Disclaimer: Obviamente nada de esto me pertenece: los personajes y demás son propiedad de J. K. Rowling y la historia ha surgido de la imaginación de Procrastinator-starting2moro
Título: ¿La chica o el juego?
Título original: The girl or the game?
Autora: Procrastinator-starting2moro
Rating: T
Resumen: Lily no quiere tener una cita con James por culpa de su obsesión con el Quidditch, así que, cuando hacen una apuesta, James lo deja. Durante 7 días, lucha para sobrellevar su síndrome de abstinencia mientras ella intenta no enamorarse de él.
Bueno, aquí va el segundo capítulo. Intentaré subir un capítulo por semana excepto cuando esté de vacaciones. En total son 13 capítulos. En seguida comprobaréis que apenas sucede nada en el capítulo de hoy, es más bien para introducir personajes que todavía no han aparecido y aclararnos un poco cómo están las cosas entre nuestros protagonistas. Al final del capítulo dejo algunas aclaraciones acerca de la traducción. Gracias por todos vuestro reviews.
Nessa Black. Gracias por los ánimos xD Pues si te has reído con el primero, ya verás más adelante. Hay algún capítulo que es para morirse. Caprisse Allen. Joba, no sé. Yo me esfuerzo todo lo que puedo con la traducción. Es cierto que no es literal del todo, aunque intento ceñirme todo lo que puedo al original. Lo que pasa es que hay frases y expresiones que es imposible traducirlas tal cual del inglés y es necesario modificarlas. Cuando la gente no lo hace, las traducciones quedan muy artificiales y poco correctas. El resto es todo lo que sé de gramática y vocabulario y, por supuesto, la ayuda del diccionario. Me alegro de que te haya gustado jeje. AwanBlack. Justo eso me pasaba a mí. Llevaba tantísimo tiempo sin partirme de la risa con un fic que cuando encontré este me dije: 'tengo que traducirlo'. Y creo que ha merecido la pena. Me encanta que te haga reír. Summerh. Gracias por tu buen review. Ya sigo, ya sigo ;) Cataelbereth. Es genial que te haya gustado. Y sí, como he dicho antes, son en total 13 capítulos, así que todavía nos quedan 11 capítulos para reírnos un rato.
Capítulo 2. Goteos de mermelada
James
—¿QUE HICISTE QUÉ?
Me limpio las gotitas de saliva que me han salpicado en la cara. Es como si me hubiese atrapado una onda maremotriz. La gente debería tener más control sobre su saliva cuando habla.
—Grandísimo imbécil, ¿es que te has vuelto loco?
Esto no está bien; normalmente soy yo el que regaña a Sirius por hacer memeces y no viceversa.
Esbozo una sonrisa despreocupada aunque me estoy cagando por dentro.
—Vamos, Canuto. ¡No es difícil renunciar al Quidditch durante una semana!
—¡Ni siquiera puedes dejar de hacerte pajas durante una semana!—me grita.
Le doy un puñetazo en el estómago. Hoy es lunes: Día Uno de la apuesta, y estamos desayunando en el Gran Comedor. En público. ¿Siempre tiene que hablar tan alto?
—¿Estás seguro de que puedes hacerlo, James?—Remus me observa dudoso.
Mis amigos tienen muy poca confianza en mí.
Le doy un generoso mordisco a mi tostada y, como acostumbro a hacer, hablo con la boca llena:
—Será como dejar el chocolate durante una semana, Lunático, lo juro—le aseguro.
Remus niega con la cabeza, no muy convencido.
—Es solo que no creo que puedas con el mono.
Se me escapa una carcajada.
—¿Cuándo he perdido algo?
—¡Has perdido la cabeza!—dice Sirius.
¿Es que siempre tiene que ponerse chistoso a estas horas de la mañana?
—Siempre me ha gustado tu pelo, James—dice Peter con desgarrador abatimiento. Mi cabello es bastante envidiado.
—Colagusano, lo dices como si fuese a perder esta apuesta—digo con suspicacia.
—¡Por supuesto que no, Cornamenta!—Peter estalla en fingidas carcajadas, lo que me hace retorcerme con incomodidad—. Ganarás… pero si no lo consigues, podemos guardar tus mechones en un tarro.
Este chico me preocupa.
