Os advertí que iba a tardar en subir el próximo capítulo xD. Por cierto, estoy algo triste porque en el capítulo anterior solamente me llegaron tres reviews (Lilith Hastelin, Tenshi of Light y sakurass: muchísimas gracias por dejar vuestras opinines nOn); mas supongo que me lo merezco por tardar tanto en actualizar ToT. ¡Ah, se me olvidaba! Quiero aclarar algo: sé que, en Naruto, los ninjas tardan aproximadamente 3 días en viajar desde Konoha a la Villa Oculta de la Arena; pero, de todos modos, en este fanfic he querido hacer ese viajecito más corto porque me iba mejor (de ahí que en capítulos anteriores haya escrito que los personajes tardaban unas dieciséis horas en viajar desde una villa hacia la otra). Una vez aclarado esto, os dejo con este nuevo capítulo xP.

Disclaimer: Los personajes de este fanfic no me pertenecen, pues son originales del gran Masashi Kishimoto.

When peace becomes war

Desde que se encontraba en la Villa Oculta de la Arena, Sakura se había ido acostumbrando a que cada día la despertase la educada y respetuosa voz de la criada que siempre iba tanto a su dormitorio como al de Naruto para llevar el desayuno. Aquella mañana, sin embargo, lo que despertó a la Haruno no fue una voz cordial ni nada por el estilo; sino que fueron un conjunto de gritos, órdenes y voces autoritarias que provenían del pasillo y que poco a poco se fueron apoderando de sus sueños de tal manera que acabaron obligándole a abrir los ojos. Asustada por culpa de la cantidad de ruido que provenía del otro lado de la pared, la pelirrosa se puso en pie, se colocó una fina bata de color turquesa encima del camisón que utilizaba como pijama y abrió la puerta de su dormitorio para enterarse de qué porras estaba ocurriendo fuera. La escena que vio en el pasillo consiguió que, por unos momentos, no supiese ni siquiera cómo reaccionar. Un buen montón de Jounins y de Chuunins de la arena iban corriendo de un lado a otro con la desesperación dibujada en sus respectivos rostros. La tensión se palpaba en el ambiente. Voces enfurecidas y llenas de nerviosismo pretendían ser escuchadas en medio de todo aquel alboroto y los sirvientes del castillo intentaban poner orden a toda costa, pero el caos parecía estar reinando por todo el pasillo. Justo en aquel momento, Sakura se dio cuenta de que el Uzumaki también había asomado la cabeza por la puerta de su dormitorio, el cual se encontraba justo enfrente del de la pelirrosa. Daba la impresión de que Naruto, al igual que su amiga, tampoco comprendía nada de lo que estaba ocurriendo allí. Entre todo aquel gentío, la Haruno distinguió la figura de Temari, quien estaba haciendo grandes esfuerzos por abrirse paso en medio de la multitud que correteaba y gritaba presa del pánico.

"¡¡Temari-san!!" gritó Sakura, tratando de captar la atención de la hija del Kazekage.

A pesar del barullo que se había producido en el pasillo, Temari logró reconocer la voz de la Haruno. Al girarse y comprobar con sus propios ojos que tanto Sakura como Naruto estaban todavía en pijama, la rubia dedujo mentalmente que ninguno de los dos era aún consciente de lo que sucedía.

"¡¡Sakura!! ¡¡Naruto!! ¡¡¡Es terrible!!!" la hija del Kazekage había tratado de aproximarse hacia los dos chicos lo más deprisa posible.

"¿¿¿Qué está pasando aquí???" inquirió el Uzumaki, lleno de desconcierto.

"¡¡¡¡Nuestra villa está siendo atacada por un cuerpo militar que proviene de la Villa Oculta del Sonido!!!!" respondió Temari, que se hallaba de lo más alterada.

"¿¿La Villa Oculta del Sonido??" la pelirrosa creía haber escuchado de la boca de la mismísima Godaime en cierta ocasión que aquella recién creada villa no era más que un pueblucho sumamente pobre en el que ni tan siquiera existían los ninjas, razón por la cual le extrañaba que tuviesen recursos económicos suficientes como para disponer de un regimiento militar.

"¡¡Sí!! ¡¡¡Hay unos tres mil ninjas enemigos en total!!!" exclamó la hermana mayor de Gaara, al tiempo que dibujaba en su cara una expresión llena de angustia.

"¿¿¿¿Tres mil ninjas????" vociferaron Naruto y Sakura a la vez.

Pillando al Uzumaki completamente desprevenido, un Chuunin que pasó corriendo a toda velocidad cerca de él le pegó tal empujón que estuvo a punto de conseguir que se estampara contra el suelo. Se hallaba Naruto a punto de ponerse a protestar cuando se percató de que otro Chuunin también acababa de empujar a la Haruno. Definitivamente, mientras continuaran allí de pie sin hacer nada solamente iban a estar estorbando.

"Escuchadme: yo tengo que ir a buscar a Gaara." Temari cada vez se estaba inquietando más "Sé que vosotros no sois ninjas de la Villa Oculta de la Arena y que, por lo tanto, no tenéis la obligación de combatir en esta batalla; pero os estaríamos muy agradecidos si..."

"¡¡Tanto Sakura-chan como yo vamos a ayudar a la Villa Oculta de la Arena en todo lo que podamos!!" el Uzumaki había impedido con su escandalosa voz que la rubia terminase de hablar.

"¿Estáis... seguros?"

"¡¡¡Desde luego que sí, Temari-san!!! ¡¡No vamos a quedarnos mirando mientras vosotros estáis en problemas!!" Sakura estaba totalmente de acuerdo con las palabras que su amigo había soltado hacía tan sólo unos segundos.

Si algo tenían claro tanto Naruto como la pelirrosa era que la Villa Oculta de la Arena se había portado muy bien con ellos pese a ser ninjas extranjeros. Ahora que eran los de la arena los que necesitaban su ayuda, no se iban a quedar de brazos cruzados.

"Está bien..." pese a que el ambiente en el que se hallaban era tenso a más no poder, Temari logró esbozar una sonrisa al darse cuenta de que los dos Chuunins de Konoha que tenía delante en aquellos instantes tenían intención de ayudarles "En tal caso..."

"¡No te preocupes, Temari-san!" la Haruno no estaba dispuesta a permitir que fueran Naruto y ella los que hicieran que la rubia perdiese el tiempo "¡Tú ve a buscar a Gaara si eso es lo que tienes que hacer! ¡Naruto y yo estaremos listos para pelear enseguida! ¡Ya nos apañaremos por nuestra cuenta!"

Aquellas palabras le bastaron a Temari para percatarse de que, por el momento, Naruto y Sakura podían arreglárselas solos. Tras despedirse de los dos jóvenes con una sonrisa, la hija del Kazekage echó a correr en dirección hacia el otro extremo del pasillo y, en cuestión de pocos segundos, se perdió entre el gentío. El Uzumaki y la pelirrosa se metieron en sus respectivos dormitorios, dispuestos a prepararse para la ardua batalla que les esperaba.

"No acabo de entender qué pinta la Villa Oculta del Sonido en todo esto... Estoy segura de que fue... Sí, fue aquel día... Cuando Shizune-san nos informó a Shikamaru, a Chouji, a Naruto y a mí sobre los equipos en los que nos habían distribuido... Recuerdo que, mientras Naruto y yo estábamos buscando el aula número 72, pasamos delante del despacho de Tsunade-sama... Y fue entonces cuando yo escuché sin querer una conversación entre Tsunade-sama y un grupo de Jounins... Les estaba hablando precisamente sobre la Villa Oculta del Sonido... ¡Y se encontraba explicándoles que había enviado hacía poco tiempo a un ANBU para que inspeccionase la villa en cuestión! ¡Sí! ¡Y también recuerdo que les dijo que, según el ANBU al que había enviado, no había nada que temer; pues aquella villa ni siquiera disponía de ninjas! Pero... Entonces... ¿Cómo se explica que ahora esa villa tan pobre y aparentemente inofensiva esté atacando a la Villa Oculta de la Arena con un regimiento formado por tres mil ninjas?" pensaba la Haruno, mientras se vestía con una ropa adecuada para luchar.

