Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer, no es mío. Los personajes son de Rowling.


— ¿Qué Significa Esto!- chilló colérica.

Slytherins y Gryffindors comenzaron a gritar para hacerse oír. Cada uno con su propia versión. Los profesores se miraron, demasiado acostumbrados a situaciones como aquellas, decidieron interrogar cada uno a sus alumnos en sus propios despachos. Mientras estos, hacían trabajar sus cerebros al máximo, buscando alguna excusa creíble que los librara del inminente castigo. Así, Lily pensaba desesperada que podía hacer y James pensaba desesperado lo que iba a hacer.

A Un Paso Del Vacío

IX

Todos tienen sus secretos

— ...Espero en mi despacho, el próximo viernes a las 7, para cumplir el castigo- terminó Minerva severa. Estaba enfadada. No creía que Lily Evans estuviera involucrada.

Ambos chicos abandonaron el despacho de la profesora de transformaciones, donde ella y posteriormente el profesor de pociones, Slughorn, habían decidido el castigo.

Al salir, los dos voltearon a mirarse, pero inmediatamente bajaron la mirada. Ella comenzó a mirarse los zapatos como si fuera lo más interesante del mundo y a enroscarse un mechón pelirrojo en el dedo. El, con una mano en el bolsillo y otra distraídamente en su cabello, paseaba la mirada por el paisaje que se vislumbraba a través de los ventanales.

— Yo... -comenzó la pelirroja.

— No es necesario que me agradezcas- cortó James antes que ella pudiera decir algo. No le apetecía volver a parecer el héroe frente a ella, no se sentía el mismo que antes presumía sus bondades frente al público femenino. No se sentía el mismo, especialmente luego del incidente en la torre de astronomía.

— No iba a hacerlo- contestó Evans molesta. Inmediatamente su mente formuló un pensamiento distinto acerca del buscador. "Arrogante".

— Ahh...- emitió él con desconcierto.

— Pero si quieres...- añadió ella, cuando ya el silencio parecía algo normal- puedo arrodillarme ante su majestuosa presencia y besarle los pies. Y si eso aun no le basta, su excelencia, puedo ir donde McGo y aclararle que yo fui realmente la que comenzó el conflicto y no tú.

— Evans, no he dicho eso...- intentó complicado Potter- Eso solo que... rayos. Por que todo te lo tomas mal. Digo, no puedes simplemente aceptar que me haya echado la culpa, por que quise hacerlo...

Suspiró cansado.

— Pues no.- declaró ella, siempre orgullosa y terca, antes de marcharse.

— ¡Maldición!

No pasó ni un segundo para que el gryffindor, exclamara furioso y descargara su puño contra la pared.

□□□

Esa noche en la sala común, los cuatro chicos más populares del colegio se congregaban en los sillones más cercanos al fuego de la sala común de Gryffindor para comentar nada en especial.

— ¡...Y dices que les soltó los peores insultos que ni tú ni yo juntos en todos estos años les hemos soltado a los Slytherins y no se llevó ni siquiera un castigo!- exclamó Sirius como tan sutilmente el sabe hacerlo.

— Pues si- murmuró desanimado James Potter hundido en su asiento.

— Pero como es posible- preguntó Remus confuso.

— La culpa es mía...- admitió el buscador.

— ¡Qué¡Por qué?

— McGonagall empezó con su típico interrogatorio- explicó James- y Evans iba a abrir la boca, pero la interrumpí y me culpé. Ella tan sorprendida como estaba no me contradijo. En eso estábamos cuando llegó Slughorn alegando que sus alumnos habían inculpado a Evans pero que él era incapaz de pensar algo así de una de sus alumnas favoritas. Le expliqué yo mi versión, y me inculpé. Le dije que seguramente los slytherins la habían señalado por que como era hija de muggles, etc. Obviamente se lo trago todo, como ama a Evans.

Remus miraba con su inquisitiva mirada al chico a la vez que reflexionaba sobre el relato.

