Disclaimer.- Ninguno de los personajes de Kyou Kara Maou son de mi propiedad.
Warning.- Contenido cítrico.
Agridulce Simpatía
IV
Belleza
- ¿Cómo que hace oficial su propósito de tener al prometido de nuestro rey como prometido suyo¡Esto es una locura! – fue la voz ronca de Gwendal la que estalló primero.
- No es ninguna locura, mi estimado Gwendal, por lo que he podido observar, su Majestad y el noble Wolfram llevan más una buena amistad que una relación de compromiso marital – señaló Belgant.
Yuuri se mantuvo en silencio, era verdad, Belgant lo había notado. Mentiría si dijera que no tenía ganas de romperle la cara a ese desgraciado, pero se contenía. Debía callar de otra forma a ese blenzis y dejarle claro de una buena vez que Wolfram no entraría en ese trato.
Incluso si hablábamos de guerra.
- ¡Eso no es de su incumbencia! – apuntó Gwendal –. Esa es la vida privada de su Majestad y su prometido. En todo caso, no le toca a usted decidir con quién se comprometerá Wolfram.
- Eso es verdad – interrumpió Yuuri cruzándose de brazos –. Yo no forcé a Wolfram a tener un compromiso conmigo.
Belgant abrió mucho los ojos al captar la indirecta de Yuuri¿sería verdad que había sido por decisión de Wolfram el quedarse comprometido con el Rey? Debía ser mentira, no era posible que Wolfram le hubiera olvidado tan fácil.
- Entonces¿qué propone, mi estimado Rey? – inquirió el ojiazul con una sonrisa.
Yuuri sonrío de forma socarrona y miró fijamente a Belgant.
- A pesar de ser el Rey, no voy a forzar a Wolfram a que continúe siendo mi prometido. La decisión quedará en él – declaró –. Puede tratar de conquistarle y si me entero que se ha sobrepasado con él, no dudaré en declararle la guerra y matarle ahí mismo.
Gwendal se desconcertó ante la mirada amenazadora con la que Yuuri casi fulminaba a Belgant, el cual sólo sonrío y asintió.
- Me parece un trato maravilloso – dijo mientras se levantaba de su asiento –. Después de todo, su Majestad es una persona de muchas agallas.
"Lástima que no puedo decir lo mismo", pensó Yuuri mientras tomaba la mano que Belgant le tendió.
- Este será nuestro trato, y un secreto además de todo – aseveró el blenzis con mirada firme.
- De acuerdo – aseguró Yuuri.
- Nos vemos entonces, su Majestad – se despidió el ojiazul, saliendo junto con su acompañante.
- ¡¿Me puedes decir qué diablos acabas de hacer?! – reprochó Gwendal una vez que ambos tipos se habían marchado.
- Acabo de hacer el trato por el que ese arrogante se arrepentirá toda su vida – informó el pelinegro mirando con rencor hacia la puerta.
Gwendal se abstuvo de seguir reprendiendo a Yuuri y solamente negó con la cabeza.
- Ojalá no te arrepientas de lo que acabas de hacer y te advierto que si Wolfram sufre, no necesitaré ser yo quien tome venganza por él… – aseguró el espadachín.
- Lo sé, pero no sucederá. Además, esto es el hecho que sirve como hincapié para mis verdaderos planes – murmuró para sí mismo luego de que Gwendal le dejara solo.
"¿No crees que esto es arriesgado?"
- No, no lo es.
"¿Cómo puedes asegurarlo?"
- Confío en Wolfram.
Entretanto, el rubio ojiverde se encontraba sentado en la orilla del Gran Lago de los Jardines Traseros del Palacio. Conrad, sentado a lado suyo, observaba el estado ausente en el que su hermano se mantenía tan sumergido.
No le gustaba esa actitud en Wolfram, las cosas con Yuuri sólo hacían que su hermano cediera cada vez un poco más al abatimiento, parecía enfermo. Siempre renuente a hablar de las cosas, ya no se enojaba, parecía sencillamente estar resignado. Y no le gustaba que el controlador del fuego adoptara esa actitud que le consumía.
- ¿Wolfram? – se atrevió a llamarlo.
El rubio no respondió ni tampoco lo miró. Conrad apartó la mirada y vio junto a sí una bonita flor roja.
- ¿Sabías que las cosas más bellas siempre nos dañan? – preguntó el castaño a su hermano.