Tras meter unas cuantas vendas y cinco kunais en el interior del útil bolsillo que llevaba incorporado el cinturón de color plateado que rodeaba su cintura, la kunoichi se colocó su protector a modo de diadema y salió de la habitación con paso decidido. Precisamente en ese instante Naruto estaba también saliendo de su dormitorio. El chico tenía el entrecejo fruncido y el semblante serio. Era evidente que el ambiente requería sensatez y algo de sangre fría. Era la primera vez que los dos amigos se encontraban en medio de una guerra de tanta gravedad como aquella, mas no pensaban dejar que los nervios se apoderasen de ellos de ninguna de las maneras. Intentando no separarse demasiado el uno del otro, los dos jóvenes se metieron entre la multitud y empezaron a correr en dirección hacia las puertas por las que se salía del castillo. No tardaron demasiado en comprobar que el caos no solamente se había apoderado de la planta en la que se hallaban sus dormitorios, sino que se había expandido por todos los rincones del castillo.

"Y seguro que, en el exterior, la cosa está todavía peor..." pensó amargamente la pelirrosa, mientras trataba de esquivar a un grupo de Jounins que estaban hablando sobre algo relacionado con el Kazekage.

En la primera planta del castillo, Naruto y Sakura se encontraron con Kankurou, el cual estaba haciendo todo lo posible por organizar correctamente a un grupo de aterrorizados Chuunins que eran incapaces de seguir bien sus indicaciones por culpa del jaleo que había a su alrededor. Al ver al rubio y a la Haruno, Kankurou, quien ya había sido informado de que aquellos dos chicos iban a ayudar a los de la arena a acabar con los de la Villa Oculta del Sonido, les ordenó a ambos que fueran tras él. Los dos amigos obedecieron la orden del hermano de Gaara y le siguieron hasta que el joven se detuvo delante de las puertas traseras del castillo.

"¡Escuchadme bien!" Kankurou se había girado hasta quedar cara a cara con Naruto y con Sakura "Temari lleva ya un buen rato buscando a Gaara y no hay ni rastro de él por el castillo; así que la única opción es que haya cometido la imprudencia de salir él solo de aquí para enfrentarse al enemigo. Nuestra obligación es encontrarle."

"¡Entendido!" el Uzumaki parecía estar deseando empezar a pelear.

"Perfecto. Acabo de enviar hace un rato a un grupo de Chuunins hacia las puertas principales del castillo, donde Temari les está esperando para salir junto a ellos hacia el exterior y continuar con la búsqueda de Gaara fuera del edificio. Nosotros saldremos por estas puertas." el hermano de Gaara señaló con el dedo índice hacia las puertas traseras del castillo "Nuestra tarea será también, como ya he dicho antes, la de encontrar a Gaara. ¿Tenéis alguna pregunta?"

Una simple y breve negación con la cabeza fue la respuesta que Kankurou obtuvo, tanto por parte del Uzumaki como por parte de la pelirrosa, a su pregunta. En vista de que ninguno de los dos amigos parecía tener dudas respecto a lo que les acababa de explicar, el chico de la arena les hizo un gesto a cuatro sirvientes que se hallaban protegiendo las puertas traseras y éstos abrieron con cautela las puertas en cuestión. Kankurou, Naruto y Sakura atravesaron las ya mencionadas puertas a toda velocidad. Una vez los tres Chuunins se encontraron fuera de la fortaleza del Kazekage, las puertas traseras volvieron a cerrarse para impedir que algún enemigo se pudiera meter dentro del castillo a través de ellas. Si el interior del edificio del que acababan de salir era un auténtico desbarajuste, en el exterior directamente cundía la anarquía. La Villa Oculta de la Arena era en aquellos momentos un colosal campo de batalla. Fuera cual fuese el lugar al que los chicos dirigiesen sus respectivas miradas, lo único que se veían eran sanguinarios enfrentamientos, heridos de gravedad o cadáveres. La pelirrosa sintió que se le partía el alma al ver los cuerpos sin vida de tres niños que no debían tener más de ocho años de edad. Casi sin percatarse de ello, la kunoichi se acercó hacia aquellas tres víctimas. Notando que los ojos se le estaban llenando de lágrimas, Sakura apartó la mirada de los cadáveres para dirigirla hacia el tejado de las oficinas del Kazekage. Fue entonces cuando la Haruno se percató de que, en aquel mismo tejado, se hallaban tres figuras, dos de las cuales parecían estar enfrascadas en una apasionante lucha. La pelirrosa observó durante unos segundos aquel interesantísimo enfrentamiento. La figura que en un principio a la chica le había parecido que no participaba en la pelea y que se limitaba a mirar estaba continuamente intentando ayudar a uno de los otros dos individuos. Sakura no tardó demasiado en reconocer a aquella figura que estaba haciendo todo lo posible por intervenir en el enfrentamiento: se trataba de Sabaku no Gaara. La kunoichi supuso que el individuo al cual Gaara quería ayudar era su padre, dado que las vestimentas que éste llevaba puestas indicaban que se trataba del Kazekage sin lugar a dudas. El padre de Gaara no hacía más que apartar a su hijo para impedir que participase en la lucha mientras intentaba esquivar a toda velocidad los poderosos ataques que su contrincante (un ninja moreno y con una fisonomía similar a la de una serpiente al cual la Haruno no fue capaz de identificar) le lanzaba. La kunoichi dedujo que aquel desconocido debía ser un ninja de la Villa Oculta del Sonido. Lo cierto era que el tipo en cuestión se mostraba aterradoramente hábil, razón por la cual el combate se estaba poniendo cada vez más complicado para el Kazekage, quien apenas era capaz de contrarrestar los jutsus que aquel peligroso ninja de la Villa Oculta del Sonido utilizaba a la hora de pelear. La Haruno sentía escalofríos por todo el cuerpo con tan sólo contemplar desde la lejanía el gran poder de aquel desconocido. Si las cosas continuaban de aquella manera, el Kazekage no iba a tener ninguna posibilidad de sobrevivir.

"Pero... ¿Por qué nadie más acude para ayudar al Kazekage? ¡¡Gaara es el único que está tratando de intervenir en el combate!!" pensó Sakura, sin apartar los ojos del enfrentamiento que se estaba produciendo en el tejado de las oficinas del Kazekage.

La respuesta a la pregunta que la kunoichi se había formulado mentalmente a sí misma le llegó en cuanto se hubo percatado de que había varios ninjas de la Villa Oculta del Sonido montando guardia alrededor de las oficinas del Kazekage. La pelirrosa se dio cuenta de que, en cuanto alguno de los de la arena intentaba acercarse hacia el tejado de las ya mencionadas oficinas para ayudar al padre de Gaara, aquellos ninjas que estaban ejerciendo una función similar a la de unos guardianes se abalanzaban sobre él impidiendo así que pudiese subir al tejado en cuestión. Parecía ser que el único que había logrado superar aquella especie de barrera formada por vigilantes de la Villa Oculta del Sonido había sido Gaara, el cual se sentía en aquellos instantes de lo más frustrado al ver que su padre estaba haciendo lo imposible por evitar que él se enfrentase también a aquel enemigo tan sumamente fuerte. La Haruno decidió avisar a Kankurou para informarle de que ya había encontrado a su hermano pequeño; mas, cuando se giró, la joven no logró ver a ninguno de sus dos compañeros. No fue necesario que la pelirrosa buscase a Naruto y a Kankurou con la mirada durante mucho tiempo, puesto que enseguida los localizó: ambos se encontraban peleando a varios metros de distancia del lugar donde ella se hallaba. El Uzumaki estaba luchando contra un tipo bastante extraño que utilizaba sus propios huesos como armas, mientras que el oponente del hermano de Gaara era un curioso individuo que disponía de dos cabezas. Estaba ya Sakura dispuesta a ayudar a los dos chicos cuando, de pronto, recordó unas palabras que Kankurou les había dicho a Naruto y a ella antes de salir del castillo del Kazekage: "Nuestra tarea será también, como ya he dicho antes, la de encontrar a Gaara". Durante unos segundos, aquellas palabras estuvieron retumbando en la mente de la Haruno como para hacer que se diera cuenta de que lo más importante era obedecer a Kankurou y cumplir con la tarea que le había sido asignada: encontrar a Gaara. La kunoichi sentía que no había tiempo para pensar, de manera que optó por convencerse a sí misma de que Naruto y Kankurou iban a estar bien y se las iban a saber apañar solos. Sin perder más tiempo, la Haruno volvió a clavar su mirada en el tejado de las oficinas del Kazekage.

