Capítulo 5

Era una sensación que nunca olvidaría. Habían transcurrido dos semanas desde el ataque a Roseanne y todavía podía sentir el olor de su sangre impregnada en las palmas de sus manos. Supo al día siguiente que ella había logrado sobrevivir y todos en Conecuh County hablaban del hecho... todos hablaban de él.

Se sintió extraño cuando se enteró a través de la radio que Roseanne luego de pasar varios días en terapia intensiva se había salvado y que lo primero que había dicho fue su nombre.

Se sintió como un artista cuya obra de arte había quedado inconclusa, un trabajo hecho solo por la mitad... abandonado justo en el mejor momento... si sus padres no hubieran aparecido, ahora no se sentiría de aquella manera y su labor habría tenido el instante cúspide que todo artista busca al dar inicio a sus obras... el toque final que le había sido negado.

Llevaba casi dos semanas escondido en aquel lugar; una casa derruida y abandonada en las afueras del pueblo. Todo el mundo lo estaba buscando y aquel sitio era perfecto para ocultarse. Su primo Jimmy era el encargado de traerle algo de comida y se quedaba con él cada tarde hasta la caída del sol cuando nuevamente volvía a quedarse solo con la única compañía de una vieja radio a transistores que el padre de Jimmy le había regalado a su hijo. Theodore estaba a salvo, confiaba ciegamente en su primo y sabía que podía contar con él. Ambos habían sido los mejores amigos de niños y cuando crecieron y se separaron, sus caminos no fueron muy diferentes.

Jimmy alardeaba sin avergonzarse de las veces que había robado coches en las afueras del estadio de béisbol o de cuando había asaltado la licorería del viejo Smith.

Pasaban el rato presumiendo de sus fechorías y de las cosas que podían haber hecho si hubiesen seguido juntos y sus carcajadas resonaban en las paredes de la vieja casa que parecían querer derrumbarse de un momento a otro.

Fue en una de esas charlas que Theodore le contó lo que el director del centro juvenil le había informado el día que abandonó aquel lugar.

- ¿ Tu hermana... en realidad era tu madre?- Jimmy apenas podía creer lo que salía de la boca de su primo.

Theodore asintió mientras sonreía con amargura.

- Así es, primo... esa mujer a la que nunca nadie le prestó atención...-.

- Bueno...- dijo Jimmy rascándose la cabeza- Hubo alguien que sí le prestó atención, primo-.

Theodore le devolvió la mirada pero no pronunció palabra.

- Evidentemente tu padre abusó de ella; no hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta de ello...-.

Theodore seguía mirándolo intentando adivinar lo que su primo quería decirle en realidad.

- Teddy... ¿ él... él nunca, ya sabes... nunca intentó nada contigo?- preguntó tímidamente.

Theodore entrecerró los ojos y bajó la mirada, clavando sus fríos ojos en un punto imaginario.

- ¡ Jamás!- respondió levantando la voz- ¡ Jamás le hubiera permitido hacerme algo así!- mintió.

Nunca había hablado de aquel asunto con nadie y sentía que si lo hacía, volvería nuevamente a experimentar la misma humillación que le quemaba el alma cada vez que esos horribles recuerdos regresaban para atormentarlo.

Su respuesta pareció calmar la curiosidad de su primo y ya no volvió a mencionar aquel asunto escabroso, aunque algo le decía que a pesar de su respuesta firme y segura, él no le había dicho la verdad.

Pero aquellos encuentros que compartía con su primo tuvieron un final. Exactamente veinte días después de la agresión a Roseanne y en medio de la noche, la policía llegó al lugar.

Lo encontraron tirado en un rincón cubierto con unas viejas mantas que su primo le había llevado. El lugar estaba a oscuras y la potente luz de las linternas que apuntaban directamente a su rostro lo encandilaron, dejándolo inmóvil contra la pared.

-¡Theodore Bagwell, queda detenido por intento de asesinato!-.

Estaba todavía aturdido y aquellas palabras parecían perforar sus oídos.

Dos oficiales se acercaron de inmediato y lograron reducirlo para colocarle las esposas; fue sencillo porque él no opuso resistencia.

- Tiene derecho a permanecer callado; cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra...-.

Ni siquiera oía lo que le estaban diciendo, solo era consciente de que había sido atrapado nuevamente y que solo cambiaría un encierro por otro.

Los oficiales lo observaban; no había dicho una sola palabra y una sonrisa macabra y fría se había instalado en su rostro. ¡ Vaya que era extraño aquel sujeto!

Cuando lo subieron a la patrulla y la sirena empezó a sonar, Theodore se recostó en el asiento y cerró los ojos. Una mezcla de sensaciones se apoderó de él entonces. Odiaba ser atrapado y que no le permitieran continuar con lo que había empezado, sin embargo un sentimiento surgió por primera vez... la sensación de querer ser detenido, la sensación de que alguien acabara con todo para siempre... poner fin a la tragedia que había sido su vida hasta ese momento.

Respiró hondo, apretó los ojos fuertemente y en unos segundos logró relajarse... tal vez ahora sí había una manera de deshacerse de su pasado y empezar una vida nueva... si tan solo lograra olvidarse de la sensación de placer que le provocaba recordar sus manos bañadas en sangre...

Abrió los ojos y miró las palmas de sus manos fijamente y hasta creyó ver que se habían teñido de rojo una vez más... sacudió la cabeza y volvió a mirar... no había nada allí; solo sus manos esposadas descansando en su regazo.

Comprendió entonces que ni siquiera una prisión de máxima seguridad podría detener a un monstruo como él... ¿ cómo podrían unos barrotes de hierro detener la furia y las ansias de matar que emanaban de lo más profundo de su ser?

Solamente dos cosas podrían acabar con su enferma necesidad de mojar sus manos con sangre una y otra vez...matar o morir.

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