El día que cumplió 18 años jamás se le borraría de la memoria. Ese día finalmente abandonaría el centro juvenil en donde había ido a parar gracias a su hazaña de intentar incendiar la casa de su maestra de Matemáticas.
Habían sido ocho largos años metido en aquel lugar húmedo y en donde las noches de invierno parecían más largas y frías de lo normal. En todo ese tiempo el mundo exterior se había olvidado que alguna vez Theodore Bagwell hubiese existido... ni siquiera su padre se había dignado a visitarlo. Ese hombre vulgar y maloliente que siempre había creído que su hijo llegaría a ser alguien importante, lo había anulado por completo de su vida... no era que él lo necesitara ni mucho menos... pero no podía evitar sentirse mal cuando las familias de los demás niños venían una vez por semana cargados con dulces y juguetes... cargados de besos y mimos... los mismos que le fueron negados desde que tenía uso de razón. Su padre le decía que lo amaba... pero él comprendió, siendo ya un adolescente que el amor que su padre decía sentir por él, era algo enfermizo... una dependencia emocional que solo lo hacía sentir más inseguro.
No había una noche en el centro en que no recordara las fatídicas noches en donde dormir podía inspirar el miedo más atroz... cuando era niño oraba cada día para que las noches nunca llegaran, para que la puerta de su habitación no fuera abierta de manera furtiva, para que su padre no se acercara a su cama...
" Tu vas a ser presidente de los Estados Unidos, Teddy" le decía una y otra vez, como si aquellas palabras pudieran apagar el dolor y la rabia que se apoderaban de él cada vez que su padre abandonaba su habitación luego de demostrarle, según él, el amor que todo buen padre siente por su hijo.
En aquel lugar, y luego de varios meses pudo finalmente perder el temor a dormir... pero despertaba cada noche bañado en aquel sudor frío que ya se había convertido en una parte de su vida... luego cuando no podía conciliar el sueño, estiraba su mano y buscaba debajo de su cama lo único material que conservaba de su pasado. Un viejo libro con varias anotaciones en él...
" Diez sinónimos, Teddy... dinos diez sinónimos de la palabra destruir"
Abrió y cerró el libro varias veces, queriendo silenciar las palabras que regresaban de su pasado como cada noche.
" Es igual que ella... parece que es algo que viene con los genes..."
Las carcajadas de los amigos ebrios de su padre parecían resonar en la pequeña habitación que compartía con tres niños más. Era como si pudiera oírlas salir de las paredes, sin embargo sabía que aquello no era posible... solo existían en su cabeza...
" Diez sinónimos de destruir: anular, mutilar, liquidar, desintegrar, sofocar, devastar, expurgar, demoler, extirpar... extinguir."
Cada una de esas palabras, escritas una y otra vez en las páginas de aquel libro se mezclaron con las burlas de los amigos de su padre... palabras con las que aprendió a convivir... palabras que se convirtieron en su característico vocabulario.
"- ¿ Por qué no estás estudiando, Teddy?
- Porque estoy cansado... porque me siento como uno de esos del circo
- Es por tu propio interés ahora... un día vas a ser presidente... recuérdalo bien"
Después de tantos años seguía sintiendo la mano de su padre bajando y subiendo por su pierna...
Arrojó el libro de un golpe, debía dejar en el pasado lo que pertenecía al pasado. Todo aquello debía quedar atrás... empezaría una nueva vida el mismo instante en que abandonara aquel lugar, además su padre había decidido desaparecer definitivamente de su vida, aunque cada noche volviera a escabullirse entre sus recuerdos.
El día de su salida fue que se lo dijeron.
"- Theodore... lamento informarte que tu padre ha muerto hace unos días"
Ni siquiera se había inmutado con la noticia, ni siquiera sabía como sentirse al respecto... una extraña mezcla de sentimientos nuevos para él... ni una sola lágrima, ni una sola palabra por decir...
"- Tu madre será enviada a una institución en donde será atendida adecuadamente"
¿ Tu madre?... Aquel hombre calvo debería estar divagando... su madre había muerto cuando él tenía tan solo unos meses de vida...
"-Mi madre está muerta, señor..."
"- No, Theodore... tu madre está viva y es la mujer que siempre has creído tu hermana..."
Las palabras insensibles de aquel hombre fueron como disparos directos a su corazón... la mujer que él siempre había ignorado, la que siempre vivía en su propio mundo y que nunca lo había defendido no podía ser su madre... siempre había sido como un mueble más en la casa y su padre se encargaba cada día de hacérselo saber...
Ahora, cuando deseaba empezar de nuevo y enterrar su pasado, debía enfrentarse a una historia que su propio padre se había encargado de disfrazar para él...
Abandonó el centro juvenil cargando solamente una mochila y un manojo de recuerdos que insistían en perseguirlo. Sabía que tendría que aprender a convivir con ellos... convivir también con el dolor y la ira que habían alimentado su alma durante aquellos ocho años de su vida.
Caminó por las calles sin rumbo y aspirando la brisa de aquella tarde de otoño como si fuera la primera y la última vez que lo haría. No sabía dónde iría, ni lo que haría de su vida a partir de allí... solo quería disfrutar la sensación de respirar en libertad nuevamente... luego se encargaría de pensar cual serían sus propios pasos... solo una cosa era segura... debía descargar toda la rabia y el dolor que llevaba dentro, no soportaba ya la necesidad imperiosa de mojarse las manos con sangre...
No demoró mucho tiempo en saciar aquella necesidad siniestra... en una ciudad grande un joven como él podía pasar desapercibido y mezclarse entre la gente... un alma descarriada como él podía redimir su historia de la única manera que él sabía... haciendo que los demás experimenten su mismo tormento.
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