"¡¡¡Gaara!!!" vociferó la Chuunin.

Por desgracia, el pelirrojo se encontraba demasiado lejos como para oír la voz de Sakura. De un salto, la kunoichi se colocó encima de un tejado cercano a las oficinas del Kazekage. Sabía que debía avanzar con cuidado si de verdad quería burlar a los guardianes de la Villa Oculta del Sonido para así poder llegar hasta Gaara. Desafortunadamente, antes de que la pelirrosa pudiese dar un paso más, un enemigo se interpuso en su camino.

"¿Adónde te crees que vas?" inquirió el ninja que acababa de colocarse frente a Sakura.

Al alzar velozmente su mirada, la Haruno se encontró delante de un joven de la Villa Oculta del Sonido que llevaba su larga melena plateada atada en una coleta algo baja, casi pegada a la nuca. Detrás de las gafas de aquel individuo, se hallaban dos pequeños ojos oscuros, los cuales estaban clavados en la cara de la kunoichi. Con una asombrosa rapidez, Sakura se sacó del bolsillo de su cinturón un kunai y lo lanzó en dirección hacia el lugar en el que su enemigo se encontraba. El joven trató de esquivar el objeto que la pelirrosa le acababa de lanzar; pero no sirvió de mucho, pues el kunai se clavó en su brazo izquierdo. Varias gotas de sangre salpicaron el tejado sobre el que los dos ninjas estaban peleando. Para sorpresa de la kunoichi, su adversario se hallaba sonriendo.

"Vaya, vaya... Creo que he subestimado tu puntería..." se limitó a decir el joven, al tiempo que se sacaba el kunai de la piel, dejando así al descubierto una profunda herida de la cual emanaba una considerable cantidad de sangre, y lo arrojaba contra el suelo.

Un chakra de color verdoso que la Haruno conocía bien apareció alrededor de la mano derecha de su oponente. El joven acercó la mano en cuestión hacia la herida que tenía en el brazo izquierdo. En unos cuantos segundos, ya no había ni rastro de la ya mencionada herida. La pelirrosa frunció el ceño.

"Mierda... Resulta que él también es bueno utilizando jutsus médicos..." pensó la kunoichi, cuyos ojos de color esmeralda estaban posados sobre el ninja de la Villa Oculta del Sonido que tenía enfrente.

La burlona sonrisa que el joven había dibujado en su rostro hacía unos segundos todavía no había desaparecido. Aquello hizo que Sakura se enfureciese aún más, ya que tenía la sensación de que su adversario solamente estaba tratando de ponerla a prueba y de entretenerse un rato con ella.

"¡¡¡Muy bien!!! ¡¡¡¡Tú lo has querido!!!!" gritó la pelirrosa, pegando un puñetazo contra el tejado que tenía debajo de sus pies.

La fuerza bruta de la Haruno sirvió para que prácticamente todo el tejado se resquebrajase. Lamentablemente, cuando la chica levantó de nuevo la cabeza para comprobar el estado en el que había quedado su oponente, este último había desaparecido. No había tenido la kunoichi todavía tiempo suficiente como para asimilar lo que había sucedido allí cuando una voz cargada de mofa susurró a sus espaldas:

"¿A quién buscas?"

Apresuradamente, Sakura dio media vuelta y se percató de que la rapidez de su oponente le había permitido trasladarse de un sitio a otro del tejado sin que ella ni siquiera lo notase. La Haruno entonces se dio cuenta de que, por la posición en que había colocado los dedos de las manos, su enemigo se disponía a utilizar algún tipo de Genjutsu contra ella. La pelirrosa logró contrarrestar aquel ataque sin ninguna clase de dificultad: a fin de cuentas, siempre se le había dado bien detectar y contrarrestar Genjutsu. Aprovechando que ahora su contrincante se encontraba a menos de un metro de ella, la kunoichi optó por propinarle una patada en la cara. Demostrando que poseía unos reflejos dignos de admirar, el joven de la Villa Oculta del Sonido logró detener el ataque de Sakura utilizando únicamente su antebrazo izquierdo como escudo a la hora de proteger su rostro. La Haruno se percató entonces de que cabía la posibilidad de que aquel combate se alargase más de lo que ella en un principio había previsto, pues era obvio que su oponente no iba a ponérselo fácil.

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El silencio que se había apoderado del despacho de la Godaime fue interrumpido nada más y nada menos que por Fugaku Uchiha. El patriarca del clan más prestigioso de Konoha acababa de irrumpir en la sala sin que nadie le hubiese dado permiso para entrar. Tanto la mirada de Tsunade como la de Jiraiya se clavaron en el rostro del Uchiha, quien parecía encontrarse bastante enfurecido y nervioso a la vez. Shizune, la fiel ayudante de la Godaime, entró justo detrás de Fugaku. La joven le estaba dedicando una mirada de lo más suplicante al patriarca del clan Uchiha, el cual no le prestaba la menor atención.

"¡Disculpe, pero ya le he dicho que Tsunade-sama se encuentra ocupada y no puede atenderle en este momento!" daba la sensación de que Shizune había estado tratando de impedir que el Uchiha entrase en el despacho.

"¡¡¡Tsunade-sama!!!" Fugaku había ignorado por completo a la ayudante de Tsunade y había decidido dirigirse directamente a la Godaime "¿¿Se puede saber qué entiende usted por procurar no asignarle a mi hijo demasiado trabajo?? ¡¡¡Itachi lleva ya una semana fuera de la villa por culpa de otra condenada misión y ya empiezo a estar cansado de...!!!"

"¿¿¿Cómo osa hablarle así a Tsunade-sama???" le interrumpió Shizune, alarmada a más no poder.

"Da igual, Shizune." pese a que le había sorprendido mucho el hecho de que el patriarca del clan Uchiha hubiese perdido totalmente los estribos, Tsunade intentó mantener la calma "Déjanos a Jiraiya y a mí a solas con Fugaku Uchiha, por favor."

"Pero... Tsunade-sama..."

"No me obligues a tener que repetirlo, Shizune." la Godaime clavó su amenazante mirada en los oscuros ojos de su subordinada.

Sin terminar de comprender qué estaba sucediendo allí, Shizune, avergonzada, agachó la cabeza y se marchó del despacho por la misma puerta por la que había entrado. A Fugaku todavía no parecía habérsele pasado la ira que llevaba dentro.

"¿Y bien, Tsunade-sama? ¿No piensa usted darme ninguna explicación sobre el motivo por el cual se le asignan tantas misiones a Itachi?" el Uchiha se hallaba algo impaciente.

"Debe usted saber que Tsunade no es la que le ha asignado a su hijo las..."

"¡No estoy hablando con usted, Jiraiya!" Fugaku interrumpió al Ero-Sannin, sin preocuparse en absoluto por ocultar su enfado "¡Quiero que sea Tsunade-sama la que me responda!"

"Tranquilícese, por favor." la rubia seguía haciendo grandes esfuerzos por evitar que la tensión se apoderase del ambiente "No tiene sentido que se ponga tenso: eso tan sólo empeorará las cosas. Vamos a ver... ¿Dice usted que Itachi lleva una semana fuera de Konoha?"

"¡Exactamente!" contestó el patriarca del clan Uchiha, poniendo cara de pocos amigos "¡Y resulta que esta misma noche tenía intención de llevarle conmigo a una importante ceremonia de...!"

"Eso ahora no tiene importancia." Tsunade no dejó que Fugaku siguiera hablando.

Los ojos de la Godaime se posaron en el rostro de Jiraiya, el cual se encontraba a su lado. Los dos Sannins estuvieron intercambiando algunas miradas durante diez segundos aproximadamente. El Uchiha, por su parte, cada vez parecía hallarse más confuso.

