Y, bueno, después de mi singular…"presentación" con la comunidad mágica, mi generación y otros a quienes no tendría que soportar durante clases, me di cuenta de que no me dejarían en paz hasta que ya no tuvieran que "soportarme". Simplemente, al subir a los botes para cruzar el lago, todos los idiotas (porque no se les puede llamar de otra forma) que iban en el mismo bote que yo iban haciendo comentarios acerca de mi como si yo no pudiera escucharlos…

-Digo, mírala… ¿Crees que alguna vez se cepille el cabello?

-¿Y viste como venía vestida en la tarde? Por Dios, si yo tuviera eso en mi guardarropa me suicidaría…

-No, pero nada como lo que dijo acerca de las casas… Como si ya lo supiera todo…

Decidí no prestar atención… Después de todo, nadie me aseguraba que se quedarían en la misma casa que yo… Más bien, esperaba que no se quedaran conmigo.

Al llegar al castillo fuimos recibidos por la profesora de Transformaciones, la profesora McGonagall. Nos dio la bienvenida, nos explicó acerca del sistema de casas… Pero se veía algo tensa y ligeramente preocupada. Se retiró y tuve que soportar más a mis compañeros… Bueno, al menos hasta que alguien les puso un alto.

-¿Que no pueden dejarla en paz?- la voz que dijo eso vino de un lugar cercano a la puerta de entrada a la sala donde nos metieron. Volteé y vi por primera vez a Ginny Weasley. Ahora que lo pienso, en ese entonces se veía más pequeña y menos segura de sí misma. De hecho parecía bastante nerviosa, pasando por alto el punto de que estaba roja ya fuera por la indignación o por los mismos nervios. Los chicos que me habían molestado la voltearon a ver también con desdén.

-Bueno, miren a quien tenemos aquí… -dijeron comenzando a rodearla. Ginny los miró aparentando seguridad, pero sus ojos la desmentían. La observé con curiosidad mientras los tipos continuaron – Una Weasley… Es extraño… Pensé que no tenían niñas en la familia…

-Pues te equivocaste…- dijo ella desafiante, mucho más roja y un poco más segura - Eso solo demuestra lo torpe que eres…

-¿Ah, sí? Veremos quien es el torpe, traidora de sangre…- el líder del grupito se acercó peligrosamente a Ginny. Fue entonces que decidí entrar de nuevo en la conversación.

-Disculpen¿no sería mejor que se alejaran de ella?... – me voltearon a ver claramente confundidos (imbéciles ¬¬) pues parecían haberse olvidado de mi por completo. Continué. – Realmente están limitando su espacio vital… Y eso puede provocar la aparición de granos de pus que son muy dolorosos… No sólo en ella…- agregué con malicia, pues lo que estaba a punto de decir no era real - También en ustedes pueden aparecer si explotan y les cae la pus encima.

Después de eso no volvieron a molestarnos ni a mi ni a Ginny. Solamente nos miraban con algo de miedo de vez en cuando mientras avanzábamos entre las mesas hacia el banquillo con el Sombrero Seleccionador, detrás del profesor Flitwick, de Encantamientos.

El Sombrero estaba en mi cabeza… Por fin había llegado el momento de la verdad… Comencé a escuchar una vocecita en mi oído… la misma vocecita que había cantado hacía unos momentos.

-Mmmh… Esto es difícil… Bastante difícil… Eres inteligente, muy inteligente y también muy curiosa… Hasta cierto punto, un poco crédula, aunque siempre buscas la verdad… Pero también veo que eres valiente y que estás dispuesta a darlo todo por las personas que se lleguen a ganar tu cariño, que suelen ser muy pocas. Eres leal y sincera también y no soportas la injusticia… Tienes talento para muchas cosas... si se te apoya puedes adjudicarte grandes méritos… y puedes lograr lo que te propongas sin importar que se te diga lo contrario… Una decisión muy difícil…

Como no veía avance y sentía que había estado sentada en ese banquillo por mucho tiempo, comencé a hablar.

-Tal vez yo podría ayudarle… -susurré- No me voy a ir con rodeos: me fascinaría estar en Ravenclaw. Honestamente, ninguna casa me llama más la atención. Siento que tengo la capacidad y la inteligencia para que me vaya bien, además de que espero encontrar gente pensante, tolerante, con la mente abierta y dispuesta a entablar conversaciones coherentes y no acerca de las cosas superficiales…- pensé un momento y concluí -Creo que es la mejor casa para mí…

El señor Sombrero no dijo nada por un momento (porque eso es el Sombrero Seleccionador: un hombre muy longevo en quien Godric Gryffindor confiaba y a quien convirtió en sombrero para que sorteara a los alumnos de Hogwarts en sus casas cuando él y los demás fundadores ya no estuvieran) y por fin escuché el grito de¡¡¡RAVENCLAW!!! Al mismo tiempo, la mesa de mi nueva casa rompió en aplausos y vítores. Me acerqué contenta y me senté mientras mis compañeros me daban la bienvenida… Fui muy feliz en ese momento… Tanto, que se olvidó que todos hacían eso por compromiso, por diplomacia, por no quedar en mal con la comunidad estudiantil ni con los demás chicos de nuevo ingreso…

Apenas empezaba lo pesado.