Estoy a punto de morder un pedazo de tostada cuando, sin previo aviso, Lily se sienta a mi lado. Yerro el tiro y el pan aterriza en mi nariz. Dedico unos segundos a sonarme las migas y la mermelada antes de lanzarle una mirada indiferente que demuestre que su aparición no me perturba lo más mínimo (aunque, evidentemente, sí que lo hace).
—Te gotea mermelada de la nariz—me susurra Remus.
Me sueno de nuevo con rapidez y elimino los restos de mermelada con el dorso de la mano al tiempo que Lily me observa divertida.
—¿En qué puedo ayudarte, Lily?
—Quería hablar sobre la apuesta—dice.
¡Oh, sí! ¡Esto es jodidamente brillante! ¡Ya se ha echado atrás! ¡No puede esperar una semana y quiere hacerme el amor en la mesa del desayuno de Gryffindor!
—¿Por qué te desabrochas la camisa?—frunce el ceño.
Es como si mis manos hubiesen empezado sin mí.
—Conque—me desanudo la corbata—has venido a decirme que te has pensado dos veces lo de la apuesta, ¿eh?—sonrío.
—No—me observa mientras dejo de desvestirme—, solo quería que revisásemos las reglas.
—¿Reglas?—la miro sin comprender.
—Sí—junta las manos como si estuviese haciendo negocios—. Para ganar esta apuesta debes mantenerte alejado de todo aquello que tenga que ver con el Quidditch. Lo que quiere decir que se acabaron los entrenamientos de Quidditch, los partidos o cualquier clase de actividades en que intervenga una escoba.
¿A qué se refiere con 'actividades es que intervenga una escoba'? ¿Se piensa que soy una especie de violador de escobas? ¿Cree que hago cosas pervertidas con escobas?
—Hablo de volar, idiota—rectifica ella cuando pronuncio mis pensamientos en voz alta.
—Oh—me froto la nuca.
—Además—continúa ella—, no puedes tocar nada que esté remotamente relacionado con el Quidditch. Me refiero a quaffles, snitches, blugders… cualquier cosa. Y eso también incluye revistas y libros.
Gracias a Merlín que le eché un vistazo con Sirius a esa preciosa escoba nueva ayer por la noche, cinco minutos después de la conversación que tuve con Lily.
—Si tú ganas, saldré contigo. Cuando yo gane—advierto con claridad el cambio en la dicción—, te quedarás calvo. ¿Comprendido?
—Perfectamente—respondo con aire de suficiencia.
—Bien—coge una manzana de la mesa y se pone en pie—. Que tengas un buen día, James.
Escucho el crujido que producen sus dientes al morder la fruta y no puedo evitar preguntarme si se estará imaginando que se trata de mi cabeza…
—En realidad, creo que mi día va a ser mejor que bueno—respondo, y me despido alegremente de ella con la mano.
Me vuelvo hacia la mesa del desayuno y cojo una manzana. De repente me muero de ganas de comer manzanas. Además, me recuerdan al color de su pelo.
—No puedo creer lo tranquilo que estás—Sirius sacude la cabeza—. Tío, ¡el Quidditch es tu vida! Estás chiflado—concluye, para luego atacar el plato de tortitas que Remús le acaba de pasar de un empujón. Es curioso lo fácilmente que se distrae.
—Puedo predecir cómo resultará todo esto—la cabeza de Remus descansa sobre su mano y su codo está apoyado en la mesa—. Hoy es el Día Uno, así que, básicamente, estarás en la fase de negación.
Continúo masticando la manzana y digo:
—De todas formas, nunca me ha gustado el Quidditch.
Remus asiente con la cabeza, dando a entender que ya se lo suponía.
—Al Día Dos le corresponde la depresión.
De improviso y sin que pueda controlarme, se me llenan los ojos de lágrimas. ¡Maldición! ¡No voy a llorar en público!
—No puedo vivir sin el Quidditch—lloriqueo.
—Día Tres: pánico.
—¡Oh, Dios mío! ¡No puedo hacerlo! ¿Y si pierdo? ¡Me quedaré calvo!—me agarro la cabeza—. ¡No podré vivir con la calvicie!
—Día Cuatro: rabia.
Cojo un tenedor y comienzo a clavármelo en la mano.