"¿Crees que...?" la mirada de la rubia continuaba clavada en la cara de su amigo.

"Es posible... Aunque sólo hay una forma de saberlo." Jiraiya consiguió averiguar qué era lo que Tsunade tenía intención de preguntarle antes incluso de que ésta terminara de hablar.

"Supongo que no nos queda otra alternativa. Convoca a todos los Jounins que puedas para una reunión en mi despacho dentro de media hora. Debo informarles sobre la situación."

"Entonces... ¿Vamos a ayudar a los de la arena pese a que no sean nuestros aliados?"

"Recuerda que es Orochimaru el que está atacando a la Villa Oculta de la Arena. A la que nos descuidemos, también vendrá a por nosotros. Después de todo, si hay un lugar hacia el que Orochimaru sienta un odio de lo más profundo, ese sitio es sin duda alguna Konoha. Si ahora nos unimos a los de la arena, nos será mucho más fácil vencer a la Villa Oculta del Sonido. Dos villas contra una. Tenemos muchas posibilidades de ganar. Todo depende del número de esbirros que Orochimaru haya logrado reunir." explicó Tsunade.

Aquellas palabras bastaron para que el Ero-Sannin se percatase de que su amiga tenía toda la razón. Sin perder ni un segundo más de tiempo, Jiraiya abandonó el despacho de la Godaime, dejando así a la rubia y al patriarca del clan Uchiha a solas.

"¡¡Un momento!!" Fugaku se sentía desconcertado "¿¿De qué están hablando ahora?? ¿¿¿Qué tienen que ver los de la arena y Orochimaru con mi hijo???"

"Le debo una disculpa. Soy consciente de que debimos haberle informado antes sobre todo esto."

"¿¿Sobre qué?? ¿¿¿Qué está ocurriendo aquí, Tsunade-sama???" el Uchiha ya estaba harto de tanto secretismo.

"Jiraiya y yo estamos prácticamente del todo convencidos de que Itachi trabaja clandestinamente bajo las órdenes de Orochimaru." respondió Tsunade, casi sin alterarse.

Por unos momentos, la Godaime había temido que Fugaku reaccionase de un modo violento o salvaje ante la respuesta que ella le acababa de dar; mas el hombre se limitó a mirar a Tsunade con cara de incredulidad al tiempo que susurraba:

"No es posible... Itachi... Pero... Él no... Mi hijo no... Él sería incapaz de hacerme eso..."

"Todavía no podemos dar nada por seguro, pero lo más probable es que sea así."

"¡¡¡No!!!" ahora sí que el patriarca del prestigioso clan parecía hallarse al borde de la locura "¡¡¡Me niego a creerlo!!! ¿¿¿De dónde ha sacado semejante estupidez???"

"Empezamos a sospechar el día en que usted vino a comunicarme que últimamente a Itachi se le asignaban demasiadas misiones." informó la rubia "Usted aquel día mencionó que su hijo no había podido asistir a la ceremonia que se había celebrado hacía un par de noches en la mansión de los Hyuga por culpa de una misión que yo le había asignado... y aquélla misión nunca existió: Itachi debió poner eso como excusa únicamente para no tener que asistir al evento y así poder aprovechar el tiempo para otras cosas."

"¿¿¿Y quién le garantiza a usted que esas "otras cosas" de las que habla estén relacionadas con Orochimaru???"

"Pues resulta que, aquel mismo día, usted comentó que Itachi hacía aproximadamente un mes que se comportaba de un modo algo distante para tratarse de él... Un mes: justamente el mismo tiempo que había pasado desde que yo le había encargado a Itachi que fuese a inspeccionar la Villa Oculta del Sonido." contestó la Godaime.

"¿¿La Villa Oculta del Sonido?? ¿¿¿Qué pinta esa villa en todo esto???"

"Es el sitio en el que Orochimaru ha estado reuniendo a sus secuaces."

"¿¿Qué?? ¡¡¡Esto es el colmo!!!" exclamó Fugaku, escandalizado "¡¡¡¡Ustedes han sabido durante todo este tiempo dónde se ocultaba el enemigo más peligroso que ha podido tener nunca Konoha y, sin embargo, lo han mantenido en secreto!!!! ¡¡¡En vez de haber aprovechado para ir a esa Villa Oculta del Sonido y acabar con él, se han limitado a...!!!"

"Le aconsejo que no hable sobre lo que no entiende." le interrumpió Tsunade, empezando a perder la poca paciencia que le quedaba "Tenga usted por seguro que, si hubiésemos sabido antes que la Villa Oculta del Sonido había sido creada por Orochimaru, hubiéramos eliminado del mapa ese lugar al instante: el problema era que no lo sabíamos... ¿Y sabe por qué no lo sabíamos? Pues porque su hijo me redactó un informe en el cual se explicaba que la Villa Oculta del Sonido era un sitio sin apenas recursos económicos en el que ni tan siquiera existían los ninjas, la cual cosa provocó que descartara aquella villa sin pensármelo dos veces... y resulta que es posible que ahora mismo los de la arena estén siendo atacados por un regimiento dirigido por Orochimaru que proviene de esa dichosa Villa Oculta del Sonido. ¿¿Se da cuenta de lo que eso significa?? ¡¡¡¡Itachi redactó un informe falso sobre la villa que le mandé que investigara!!!! ¡¡¡No quiso que descubriésemos que aquél era el sitio en el que Orochimaru estaba reuniendo a sus esbirros!!!"

Fue entonces cuando la rubia se percató de que tal vez había alzado demasiado la voz. Por suerte, precisamente el hecho de que se hubiese puesto a gritar de aquella manera había sido lo que había logrado hacer entrar al Uchiha en razón. Parecía ser que Fugaku ya se había resignado: no le quedaba más remedio que asimilar que lo más probable era que el mayor de sus hijos estuviese al servicio de Orochimaru.

"¿Quiere usted decir con todo esto que mi hijo ahora mismo está...?" el patriarca del clan Uchiha no se atrevió a terminar de formular la pregunta.

"Sí. Lo más lógico es que Itachi se encuentre en estos momentos en la Villa Oculta de la Arena, dando su apoyo al regimiento que lidera Orochimaru."

"¿Por qué, Tsunade-sama? ¿Por qué él? ¿Por qué mi hijo?"

"Eso ya es algo en lo que yo no le puedo ayudar." respondió Tsunade "Ahora, si no le importa, le agradecería que abandonase mi despacho: dentro de un rato tengo una reunión con los Jounins a los que Jiraiya debe estar avisando en estos instantes."

"¿Va usted a enviar a Jounins de Konoha para que ayuden a los de la arena a combatir contra la Villa Oculta del Sonido?" preguntó Fugaku.

"Ha dado en el clavo. Un numeroso grupo de Jounins que estará dirigido por Jiraiya se encargará de aprovechar esta oportunidad que se nos ha presentado para acabar definitivamente con Orochimaru. Yo misma me sentiría encantada de poder ir a la Villa Oculta de la Arena para acabar con la vida de ese bastardo; pero, lamentablemente, no puedo ausentarme: soy la Godaime y Konoha me necesita aquí."

El semblante del patriarca del clan más prestigioso de la villa se tornó pensativo. Durante unos instantes, Fugaku se limitó a meditar con los ojos cerrados sobre algo que la rubia de momento desconocía.

"Verá..." murmuró de pronto el Uchiha "Necesito que me haga un pequeño favor, Tsunade-sama. Me gustaría poder formar parte de ese grupo de ninjas que va a partir hacia la Villa Oculta de la Arena."

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Aunque el día había amanecido frío y nublado, el sol se dejaba ver de vez en cuando por el cielo de Konoha. Era precisamente ese sol el culpable de que las sombras de Shikamaru y de Chouji, los cuales iban paseándose tranquilamente por las calles de la villa, se proyectasen en el suelo. Los dos amigos caminaban en dirección hacia el área de entrenamiento en la cual habían quedado con el resto del equipo al que pertenecían. Todavía faltaba un cuarto de hora para las diez de la mañana, que era la hora a la que tenían que encontrarse en el área de entrenamiento en cuestión; así que no había prisa alguna por parte de ninguno de los dos chicos. El Nara contemplaba las nubes al tiempo que andaba, mientras el Akimichi devoraba una bolsa de patatas que se había comprado hacía un rato.