— Lo que no entiendo es por que tu la encubriste- miró ceñudo Sirius. Remus se preguntaba lo mismo.

— Pues... aún me lo pregunto- murmuró James antes de levantarse y anunciar que iba a la cama.

Mientras Peter iba a perseguir a unas niñas de tercero, Remus miraba fijamente a Sirius. Este lo miró, esperando que dijera algo, pero a medida que el tiempo pasaba y el silencio no se rompía, el chico iba poniéndose cada vez más nervioso. Cuando Remus ponía esas caras, había que preocuparse.

— ¡¿Qué?!- exclamó incómodo de la mirada de su amigo.

— Nada solo que...- Remus reparó en algo- ¿Por qué tan nervioso Sirius?

— No estoy nervioso- contestó mientras jugaba con el dobladillo de su túnica- Sólo me preocupo por Prongs.

Remus no comentó nada. Sirius se dirigió a una mesa más alejada, donde se encontraba Mila y la retó a un juego de ajedrez mágico. Remus en tanto se limitó a abrir el libro que había pedido en la biblioteca.

□□□

Al abrir la puerta de la habitación que compartía con sus amigos, su mirada se dirigió al único lugar que creía capaz de albergar su inquieto espíritu, tal como se encontraba ahora, desasosegado y preocupado. Y no encontraba razón para tal inquietud.

Ya sobre su cama, enterró su cabeza en la almohada. Suspiró. Un repiqueteo en la ventana llamó su atención. Se incorporó lo suficiente como para divisar que se trataba de una lechuza con una carta.

Tres cartas eran las que traía la lechuza. Sobre la cama de Remus encontró una barra de chocolate que dio a la lechuza. Los sobres parecían idénticos. Los destinatarios eran Sirius Black, Remus Lupin y él mismo. Con curiosidad, dejó los otros dos sobres sobre la mesita de noche y se dispuso a abrir el suyo. Comprobó con sorpresa que se trataba de un parte de matrimonio de ni más ni menos que Andrómeda Black, prima de Sirius y que llevaba una muy buena relación con los chicos, que contraía nupcias con Ted Tonks, un mago de origen muggle.

Enternecido con la noticia decidió que no había motivos suficientes como para ofuscarse. Había un millón de razones por las que animarse y luchar. Y ninguna tenía que ver con Evans.

□□□

En un momento la puerta se abrió, y por ella pasó su amiga morena como una exhalación. No le sorprendió. De hecho, muy a menudo Donna adoptaba esa actitud de madre sobre protectora. Era su amiga, y la quería. Pero a veces era insoportable y a veces tenía su gracia.

— Donna, ya esta bien. Mira, no son más que membranas.

— ¡Y quieres decirme por que aún Pomfrey no te las ha sacado?- inquirió la chica con los brazos en jarra.

— Sólo fue a buscar la poción- respondió con una pequeña risa.

— Tú no te rías. Mira que lo que has hecho no tiene pizca de gracia. Ha de saber el castigo que te habrán puesto- la pelirroja enanchó su sonrisa.

— Eso es lo más gracioso de todo. Aún no te he contado. Resulta que Potter se echó toda la culpa... ¡Y McGo se lo creyó!- exclamó emocionada antes de carcajearse. La cara de Donna era un poema.

— ¡¡Qué¡Pero...¡¿Y por que lo hizo¿Y, más importante aún, por qué lo permitiste?- encaró a Lily.

— ¡Qué se yo las cosas que pasan por la mente de Potter! No soy yo la que vaya a desentrañar sus pensamientos... Un momento¿Realmente tiene pensamientos...?

— No cambies de tema, y no digas tonterías... Aún tienes que explicarme- Se detuvo ya que la enfermera irrumpió en la habitación. Y no iba a ser ella la que callara.

