Capítulo 3:

-¡Hermione!, ¡Luna!- fueron las primeras palabras que la boca del Sr. Weasley pudo articular.

Las chicas realmente lucían un aspecto penoso, ambas llenas de mugre y sucio, el cabello de Luna tenía incrustadas algunas ramitas, que delataban la carrera que habían tenido, y el de Hermione estaba más enmarañado que nunca.

La rubia tenía los ojos cerrados y murmuraba para sus adentros, mientras que negaba frenéticamente con la cabeza.

Sr. Weasley – dijo Hermione con voz temblorosa – Sr. Weasley, ¿es usted?

Sí, hija, pero ¿qué paso? – se acercó lentamente a ella - ¿Por qué llevan esa facha?

Luna … Luna, pues … ella- tragó saliva- ella estuvo en la guerra con nosotros, junto con Neville, lucharon mucho y realmente fueron de mucha ayuda, pero un día unos mortífagos asaltaron el cuartel de la Orden, dos aurores salieron heridos, pero cuando revisamos a ver si todos estaban bien, no encontramos a Luna en su cuarto- las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, y su pecho bajaba y subía, agitado- tras eso, se inicio una búsqueda con el propósito de hallarla, todos estábamos muy asustados y un día estaba yo haciendo unos informes sobre los últimos ataque, cuando recibí una nota; me hablaban de la ubicación de Luna, y me advertían con matarla si no iba directamente para allá…

¡Hermione! – un gritó ensordecedor la sacó de su relato; en el pie de las escaleras se encontraba la Sra. Weasley con su bata de dormir, y una cara asustada ante lo que sus ojos le mostraban- ¿qué te pasó?, ¿y a ti?, Luna.

Le estaba contando al Sr. Weasley que …

Que Luna fue secuestrada y justo en este momento nos estaba relatando cómo fue a buscarla. Continúa, hija.

Ajá, bueno, me estaban amenazando con matarla si no me dirigía hacia allá, y yo, dominada por mi corazón y no por mi mente, caí en la trampa que los mortífagos nos tendieron. Estuvimos como tres días encerradas en un calabozo, hasta que finalmente llegó Ron a rescatarnos. Nos pidió que corriéramos lo más que pudiéramos y que viniéramos hasta acá. Aún no tengo noticias de él…- murmuró con semblante triste, que cambió rápidamente al ver a una cabecita pelirroja asomándose por la ventana- ¡Ron!

Pero el pelirrojo no venía solo, inmediatamente un muchacho de unos 18 años apareció por detrás.

¡HARRY!- gritaron todos, incluso Luna, que había dejado de murmurar cosas sin sentido en cuanto vio al pelinegro.

Una muchacha pelirroja, se encontraba en su habitación, mirando al techo y pensando en la inmortalidad del cangrejo, eran alrededor de las tres de la mañana; un sonoro estruendo la había despertado de un sueño profundo, pero no había bajado a averiguar qué era, seguro su padre ya lo habría hecho y también habría encontrados unos gnomos hurgando por entre la alacena; ahora que estaban en invierno, las criaturas se refugiaban en las casas buscando calefacción. Aunque, sinceramente, le parecía raro, ya que su madre le había hecho un tratamiento anti-gnomos a la casa hace algunos días atrás.

Unas voces la sacaron de su ensimismamiento, se sentó en la cama, no sin mucho esfuerzo, ya que tenía seis meses de embarazo y ya la barriguita le empezaba a pesar. Rápidamente se centró otra vez en las voces, parecía una conversación amena y en voz baja, por lo que supuso que su madre también habría bajado y en ese instante se encontraría charlando o tratando de buscarle una solución a la multitud de gnomos.

De repente un gritó la volvió de nuevo a la realidad. Se empezó a asustar; ninguno de sus hermanos estaban en la casa y ella estaba incapacitada para moverse ágilmente ante posibles ataques de mortífagos.

Decidió arriesgarse y bajar. Tomó su varita y mientras descendía por las escaleras, recordaba eficientes hechizos que la ayudarían a noquear a su contrincante, recordaba también lo vulnerable que podía ser ante un conjuro y que su magia algunas veces no salía bien debido a su estado y los cambios que se efectuaban en su cuerpo. Definitivamente, salir embarazada en esos tiempos no era la mejor idea. Ya iba por los últimos peldaños de la escalera, varita en mano, sacando conclusiones cuando unos ojos verdes hicieron que su alma se cayera al piso.

Harry…

Ginny…