—Guau, acaba de sufrir una evolución de cuatro días en tan solo diez segundos—oigo que dice Peter.
—Es un caso especial—explica Remus.
Es lo más agradable que ha dicho sobre mí en toda la semana.
Admiro los agujeros que tengo en la mano y… guau.
—¡Demonios, parece que estos agujeros dicen 'Quidditch'!—observo mi mano desde todos los ángulos posibles y se la coloco a Sirius frente a la cara para que pueda verlo—. Fíjate, ¿no es cierto que dicen 'Quidditch'?
—Mmmm… veamos—sostiene mi mano a la altura de los ojos y, sin previo aviso, me da un golpe en la cabeza—. Jesús, ya deliras—observa. Aparta mi mano e introduce más tortitas en su boca.
No puedo evitar tener la impresión de que ganar esta apuesta va a ser más complicado de lo que pensaba y, créeme, mis pensamientos al respecto han sido bastante pesimistas desde un principio.
—¿Ya se lo has contado al resto del equipo?—pregunta Remus.
Como respuesta, frunzo el ceño. No tengo interés en que nadie en particular lo sepa. ¿Un capitán de Quidditch dejando el Quidditch? Parece un trabalenguas… Pero, volviendo al tema, la gente se pondría histérica si supiese lo que estoy haciendo, principalmente mi equipo de Quidditch.
—Se lo he dicho a un cazador. Es suficiente—insisto.
—Ese cazador era Sirius—me recuerda Peter.
Sabihondo.
—Bueno, Sirius puede transmitir la noticia al resto del equipo—digo.
—De ninguna manera, tío—gruñe Sirius—. No quiero ser yo el que lleve malas noticias, ¿No has oído lo de 'violar al mensajero'?
Violar al… ¿qué?
—La expresión es 'cargarse al mensajero'—dice Remus—. No hay ninguna referencia a violaciones o a cualquier tipo de conducta sexual, Canuto.
Sirius levanta las manos.
—Lo que sea. De todas formas, es algo relacionado con un mensaje.
Repentinamente, alguien me da un golpecito en el hombro y me estremezco. Un rayito de esperanza anclado en mi estómago suplica por que sea Evans que ha cambiado de opinión, me lanza sobre la mesa del desayuno y me arranca la ropa.
Me vuelvo y comienzo a desabrocharme la camisa de nuevo.
No es ella.
Mierda.
Es el equipo de Quidditch. Matthew, el guardián, se alza frente a mí con una sonrisa entusiasta dibujada en el rostro. No quiero borrársela al darle malas noticias.
–Ey, capitán—dice, haciéndome un gesto en señal de saludo. Nunca se pasa de moda. Me hace sentir un poquito mejor—. ¿Cuándo tenemos el próximo entrenamiento de esta semana?
Ya no me siento un poquito mejor.
—Vamos, Cornamenta—Sirius me da un codazo—. Díselo.
Le doy otro puñetazo en el estómago. No me lo está poniendo más fácil.
—¿Decirnos qué?—me pregunta Marlene, una de las cazadoras. Se ha cruzado de brazos y su expresión insinúa que he hecho algo malo. Irradia tanta mala leche que Sirius se estremece.
—Deciros—inspiro profundamente—que no jugaré al Quidditch esta semana.
Se escuchan algunos gritos ahogados cargados de dramatismo.
—¿QUÉ?
Sí, esta parece ser una respuesta bastante común a las novedades. De nuevo me salpican una gran cantidad de gotas de saliva, solo que esta vez es todavía peor porque provienen de más de una persona.
Inmediatamente me bombardean a preguntas.
—¿Otra vez has bebido cerveza de mantequilla en el desayuno, capitán?—asiente con la cabeza Dominic, un golpeador, como si ya lo supiese. Genial, mis jugadores piensan que estoy ebrio—. Tengo algo más fuerte en mi dormitorio, ¿sabes?—me dice en un murmullo—. Un rollo muggle llamado tequila. Entra realmente bien.
—¿Intentas comprarme con alcohol?—le miro escandalizado.
—¿Funciona?
—¡Aléjate de mí antes de que te dé, Alderson!—le grito—. ¡Y será mejor que no bebas antes del partido contra Slytherin de la semana que viene!