La enfermera hizo su trabajo y las echó de allí, dándole veracidad a su fama, que llegaba a dar miedo. Ambas caminaron en silencio, Lily mirándose las manos, otra vez normales, y Donna con las manos en los bolsillos de la túnica y la mirada perdida en un punto inconcreto.

Sin aviso alguno, la pelirroja se detuvo. Donna tardó un poco en darse cuenta, cuando lo hizo, se dio la vuelta y encontró a su amiga mirándola.

— Donna -murmuró bajito.

— Si...

Perdóname... y Gracias

Donna solo dejó que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro enmarcado en una melena castaña oscura. Lily era una persona orgullosa por excelencia. Y si había hecho el esfuerzo de decirlo así, era por que realmente lo sentía.

— Anda, ven aquí tonta- la llamó y la cogió de la mano.

□□□

— Estoy aburrida.

— Para variar podrías hacer alguno de todos los trabajos que nos han dejado- respondió Donna. Llevaba haciendo un ensayo de Defensa hace horas y no parecía avanzar nada.

— Ya terminé todos los trabajos. Para esta semana y la siguiente.- respondió Lily como una autómata.

— Pff... Podrías ayudarme entonces. Este ensayo parece odiarme.

— Puedo sugerirte alguna idea, pero tienes que hacerlo por ti misma. No aprenderás si te ayudo.

— Eres una mala amiga- respondió Donna.

— No es cierto. Sólo quieres que te haga el trabajo.- dijo Lily subiendo los pies al asiento y rodeando sus rodillas con los brazos.- Buscaré a Potter.

— No me digas seguirás con esa estúpida apuesta.

— No haré nada malo. Sólo le daré un susto.

Dicho esto la chica se levantó de su asiento y se dirigió al retrato de la Dama Gorda para salir a buscar al chico. Donna no dijo nada. No había nada que ella pudiera decir que hiciera cambiar de opinión a su amiga respecto a esa apuesta.

Suspiró.

□□□

James Potter estaba cansado. Hace una semana la pelirroja Evans había demostrado que no estaba lo suficientemente loca. De hecho, lo había vuelto loco a él. Día y noche se las había ingeniado para idear alguna manera de seguir con la estúpida apuesta.

Estaba en la cena. Sus amigos estaban sentados a su lado, pero realmente para él no estaban allí. Su mirada estaba concentrada en su pastel de carne y riñones. Pero todos sus otros sentidos estaban puestos en unos puestos más allá donde Lily Evans hablaba tranquilamente con sus amigas.

— Chicos- habló derrepente.- Creo que estoy desquiciándome

— Eso ya lo sabemos James- respondió Sirius monótono.

— Quiero decir, Evans está desquiciándome.

— Es verdad James- opinó Remus.- Estás muy centrado en ella.

— No se que puedo hacer con ella… Y esa maldita apuesta…

— ¿Estás seguro que es por la apuesta?

— ¿Qué insinúas Remus? Claro que es por la apuesta. Qué más podría ser.

— Yo no insinúo nada. Sólo te pregunto.

— Es sólo por la apuesta. Que quede claro.

James frunció el ceño. Quizás que cuentos chinos se estaban inventando esos traidores que se hacían llamar sus amigos. Por su puesto que era por la apuesta. ¿Qué más podía ser?

No podría interesarse por Evans de ninguna otra forma. No, sólo se preocupaba por ella, por que era evidente que necesitaba ayuda. Qué más.

— James…- comenzó Remus mirando algo por sobre su hombro.- No quiero alarmarte. Pero Lily acaba de salir del Comedor. Sola, mientras todos comemos.

James no necesito oírlo dos veces. Se levantó rápidamente, a saber que sorpresa le tenía la pelirroja esta vez.

□□□

Lo esperaba apoyada en la pared, cerca de las puertas del Gran Comedor. Tenía clarísimo que en esos momentos, Potter tenía que estarla odiando. Después de una semana intensa, llena de intentos por su parte. Recordaba especialmente un momento del día anterior, un intento de suicidio que incluía un huerto de calabazas, su cojín de favorito y un perro gigante de tres cabezas.