Pero Wolfram siguió sin decir nada.
- Se supone que somos seres capaces de apreciar lo que está bien y lo que está mal, lo que es bello y lo que no. Cada vez que vemos algo bello, resulta que o no puede ser nuestro o no podemos sentirlo realmente. Una cosa de belleza corpórea puede ser tocada y siempre sentirás fascinación o admiración por ella, pero ¿qué más? Y te hace daño porque al pensar que te has prendado de ella no ves que en realidad sólo es una obsesión. Y cuando es algo interno es peor, a veces te enamoras más de lo que te causa que de la cosa en sí.
Wolfram volteó a verle con los ojos verdes llenos de curiosidad y Conrad sintió que un nudo se formaba en su garganta. Podía ver a su hermano tan indefenso. Pero debía continuar.
- Por ello, el sufrimiento es parte inevitable de la vida del ser humano. Sin embargo, no siempre es malo¿sabes? Cuando te das cuenta de la situación y de tu error, es más fácil distinguir algo muy bonito que nunca apreciaste por no considerar importante.
- ¿Y qué es eso? – inquirió Wolfram.
- Que cuando algo te deja enamorado pero no por su belleza física o interior, es más especial que toda la hermosura junta y no podrías sentirlo si no fuera porque es correspondido – declaró el castaño con una sonrisa.
Wolfram bajó la mirada.
- Tú no te enamoraste de Yuuri al verlo, ni tampoco al conocerlo – comenzó el castaño –, tú sentiste algo muy fuerte cuando apenas lo vislumbraste. Fue tan intenso que te mantuviste a la defensiva de ello porque no sabías qué era y cuando te diste cuenta, te sentiste feliz y abatido. Pero te diste cuenta de que no te dañaba, era una de esas pocas cosas realmente hermosas que ningún ser podría describir y que por eso no te amenazaba. Y apuesto a que Yuuri también lo sintió.
Wolfram rápidamente volvió su vista a su hermano y vio la sonrisa de ánimo que éste le dedicaba.
- Yuuri ha cometido muchos errores al igual que tú, pero de distinta forma, y, a pesar de todos ellos, no puede cambiar el hecho de que esté enamorado de ti. A estas alturas dudo incluso que quiera cambiar las cosas, podrías verlo si no fuera porque estás enamorado de él y aún ves una belleza que se puede describir y que por tanto te daña la serenidad.
- Pero él no…
- Él no sabe lo que yo te conté, necesita asimilar un par de cosas, pero puedo ver en sus ojos muchas cosas y te las diría de no ser porque odiarías que te viera sonrojado – comentó Wheeler, causando sin querer un sonrojo en el lozano rostro de Wolfram.
Éste sólo apartó el rostro y sonrió tenuemente. Las palabras de Conrad siempre resultaban ser inspiradoras, seguro que en otro momento le había dicho que estaba loco, pero ahora no. Ahora se sentía contento.
- Debo hablar con él – concluyó Wolfram, levantándose.
- Suerte entonces – dijo Conrad.
Wolfram asintió y se marchó rumbo al Castillo, tenía que aclarar las cosas con Yuuri de una buena vez. Debía caer en cuenta de lo que había entre ambos, no importaba si tenía que forzarlo a entender las cosas. Necesitaba una respuesta ya.
Y tan ausente en sus cavilaciones estuvo, que no se dio cuenta de que había chocado con Belgant hasta que éste le tomó de la mano y lo abrazó.
- Estaba buscándote – dijo el ojiazul a su oído.
Wolfram sintió muchos nervios al estar así con él y trató de zafarse sin éxito.
- ¿Pensabas en mi acaso?
Wolfram no quería responder, Belgant todavía le afectaba, pero era más importante Yuuri y éste no debía encontrarles de esa forma. Nada debía salir mal ahora.
- ¡Wolfram! – gritó la voz del Rey con enojo.
Belgant le soltó y Wolfram se sintió aterrorizado por la escena. Yuuri se acercaba a él con paso decidido y el semblante demasiado serio. Ni siquiera miró a Belgant al pasar y hasta que lo tuvo frente a sí, trató de reaccionar.
Pero Yuuri sólo le tomó de la mano y se lo llevó, alejándolo por completo de Belgant con dirección a las habitaciones.
