¡Hola! ¿Me extrañaron? Más les vale xD. Como ven estoy de vuelta tratando de que mi muy amada inspiración regrese y como este fic es uno de mis más grandes orgullos, pues decidí tratar. Espero que les guste. Muchas gracias por los revs a:
Maia Hayashibara
Asuka-Hao
Neko-Jeanne
The Life is a Dream
Galy
Shingry Inazuma
Kaei Kon
Kaz
Shiroi Tsuki
Nekot
Vero-chan
Junel Hiwatari
H.Fanel.K
Hikaru H.K.
Muchas gracias a todos. Créanme que me hace muy feliz saber que siguen pendientes de esta historia a pesar de que tardo siglos en actualizar n.nU. En fin, los dejo con el fic!
Disclamer: Beyblade ni ninguno de sus personajes me pertenece. Lo único que es mío es la frasecita que pongo al principio de los caps y la trama de esta bella historia.
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Auténticamente Tú
Por Addanight
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Porque lo importante no es lo que te quede de vida,
sino vivirlo al máximo, siendo auténticamente tú.
Addanight
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Capítulo 6: Nada más que un sueño
Con una asombrosa tranquilidad, mi cuerpo se abre paso entre la gran cantidad de gente que, en este momento, circula por las calles. Cerrando mis dorados ojos por un instante, aspiro lentamente dejando que el aire se interne en mí. Una peculiar tranquilidad se ha apoderado de mi ser. ¿Saben? Últimamente, he estado considerando la idea de que no soy más que un loco. A decir verdad, nunca he negado que la cordura no es mi fuerte, es sólo que en las últimas horas me he sentido un total demente.
¿Cuál es el motivo? Se estarán preguntando. Y si no se cuestionaron; deberían. Pero creo que mejor pasamos directamente al punto antes de que continúe delirando. Lo que sucede es que me encuentro en un estado de absoluta paz. Oh sí, les aseguro que hasta los mismos muertos me envidian y eso que ellos deberían estar gozando del tan famoso descanso eterno.
En fin, el hecho es que esta tranquilidad no tiene ninguna razón de ser. Permítanme hacerles un recuento de lo acontecido en los últimos días. Primero me reencontré con Kai y luego de un intento de suicidio de mi parte terminé en su hogar. Luego de rechazar su oferta de vivir con él, me disponía a comenzar una nueva vida cuando por arte de magia, el dinero de Hiwatari se esfumó. A sabiendas de que no podía dejar a mi ex capitán a su suerte, le invité a que se quedara conmigo.
Así que, con él quebrado, empezamos a vivir juntos. Todo parecía ir mejor, pero la vida es una irónica desgraciada y no podía perder esta deliciosa oportunidad de fastidiarnos a ambos, por lo que todo empeoró. Nos encontramos con mi jefe y luego de que me insultase a mí y a mi bicolor acompañante, decidí otorgarle un encuentro cercano con el suelo.
Fue así como terminé desempleado. Pero que las cosas hubiesen terminado ahí, hubiese sido demasiado pedir. El destino aún tenía una última jugada bajo la manga. ¿Recuerdan la cuenta que Kai había generado para mis gastos? Bueno, pues hace unas dos horas, su ex contador le llamó para avisarle que debía saldar algunas deudas a menos que su intención fuese terminar en la cárcel. Como ya se han de imaginar, hasta ahí llegaron nuestros recursos, o al menos la mayoría de ellos.
La mala noticia es que tendremos que vivir al día, o sea ganar dinero para poder comer. La otra mala noticia es que Kai deberá conseguir un trabajo. La poco agradable noticia es que me quedé sin empleo. Y lo peculiar del asunto es que me importa un bledo. Estoy tan feliz que ni yo mismo me la creo. Seguro que ahora no tienen la menor duda del porque he cuestionado mi salud mental.
Por si todo esto no fuese suficiente, aquí estoy recorriendo las calles como si nada hubiese pasado. Y lo que es peor, ando con unas ganas de celebrar que no tenía desde… nunca. Mañana es el cumpleaños de Kai. ¡Vaya regalo que recibió con la caída de su imperio! ¿No creen? Pero él se la pasará bien. Ya lo verán. Tendremos una hermosa celebración nosotros dos. Aún si debo gastar el dinero que nos queda. Este es el motivo por el que ahora me encuentro tratando de hacer una lista de todo lo que necesito.