Las puertas del Gran comedor se abrieron y de allí salió rápidamente un chico. James Potter corrió hacia las escaleras, hasta que se percató de que la chica lo esperaba en la pared más cercana.

Se acercó y se plantó frente a ella con las manos en las caderas. Y en su cara el ceño fruncido y una mueca en la boca. Visto así, James Potter resultaba realmente cómico.

— ¿Y bien?

¿Y bien qué?

— ¿Qué se supone que haces?- interrogó él.

— Eso no es de tu incumbencia. ¿Acaso no me vas a dejar tranquila?

— No mientras esa estúpida apuesta siga en pie.

— Ah- murmuró Lily- Ya que has sacado el tema, hay algo que tenemos que aclarar.

— Tú dirás

— Se trata del número de suicidios- comenzó ella.

— Son 17. Ninguno más- zanjó James interrumpiéndola.

— Lo sé, gracias- respondió Lily.- Sólo quería que quedásemos claros en cuantos intentos van hasta ahora. Para que no haya confusiones. Pero antes, me cambias esa pose de macho rudo, que no te pega nada.

— ¿Qué pose de macho rudo?- preguntó el extrañado, pero sin dejar de sonar brusco. Aún seguía en la posición inicial con la que se había plantado ante la chica.

— Esa que tienes. Primero los brazos abajo.- dijo Lily tomándole las manos y dejándolas a los costados.- Luego no tienes para que enderezarte tanto, ya tengo bastante claro que soy mucho más baja que tú. Y tercero,- le golpeó la cara suavemente.- relaja esa cara, que no te voy a matar.

James saltó un par de veces, se sacudió con los brazos sueltos hacia cualquier lado. Movió las piernas y se desordenó el pelo.

— ¿Ya estoy lo suficientemente relajado para que me toleres?

— No era necesario que te desordenaras el pelo, pero gracias.

— Que sorpresa, nunca te había visto agradecida por nada.- ironizó James.

— Si, la gente cambia. Ahora, a lo que estábamos tratando: los intentos. Según mis cálculos vamos en 10.

— Te equivocas,- rebatió James.- yo conté 11.

— Pues tus matemáticas están mal. Son 10 y punto.

— A ver, si eres capaz de enumerar tus 10 intentos.

— Bien. Serían: La torre de astronomía,- comenzó Lily contabilizando con los dedos.- la navaja en el baño, la pelea con los slytherins, mmm.., Ahí van tres.

— La soga en el aula, cuatro. La Viruela de Dragón, cinco. -enumeró el chico.

— La esencia de belladona y los excrementos de Doxys, seis.-agregó Lily.- Mmm.. El Maleficio permutador, siete.

— La mandrágora y el hechizo sensibilizador, ocho. La excavación, nueve.

— ¡¿La excavación?!- exclamó Lily escéptica.- Potter, me enterré viva. ¿Entiendes? Me-en-te-rré-vi-va.-luego explicó mediante gestos a la vez que hablaba lentamente.- Cabe un agujero en el suelo, me metí en el y me tapé con tierra. Se supone que tendría que haber muerto, pero llegaste tú y me sacaste de allí.

— Por eso, la excavación.- aclaró James escuetamente.

— ¿La excavación¿Por qué rayos tienes que ser tan señorita para nombrar las cosas?

— ¡¿Señorita¡Yo no soy señorita!- exclamó James claramente ofendido.

— Esta bien, esta bien. Dejémoslo en excavación, si es que a ti te parece demasiado fuerte "enterrarme viva".

James sólo bufó. Tenía las manos en los bolsillos, pero miraba enfurruñado a la pelirroja.

— Bueno, van nueve. Mmm… Te olvidas de Fluffy. Y con esa son diez.-concluyó Lily.