No hubo reclamos ni miradas de veneno o dolor, sin embargo, Yuuri no aflojaba ni un poco ese agarre tan fuerte sobre su mano. Llegaron a su habitación y entonces el Rey le soltó, cerrando tras de sí la puerta.
- Yuuri, yo no…
Wolfram había intentado explicarle al pelinegro lo que había visto, pero éste le calló con un beso casto, se separó de él y le abrazó.
- No sientes con él lo mismo que los dos compartimos aquí¿verdad? – inquirió suavemente el Rey a su oído.
- No – declaró con firmeza el ojiverde.
- ¿Por qué? – preguntó Yuuri –. ¿Por qué te has enamorado de mí si Belgant había sido primero?
Wolfram le estrechó en su abrazo y colocó su mentón sobre su clavícula.
- No lo sé, simplemente pasó y lo que me llevó a aceptarlo fue el conocer quién eras – confesó el rubio.
Yuuri sonrió a más no poder y se separó un poco de su prometido, mirándole fijamente a los ojos.
- Yo no quiero soltarte, no quiero dejarte ir nunca – murmuró para luego tomar los labios del rubio.
Wolfram correspondió a ese beso y sostuvo al pelinegro por la cintura, mientras Yuuri le abrazaba por la nuca y continuaba hablándole sin palabras. Confesándole a Wolfram todo ese atiborramiento de sentimientos del que siempre era presa cuando estaba cerca de él.
Y pronto la ropa estorbaba.
Yuuri había bajado las manos para desabrochar la ropa de Wolfram mientras éste repartía besos en su cuello y le ayudaba a desvestirse. Ante cada descubrimiento de nueva piel de porcelana, Yuuri depositaba caricias firmes y gentiles, estremeciendo al rubio con cada toque. Y de nuevo la unión con un beso en medio del cual Wolfram llevaba a Yuuri hasta la cama y le recostaba suavemente, quedando sobre él.
- Creo que sabes que te amo – murmuró Yuuri contra los labios del rubio.
- Sólo necesitaba estar seguro – respondió el ojiverde.
Wolfram coló sus manos entre las ropas del Rey, acariciándole y sonriendo con cada gemido que el pelinegro se dedicaba a soltar, sofocando los sentidos de Yuuri aún más cuando le atraía hacia sí para besarle.
Ocurrió que Yuuri arqueó su cuerpo al sentir sobre su pecho desnudo la boca demandante de Wolfram y con ello rozó ambas intimidades, haciendo que ambos dejaran salir ruidos poco tranquilizadores.
- No sabía que querías ir tan pronto – dijo Wolfram con una risita.
Yuuri se sonrojó, pero no se dejó amedrentar del todo.
- Parece que tú tampoco sabías que querías ir tan pronto – advirtió.
Wolfram sonrió y volvió a besar a Yuuri.
- Hagamos algo al respecto entonces – propuso el ojiverde con voz ronca.
Yuuri se supo completamente fuera de la realidad cuando Wolfram le quitaba los pantalones rozando suavemente su masculinidad. Trataba de contener los gemidos que pugnaban por salir, pero su resistencia menguaba conforme Wolfram succionaba y chupaba su cuello, cada que sus manos viajaban por su cuerpo y se detenían apenas un instante en su miembro totalmente despierto.
No era justo, esa era la resolución.
El pelinegro entrelazó sus dedos con los de Wolfram y subió un poco, tomando los labios de Wolfram y luego la piel nívea del cuello.
Wolfram gimió y advirtió las acciones de Yuuri, volvió a recostarlo con su peso y llevó las manos todavía entrelazadas hacia arriba de la cabeza de éste y le sujetó las muñecas con una sola mano para luego bajar la otra y comenzar una parsimoniosa caricia sobre la masculinidad despierta del rey.
Yuuri no pudo aguantar el gemido sonoro que salió de sus labios y arqueó su cuerpo aún más al momento en que Wolfram mordía levemente su cuello.
Wolfram le soltó y se acomodó mejor sobre su cuerpo, ocasionando que ambas hombrías se rozasen y aumentasen con ello los choques eléctricos recorriendo sus cuerpos.
- Wolf… ya no… soportaré más – declaró el pelinegro mientras estrujaba con sus manos las sábanas debajo suyo.
Wolfram lo sabía y no tardó en dejar ese vaivén de caderas, desilusionando por completo a Yuuri.