Ninguno de los dos jóvenes se sorprendió cuando llegaron al área de entrenamiento y se dieron cuenta de que los otros dos Chuunins que componían su grupo ya se hallaban allí. Rock Lee acababa de terminar de dar quinientas vueltas alrededor de un circuito que él mismo había construido y ahora se disponía a hacer unas cuantas flexiones. Tenten, por su parte, practicaba su puntería con el lanzamiento de kunais. En cuanto se percató de la presencia de Shikamaru y de Chouji, Lee dejó a un lado las flexiones y se acercó hacia ellos.

"¡Buenos días, efusivos adolescentes que gozáis del poder de la juventud!" saludó el Chuunin, tan vivaz y lleno de energía como siempre.

Una vez tanto el Akimichi como él hubieron saludado a su entusiasta compañero con un simple "¿qué hay, Lee?", Shikamaru contempló su reflejo en un charco de agua que había delante de sus propios pies y se preguntó mentalmente cómo podía ser que Lee le considerase un "efusivo adolescente que goza del poder de la juventud" teniendo en cuenta las pintas de adormilado que presentaba. De pronto, el Nara se olvidó de su reflejo y de sus pintas de adormilado y observó todo lo que había a su alrededor, como si estuviese buscando algo con la mirada.

"¿Dónde está ese tipo problemático? ¿Aún no ha llegado?" a Shikamaru le había resultado extraño el hecho de que alguien como Gai, que siempre era tan puntual, se retrasase.

"¡¡¡¡Deja de hablar así de Gai-sensei!!!!" vociferó Rock Lee, visiblemente ofendido "¡¡¡¡Muestra un poco más de respeto por el guía de nuestros ardientes corazones de ninjas!!!!"

"Ya, claro..." masculló el Nara, quien, en momentos como aquél, no podía evitar dudar de la salud mental de Lee "Pero... ¿Dónde está?"

"Ha venido hace un rato, pero se ha marchado enseguida alegando que tenía que ir a las oficinas de la Godaime. Nos ha dicho que, mientras le esperamos, podemos ir entrenándonos por nuestra cuenta." contestó Tenten, la cual se había acercado también para escuchar la conversación de sus compañeros.

"Me pregunto cuál será el motivo por el que ha tenido que ir a las oficinas de la Godaime..." murmuró Chouji, que ya había dejado vacía su bolsa de patatas.

"¿Es que no os habéis enterado? Por lo visto, hay algún lío gordo en la Villa Oculta de la Arena." informó Tenten.

Hasta entonces, tanto Shikamaru como el Akimichi habían seguido la conversación con cierto desinterés; mas, al escuchar la última frase que había soltado su compañera, los dos amigos se alarmaron bastante.

"¿¿En la Villa Oculta de la Arena??" Chouji quería asegurarse de que no había entendido mal a la kunoichi.

"Eso es." confirmó Tenten "Parece ser que un cuerpo militar procedente de una extraña villa que fue creada hace poco tiempo está a punto de atacar a los de la arena... si es que no les ha atacado ya, claro."

Algo inquieto, Chouji posó sus ojos en el Nara, el cual había dibujado en su rostro una expresión que solía reservar para los momentos en los que las cosas iban realmente mal.

"Shikamaru... ¿No es en la Villa Oculta de la Arena donde...?" el Akimichi se hallaba algo dubitativo.

"Sí, Chouji. Es ahí donde están Sakura y Naruto."

"¿Sakura y Naruto?" Lee mostró curiosidad por el asunto "¿Quiénes son ésos?"

"¡¡¡Son dos amigos nuestros!!! ¡¡¡Y están desde hace una semana viviendo en la Villa Oculta de la Arena!!!" respondió Chouji, a quien se le había olvidado por completo que se suponía que aquella información era un secreto.

"¿¿¿Dos Chuunins de Konoha están viviendo con los de la arena???" a Tenten le había sorprendido lo que su compañero acababa de decir "¿¿Para qué?? ¡¡¡Si ni tan siquiera son nuestros aliados!!!"

"Eso ahora no es lo problemático: lo que importa es que están en peligro. Tenemos que hacer algo." aunque estaba intentando mantener la mente fría para poder pensar en algún buen plan, Shikamaru notaba que se encontraba demasiado nervioso para su gusto.

"¡¡¡Pues claro que tenemos que hacer algo!!! ¡¡Vamos a ir ahora mismo a la Villa Oculta de la Arena a salvarles el pellejo a esos dos!!" exclamó el Akimichi.

Dicho esto, Chouji se puso a correr en dirección hacia la salida del área de entrenamiento en la que se encontraban. Cuando el Akimichi se hallaba ya a punto de salir del lugar, Lee, con aquella velocidad tan propia de él, se colocó delante de su compañero en un abrir y cerrar de ojos, impidiendo así que el chico pudiera seguir avanzando.

"¡¡¡No te dejes llevar por la llama de la juventud tan fácilmente, Chouji!!!" aconsejó Lee, mirando a Chouji directamente a los ojos "¡¡¡¡¡Se te olvida lo más importante!!!!! ¡¡Si queremos llevar a cabo la misión de salvar a vuestros amigos, necesitamos que un Jounin nos acompañe!! ¡¡¡Nosotros sólo somos Chuunins y Gai-sensei ahora mismo se halla ausente porque Tsunade-sama requiere su excelentísima presencia en sus oficinas!!! ¡¡No podemos ir a la Villa Oculta de la Arena así!!"

Iba ya el Akimichi a protestar cuando Shikamaru optó por intervenir.

"Lee tiene razón, Chouji. Aunque sea problemático, necesitamos la supervisión de un Jounin."

"¿¿Cómo puedes decir eso, Shikamaru??" Chouji no daba crédito a lo que acababa de escuchar "¡¡Cuando Maito Gai regrese, probablemente ya será demasiado tarde y no podremos hacer nada por Sakura y por Naruto!!"

"¡¡¡La esperanza es lo último que se pierde cuando uno se encuentra en plena flor de su juventud!!! ¡¡¡¡Sé optimista y la vida te sonreirá!!!!" incluso en circunstancias tan tensas como aquélla, Lee parecía incapaz de dejar de dar consejos que nadie le pedía.

"Tranquilos, creo que sé cuál es el Jounin al que tenemos que recurrir."

Las miradas de Lee, Tenten y Chouji se fijaron en el decidido rostro de Shikamaru. El Akimichi sonrió: era obvio que a su amigo se le había ocurrido alguna genial idea de las suyas.

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El graznido de un pajarraco que se había posado sobre la repisa de la ventana del dormitorio de Sasuke Uchiha hizo que el Jounin tuviese que interrumpir su lavado de cara para salir del cuarto de baño y centrar su atención en el animal que había al otro lado del cristal. Al abrir la ventana, el moreno se dio cuenta de que el ave llevaba atado a su cuello un pergamino. En cuanto Sasuke hubo desatado el pergamino en cuestión del cuello del pájaro, éste echó a volar y, en unos cuantos segundos, se perdió en la lejanía. Con cierto fastidio, el joven heredero se puso a leer el contenido del pergamino. Tal y como el moreno había imaginado, se trataba de un mensaje procedente de las oficinas de la Godaime. Era bastante breve e inexplícito, ya que simplemente informaba de que todos los Jounins de Konoha debían reunirse cuanto antes en el despacho de Tsunade por un asunto urgente. Tras dibujar en su rostro una mueca llena de desprecio, el Uchiha arrojó contra el suelo de su dormitorio el pergamino. Nunca acostumbraba a prestarle atención alguna a los mensajes que la Godaime le enviaba, pues el chico siempre creía que cualquier otra cosa era más importante que perder el tiempo en reuniones absurdas. Además, aquella misma mañana debía reunirse con su ejército a las once, hora para la cual faltaban menos de cinco minutos. Un resoplido rompió el profundo y aparentemente inquebrantable silencio que se había producido en el dormitorio de Sasuke. Definitivamente, el Jounin aún no se acababa de acostumbrar a tener que soportar que dos miembros del clan Hyuga formaran parte de su ejército. Justo en aquel momento, el moreno clavó su vista en la ventana, la cual continuaba abierta. Un grupo formado por cuatro Chuunins iba caminando tranquilamente en dirección hacia la torre de Sasuke. El joven heredero se colocó encima de la repisa de la ventana y saltó hacia el exterior con una gran agilidad. Todavía con aquella mueca llena de fastidio dibujada en su cara, el Uchiha aterrizó sin ningún problema delante de sus subordinados, los cuales se detuvieron al ver que el moreno se había tomado ya la molestia de salir de su torre sin necesidad de que ellos tuviesen que llamarle.