— ¡Un momento!- exclamó James iluminado por una idea.- ¡Fluffy son dos!

— No, son tres.-corrigió Lily.- Tres cabezas. Recuerdas que yo trataba de controlar una, tú otra y la tercera se comía las calabazas de Hagrid.

— Si se que son tres cabezas. A lo que me refiero es que el intento de Fluffy debería contarse por dos. Por el cojín y por Fluffly

— ¡Tienes razón!-se dio cuenta Lily.- Rayos, tienes razón en dos cosas. En eso y en que son once.

— ¡No! Acabo de darme cuenta ¡Son doce!

— ¡¿Qué¡No, once¡¿Por que demonios cambias de opinión justo cuando te doy la razón?!

— ¡No¡Lo de las escaleras hace doce¡Doce intentos de suicidio!

— ¿Escaleras¡Eso no cuenta!

— Claro que sí. Te rescaté de ser aplastada por dos escaleras móviles. Son doce.

— Estás loco. Eso no fue un intento, fue un accidente.-negó repetidamente con la cabeza.

— Sí fue un intento. Y tú ese mismo día lo admitiste. ¿Recuerdas? Fue antes de lo de la soga.

— ¡Lo admití sólo para que me dejaras tranquila!-admitió Lily un tanto histérica.

— ¡Pero ya lo aceptaste! Ya no puedes echarte para atrás- la retó James. Sabía que la chica no se negaría.

— ¡Ahg! Está bien. Cómo quieras.- cedió Lily.- Entonces doce. ¿De acuerdo?

— Claro, de acuerdo.-concordó James.

Lily se alejó caminado hacia las grandes puertas de roble de la entrada del castillo. Abrió una pesadamente y antes de pasar hacia el exterior, se volteó hacia el chico, que la miraba atentamente y le hizo un gesto con las manos. Levanto ambas palmas, con los dedos extendidos. Y luego el dedo meñique, el anular y el corazón.

Trece.

□□□

Sirius se levantó de su asiento y ocupó en el puesto que unos minutos atrás había abandonado la pelirroja. A su lado, Donna Blake lo miró interrogante. Hace unos segundos se había ido Miranda Lawless a la mesa de Ravenclaw a cenar con su novio. Y ella podía darse cuenta que Black era plenamente consciente de eso, y se había ido a sentar junto a ella, solamente cuando se dio cuenta que estaba sola. Extrañísimo, teniendo en cuenta que Mila y él eran mucho mejores amigos de lo que podrían llegar a ser ellos en un futuro muy lejano e improbable.

Sirius Black se sirvió un trozo de tarta de melaza: su favorita. Con el tenedor apartó un trozo y lo llevó a su boca. Sin embargo, bajó el tenedor. Lo dejó en el plato. Giró la cabeza y miró a Donna. Ella, titubeante, le sonrió.

— Donna...- comenzó él. Luego abrió la boca, pero volvió a cerrarla.

— ¿Si?- lo animó ella. Más que nada estaba intrigada en lo que el chico podría querer tratar con ella.

— Yo...-. Otra vez volvió a guardar silencio.

— ¿Quieres algo?

— Yo.. No, no quiero nada. Sólo.. pensaba que eres tú la única que sabe como me siento.

— ¿Yo?- repitió ella extrañada.

— Sí. Bueno, no se exactamente si sientes lo mismo que yo, pero si no eres tú, nadie lo será.- dijo más para él que para Donna.

— ¿Qué estás hablando?- preguntó ella más perdida que nunca.

— Es...- se detuvo.- Es sobre James. Bueno, sobre Lily y James.

— Ah- musitó Donna.

— Creo... Creo que James me reemplazó por la pelirroja- declaró.

Donna al escucharlo no pudo evitar soltar una carcajada. Sirius Black la miró a punto de ofenderse, él le soltaba uno de sus más grandes temores y ella se reía. Se apresuró a explicarse antes de que el chico la malinterpretase.

