Capítulo dedicado a Cris Granger, por todo su apoyo, sus frikadas, las ideas compartidas en bancos en mitad de la calle, las patatas fritas, los helados y las cocacolas con peta zetas xD

ºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoº

3 – Sábado en Hogsmeade.

Al día siguiente, Lily me despertó tan temprano como siempre. Esta pelirroja chalada jamás respetó el hecho de que los fines de semana, el horario de sueño se alarga hasta las… hasta la hora de irse a dormir, más o menos. ¿Por qué nunca comprendió ese punto? No era tan difícil…

El caso es que Abby estaba que no regía, emocionada por la perspectiva de una cita con mi hermano. Nunca le ha gustado, como chico quiero decir. Vamos, se caían bien y eso, pero nada más. Para ser francos, a Abby quien le hace tilín es Snape, pero como no se atreve a hablar con él, pues la cosa estaba chunga… Pero ella estaba feliz porque uno de los chicos más guapos (bufido) e inteligentes (carraspeo) de la escuela se había fijado en ella y le había pedido una cita. Realmente, y me duele decirlo, en cosas de esas Abby era tan simple como cualquiera de las rubias unineuronales que solían perseguir a Black. Y lo siento por mi amiga, porque de verdad que me dolió insultarla de esa forma.

La pelirroja, por su parte, había aceptado encontrarse con su misterioso chico de los anónimos y estaba que no tocaba el suelo con los pies. Le temblaban las manos de la emoción, pero, claro, es que ya eran muchos años… ¡Bah¿Qué clase de cegata era que ni siquiera se había dado cuenta de quién le enviaba todas esas cartas¡Parecía nueva! (Y, por si alguno de vosotros tampoco se ha dado cuenta, yo no digo nada, jeje, que nunca he sido buena persona y no voy a empezar a estas alturas).

Total, que me despertaron dos histéricas e intentaron histerizarme a mí también pero sin éxito. Con toda mi calma, me duché, me vestí (con cuidado de no apretar mucho el cinturón de la falda para que no me saliesen esos molestos michelines a la altura de la cadera), me peiné y bajé a desayunar. Todavía tenía toda la mañana por delante antes de mi "cita" con Severus. En la mesa Gryffindor, los Merodeadores charlaban animados y bromeaban con un bote de ketchup.

-A veces se me olvida lo adultos que sois – dije yo, a modo de saludo, sentándome junto a Remus.

-Buenos días, ser con el que comparto padres – contestó, sarcástico, él.

-No vas a conseguir molestarme – repliqué yo, con una sonrisa tan falsa como una moneda de tres sickles – Si he soportado a Abby y Lily, te aguantaré a ti.

-¿Qué les pasaba? – preguntó Pettigrew.

-Estaban demasiado nerviosas – me llevé a la boca una cucharada de cereales y mastiqué con lentitud, consciente de que James y Remus estaban pendientes de mis palabras – Lily por la tontería esa de anónimo y Abby por tu culpa – acabé, increpándole a mi hermano.

-¿Está nerviosa? – extrañamente, parecía satisfecho con esa información. Dirán lo que quieran, pero un licántropo es tan retorcido como una mujer.

-Sí. ¡Así que cuidadito con lo que le haces¡Os estaré vigilando!

Black que, fuera de lo normal, se había mantenido callado hasta ese momento, decidió hablar.

- ¿Con quién vas a…?

- ¡Cállate!

Tras el desayuno y que Black insistiese una y otra vez en lo mismo, me marché del comedor. Ni siquiera esperé a Lily y Abby, que se unieron a nosotros poco después de que llegase yo, con sendas caras de idiotizamiento. Desaparecí por uno de los corredores con intención de ir a dar una vuelta cerca del lago, pero hacía un frío que pelaba y en cuanto asomé el morro por la puerta general todas mis neuronas y células corporales se pusieron de acuerdo par negarse a salir, así que regresé a la calidez del castillo. ¿Qué podía hacer en tantas horas como me quedaban?

- ¡Enana!

Otra vez no.

Por favor.

- ¿Te apetece una partida de ajedrez? McGonagall dice que ese es el único deporte que puedo practicar sin peligro de traumatismos – me sonrió Black.

- ¿Sabes? Me acabas de dar una buena idea. Voy a terminar mis deberes de Transformaciones – contesté y, sin más, me marché a la biblioteca.

