Disclaimer: que nooo, que no gano nada y todo es de Rowling, ama y señora del imperio de Harry Potter.

Bueno, veamos. El de hoy es un retoque de algo que había empezado hace mucho mucho tiempo (no sé cuando exactamente, pero sí se que hace -por lo menos- un año y medio. Es de Bellatrix, porque es un personaje que me encanta. No sigue ninguna línea argumental ni nada, y querría haber escrito un final más... definido. Pero tengo prisa y creo que así no está del todo mal. Espero que os guste.


Euforia

Estaba eufórica.

Era incapaz de evitarlo: siempre le ocurría lo mismo. Se sentía poderosa, inmensamente poderosa. Le excitaba el roce de la varita entre sus dedos, la certeza de tener entre sus garras el destino de unos cuántos ingenuos, el poder de administrar la vida y la muerte. Para ella se trataba de una droga: podía enloquecerla y seducirla hasta el punto de hacerle perder los papeles completamente.

Avanzó unos pasos más y salió de la casa. Un viento helado azotó su rostro con fiereza, arrancándola de la calidez enfermiza que despedía el edificio y haciendo que agradeciese interiormente el soplo de brisa nocturna que la ayudaba a despejarse y aguzar los sentidos. En el interior todavía se oían gemidos y órdenes roncas, ahogadas por el espeso aroma a desgracia que se respiraba. Inspiró hondo. Su figura oscura y voluptuosa intimidaba, la silueta recortada contra la mansión, envuelta por el hedor a muerte y a miseria. Lustrosa cabellera negra, piel translúcida y mirada de hielo y carbón, cortante y endurecida toda ella. Una Black a primera vista. Imposible de olvidar su rostro anguloso, su boca jugosa y fruncida, su mueca de desprecio, su aire de superioridad, su semblante despiadado, sus manos siempre manchadas con la sangre de los inocentes.

Se sentía bien.

No. Mentira… se sentía mejor aún.

El que no se ha dejado llevar nunca por la omnipotencia que se experimenta al matar a alguien, no puede entenderlo. Era tan sencillo que, a veces, hasta le hacía gracia.

Esbozó una sonrisa demente: la mirada extraviada y el pensamiento perdido. Placer… sin duda, esa era la palabra. No había otra manera de describir el estremecimiento que le recorría el cuerpo cuando arrancaba una vida. No existía otro término. Tal vez había sido ese anhelo secreto, esa despiadada diversión, ese disfrute intenso que le otorgaba la muerte lo que había llamado la atención del Lord. Quizás… Llevaba poco más de un año militando en sus filas, poco más de un año sirviéndole a vida y muerte; y, en ese tiempo, se había convertido en una de sus más fieles seguidoras. Había cambiado el sutil manejo de los hilos que practicaban todas las mujeres de clase alta por la violencia desenfrenada y la adicción al poder.

Sangre y linaje. Esas eran las palabras que regían su vida y su ideología. No tenía la intención de permitir que un puñado de nauseabundas criaturas mancillase la magia que había circulado a través de las venas de generaciones de familias de sangre limpia durante miles de años. No. Iba a luchar por el exterminio de aquellas sucias sanguijuelas que se creían que tenían igualdad de derechos. ¿Igualdad de derechos? Hasta resultaba cómico.

Poder… Ese era su objetivo, sin lugar a dudas. Quería dominar y exterminar a placer. ¿Quién no ha soñado nunca con tener el mundo entre las manos¿Hay alguien que no haya deseado ser temido y respetado? Eso era lo que deseaba por encima de todo. Quería reinar, imponer su voluntad, provocar un terror irracional, ser adorada, temida, convertirse en una oscura diosa de acero. Y haría lo que fuese por conseguirlo. Ella era la reina: cuando empuñaba la varita dejaba de ser humana y, simplemente, se convertía en Bellatrix.

No conocía la piedad.


Muchas gracias, Koumal Lupin, por tus reviews. De verdad que me animan un montón.