Hay tantas cosas por hacer que no sé por donde debo comenzar. Así que veré lo que encuentro. Mi vista se topa entonces con una tienda y de inmediato me dirijo a su interior. De este modo empiezo a seleccionar los artículos y a calcular mentalmente los gastos que entran en nuestro presupuesto.
De un momento a otro, me encuentro en la sección de deportes. Pronto mis ojos descansan sobre un blade. No pasa mucho tiempo antes que Drigger, mi antigua bestia bit, sea invocado por mis pensamientos. Y pensar que fue así como todo comenzó. No. Se suponía que esto había quedado atrás. No quiero. Ya no. Si debo revivir toda mi tortura una vez más no se si lo soportaré.
Pero la mente es un caprichoso elemento, por decirle de algún modo, que hace lo que le viene en gana. Y una vez más estoy de vuelta en mi pequeño pueblo, el sitio en donde todo comenzó. Yo tendría cuando mucho seis años. Es increíble que en aquellos días aquel me hubiese parecido el más maravilloso de los momentos. ¿Cómo saber que hoy maldeciría ese mismo instante?
Ese segundo en que mi blade tocó mi piel por primera vez. No estoy seguro por cuánto tiempo lo sostuve palpando cada detalle de él. Tan pronto le hice girar, algo impresionante sucedió. El blade se movió como si mi mano y él hubiesen nacido hechas para trabajar juntos. El mío era un talento innato, sin duda. Ahí mismo se había demostrado que este era un deporte en el que yo podría sobresalir fácilmente. Pero también era obvio que no era algo especial para mí.
No es que el deporte no tuviese su encanto. Jugarlo era siempre satisfactorio, y era un hecho que una victoria era grandiosa. Además del hecho de que mi blade parecía más volar que girar. Era algo en lo que era bueno porque se me daba y ya. Así de simple. Y como ya he mencionado, me bastó un segundo para entender que por más bueno que fuese, ser beyluchador no estaba en mis planes. Yo necesitaba algo que me intrigara, que verdaderamente me apasionara y dicho deporte no lo era.
Pasarían varios años antes de que mi alma encontrase lo que verdaderamente le complementaba: escribir. Por extraño que les parezca, alguna vez quise ser novelista. Había sido por mera casualidad que yo había escrito mis primeras líneas. O quizá habían sido fruto de mi esporádica inspiración. Lo cierto fue que tan pronto leí aquel diminuto escrito quedé fascinado. Aquello no eran simples conjuntos de palabras. ¡Ah no! De ningún modo. Aquello era arte. Lo más hermoso que yo hubiese visto jamás.
Pero aquel milagro no fue único. Sino que se repitió cada vez con más frecuencia. Mi alma se apoderaba de mi cuerpo, mi mente se aislaba de toda distracción y pronto las palabras comenzaban a brotar con prisa. Y luego de leer con orgullo algunos de mis relatos, me dije a mí mismo que ese era mi destino. Yo había nacido para escribir, para tomar la realidad y mostrarle al mundo las maravillas que mi talento podía hacer con ella.
Dicho descubrimiento fue casi iluminación. Pronto mis ideas empezaron a cobrar vida y mis historias parecían escribirse solas. Con el paso del tiempo, mi ortografía fue mejorando; mis relatos se volvieron más fluidos y mi vocabulario más variado. De pronto me encontré siendo capaz de escribir, desde un romance plagado de vil cursilería hasta una fantástica y enigmática historia de ciencia ficción.
Los personajes y las tramas llegaban por montones cada día y yo me regocijaba plasmándoles en papel. Nada podía detenerme. O al menos, eso era lo que yo pensaba. De un momento a otro, empecé a sentir la necesidad de mostrar mi trabajo. De nada servía que yo pasara el día y la noche escribiendo sin descanso, si no tenía con quien compartir todo aquello.