Ni siquiera me pasé a por pergamino y pluma a la sala común. Ya se lo pediría a la Señora Pince, camelándomela un poco.

ºoºoºoºoºoºoºoº

Dieron las cuatro y, puntualmente, fui al recibidor a buscar a Severus. La mayor parte de la gente ya se había ido por la mañana, así que salimos sin prisas ni nada, charlando con calma. Puede parecer siniestro a veces, pero, en el fondo… nadie se sabe tantos chistes verdes como Snape.

Ni siquiera los amigos de mi hermano.

Total, que llegamos al pueblo de buen rollo, riéndonos, compartiendo bromas, charlando con tranquilidad. Allí, tal y como Severus había pronosticado, estaba todo invadido por parejitas en pleno apogeo de su relación, besuqueándose, susurrándose cochinadas al oído, riéndose por tonterías babosas de esas que siempre comparten los enamorados… Un asco. Y no porque hubiese llegado el día D a la hora H y yo no tuviese pareja, sino porque, realmente, visto desde fuera, todos esos besos ventosa y los manoseos y tal quedan fatal desde fuera.

Ieks.

Pasamos por Honeydukes a abastecernos a base de comida basura (es decir, gominotas, cerveza de mantequilla y toda la variedad de chocolates disponible). Ni siquiera me preocupé porque pronto tuviesen que llevarme rodando a los sitios, un día era un día. A pesar de que luego todo esa grasa se almacenase en mis muslos y mis caderas, comenzase a reventar mis pantalones y a asomar por debajo de mis camisetas. ¡Era San Valentín!

(Excusa patética, cierto, pero tenía que convencerme a mí misma)

Al salir de la tienda nos cruzamos con Lily, que pasó por nuestro lado echando pestes y perseguida por un James Potter con las gafas rotas que le suplicaba que no se marchase. Vi la sonrisilla satisfecha de mi acompañante y yo no pude evitar ahogar una risilla. Es que tenían una pinta… Agarré a Severus de un brazo y me apresuré a seguir a mi amiga, que ahora mismo destrozaba con furia un pergamino que, no sé por qué, creí que era el anónimo del jueves.

-Lils¿qué ha pasado? – pregunté, fingiendo muy bien mi desconcierto.

-¡El capullo este! – gritó ella, señalando a James, que se arreglaba las gafas con la varita.

-¿Qué pasa con él?

-¡Las cartas son suyas!

-Ya¿y?

-¿Cómo que "y"¿Lo sabías?

-Todos lo sabíamos, pelirroja. Era bastante obvio – intervino Snape, imprudentemente a mi parecer.

-¡Tú cállate! – chilló ella, histérica.

Pobrecilla, vaya golpe más duro descubrir que el platónico amor de tu vida es ese chico que lleva años diciendo que tú eres el de la suya.

-Vamos, Lils, respira… - traté de calmarla, rodeándola con mi brazo por los hombros – Respira hondo… Piensa en cosas alegres, conejitos, chicles de fresa, flores de colores…

-…Potter descuartizado, Potter encerrado en una mazmorra, Potter condenado a besar a Slughron, Potter…

-¡YA! Lily, por Merlín, estás asustando al pobre chico – exclamé, señalando a James.

Para que acabéis de pillarlo, Potter estaba sentado en un banco, con las piernas plegadas hacia su cuerpo, abrazándose las rodillas y columpiándose atrás y adelante con la mirada perdida. En esos momentos sí que temí realmente por su salud mental, pero mi amiga parecía dispuesta a arrancarle los ojos si la dejaba, así que volví a mi inquietud inicial: su integridad física.

-Vamos a ver, Lily – empecé, armándome de paciencia – Tú dijiste que el autor de esas notas era un cielo, que querías quedar con él y que era más que probable que te hubieses colgado de él – ella asintió, inconscientemente – y también me has comentado, reiteradas veces, que James está que se sale de culo, espaldas y otras partes – añadí y ella me miró con odio, pero no lo negó.

Ante esa ausencia de negativa, James abandonó su posición de traumatizado y se acercó corriendo con una sonrisa en el rostro y agarró a mi desquiciada amiga por la cintura.

-¿De verdad piensas eso, amor mío?

-¡¡QUE NO ME TOQUES!! – no, rectifico, Lily había pasado de desquiciada a psicótica.