Se marcha a toda prisa mientras murmura algo acerca de echarse 'un trago' antes de la primera clase. Oh, Dios mío…
—¿Es por algo que hice, señor?—miro hacia Matthew quien, por alguna extraña razón, solloza de rodillas—. ¿Algo que dije? ¡Lo siento! ¡Prometo que lo haré mejor!
¿Qué clase de jugadores incluyo en mi equipo? ¡Han salido todos de un manicomio!
—Levántate, Davies—ordeno. Él se pone en pie dando traspiés—. Eres un buen jugador—le aseguro—. Un poco loco, pero un bueno jugador.
Estoy a punto de añadir algunas palabras más para reconfortarle cuando Marlene le empuja rápidamente a un lado.
—¿Qué demonios te pasa?—me grita.
Sí, algunos jugadores me tienen respeto. Otros… bueno, me tratan como si fuese otro jugador cualquiera sin ningún sentido común. O, en el caso de Marlene, como un líder un poco duro de entendederas que necesita que le orienten.
—¿Has olvidado que tenemos un partido la semana que viene, Potter?
—Sí, lo sé—digo rechinando los dientes. A veces me cuestiono mi propia autoridad, o la falta de ella—. Hemos entrenado duramente a lo largo de las últimas semanas y tenemos un altísimo nivel de juego. De todas maneras, siempre podéis entrenar sin mí.
Marlene pone cara de inocencia para el comentario ofensivo que sé que va a hacer a continuación:
—¿Quién dice que tú no necesites entrenar, capitán?
Intento intercambiar una mirada con Sirius para ver si se está preguntando por qué cuestiono la necesidad de incluir chicas en el equipo, pero le oigo murmurar a mi espalda:
—Ahora mismo me atrae muchísimo.
¿Es que solo piensa en una cosa?
Vuelvo a prestarle atención a Marlene y la miro con los ojos entrecerrados.
—No me hagas hacerte dar unas vueltas en el próximo entrenamiento, Manning.
—No lo entiendo—Sara, la buscadora, se adelanta con expresión herida—. ¿Por qué no puedes jugar al Quidditch?
Medito si es posible que decirles lo de la apuesta evite que me lancen bates de Quidditch a la cabeza, pero, antes de que pueda decir nada, Sirius interviene sin mi permiso:
—Está enfermo—dice sin rodeos.
Oh, no se ha pensado bien esa respuesta.
—Ya puede estar muriéndose—murmura Marlene.
—Ahí lo tienes, Manning. En el próximo entrenamiento llevarás las Orejas de Burro.
Ella frunce el ceño y se cruza de brazos. Las Orejas de Burro son para aquel jugador que me toque las narices y que tiene que llevarlas durante todo el entrenamiento.
—No estoy enfermo—digo al final con un suspiro—. Ni borracho—añado—. Se trata de una apuesta.
Instantáneamente, todo el equipo comienza a burlarse de mí y se escuchan frases como 'Bueno, tenía que ser una apuesta, ¿no?' y ¡Puedes apostar que voy a patearle el culo!, que supongo que procedía de Marlene.
—¿Una apuesta?—Sara frunce el ceño—. Pero eres delegado. ¿Puedes apostar?
Oh, claro… lo de ser delegado. Se me había olvidado eso. Puede que no esté dando lo que se dice un buen ejemplo. En fin, ya es demasiado tarde, ¿eh?
—Es por motivos científicos—miento.
—No uses la ciencia como excusa, James—me regaña Remus.
Cuando estoy a punto de pedir disculpas, Peter dice con entusiasmo:
—¡Lo hace para conseguir a Lily!
—¡Colagusano!—siseo.
Le golpeo y hago que su cara aterrice en los cereales. Se lo merecía.
—Ah, ya veo—Dominic ha regresado a la conversación en un estado propicio a la risa tonta, algo poco habitual—. Siempre tiene que ver con Evans.
—¿Qué se supone que significa eso?—digo bruscamente.
Matthew se recupera repentinamente de la emoción que le embargaba anteriormente.
—¿No te acuerdas de cuando usaste al equipo para espiar a Lily cuando tuvo aquella cita con Diggory?
—James, ¿cuándo has hecho eso?—ríe Remus con incredulidad. Yo me agazapo en mi asiento.