"Llegáis tarde." se limitó a decir Sasuke, dedicándole una mirada cargada de odio a Neji.

"Deberías saber que aún faltan un par de minutos para las once de la mañana, Uchiha." el sobrino de Hiashi, como siempre, aprovechaba cualquier ocasión para discutir con el Jounin.

"No es eso lo que indica mi reloj." pese a que era consciente de que todavía no eran las once en punto, el joven heredero no estaba dispuesto a quedarse callado.

"¿Qué reloj?" inquirió el Hyuga, dirigiendo su mirada hacia la muñeca de Sasuke.

"El que a ti no te importa." contestó el Jounin, tajantemente.

Una terrible tensión se fue apoderando de la distancia que separaba a Neji del joven heredero. Los dos chicos permanecieron durante más de un minuto en silencio, asesinándose mutuamente con la mirada. Aunque aquel tipo de escenas se habían convertido prácticamente en una costumbre desde que los dos Hyuga formaban parte del ejército de Sasuke, Hinata, Shino y Kiba no podían evitar sentirse de lo más incómodos en momentos tan tensos como aquél.

"Estooo..." el Inuzuka no estaba muy seguro de sí mismo, mas sabía que debía acabar con aquel condenado silencio si no quería permanecer allí eternamente "¿Nos vamos ya a cumplir la misión?"

Parecía hallarse el Jounin a punto de responder a la pregunta de Kiba cuando, de pronto, su vista se fijó en un punto concreto de los jardines del clan Uchiha. Los cuatro subordinados de Sasuke dieron media vuelta para saber qué era lo que había captado la atención del joven heredero. No tardaron mucho en averiguarlo, puesto que, a escasos metros de distancia del lugar donde ellos se hallaban, cuatro chicos que debían tener aproximadamente dieciocho años de edad corrían sin descanso alguno por los terrenos del prestigioso clan, perseguidos muy de cerca por un par de criados de lo más enfurecidos.

"¡¡¡Venid aquí, intrusos!!! ¿¿¿Cómo osáis colaros así en el interior de las tierras del clan Uchiha???" vociferaba uno de los sirvientes, lleno de ira.

"¡¡Nosotros no somos intrusos!! ¡¡¡¡Estáis hablando con los Chuunins del equipo de la Gran bestia verde de Konoha!!!!" exclamó uno de los chicos, que poseía unas cejas exageradamente pobladas y vestía con una ropa algo extravagante.

"¡¡Lee, no seas problemático y espabílate de una vez!!" ordenó otro de los jóvenes, al tiempo que agarraba a su compañero por el brazo y le obligaba a salir pitando de allí.

La mirada de Sasuke se clavó en el rostro del chico que acababa de hablar. El joven en cuestión llevaba el pelo recogido en una coleta alta y tenía dibujada en su cara una expresión que el Jounin estaba seguro de haber visto antes, en alguna otra ocasión. De repente, la mente del Uchiha viajó hacia el pasado: concretamente, se trasladó unos diez años atrás en el tiempo. La imagen de tres críos que se encontraban debajo del árbol de Ipé rosa que había plantado en una parte de los terrenos del ya mencionado clan apareció en los recuerdos del joven heredero. Uno de esos tres muchachos era una niña de pelo rosa y de ojos de color esmeralda que Sasuke identificó velozmente como Sakura... y los otros dos críos habían resultado ser nada más y nada menos que dos de los cuatro chicos que en aquellos momentos se encontraban correteando por los jardines del clan Uchiha. Justo en aquel preciso instante, el Jounin cayó en la cuenta de que tal vez aquellos dos jóvenes podían saber dónde estaban Sakura y Naruto: después de todo, eran sus amigos. Sin pensárselo dos veces, el heredero del prestigioso clan se olvidó de los miembros de su ejército y se dirigió hacia el lugar donde los dos criados se encontraban persiguiendo a gran velocidad a aquellos individuos que parecían haberse colado en las pertenencias de los Uchiha sin permiso. Con una rapidez digna de un auténtico Jounin, Sasuke se colocó delante de los cuatro chicos, sorprendiéndolos así y obligándoles a que tuvieran que detenerse.

"¡¡¡Uchiha-sama!!!" los dos sirvientes también se habían quedado algo asombrados al ver que el heredero del clan Uchiha había optado por intervenir.

"¿¿"Uchiha-sama"??" pensó Shikamaru, clavando sus ojos en el semblante serio del moreno que tenía delante de sus narices "Entonces... Es él..."

"Yo me encargo de ellos." musitó Sasuke, antes de que alguno de los dos criados pudiese decir una sola palabra más.

Por unos momentos, dio la sensación de que aquel par de sirvientes querían replicar; pero ambos optaron por callarse y marcharse de allí al ver la mirada amenazante del Uchiha.

"¿Eres Sasuke Uchiha?" preguntó el Nara, quien aún no había apartado su vista del Jounin.

"Efectivamente." respondió el joven heredero, con toda la calma del mundo.

"¡¡¡Genial!!! ¡¡Le hemos encontrado!! ¡¡¡Es él: el mismísimo Sasuke Uchiha!!!" gritó Chouji, lleno de alegría.

"Ufff... Parece que, al final, ha merecido la pena esta carrera..." murmuró Tenten, aliviada.

"¿Me buscabais para algo?" inquirió el Jounin, algo extrañado.

"Eso es." contestó Shikamaru, a quien, en aquellas circunstancias, no le hacía demasiada gracia perder el tiempo "Sé que es muy problemático, mas necesitamos a un Jounin que nos acompañe hasta la Villa Oculta de la Arena..."

"¡¡¡Gai-sensei nos acompañaría con sumo gusto, pero él es un hombre muy ocupado y ahora mismo está reunido con nada más y nada menos que la gran Tsunade-sama!!!" explicó Rock Lee, casi a gritos.

"Gracias por la aclaración, Lee..." el Nara dejó de mirar de reojo a su compañero para volver a dirigir su mirada hacia la cara de Sasuke "El caso es que ahora mismo lo más probable en que esté teniendo lugar una guerra en la Villa Oculta de la Arena y..."

"¿¿¿Una guerra???" el joven heredero interrumpió a Shikamaru mientras se sentía incapaz de disimular la expresión de desconcierto que acababa de aparecer en su rostro "¿Quién narices le ha declarado la guerra a los estúpidos de la arena?"

"Aún no lo sabemos. Al parecer, se trata de una villa recién creada de la cual se desconocen prácticamente todos los datos." informó Tenten.

"Vaya, vaya... Interesante..." masculló Sasuke, quien había ido curvando poco a poco sus labios hasta que éstos hubieron terminado formando una sonrisa.

"¡¡¡¡Eso da igual!!!!" el Akimichi notaba que estaba perdiendo la paciencia "¡¡¡Lo que tenemos que hacer es ir a ayudar a Sakura y a Naruto!!!"

La sonrisa que se había formado en los labios del Jounin se borró en cuanto hubo escuchado los nombres de sus dos antiguos subordinados. Los oscuros ojos del Uchiha se clavaron en el rostro de Chouji, que se sintió ligeramente intimidado.

"¿Qué has dicho?" preguntó el joven heredero, pese a que había escuchado perfectamente las palabras del Akimichi.

"Que... Que tenemos que ir a ayudar a Sakura y a Naruto..." respondió Chouji, acobardado ante la furiosa mirada de Sasuke.