-Por favor, no grites – se oyó un siseo de Severus, que se frotaba un oído – Acabas de dejarme sin uno de mis sentidos de por vida. Sé más considerada, chiflada.

Entre todo lo que había a su alrededor, Lily, reitero lo de pobrecilla, acabó por sentarse en el suelo y echarse a llorar. Y cortó por lo sano mi reproche a Snape, mi reprimenda a Potter y la discusión entre ambos sobre por qué el slytherin no debía dirigirse así al amor prohibido pero que algún día se cumpliría de James.

Todas las miradas se centraron en ella.

-Lils, shhhh… vamos… no llores, por favor – el gryffindor se arrodilló a su lado e intentó consolarla – no me gusta verte así…

-Y – ella hipó – a mí no me gusta – nuevo hipido entre sollozos – que tú me acoses – replicó ella, pero, como todos pudimos comprobar, no había retirado de su hombro la mano del chico. Lily sería la reina del melodrama, pero era lista como el hambre, la jodía.

-¿Quieres que lo deje? Yo no, pero si sólo sirve para que llores…

En ese momento, al verlos tan monos los dos, en el suelo, mirándose fijamente, supe con exactitud lo que iba a pasar, así que agarré a Severus de la capa y lo arrastré todo lo lejos de allí que pude e intenté que no viese que…

-¡¡Se están besando!! – gritó él, espantando pájaros de los árboles cercanos.

-Lo sabía – musité a media voz – Si era obvio que James era el autor de los anónimos, eso estaba aún más cantado. ¿No te parece?

No, por su cara estaba claro que había creído a la prefecta con algo más de cabeza. Suspiré. Bueno, quizás es que yo jugaba con algo de ventaja, por todo eso de que compartimos habitación, oigo sus comentarios en sueños, le robo el diario… Eso último agradecería que quedase entre nosotros.

Caminamos un poco más, ahora ya en silencio. La llegada al pueblo ya había tenido su primera impresión, y había sido una fuertecilla. En un vago intento de recuperar la normalidad con que habíamso salido del castillo, nos instalamos junto a la Casa de los Gritos a comer chucherías llenas de aditivos (que no sé si eso existe en el mundo mágico, pero creo que me da bastante igual). Ahora comprendía de qué quería protegerme mi hermano al decirme que mejor no me acercase a sus amigos. En el fondo, como ya he dicho, Remus es un cielín.

Y, hablando del rey de Roma… por lontananza llegaba, acompañado de mi amiga Abby, que traía cara de diversión y vergüenza. Obviamente, mi queridísimo pariente estaba seduciéndola con alguna de sus anécdotas más viejas que Maricastaña. Un chelín, vale, pero poco original, al fin y al cabo.

Se acercaron a nosotros, ella sonriente y él con cara de pocos amigos dedicada en exclusiva a Snape que, a mi lado, esbozó una mueca de superioridad.

-Hola Lys – me saludó Abby. - ¿Qué tal¿Qué hacíais?

-Sí, eso "Lys" – dijo con retintín esa cosa con la que comparto genes - ¿Qué hacíais? – repitió, con tono peligroso y los ojos brillantes, amenazadores.

Cálmate, hermanito, a ver si vamos a tener un disgusto cubierto de pelo por culpa del estrés.

-Pues nada, aquí, de cháchara – contesté yo, desinteresadamente - ¿Y vosotros?

-Igual, pero dando una vuelta. – respondió Abby, con tranquilidad.

Demasiada, para ser ella.

-No, yo lo preguntaba por el chupetón de tu cuello, pero…

-¿QUÉ? – mi amiga comenzó a toquetearse el cuello, en el que no había nada. Pero acabó confirmando mis sospechas cuando, al percatarse de su fallo, se sonrojó hasta las orejas y fijó la vista en el suelo.

Severus se sonrió, divertido. Yo solté una carcajada. Remus nos miró mal.

-¿Y tú¿No tienes nada que contar?

-¡No de momento! – intervino otra voz, tras de mí y mi acompañante.

De detrás de unos setos, apareció Sirius. Aquello ya era el colmo. Llevaba unos prismáticos en la mano y unas ramitas enganchadas en el pelo, como si se hubiera estado camuflando para…

¡¡NOS HABÍA ESPIADO!!

El muy cabrón… A ver con qué ojos pensaba seguir su tarea si se los sacaba yo con cucharillas de té.