— Black, sinceramente no creo que James te haya reemplazado por Lily. De partida, tú y Lily son las personas más diferentes que haya conocido.

— ¿Tú crees? Por que es como si... no existiera nadie más que la pelirroja para James. Y aun que el insista en que sólo se trata de la apuesta, me puedo dar cuenta que es algo más. Siempre está buscando la manera de acercarse a ella, de cuidarla, incluso de discutir con ella. Ya ni me hace ni caso.

— ¿Estás celoso, eh? No, no creo que te halla reemplazado, Sirius..¿Te puedo llamar Sirius, cierto?- el asintió.- Bueno, sólo pienso que una persona como Lily logra llamar la atención de James. Supongo que ninguna de las chicas con que ha estado se comporta como Lily.

— ¿Qué..¿Intentas hacerme entender que a James le gusta la pelirroja?

— No lo sé.-admitió Donna.- No se si gustar, como chica. Pero de alguna manera creo que James siente curiosidad por Lily. Tu mismo dijiste que ahora toda su atención va para mi amiga.

— Pues... No lo sé. Pero esa perspectiva me deja más tranquilo. Ahora sólo basta que James se de cuenta que le gusta la pelirroja y volverá a ser él de antes.

Sirius parecía satisfecho con esa deducción. Todo tomaba sentido y todo tendría una pronta solución. Donna se sentía realmente incómoda de hacerle ver que quizás no fuera tan fácil.

— En verdad, el problema será que Lily se de cuenta que le gusta James. Eso no será fácil, nada fácil.-sentenció.

— Hum... Puede que tengas razón. Pero mi amigo tendrá todo mi apoyo, por supuesto.

— No creo que sea apropiado que intervengas- opinó ella temerosa de las ideas del chico.

— No pienso intervenir, sólo acomodaré las circunstancias- dijo a la vez que le guiñaba un ojo.- Nada violento ni brusco. Al final me lo agradecerán.

Sirius se levantó se puesto con una sonrisa tan aplastante que podía verse a kilómetros que el chico tenía la certeza de que sus planes eran geniales. Un tanto impregnada con esa confianza y seguridad, Donna sonrió. Era imposible no admirar a una persona tan segura de si misma. Suspiró.

— Tu tarta de melaza... no la has terminado- intentó Donna titubeante.

— Oh... Puedes comerla si quieres. Es mi favorita, pero tengo cosas que hacer.

— Claro...

Donna cogió el plato y lo acercó a ella. Comenzó a digerir lentamente la tarta de melaza que el chico no había tocado. Alguien se sentó frente a ella. Al levantar su mirada pudo reconocer su cabello castaño ondulado y sus ojos amarillos. Tenía apoyada la cabeza en una mano, y la miraba fijamente, con una expresión de despiste. O más bien una expresión de vacío con un ligero tinte de melancolía.

— Hola Mila. ¿Por qué no estás con Joseph?- Se refería a Joseph Hyland, el novio de Miranda.

— Le he dicho que tú tenías urgencia de hablar conmigo y que te había prometido hacerlo ahora.- dijo monótonamente

— ¿Por que le has dicho eso?- se extrañó Donna. No le molestaba que la utilizara de pretexto. Pero Joseph y Mila parecían victima del maleficio de siameses y no se los despegaba ni con espátula.

Mila se encogió de hombro simplemente.

— Es...-comenzó.-...Después de 3 años de relación, me doy cuenta de que no amo a Joseph.

Donna no hallaba donde meterse. Que su amiga llegara un día equis y le soltara tamaña barbaridad la hacía sentir, por decirlo menos, incómoda.

— Quizás,- dijo Donna titubeante- después de tanto tiempo, uno piensa que se a acostumbrado, pero eso en realidad no quiere decir que ya no lo-.