Fue así que pronto todo el pueblo empezó a leer mis historias. Y aunque aún me faltaba mucho por aprender, la respuesta que obtuve fue fascinante. Todos comentaban lo talentoso que era y que no podía haber escogido un mejor pasatiempo. 'Pasatiempo' esa desdichada palabra me vino a complicar el asunto. ¿Quién les había dicho a ellos que esto no era algo serio? No tarde mucho en empezar a corregir a todos aquellos que escuchaba hablar del tema. Yo quería ser novelista. Fue aquí que el asunto se complicó.
Mis amigos fueron los primeros en decir que aquello no era más que una locura. Todavía recuerdo sus comentarios.
"Pero Rei ¿Qué estás loco? Nadie en esta aldea te va a pagar por escribir estas cosas. Por más buenas que sean" me dijo Mao.
"Haz lo que quieras. Pero de seguro que te vas a morir de hambre." Afirmó Kiki haciéndose el importante.
"Creo que es demasiado arriesgado pero, si de verdad vas a hacerlo, sabes que tienes mi apoyo" me dijo Lee. Y creo que él fue el único que me dijo algo agradable.
Ni siquiera voy a molestarme en decirles lo que sucedió cuando conversé con mis padres. Confórmense con saber que ambos pegaron el grito en el cielo al saber lo que su pequeño y único hijo pretendía hacer. Debo decir que aquello no fue muy agradable, pero algo bueno saqué de esto. Al fin estaba empezando a ver lo que necesitaba para materializar mi sueño.
Mao estaba en lo correcto. Si quería escribir, no podría hacerlo en mi pueblo; tendría que salir a probar suerte a otro lugar. Pero sin el apoyo económico de mis padres tuve que idearme otro modo de ganarme la vida y escapar de la aldea. Fue entonces que mi talento para el beyblade finalmente comenzó a verse útil. El deporte se estaba haciendo famoso en el exterior y no tuve la menor duda de que mi talento sobresaldría. Porque aunque había estado escribiendo, también me había dedicado al beyblade en mi tiempo libre.
Tal como lo oyen. Rei Kon, quien por muchos fue considerado una bendición para el deporte, ex miembro del equipo ganador del torneo mundial de beyblade, jamás tuvo la menor intención de ser beyluchador de tiempo completo. Este deporte era mi llave de salida al mundo. Si lo hacía bien. Podría reunir el dinero suficiente para perseguir mi verdadero sueño en algunos años. Y con este plan, me marché del que había sido mi hogar hasta entonces.
El resto de mi historia, ya la conocen. Es la parte que los medios se han encargado de divulgar. Esa en la que un chico sale de su aldea a probar suerte en el exterior y termina siendo miembro de uno de los mejores equipos, por no decir que el mejor, de beyblade que ha existido.
¿Qué fue de mi sueño? Pues no. Éste no se esfumó. Aún hoy sigo reprochándome lo que sucedió. La fama llegó y el dinero también. Para nuestro segundo campeonato ganado, yo ya contaba con suficientes recursos como para abandonarlo todo por mi amada pasión. Pero no pude. De pronto, mi vida parecía resuelta y todo era seguridad. No quería abandonar eso sólo para ver si me iba bien como escritor.
Era una locura. Y aunque siempre supe que lo era, el hecho de que yo lo aceptase fue mi perdición. El reto de abandonar mi nueva vida me fui imposible de superar. Y muy a mi pesar hice a un lado mi sueño repitiéndome que no era el momento. Que yo podía disfrutar un poco más de mi gloria y que no había prisa alguna por empezar a perseguir lo que en verdad quería. Pero la verdad fue que lo seguí aplazando. Y cuando me di cuenta. La realidad me golpeó con toda su furia. Yo no tenía el valor de perseguir mi sueño. Empecé a sentirme incapaz.
Hice lo peor que pude haber hecho. Me dediqué a pensar en lugar de actuar. Y entre tanto pensamiento, mi mente llegó a la conclusión de que yo jamás sería novelista, que la gente no iba a leer mi trabajo y que echaría por la borda lo que hasta ese momento había construido. Así que traté de olvidarme de eso y me busqué un empleo común y corriente en el que tuviese un empleo fijo.
