Capítulo 8
Estaba acostada en su cama solo acompañada por la soledad de la oscuridad que había en su habitación aquella noche tan molesta para ella. A cada rato se imaginaba a Heero parado a los pies de su cama para interrogarla como había hecho ya dos veces. Se sentía pésimo¿qué pensará de ella en este momento? aunque por un lado tal vez se dejaba de molestarla, si… tal vez fue para mejor… ¡claro que no Relena!, sabes que te mueres por decirle que entre tu y Maximiliano no hay nada y que a quien quieres es a él… pero… él también jugó con ella, no merecía ningún pito de explicación.
Entre tanto pensamiento se quedó dormida, y luego de unas horas fue despertada por Quatre:
-Relena, despierta, te traje el desayuno.
-¿Ah?- dijo muy somnolienta quitándose un montón de tapas del rostro- hola Quatre.
-Hola, te traje el desayuno yo, porque Peigan se enfermó y le dije se quedara en cama ¿hice bien?
-Claro que sí…- afirmó sentándose lentamente.
-Ten, ojala te guste –le puso la bandeja en las piernas.
-Gracias Quatre, te pasaste- le agradeció con una amable sonrisa, él se sentó a su lado.
-Mmm… ¿cómo estás?
Esa pregunta la dejó en blanco, ni siquiera ella sabía como estaba.
-No lo se…- respondió algo insegura, pero ya sabía a lo que quería llegar su amigo.
-Y… ¿por qué te fuiste anoche?, Maximiliano me avisó que te habías ido…
-Si… es que no me sentía muy bien.
Después de unos segundos de silencio el chico fue directo al grano.
-También me contó lo que hizo y que… bueno… -se puso nervioso – Heero estaba ahí.
Acordándose de lo ocurrido, Relena no pudo evitar apartar la bandeja y taparse la cara con las manos.
-¿Qué ocurrió después que me fui?- preguntó con las manos aun en la cara.
-Bueno… lo que pude ver yo cuando llegué del paseo por el jardín, fue a Heero más extraño de lo normal, la verdad es que lo encontré como era antes: serio, callado y con cara de amargado. Por eso le pregunté a Duo qué le había pasado y no tenía idea. Después de un rato llegó Maximiliano y me dijo lo que había pasado. Entonces, después…- se detuvo.
-¿Después qué?- le preguntó inquieta.
-Me fui –terminó.
La chica se tapó otra vez la cara.
-No sé que hacer…
-Habla con él.
-¡Claro que no!... no puedo hacer eso… ¿no te acuerdas que él se burló de mi?
-Relena –le dijo el rubio con paciencia –yo sé que tu quieres darle explicaciones aunque digas que no.
-Te equivocas, yo… -rápidamente se acostó y cubrió con las tapas en señal de derrota.
-Mmm… -miró su reloj pensativo -¿te parece si vamos a dar una vuelta para conversar con más claridad?
-Si… -contestó algo insegura aun debajo de las tapas –me parece buena idea.
-Ya, entonces te espero en la sala, baja cuando estés lista.
-De acuerdo.
Cuando el rubio salió de la habitación, fue al baño y se duchó, se vistió y terminó de tomar el desayuno de la bandeja. Después de peinarse bajó a la sala.
-¿Lista?
-Sí.
Salieron a pie de la mansión. Como querían caminar, decidieron ir al parque más cercano a despejarse y conversar.
-¿Cómo crees que estuvo la boda?- inició la conversación la pacifista.
-Estuvo bien linda, me alegro mucho por Trowa.
-Yo también, como tu bien dijiste: es el primero de ustedes que se casa y eso me da mucha alegría, porque están rehaciendo su vida y dedicándose a ser felices.
-¿Y tú Relena?- le preguntó el joven calmadamente- ¿te haz dedicado a ser feliz?
-El hecho de ayudar a promover la paz me hace muy feliz…- esa pregunta le llegó al corazón.
-Hablando de paz… ¿cuándo entras a trabajar de nuevo?
-En dos semanas más… tal vez eso me ayude olvidar algunas cosas…
-No digas eso.- la animó dándole unas palmaditas en el hombro- En mi caso… ya pedí los pasajes.