- Yo no sé si tú…
- ¿A estas alturas y todavía te atreves a preguntarlo? – dijo Yuuri con el rostro completamente encendido y mechones de cabello pegados a su frente.
Wolfram sonrió y apartó algunos de ellos.
- Mírame entonces – pidió y Yuuri atendió su llamado.
Wolfram llevo su propia mano hasta sus labios y probó tres de sus dedos como si del dulce más delicioso se tratase.
Yuuri le observaba completamente embobado, Wolfram era tan… sexy. No se percató del momento en que éste había llevado su mano hacia debajo de ambos, pero sí sintió cuando uno de esos dedos acariciaba su entrada.
El pelinegro dio un respingo al sentir la repentina invasión tan incómoda. Sus mejillas ardían y ni hablar de su cuerpo, la escena parecía haber sido el más fuerte afrodisíaco que conocía. Se abrazó a la nuca del Wolfram y éste se acomodó entre sus piernas mientras introducía un segundo dedo y dilataba mejor esa cavidad.
- Ah… Wolf… - gimió el Rey al sentir el tercer dedo y cómo estos tocaban a ratos un punto demasiado sensible que le hacía arquear la espalda.
Wolfram ahogaba muchos de esos gemidos con los besos que le daba y entonces el momento llegó. Lo supo cuando Yuuri había comenzado a mover sus caderas a un ritmo suave.
- Prometo no dañarte – murmuró chocando su frente contra la del rey.
Yuuri asintió y enfocó sus sentidos en el beso que le robaba a Wolfram, mientras el rubio se adentraba en la entrada que le acogía a la perfección.
Yuuri sentía que le abrían en dos, pero de forma perversa ese dolor sólo incrementaba el ardor de su cuerpo y esa necesidad de sentir a Wolfram moviéndose dentro suyo de una buena vez. Si iba a sentir dolor, que fuera ya y mayor.
Wolfram sintió esa tensión del cuerpo de su amante y no evitó que los gemidos escaparan de sus labios cuando Yuuri comenzaba a moverse.
- ¿Yuuri…?
- Hazlo ya, Wolfram…
No tuvo que esperar más y comenzó a embestir a Yuuri.
Los susurros con el nombre de ambos iban en aumento, tanto como el torrente de sensaciones indescifrables. La imperiosa pasión era descargada en cada nuevo remeter de Wolfram y el amor cegaba mucho. Yuuri podía sentir en cada fibra de sí una corriente de descarga eléctrica que le hacía alucinar y en medio de todo siempre estaba Wolfram.
Wolfram por su parte podía sentir a la perfección esas confesiones de Yuuri, el verlo gemir de forma desenfrenada, las mejillas encendidas y el movimiento de acoplamiento para unirse y fundirse en uno al final.
No era un placer individual, era mutuo, así como su amor.
Tanto, que ninguno de sus cuerpos podían con el tortuoso e idílico placer que delataba el tórrido fuego que les envolvía. Asfixiaba y cada vez más los sentidos se perdían.
Hasta que la última embestida y el punto de no retorno fue alcanzado. El rostro del deseo les hizo sus presas y la gloria explotó en millones de colores y montones de sensaciones indescifrables. Tan sólo un momento que bastó para robarles el aliento por completo y después desapareció, dejándoles llenos por completo.
Yuuri se había aferrado al cuerpo de Wolfram con fuerza y había clavado sus uñas, dejando rasguños por la nívea espalda. Se sintió apenado y Wolfram sonrió, tratando al igual que el otro de calmar sus respiraciones.
Wolfram se colocó a lado de Yuuri y le atrajo hacia sí, abrazándole por la cintura.
- ¿Crees que podamos repetirlo de nuevo? – preguntó Yuuri con una sonrisa.
Wolfram se giró sorprendido a verlo.
- ¿No te has cansado? – inquirió el ojiverde.
- El punto será no levantarnos mañana en todo el día… - advirtió Yuuri colocándose encima de su prometido.
Wolfram rió y le besó suavemente.
- Estos rasguños… tienes que pagar por ellos – advirtió con voz extremadamente sensual que hizo a Yuuri estremecerse por completo.
Parecía que otra ronda se acercaba y ni qué decir de cómo la recibirían los cuerpos de rebosante juventud…
CONTINUARÁ…
Gracias por leer y por sus reviews. Perdonen la tardanza y nos veremos en el siguiente capítulo.
Besos.
Naomi Eiri.