"Y... ¿Alguno de vosotros puede hacer el puñetero favor de explicarme qué porras pintan en todo este tema Haruno y Uzumaki?" el Jounin tenía un mal presentimiento.

"¡¡¡Pues que sus apasionados y juveniles espíritus aventureros les han llevado hasta la Villa Oculta de la Arena, lugar en el que se encuentran ahora mismo!!!" comunicó Lee.

"¿¿¿Naruto y Sakura están en la Villa Oculta de la Arena???" vociferó súbitamente la escandalosa voz de Kiba.

Tanto Sasuke como los cuatro Chuunins que componían el grupo de Maito Gai se giraron hasta quedar cara a cara con los miembros del ejército del Uchiha, los cuales se habían ido acercando muy despacio con la intención de pasar desapercibidos.

"Aunque suene muy problemático, es así." Shikamaru no quería alargar más aquella conversación "Por ese motivo, necesitamos la ayuda de Sasuke Uchiha: tenemos que ir a la Villa Oculta de la Arena para salvarles."

"Na... Naruto-kun..." susurró Hinata, cuyo estómago se había revuelto por completo al imaginarse a su amado en medio de una sangrienta guerra.

"¿¿¿A qué estamos esperando??? ¡¡¡Vayamos a buscarles!!!" en la cara del Inuzuka se había dibujado una expresión cargada de preocupación.

"¡¡¡¡Silencio!!!!" gritó Sasuke, a quien no le gustaba en absoluto perder el control de la situación "¡¡De aquí no se mueve nadie hasta que yo no me entere de qué coño están haciendo Haruno y Uzumaki con los de la arena!!"

Durante los siguientes quince segundos, nadie abrió la boca. Shikamaru y Chouji intercambiaron un par de miradas que no pasaron inadvertidas para el Jounin.

"¡¡¡¡Vosotros dos!!!!" el joven heredero se hallaba cada vez más alterado "¡¡¡Sé que vosotros sabéis algo de todo esto, así que hablad de una condenada vez!!!"

De nuevo, los dos amigos intercambiaron un par de miradas. Finalmente, el que optó por hablar fue el Nara.

"Lo único que sabemos es que Sakura y Naruto se marcharon hace una semana de Konoha con la intención de lograr formar parte del ejército de Sabaku no Gaara. Eso es todo." resumió Shikamaru.

La cara de Sasuke empalideció al escuchar aquellas palabras. Así que aquél era el motivo por el que los dos Chuunins a los que había estado buscando durante aquella última semana se encontraban en la Villa Oculta de la Arena: solamente habían pretendido fastidiarle trabajando con su rival personal. Al Uchiha le hubiese apetecido muchísimo ponerse a gritar allí mismo todo lo que sentía en su interior, pero prefirió guardar la compostura. Al fin y al cabo, todo aquello se debía a un malentendido; pues, en realidad, él nunca había expulsado a Sakura del equipo. El Jounin sabía que no tenía por qué sentirse culpable por el hecho de que los dos jóvenes se hubiesen marchado con los de la arena. De todos modos, lo que importaba era que las vidas de Sakura y de Naruto estaban en peligro, razón por la cual no pensaba quedarse allí de brazos cruzados. Con una serenidad que sorprendió a prácticamente todos los allí presentes, el Uchiha anunció:

"De acuerdo. Iremos a la Villa Oculta de la Arena para ayudar a Haruno y a Uzumaki. Aquél que considere que no está lo suficientemente capacitado como para intervenir en la guerra, puede quedarse tranquilamente en su casa. Los demás, nos encontraremos en las puertas principales de Konoha dentro de un cuarto de hora."

A los Chuunins les quedó clarísimo el mensaje de Sasuke; así que, sin perder más tiempo, los ocho chicos abandonaron los terrenos del clan Uchiha y se dirigieron hacia sus respectivas casas para poder coger todo lo que creían que iban a necesitar durante el viaje y durante la batalla. El heredero del prestigioso clan, por su parte, se metió otra vez en su torre y no salió de ella hasta al cabo de unos cinco minutos, que fue el tiempo que tardó en hacer su equipaje y cambiar el yukata que llevaba puesto por una ropa más adecuada para pelear. Lo primero que el Jounin hizo en cuanto hubo abandonado su torre fue comprobar que había cogido suficientes armas. Se encontraba Sasuke caminando por los jardines del clan Uchiha al tiempo que registraba su mochila por si se había olvidado de agarrar algo cuando una rubia con ganas de llamar su atención se abalanzó sobre la espalda del chico.

"¡¡¡¡Sasuke-kun!!!! ¿¿Sabes que hoy me quedo a comer aquí, contigo??" exclamó alegremente la joven, que se había pegado como una lapa a su prometido.

"Suéltame, Ino." ordenó el moreno, poniendo cara de pocos amigos "No tengo tiempo para tus idioteces."

"¿¿Cómo estás, Sasuke-kun??" la Yamanaka ignoró totalmente las palabras que el joven heredero acababa de soltar "¿¿¿Te alegras de verme???

"Creo que es bastante obvio que no." contestó el Jounin, secamente.

Tras conseguir despegarse de Ino, el Uchiha se dispuso a seguir andando. De todas formas, no había dado todavía Sasuke ni cuatro pasos cuando su prometida le agarró del brazo, impidiéndole así que continuase caminando.

"¿¿¿Adónde vas???" inquirió la chica, quien sentía una pizca de curiosidad por saber qué tramaba el Jounin.

"No te incumbe."

"¿¿Qué te pasa?? ¿¿¿Estás enfadado conmigo, Sasuke-kun???" la rubia empezó a hacer pucheros.

"Mira, Ino..." el esfuerzo que el joven heredero estaba haciendo por no estallar era casi sobrehumano "Hazme un favor: olvídame. Estoy harto de ti, de tus tonterías infantiles y de que creas que tienes todo el derecho del mundo a manosearme cada vez que te dé la gana. Entérate bien de lo que te voy a decir: no me importas más de lo que me puede importar cualquier otro habitante de esta patética villa y eso no va a cambiar por mucho que le lloriquees a tu papi. ¿Estás ya contenta?"

Las palabras de Sasuke habían dejado boquiabierta a la Yamanaka.

"Pero... Sasuke-kun... Yo... Yo soy tu prometida..."

"Bueno, pues yo me paso por el forro nuestro compromiso, ¿entendido? No estoy enamorado de ti, Ino; nunca lo he estado... y nunca lo estaré."

Un súbito brillo se apoderó de los grandes ojos azules de la rubia. Estaba ya el Uchiha preparado para que la joven rompiera a llorar allí mismo cuando se percató de que en la cara de Ino se había dibujado una expresión de furia muy diferente a la de tristeza que el Jounin esperaba encontrarse.

"Es por ella, ¿verdad? ¡¡Es por esa maldita frontuda!!" el entrecejo de la Yamanaka se arrugó "Tú... Tú... ¡¡¡Tú estás enamorado de Sakura Haruno, Sasuke-kun!!!"

Después de pronunciar aquellas palabras, la rubia no pudo contenerse un segundo más y varias lágrimas empezaron a descender por sus mejillas. El joven heredero, el cual se había quedado algo pensativo, se limitó a mirar a Ino fijamente y casi sin parpadear.

"No metas a Haruno en esto." musitó el Uchiha, al cabo de unos cuantos segundos.

"¿¿Cómo quieres que no la meta en esto?? ¡¡¡Yo lo vi!!! ¡¡Vi cómo os besabais!! ¡¡¡Lo vi con mis propios ojos!!!"

"Te equivocas, Ino. Fue un malentendido." la mirada de Sasuke se entristeció durante unas breves décimas de segundo "Haruno no quería que la besara: lo hice sin su consentimiento... La besé a la fuerza. No le eches a la ella la culpa de todo este asunto porque te estarás engañando a ti misma. Si yo no estoy enamorado de ti, es simplemente porque me pareces insoportable. No intentes buscar otro motivo: no lo hay."

"Sasuke-kun... ¿Por qué... me haces tan... tanto daño?" balbuceó la rubia, entre sollozos.