Otra vez mirándome con desaprobación; era joven cuando hice aquello.
—El mes pasado—dice Sirius.
Vale, no tan joven. Pero, vamos, en situaciones desesperadas hay que tomar medidas desesperadas. Me gustaría creer que he madurado desde entonces.
—Capitán, ¿por qué te estás riendo?
Oh, ¡por el amor de Dios! ¿Por qué últimamente he cogido la costumbre de reírme en público al recordar ciertas cosas? Empieza a resultar embarazoso.
Justo cuando voy a rectificar asegurando que en realidad estaba 'tosiendo', abro los ojos y veo que el equipo se ha largado con los hombros hundidos por la desesperación.
—Tu equipo ya se viene abajo sin ti, Cornamenta—oigo decir a Sirius.
Para ser sincero, he de decir que creo que la mitad de mi equipo se mete algo.
Me sumo en mis pensamientos de camino a clase de Transformaciones con McGonagall, recordando mentalmente la escena con Lily. Puede que no pueda jugar al Quidditch o acercarme a ningún objeto relacionado con el Quidditch, pero eso no quiere decir que vaya a dejar de imaginarme en clase lo genial que estaría Lily con el uniforme de Quidditch.
Lily
—¿QUE HICISTE QUÉ?
Me agazapo en mi asiento ante el arrebato que le da a una de mis amigas. Estamos desayunando en el Gran Comedor y no tengo mucha hambre.
—Sinceramente, Carly—le doy un sorbo a mi zumo de calabaza—, tampoco es nada del otro mundo.
¿A quién quiero engañar? ¿Nada del otro mundo? Es la cosa más del otro mundo de las cosas del otro mundo.
—¿Nada del otro mundo?—repite ridículamente Carly. No me gusta que se emocione, resplandece tanto que va a terminar dejándome ciega—. ¡Vas a salir con James Potter!—estalla en risitas como si fuese el monstruo de la risa tonta.
Repito para mí misma sus palabras.
—Eso si pierdo—puntualizo severamente.
Carly suelta un suspiro que me indica que, sea lo que sea, lo que va a salir a continuación de su boca será algo que no querré escuchar. Se inclina hacia mí y dice:
—Quieres perder, ¿verdad? ¡Lo sabía!
¡Será caradura la vaca esta! No puedo creer que acabe de decir eso.
—¡No!—siseo venenosamente—. Por supuesto que no.
Me estoy poniendo colorada. ¿Qué demonios me pasa?
Carly empieza a bailar una extraña danza de celebración y la amenazo con restarle puntos a su casa si continúa haciéndolo. Sí, recurriría al extremo de quitarle puntos a mi propia casa con tal de conseguir que deje de hacer que me ponga roja.
Justo cuando empiezo a controlar el rubor que tiñe mis mejillas, Carly dice con una sonrisita:
—Te vi ayer por la noche, ¿sabes?
¿Ayer por la noche? ¿Qué hice ayer por la noche? ¿Perdí el conocimiento? ¿Me emborraché y me di el lote con alguien delante de los profesores? ¿Besé a alguno de los profesores? ¡Oh, diablos!
—Te estabas mirando la mano—continúa la rubia. Por alguna razón, no suspiro de alivio. Me coge la mano y la examina, supongo que en busca de pruebas. Con prontitud aparto la mano de un tirón y la escondo bajo la túnica. Carly me observa con suspicacia.
—Estabas rara, mirándote la mano con expresión ausente.
—¿Por qué? ¿Dónde ha estado la mano?
Me vuelvo precipitadamente para clavar una mirada ceñuda en mi amiga de melena oscura, Lauren, que ha guardado silencio hasta este momento.
—¡En nadie!—digo entre dientes.
Mierda. ¡Se suponía que tenía que haber dicho 'en ninguna parte'! ¡Oh, Dios! Las delegadas no cometen errores como este. Estoy a punto de corregirme cuando, inesperadamente, Lauren abre mucho los ojos y suelta un exagerado 'ooooh' de placer.
—Quería decir en ninguna parte—rectifico—. En ninguna parte—repito en un murmullo.
—Oh—susurra Carly y me aprieta las mejillas—. James y tú hacéis tan buena…
Le tiro del pelo antes de que pueda terminar la frase. Ella pega un chillido y sigue comiendo tortitas.