— Es eso. Me he acostumbrado. En verdad, no se si lo amo. Creo que a estas alturas, no se lo que es sentirse atraída por alguien. Sentir mariposas.Esas cosas, tu sabes. Hasta, ...hasta se me ha pasado por la mente engañarlo. A ver si a sí me doy cuenta si lo amo o no.

— ¿Qué¡No!- exclamó Donna.- ¿Qué pasará si te das cuenta que en verdad lo quieres? Te sentirás culpable y nada será como antes.

— El problema es que no quiero que vuelva a ser como antes.

Sostuvo la cabeza con sus manos, ocultando su rostro. Donna se revolvió en su asiento. Todo aquello le parecía tan complicado y ella tan insignificante ante el mundo. Ella era menos que nadie para poder decir algo respecto a esos temas.

— El te amo de todos los días, de cada momento, suena tan...vacío.- dijo Mila.- No creo que pueda llegar a engañarlo. Pero... si creo que le pediré un tiempo.

— ¿Estás segura...?

— No, no lo estoy. Pero no puedo seguir en esta ¿rutina?

Un rato después ambas subieron a la Torre de Gryffindor, en silencio. Cada una se desvistió y se acostó sin cruzar una palabra. Pasados unos segundos, una luz se encendió en la habitación. Donna se acercó a la cama con dosel de Mila, se inclinó y la besó en la frente. Intercambiaron una sonrisa y media hora más tarde cada una estaba sumergida en sus propios sueños.

□□□

El viento helado le golpeó el rostro. Se arrepintió. No era un buen momento para eso. Quizás para un época más cálida. Los pasos adentro, que se acercaban le hicieron darse cuenta que ya no había vuelta.

Sin más, corrió hacia el lago negro.


Nota de la Autora:

Hola gente. Uf. Creo que esta "nota de la autora" será la más breve de la historia. Ahorrémonos las excusas y disculpas, que ni a mi ni a ustedes nos gustan. En fin. El fic a cambiado, todos pueden darse cuenta, pero espero que sea para mejor. La trama ahora está bien enfocada, y creo que le gustará el final. Sí, falta poco para el final. No tengo claro cuantos capítulos, si tres o cuatro, aproximadamente. Pero serán avisados con anterioridad sii xD! Una aclaración, Miranda tenía un apellido extrañísimo en los capítulos anteriores, tan rarísimo que ni yo lo recuerdo. Imagínense. Así que yo misma lo he cambiado (en este capitulo y en los anteriores) y ahora es Miranda Lawless. Comienza con las misma silabas, por lo que el sobrenombre "Mila" no se pierde. Otra aclaración va por el Momento romanticón Lily y James. Sí, no ha habido en este capitulo, pero lo habrá para el próximo. Es que si lo incluía en este capitulo me extendía mucho y eso. Bueno, creo que hasta por ahí van las aclaraciones. Si hay alguna duda, ya saben, un review. Ojalá, eso sí, me dejaran un review, no sólo por dudas xD! Supongo que muchas ya no me seguirán leyendo. Me entristece mucho, pero espero que nuevas personas se integren :) Ya lo dije, este fic no se quedará sin final.

Y bueno. Aprovecho para decirles que estoy trabajando en otro fics :D Si! Llevo mucho tiempo trabajando en uno de Los Merodeadores y Lily, una idea bastante loca y original, pero no por eso menos buena o menos divertida. Y les aseguro que no lo publicaré hasta tener el final, para no caer en los mismos errores que cometí con este fic. También hay otras ideas por ahí, pero ya verán la luz. Tranquilos, ya tendrán noticias mías.

Muchisimas gracias por todos los reviews del capítulo ocho. En ese momento no tengo los nombres. Pero si los tuviera al menos las nombraría :D Mañana les respondo los reviews, hoy estoy muy cansada y encima estoy enferma (Las amigdalas me matan!) encima se me ocurrió tragarme el arito de la lengua ¬¬ (fue un accidente, por si alguien no captó la ironía).

Sin más que decir (que recuerde).

Un beso

Belén.