-Nooo, por favor no te vayas Quatre- bajó la cabeza muy triste- me acostumbré a tenerte en mi casa… te convertiste en mi mejor amigo- agregó con una leve sonrisa.
-Tú también te haz convertido en mi mejor amiga Relena…
-¡Miren quienes están ahí!- los interrumpió una voz muy familiar, era Duo que se iba acercando con Melissa y para el impacto de Relena, también con Heero, quien al verla de inmediato cambió la cara, pasó de estar serio a enojado.
-¡Hola chicos!- los saludó Quatre fingiendo sorpresa ante el encuentro. Relena y el soldado perfecto entendieron al instante de qué se trataba todo.
-Hola –devolvieron todos el saludo menos Heero, que miraba la situación con indiferencia.
-¿Qué hacen por acá?- les preguntó Quatre amablemente.
-Vinimos a dar un paseo con Heero, y luego Melissa se entusiasmó- explicó Duo. Quatre lanzó una mirada tímida a la recién mencionada, que se puso colorada y bajó la vista con nerviosismo.
-Emm… ¿qué les parece si vamos por un helado a la tienda de la esquina?- les ofreció el chico de trenza al rubio y a Melissa sin olvidar "la misión" en la que se encontraban.
-¡Claro!- aceptaron Quatre y la chica al mismo tiempo. Con esto partieron dejando a Heero con su rabia interna tirando humos y a la pacifista más nerviosa que nunca.
Sin decir nada, el chico se sentó en una banca que estaba frente a ellos con los brazos cruzados y la mirada rígida sin expresión alguna. Relena con mucho nerviosismo lo observó unos segundos, él no parecía tener la mínima intención de hablar.
-Mmm… bueno… este…- sabía que estaba haciendo el ridículo, pero no sabía qué decir- ¿cómo estas?- ¡que pésima pregunta!
-Como siempre… -le contestó sin ningún gesto y con mucha lejanía, ni siquiera la había mirado al contestar.
-Yo… quería decirte que…- le sudaban las manos y no se había dado cuenta que había empezado a temblar ligeramente- …entre yo y Maximiliano no hay nada.
-¿Por qué me dices eso?- le preguntó sin dejar de mirar al frente, dándole mínima importancia a lo que ella había dicho.
-Porque… - se sintió pésimo, era el Heero de antes, sin duda- porque lo que viste fue algo en contra de mi voluntad.
-No vi que te desagradara…- siguió igual de serio.
-Pero yo no lo busqué…
Hubo un silencio tan incomodo que llegó a sentir escalofríos.
-Relena… -dijo el chico parándose sin voltear a verla, parecía que disponía a irse- no me interesa lo que hagas o pienses hacer con ese tipo, no me importa –cerró con seriedad y emprendió la marcha.
-¡ESO ES MENTIRA!- lo detuvo Relena parándose de un salto de la banca, no pensó lo que dijo, solo lo dijo- ahora TÚ mírame a los ojos y dímelo a la cara, dime que no te importa…- se acercó a él con firmeza hasta quedar frente a frente. Se miraron unos segundos con extrema atención.
-Quítate Relena…- le dijo enfocando su mirada hacia otro lado y tratando de correrla con cuidado de su camino.
-Dímelo… -le insistió tratando de no apartarse.
-No…- le respondió esta vez sí pudiendo apartarla.
Relena angustiada y sintiendo que el alma se le estaba yendo le dijo:
-¿Dónde está el soldado perfecto?,¿el que no escapaba y temía a nada?
Heero se detuvo y le contestó sin voltear:
-Como soldado me e dado cuenta que e perdido esta batalla…- Relena lo observó con gran tristeza en su corazón, pero para su sorpresa el dijo algo más – la cual inicié el día que llegué a la Tierra y caí en la playa.
Sin decir más, se fue dejando a la pacifista destrozada en un mar de lágrimas, porque ella también se sentía derrotada por esta guerra con el amor, que al parecer nunca podría llegar a ser realidad.
Continúa...