—Entonces—me giro hacia Lauren, que sonríe silenciosamente—, ¿qué tienes que decir sobre la apuesta? ¿Me vas a sermonear? ¿Vas a decirme que voy a perder?
¡Todas mis amigas están mi contra! ¡Todas ellas son unas traidoras! ¡TRAIDORAS!
—En realidad—Lauren toma una cucharada de cereales—, creo que James Potter estará calvo cuando termine la semana.
Adoro a mis amigas. Vale, adoro a Lauren. Por mí, Carly puede atragantarse con sus tortitas.
—¡Exactamente!—digo. Me alegra que al menos una crea en mí—. Ahora sé dónde reside la lealtad de mis amigas—le echo la lengua a Carly y ella me mira desdeñosamente.
—Si estás tan segura de que vas a ganar esta apuesta, ¿por qué no concretas las reglas con él?—sugiere Carly—. Está ahí sentado con los chicos—señala con un dedo hacia el final de la mesa, en donde localizo a Sirius dando gritos de indignación—. Vamos—me empuja.
—¿Qué? ¿Ahora?—digo con nerviosismo—. Espera un seg…
Pero me empuja hacia delante, haciéndome tropezar a lo largo del pasillo que queda entre las mesas del desayuno. Trato de armarme de dignidad y no caer de bruces al suelo; soy delegada, después de todo.
Rápidamente me siento en el hueco que hay al lado de James, quien, por alguna razón, intenta comer el pan estampándolo contra su nariz. Le observo mientras se suena y limpia hasta que cree que su cara está impecable. No lo está, y Remus le señala el evidente goteo de mermelada de su nariz. Gracias al cielo que se trataba de mermelada.
—¿En qué puedo ayudarte, Lily?
—Quería hablar sobre la apuesta.
Sus ojos se iluminan de repente y comienza a desabrocharse la camisa. Un momento, ¿de verdad se está desabrochando la camisa? Eh… ¿pero qué hace? Sé que esto debería preocuparme. Le pregunto por qué lo está haciendo y no responde. Típico de Potter. No creo que mi frase de 'quería hablar sobre la apuesta' tenga el significado oculto de 'desnúdate ahora mismo'. Debe de estar bebiendo cerveza de mantequilla para desayunar.
—Conque—dice, ¡y al mismo tiempo que se desanuda la corbata! ¿Qué le pasa esta mañana? Quiero decir, no es que normalmente no esté raro, pero…—has venido a decirme que te has pensado dos veces lo de la apuesta, ¿eh?
Lo dice como si no se lo hubiese pensado dos veces. Lo que significa que no debería decir que me lo he pensado dos veces porque no voy a ser yo la que se retire de la apuesta, no voy a ser la enclenque.
—No—gracias a Dios ha dejado de desvestirse—, solo quería que revisásemos las reglas.
—¿Reglas?
—Sí—digo, y comienzo a explicar las reglas que he planeado detenidamente esta mañana—. Para ganar esta apuesta debes mantenerte alejado de todo aquello que tenga que ver con el Quidditch. Lo que quiere decir que se acabaron los entrenamientos de Quidditch, los partidos o cualquier clase de actividades en que intervenga una escoba.
—¿Crees que hago cosas pervertidas con escobas?—frunce el ceño.
Sí. Pero digo:
—Hablo de volar, idiota.
—Oh.
—Además, no puedes tocar nada que esté remotamente relacionado con el Quidditch. Me refiero a quaffles, snitches, blugders… cualquier cosa. Y eso también incluye revistas y libros.
Esas revistas y libros de Quidditch son como pornografía para él. Asqueroso. Para él y para ese Sirius Black.
—Si tú ganas, saldré contigo—que Dios me ayude—. Cuando yo gane—hago énfasis en esto último y cambio las palabras para dejar claro que es inevitable que yo gane—, te quedarás calvo. ¿Comprendido?
—Perfectamente.
—Bien—me levanto, pero no tengo ni idea de cómo llevar acabo una salida digna. Alargo la mano para coger una manzana de la mesa y así mantener ocupadas las manos, que me tiemblan—. Que tengas un buen día, James—le doy un mordisco a la manzana mientras me imagino que es la cabeza de James Potter.