Sé que bien pude seguir con el beyblade, quizá no jugando pero yo era famoso en ese medio y seguro que algo podía conseguir, pero no quise. Porque el estúpido deporte ese me había corrompido. Había tomado mi pasión y me había llevado a revolcarla por el piso. Y entonces empecé a odiarme, me detesté a mí mismo por haber quebrado mis ilusiones así.
Mis sueños se esfumaron. Ya nada me movía. ¿Qué iba a ser de mí? No lo sabía y no me interesaba. Porque por más que quisiera negarlo, el único culpable de no haber seguido el camino que yo había elegido para mí, era yo. Y quizá con eso me detesté aún más. Yo me había condenado a esa existencia. Era un inútil. Era un cobarde. No valía nada. No tenía nada. Ya solo me quedaba sobrevivir.
Pero ya ni eso quería. Lo que verdaderamente deseaba era partir en trozos cada una de mis huesos. Que mis lágrimas en vez de saladas se volvieran ácidas y que al recorrer mi piel la quemaran; la destrozaran. Deseaba castigarme por ser tan débil y patético. Era un cobarde. Pronto ya no solo me sentí incapaz de escribir o jugar beyblade, sino que también me fue imposible destacar en cualquier otra cosa.
Era una vergüenza para mí mismo. No merecía a Drigger. ¡Qué va! No merecía nada. Y así me dirigí al lago más cercano. Y sin pensarlo tomé mi blade y lo arrojé con fuerza en medio de las aguas. Y Drigger se hundió ahí, y con él se marcharon también todos los sueños e ilusiones que alguna vez tuve. Rei Kon, había muerto. Aún hoy en día me paseo a veces por aquel lugar sin tener el valor de buscar a mi antiguo compañero. Sé que no lo merezco.
Así aprendí que las ilusiones no valen nada. No son más que una estorbo que nos hace sentir omnipotentes. Pero cuando el mundo real nos pide luchar, nos damos cuenta que nuestra vida está hueca. Y que en ella no hay nada más que un sueño.
No. Otra vez me estoy compadeciendo a mí mismo. Ya no voy a hacerlo. Aún estoy a tiempo de empezar de nuevo. Me lo prometí y esta vez nada me detendrá, ni siquiera los recuerdos que por tanto tiempo me ataron a la desgracia. Y aunque el clima es frío el día de hoy, lo que reina en mi interior es una extraña y maravillosa calidez.
Hay algo que necesito hacer. Así que con prisa pago lo que compré y pido que lo lleven al apartamento de Kai. No quiero perder tiempo, porque sé que si lo pienso ya no lo haré.
-----Cambio de POV-----
Hace unos momentos, trajeron una cuantas bolsas con artículos que asumo que Rei compró. Les mentiría si les dijera que esto no me preocupó. Me estoy muriendo de los nervios pensando en el motivo por el que no las trajo él mismo. Ni siquiera me tomé la molestia de ver lo que contenían. Mis fatídicos pensamientos son truncados por el sonido de alguien llamando a la puerta. Al abrirla, me encuentro a un empapado Rei que tiembla incontrolablemente.
Sin perder tiempo, hago entrar al semiconsciente chico a la casa. A pesar de que debe estarse congelando, una ligera sonrisa está en su rostro. Luego de llevarle al sofá empiezo a despojarle de sus ropas. Una de sus manos está cerrada en un puño y por más débil que parezca estar, el oriental se niega a entregármelo. Así que me rindo y me dispongo a despojarle de su húmeda ropa. Con preocupación, le cubro con varias mantas buscando calentarle y notando como una verdacea luz emerge de su puño cerrado.
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Comentarios de la Autora:
Al fin actualicé xD, espero que la próxima vez no me tarde mucho. Dejen su opinión por favor. Ya saben que son muy importantes para mí. Para el siguiente cap no estoy segura de lo que haré. Estoy indecisa entre contarles como fue que Kai quedó en bancarrota y la fiesta. (Las cosas se van a poner divertidas, o al menos eso pretendo). Eso es todo por ahora.
Cuídense.
Addanight
