezando a dibujar una sonrisa, Sasuke dejó de apretar el brazo de la Haruno. Justo en aquel preciso momento, empezó a sonar un vals de tres tiempo muy romántico que hizo que tanto el cuerpo de Sakura como el del moreno empezaran a dejarse llevar al ritmo de la música. De esta manera, los dos jóvenes pasaron a ser otra de las parejas de baile que giraban rápidamente en el centro del salón de actos. Ninguno de los dos chicos se hubiese podido imaginar que eran capaces de complementarse mutuamente tan bien como pareja de baile. Lo mejor de todo era que ambos estaban disfrutando de un rato de lo más agradable. Notar que el cuerpo de la pelirrosa estaba tan cerca del suyo hacía que Sasuke sintiera en su interior una serie de sensaciones que nunca antes había experimentado. La kunoichi, por su parte, no dejaba de preguntarse mentalmente cómo podía ser que aquel Jounin tan educado, sonriente y agradable con el que estaba bailando fuese el mismo Sasuke Uchiha que ella conocía. No sabía si era por el efecto del licor que había estado tomando desde que había entrado en el salón de actos o si simplemente era que había perdido el juicio, mas la chica tenía la impresión de que podía estar bailando durante horas y horas con aquel tipo al que tanto odiaba sin llegarse a cansar. A medida que la canción iba llegando a su fin, la Haruno, quien hasta entonces había estado mirando fijamente al moreno a los ojos como si pretendiese comérselo con la mirada, fue apoyando su rostro sobre el pecho del chico. Sakura se sintió tan cómoda en aquella posición que decidió cerrar los ojos y dejar que fuese el Uchiha el que la guiase. Para Sasuke, quien se había sonrojado por completo al ver a la kunoichi apoyando su cabeza contra su pecho, todo era simplemente perfecto. Quería estar bailando aquel vals eternamente con la pelirrosa. El Jounin sentía que le daba exactamente igual lo que pasase a su alrededor con tal de que la Haruno y él pudiesen seguir pegados el uno contra el otro. Faltaban ya tan sólo unos segundos para que la canción finalizase cuando, súbitamente, una escandalosa rubia agarró con fuerza al Uchiha por el brazo para separarle de la pelirrosa. Para cuando Sasuke y Sakura se hubieron percatado de quién era la que había interrumpido su baile, Ino ya había abrazado al moreno posesivamente y no parecía tener intención de dejarle escapar. Después de dedicarle una mala mirada a la Chuunin que hacía tan sólo unos segundos se hallaba bailando con su prometido, la Yamanaka pegó su mejilla contra la del joven heredero.

"¡¡¡¡Sasuke-kun!!!! ¡¡¡Te he estado buscando por todas partes!!! ¡¡¡¡Quiero que me invites a bailar AHORA MISMO!!!!" Ino estaba visiblemente irritada.

Fue entonces cuando la cruda realidad apareció ante los ojos de Sakura. ¿En qué estaba pensando? ¡¡¡Sasuke estaba comprometido con la Yamanaka!!! ¿Quién porras era ella para meter sus narices en la relación que había entre ellos dos? Sintiéndose totalmente estúpida por haber aceptado cuando el moreno le había preguntado si quería bailar con él, la Haruno empezó a notar que ella sobraba allí.

"Tengo que marcharme..."

Aquello fue lo único que la kunoichi atinó a decir antes de desaparecer en medio de la multitud. No sabía exactamente cómo reaccionar, puesto que estaba experimentando demasiadas emociones en su interior como para asimilarlas todas de golpe. Lo único que le apetecía era romper a llorar, pero tenía bien claro que no iba a dejar que se le escapara una sola lágrima. Después de estar dando vueltas por el salón de actos sin saber con exactitud cuál era el lugar hacia el cual quería dirigirse, la pelirrosa notó que alguien la agarraba del hombro. Al girarse y encontrarse con el rostro preocupado de Naruto, Sakura no supo muy bien qué decir.

"¡¡¡Sakura-chan!!! ¿¿Te has vuelto loca?? ¿¿¿Qué hacías bailando con ese desgraciado???" exclamó el rubio.

La cara de la Haruno se oscureció. No se esperaba que su amigo le hubiese visto bailando con Sasuke y lo cierto era que lo que menos le apetecía era hablar de aquel tema.

"Creo que me encuentro mal, Naruto... Voy a largarme ya..."

Pese a que no quería dejar aparcado el tema del baile con Sasuke Uchiha, el Uzumaki comprendió al instante que la chica no tenía intención de hablar del asunto; así que prefirió olvidarlo momentáneamente.

"Te acompaño, Sakura-chan."

"¡No hace falta, Naruto! ¡Tú quédate aquí con Hinata y...!"

"Por eso no te preocupes." el rubio no había dejado que su amiga terminase de hablar.

"¿Por qué? ¿Ha pasado algo?"

"Creo que a Hiashi-sama no le he caído muy bien. En cuanto me ha visto bailando con su hija, le ha ordenado a Hinata que se vaya a su dormitorio con la excusa de que ya era muy tarde..."

"Oh, vaya..." Sakura no se esperaba aquella respuesta "Lo lamento de veras, Naruto..."

"Ha sido entonces cuando he empezado a buscarte y he visto que estabas bailando con..." al ver que a la kunoichi le estaba comenzando a temblar el labio inferior (lo cual indicaba que estaba a punto de ponerse a llorar), el Uzumaki no fue capaz de terminar la frase "En fin, será mejor que regresemos a casa, Sakura-chan." se apresuró a añadir el chico, al tiempo que agarraba a la pelirrosa de la mano y la guiaba hasta la puerta por la que habían entrado hacía ya bastante rato en el salón de actos.

Pasaba ya un cuarto de hora de la una de la madrugada cuando los dos amigos lograron salir de la mansión de los Hyuga. Ni siquiera se habían despedido de Shino y Kiba por culpa de las prisas, pero lo importante al fin y al cabo era que habían logrado salir a la calle sin toparse con Sasuke Uchiha (de lo contrario, Sakura posiblemente no lo hubiera podido soportar y hubiese roto a llorar sin pensárselo dos veces). Tardaron bastante en llegar a su casa, ya que la pésima orientación de Naruto por aquellos barrios que nunca acostumbraba a frecuentar hizo que los chicos se perdiesen en más de una ocasión. Por suerte, lograron llegar a su casa antes de las dos de la madrugada y tuvieron tiempo suficiente como para descansar lo necesario después de una noche tan llena de emociones.

Fin del octavo capítulo e inicio de mis ruegos a la hora de pediros por favor que me dejéis algún review nOn. Mientras más reviews reciba, antes tendréis aquí el noveno capítulo (en realidad, no creo que pueda subirlo antes del viernes xP). Acepto todo tipo de opiniones (sin insultos, a ser posible ToT) y, por supuesto, acepto consejos para mejorar el fanfic; así que, aunque tan sólo sea para que una servidora esté contenta y feliz, dejad vuestras opiniones mediante un bonito review (¿"bonito review"?). Perdonad: es que hoy tengo el día tonto xD.

Muchas gracias por leer este fanfic y hasta el próximo capítulo.