-¿Tú? Lo que me faltaba… - Snape no se creía lo que veía. Normal. ¿Quién lo habría hecho?

-Cállate, Snivellus. Te tengo vigilado – replicó Black, haciendo un gesto que pretendía ser amenazante pero que nos hizo ocultar una sonrisa burlona a todos.

-¿Se puede saber qué clase de triste vida tienes que te dedicas a…? – comencé a enfadarme.

-¡Hace bien! – se metió Remus y le miré de tal forma que, de haber estado transformado, hubiera retrocedido gimiendo y con el rabo entre las piernas literalmente. Luego recuperó un poco de aplomo – Como para dejarte a solas con este… esta… serpiente.

Me encogí de hombros.

-Severus al menos me trata bien. Tu amiguísimo del alma intentó seducirme.

-¿CÓMO? – Remus se giró hacia Sirius, con furia.

-Verás, Moony, las cosas no fueron exactamente así…

-¿LO INTENTASTE CON MI HERMANA¿MI HERMANA¡PERVERTIDOR DE MENORES!

-Por favor, cálmate, razona… ¡Echadme un cable, por favor! – añadió, mirándonos a los demás.

Pero mi hermano tenía un cabreo monumental y la cara de susto de Black era graciosísima y Snape los odiaba a ambos… Bueno, básicamente, ni Dios movió un dedo para echarles un cable y evitar una pelea. De hecho, Abby y yo nos enganchamos por los brazos y nos quedamos mirando cómo Remus sacaba su varita y comenzaba a perseguir a Black por todo el pueblo. En diez minutos dieron cuatro vueltas al perímetro y pasaron por delante de nosotros.

Cuando estaba por llegar ya la quinta, Abby y yo miramos a Severus, que parecía igual de desconcertado que nosotras.

Me encogí de hombros de nuevo.

-¿Nos vamos a tomar unas cervezas de mantequilla? – propuse, con indiferencia ante el grito que Sirius acababa de pegar desde alguna parte cercana a Zonko.

-Vale – respondieron ellos dos.

Y nos encaminamos juntos hacia las Tres Escobas.

Los Merodeadores y Lily tienen razón, soy una lianta.

Por el camino, todavía vimos a la pelirroja recibiendo mimos del gafitas en uno de los bancos de la plaza central. Les hicimos un poco de burla y continuamos caminando.

Y así terminó mi tarde, sentada con Abby y Severus en la taberna, bebiendo algo rico y calentito mientras, por la cristalera, veíamos pasar repetidas veces a Sirius frotándose adolorido diferentes partes del cuerpo y a mi hermano detrás, varita en mano.

Fue un día entretenido, después de todo.

.Fin.

ºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoº

¡Hola!

Bueno, y así termina "De cómo pasé mi último San Valentín en Hogwarts". Espero que os haya gustado, jeje.

Después de todo, Alyson no se aburrió, así que… xD

Ahora os contesto a los reviews que no he respondido :P perdón xD

Baddy: Muchas gracias por tus comentarios, que ya sabes toda la ilusión que me hace que estés en todas mis historias :D espero que te haya merecido la pena leer este fic súper cortito y no hayas desperdiciado minutos irrecuperables de tu vida XD que sepas que me siento muy halagada de que me digas que puedo llegar a alcanzarlas en calidad de autora, porque las dos me parecen alucinantes n.n pero no me lleves a los toros, que no me gustan (son crueles u.u) xD espero verte en mi próximo fic, cuya idea ya se está gestando, tengo el primer capítulo y va de los Merodeadores también, jeje. Prepárate para lo peor a mi vuelta. Besos de Sirius con chocolate! (¿hay algo mejor? xD)

Siara-Love¡¡nena, gracias por pasarte!! Mira que lo he terminado antes de irme, eh? Eso es un punto a mi favor, espero xD el próximo, a mi vuelta del viaje, que serán, entre ida y vuelta, 24 horas de avión, tirando a la baja, así que podré crear muchas cosas, jejejejeje xD besos de cereza!!

Dermiel: sólo tres palabras, me-siento-halagada. Pero no pienso dejar las historias a medias XDD seguiré con mis Dramiones… en cuanto el destino me lo permita xD besos de gofres con nata y caramelo!

Cris: a ti te he dedicado el capítulo, así que no me pidas más XD

Y ahora, acabemos con buen pie… Y un review de todos los que lo hayáis leído, por favor .

Gracias.

Kira.