"Tan sólo soy sincero contigo. Ya que de nada sirve que te esté evitando continuamente y que te fulmine con la mirada cada dos por tres, supongo que lo ideal es dejar las cosas claras de una vez por todas. Ahora, si me disculpas, debo partir hacia la Villa Oculta de la Arena."

Había dado ya el Jounin media vuelta y se había dispuesto a marcharse de allí cuando la Yamanaka, quien, algo sorprendida, había alzado la cabeza y había fijado sus ojos en la nuca del moreno, dijo:

"¿Hacia la Villa Oculta de la Arena? ¿Para qué?"

"Tengo que llevar a cabo una misión." respondió el joven heredero, sin ni siquiera girarse.

Acto seguido, Sasuke dio un salto y se colocó encima de una de las ramas de un árbol cercano. En pocos segundos, el chico abandonó los terrenos del clan Uchiha y desapareció del campo visual de Ino. La chica se quedó allí de pie, sin apenas moverse. El viento que soplaba en los jardines del prestigioso clan se llevó algunas de las lágrimas que seguían emanando de los ojos de la rubia. Tras agachar la cabeza muy despacio, la Yamanaka se abrazó con fuerza a sí misma. El hombre de su vida acababa de hacerle trizas el corazón.

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El uniforme de Jounin de Fugaku Uchiha todavía le sentaba perfectamente bien a su dueño. Pese a que ya hacía muchos años que no se lo ponía (pues, desde que se había convertido en el patriarca del clan Uchiha, apenas había vuelto a realizar misiones por culpa de todas las obligaciones que tenía que hacer), parecía que seguía siendo de su talla. Dentro de aproximadamente veinte minutos, Fugaku y otros Jounins de Konoha iban a viajar hacia la Villa Oculta de la Arena. Al Uchiha le daba exactamente igual el hecho de que los de la arena estuviesen en peligro, mas tenía que ir a aquella villa para comprobar con sus propios ojos si realmente Tsunade y Jiraiya tenían razón cuando afirmaban que lo más probable era que el mayor de sus hijos se hubiese unido a Orochimaru.

"Itachi... Precisamente tú... ¿Cómo has podido llegar a esto?" pensaba el patriarca del prestigioso clan, mientras se equipaba con todo lo que creía que iba a necesitar a la hora de combatir.

Una vez hubo cogido todo lo que le podía hacer falta cuando se hallase en la Villa Oculta de la Arena, Fugaku abandonó su dormitorio y se dirigió hacia su despacho personal. Allí era donde guardaba una de las armas más preciadas que había heredado de su padre: se trataba de una katana que había pertenecido al clan Uchiha durante muchísimas generaciones, lo cual la convertía en un objeto de gran valor. Fugaku no había utilizado demasiadas veces aquella katana que tanto significaba para él, pero sabía que aquella ocasión era especial y que resultaba muy posible que la necesitara durante alguna pelea. El Uchiha buscó y rebuscó el arma por todo el despacho. Estaba convencidísimo de que tenía que hallarse allí, ya que él mismo recordaba haberla escondido en la parte trasera de una de las estanterías de la sala. Sin embargo, la katana no apareció por ningún lado. Se encontraba ya Fugaku al borde de un ataque de nervios cuando alguien llamó con los nudillos a la puerta del despacho.

"Adelante." el Uchiha puso en su sitio los libros que había sacado de los estantes, al tiempo que trataba de aparentar que todo transcurría con normalidad.

Detrás de la puerta del despacho apareció la figura de Mikoto, la esposa de Fugaku. El patriarca del prestigioso clan suspiró.

"Ah, Mikoto, eres tú... Pasa, pasa..." murmuró Fugaku, centrándose de nuevo en su tarea de encontrar la katana que tanto necesitaba en aquellos instantes.

"Fugaku, tengo que hablar contigo... Es sobre Sasuke..." daba la impresión de que Mikoto se hallaba seriamente preocupada.

"Eso puede esperar. Ahora mismo tengo cosas más importantes por las que preocuparme que por Sasuke, créeme."

Fue justo en aquel momento cuando Mikoto se dio cuenta de que su esposo iba vestido con su uniforme de Jounin. Aquel detalle le llamó bastante la atención.

"¿Qué haces vestido así, Fugaku? ¿Vas a algún sitio?"

"Sí, estaré algunos días fuera de la villa; pero no es por ningún tema grave, tranquila." Fugaku no quería que su esposa se preocupara más de lo que ya parecía estar "Por cierto, ¿sabes dónde está mi katana?"

"Creo recordar que Itachi se la llevó hace una semana. Dijo que la necesitaba para una misión." contestó Mikoto.

"¿¿Cómo dices?? ¿¿¿Itachi se la llevó???"

"Supuse que no te iba a molestar y yo misma le di permiso para que la cogiese, Fugaku. ¿Para qué la necesitas?"

La respuesta por parte del patriarca del clan Uchiha, cuyo rostro había quedado completamente desencajado, tardó algunos segundos en producirse.

"Solamente quería limpiarle un poco el polvo." mintió Fugaku, intentando evitar mirar a su esposa directamente a los ojos.

"Ah, claro... De todos modos, me gustaría hablar contigo sobre Sasuke, Fugaku... He visto cómo se marchaba de aquí hace poco más de una hora y..."

"Mikoto, sabes de sobras cómo es Sasuke." el patriarca del prestigioso clan no dejó que su esposa terminase la frase "Él siempre va a lo suyo. Probablemente haya ido a realizar una misión con su equipo de Chuunins. No hay de qué preocuparse."

"Ya, pero... Hoy precisamente ha venido la hija de Inoichi a comer con nosotros y supongo que querrá que Sasuke esté presente durante la comida..."

"Bueno, pues ya verás como viene a la hora de comer. Sasuke no es de los que adoran pasearse por ahí con el estómago vacío." Fugaku trataba de quitarle hierro al asunto.

"Pues yo dudo mucho que Sasuke-kun esté con nosotros durante la comida del mediodía." masculló la voz de alguien que se encontraba al otro lado de la pared.

Algo sobresaltados, los señores Uchiha se giraron para averiguar quién era la persona que, escondida detrás de la puerta, había estado escuchando su conversación. Como para responder a la pregunta que tanto Fugaku como Mikoto se estaban formulando mentalmente, Ino entró en el despacho. La rubia tenía muy mala cara y daba la sensación de que había estado llorando hacía escasos minutos.

"Lo siento de veras..." se disculpó la joven "Estaba paseando por el pasillo y no he podido evitar escuchar que..."

"No importa, Ino." la interrumpió Mikoto, dulcemente "¿Qué es lo que has dicho sobre Sasuke?"

"He dicho que no creo que vaya a venir a la hora de comer..."

"¿Por qué dices eso?" preguntó Fugaku.

"Porque se ha ido a la Villa Oculta de la Arena."

Los ojos del patriarca del clan Uchiha se abrieron como platos.

"¿¿¿Adónde dices que ha ido Sasuke???"

"A la Villa Oculta de la Arena." repitió la Yamanaka.

Una repentina palidez se extendió por la cara de Fugaku. Mikoto e Ino se quedaron mirándole con una expresión de confusión dibujada en sus rostros.

"Fugaku... ¿Te encuentras bien?" Mikoto se había acercado hacia su esposo con cautela.

"No." respondió el patriarca del prestigioso clan "Tengo que irme."

Sin ni tan siquiera despedirse de las dos personas que se hallaban junto a él en el interior del despacho, Fugaku abandonó la sala apresuradamente. Mikoto y la Yamanaka no se atrevieron a romper el silencio que se había producido entre ellas, así que se limitaron a clavar sus respectivas miradas en la puerta tras que la acababa de desaparecer el patriarca del clan Uchiha.

Breve aclaración: Lo de la katana que lleva varias generaciones en el clan Uchiha es pura invención mía xP.

Aunque esta vez tampoco haya habido mucho SasuSaku, en este capítulo han quedado resueltos varios enigmas relacionados con Itachi, entre otras muchas cosas; así que espero que os haya gustado y que me enviéis algún que otro review para hacerme feliz nOn. Espero no tardar demasiado en subir el siguiente capítulo...