Vuelvo caminando hacia Carly y Lauren, que me esperan en la entrada al Gran Comedor. Carly tiene aspecto de que las navidades se hayan adelantado y Lauren parece positivamente aburrida. Cómo se hicieron amigas esas dos está más allá de mi comprensión, ya que son totalmente opuestas.
En cuanto las alcanzo y comenzamos a andar hacia Transformaciones, Lauren clava en mí una mirada exasperada aunque juguetona.
—¿Puedes alejar de mí a esta cría?—señala a Carly—. No para de hablar de tu boda con Potter y del color del vestido de dama de honor que voy a llevar.
—Oh, no—gruño—. Va a estar así toda la semana.
—Oye, que estoy aquí, ¿sabes?—Carly hace un mohín—. Entonces, ¿qué color…?
Desconecto cuando Carly empieza a parlotear acerca de diferentes tonos de turquesa o lavanda, de las flores que me gustarían, de si las quiero lilas porque van con mi nombre o si primero debería pedirle su opinión a James.
—¿Permiso para hechizarla?—murmura Lauren.
—Por descontado—respondo.
—Oooh… ¿y qué me dices de las servilletas, Lily? ¿Cuál…?
—¿Dientes de conejo o culo fofo?—pregunta Lauren.
—Ambos—resoplo.
—¿Y la cubertería y…? ¿Lauren? ¿Qué estás haciendo, Lauren? ¿Qué…? ¡Aaah! ¡LILY! ¡Dile que…! ¡Aaaaaah! ¡Oh, Merlín! ¡Mis dientes! ¡Mi TRASERO! ¡ES GIGANTESCO! ¡AAAAAARGH!
Acerca de la traducción. Bueno, veamos. Como le decía antes a Caprisse Allen, es obvio que la traducción no es literal del todo. Sería imposible que la historia fuese legible si no cambiase la puntuación en algunas frases para adecuarla al castellano o modificase ligeramente alguna expresión y etc. De todas formas, yo intento mantenerme todo lo fiel que me es posible a las palabras originales, porque está claro que el original en inglés es insuperable. Yo únicamente hago una traducción más o menos adecuada. Voy a hacer algunas anotaciones sobre un par de frases y juegos de palabras que me resultaba prácticamente imposible traducir al castellano.
En primer lugar, cuando Remus y Sirius discuten sobre la frase 'violar al mensajero'. En el inglés original el fragmento era así:
Sirius snorts. "No way, mate. I don't want to be the bringer of bad news. Haven't you heard of the whole 'rape-the-messenger' thing?"
Rape the...what?
"The phrase is 'shoot-the-messenger'," Remus says. "There is no rape or sexual conduct involved in any way, Padfoot."
Nosotros nunca diríamos 'disparar al mensajero' (shoot the messenger), así que no sabía exactamente cómo traducirlo. Finalmente, decidí cambiarlo por 'cargarse al mensajero' para hacerlo más adecuado a nuestro idioma. También me había planteado 'culpar al mensajero', pero le quitaba el toque violento (xD) que tenía el asuntillo en inglés.
En segundo lugar, es mi deber hacer otra aclaración acerca del momento en el que James comenta la mala leche que tiene Marlene Manning. En el inglés original era así:
"Tell us what?" One of the chasers, Marlene, asks me. She's crossed her arms with an expression that's insinuating I've done something wrong. Bitchy-ness radiates off her so much that Sirius utters the word "bitch" to prove my point on her emitting.
La traducción literal de la frase traducida sería 'Irradia tanta mala leche que Sirius pronuncia la palabra "puta", lo que demuestra que estoy en lo cierto acerca de la sensación que emana de ella' (más o menos). Bitchyness significa mala leche y bitch, puta. En inglés, el juego de palabras tiene sentido. Sin embargo, en castellano no viene a cuento que llame puta a Marlene así porque sí. Así que lo simplifiqué y lo dejé en 'Irradia tanta mala leche que Sirius se estremece'. No es lo mismo, lo sé, pero no sabía qué otra cosa poner.
Hay otras pequeñas modificaciones por ahí, para hacer más fluida la lectura en castellano, ya que el inglés utiliza en general otro tipo de estructuras mucho más breves y esquemáticas que las que cultivamos en nuestro idioma.
Y… eso es todo. Gracias por leer :)
